Caos en el transporte público mantiene incómodos a los usuarios

Ecos de Chiriquí Oriente.  La opinión de….

RODRIGO  QUIJANO

La semana pasada visitamos la provincia de Chiriquí, en función de varias gestiones cívico-sociales. En nuestro activo periplo, tuvimos la oportunidad de compartir con diversos grupos, tanto en Remedios centro, Tolé, Quebrada de Piedra, Veladero, San Félix, Silimín, Las Lajas, El Porvenir, El Puerto, Escodú, Santa Lucía y algunas áreas indígenas de la región.

En cada uno de estos encuentros, la queja uniforme, unánime que nos exteriorizaban y que pudimos comprobar por motu proprio con los diferentes moradores de estas comunidades es el pésimo servicio de transporte público que se ofrece a los miles de usuarios.

Marcado maltrato, groserías, apiñamiento en los buses y el clásico no voy de los prepotentes conductores de taxis es la tónica no solo en nuestra región oriental, sino en todo el interior del país.

Nos permitimos resumir, brevemente, los problemas sobresalientes que han convertido en verdadero calvario, sin que ninguna autoridad del tránsito ni los actuales ni los anteriores gobiernos den respuestas contundentes a esta odisea que padecen los usuarios del transporte individual y colectivo.

1. Los buses que hacen el traslado de pasajeros (ida y vuelta) de los distritos de Tolé, San Félix, Remedios, San Lorenzo y las comunidades vecinas (indígenas fundamental mente) a David transportan abarrotados, como animales a niños y mayores, ancianos, totalmente de pie unos encima de otros, producto de un absurdo, ilegal y troglodita monopolio que por muchos años no ha permitido la democrática apertura de modernas empresas que presten un servicio de transporte público de calidad al panameño de a pie.

2. En el servicio de taxi que se concentra en el centro de San Félix se presentan serias irregularidades que es urgente y necesario que la dirección regional del tránsito tome cartas en el asunto y entre a ordenar, regular, adecentar y terminar con los esquilmos y precios prohibitivos, con que se cobra a humildes usuarios que se ven en la necesidad de utilizar su pésimo servicio. Por ejemplo, las carreras colectivas (6 pasajeros) las cobran con precios exagerados como si fuera una carrera individual.

3. Después de las seis de la tarde los dueños de los busitos de rutas internas los sacan de servicio y tanto los estudiantes nocturnos (Universidades, y el nivel medio. Inadeh) quedan totalmente al garete víctimas de malandrines, raterillos y otros malhechores que ya abundan en el área.

4. En la temporada alta del movimiento de pasajeros a la ciudad de Panamá, y viceversa (festividades patronales, patrias, semana santa, fundaciones y carnavales) el monopolio principal de transportes se opone a que las rutas alternas ofrezcan el servicio a la región que ellos no están en capacidad de brindar.   Resultado: centenares de usuarios tienen que estar pidiendo el tradicional aventón o bote para que humanos vehículos privados los lleven o conduzcan a Santiago. Esto, además de naturales incomodidades, lesiona y encarece los presupuestos familiares cuando ellos con justicia hacen turismo interno o visitas a sus ancestros.

Siempre en estos casos se impone el juega vivo, predominando la descarada coima, quien sale con la peor parte es el desprotegido usuario.

Podríamos continuar enumerando las peripecias y demás desmanes que se cometen acá en casi todas las comunidades de los cuatro distritos orientales, pero no nos alcanzaría el espacio del periódico para presentarlos todos.

Finalmente, solicitamos respetuosamente al señor Ricardo Fábrega, Director General de Tránsito y Transporte Terrestre, que realice una sorpresiva visita a estos pueblos del Oriente Chiricano y se quede una semana de manera encubierta o visual que lo estime conveniente compartiendo y viviendo con nuestra gente humilde para que se convenza por vía propia y expedita de la gravedad de estas justas quejas y anomalías.

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<> Este artículo se publicó el 22 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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La baja calidad productiva

La opinión de…..

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RODRIGO QUIJANO MARCUCCI

Remembrar la productiva calidad de los Diputados que integraron el Órgano Legislativo, durante épocas pasadas de nuestra era republicana, es para nosotros motivos de grandes momentos reconfortables.

Figuras de la talla y de méritos tales como: Demetrio Porras, Carlos Iván Zúñiga, Bernardino González Ruíz, Domingo H. Turner, Diógenes A. Pino (neneito), Telma King, Aquilino Boyd, Jorge Rubén Rosas y mas recientemente Oyden Ortega y Gerardo González, quienes le dieron al parlamento panameño de esa época momentos estelares cuando su oratoria didáctica y dialéctica, leyes productivas, estremecía los cimientos mismos del pensamiento creativo e independiente de los padres de la patria.

Hoy, los escaños Legislativos los ocupan ilustres desconocidos, mudos permanentes con ideas incoherentes y superficiales, cuyo perfil en los referente a la creación de leyes o iniciativa parlamenta, es casi nula, puesto que el sólo hecho de escuchar las intervenciones durante el aburrido período de incidencia, expresando banalidades, es un martirio para los pocos asistentes a las gradas, del recinto parlamentario, que por inercia sintonizan la radio y ocasionalmente la televisión cuando dichas sesiones son transmitidas y se observa a los pocos asistentes cuando hacen el correspondiente llamado del coro reglamentario.

Sería muy prudente y saludable que el electorado panameño de los diversos circuitos electorales, le dieran seguimiento y conocieran de primera mano el nivel de indeproductividad, el bao rendimiento y pésima presentación ya que en cinco (5) años seleccionamos a través de nuestro voto para hacer funcionar la llamada Democracia Representativa.

Es importante que la sociedad civil organice periódicamente sustanciales foros, debates, encuestas, encuentros, seminarios para así poner en función la democracia participativa en las diversas comunidades de las provincias del país, donde podamos evaluar con objetividad, capacidad, rendimiento, aportes legislativos, independientes en fin, un adecuado perfil de cada uno de estos diputados, cuyos gastos y presupuestos exorbitantes no justifican y están de acorde con los limitados aportes legislativos en materia de programas y desarrollo social en cada una de sus áreas o circuitos electorales. Parte de las iniciativas que debemos asumir los ciudadanos no contaminados con el juega vivo, el clientelismo rampante, la corrupción, la maleantería política, es asumir roles, que no nos permitan rescatar el improductivo órgano legislativo panameño cuyo soporte es parte del despilfarro económico que ha vivido el país en los últimos años.

Definir y presionar por diversos medios el no a la reelección, debe ser una tarea inmediata. Ello permitiría que otra calidad de gente se incorpore a hacer realidad un parlamento que sea orgullo nacional, donde además de la presentación y aprobación de autenticas leyes de beneficio para el pueblo, la asamblea sea un foro permanente de ideas, propuestas y laboratorio para la formación de auténticos dirigentes que los hagan más profundo y cada vez más ético, docente, productivo, digno orientador del estado nacional por lo que soñó y lucho el liberal de mayor prestigio durante el siglo XIX, el ilustre Dr. JUSTO AROSEMENA, nuestro distinguido representante ante e senado colombiano por el estado federal de Panamá, obra cumbre de Don Justo, quién inicio las bases doctrinales para la factura formación de la República de Panamá.

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Este artículo se publicó el 5 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Trasfondo educativo a todo nivel

La opinión de…..

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Rodrigo Quijano Marcucci


Al inicio de un nuevo período escolar en todo el país, nos permitimos realizar un análisis crítico de cómo los ministerios de Educación de los diferentes gobiernos han manejado las relaciones o responsabilidades que le competen como entes reguladores de la llamada educación privada en todo el territorio nacional.  Comenzaremos destacando la notoriedad en lo referente a la ausencia casi total de una adecuada supervisión, tanto del ámbito académico como en el control de los elevados y desmedidos costos económicos imperantes en las empresas educativas en todo el país.

El Ministerio de Educación, regido por diferentes gobiernos en los últimos años (arnulfistas, perredés y ahora “martinelistas”), ha aplicado una nefasta política leseferista en lo referente a la total ausencia de pautas y controles razonables en las exorbitantes ganancias con que lucran y operan estos centros educativos, sean regentados por empresas religiosas o como sociedades anónimas civiles utilitarias.

Es notorio el exagerado costo de los textos, útiles escolares, uniformes y otros enseres –muchos innecesarios– que solicitan al paciente padre de familia, quien anhela una mejor calidad educativa para sus hijos, no escatima esfuerzos y acepta –con patética mansedumbre– estos atropellos a su bolsillo por parte de estos mercaderes de la educación.

Qué decir de los carísimos textos escolares que no se pueden volver a utilizar por pueriles razones, con la exigencia de que se compre otro texto nuevo e igual al que solo se le ha cambiado una coma o el color de la portada. El texto anterior es desechado por algún educador apegado a los consabidos intereses mercantilistas de los dueños de la empresa educativa.

Ante esta triste realidad, los funcionarios altos y medios del Ministerio de Educación y de los entes reguladores miran para un lado, permitiendo por omisión, indiferencia o poco importa que estos nocivos abusos se incrementen cada año, especialmente, al inicio de cada período lectivo. Es necesario que los padres de familia tomen conciencia, dejen de ser entes pasivos, asuman un papel más beligerante y hagan valer sus derechos; no solo de exigir una formación de calidad para sus hijos, sino mejores ambientes escolares y apoyo técnico–científico en el proceso de aprendizaje de sus vástagos.

Sería prudente, apropiado y de urgencia que los flamantes supervisores de la educación visitaran periódicamente las instalaciones físicas de estos centros particulares y evaluaran la operación y funcionamiento de los laboratorios, enfermerías campos de recreación, actividades físicas deportivas y otros auxiliares básicos de la enseñanza–aprendizaje por cuyos servicios se pagan elevadísimas mensualidades, por lo tanto, la calidad y resultado académico tendría que estar acorde con estos incontrolables costos económicos.

Dirán los dueños de estas empresas que vivimos en un país en donde santificamos y glorificamos la llamada economía de mercado, en donde la cacareada libre competencia postula que la educación privada es parte del concepto utilitario de la inversión particular en esta área sensible de la formación integral del panameño ilustrado.

Estos criterios parecen, lógicamente, dentro de una sociedad que acepta como válida las reglas del juego impuestas desde afuera y con visto bueno del capital nacional; pero una cosa son los soportes del llamado statu quo, que evita conflictos a los altos niveles de los sectores pudientes, y otra cosa es la paciencia de Job con que la clase media acepta, resignada, con mansedumbre, pesimismo y abulia estos rebencazos con que el llamado capitalismo salvaje –presente y actuante en el mundo de la educación privada– nos abruma; con acciones de rapiña, desplazando y casi eliminando la acción estatal en la misión de dictar pautas y limitar el descontrol, agudizando las inequidades y el desasosiego en la clase media, víctima visible del esquilme utilitario de los llamados colegios particulares en la patria de Jeptha B. Duncan, Moscote, Morales, Pereira , Hurtado y otros, creadores y defensores de una educación al servicio del desarrollo nacional.

Actúe ya señora ministra Lucinda Molinar, exija y regule una supervisión urgente en la educación particular que se ofrece a la clase media baja, alta y a otros sectores de la sociedad panameña.

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Artículo publicado el 10 de Marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.