Nuevas realidades, nuevos retos

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Nuevas realidades, nuevos retos

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Mitchell Doens
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En los últimos días las alusiones hechas por el presidente electo Ricardo Martinelli sobre temas considerados de “alto perfil” judicial, han hallado eco en los medios de comunicación, en los comentaristas políticos y en nuestras propias filas a través de Ernesto Pérez Balladares, que se ha sumado entusiastamente a la cruzada de los impolutos nuevos gobernantes del país.

Días antes, Héctor Alemán contaba sobre un panel en que participó junto a Roberto Eisennman y Yeyito Barría y otros líderes de la desvanecida Cruzada Civilista; quedó sorprendido por las cosas que se dijeron sobre el PRD y sobre el problema del poder en nuestro país. En el evento que analizaba las elecciones pasadas, escuchó decir que había sido un error haber dejado que el PRD se hubiese levantado después de la invasión y que se le hubiese permitido ganar las elecciones en dos ocasiones.

El “viernes de la paella” escuché palabras similares de uno de los más conspicuos asesores de Martinelli; invitaba a que nos sumáramos a la cruzada que ellos desarrollarían contra la corrupción, entendiendo por ésta –señalaba el asesor– las acciones legales que emprenderían cuando estuviesen en el poder contra figuras cercanas al presidente Torrijos y contra miembros del PRD. Ya esa experiencia –dije en la ocasión– la hemos vivido después de la invasión, cuando se replegaron las tropas gringas y entró en escena la persecución judicial contra miles de perredistas; persecución que pretendía, como ahora, paralizar e inhabilitar nuestras fuerzas políticas; también le dije que en materia de corrupción ni Martinelli ni sus aliados tienen la autoridad moral para dar cátedra.

No resulta raro que dentro de nuestras propias filas se escuchen las mismas argumentaciones y amenazas que hacen nuestros adversarios y, quizás, hasta con mayor virulencia. Antes habían comenzado en las primarias con los epítetos del chavismo, militarismo, asesinos y norieguismo que lanzó don Juan Carlos Navarro contra Balbina Herrera, lo que sirvió de telón de fondo para que después, como papagayos, los utilizara la campaña de Martinelli en el proceso electoral.

Derrotada la propuesta del PRD en las elecciones, los neo–oligarcas de afuera y los de adentro enseñan sus cartas. Los de fuera ya hicieron su trabajo, lograron hacer un líder mediático, compraron medios, periodistas y presentadores televisivos (hoy pagados con cargos ministeriales), políticos y partidos, a la vieja usanza oligárquica; y los de adentro se proponen culminar el objetivo “implosionando” al PRD como en su momento Díaz Herrera hizo con la institución armada.

No en balde el escandaloso asunto del Cemis junto a otros presuntos hechos que son ventilados en la justicia panameña, son esgrimidos por Martinelli, los medios que bailan al son que les toca y recientemente en Chiriquí, por Ernesto Pérez Balladares; éste amenaza con destruir a Martín Torrijos y a sus inmediatos colaboradores con los mismos argumentos, sin considerar los alcances y las implicaciones que tal temeridad ocasionarían.

No hay que ser un genio para concluir que los intentos por destruir al torrijismo son parte de un proyecto y de un plan que tiene como propósito acabar con el PRD; o en el peor de los casos “oligarquizarlo” para retrotraer al país al escenario político de 1968, pues el proyecto de la plutocracia panameña encabezada por Martinelli y por los que gravitan alrededor de sus chequeras nunca han aceptado, como decían en el panel descrito, a ninguna otra fuerza que no sea parte de sus propios intereses. Ellos no temen ni a Chávez ni a Fidel ni al socialismo; a lo que siempre han temido es al torrijismo que hace más de 40 años acabó con el monopolio económico y político de este sector social de la sociedad panameña.

Todos ellos comparten un proyecto que históricamente ha marginado a los panameños que no pertenecen a su exclusivo club de plutócratas. Retomar el poder con un proyecto político con claros objetivos, como expresó en días recientes en Costa Rica don Ricardo, para acabar con el “populismo”, entiéndase bien con el PRD y los torrijistas, es el verdadero propósito que anida en la neo–oligarquía panameña. El reto es si los torrijistas logramos impedir que se salgan con las suyas. Para ello será necesario usar la crítica, la autocrítica y el debate político y doctrinal de altura, las necesarias y las oportunas rectificaciones que todos los perredistas claman; abordar así la coyuntura es garantía de unidad y la muralla para cerrarle el paso al enemigo. En manos de los que no aceptamos un país manejado al antojo de esta plutocracia, está el futuro de los panameños con los que el general Torrijos se matriculó.

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Publicado el  11 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

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