Las modificaciones al Código Minero y la protección ambiental

La opinión del Abogado Ambientalista…

HARLEY J. MITCHELL MORÁN
h.mitchell@gaeaabogados.com

Hace 23 h 21 min La hoy Ley Nº 8 del 11 de febrero de 2011, que modifica el Código de Recursos Minerales ha sido discutida intensamente por la sociedad.   Lamentablemente, el debate no se ha centrado en lo jurídico, dándose como resultado errores importantes y muy lesivos a la administración del Estado sobre los recursos naturales no renovables, que han sido ignorados por los ecologistas, empresas y por los mismos proponentes de las reformas al Código.

El problema del cumplimiento de la legislación minera y la ambiental no es producto de la debilidad de la Ley, sino de su ignorancia e inobservancia por parte de todos los actores ambientales, incluso de quienes deben hacerlas cumplir.   Se señala que es ‘ahora’ que los estudios de impacto ambiental contemplarán el programa de cierre y abandono de las empresas mineras, cosa que ya se encuentra regulada desde el año 2000 como parte de los contenidos mínimos de tales instrumentos.

Los artículos ambientales de la Ley más bien obstaculizan la gestión de la ANAM ya muy claramente expresada en los Títulos IV y VI de la Ley General de Ambiente y sus reglamentos, siendo la aprobación de las nuevas normas una suerte de castigo para la Institución en el tema minero. Deja a la reglamentación (en coordinación con el MICI) temas ya regulados por los Instrumentos de Gestión Ambiental. También que el MICI puede suspender un proyecto, solo si ANAM a su vez, lo suspende.   Sin la reforma, este Ministerio podía hacerlo individualmente (aunque es una facultad raramente ejecutada).   Los recursos interpuestos en contra de la medida se otorgan en efecto devolutivo, es decir que, pueden continuar ejecutándose los proyectos así ‘suspendidos’ con aquella Institución.

Igual dictamina la Ley Nº 8 que el MICI puede pedir a la ANAM la realización de auditorías e inspecciones a los proyectos mineros, pero según la Ley General de Ambiente y su reglamento, el Decreto Ejecutivo Nº 57 de 2004, ¡la ANAM no hace auditorías!

Así que el Proyecto de Ley reconoce la independencia de ANAM para realizar las supuestas auditorías (que no hace), pero no lo hace para las inspecciones (que sí debe ejecutar la ANAM); derogó el artículo 5 del Código de Recursos Minerales, eliminando la necesidad de que las empresas extranjeras pidan permiso previo para tener material o equipo para uso minero, esto será libre. Igualmente, deroga el artículo 165 del mismo Código, eliminando el requisito de que los que reciben documentos de solicitud de concesiones mineras y pagos sean publicados en Gaceta Oficial, afectando la transparencia en la gestión pública y un control de la corrupción.

Este nuevo articulado hará un juego de niños los graves problemas ambientales, jurídicos y sociales, que sufre Panamá ante la tradicional inconsciencia minera. Urjo a los sectores interesados a que se documenten sobre esta Ley, antes de continuar una confrontación incierta que necesita, sobre todas las cosas, un soporte jurídico en el cual sostenerse para ser beneficiosa.

 

Este artículo se publicó el  18  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les correspond

Naturaleza muerta

La opinión de…

 

Emilio Messina

El ser humano se ubica contextual e históricamente en algún sitio del entramado de la vida descrito por Fritjof Capra. Hoy, donde la información total del mundo se renueva cada cinco años y, pronto cada 73 días, la humanidad muestra grados crecientes de analfabetismo ecológico que, por intención o por omisión, nos dificulta una relación armónica con la naturaleza (Tarté-2010).

La fuerza de la razón instrumental que ejercemos sobre los elementos naturales, nos hace olvidarnos de que en la trama de la vida lo que le hacemos a una parte de esta, lo hacemos a nosotros mismos. Vivimos una crisis ecosistémica que no es más que el resultado de una visión mecanicista que, ignora los límites biofísicos del mundo, en la que, ni lo verde del billete de dólar, nos recuerda la naturaleza muerta requerida para su producción. Con tantos infortunios surgidos de la forma en que tratamos la tierra, recordamos en 1962 la aclamada obra de Rachel Carson, La primavera silenciosa, que atrajo la atención internacional hacia la contaminación ambiental producida por los pesticidas y la disminución en las cifras de aves debido al envenenamiento.

Hoy los países latinoamericanos somos destino invernal de muchas aves migratorias que se reproducen en Estados Unidos y Canadá, también, el destino de muchos de estos pesticidas exportados de estos países desarrollados (datos del Smithsonian). En Panamá pasan más de 2 millones de aves migratorias por año y todos estamos preocupados por el virus de la gripe aviar y por lo que estas puedan hacerle a los humanos, pero si las aves pudieran discernir que la amenaza real es el hombre, de seguro utilizarían otra ruta.

Con un modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico, y no en las múltiples dimensiones de la vida, nuestra idea de progreso gira en una capitalización del mundo natural como un valor de mercado, que nos lleva a preguntarnos sobre ¿cuánta naturaleza es suficiente para sostener los actuales ritmos de producción y consumo?

Algunos datos nos hablan de la complejidad del problema, 5 mil millones de libras de pesticidas convencionales con fines agrícolas, forestales, de manejo territorial y para el control de enfermedades, así como en hogares, pastos, jardines, campos de golf y propiedades privadas.

Este aporte desolador que facilita la arrogancia acumulativa de pocos a costa del bien común, nos indica que hemos perdido nuestra capacidad de asombro y preferimos ser adaptados climáticos que cambiar nuestra forma de pensar y de actuar. Los días silenciosos de las primaveras de Carson y millones de voces en el mundo siguen vigentes. En pleno siglo XXI, mientras despedíamos al año viejo, 5 mil mirlos cayeron del cielo en Arkansas, antes de medianoche en la víspera de Año Nuevo. ¡Qué tragedia!

Si no abandonamos nuestro egocentrismo distraído con el hecho político mediático del Ferrari, WikiLeaks y el millón para el Carnaval, la hola de progreso des–regulado destruirá el valor más preciado, la vida y no solo la de nuestra especie. En este panorama nuevos retos afrontará la nueva administración de la Autoridad Nacional del Ambiente en Panamá, y le tocará actuar en un escenario de políticas públicas fragmentadas, debilidad institucional en el ejercicio de la rectoría y regulación, insuficiente presupuesto y la poca capacidad operativa.

Reducir la impunidad del delito ambiental, frenar las tendencias progresistas que cambian los hábitats ecosistémicos por las suntuosas edificaciones entre manglares y mosquitos, y la percepción utilitaria de la naturaleza que hoy gime y llora esperando a un administrador que atienda el progreso con un verde sentido común.

La sociedad demandará una praxis basada en una nueva ética ambiental, que trabaje con los límites de la naturaleza, respetuosa de la trama de la vida y capaz de integrar los pedazos de la vida de nuestra patria, reverdeciendo así el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor.

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Este artículo se publicó el 9 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El efecto bumerán

La opinión de….

Mirla Maldonado

La cuenta regresiva o la hora cero en el calendario de las naciones está cerca, y en su agenda de prioridades una preocupación: afrontar el fin de la era del petróleo, la energía que aceleró la industria y el comercio a escala mundial en el siglo XX.

En realidad, nuestras actividades están mayormente rodeadas de energías fósiles, desde los alimentos, medicinas, vestidos, calzados, casa, edificios, escuelas, oficinas, campos, fábricas, hasta los vehículos usados como medio de transporte. En un tronar de dedos, cambiará nuestro modo de pensar, y en consecuencia de actuar.

El derrame del crudo en el golfo de México por el gigante del petróleo British Petroleum, con una pérdida de 100 mil barriles diarios –según cifra suministrada por el Gobierno de Estados Unidos– complica el asunto; mientras nuestros personajes de la política panameña parecen acabados de salir de un caleidoscopio y muestran una flagrante ineptitud para dirigir el país.

Los expertos aseguran que puede no ser más que el principio de un desastre ecológico de imprevisibles consecuencias para el planeta, porque el mayor ecosistema marino de Estados Unidos está en peligro.

En Panamá los grupos ecologistas advierten de la importancia de los estudios de impacto ambiental –ver Ley 30– porque conocen la dimensión de un problema que ha estado exento de la consulta hacia aquellos sectores directamente involucrados en el tema. La naturaleza no perdona cuando tiene que cobrarse el daño que recibió.   Y de eso, países como Nicaragua, Guatemala, El Salvador, tienen harta experiencia.   Jamás permitamos que la estupidez de los bárbaros acabe con el pulmón de la ciudad de Panamá:   el Parque Natural Metropolitano.

Un comunicador responsable debe señalar la posibilidad futura, aunque el calígula del patio –emperador romano famoso por su crueldad– nos haya inyectado con los espejuelos de la modernización. ¡Dum, Dum! Parada… llegamos a la estación de un Metro que contamina.

¿Está cuidando nuestra casa, Sr. Presidente? ¿Su casa o su máquina tragamonedas? ¿Cuáles son las políticas climáticas del gobierno? ¿Qué medidas se están tomando a lo interno, para afrontar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que causan el calentamiento y/o repercusiones del cambio de energías renovables en la cadena alimenticia?

En estos tiempos de vorágine, es complicado enviar un cohete a la Luna, requiere de matemáticas, hardware y software desarrollados por expertos, pero qué simple debe ser respetar los derechos humanos, no sea que después tenga que contratar un especialista de la NASA para resolver un problema que requería de un cambio de actitud.

El escenario de acontecimientos no puede verse como si se tratara del mágico mundo de Harry Potter. Las sociedades tecnológicas se encuentran en el marco de una ecología industrial. Es sumamente difícil romper los nudos de la red sin que repercuta en todo lo demás.

En el tablero del ajedrez nacional, el rey está caracterizado por el mazo, rompe con las reglas del juego, y el riesgo de un bumerán será estrepitoso para el país. Una cosa fue la copia al carbón de la Cosa Nostra–PRD, y otra la aplanadora parlamentaria de un partido personalista–CD, sin una estructura orgánica y con un aliado –Partido Panameñista– que está más preocupado por la tarta de frutas –elecciones 2014– que por los problemas del país. Cuidado y nos invade la ola verde o el fenómeno Mockus de Colombia, como una propuesta de partidos verdes ecologistas que se forman en la región.

Mientras estos personeros de la política panameña se reparten el pastel, la demanda del oro negro ha aumentado en las últimas décadas, y la producción del crudo ha disminuido, en un proceso que según conocedores es irreversible. ¿Qué relación hay entre ecología y petróleo? ¿Será progresivo el cambio a energías limpias? ¿Cómo afectará la salud de la población? ¿Cuáles son los factores de la producción que resultan en detonante de esta implosión? ¿Cómo impactará en la economía del país? ¿Por qué si se conocen otras fuentes de energía, como la eólica, la solar o la hidráulica, no se comienzan a implementar con la urgencia que requiere el momento?

Estas son las preocupaciones de una desconocedora de las leyes que rigen el medio ambiente. ¿Serán estas las preocupaciones de la biempensante clase política panameña?

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Este artículo se publico el 3 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El interés social de los estudios de impacto ambiental

La opinión de….

Rafael Negret 

Ya en el año de 1860, el Gobierno de Estados Unidos de América consideró que el territorio usurpado a sangre y fuego a los indígenas Miwok –Yosemite, en la Sierra Nevada de California– debería declararse área protegida, considerando el “interés social” en función a sus bellezas escénicas.

Con el concepto de preservación se inició el proceso de incorporación de la variable ambiental en las políticas nacionales.  Continuó perfeccionando estrategias con las de conservación, desarrollo rural integrado, planes de manejo, ecodesarrollo y actualmente el desarrollo sostenible, como propuesta política de un nuevo paradigma para las relaciones sociedad–naturaleza, del cual los estudios de impacto ambiental son instrumentos de planificación.

A partir de la década de 1960, publicaciones como Primavera Silenciosa, Los Límites del Crecimiento, Civilización y Pecado, la teoría de Gaia, así como las propuestas de los ideólogos del Partido Verde francés, Daniel Cohn Bendit, Michel Bosquet, Jean Pierre Dupuy y muchos otros pensadores e investigadores, demostraron con creces que la polémica sobre ecología contra desarrollo no tiene asidero porque niega los valores económicos, políticos, ambientales y sociales del mundo natural en que nacemos, crecemos, nos alimentamos y vivimos.

Es que el simbolismo de la cigüeña trayendo el bebé en el pico es una bella metáfora que evoca nuestras aspiraciones celestiales, pero los elementos fundamentales de la vida, como el agua, el suelo y el aire, los aporta el “paraíso terrenal”…

Si algo positivo quedó entre las decepciones y fracasos de la conferencia sobre cambio climático en Copenhague–2009, es que el tema de los servicios ambientales como mecanismo de valorar económicamente los bienes naturales, incluyendo el negocio de los bonos de carbono, los pagos por el agua, la valoración de los bosques nativos y la biodiversidad son claves para el desarrollo y que la estrategia correcta consiste en incorporarlos en las políticas nacionales.

Los estudios de impacto ambiental hacen parte del proceso y tienen como objetivo esencial cumplir las obligaciones del Estado y proteger los derechos de la sociedad; derechos a respirar un aire puro, disfrutar de la belleza, misterios y milagros de la naturaleza; bañarse en playas sin contaminantes, alimentarse y beber agua saludable.

Por esto, los estudios de impacto ambiental tienen profundas implicaciones sociales al considerar los valores éticos, que son exclusivos de la razón humana y determinan preceptos que definen los límites entre el bien y el mal.

Los organismos internacionales que analizan el desarrollo de los países latinoamericanos han diagnosticado siempre que las causas del atraso y la insustentabilidad del proceso de América Latina se fundamenta en la pobreza, la ignorancia, la injusticia, la debilidad legal e institucional, la ausencia de políticas claras, la falta de planificación, ocasionando además la destrucción de los recursos naturales, que paradójicamente es la gran ventaja comparativa de nuestro continente.

Las crisis ambiental y financiera que azotan a nuestra civilización contemporánea son simplemente indicadores de la pérdida de valores éticos y morales;  de la destrucción del capital natural, ignorando con desidia que su fragilidad es nuestra.

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Este artículo se publico el 29 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Pintada de verde del 13 de marzo de 2010

La opinión de la Abogada, Periodista y Ambientalista ….

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LINA VEGA ABAD

ACCIÓN. A pesar de todos los pesares, hay esperanzas. Cada día hay más gente, comunidades y empresas con conciencia sobre la crisis ambiental que deciden aportar con recursos a la búsqueda de soluciones o, al menos, mitigaciones a los negativos impactos que hemos ocasionado en este planeta que tan generosamente nos alberga.

Por ejemplo, el “Climate Partnership” del banco HSBC, un programa que inició en 2007 y que para Panamá tiene singular importancia porque ha beneficiado con $8 millones al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI). La idea es trabajar con autoridades, ciudadanos y formadores de opinión en ciudades como Hong Kong, Londres, Nueva York o Shangai, para acelerar la adopción de políticas de baja emisión de carbono.

Hace unas semanas, se reunieron en Panamá investigadores de todo el mundo y empleados del HSBC en el STRI, para analizar los primeros resultados del programa que ha sido estructurado como un modelo de “ciencia ciudadana”, en el que los empleados del banco colaboran con los científicos en la búsqueda de información sobre temas como la importancia de los bosques, el valor de los servicios ambientales o la protección de las fuentes de agua.

Y mientras los científicos usan ese material para sus investigaciones, los empleados del banco -profundamente transformados- ponen en práctica acciones que impacten positivamente en el ambiente. En resumen, acción basada en conocimiento. Justo lo que necesitamos por aquí.

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Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La vida en peligro de extinción

La opinión de……

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Paco Gómez Nadal


Recorrer el país saliéndose de la senda es tan recomendable como preocupante. Bellezas naturales y seres humanos irrepetibles salpican la geografía nacional en una ruta que de tanto publicitarla fue descubierta, pero no por tranquilos turistas de acento estrafalario con ganas de conocer y pasear, sino por los angurrientos inversionistas que vieron en aguas y bosques El Dorado que desde hace 500 años se ha estado arrancando de las montañas y llanos del hemisferio.

Hay lugares en riesgo de extinción, que no solo los animales desaparecen. La desembocadura del río Chiriquí Viejo es uno de esos lugares. Es hermosa aún, se abre al Pacífico como un amigo que extiende los brazos para unirse al alma semejante y necesaria. El océano, al tiempo, irrumpe en el río haciendo el amor al agua dulce para celebrar la vida y provocar los esteros de mangle y vida.

Pero la huella del ser humano ya se siente y se siente mucho. Los dos proyectos de represas de Carlos Slim (el multimillonario que prestaba su avión a Torrijos y visitaba Panamá hasta que cerró los negocios del Canal, de la telefonía celular y de las hidroeléctricas) ya han provocado una fuerte sedimentación en la desembocadura del río que hace difícil su navegación en lanchas rudimentarias y los manglares retroceden a una velocidad pavorosa en comparación con el lento tiempo de su crianza.

La señora Olga Rodríguez, que tiene sus cultivos de porotos y plátano junto al río, me cuenta cómo el mar está entrando hasta donde nunca se había visto, dañando cultivos y tierras y poniendo en peligro su forma de subsistencia.   Los acuíferos, me relata el ambientalista Javier Grajales, se están salando y todo ello es fruto del retroceso de la barrera de mangle que protegía esta costa y sus cultivos. Si le sumamos la contaminación química que baja desde las miles de hectáreas de cultivos de plátano y de las explotaciones agrícolas con pesticidas de Volcán, el río está en peligro de extinción.

Allá, aun ahora, en esa desembocadura, el capricho de la naturaleza es abrumador. Inmensas dunas conviven con palmas de coco y esteros y navegando por esos canales se puede alcanzar la playa aislada de Santo Domingo, frente a Estero Rico, uno de los lugares costeros más hermosos de la costa chiricana.  Pero todo este frágil ecosistema también está en peligro de extinción.

La hipoteca a la que estamos sometiendo al país es muy pesada. Un modo de vida, el del campesino, se va extinguiendo y el agua se queda rebalsada en las hidroeléctricas para producir energía para otros mientras el mal llamado cauce ecológico (el 10% del agua que arrastra el río) no es suficiente para humanos ni vacas. En este río no son solo los dos proyectos mencionados los que están haciendo daño (y van a hacer más), sino las casi 20 concesiones similares que están en proceso.

La pelea que están dando personajes como Javier Grajales o muchos otros ambientalistas chiricanos es tan necesaria como el agua. Ellos son conscientes de que están defendiendo la vida frente a las acusaciones de autoridades o inversionistas o de ciudadanos mediatizados de que lo que quieren frenar es el desarrollo.

¿Qué desarrollo? ¿Será el que ya ha convertido en desiertos virtuales a la mayoría de países del primer mundo? ¿Será el que convierte en poblaciones urbanas mendicantes a los que antes eran campesinos dignos propietarios de la tierra y del orgullo?

La crisis ambiental de Panamá no es solo ambiental.   Puede ser el principio del final del país que conocemos; la antesala de la “coronización” de todas nuestras costas (incluidos los edificios deleznables para la vista y el sentido común); la puerta de entrada para decenas de “petaquillas” y de “chanes 75”, la gran mentira del desarrollo a cambio de la gran verdad del empobrecimiento económico y humano.

Esto ocurre mientras en la capital las discusiones estériles proliferan. Pocos cuentan que el miércoles pasado unas 150 personas de la comunidad de Bonyik, en el río Teribe (Bocas del Toro), se manifestaron contra Empresas Públicas de Medellín por los engaños sobre los empleos prometidos en otro proyecto hidroeléctrico; o que los vecinos del río Fonseca (Chiriquí) están de campamento de resistencia para evitar que la maquinaria destruya su medio y forma de vida; o que hay proyectos de turismo comunitario (como el de la Laguna de San Carlos) que demuestran la viabilidad de la escala humana… La vida y la resistencia no parecen ser noticia.

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Articulo publicado el 9 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Código de ética ambiental

La opinión de….

Carlos A. Gómez


Los modelos de desarrollo económico en que se han basado los sistemas políticos de gobierno que existen alrededor del mundo, han generado una crisis ecológica sin precedentes. A esto hay que sumarle la pobreza, la cual se constituye en una exclusión social y el mayor peligro ambiental creando una división creciente entre ricos y pobres.

Es impostergable que la raza humana cambie su estilo de vida hacia una relación más justa con su entorno, del cual depende. La humanidad necesita elevarse más allá de lo material para encontrarse con su verdadera esencia y forjar una nueva relación ser humano–naturaleza y convivir en perfecta armonía.

Si queremos un mundo mejor, tenemos que construir el futuro basado en la solidaridad y respeto hacia todas las especies que habitan este planeta. Una herramienta útil para este cambio es la educación ambiental, cuyo objetivo debe ser el de construir nuevas normas de conducta que rijan nuestra relación con el ambiente, así como para enfrentar los graves problemas ecológicos que vivimos como el cambio climático.

En este proceso, la participación de toda la sociedad es un requisito indispensable para mejorar las condiciones del medio natural que nos rodea. Para iniciar este cambio, es necesario fomentar la ética ambiental, que “es una filosofía de vida, del respeto y del amor a la vida, a la naturaleza y a los semejantes. Hay que construirla, participativamente, sustentada en un conjunto de “nuevos” valores. No se trata de simples fórmulas de comportamiento individual” (E. T. Solís).

El ser humano tiene el privilegio de gozar de libertad, y basado en ello ha desarrollado actividades económicas que han sobrepasado los límites de los sistemas ambientales. Por tal motivo, se hace necesario que las personas conozcan cómo funcionan los ecosistemas naturales, sobre todo sus limitaciones y las consecuencias de las alteraciones de sus ciclos naturales, ya que la naturaleza tiene su orden y su equilibrio.

Es por ello, que se requiere un código de ética ambiental que evite la afectación de estos ecosistemas, vitales para nuestra supervivencia. Panamá puede dar un ejemplo al resto de los países, al adoptar tal Código, que servirá de modelo para el resto del orbe. El mismo se basará en la ciencia y el conocimiento; será un punto de referencia para los tomadores de decisiones que administran nuestros recursos naturales. De lo contrario, el actual desarrollo económico inhumano e innatural nos llevará a un punto sin retorno.

Estos cambios no son fáciles de llevar a cabo por el conflicto de intereses que existe, pero si de verdad queremos dejar un ambiente en condiciones aceptables de vida para los seres humanos, no debemos perder más tiempo. Nosotros necesitamos el planeta para vivir, éste puede existir perfectamente sin nosotros.

“La raíz de la contaminación es la codicia… Los seres humanos deben saber que la codicia, servida por el poder, es destructiva, y por lo tanto, mala. Y pueden hacer el esfuerzo moral de ponerle coto (…) La única manera de impedir los desastres es que se produzca una revolución interna en cada ser humano”. Toynbee, A. Daisaku, I. “Escoge la vida”.

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Publicado el 21 de febrero de 2010 en del Diario La ¨Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.