Innovación y agroexportación no tradicional

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La opinión del Periodista…

Carlos Camarena Medina 

Conscientes de lo retos que plantea el comercio mundial, ante la competencia y la diversificación de las actividades y productos a exportar, el sector agropecuario y las grandes empresas que participan en estas actividades, innovan constantemente para llevar al consumidor un materia prima y de primera calidad y a precios accesibles.

En ese sentido, recientemente acudí a la Feria Internacional de Azuero, para observar la presentación que hizo Maersk Line, con el fin de anunciar y promover los servicios que ofrece a los productores y agroexportadores del país, en el marco de un evento en el cual se dictaron conferencias para mejorar los procesos y la comercialización en los mercados internacionales.

La presentación se hizo en el marco del XIV Congreso Nacional de Agroexportación No Tradicional de Panamá, organizado por el Gremio de Agroexportadores no Tradicionales de Panamá (GANTRAP), el cual se constituyó en una excelente oportunidad de intercambio de experiencias y tecnologías entre productores y comercializadores, con rondas de negociaciones entre productores, exportadores, importadores y proveedores de bienes y servicios.

Según la gerente de cuentas para equipos refrigerados de la empresa, Maria Gabriela Graell, Maersk Line participa todos los años en este evento a fin de apoyar el producto nacional promoviendo la calidad de los mismos gracias a la rapidez y duracion en nuestra trayectoria hacia puertos en el Norte de Europa y USA a traves de nuestros equipos especializados destinados al transporte de frutas. “

Lo cierto es que en los últimos años, la agro exportación ha registrado un notable avance en nuestro país, con productos como el banano, que han registrado un amplio avance, tal como lo explicó el gerente de Reefers para el Caribbean Cluster, Juan Carlos Pardilla, quien prevé que para el 2012, “con todo el apoyo que el gobierno está brindando se espera que las plantaciones de piña crezcan un 60%.

Ante esa realidad, Pardilla destacó el repunte del banano ha hecho que estén innovando sus equipos con la adquisición de nuevas tecnologías. Mencionó la compra del contenedor Starcare, especial para transportar banano, con una duración de hasta 50 días de tránsito.

Igualmente, se realizan estudios para lograr el mismo período de tránsito más largo para la piña. En Panamá al año se mueven más de 6 mil contenedores refrigerados.

Maersk Line tiene más de 190 mil contenedores refrigerados a nivel global, y ofrece a los agroexportadores panameños un abanico de mercados a los cuales enviar sus productos bajo óptimas condiciones, que garanticen que a los mercados en donde opera esta línea llegará mercancía de primera.

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<>Artículo publicado el 22  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/camarena-medina-carlos/
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Los pecados de omisión

La opinión del Empresario….

RAFAEL  CARLES
rcarles@cableonda.net

Existe una parábola en la Biblia en donde Jesús hace un llamado a la vigilancia, así como a la responsabilidad de los dones y las gracias recibidas.   Y nos dice que un hombre rico se marchó a su tierra y, antes de partir, dejó a sus siervos todos sus bienes para que los administraran y les sacaran rendimiento. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad.

El talento era una unidad contable que equivalía a unos cincuenta kilos de plata, y se empleaba para medir grandes cantidades de dinero. En tiempos bíblicos, el talento era equivalente a unos seis mil denarios; un denario aparece en los Evangelios como el jornal de un trabajador del campo.   Aún el siervo que recibió menos bienes (un talento), obtuvo una cantidad de dinero muy grande.   Una primera enseñanza de esta parábola es que hemos recibido bienes incontables de parte de Dios.

Se nos ha dado, entre otros dones, la inteligencia, el tiempo y bienes materiales, todos para que nos sirvan de instrumento para sacar adelante obras buenas, a favor de la familia, de la sociedad, de los más necesitados. En otro plano, incomparablemente más alto y de más valor, hemos recibido la vida, una herencia de la que nos pedirán cuenta al final de nuestros días. Es decir, no somos dueños sino administradores de unos dones divinos.

De nosotros se espera una bien administrada hacienda y un buen rendimiento de lo recibido. Y el premio será inmenso: esta parábola enseña que lo mucho de nuestra vida en la tierra, es poca cosa en relación con el premio del Cielo. Así actuaron los primeros dos siervos, cuando hicieron buen uso de sus talentos y ganaron la felicidad eterna.

El tercero de los siervos, por contraste, enterró su talento en la tierra y no negoció con él: perdió el tiempo y no sacó provecho.   Su vida estuvo llena de omisiones, de oportunidades no aprovechadas, de bienes materiales y de tiempo malgastados.   Fue su existencia un vivir inútil en relación con lo que realmente importaba; quizá estuvo ocupado en otras cosas, pero no llevó a cabo lo que realmente se esperaba de él.

Enterrar el talento que nos han confiado es tener capacidad de amar y no haber amado, poder hacer felices a quienes están junto a nosotros y dejarlos en la tristeza y en la infelicidad; tener bienes y no hacer el bien con ellos; poder hacer productivos los fines de semana para cultivar la amistad y dejarse llevar de la comodidad y del egoísmo en un descanso parrandero. Sería triste en verdad que, mirando hacia atrás, contempláramos una gran avenida de ocasiones perdidas y que viéramos improductivas la capacidad que nos han dado por pereza, dejadez o egoísmo.

Hay que convencerse de que no basta ni es suficiente no hacer el mal, sino que es necesario negociar el talento y hacer positivamente el bien. Para el estudiante, hacer rendir los talentos significa estudiar a conciencia, aprovechando el tiempo con intensidad, sin engañarse neciamente con la ociosidad de otros, ganando buenas notas con constancia y esfuerzo. Para el profesional, hacer rendir los talentos significa realizar un trabajo ejemplar, intenso, en el que se tiene presente la puntualidad y la productividad. Para el funcionario público, hacer rendir el talento sería actuar con transparencia, servir al país con honestidad, dar la milla extra y no aprovecharse de su despacho para realizar negocios turbios. Dios espera igualmente una conducta intachable de nuestros gobernantes, para que se apeguen a las leyes, al respeto a la vida, la educación, la familia, etc.

Poner en juego los talentos recibidos abarca todas las manifestaciones de la vida personal y social. Hemos de ejercitar esas cualidades en la iniciativa para vencer falsos respetos humanos y provocar una conversación que anima a nuestros semejantes a mejorar en su vida espiritual o profesional, en su carácter o en sus deberes familiares. Miremos si verdaderamente nos sentimos administradores de los bienes divinos que nos han confiado, si sirven para el bien o si, por el contrario, los empleamos en compras inútiles, innecesarias o incluso perjudiciales.

No sabemos hasta cuándo se prolongarán esos días que forman parte de los talentos recibidos. Pero mientras tengamos vida, asegurémonos de que en cada jornada saquemos mucho rendimiento a los dones que se nos han puesto en nuestras manos.

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<> Este artículo se publicó el 9 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Decisivo apoyo a todos los consumidores

La opinión del Empresario….

RAFAEL CARLES

Desde que Ernesto Pérez Balladares creó la CLICAC, en 1996, a través de la Ley 29 y Martín Torrijos la fortaleciera en 2007 por medio de la Ley 45,   ningún presidente de la República había sido tan elocuente y enfático con su responsabilidad de proteger el bienestar de los consumidores como sucedió con Ricardo Martinelli durante la reciente inauguración del IV Foro de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor.

En esta ocasión, al presidente Martinelli no le faltaron municiones para declarar la guerra a las grandes corporaciones que históricamente han abusado de la buena fe de la población.   Y en el camino felicitó a los directivos y funcionarios de la ACODECO por el buen trabajo que realizan en defensa de los consumidores y la libre competencia.

El presidente Martinelli dio cátedra y mostró su experiencia en el tema al recordar a la audiencia sobre la existencia por muchos años de los cárteles del azúcar y de la harina, y de la gran cantidad de comerciantes e industriales que se ponían de acuerdo para fijar precios y orquestar el mercado. ‘Lo normal era que en la Cámara de Comercio, en un Club Rotario o en cualquier actividad social se compartiera información de precios para luego arreglar las cosas’, en clara alusión a lo que se hacía en Panamá antes de 1996 y a una cita célebre de Adam Smith de su libro ‘La Riqueza de las Naciones’, escrito hace más de doscientos años.

Y en acto seguido, Martinelli se dirigió a Pedro Meilán, administrador de la ACODECO, quien se encontraba a su flanco izquierdo y le advirtió ‘cáigale a todos ellos, porque en este Gobierno no hay ni fuero, ni privilegios, bien sean los más ricos o quienes tengan que ser, o bien sean los que se creen que están por encima de la ley.   No tenga miedo y cáigale a todos esos que usted crea que debe caerles’.   Con apoyos directos como éste, además de hacerlo público delante de un par de centenares de asistentes foráneos y en medio de la máxima autoridad de los otros dos órganos del Estado, nuestro amigo Meilán tiene luz verde para proceder por el camino de la fiscalización (‘enforcement’), y resolver de una vez por todas los males que causan que miles de panameños reciben tratos injustos y condiciones abusivas por parte de agentes económicos en el mercado.

Además, las palabras del mandatario son claves, porque nos ayudan a entender el punto exacto en el que Panamá se encuentra actualmente y permite a los funcionarios de la ACODECO acercarse a una solución definitiva del problema. Porque es cierto que el verdadero impulso del crecimiento y del desarrollo del país se logra como consecuencia del flujo de la inversión privada, pero también es cierto que las leyes se crean para cumplirlas, porque también permiten una atmósfera de trabajo, de producción y de productividad.

Allí es donde está la verdadera clave del discurso del presidente, en destacar el valor de la competencia como instrumento para transformar nuestra sociedad. Y que los comerciantes comprendan que no deben realizar combinaciones ilegales para burlar la relación de consumo, que no deben limitar la información que permite la comparación y la selección de productos, que no deben engañar ni incitar a los consumidores a comprar bienes innecesarios, que no deben colocar imprecisiones en las etiquetas, que no deben desatender las garantías de los productos, que no deben acaparar mercancía ni tampoco deben inflar, ni manipular los precios.    Es decir, Martinelli nos invita a que todos participemos de una cultura cuya visión se enfoca fundamentalmente en la transparencia y la equidad.

Pero para que esto florezca, debe existir primero un compromiso ineludible por parte de las instituciones llamadas a defender y proteger el bienestar de los consumidores. Muy acertadamente lo expresó el presidente estadounidense Kennedy en 1962, cuando se refirió a que los consumidores son el grupo económico más grande en la economía, afectando y siendo afectados por casi todas las decisiones económicas públicas y privadas… pero son el único grupo importante… cuyos puntos de vista a menudo no son escuchados.   Considero que con el espaldarazo que Martinelli le dio esa mañana inolvidable a la ACODECO, no queda ninguna duda de en qué lado se encuentra el péndulo del poder en estos momentos.

 

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Recuperación con empleo

La opinión de…

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Virgilio Levaggi

Viene captando interés la asociación entre el Fondo Monetario Internacional y la Organización Internacional del Trabajo para explorar alternativas que permitan que la recuperación de la crisis económica mundial tenga un alto coeficiente de empleos.

El 13 de setiembre, bajo los auspicios del Primer Ministro de Noruega, se desarrollará la conferencia “Los Desafíos del Crecimiento, el Empleo y la Cohesión Social”. Entre otros llegarán hasta Oslo la Presidenta de Liberia y los jefes de Gobierno de España y Grecia, además de ministros y dirigentes del mundo productivo. Para el primer ministro Stoltenberg dicha conferencia “ofrece un escenario ideal a autoridades ejecutivas y expertos para explorar cómo mejorar la calidad de vida y de empleo de millones de personas que se han visto afectadas por la crisis financiera”. El número actual de desempleados en el mundo es de 210 millones, 34 millones más desde que comenzara la crisis.

El gran riesgo al que se enfrenta una parte importante de la humanidad es que la actual pérdida temporal de puestos de trabajo se convierta en desempleo de largo plazo. Ello no solo afectaría la recuperación económica sino que minaría la cohesión social, con consecuencias lamentables.

La iniciativa del director gerente del FMI, Dominique Straus-Kahn, y del director general de la OIT, Juan Somavia, está a tono con una tendencia que se viene afirmando en la cooperación internacional a favor del desarrollo: una aproximación holística, centrada en la persona humana, que busca la integración de políticas económicas y sociales.

Hay nuevos vientos para enfrentar mejor los desafíos que plantea la globalización y, desde esa perspectiva, el Acuerdo Stand-By entre El Salvador y el FMI de 2010 –para mitigar los efectos de la crisis global– es importante. El mismo busca mantener la confianza de los inversionistas y apoyar los esfuerzos de las autoridades.

El FMI reconoce que éstas buscan acelerar la recuperación económica, reducir la pobreza, preservar la estabilidad financiera y garantizar la sostenibilidad de la deuda y destaca que la prioridad del Gobierno es aumentar el alcance y la eficacia de los programas sociales, entre éstos el de Comunidades Solidarias.   Se calcula que en el período 2010–11 el gobierno dedicará casi el 1% del PBI a la creación de un programa de empleo temporal y el lanzamiento de un programa de inversiones públicas en salud, educación e infraestructura que contribuiría con la generación de puestos de trabajo. Lo laboral, aquí, es central para la recuperación.

Ejemplo de estos nuevos vientos es la “Iniciativa del Piso de Protección Social”, aprobada por la Junta de Jefes Ejecutivos de las Naciones Unidas, orientada a promover –a nivel nacional– estrategias que promuevan el acceso universal a servicios sociales esenciales. 80% de la población mundial no disfruta de un conjunto de garantías sociales que les permita hacer frente a los riesgos de la vida. La protección social contribuye con el crecimiento económico al ayudar al aumento de la productividad laboral y al afirmar la estabilidad social.

Globalmente así como a nivel nacional o local una visión integradora y una gestión integrada resultan esenciales para enfrentar una crisis que comenzó afectando al mundo del dinero y que hoy aflige a mucha gente en todo el mundo.

<>Artículo publicado el 6 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La economía de mercado y algunos vicios ocultos

La opinión de…

Víctor Hugo Herrera Ballesteros 

Ante los actuales acontecimientos, caracterizados por el pésimo manejo de la política de competencia y del papel que deben jugar las instituciones, me veo obligado como ciudadano a puntualizar algunos elementos de fondo.

Es obvio el marcado enfoque asistencialista, reforzado por shows mediáticos que han expuesto las cabezas de los billeteros por vender chances y billetes de lotería “casados” o que en otro momento algún burócrata nos quiera hacer creer que la canasta básica de alimentos ha bajado uno que otro dólar, respecto del mes anterior, siendo a lo mejor producto de algún efecto de inventario.

Pero lo inevitable es que con cada nuevo ciclo económico, los precios de los alimentos y de los combustibles se sitúan permanentemente en niveles superiores, indistintamente de las fluctuaciones intermensuales. Y ni siquiera en eso hay un consenso inteligente entre las instituciones estatales.

Peor aún, es la desfachatez manifiesta de solo considerar a los billeteros, en ser los únicos que venden con sobreprecios ¡vaya idiotez!    En la práctica común siempre ha sido esa en todos los ámbitos del comercio y hasta en las licitaciones públicas. ¿Y cuántas cabezas han rodado por eso? Solo basta con recordar algunos vergonzosos casos recientes. ¿Dónde ha quedado la transparencia? Espero que no quede en el olvido.

Como diría Friedrich Nietzsche respecto de esta estirpe de funcionarios miopes, su condición de animal inferior solo les ha permitido anteponer el Yo al razonamiento, ¿o es que el razonamiento solo reside en sus entrañas flatulentas? O bien, ¿para satisfacer sus necesidades mundanas y aferrarse al sector público de forma parasitaria? Se han pasado informándonos de cosas de poco valor informativo, como si fueran grandes noticias y que en nada alimentan la discusión y el debate social serio, respecto de los elementos de fondo, que afectan el buen funcionamiento de nuestra economía de mercado y que se manifiestan en altos precios de los bienes y servicios, derivados en muchos casos de una moral corrupta de hacer negocios, y teniendo además como telón de fondo a un sector agropecuario atrasado tecnológicamente, bajo la mirada miope de instituciones inoperantes y decadentes.

¿Cuáles son los elementos de fondo? Solo mencionaré algunos, que a estas alturas son verdaderos clásicos de nuestra economía hipertrofiada: la falta de infraestructura para la producción agropecuaria, falta de créditos, escasa inversión en investigación y desarrollo y, por ende, poco progreso tecnológico en la producción y comercialización de productos alimenticios; o bien, la escasa capacidad para hacer cumplir metas de calidad y eficiencia a las empresas de servicios públicos, en adición a la impotencia manifiesta para combatir prácticas monopolísticas, ante los inevitables procesos de concentración económica en las ramas más modernas de la economía, y que derivan en una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el ámbito sectorial, son algunos ejemplos nefastos de nuestra inoperancia institucional o la mejor prueba de un estado fallido.

¿Dónde queda la eficiencia productiva y el incremento de la productividad, como sustento del mejoramiento de los salarios y bienestar de la población? Tenemos que seguir pagando millonarios subsidios en el consumo de hidrocarburos o, como en el caso del sector eléctrico, que en vez de disminuir sigue aumentando, igual que la falta de visión en nuestras políticas públicas, que debieran enmarcarse sobre la base de un desarrollo sustentable, que garantice el buen funcionamiento del mercado y que no le cueste más millones de dólares a nuestras futuras generaciones. Ni siquiera aquella estirpe de funcionarios que dicen defender la economía de mercado entienden que el progreso tecnológico también encarece los bienes.

No comprenden que para sustentar un estado de bienestar, la productividad debe ser el fundamento del crecimiento económico y para garantizar una relación equilibrada respecto del capital por trabajador, que contribuya al incremento de los salarios y a la competitividad empresarial, en un mercado donde la tecnología sigue evolucionando y debe difundirse a todos los sectores de la economía.

Es hora de que las políticas de Estado se hagan con un enfoque integral, dirigidas a resolver las imperfecciones del mercado interno y sin deteriorar indiscriminadamente los ecosistemas, para que nuestros consumidores y empresarios honestos de generaciones futuras no sigan pagando el precio de tener instituciones decadentes, que solo se basan en shows mediáticos, que garantizan la existencia mundana de algunos funcionarios ineptos, en detrimento de aquellos que son honestos, decentes y capaces.

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Este artículo se publicó el 6 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La relación de productividad

La opinión de…

Tomás Salazar Rodríguez

Estoy preocupado por la actualidad social y los efectos de las reformas vigentes.  Desde que tengo uso de razón los impuestos son para obtener dinero fresco con el fin en desarrollar los planes sociales.   Los nuevos impuestos están señalados en la Ley 49 del 17 de septiembre 2009 “Que reforma el Código Fiscal y adopta otras medidas fiscales”; la Ley 8 de 15 de marzo de 2010 “Que reforma el Código Fiscal, adopta medidas fiscales y crea el tribunal administrativo tributario” y en la Ley 30 que reforma el Código de Trabajo, judicial, penal y ambiental, llamada “9 en 1”.

La situación de la crisis en Bocas del Toro redundará en la productividad social, empresarial, laboral y gubernamental del país. Lo importante de este enfoque es ver, de manera objetiva, su relación y los efectos. El hombre no puede producir la materia sino únicamente las utilidades inherentes a ella. En el mundo intelectual y moral puede producir ciertamente nuevas ideas; en realidad, solo se producen cosas útiles, de forma que el hombre solo puede consumir y producir utilidades. No podemos olvidar que los agentes de producción se clasifican en tierra, trabajo, capital y organización íntimamente relacionados entre sí.

De igual manera pasa con la relación de productividad social, empresarial, laboral y gubernamental. El empresario para ser competitivo tiene que trabajar paralelamente en tres direcciones: ser tecnológico, invertir en la capacitación de su recurso humano, especialmente en tecnología, servicio al cliente y en un sistema de gestión de mejora continua.

Friedrich Engels dijo que “el trabajo es la condición básica y fundamental de toda vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”;   Karl Mark estimó que las fuerzas productivas son los medios de producción y los hombres que poseen determinada experiencia de producción y hábitos de trabajo ponen en acción estos medios. Los hombres son el elemento básico de las fuerzas productivas de la sociedad.

Determinados nexos y relaciones que los hombres establecen –independientemente de su voluntad y conciencia– en el proceso de producción de bienes materiales se denominan relaciones sociales de producción o relaciones económicas.   El concepto de productividad trata simplemente de la relación entre la producción real, la cantidad producida de bienes y servicios y la cantidad de factores utilizada para obtenerla. En otras palabras, es un indicador de la eficiencia con que se utilizan los recursos o factores expresada en forma de cociente. (McConnell, Brue, Macpherson 2003).

Se recibe un aumento salarial, se incrementa los impuestos e inmediatamente se trasladan los costos aumentando la canasta básica, bienes y servicios. Estos factores inciden en la producción de insumos de la materia prima, las ventas y alquileres de apartamentos, afectando el sector de la construcción.

La carga tributaria debería ser para los autos de lujo, las bebidas alcohólicas y los cigarrillos que afectan la salud; aumentando el presupuesto de CSS en tratamiento. Con estas referencias mencionadas se percibe la pérdida de confianza de la gestión gubernamental.

Las reformas económicas deben realizarse a través de una metodología científica y por una entidad independiente que analice, de manera macro, las reformas sociales, empresariales, laborales y gubernamentales, por la sencilla razón de que afectan a la sociedad.

Adicionalmente, el sector gubernamental debe estar 100% conectado tecnológicamente, debiera tener horarios flexibles como lo tiene el sector privado; esto mejoraría en gran manera la productividad y atención de las necesidades sociales y ayudaría a recaudar más impuestos.

“Lo que no se mide, no se conoce; lo que no se conoce, no se controla; lo que no se controla, no se gestiona; lo que no se gestiona, no se mejora”. Dr. Raul Baides, especialista en gestión de la calidad.

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Este artículo se publicó el 15 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Lecciones desde el chiquero

La opinión de…..

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Roberto Brenes P.

La semana pasada la segunda calificadora de riesgo, Standard and Poor’s, reitera que la República de Panamá ha logrado grado de inversión.

La noticia no es poca, somos capaces de honrar adecuadamente nuestras obligaciones y con ello vienen beneficios de ser mejores sujetos de crédito, costo de financiamiento más barato y con ello un aparente clima positivo para inversión.

Pero si bien tener capacidad de crédito y un clima positivo respecto a las finanzas del país son condiciones importantes, no son condiciones suficientes ni para mantener el grado de inversión a futuro, ni mucho menos para desarrollar la economía.

Al tiempo que Panamá celebra, Grecia está en el ojo del huracán financiero;   España, Portugal e Italia parecen ser arrastradas al mismo huracán, poniendo en riesgo la estabilidad nacional, del euro y de Europa.

Parece un caso sacado de un texto; estos países tienen al menos dos denominadores comunes. Uno, todos, han sido igualmente galardonados con grado de inversión, y no simple BBB– como Panamá, sino con letras y elogios superiores;   Grecia por ejemplo, era hasta hace semanas, grado de inversión A.

El otro elemento común es, para ponerlo sencillo, que todos se creyeron el cuento de que una vez buen sujeto de crédito, podrían endeudarse hasta el cielo y sobre todo, malgastar el endeudamiento en aumentar el gasto improductivo e invertir en aspiraciones sociales sin poca o ninguna contraparte de esfuerzo o productividad.

Así se aumentaron sueldos, sobre todo a la burocracia, se bajaron edades de jubilación y se aumentaron beneficios pensionales y subsidios sociales, sin que existiera otra justificación que política y sin contrapartidas en inversión ni de crecimiento económico que sostuvieran el desvarío politiquero.

Ahora, llegó la hora de la cuenta y estos países enfrentan duras medidas de austeridad para apenas detener la hemorragia de gastos.  Y respecto de las perspectivas de expansión de esas economías para de allí recomponerse y crecer, los analistas coinciden en que hay pocas o ninguna, precisamente por la falta de recursos para relanzar la economía, recursos estos que ya se parrandearon.

Hay que hacer este largo cuento porque Panamá se encuentra ahora justo en esa encrucijada y me parece casi providencial que los eventos en Portugal, Italia, Grecia y España (despectivamente llamados ahora los Pigs, quizá por la disciplina fiscal casi porcina con que han llevado sus cosas) nos permita reflexionar sobre si estando ahora bien, ¿estamos en la senda de seguir bien? o ¿tendremos bastante que arreglar?

Primero, pareciera que estamos amarrando nuestra capacidad de pagar a nuestra capacidad de seguir gravando al país, que a mover los recursos para mejorar la capacidad de crecer.

Por ejemplo, mientras la noticia del grado de inversión acaparaba la portada,   en un lugar menos importante del mismo diario se reportaba que la Asamblea acaba de aprobar un aumento de 33% en los cargos estatales al manejo de contenedores en los puertos, más plata para vernos bien ante el calificador, pero sin lugar a dudas impactando los costos de la cadena productiva nacional y la competitividad de uno de nuestros reglones más dinámicos.

Nuevos impuestos y cargas socavan la capacidad productiva. Pero más importante y de más impacto es el nivel de gasto público dedicado a sostener un consumo artificial y con consideraciones politiqueras, no muy diferente de lo que hacen los señores del chiquero.

Es necesario reducir el elevado nivel de subsidios, no solo en montos totales sino también en porcentajes de subsidio, que hoy alcanzan más del 3% del PIB. Cierto es que no es fácil, pero mientras algunas voces hablan de congelar y reducir, la mayor parte del Gobierno habla de aumentarlos. Ya los del chiquero saben que tirarle plata a problemas los acalla, pero no los resuelve.

Otro elemento nefasto de este gasto inútil es el tamaño y el costo de la planilla del Estado. El Estado puede y debe reducirse y no necesariamente para repagar la deuda o verse mejor ante las calificadoras. El presupuesto del Estado debe reorientarse a inversiones que mejoren nuestra oferta productiva y reduzcan los costos de la economía; ya el sector privado generará las plazas de trabajo para aquellos que sobren en el Gobierno.

Y cuando hablamos de inversiones debemos enfatizar, inversiones nuevas,      no enterrar 700 millones del dinero de todos en comprar dos corredores obsoletos que realmente le hacen la vida más fácil a los 50 mil o 60 mil panameños más ricos del país, que son los que los usan.

No hay que producir una lista de ideas o apuntar a malas acciones. La lección de los Pigs es fácil y clara, usar la capacidad financiera para generar producción y no para satisfacer consumo improductivo.

Y hay muchas cosas que no es plata lo que necesitan, sino decisión y concentración gubernamental. Una de la más importante es mejorar la capacidad de que nuestros trabajadores accedan a niveles de productividad que los haga prósperos y en eso una reforma profunda de las reglas laborales es indispensable.

Y ya basta de incentivos y privilegios a sectores o grupejos.   Nos hemos ido convirtiendo en rehenes de los beneficios que damos en los enclaves, sin que nada de esto se multiplique en el Panamá profundo.

Si los beneficios fiscales, laborales y financieros son buenos para las transnacionales o los inversionistas extranjeros, también lo deben ser para toda la economía y los inversionistas locales.

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Este artículo se publicó el  31 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.