Los guardianes de desechos

La opinión de…

 

Paco Gómez Nadal

En el juego de la exclusión hay niveles. El autodenominado Primer Mundo excluye al denominado Tercer Mundo; en el Tercer Mundo latinoamericano se excluye a pobres, negros e indígenas; en la periferia de esta exclusión se instalan centros de reclusión para excluir a los pobres, negros e indígenas a los que una sociedad autodenominada democrática ha denominado antisociales; dentro de estos “vertederos humanos” los más fuertes excluyen a los más débiles… La cadena continúa un poco más, pero ya casi. Las cárceles son el fin de la vergüenza, el último muro entre lo que somos y lo que no queremos reconocer; son la frontera entre la humanidad y la deshumanización.

Explica Zygmunt Bauman en Vidas desperdiciadas que la modernidad capitalista genera “residuos humanos” y que la superpoblación del planeta nos ha dejado sin “vertederos naturales” donde quitarlos de la vista.   En nuestras sociedades, donde la basura es un problema permanente, hemos convertido en “basura humana” a una parte de la sociedad y su gestión es más difícil que la de Cerro Patacón.

La mayoría de la sociedad se queda tranquila al considerarse “no basura” y clasifica a la “basura humana” como “reciclable” (elegantemente conocido como “resocializable”) o como “no reciclable”. Pero, al igual que la mayoría no recicla papel o botellas por falta de fe en el sistema (o en la Alcaldía), tampoco confía en una posible resocialización de los humanos que considera “dañados”.

Si, tal y como se desprende de los testimonios de muchos ciudadanos, los jóvenes delincuentes no son “reciclables”, lo único que nos queda es aislarlos en vertederos seguros, lejos de la vista del resto de los ciudadanos de bien y sin que se hable mucho de ello.    Mulino, ese pobre humano vaciado de humanidad, tenía razón en estos días cuando decía –sin tacto político- que nadie quiere un basurero en su barriada, refiriéndose así al problema de ubicar predios para nuevas cárceles.

Una vez aislados se buscan guardianes, custodios, y se contrata a un par de psicólogas para mantener la apariencia de una sociedad moderna y bondadosa, creyente de la resocialización (o reciclaje). Pero esos custodios y esos expertos al entrar a las filas del Instituto de Estudios Interdisciplinarios se convierten a su vez en “residuos”, se manchan de la miseria humana y del olvido.   ¿A quién le importa el respeto de las condiciones laborales del personal penitenciario?    ¿Quién se preocupa de capacitarlos o de ayudarlos psicológicamente? ¿Para qué mejorar las instalaciones del basurero si nadie va a mirar hacia allá?

Entre muchos de estos funcionarios y los familiares pobres de los pobres reclusos se genera una cierta empatía, ya que son los únicos que se relacionan con los condenados al olvido y a la deshumanización.   Son los únicos que pagarían porque dentro de los penales la vida fuera de otra forma o, al menos, pagarían porque fuera vida. Hay funcionarios deshumanizados, contagiados por un ambiente ausente de todo lo que identificamos como humano. Pero los hay entregados, comprometidos y silenciados, avergonzados, ignorados, machacados por unos superiores que viajan en carro de lujo y que toman el té con la buena sociedad a la que comparten pequeños secretos del mundo de los vertederos.

A esta sociedad le importa poco lo que pase allá, en ese submundo que visité esta semana y cuyo olor todavía no me he podido sacar del alma.    A pocos nos importa la vida o la muerte de los “residuos humanos”. Por eso, ante la imposibilidad de decir nada más, les regalo un poema que, me temo, nos retrata de arriba abajo.  Me avergüenzo de ser humano, me avergüenzo de formar parte de esta humanidad si somos capaces de tratar al otro de esta manera y de justificarlo.

“Aquí no grita nadie. Desde hace mucho tiempo

esta ciudad es un caimán amaestrado,

un volcán sometido, sin rescoldos.

Es la paz, que ha colmado finalmente

-creedlo- todo el mundo.

 

Los mendigos meditan al cabo de la calle

y dan gracias a Dios por tanta buena suerte;

con las aguas benditas se deslavan los hombres

de color fastidioso -¿no sabría,

señor, tararear el blues de los rendidos?-

 

De los jardines públicos emanan los perfumes

de las adormideras, y el vientre de los perros

aprendió a ser puntual.

 

Aquí no grita nadie,

ni hacia Roma -¿qué Roma?-

ni hacia ninguna parte.

 

Sería impertinencia

turbar tanto esplendor con palabras de aristas

sin pulir, sería extemporáneo, sin duda, y delincuente.

 

Es hora –convengamos- de invocar las palabras

esféricas –albricias, consumación, futuro-

palabras de sirope dulcemente escandidas

en himnos polifónicos, es hora

de ser por fin poetas alegres

o no serlo.

Todo está bien, gozad, gozad, benditos,

del fragor de esta paz

la paz de los pazguatos”. Javier Velaza

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Este artículo se publicó el 1 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¿Quemar basura para hacer diésel sintético?

La opinión de…


Jorge G. Conte Burrell

Este es el tipo de negocios que le encanta a los grandes demagogos: comprar por 65 millones de dólares una unidad de tecnología avanzada (son 325 millones de dólares en nuestro caso) dizque para salir del tercer mundo y directo para el primero, después dar subsidios a algunos empresarios privados de su partido para que lo dizque manejen por 5 años y presentarlo como logro de su administración.

Luego, el siguiente gobierno quita los subsidios, demandan las licitaciones y las concesiones y los costos terminan por acabar con el proyecto, ya que requirió una alta inversión inicial en lo humano y lo tecnológico y principalmente en su mantenimiento.

Considerar la instalación de una planta modelo de conversión de basuras a diésel sintético en las instalaciones de la Universidad Tecnológica de Panamá, para ir adecuándonos al sistema sería más inteligente.    La tecnología propuesta por la empresa alemana es muy avanzada para la educación y cultura de los panameños, sin mencionar que la misma es experimental inclusive donde es originaria.   Con relación al personal humano requerido, aunque es casi nulo en Panamá, esto se podría solucionar con la contratación de personal extranjero por un periodo de tiempo para capacitar a la mano de obra local en la planta modelo.

Adicionalmente están las consideraciones ambientales a la incineración de desechos, que es lo que hace este equipo y las emisiones tóxicas resultantes. Mientras no haya control previo de lo que consideremos como, y echemos a la basura, es decir, reducir y recuperar, para reciclar, el material fósil y metálico, estas emisiones serán altamente tóxicas. Los filtros para su eliminación vendrán incluidos en la primera compra, durarán 5 años y no serán reemplazados, ya que son muy costosos y las administraciones muy deficientes.

Este proyecto seguro que no sería el ejemplo de cero corrupción que existe en la Unión Europea y por lo tanto estará plagado de corrupción y corruptos. El implementar este programa a sopetón y porrazos, no lo llevará a buenos resultados, sino al mismo resultado de siempre. Vayamos por partes y midiendo resultados para ajustar nuestro curso de acción. Implementemos acciones de base que apuntalen nuestras inversiones.

Yo sugiero que comiencen con leyes y programas instituidos de separación de los desechos sólidos por parte de la población, escuelas, universidades, empresas y el Estado principalmente y para dar el ejemplo. Creando consorcios para la recuperación y reciclaje de materiales con valor comercial. Esto reduciría la necesidad de camiones de recolección contaminantes, tan grandes y tan frecuentemente.

Luego que se tiene la cultura, la preparación de los técnicos y asegurado el modelo, entonces invertir en bienes de capital. Ahora es tiempo de educar e invertir en las personas y las organizaciones. Ese mismo dinero podría servir para crear y subsidiar la cultura del reciclaje en Panamá. Ya se tiene la noción, ahora se requiere la infraestructura para crear la cadena de valor. Estos pasos reducirían el costo inicial de entrada a la tecnología sugerida, soportada en una cultura homogénea que apoya el éxito del proyecto y el retorno seguro de la inversión en lo social-ecológico-salud y económico en el mediano y largo plazo.

Debemos salir caminando del subdesarrollo para luego correr hacia el primer mundo. Para esto debemos hacer lo que hacen los países en vías de desarrollo o del segundo mundo, como yo los llamo. Comportamientos tan básicos como la separación de los desechos, el uso de bolsas reutilizables en vez de plásticas, el uso de desechos orgánicos para producir compost o abono orgánico, la industrialización del reciclaje, el uso de aceite vegetal usado para producir biodiésel, entre otras, nos llevarán a la creación de empresas que generen el valor agregado del crecimiento sostenible y sostenido.

Esto visto desde los ojos de un estadista sería una posible realidad; en manos de un director ejecutivo o de un presidente demagogo y corrupto sería un desastre anunciado.

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Este artículo se publicó el 28  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Es esta ciudad un destino deseado?

La opinión de…

 

Leandro Ferreira Béliz

En los últimos años mucho se ha hablado de la buena ubicación que tiene la ciudad de Panamá en el denominado ranking de destinos turísticos que manejan algunas revistas internacionales especializadas en el tema. Tan bien ha calado esa noticia, que muchos, en estado casi eufórico, han llegado a pronosticar un inminente ingreso de nuestro país al conglomerado de naciones que integran el Primer Mundo.

A simple vista, pareciera que este entusiasmo contagioso tiene sólidas bases, porque resulta evidente que en algunos sectores el progreso no se ha hecho esperar.   Entre estos, está el de la construcción, que con sus majestuosos proyectos urbanísticos que incluyen modernas torres de apartamentos, hoteles de ensueño, espectaculares centros comerciales y residencias lujosas, no dejan de impresionar a locales y foráneos, aunque se hayan construido, en muchos casos, con total menosprecio de las más elementales normas de protección al entorno, y con una infraestructura de servicios públicos deficiente.

Pese a esa buena impresión que causa la transformación urbana, a algunos de los que vivimos aquí nos sorprende que a la ciudad internacionalmente se le reconozca como una urbe que reúne todos los requisitos para ofrecer gran confort, cuando evidentemente nuestra calidad de vida ha venido desmejorando, como si se tratara de un objeto en caída libre. Para muestra, sobran los botones.

Las dificultades para el desplazamiento vehicular cada vez son más. Los tranques han pasado de ser fastidiosos y de horas pico, a tortuosos y permanentes. Con el colapso reciente de las carreteras de acceso al Puente Centenario, el asunto se complicó.   Para colmo, nuestras calles y avenidas no están siendo vigiladas debidamente por policías y agentes de tránsito, cuya escasez es notoria y generadora de caos.

La basura abunda y su recolección hasta ahora no satisface los requerimientos mínimos. Esto como herencia del que alguna vez bailó por un sueño y hoy nos ha sumergido en una especie de pesadilla de la que queremos despertar a corto plazo.

Y encima, “tras que el ojo llora, le echamos sal”, el agua potable, otrora motivo de orgullo y etiqueta de presentación del país, ahora es escasa, turbia y no apta para el consumo humano. Esta crisis es inaceptable en un país donde abunda el recurso, tanto así, que tenemos un canal interoceánico donde cada barco que lo atraviesa ocasiona el gasto de 50 millones de galones de agua.

Ni hablar de la delincuencia que no cede y que mantiene los índices respectivos muy elevados, considerando el número de habitantes. Todo este panorama me hace dudar de las famosas clasificaciones de las “ciudades maravillosas”. Como dicen por allí, ¿será que en otros lados la cosa está peor?, y que en tierra de ciegos el tuerto es rey, y la ciudad de Panamá es la hermosa tuerta.

No quiero pensar que el marketing de los que promocionan el país en el exterior ha sido tan efectivo y engañoso, que le han metido un golazo a los expertos en destinos turísticos y residenciales. Pero, independientemente de las dudas en torno a las calificaciones otorgadas a nuestra querida capital, lo importante es lograr que se adopten medidas inmediatas para detener la caída en picada de nuestro estándar de vida.

Estas medidas deben contemplar, entre otras cosas, la construcción de calles, viaductos y similares; la adopción de normas que regulen la construcción de edificios; programas de educación ciudadana para la conservación del ornato; vigilancia permanente de nuestra red vial para no dejarla en manos de los conductores, muchos de ellos verdaderos delincuentes del volante; y la inversión en la rehabilitación y mejoramiento de potabilizadoras y acueductos para garantizar el suministro de agua a toda la población.

En conclusión, debemos ganarnos la alta calificación que se nos ha concedido, para entonces ostentar merecidamente el distintivo de ciudad ejemplar.

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Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los illuminati

La opinión de…

 

Xavier Sáez-Llorens

xsaezll@cwpanama.net

No hablaré de religión, pueden seguir leyendo sin temor. Lo que está sucediendo por estos lares me trajo a la mente la obra de Dan Brown, Ángeles y Demonios. El autor describe los intentos de una legendaria sociedad secreta para destruir al Vaticano. Las pistas que encuentra Langdon, el experto en descifrar símbolos antiguos, lo conducen a inspeccionar los llamados Altares de la Ciencia.     Cada altar se refería a los clásicos cuatro elementos vitales (tierra, aire, agua y fuego) que forman parte primordial de la existencia de todos los seres vivos, incluyendo a la irracional especie humana.   Los cardenales más influyentes de la época habían sido asesinados utilizando un método vinculado al elemento en cuestión. Curiosamente, las mismas técnicas están siendo utilizadas para destruir a Panamá.    Los jefes de las instituciones Anam, Alcaldía, Idaan y policía son nuestros Illuminati.

La Tierra está sufriendo los estragos de empresarios avariciosos y políticos inconscientes. Los negociados de madera, piedra y arena han acabado con gran parte de bosques y playas. La caótica proliferación de torres de concreto ha mermado la apreciación de paisajes urbanos, aniquilado áreas verdes, asfixiado el entorno de parques, diezmado espacios para caminar o estacionar, estancado drenajes pluviales y embotellado la ciudad en un laberinto inmobiliario. Cada vez hay menos manglares al sur de la metrópoli, se rellenan terrenos pantanosos y se fabrican islas artificiales para albergar a ricos o famosos.   La explotación minera indiscriminada, riqueza para unos y miseria para muchos, agrede la estabilidad ecológica del país. La Tierra tiende a cobrarse lo que le quitemos.   Las generaciones venideras pagarán caro las codicias de hoy.

El aire está más contaminado.   Humo de fábricas y emisiones tóxicas de una creciente maraña de vehículos que circulan por calles y avenidas trancadas recurrentemente. La basura, además de representar una amenaza microbiana a la salud ciudadana, emite una multiplicidad de gases irritantes que incrementan episodios de asma y otras afecciones respiratorias. La incapacidad de la comuna capitalina ya rebasó los límites de la imbecilidad.   Tenía razón Einstein. La estupidez es infinita, mucho más que el vasto universo.

Como respuesta, aparece una nueva autoridad de aseo. Me preocupa que haya sido incorporada como dependencia del Minsa, un ministerio que tiene tantas funciones que por mucho abarcar quedará sin apretar en nada. Para rematar, el panameño promedio tiene nula conciencia sobre su peligrosa práctica de tirar desperdicios en suelos, alcantarillas y riachuelos a su alrededor.

El agua, antes motivo de orgullo nacional, sucumbe a la torpeza y voracidad de los partidos en el poder.   La sempiterna intromisión política en las instituciones públicas tiene siempre efectos adversos a mediano o largo plazo. ¿Cuándo llegará el día en que los méritos técnicos sean los que determinen la designación de directores?    El problema actual del agua traduce la crónica de una escasez anunciada. Había informes científicos, elaborados hace más de 20 años, que alertaban sobre la crisis del lago Alajuela. Hace medio siglo, el 80% de la cuenca canalera estaba cubierta por bosques y ahora solo un 20%.

La deforestación, la invasión humana de hábitats silvestres y la improvisada construcción de caminos han facilitado los deslaves provocados por las lluvias y propiciado mayor sedimentación de los lechos lagunares.    Si, a todo esto, agregamos la falta de mantenimiento de estructuras y la nula previsión ante potenciales desastres, los malos presagios tienden a cumplirse. La ausencia de dosificadores es un simple ejemplo de ineptitud administrativa.

El fuego se usa para diezmar a la población carcelaria. Lo que acaba de acontecer con reclusos adolescentes, la mayoría pagando condenas menores, es realmente inverosímil. Por más delincuentes que hayan sido los jóvenes afectados, empero, verlos quemándose y no actuar para ayudarlos es típico de siniestros individuos de la peor bajeza moral. Lo inaudito fue visualizar a dos policías mofándose de la incineración en tiempo real, uno gritando “muéranse” y el otro riéndose con sarcasmo. El calificativo de cuadrúpedos sería un insulto a cualquier vertebrado. En el reino animal, se mata por supervivencia, no para disfrutar la agonía del otro. A estos agentes les debe caer el máximo de pena jurídica. No hacerlo sería evidencia palpable de la complicidad de unas autoridades que irrespetan derechos humanos básicos.

Ando crispado por lo que veo en Panamá.   En Escandinavia, los responsables renuncian por dignidad.   En China, los pasan por la guillotina. Aquí, los perdonan y condecoran.   El pasado nos encadena y el presente nos tortura.   Que mala pinta nos depara el futuro. Hay quienes creen, todavía, que estamos cerca del primer mundo.  No me jodan.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

Arón Benzadón Cohen

Tomé el nombre de la película La tormenta perfecta, protagonizada por George Clooney en la que se dan una serie de circunstancias atmosféricas que producen una tormenta monstruosa que arrasa con todo, incluyendo a los actores. Hago la analogía porque estamos conjugando en nuestro país una serie de condiciones, sobre todo sanitarias, que nos está haciendo sumamente vulnerables a gravísimos problemas de salud pública.

En primer lugar, tenemos el problema crónico de la basura con la acumulación de la misma, la falta de áreas designadas para su ubicación, la creación de minivertederos en cada barriada con la proliferación de gusanos, ratas, mosquitos y demás alimañas.

En este aspecto los municipios de la capital y San Miguelito han hecho gala de ineptitud y desidia hasta la saciedad. A partir del tres de enero con la estrenada Autoridad de Aseo y con más de 80 millones de balboas de presupuesto se debe acometer una estrategia integral, incluyendo ubicación de sitios de recolección, recipientes de tamaño adecuado, recolección regular y lo que se han olvidado todos, el reciclaje, tan importante para bajar el tonelaje de basura.

En segundo lugar tenemos el grave problema del agua, ocasionado por factores climáticos y agravados por la falta de mantenimiento adecuado, así como equipos imprescindibles para la potabilización.

Estoy convencido de que la cantidad brutal de lodo vertido a los ríos y fuentes de agua tiene relación directa, entre otras cosas, con la deforestación y la tala indiscriminada que permite que la tierra sea literalmente barrida por las lluvias. Además no veo que el Idaan tenga los equipos, el personal técnico en cantidad y calidad adecuados ni los recursos económicos que requiere urgentemente para resolver este problema a corto plazo.

Estuve en Puerto Rico hace unas semanas, donde tuve la oportunidad de hablar con una alta funcionaria del servicio de aguas de Puerto Rico. Siendo su población actual de 4 millones de habitantes, un poco más que en Panamá, tienen un presupuesto de 20 millones de dólares anuales solo para asegurarse del mantenimiento de sus fuentes y de la calidad del agua que toman. ¿Cuánto tenemos en Panamá para lo mismo?

El impacto de esta carencia lo estamos viendo a diario en la vida de todos los panameños, afectando la ingesta de agua potable y el aseo personal, además del daño a la industria, los comercios, los restaurantes, hoteles y todo el entorno turístico. ¿Me pregunto qué turista querrá venir a Panamá, si no puede bañarse ni jalar la cadena del inodoro?

Los fenómenos climatológicos están modificándose haciendo los fenómenos atmosféricos cada vez más cambiantes y severos. Lo peor de todo es que los pronósticos son que van a seguir así o se va a poner peor, ya que todos contribuimos al deterioro del medio ambiente.

Si a la basura y a la falta de agua le agregamos otro ingrediente como pudiera ser el cólera, no tan distante como creemos, viendo que en Haití han muerto más de 3 mil 600 personas y en República Dominicana se han reportado 152 casos, tendríamos la epidemia perfecta. ¡No dejemos que ocurra!

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Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La fiesta de Fernandito

La opinión de…

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

Era inevitable que en las actuales circunstancias recordara el merengue La lluvia, que canta el dominicano Fernandito Villalona; el pegajoso coro de la canción, “La lluvia no daña mi fiesta/ la lluvia no daña mi vacilón” le viene como anillo al dedo al presidente Martinelli. ¡Para su comparsa “Los locos somos más”! Anda de tan buen ánimo el Presidente, que partió de viaje ¡otro más!, cuando tomar agua, bañarse, y hacer “la mayor y la menor” ya se había convertido en complicación mayúscula en toda la ciudad.

Los entendidos en asuntos del clima y el manejo de aguas, habían advertido sobre las posibles consecuencias por fallas en la construcción de la potabilizadora de Chilibre y deficiencias en todo el sistema. Una enojada y abusada madre naturaleza se encargó de ponerlas al descubierto.

Las autoridades, más interesadas en cerrar pactos políticos, y en jugosos e innecesarios megaproyectos, que en atender lo primordial, no prestaron la debida atención. Y llegó el caos. Mirando la desesperación y la rebatiña por el agua que se repartía en diversos puntos me parecía estar viendo escenas del sufrido Haití. ¡En Panamá, el del crecimiento económico del que tanto alardeamos!

La politiquería, sin embargo, no estaba viviendo en seco, sino con mojaditos brindis por el deseado final de un alocado y servil proyecto para castigar con prisión las ofensas al Presidente y a funcionarios de elección popular.

La presión de las organizaciones, de particulares e, incluso, de astutos políticos oficialistas, impidió que prosperara; estos últimos, entre ellos el Presidente, se dieron cuenta de las consecuencias nacionales e internacionales de semejante desafuero. Igual suerte corrió la “chellada” (mi sinónimo para chabacanería) de los diputados Sergio Gálvez (Chello) y Vidal García, encargados de “tantear el terreno” de la reelección inmediata; otra vez tronaron las protestas y, especialmente fuertes, las de los varelistas, mireyistas y de “arnulfistas de verdad”, en riesgo de quedar “con los crespos hechos”, aplastados por el devorador Cambio Democrático, que más que partido político parece un dispensador de prebendas.

¿Creyeron las organizaciones de la sociedad civil que el Ejecutivo iba a considerar sus recomendaciones para nombrar el nuevo procurador general de la Nación?   ¿Olvidan cómo Moncada y Almengor se convirtieron en magistrados de la Corte Suprema de Justicia? ¿Creen que cumplirá la promesa a la Comisión de Estado por la Justicia, hecha antes de convertirse en presidente, de tomarlos en cuenta para nombrar a los magistrados del Tribunal Constitucional contemplado en las reformas constitucionales que promueve el Gobierno?   “El Estado soy yo”, dijo el rey Luis XIV. ¡Quiero mi Torre Tusa y mis corredores, más importantes que el agua!, dice el otro.

Se comentó que el discurso del Presidente en la inauguración del nuevo período del Legislativo parecía referirse a otro país, no a nuestro Panamá, tragada por la basura para felicidad de ratas grandes y gordas como conejos de granja; donde no se sabe cómo andan los gastos ni los negocios estatales, porque el 40% de los ministerios e instituciones no pasan la información al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo, como es su deber; donde los tentáculos del narcotráfico asoman por todas partes; donde, al cambiar de ropaje, de FIS a PAN engavetaron los negociados en el FIS.

A propósito del FIS, recientemente se le negó al ex legislador Francisco Ameglio un incidente de controversia en el caso que se le sigue por un supuesto peculado; le iría mejor si hiciera como el alcalde de San Miguelito, Héctor Carrasquilla, que envuelto en un abultadísimo caso de supuesto peculado, brincó del PRD a Cambio Democrático y el caso… ¿Qué caso?

Todo palidece ante la infamia de los sucesos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, eufemismo rimbombante para un sitio infernal; la saña, el sadismo, la indiferencia de algunos policías, y la incompetencia y la burocracia del sistema convirtieron en pira la celda en la que la vida de varios jóvenes detenidos no valía nada.

¿No es censurable la destemplada reacción del ministro de Justicia, Mulino, ante estos hechos? ¿Defenderá a “su gente” el director de la policía, Gustavo Pérez, como defendió a los que asesinaron a los jóvenes pescadores de Boca La Caja? ¿Le importa al Gobierno el informe que rindió la comisión que constató la brutalidad policiaca en Changuinola? León Felipe, poeta español, dijo en su poema “Sé todos los cuentos”:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos”.

Yo también.

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Este artículo se publicó el 17  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

No molestar ya es ayudar

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, señores políticos, ¿les importaría ayudar un poquito? La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Me siento hoy delante de esta pantalla con una completa confusión. Me he pasado varios minutos mirando el teclado con la vista desenfocada y sin lograr fijar las palabras, el silencio me acompaña en mi desazón y me he puesto a teclear sin saber muy bien por donde empezar a hilar la vorágine de ideas que me vienen a la cabeza.

Les cuento, esta semana estoy leyendo que en España se ha inaugurado FITUR, la gran feria de turismo que se desarrolla todos los años por esos lares, y los medios de comunicación españoles lo han anunciado con gran bombo y platillo. Entonces allí me ven a mí, dándole a los cangilones del pensamiento, tratando de imaginar qué es lo que el stand de Panamá puede ofrecer a aquellos incautos que se acercan a él.

Veamos, seguimos sin agua, y la poca que hay es preferible no beberla. Es decir, los hoteles están llorando lágrimas amargas, lo malo es que con lágrimas no puedes llenar las cisternas de los excusados de todas las habitaciones y el mandar camiones cisterna a buscar agua al interior no es como muy sostenible que digamos.

Los restaurantes, o lavan los utensilios a cubetadas de agua no potable o siguen poniendo platos y cubiertos de plástico, muy poco glamorosa cualquiera de las dos opciones.  Y ya nos están avisando que no están muy seguros de que la cosa se arregle durante los meses de verano, a lo peor seguimos con esta situación per saecula saeculorum.

Esto no hace más que empeorar el tema de la basura, que no se ha terminado de mejorar con ANA, aunque allá vamos…Entonces sólo nos queda vender nuestro país como ‘playa brisa y mar’ pero sigo pensando yo, (es que cuando me pongo no paro) ¿pretenden que los turistas lleguen en autocar o en carro al interior?

Mejor no,  claro, porque los problemas en las vías hacia las playas continúan, y los tranques de ida y de vuelta son terribles, además del canguelo que deben pasar los pobres viendo cómo los accesos a uno de los puentes y el firme del otro están de mírame y no me toques.

Ahora, si lo que pretenden es llevarlos en avión directamente, deberían de tratar de que los vertederos de basura no se les prendan en llamas, porque aunque haya agua en el cuarto, no es muy agradable para un turista el tener que pasarte la semana de vacaciones en una playa paradisíaca encerrado en tu cuarto mirando el techo (los que se salvaron fueron los que estaban en luna de miel…) porque no puedes salir ya que una nube tóxica de basura quemándose en un vertedero próximo te asfixia cada vez que tratas de sacar las narices por la puerta, no digamos ya lo de comer esnifando a bocanadas el deliciosos hedor.

A ver, sigo pensando yo (cogito ergo sum),  ¿qué les estará ofreciendo exactamente el señor administrador de la Autoridad de Turismo a los interesados?   No digo yo que Panamá no sea un verdadero paraíso, que lo es, y que no tenga miles de cosas hermosas que ofrecer, que las tiene,    sino que llega un momento en que, además de naturaleza tienes que ofrecer infraestructuras, porque claro, para naturaleza maravillosa e infraestructuras nulas ya tenemos la competencia africana, y cuidadín y nos ganan algunos países de por allí con mejor oferta de comodidades y servicios.

¿Encima quieren poner más impuesto? Yo de verdad creo que esto último es una broma del señor alcalde, que como es un poco lento en sus reacciones nos está tratando de hacer la inocente mariposa en enero…

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, pero señores políticos, ¿les importaría ayudarnos un poquito? Aunque sea no molestando, que eso ya es mucho.

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Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.