Publicidad vs. Comunicación Gubernamental

La opinión del Ingeniero y Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos….

Guillermo Antonio Ruiz

Luego del retorno del régimen democrático, nuestros gobernantes han incurrido en la misma falta: la utilización de la publicidad gubernamental dirigida a favorecer a los amigos y restringirla a los detractores.   Nadie se salva. 

Lamentablemente, este comportamiento se ha acentuado. Por eso creo conveniente reflexionar un poco sobre el uso correcto y efectivo de la comunicación política en función de gobierno.

Está claro que la mayoría de las agencias del gobierno no tienen competencia.

Para lo único que sirve un comercial televisivo del Ministerio de Comercio es para autocomplacencia.

Si el director de la Caja de Seguro Social o el alcalde de la Ciudad de Panamá pagan con dinero público folletos con páginas llenas de fotos de ellos mismos, lo único que logran es que la mayoría de los lectores los señale.   En este error han caído hasta las mejores publicitarias.

Si el Ministerio de Obras Públicas llena los medios de comunicación informando que construyeron puentes en El Rincón de Santa María y en Cerro Viejo Arriba, no sirve para nada.

Si usted le pregunta a mis vecinos de la calle donde vivo en San Francisco que opinan del trabajo del MOP, les dirán sin dudas que es un desastre.    Sencillo, las obras también comunican y si la calle está llena de huecos, no importa que salga en los medios.

Si el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) quiere hacer campañas educativas sobre el ahorro del agua, lo más efectivo es crear un programa dirigido a los jóvenes y niños de las escuelas de manera permanente. Nadie aprende a conservar el agua con publicidad entre novela y novela.

Si la Fórmula 1 es el único circuito con publicidad mundial efectiva, ¿Qué hace la Autoridad de Turismo patrocinando un carro de carreras de un circuito marginal europeo?

Hugo Chávez patrocina a Milka Duno en el circuito INDY Car, pero al menos ella es venezolana. ¿Cómo se llama el panameño que maneja el carro mencionado?

Obras. Esa es la mejor publicidad. Cuando se realizan obras dirigidas a una comunidad, la publicidad debe focalizarse en ese grupo poblacional.

La publicidad masiva es para promover una marca, por ejemplo la del propio gobierno nacional y esto debe ser exclusivo de la labor del Presidente de la República.

El resto debe ser informativo y de utilidad para la comunidad: boletines de SINAPROC, del Ministerio de Salud o de otra agencia del gobierno que lo requiera, pero que esta se haga con la suficiente frecuencia y difusión para que llegue lo más rápido posible a la mayor cantidad de personas.

De nada sirve llenar de publicidad medios y programas con sintonía marginal porque son amigos.   Este es un tema científico y debe ser tratado como tal.

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<>Artículo publicado el  3 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Aceite de culebra

La opinión de…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nadie sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la evolución social humana, alguien se dio cuenta de que podía, por medio de la persuasión, timar a una o muchas personas. Muchas veces por el simple hecho de ganar espacio y lograr ventaja para subsistir.   Me puedo imaginar la primera vez que sucedió.   El pícaro intercambia un favor de importancia por otro menos valioso, por medio del convencimiento amigable y delicado, la distracción y el acomodo y reacomodo de la realidad.   Funcionó.

Lograda la ventaja sin repercusiones contrarias para él, retornó sobre lo ensayado. La planteó como teoría empírica para volver a aplicarla bajo otras circunstancias. Funcionó nuevamente. Y así sucesivamente, generalmente con sagacidad, fue mejorando y afinando los elementos disuasivos para que su vehículo de supervivencia fuera más sofisticado y convincente cada vez.

Stephen Littlejohn y Karen Foss en su libro ‘Theories of Human Communication’ sostienen que: ‘La creación y desarrollo de una teoría es una actividad social humana: las personas las crean, las ensayan o ponen a prueba y evalúan sus resultados…’. Estas prácticas de persuasión engañosa ya formuladas en una teoría y puestas en práctica por el primer timador, rápidamente fueron generalizándose (como siempre, toda actividad es plagiada por otros).   Littlejohn y Foss agregan que: ‘… como actividad social, la formulación de teorías se realizan en el seno de comunidades de investigadores quienes conocen y comparten una serie de prácticas comunes’. (Cambie la palabra investigadores por timadores).

Es así, como a lo largo de los tiempos, en el seno de los diversos grupos humanos que fueron poblando la tierra, emigraban embusteros y farsantes de localidad en localidad y se ubicaban en los mercados comunales, las aceras de las calles, en los incipientes comercios; con la puja y repuja cotidiana. Había que tener cuidado y suspicacia en las negociaciones y transacción de un bien por otro, o de un servicio por otro.   Según el diccionario urbano, en el siglo XIX vendedores ambulantes vendía como marravilloso aceite de culebra; un elixir con garantías de que era la cura para todos los males. El término ‘aceite de culebra’ se popularizó como un concepto peyorativo atribuible a todo producto que se ofrecía con propiedades fantásticas. Gato por liebre envuelto en un proceso de comunicación persuasivo y engañoso.

Desde entonces y aprovechando el advenimiento de toda clase de herramientas para alcanzar los objetivos de dominación y no siempre para fines positivos, individuos y grupos han aprovechado los conocimientos sobre los efectos y la función de los procesos persuasivos de comunicación para fortalecer su control y dominio sobre grandes sectores del conjunto humano.

A mediados del siglo pasado, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolfo Hitler, lo definió tan cáustico y lúcidamente cuando formuló y puso en práctica su famosa teoría: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’ (‘…a lie, if audacious enough and repeated enough times, will be believed by the masses’). Desde entonces, los centros hegemónicos del poder económico y político, han continuado con la manipulación de los procesos de comunicación a todos los niveles, principalmente a través de la propaganda y la publicidad.

La tendencia en estos tiempos que vivimos, es la de redefinir las teorías y prácticas de comunicación fundamentados en un goebelismo modernizado, hoy tan presente en el diseño de campañas dudosas; el maquillaje de la ‘imagen’, la creación de marcas (branding) y en la promoción masificada de mensajes subliminales a cada momento y en cada vehículo comunicacional para el control de casi todo.

Estas estrategias manipulativas han tamizado a la actividad política. Ya no es importante el discurso centrado en ideas filosóficas o ideológicas para ganar, sumar y mantener adeptos. Ya no son necesarias las ideas visionarias para mejorar la condición humana de todos.   Lo que importa es la estrategia mediática que diseña, ‘el grupo de creativos’ de los equipos de comunicación que las organizaciones contratan. Ellos definen los mensajes, su propósito y el alcance de las mismas. La dinámica entre emisores y receptores basados en un goebelismo perverso y desmesurado es la filosofía de estos grupos. Teoría requete comprobada;   ‘mentiras audaces’ es lo que impera en estos mercados modernos y trabajan afanosamente para desviar los progresos que ha alcanzado la humanidad en términos de convivencia decente, crecimiento social y cultural.

En el argot local, ese goebelismo forma parte fundamental de lo que todos conocemos como ‘juegavivo’; el todo para mí y no amerita tanta teoría o razón.   Desde el primer timbrazo del reloj despertador en la mañana, hasta que apagamos el televisor en la noche, casi todos estamos cuidándonos y escudriñando entre los miles de mensajes que nos asaltan todo el día. Mensajes que no siempre son verdad; con propósitos no siempre nobles y no siempre para bien.  Aceite de culebra.

 

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Que alguien me diga…

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La opinión de…

Francisco Pacheco

Alguien se acuerda cuando los militares “regalaban” a los escolares uniformes, mochilas, lápices, cuadernos, zapatos “Panamá Soberana”, libros… Por aquella data se satanizó el obsequio, que igual se hizo con dineros de los que pagamos impuestos. El valor desagregado no se me olvida, es que esa práctica era comunista. Eso de regalar era una práctica que aun los beneficiarios no entendían. Bueno pues, si hilo delgado, me entero que eso mismo es lo que está haciendo el gobierno de Martinelli.

Recuerdo, porque es bueno tener memoria, que se inventó un programa laboral que se denominó “Plan de Urgencia”.   Empleo para “tutti mundi” con un salario de cien dólares. Muchos de estos trabajadores luego de un periodo, de prueba o evaluación, quedaron insertados en ministerios y entidades públicas… Bueno, el programa 100 para los 70 me recuerda aquella iniciativa, pero hago la salvedad de que aquellos, también humildes trabajaron sus cien.

Si se mira despierto y con calma y se mide con el metro bus adecuado y se sopesa, es lo mismo pero los doños y las doñas setenteros, el único laburo que hacen es ir a cobrar.   No despotrico contra el plan pero también me parece una solución paternalista, como se dijo por los días de Torrijos.

Te acuerdas cuando se introdujeron los buses “Pegaso”, creo que venían de España y se distribuyeron las rutas entre la CUTSA y la COMETRAP y esa iba a ser la solución para el transporte público, y sacarían de circulación a los buses que todavía no se nombraban “Diablos Rojos”.    Recuerdo bien El Fantomas.    Los Pegasos venían ya con su tragamonedas y el costo para todas las rutas era un “dain”, o algo así, y además cubrían toda la “ubre” y nada de 50 parao, 50 de pie. Esos buses le costaron una millonada al “gobierno revolucionario”. Y los buses de a metro ¿qué?  Tú sabes lo que te digo.

Claro, eran otros tiempos, éramos menos gente y había más gente buena.

¿Alguien se acuerda que fue parte del rechazo o del Sí del plebiscito para poner a caminar los tratados del canal correspondientes a 1977? Sí ¡ah! Recuerdo mucha gente descompuesta por el tema. Que si los “filios” de Washington se iban, aquí en este paisito no íbamos a tener “pa’ onde cojé”… Dentro de ese motete, me refiero a los que se hicieron de rogar, iba casi toda la empresa privada. Ahora mire usted en que se han convertido esos terrenos ociosos de las bases militares. Para muestra un jardín: Albrook Mall: puro cemento y ni un palo de mango o de mamón. Vivido ejemplo de que nadie sabe para quién trabaja.

La publicidad de mi gobierno es linda concebida por mentes brillantes, que han hecho de Claude Shannon, Goebbels y Maquiavelo sus Master of the Ring.   No por eso deja de ser engañosa, repetitiva, monótona, calamitosa y sesgada y costosa. ¿Vamos bien?

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<>Artículo publicado el 12  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Navidades agringadas

La opinión de la jubilada….


MARCIA DEL C. ALFARO P.
malfaro2000@yahoo.com

Hace ya mucho tiempo que nuestras navidades dejaron de ser tropicales para convertirse en norteñas, aunque el calor continúe y la ausencia de nieve también. A pesar de todo esto, sin embargo, la salvaje propaganda comercial atiborra de ‘nieve’ las vidrieras y pantallas televisivas, modelamos gruesos gorros rojos de lana coronados con una bolita blanca en la punta, y cantamos añorando una ‘Blanca Navidad’ que siempre ha sido verde.

Hablando de Dios, el Niño Dios ni se menciona. Antaño, las cartitas que los niñitos escribían para solicitar regalitos, no eran precisamente para un viejo gordo, pipón, extrañamente ataviado de ropas invernales muy incómodas con el calor panameño, amén de unas gruesas botas negras, caldo de cultivo para una buena dosis de hongos en los pies. La barba, falsa o natural, deberá causarle a la víctima (Santa Claus moreno) escozor, debido al intenso calor. Además de que en ella se podrían refugiar cómodamente bichos como ácaros y pulgas. Tampoco entiendo cómo a un ‘santo’ se le denomine ahora ‘Santa’…

Este señor extranjero se ha popularizado tanto que pocos se acuerdan de visitar nacimientos, costumbre casi extinta; el Día de Reyes, otrora tan importante en nuestros campos, está prácticamente olvidado.

Nuestros publicistas están dedicados a que olvidemos nuestras tradiciones (quizá porque nunca las conocieron), para que adoptemos otras completamente ajenas a nuestra cultura, a nuestro modo de vivir, a nuestra idiosincrasia. Sitios como Puerto Rico, con gran influencia gringa, luchan por mantener sus tradiciones navideñas encima de las ‘extranjeras’. Nosotros no. Aquí la publicidad se empeña en que lo extranjero es lo que vale y lo nuestro no, porque no produce dinero, no vende. El gordinflón vestido de rojo sí vende.   Un niño semidesnudo en un pesebre no. Nieve artificial sí vende. Las palmeras naturales no. Los renos venden, los bueyes no.

Nuestros villancicos en español ya poco se escuchan. El aire está saturado del ‘Little Drummer boy’ (el tamborilero), ‘The 12 days of Christmas’, ‘Rudolf the red-nosed reindeer’, ‘Frosty, the snowman’, ‘White Christmas’ (Blanca Navidad) que mencioné anteriormente, entre otros, y por todas partes se ven renos árticos en los almacenes y tiendas. El más tropical y patriótico panameño compra muñecos de nieve, escarcha artificial y cuanta cosa nos meta la publicidad por los ojos para que nos ‘dé’ frío, aunque nos estemos asando de calor. Si por lo menos cambiaran los renos por venados colablanca y los paisajes gélidos del Polo Norte por airosas palmeras meciéndose con el viento, todo se vería un poco más tropicalizado, más panameño, más ‘nuestro’…

Hace décadas, el negocio Angelini —ubicado entonces cerca de la Asamblea— presentaba Santa Claus de montuno, con sombrerito pintado, calzando cutarras y en una carreta tirada por bueyes —sin narices rojas tipo Rudolf— cargada de regalitos: Si insistimos en agringarnos a toda costa, por lo menos debiéramos hacerlo con un poquito más de originalidad, creatividad y gracia.

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<> Este artículo se publicó el 24  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

AES: la responsabilidad irresponsable

La opinión de…

 

Paco Gómez Nadal

Las máscaras pueblan los rostros del siglo XXI.   Las personas las utilizamos con más facilidad ahora que tenemos internet para fingir que somos lo que no somos.   En internet a las máscaras se les llama perfiles y suelen ser engañosos y premeditados. Pero los individuos somos inofensivos: tontos útiles de este teatro sin actores pero con guionistas conocidos. Las máscaras más peligrosas son las corporativas.

Las grandes empresas invierten un buen porcentaje de su presupuesto en mercadeo y en relaciones públicas para asegurar que sus máscaras funcionen bien. Cuanto más riesgosa –peligrosa para el resto– sea la actividad de la empresa más hay que invertir en imagen. Y como los corifeos de la publicidad conocen la sicología masiva saben que lo mejor es relacionar la imagen de una empresa con la bondad, con el cuidado del medioambiente o con la caridad (¡Que se lo pregunten a los limosneros de la Teletón!).

Panamá ya sabe lo que son las relaciones públicas engañosas, también conocidas como Responsabilidad Social Corporativa. Empresas autodenominadas como de comunicación (como, por ejemplo, Estratego) se dedican a camuflar, a construir máscaras que luego las publicitarias refuerzan y los expertos en ciencias sociales avalan.    Que se lo pregunten si no a las decenas de “expertos en desarrollo comunitario” que contratan las empresas petroleras, mineras o agroindustriales cuando prevén conflictos sociales en las zonas en las que operan.

Ahora, de hecho, tenemos que, por ejemplo, también soportar anuncios por doquier que presentan a Minera Panamá como un gobierno corporativo del país: programas de becas escolares, comedores, plan de reforestación, desarrollo comunitario sostenible, etcétera.    Si uno se creyera sus vallas o su sitio en internet pensaría que estos empresarios no quieren el cobre de las entrañas de la tierra, sino hacer el bien a la humanidad. ¡Menos mal que llegaron a salvar a este país!

Uno de los casos más cínicos de máscaras es el de AES Panamá (“10 años de desarrollo energético responsable”). La misma empresa sobre la que pesa ahora la sospecha de una pésima gestión de la represa de Bayano –que dejó sin casa y a la intemperie a cientos de familias durante las lluvias de la pasada semana–, es la que construye el proyecto hidroeléctrico de Chan 75 (o Changuinola I, porque a todo lo que huele mal se le cambia el nombre o la máscara).

Durante años, AES ha sostenido un pulso violento con las comunidades afectadas por este megaproyecto que este Gobierno apoya con uñas y dientes.   Ha fingido negociar, ha mentido sobre los supuestos acuerdos, ha ignorado las recomendaciones de Naciones Unidas o de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha comprado periodistas en Bocas del Toro, ha privatizado carreteras de penetración y tiene contratado a un escuadrón de la Policía Nacional para que nadie meta la nariz en su feudo. Pero, insisto, lleva “10 años de desarrollo energético responsable” en Panamá.

Ante los problemas de las inundaciones en la zona de Bayano, AES ha guardado silencio ya que parece que en estos casos la Responsabilidad Social Corporativa con la comunidad pasa a segundo plano. Esta semana, los estrategas de AES Panamá también deberán maquillar un poco más la realidad, ponerse sus mejores máscaras y enfrentar la visita de la CIDH que viene a comprobar la situación de violación de los derechos fundamentales de miles de panameños en el río Changuinola. Imagino que están relativamente tranquilos porque, además de su equipo de comunicación y relaciones públicas, AES cuenta con el inestimable trabajo gratuito del Gobierno en pleno.

En noviembre, el Ejecutivo declaró el proyecto de utilidad pública y urgencia notoria para allanarle el camino, y se ha hecho el sordo, como lo hizo el gobierno anterior, ante las medidas cautelares dictaminadas en 2009 por la CIDH y que exigían la paralización de las obras hasta que los derechos de los habitantes ngäbes de la zona no estuvieran garantizados.

La máscara de AES funcionará a la perfección aunque espero que los enviados por la CIDH sepan ver detrás de la sobredosis de toxina botulínica que esta empresa se aplica cada vez que su perfil perverso asoma y, aunque sea de forma simbólica, se condene el proceder de estos genios del “desarrollo comunitario”. De paso, ya que los de la CIDH están por Panamá, podrían aprovechar para constatar el clima del viejo oeste en el que languidecen los derechos humanos.   Tenemos poco que ofrecerles y mucho que esperar de ellos.

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<> Este artículo se publicó el 14 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El ocaso de una cultura

La opinión del Ingeniero…

 

Carlos Eduardo Galán Ponce

 

Nuestros maestros de una época lejana –que la educación de hoy debiera añorar– con una sencilla norma que decía: “Piensa antes de hablar”, lograban que tuviésemos más cuidado al expresarnos.    Que cometiéramos menos errores y como decían ellos mismos, evitar decir “tantas tonterías”.

Y cuando había que referirse a alguien que no practicaba esa sabia teoría, se decía: “Ese tipo habla hasta por los codos”.

Se nos enseñaba que para hacernos entender correctamente y evitar que nuestro mensaje pudiese ser malinterpretado, era necesario hacer las pausas propias de las puntuaciones, en medio de cada oración.

Y de los que se expresaban sin tomar en cuenta este principio, se decía: “Ese tipo habla como una carretilla”.   O “ese tipo habla como cotorra”.

Mira una de las cosas que nos ha traído la globalización.   Empresas extranjeras, totalmente despersonalizadas, sin ningún apego ni interés por nuestras costumbres ni nuestra cultura se han hecho presentes aquí con un solo propósito: El lucro.   Culturalmente no traen nada bueno.

Si hablamos de cómo se anuncian, no producen nada agradable a los sentidos. Ya no ves esa publicidad atractiva que acostumbraban presentar las grandes empresas cuando eran “nuestras”.   La feroz competencia por sacarle hasta el último centavo al más humilde de los ciudadanos, en cada rincón del país, los ha llevado ha pintarrajear todo el país.   De unos colores espantosos y tan agresivos a la vista que en otros países más responsables, son indicadores de “peligro”.   No se ha salvado ni la comunidad más distante.

Edificios enteros, paredes pintadas de punta a punta, vallas escandalosas. Estaciones de gasolina a las que han pintado hasta las mangueras. Parques municipales y en donde han pintarrajeado desde el quiosco y las bancas, hasta el asta de la bandera. Se aprovechan de la falta de recursos de algunos municipios o de las “ofertas” que hacen a comerciantes por un beneficio extra –y como comerciantes panameños ya casi no quedan, poco les importa–.   Se resguardan bajo la indolencia de funcionarios que tampoco muestran respeto alguno por el aspecto de nuestras comunidades y de diputados que carecen de la cultura necesaria para legislar normando sobre prácticas como ésta, que son propias de civilizaciones atrasadas.

Y como una forma de burla a aquella sabia enseñanza de los maestros de otra época, con la que se procuraba un uso más correcto del idioma, una de estas empresas se promociona “empujándote” a que “hables hasta por los codos”. O sea, a volverte tonto. Alguien que habla sin parar no tiene tiempo para hacer nada útil ni puede producir algo que sirva.

Cuando escuchamos en los diferentes canales de televisión, a jóvenes de ambos sexos, narrando acontecimientos que tienen lugar en diferentes partes del país, los vemos cometer con mucha frecuencia un sinnúmero de errores de dicción. Ignoran las pausas, utilizan términos incorrectos. O a hablar “como una carretilla”. El cacofónico “hace años atrás”. Nunca he sabido que haya un “hace años adelante”.

El otro constante “yo pienso de que”.  Un de que está de más.   Y no se les puede culpar, si hasta en un programa televisivo, en el que estaban presente, un conocido comentarista de boxeo y un ex procurador de la Nación, ambos repetían constantemente esos dos errores de dicción.   Igual lo hacen muchos educadores, incluyendo a sus líderes gremiales. Y el resultado es que todo aquel que los escucha piensa que es la forma correcta de expresarse y tiende a repetirlo. Y el error se va extendiendo.

Lo que es una lástima es que esos medios de comunicación social, que tienen por su audiencia una gran responsabilidad social, no se preocupen por corregir esta situación y no ayuden a minimizar esas notorias deficiencias en la forma de expresarse de sus reporteros.

Por qué no contratar a una persona con un efectivo conocimiento del idioma, que ponga a estos jóvenes a escuchar nuevamente sus alocuciones e irles indicando sus errores y hacerles al mismo tiempo las correcciones pertinentes para que no las repitan. Se asombrarían de cuán rápido lograrían excelentes resultados. Porque esa es la mejor forma de enseñar. Salvo que lo que prive sea ese adagio mercantil de que “el tiempo vale oro” y, entonces, te califiquen mejor mientras más rápido empujes “la carretilla”.

A la prensa escrita se le hacen señalamientos constantes de los errores que aparecen en sus publicaciones. Y francamente creo que son un mínimo, comparados con los que se cometen en los medios hablados.

Solo que allí parecieran pasar desapercibidos. Probablemente por aquel dicho de que “a las palabras se las lleva el viento”. Sin embargo, por pura lógica, el número de personas y el tiempo dedicado a escuchar los medios hablados excede con creces al que se le presta a los medios escritos y, por ello, se le debe poner mayor cuidado en el manejo correcto del idioma. O vamos a terminar hablándonos por señas o sin entendernos entre nosotros mismos. Otra opción es dejarlo en una apropiada confusión y así, cada vez que un alto funcionario “mete las patas”, pueda después “sacarlas”, mientras nos dice que sus palabras fueron malinterpretadas.

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<> Este artículo se publicó el 26  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/galan-ponce-carlos-e/

Panamá, sede de foro de agencias de protección al consumidor

La opinión del Comunicador Social…

Abilio Abel González 

Reunidos en nuestro país, se encuentran los principales directivos de las agencias gubernamentales de protección al consumidor de América Latina, España y Portugal para debatir diversos temas de consumo que enfrentan los consumidores de esta región.

El IV Foro Iberoamericano de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor (FIAGC) que empieza hoy y finaliza el sábado 9, bajo la organización de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (ACODECO), es una valiosa oportunidad para incrementar la cooperación multilateral e incorporar las mejores prácticas internacionales en política pública del consumidor. Los miembros de este foro trabajan por identificar y combatir aquellas prácticas comerciales abusivas y fraudulentas que atentan contra los derechos de los consumidores de Iberoamérica.

Entre los temas que se expondrán están los de consumo responsable en colegios; herramientas para la educación del consumidor; protección al consumidor y educación financiera en los pagos de bajo valor; prácticas agresivas de mercadeo (telefonía fija y móvil, correo electrónico); crédito responsable, entre otros.

Asimismo, la veracidad de la publicidad, la participación ciudadana y los medios de pago de transacciones serán analizados en este importante foro, mediante grupos de trabajo integrados por especialistas de distintos países.

Los países presentes en este IV Foro de la FIAGC son Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Guatemala. Honduras, México, Nicaragua, Perú, Portugal, República Dominicana, Puerto Rico y Panamá, como país anfitrión.

Este foro surgió en el 2001, en el marco del Diálogo Euro-latinoamericano de los Consumidores por el Desarrollo y la Democracia, realizado en Cartagena de Indias, Colombia, convocado por Consumers International (CI). Allí se acordó realizar una reunión anual de entidades gubernamentales responsables de velar por la protección al consumidor. De esta forma, el Foro Latinoamericano de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor (FLAGC) surgió como un espacio multilateral especializado en el análisis y discusión de la política pública de protección al consumidor en América Latina.

Esperamos que al concluir este foro internacional, se fortalezcan las políticas de protección al consumidor, no sólo en Panamá sino en toda Iberoamérica, porque consumidores somos todos.

<> Artículo publicado el 7  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Martinelli no da señales de cambios

La opinión de….

Genaro Lopez

No cabe duda de que el gobierno no logra superar su etapa de proselitismo electoral, la reciente asignación de nuestros impuestos para financiar una costosa cuña publicitaria, es un ejemplo de ello.   En la misma se busca convencer a la población de que Martinelli está cumpliendo sus promesas de campaña, lo que deja en entredicho que la población le haya creído, pues, sin duda alguna, la publicidad está diseñada para la venta de un producto, en este caso, una idea.

Martinelli olvida, que para sufragar las llamadas becas universales, que no cubren a toda la población escolar al nivel público, se les incrementó la carga impositiva a los asalariados, desempleados y jubilados, por medio del 7% de ITBMS, a pesar de que en su programa de campaña electoral señaló que sería sufragado por impuestos a los juegos de azar.

Tampoco ha cumplido una de las principales demandas del pueblo, la reducción y congelamiento de los artículos y servicios básicos.   Por el contrario, el costo de vida se dispara mes a mes, sin que el Ejecutivo ejecute acciones dirigidas a frenar la ola inflacionaria. No podemos olvidar, que diversos medios de comunicación han mencionado que el presidente tiene intereses económicos tanto en los juegos de azar como en las cadenas de supermercados.

Prometió que su gobierno no se caracterizaría por un presidente que vive más fuera del país que dentro del mismo; no obstante, continúan los viajes del presidente, esta vez a los Estados Unidos, para exponer un discurso donde intentó demostrar que en Panamá se avanza en los objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.   Sin embargo, basta preguntar si la Ley 30 no transgrede los mismos en materia de derechos humanos, derechos sindicales, derechos ambientales, respeto a los pueblos originarios y democracia.

Su estandarte insignia, ‘100 a los 70’, también ha sido objeto de ineficiencia en la ejecución, para nadie es un secreto que este programa, que también financia el pueblo trabajador, ha tenido contratiempos en el pago del mismo, que no todas las personas que tienen derecho a recibirlo se han beneficiado, y en uno que otro medio de comunicación se ha dejado escuchar sobre un manejo de los recursos financieros no tan transparente.

Lo cierto es que la administración Martinelli no da señales de cambios en la gestión gubernamental. Continúan los escandalosos ingresos que se destinan a la compra de autos de lujos para ministros, directores y diputados; el uso de 1.5 millones de dólares de la partida discrecional en causas no tan prioritarias, la compra de bienes y servicios fuera de licitaciones públicas.

Mientras tanto, se pretende ocultar que estamos bajo un régimen policiaco, abusador en el uso de la fuerza y violador de los derechos humanos. En los últimos días, sobresale el impedimento de salida del país al compañero Saúl Méndez, que fue retenido por agentes del Servicio Nacional de Migración, quienes, sin comunicarle las causas, le informaron que no podía abandonar el país, luego de pasado un tiempo le informan que los motivos eran los expedientes amañados abiertos contra 17 dirigentes sindicales en momentos en que se dio las Masacre de Bocas del Toro y en e l Artículo 11 de la repudiada Ley 30 o Chorizo; el atropello contra Carmencita Tedman (ambientalista), quien fue brutalmente golpeada por la Policía al intentar oponerse a que, en los terrenos propiedad de su familia en Boquete, ingresaran ilegalmente vehículos pesados de la compañía Odebrecht; los hechos en los predios del Glorioso Nido de Águilas, que hicieron recordar la Masacre de Bocas del Toro, donde policías disparan balas a los estudiantes y un subcomisionado agrede con patadas a un menor de edad, tal como muestran vistas de medios de comunicación social.

Estos son los hechos que Martinelli reclama en su política de ‘vamos bien’.

El pueblo trabajador ya no se deja engañar por costosas campañas publicitarias, los reclamos para que se atiendan nuestras demandas sociales son permanentes, convencidos de que sin luchas no hay victoria.

<> Artículo publicado el 26 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Publicidad y consumidor

Le compete a la Acodeco supervisar lo referente a la publicidad de ofertas, ventas o baratillos.  La opinión del Administrador General de ACODECO…

PEDRO MEILÁN

Las normas de protección al consumidor contenidas en la ley 45 de 2007 no se limitan a regular temas de garantía o desperfectos de los artefactos, o la información que se le debe otorgar al consumidor o los procedimientos para garantizar el ejercicio de los derechos del consumidor, sino que van más allá y alcanzan la publicidad, como elemento utilizado por el comercio para lograr la promoción de los productos y servicios.

¿Qué es la publicidad? es ésta una pregunta obligada sobretodo si se tiene en cuenta que diariamente estamos sometidos a un bombardeo de información que nos hace pasar de un tema a otro, y a veces, sin ser del todo conscientes, logra captar nuestra atención y movernos hacia su objetivo: consumir. En fin, la publicidad no es más que la promoción que se hace de manera directa o indirecta, con la finalidad que el consumidor adquiera un bien o servicio.

Si tenemos en cuenta que la publicidad se sustenta en información, entonces podemos concluir que dicha información puede ser verdadera y resulta a la luz de las normas de protección al consumidor, inofensiva para el consumidor.

En un sistema económico sustentado en la libre competencia, la publicidad constituye un elemento de gran importancia, por su carácter dinamizador de la actividad competitiva, que a su vez redunda en un efecto directo sobre los precios o valores agregados a favor de los consumidores.

Pero no ocurre lo mismo con la publicidad que es falsa, exagerada, ambigua, tendenciosa, parcial, limitada, o artificiosa, en fin, todas modalidades de lo que denominamos ‘publicidad engañosa’.

Frente a este tipo de publicidad se encuentra la ACODECO como ente fiscalizador, que de acuerdo a los parámetros establecidos en la ley 45 y su reglamentación (Decreto Ejecutivo No.46 de 2009), tiene la facultad de iniciar procesos de investigación, que pueden culminar con una orden de suspensión de la publicidad y con una sanción, que puede alcanzar sanciones de hasta los B./25,000.00.

Sin lugar a dudas, el sector de la economía que mayor impacto ha tenido por la publicidad engañosa ha sido el inmobiliario, quizás producto del auge del pasado reciente.

Las principales faltas radican en que se ofrece al consumidor un sin número de facilidades como canchas de tenis, áreas verdes o parques ecológicos de determinada dimensión, cierta cantidad de estacionamientos, piscina y otras comodidades, que cuando el proyecto es culminado, forman parte de un elegante panfleto publicitario, pero no existen ni existirán en la realidad. Incluso hay otros casos en los que aún cuando se cumple con lo ofertado, porque fueron construidos, no se adecuan a los materiales ofrecidos, o no cumplen con la calidad.

También le compete a la ACODECO supervisar lo referente a la publicidad de ofertas, ventas o baratillos, en la que se verifica que se informe la duración (inicio y culminación o la cantidad mínima de unidades) y si la venta es total o parcial, siendo estos requisitos indispensables, o que aún cuando se muestran resultan ilegibles por el tamaño de la letra o el contraste. En la medida que las normas de protección al consumidor sean cumplidas por los agentes económicos, redundará en fomentar la competencia leal y beneficiará a sus clientes, los consumidores.

<>  Este artículo se publicó el 18  de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

‘Quid pro quo’

La opinión de la Comunicadora Social…

Berna Calvit 

De una lista de locuciones latinas con su significado en español, de la que me sirvo a veces, quid pro quo se me clavó en la retina. ¡Había encontrado una perla, magnífica para hacerme ilusiones, para jugar al “si pudiéramos”! El sentido de quid pro quo es “una cosa por otra”, o “toma y daca”; es decir, reciprocidad en el trato, que dicho a lo panameño sería: “De lo que traes, llevas”,  “Dame, que yo te doy”.

Cuando no existe la mutua satisfacción, nace el descontento. Los gobiernos que nos castigan, que ignoran nuestras opiniones y necesidades, y nos limitan a ser espectadores inanes, convidados de piedra, crean descontento y frustración y de allí, inestabilidad, disturbios, confrontaciones. Desgraciadamente, en el juego político, quid pro quo solo está a la disposición de los que tienen en sus manos el tablero y las fichas. Y según parece, no existe la voluntad de soltarlas. Qué gustazo sería aplicar quid pro quo a los gobernantes, por sus faltas.

El gobierno actual merece sanción por ab ovo (desde el principio) actuar a contrario sensu (en sentido contrario) de lo prometido; por, a veces, actuar ad efesios (fuera de razón y de regla, disparatadamente); ab absurdo (por lo absurdo) de proyectos faraónicos, como el capricho de una torre “modelo supositorio” sobre la que podría decir, como el vate nicaragüense, Rubén Darío en el poema A Margarita Debayle: ¡Qué locura, qué capricho/ el Señor se va a enojar!

Recibirían multas por actuar ad efesios (fuera de razón y de regla, disparatadamente); multa mayúscula le caería al ministro de Seguridad Pública, mutado en Rambo criollo, por jalar las barbas de la guerrilla colombiana y poner en riesgo la neutralidad del país; al Presidente, por ser verbalmente descomedido, en su país y ¡peor!, en países ajenos; por ser gobierno alter idem (otra vez lo mismo) pese a lo prometido, sin cambios de fondo, pero ducho en teatralidad e histrionismo; por funcionarios que aures habent it non audiente (tienen oídos pero no oyen) como los que, pese a las advertencias, aprobaron la traumática ley “chorizo” que, de no ser derogada, seguirá siendo fuente de conflictos.

A la Corte Suprema de Justicia le caería multa tamaño paquidermo por, entre otras feas razones, “hacerse los suecos” con las demandas de inconstitucionalidad contra la enchorizada ley. Y habría multas colectivas para los funcionarios por convertirse en castas privilegiadas.

La publicidad gubernamental exagerada y engañosa, como la que se usa para vender detergentes y cremas antiarrugas sería sancionada.

El gobierno anuncia en la televisión, como realidad cercana, un bellísimo tren, modelo de primer mundo que tendremos ¡quién sabe!, dentro de 10, 15 años. La sección Economía (La Prensa 8/9/2010), dice que la estructura del Metro Bus está sin definirse;   el sistema depende de la construcción de la infraestructura, que incluye un carril exclusivo para los autobuses y nuevas paradas.

Ni siquiera tienen esto bien definido ¡y ya nos están montando en un tren de ensueño! Igual sucede cada vez que algún organismo internacional nos califica favorablemente. Un entendido en estos asuntos opina que “los gobiernos, incluyendo el actual, hacen sonar música de festejos que acompañan con juegos pirotécnicos, como si la calificación fuera producto de su acción económica y política, nada más incierto, por no decir falso”.

Disponer libremente de nuestro recurso más importante, nuestra posición geográfica, vinculada por un siglo al canal, es lo que ha permitido el desarrollo que nos gana buenas calificaciones, “no lo que el gobierno haga o deje de hacer. El mérito que se les puede atribuir es haber interferido lo menos posible”.

El bien intencionado programa “10 para los 70”, a pocos meses de iniciado está con el agua al cuello. “El ingreso de nuevos panameños al programa está en el limbo por el recorte al presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social” (El Panamá América 7/9/2010). Resolver la pesada carga económica, mal calculada desde el principio, y cumplir con los ilusionados setentones que carecen de ingresos, es reto que debe resolver el gobierno.

¿De dónde saldrán los fondos? ¿De sacrificar megaproyectos que, por no ser urgentes, son sospechosos? Lo dudo. Para salvar el programa, ¿llevarían a la piedra del sacrificio lo más importante: educación, salud, seguridad ciudadana, y nuestro bolsillo?   Hoc volo, sic jubeo, sit ratione voluntas significa “Lo quiero, lo ordeno, que mi voluntad sea la razón”. Para lo que le resta al gobierno actual, y para nosotros, alea jacta est, la suerte está echada.

<> Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa   a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Bayonetas y ‘mass media’

La opinión del Médico…

JUAN CARLOS MAS C.

Se atribuye a Napoleón Bonaparte haber dicho que ‘las bayonetas sirven par todo menos para sentarse sobre ellas’.

Eran aquellas, épocas en las que las demandas de las multitudes, después de reuniones, manifestadores y protestas tumultuarias, terminaban por la incorporación de militares afines que asaltaban el poder e instauraban una nueva institucionalidad. Luego las revoluciones atravesaban fronteras llevadas en las puntas de las bayonetas; pero no eran estas las que aseguraban la perdurabilidad de los cambios, sino las leyes, códigos y normas acetificas que cimentaban la nueva sociedad.

En la actualidad, no son las bayoneta, sino el control mediático, la publicidad, los que producen revoluciones de colores y permiten que se produzcan nuevos cambios de institucionalidad, la mayoría de las veces de carácter regresivo.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en la conformación de los equilibrios del presente gobierno panameño… el mismo se catapultó al poder sobre la manipulación por el poder mediático (verdaderas bayonetas modernas) y pretende mantenerse sobre la base de la publicidad.

Pero la publicidad al igual que las bayonetas antes, no sirve para gobernar. No se puede gobernar mal sentado. Su acción se produce en el nivel perceptivo, creando estados ilusorios de satisfacción que se desvanecen con la adquisición del producto que no es lo que pretendía ser.   Igual que una pompa de jabón que estalla en abundantes gotitas, cual húmedas chispitas, no quedará nada tras la ilusión publicitaria.

Para gobernar sólidamente se necesita propaganda real, que es la transmisión de una gran cantidad de ideas para promover nuevos y más altos niveles de conciencia.

En el tan detractado —por algunos— régimen torrijista de la década del 70, el gobierno aquel entendió la necesidad de arbitrar medios de propaganda de masas para trasmitir la visión ideológica de la promoción social. Eso explica la orientación y misiones de algunos organismos creados para tal fin, como la DIGEDECOM. Quiérase o no reconocerlo, era una concepción de propaganda eficaz.

Hoy, la publicidad de los medios no transmite cultura integral que contenga valores, ideología, compromisos, etc., sino una especie de espuma cultural pop que se desvanece sin nutrir espíritus. No queda nada tras el mensaje mediático. Así las cosas, la base de gobernabilidad del presente gobierno está asentada sobre espuma publicitaria, es decir, sobre nada.

Las expectativas colapsadas darán lugar a demandas sociales, y en ese clima la publicidad y el manejo mediático solo avivarán las llamas de la ira. No será una equivocación de ejecución, sino un error de concepción. El dinero y la publicidad pueden adormilar conciencias, pero nunca crearla.

<>Artículo publicado el 11 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Cómo nace un presidente corrupto

La opinión de la Psicóloga Clínica Especialista de la conducta humana…

GERALDINE EMILIANI

Ricardo Soca, periodista uruguayo, en su sitio web La Página del Idioma Español en la sección La Palabra del Día, en relación a los vocablos presidir y presidente cita la palabra latina praesidere, formada por el prefijo prae ‘antes’ o ‘delante’ y el verbo sídere ‘sentarse’, cuyo significado es ‘estar sentado al frente para proteger a los demás’; y, señala que la palabra ‘proteger’ evolucionó hacia presidio, que se usó inicialmente para referirse a las guarniciones españolas en Marruecos. Como los condenados eran enviados a estas guarniciones, la palabra fue adquiriendo poco a poco el sentido de prisión.

Ricardo Soca, no termina allí y destaca: ‘Durante los últimos años, varios presidentes o ex presidentes de diversos países fueron a dar a un presidio bajo acusaciones de corrupción, y etimológicamente, presidente y presidio tienen el mismo origen’.   Esto me pareció tan interesante, que decidí escribir al respecto.

En los últimos 10 años, 30 presidentes latinoamericanos han sido involucrados en temas de corrupción. Algunos se encuentran exiliados, otros en procesos en los tribunales correspondientes y, una gran mayoría, en prisión.

De lo anterior se me ocurrió elaborar el perfil de un ex presidente latinoamericano ligado a la corrupción. Este ladrón de las esperanzas de un pueblo empieza como:

El aspirante: Primero nace una idea: La de convertirse en presidente. La idea puede ser propia o a petición de amigos o miembros de su colectivo. La trabaja y decide entrar al rejuego político de una campaña electoral. No importa su estado socioeconómico, y tampoco sus principios y valores humanos, y mucho menos si es empresario o fue funcionario público, si tiene o no una educación elemental o superior. Lo que sí parece importante es su sagacidad para proyectarse como el paladín de la justicia y el salvador de los desprotegidos. Ya convertido en candidato empieza su recorrido con una elevada disposición mental. Su meta: La silla presidencial.

El creyente: Hace lo imposible porque el electorado crea en él. Muestra su mejor cara, la imagen es limpia, la mejor. Su expresión verbal, aunque no del todo inteligible, la proyecta como el virtuoso. Aquí entran en juego la publicidad, las encuestas, los equipos de trabajo; se rodea de profesionales y personas honestas, y de otros que sondean la rebusca y reclaman su parte en el gobierno que ha de instalarse. Gana las elecciones.

El presidente: Empieza bien. Despega con algunas obras sociales que prometió en la campaña electoral. Esto lo ubica ante los incautos como el presidente perfecto. Se le van enquistando los serviles. Aquí empieza a rondar la visual de la corrupción.  Hay favores que ha de cumplir: El de los poderosos de su país que le ayudaron en su campaña electoral y, termina en:

El presidente corrupto: Empieza con el puja y repuja de los actos ilícitos con sus colaboradores cercanos hinchados de poder.  Le caen las oportunidades como arte de magia.  Se satisface su ego.   No para.    Siempre con la imbecilidad de que jamás se descubrirán sus maniobras censurables.

Lo que son las cosas. Presidente y presidio etimológicamente tienen el mismo origen y están vinculadas en las figuras de los ex presidentes corruptos que tienen mucho en común: La corrupción floreció en sus gobiernos, por carecer de controles y por faltas en la aplicación del Estado de Derecho. Compartieron un estilo autoritario y mantuvieron relaciones muy tensas con los medios de comunicación, en el afán de callar las críticas o la exposición de la corrupción. Atacaron verbalmente a la prensa e intentaron socavar su labor periodística con acciones legislativas. Mantuvieron una constante confrontación con la cúpula empresarial y sociedad civil. Y, muy importante, por la situación económica que la misma corrupción provocó, generó el descontento popular.

El descontento popular dirige un mensaje a los servidores públicos de que la paciencia de la población llega a sus límites máximos y que se requiere el castigo para los corruptos, así como el reintegro del dinero malhabido. Todos estos hechos enseñan que solo a través de la presión y movilización ciudadana, junto con los medios de comunicación apartados de los intereses gubernamentales, puede lograrse que la corrupción sea expuesta y que los funcionarios involucrados respondan por ella.

Llegar a ser presidente de un país es un golpe de fortuna. Convertirse en un presidente corrupto es una estocada al corazón de un país.   Lo que no saben estos sujetos —una vez adorados por sus seguidores— es que la justicia tarde o temprano caerá sobre ellos.

<> Este artículo se publicó en 8 de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.