¡Basta ya!, señor Presidente

La opinión de….

Adriano Mckenzie F.

En el período presidencial de la presidenta Mireya Moscoso, escribimos en el diario La Prensa un artículo titulado:   “Basta ya”, enfocado en la serie de irregularidades que se estaban cometiendo en el desgobierno de la viuda del saila de Arco Iris.

En algo más de un año, la administración Martinelli ha superado, con creces, los desafueros e irregularidades del período “moscosita” (de Moscoso, por supuesto), amparado en su arrollador triunfo en las elecciones de mayo de 2009.

Este empresario convertido en político por obra y gracia de sus millones, no ha entendido el papel que le otorga su calidad de mandatario de la Nación y cree que el país es una sucursal más de sus supermercados e, incluso, ya nombró un gerente para ella… un diligente y exitoso creador de imagen de origen griego.

Basta ya, Sr. Presidente, de querer anular, comprar o invalidar a todos los que se le oponen.

Basta ya, Sr. Presidente, de intervenir y dirigir todos los órganos del Estado.

Basta ya, Sr. Presidente, de creer que su excentricidad y espontaneidad van acorde con su papel de jefe del Ejecutivo.

Basta ya, Sr. Presidente, de irrespetar y violar nuestra Constitución.

Basta ya, Sr. Presidente, de intimidar y manipular a través del terrorismo judicial a los periodistas, políticos de oposición y a los dirigentes sindicales y gremiales.

Basta ya, Sr. Presidente, de mantener una postura que no admite críticas.

Basta ya, Sr. Presidente, de menospreciar la inteligencia de los panameños, cuando es evidente, incluso para los que lo apoyan, que detrás de todas las decisiones de importancia que afectan al país, se encuentra su voluntad.

Basta ya, Sr. Presidente, de llevarnos al despeñadero diplomático haciendo declaraciones inoportunas en foros internacionales.

Basta ya, Sr. Presidente, de estrechar relaciones con mandatarios como Berlusconi, que nos alinean en el ámbito internacional, haciéndole creer al mundo que apoyamos al Presidente italiano en sus actividades mafiosas.

Basta ya, Sr. Presidente, haga un alto… internalice el rumbo que lleva su gobierno y con sobrada hidalguía (como lo ha hecho en ocasiones anteriores –sobre todo utilizando la indumentaria adecuada, dependiendo del evento oficial en que participe–) demuestre que más de la mitad de los panameños no se equivocaron al elegirlo como nuestro gobernante… conviértase en el estadista que todos esperamos.

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<> Este artículo se publicó el 17  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/mckenzie-f-adriano/

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La pena capital en Panamá

La opinión de…..

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Adriano Mckenzie F.


El tema que titula este escrito ha sido y es fuente de enconadas polémicas entre criminólogos, sociólogos y periodistas, en distintas épocas y en diferentes medios de comunicación social. Los que están en contra dicen que es inconstitucional, porque viola el artículo 30 de nuestra Carta Magna y contradice el protocolo de la Convención Americana de Derechos Humanos, firmado por el Gobierno panameño en 1991, que rechaza totalmente la pena capital. No obstante, ha tomado actualidad ante algunos hechos de sangre que nos mueven a desear que los asesinos confesos de horripilantes homicidios reciban una dosis de su propia medicina.

Ciento ocho países han abolido la pena de muerte y 87 la mantienen. Acá en nuestro país, creo que muchos panameños estamos de acuerdo en que se establezca la pena de muerte, la misma fue abolida oficialmente en este país en 1941 y el artículo 30 de la Carta Magna lo recuerda. Nuestras diferencias de criterio están basadas en la poca credibilidad que nos inspira el sistema judicial, y que un inocente (lo más probable es que sea una persona pobre) sea víctima de una injusticia que acabe con su vida.

Sin embargo, debemos tomar medidas drásticas. Primero, para amedrentar a los sicarios extranjeros y nacionales que usan las calles del país como tiro al blanco para ajusticiar a los “tumbadores” de drogas o a enemigos de los capos del narcotráfico, ya sean estos colombianos, mexicanos o locales. Segundo, para que esta medida radical sirva para que los potenciales asesinos y violadores de mujeres, secuestradores, terroristas, etc., en la vorágine del desarrollo de sus instintos exacerbados hagan un alto y piensen en las consecuencias.

A pesar de todos estos elementos que hemos señalado, las encuestas que se han hecho en relación al tema –la última (2001) 52% en contra, 42% a favor– se inclinan a una disminución entre los que están a favor. A ésta se contraponen otras encuestas hechas a través de redes sociales que arrojan que un 81% está a favor.

Lo cierto es que el tema aún tiene mucho hilo que desmadejar y no se ha dicho la última palabra… y cuando creemos que podemos olvidar su vigencia y centrarnos en otra cosa… aparecen uno o varios sociópatas que se introducen a una vivienda familiar y al hallar resistencia por parte de los dueños de la residencia, sin consideración de ninguna clase matan a uno o a varios miembros de la familia.

Lo peligroso de todo este asunto es que nos tomemos la justicia por nuestras manos, al ver la inoperancia de las autoridades y que, armados hasta los dientes, comencemos a disparar a mansalva para preservar las pertenencias que con tanto sudor hemos obtenido.

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Este artículo se publicó el  17  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La campaña mediática del Gobierno

La opinión de….

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Adriano Mckenzie F.

Quizás para muchos de los lectores –igual nos ocurre a nosotros– la palabra mediática es de recién ingreso en su léxico y esto es así porque a raíz de la campaña electoral de mayo de 2009, una de las candidatas presidenciales –ahora en oposición– calificó de esa manera la campaña proselitista del actual mandatario de la Nación, el licenciado Ricardo Martinelli.

Sin embargo, de una forma u otra, todos los políticos han sido mediáticos en cuanto a la promoción de sus candidaturas (los publicitados abrazos y besos a niños humildes, es un ejemplo).

Los medios de comunicación social (periódicos, revistas, televisión, radio e internet) son los instrumentos que los políticos utilizan para difundir sus proyectos o acercamiento a su objetivo principal: la población votante de extracción más humilde.

La mayoría de las estrategias políticas giran en torno a la supuesta identificación del candidato con los sectores más humildes de la población y entre más descabellada y alejada de la realidad se proyecte esta afinidad cosmética, mayores son las posibilidades de que sean creídas por el público meta. Lemas como: “Los descamisados” (de Perón); “ Los locos somos más” y “Los zapatos del pueblo” (Martinelli) sustentan nuestro argumento.    Sin embargo, como es obvio, toda esta cobertura de los medios no es gratuita, porque el político que no tenga los recursos económicos para financiar su propaganda electoral, caerá en el más profundo ostracismo. Quizás por eso en la actualidad se está poniendo de moda en Latinoamérica que los presidentes sean empresarios millonarios.

Las campañas proselitistas de candidatos presidenciales –en la mayoría de los países– son verdaderas danzas de millones y millones de dólares, provenientes del propio peculio de los candidatos, sus amigos, familiares e incluso de colaboradores anónimos que dejan de serlo cuando el candidato de su predilección resulta victorioso.

No obstante, anteriormente estas millonarias campañas publicitarias concluían cuando el aspirante presidencial obtenía la victoria. La nueva modalidad no se desarrolla de esta manera, ahora la campaña mediática continúa incluso cuando ya están en el poder, con la diferencia de que los recursos económicos para sustentarla emanan del erario público, es decir, del mismo pueblo que votó por elegirlos.

Lo que los gobiernos (anteriores, el actual y los del futuro) deben entender de una vez por todas, es que el pueblo lo que desea es que cumplan con sus promesas de bienestar social, sin afectar el bolsillo de los beneficiados y sin darse “bombo” por algo que moralmente estaban obligados a cumplir.

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Este artículo se publicó  el  28 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Más de lo mismo… o peor?

La opinión de……

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Adriano Mckenzie F.

En un artículo previo que escribimos, “La Corrupción y el Poder Político” (La Prensa, 13/1/2009) antes de las últimas elecciones presidenciales, manifestamos: “En este año electoral, los panameños debemos sopesar muchos elementos de juicio que nos ayuden a elegir de los candidatos disponibles… el mejor de todos ellos. La tarea es ardua, existen elementos distractores; la publicidad es uno de ellos y ésta es costosa, así que los que cuenten con mayor disponibilidad de recursos económicos tienen más probabilidad de ser elegidos, aunque no sean necesariamente los mejores”. Nuestro temor se convirtió en realidad.

Los panameños caímos ante el embrujo subliminal de la publicidad y elegimos al hombre “del cambio”… hoy estamos pagando caro nuestra ingenuidad… ¿y quiénes están recibiendo gran parte de ese “pago”? … precisamente los medios de comunicación social y la clase media que contribuyeron a colocar al licenciado Ricardo Martinelli en el sillón presidencial.

Sus promesas de consensuar todas las decisiones; nombrar a los más aptos, no importa de qué partido fueran; no nombrar familiares en el Gobierno y transparencia absoluta en la forma en que se invertirían los fondos públicos, no se han cumplido.

Nuestro presidente, su excelencia el licenciado Ricardo Martinelli, dijo: “No compraremos un avión presidencial…” y, en vez de utilizar la donación de Taiwan en obras sociales, se compró un lujoso avión… “Nombraremos a los más capaces, vengan de donde vengan…” y parece que “los más capaces” son o descendientes de italianos o familiares del señor Presidente…

Los 100 para los 70 (Red de Oportunidades) y los bonos de 20 dólares, mochilas y útiles escolares a los estudiantes, es lo mismo, que nuestro Presidente criticaba de los gobiernos PRD, sólo que con otro nombre.   El dinero para estas obras sociales debe salir de algún lado y de dónde más que de los bolsillos de los propios beneficiados con incrementos de impuestos como el 7% del ITBMS.

No hay que ser un intelectual consumado para saber que para destacar en los negocios hay que tener don de mando, tomar decisiones y mantenerlas a veces sin escuchar a nadie.   El empresario piensa: es mi negocio, el objetivo es lograr márgenes de ganancia que representen dinero adicional para mi beneficio y el de mi familia… conducir la nave del Estado es diferente, es muy diferente.

Además, señor Presidente, ser el mandatario de una Nación implica sacrificios personales… eventualmente tendremos que abandonar el desenfadado estilo del millonario dueño de una cadena de supermercados para convertirnos en el jefe del Ejecutivo de un país, vestido, como lo exige el protocolo, con saco y corbata… el manejo de la política exterior exige un mínimo de discreción, si no es una decisión tomada mejor no la comente… y aunque usted no lo crea, en este país existen panameños capaces, aunque no sean de origen italiano.

Con más del 60% de aprobación por parte del electorado panameño, el Presidente pudo y aún puede establecer los cambios que el pueblo anhela… pero ciñéndose a las leyes… nadie está por encima de las mismas.

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Artículo publicado el 8 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.