¿Proteger y servir?

La opinión de…

 

 

Rafael Pérez Carrillo

La verdad es que con las diferentes actuaciones de la Policía Nacional no me siento protegido ni bien servido. Hemos visto en los últimos años cómo los agentes del SPI golpean a manifestantes enfermos o disparan a mansalva y matan a un inocente que se encontraba cerca de los hechos. También vimos en Bocas del Toro a los agentes antidisturbios hacer gala de su puntería disparando perdigones directamente a los ojos de los manifestantes.

Como si no existiera el derecho a la libre circulación en este país y bajo el mando del actual jefe (un ex militar), la policía hace retenes en cualquier lugar y a cualquier hora para hacernos perder el tiempo a los que trabajamos y pagamos impuestos, que a su vez pagan sus sueldos.

En el tramo final del Corredor Sur ponen de guardia a unos policías disfrazados de negro con armas de grueso calibre, cuya función, meramente decorativa, no la entiendo. Sólo hay que ver los noticieros diariamente para darse cuenta de cómo aumenta la delincuencia mientras seguimos con los retenes y los policías decorativos.

Pero la razón principal de este artículo es lo ocurrido el pasado 9 de enero en el Centro de Cumplimiento de Menores.   De verdad que hay que ser demasiado estúpido o demasiado cruel para pensar que el introducir dos bombas lacrimógenas en un cuarto cerrado no traería consecuencias catastróficas.

Lo peor es que al parecer la segunda premisa es la verdadera, ya que por la inacción de los policías, al ver cómo se quemaban vivos los jóvenes y los comentarios de fondo que se escuchan en el video, da la impresión de que los policías estaban disfrutando de este sádico escenario.   Más preocupante aún es ver que, por la edad de estos policías, no pueden ser residuos de la dictadura militar, sino más bien pertenecen a la nueva generación de policías de este país, pero, por lo visto, con las mismas costumbres del pasado.

Creo que las autoridades deben hacer introspección de todos estos acontecimientos, hacer un alto y recapacitar, porque el rumbo que está tomando la Policía Nacional recuerda más a las desaparecidas Fuerzas de Defensa que a una policía seria de un país democrático.   Si queremos tener resultados diferentes tenemos que hacer cosas diferentes. ¿Será que necesitamos un jefe de policía que sea realmente un civil y no un ex militar? Podría ser un comienzo para darle un sentido más profesional y humano y menos “militaroide” a la policía.

Al principio de su gobierno, el Presidente dijo que se podía meter la pata; espero que también se pueda sacarla, porque en materia de la Policía Nacional vamos bien, pero bien mal.

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Este artículo se publicó el  21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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