La sutil diferencia entre arquitectura y repostería

La opinión de…

Orlando Acosta

Degradación simple y pura es lo primero que viene a mi mente, parafraseando al arquitecto francés Jean Nouvel, cuando leo la noticia en primera plana sobre el inicio de las obras del nuevo edificio del hemiciclo legislativo.

En Panamá la práctica de la arquitectura y urbanismo sucede de manera diferente que en otros lugares del mundo. Lo panameño es resultado de la ausencia de una reflexión sobre la relación entre espacio y sociedad, de la historia y de la funcionalidad. Para estar de acuerdo con Renzo Piano, es lo que la hace más próxima a la repostería que a la construcción de ciudades.

La propuesta y el aporte de los arquitectos y del Estado como promotor y regulador del espacio urbano tienen notables ejemplos en las grandes metrópolis del mundo, pero no así en Panamá.    Edificios como el Beauborg o Centro George Pompidou en el centro histórico de París, el estadio de fútbol Nicola de Bari en Italia, la galería Menill en Texas, o las intervenciones en el Potsdamer Platz de Berlín (centro de la ciudad post la caída del muro), o la escuela Anna Frank y la Ópera de Lyon son resultado de un arduo y profundo ejercicio reflexivo en el que los volúmenes, texturas, lenguaje, significado, uso y entorno determinan el resultado final como aporte perpetuo al espacio urbano por genios como Piano y Nouvel.

Allí la diferencia entre las ciudades del primer mundo y el caos urbano de las nuestras; entre albañiles y arquitectos, entre mediocres y maestros.

La mayoría de estas obras urbanas y arquitectónicas citadas acá son insertas en el contexto de una sociedad moderna y democrática, y son resultado de la ejecutoria de notables arquitectos, cuyas obras fueron reconocidas y desarrolladas mediante concursos promovidos desde el escenario del Estado, como responsable de articular la construcción de una ciudad eterna, universal y sobre todo funcional sobre la base de una discusión amplia, transparente y democrática.

En Panamá, el predio del Palacio Legislativo es el caso único y excepcional en la historia de la ciudad de Panamá que es resultado de esta metodología de trabajo. A finales de la década del 50, post asesinato del presidente Remón Cantera, el Estado panameño convocó a un concurso internacional para producir lo que fue en su momento uno de los espacios de la arquitectura modernista más notables en América Latina.

El edificio y el conjunto escultórico, reseñado en los anales de la historia de arquitectura en América, fue resultado de un concurso internacional. Hoy lo premiado y reconocido es desfigurado y transformado de “a dedo” sin ningún criterio objetivo que simplemente la necesidad de ampliar cubículos y recintos para albergar al exponente más contradictorio, absurdo y corrupto de la élite política panameña. La degradación de lo urbano es al menos consecuente con el proceso de descomposición de lo político. No hay más que decir.

Las iniciativas del Estado, impulsadas por el gobierno de turno en Panamá expresadas en el producto de una ciudad gubernamental, la insistencia en una torre fálica de oficinas públicas en la Avenida Balboa, en un centro de convenciones, en una sede del Tribunal Electoral serán resultado de un ejercicio impositivo, de un interés de lucro privado revestido de una transparencia dudosa y celebrada en faraónicas fiestas navideñas, mientras el país se ahogaba en agua; son ejemplos alejados de una reflexión profunda, ausente de una visión de futuro y lejos de la imagen de una ciudad perpetua, rica, armoniosa con significado histórico y cultural.

Al final, expresa el resultado de una sociedad con un legado mediocre, agresivo, sin significado, sin historia. Un espacio y una ciudad que refleja y deja viva la percepción o simplemente reafirma el proceso de la degradación simple y pura de los espacios y la sociedad que contiene.

<>
Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Portobelo, patrimonio en riesgo

La opinión de…

 

Orlando Acosta

El inusual evento climatológico al que estuvimos expuestos en días pasados dejó una serie de efectos sobre el territorio y la sociedad panameña. La interrupción del suministro de agua a más de la mitad de la población del país ha sido de los más comentados, sin demeritar la pérdida de vidas humanas.

Las inundaciones provocadas por las principales cuencas hidrográficas del país demostraron la condición de vulnerabilidad y riesgo a que se exponen las poblaciones asentadas en las riberas de los ríos más importantes, aguas abajo de las principales presas para el control hidrológico de los ríos Bayano y Chagres.

Las pérdidas materiales fueron cuantiosas y el impacto sobre el territorio aún se está por estimar, sin embargo, quedan otros temas que considero deben ser puestos sobre el tapete para su reflexión y discusión. Es así que se hace necesaria una pausa para evaluar las causas que provocaron muertes y metros de sedimento que se asientan hoy sobre el pueblo de Portobelo y las fortificaciones del sitio de patrimonio mundial.

Cinco vidas humanas cobró el alud que, además, cubrió con cientos de metros cúbicos de lodo y roca el Fuerte de Santiago de La Gloria.   El poblado y sitio de patrimonio mundial ha sido impactado por efectos de un evento intenso, acentuado por el cambio en las condiciones del clima global.

Lo anterior se agrava ante la ausencia de visión planificadora, frente al cambio climático y conservación patrimonial. Estamos hablando de acciones y estudios que tomen en cuenta el manejo de los riesgos y amenazas que traen el cambio climático, los desastres naturales y cómo se articulan a las políticas de conservación patrimonial. Ante la ausencia de planes de manejo y conservación para el conjunto monumental de Portobelo que consideren estas amenazas se está poniendo en riesgo la población y la continuidad del sitio patrimonial.

El ordenamiento del poblado de Portobelo, la evaluación de la condición de las estructuras y del entorno natural que forman parte del conjunto monumental y la formulación de planes ante las condiciones del cambio climático son tareas prioritarias. Urge articular planes de contingencia para la atención de la población y conservación de los fuertes.

Creo que aún no se ha estimado el alcance de los daños sobre el sitio de Portobelo, como tampoco se ha podido articular un operativo para la limpieza. El efecto de una acción que no esté enmarcada bajo criterios técnicos puede dar el golpe mortal a las ya deterioradas estructuras del conjunto monumental. La acción del hombre puede ser, en este momento, más nociva que el agua, el lodo o el tiempo.

¿Quién lidera este proceso hoy en Portobelo? ¿Cuáles recursos se encuentran disponibles para atender a la población? ¿Quién está evaluando el alcance de los daños sobre el recurso cultural? ¿Cómo se está enfrentando la crisis? ¿Se ha informado ya a la Unesco de lo ocurrido, tal y como establecen los procedimientos de gestión de sitios inscritos en la lista de Patrimonio Mundial? No tengo respuestas.

Los recursos culturales y la pérdida de vidas humanas comparten una misma característica: son elementos no renovables, es decir, que no es posible su reemplazo en el evento de su muerte o desaparición. Aquí lo medular del asunto: si las personas y las fortificaciones de Portobelo son destruidas por la naturaleza o por la no acción del hombre, estas nunca podrán ser reemplazas.

Las amenazas climáticas sobre el poblado y el conjunto monumental son reales. Ante la situación de hoy, es urgente articular una acción de emergencia para la protección de las personas y el rescate y la conservación del conjunto monumental de Portobelo.

Lo ocurrido en Portobelo es una sirena de alarma para atender, desde la perspectiva de adaptación al cambio climático, la continuidad de otros sitios patrimoniales como lo es el Fuerte San Lorenzo.

Desde hace tiempo hacemos un llamado de atención para que el Estado, desde su responsabilidad en la conservación patrimonial, articule una acción científica, técnica y social para integrar la participación de actores públicos, privados y agentes económicos que garanticen a los panameños y al mundo entero la continuidad de los valores culturales en tierras panameñas.

Estamos ante una posición de espera, como simples espectadores del cambio en los ciclos de la naturaleza. Estamos esperando más pérdidas de vidas humanas y la destrucción de un legado que tiene siglos de estar en pie sobre suelo panameño, pero no hacemos nada.

*

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Proyectos y conservación patrimonial

La opinión de….

Orlando Acosta

Hemos planteado, en otras entregas, algunos conceptos y opiniones sobre el tema de la gestión de los sitios panameños bajo las categorías de reconocimiento mundial, los grandes proyectos urbanos y los instrumentos de evaluación ambiental.

Nos preocupa cómo los grandes proyectos urbanos de carácter vial afectarán el presente y futuro de estos sitios.   Estamos hablando de la extensión de la cinta costera, el posible entronque con el sector de Amador, el Metro Bus y la extensión del Boulevard Motta con la Avenida 12 de Octubre. Veamos.

Hace semanas un informe presentado por la Unesco evaluó la consideración de la exclusión de los sitios de Panamá Viejo y el Casco Antiguo de la categoría de Patrimonio Mundial, para ser ingresados en la lista de patrimonios en peligro.  Las razones son la poca claridad o el mensaje erróneo que el Estado panameño está enviando con relación a la política y gestión de los sitios patrimoniales bajo nuestra administración.

La extensión de la cinta costera frente al antiguo terraplén, en las cercanías del Casco Antiguo y la ausencia de un instrumento de gestión ambiental, aplicado al proyecto para evaluar el alcance de la intervención sobre los valores patrimoniales, es el asunto que gravita, entre otros, sobre la condición y futuro del sitio.

La posible extensión de la cinta costera para unirla al desarrollo de Amador se está considerando, sin que el impasse relacionado con los estudios de impacto ambiental, impuesto por la Ley 30 haya sido solventado.

La intervención del Estado en este proyecto de vialidad pone en riesgo definitivo los valores del Casco Antiguo y su condición patrimonial de carácter mundial.

Sobre el sitio de Panamá Viejo el asunto no es menos grave. Se publicó recientemente información sobre el proyecto Metro Bus y la localización de estaciones de origen o destino, una en las cercanías de la estatua de Morelos y otra, en el Puente del Rey. En adición, se plantea la construcción de otro tramo marino frente a la playa para unir el Boulevard Motta en Costa del Este con la Avenida 12 de Octubre. La infraestructura de transporte del Metro Bus encajona el sitio patrimonial de Panamá Viejo.   En este caso, un instrumento metodológicamente aceptado y normado, como lo es el estudio de impacto ambiental, brillará en ausencia.

Los estudios de impacto ambiental son importantes para evaluar el efecto que tendrán estos proyectos sobre el presente y futuro de dos sitios de valor patrimonial y de carácter universal.

Los estudios de impacto ambiental sirven para analizar de forma estratégica los elementos de política que conducirán a una condición de sostenibilidad o sustentabilidad ambiental, social, administrativa y, finalmente, a la conservación de los sitios de Panamá Viejo y el Casco Antiguo.

El estudio de impacto ambiental sirve para analizar y articular la política pública con relación a los desarrollos urbanos y a la conservación patrimonial. Es útil como instrumento de consulta ciudadana; apoya los conceptos de gobernabilidad y apuntala los procesos democráticos.

Urge la discusión del presente y futuro de los sitios de patrimonio mundial bajo nuestra administración. Urge evaluar el alcance y modificaciones a la regulación ambiental. Urge cimentar las bases de un futuro promisorio y de una sociedad panameña democrática, moderna y científica.

<>Artículo publicado el  2  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa,   a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De proyectos urbanos y goles legislativos

La opinión de….

Orlando Acosta 

El reciente aporte legislativo con relación a los proyectos de interés social y la modificación del régimen ambiental, particularmente lo relacionado al tema de los estudios de impacto ambiental generan interesantes reflexiones. Estos hechos, sumados al anuncio del Gobierno nacional sobre la ejecución de grandes proyectos urbanos, ameritan comentarios.

El Metro de Panamá, el centro de convenciones y los rellenos de Amador y Barraza, el túnel o puente bajo el Canal de Panamá para integrar la Zona Económica Especial Panamá–Pacífico, entre algunos, son a nuestro juicio, los temas centrales que motiva la ligereza en materia legislativa, al fragor del Mundial de Fútbol.

Los requerimientos de recursos financieros para completar un estudio de impacto ambiental, además del tiempo que conlleva su elaboración, sumado a la evaluación intersectorial de carácter gubernamental que demanda el proceso en cuestión, son los temas que afecta la modificación de la ley. A nuestro juicio falta divulgación y alcance por determinar.

Pongo en la mira las restricciones de financiamiento externo impuestos por los organismos bilaterales y multilaterales, al eliminar de esta manera los instrumentos de gestión ambiental vigentes, normados y reconocidos mundialmente.

Seremos cercados no por los regímenes antidemocráticos sino bajo una percepción externa de ignorancia. ¡Hemos retrocedido 30 años de evolución e historia ambiental!

Volviendo al tema de los proyectos de interés social que, luego se ampliaron a cualquier proyecto, entiendo entonces que estos solo serán normados por un instrumento voluntario que el “chorizo legislativo” ha llamado “buenas prácticas ambientales”, definidas por el Ejecutivo.

El compromiso ético hacia el ambiente natural, cultural, humano y económico quedará en manos de los promotores, en este caso el Gobierno y bajo la mirada técnica ya destartalada de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam).

La Anam, bajo la égida presidencial y en complicidad con su gerencia, ya ha sido vulnerada por los despidos de cuadros técnicos con sólida formación.

En este escenario, preveo que el análisis del impacto ambiental en el plano territorial, económico y social de los proyectos estará fuera del partido, otorgando al Gobierno nacional “tiempo de juego”, para entonces ni siquiera mirar bajo un instrumento de rigor metodológico, validado internacionalmente, el impacto de estos grandes proyectos sobre la ciudad, la gente y el ambiente de Panamá.

El Gobierno se ahorrará de esta manera un par de miles de dólares en contratar los estudios de impacto ambiental y algunos meses en el proceso de evaluación intersectorial, teniendo así la excusa de ejecución presupuestaria y sumar a la lista de inauguración de obras a su rosario de triunfos políticos.

¿A cuál ahorro nos referimos? No entiendo aún.   Pan de hoy, hambre de mañana. Seguimos, además, colocando los grandes proyectos urbanos en una agenda partidista para ponerlos en las filas de corte de cinta.  Aun no aprendemos.

No alcanza el espacio de esta columna de opinión para analizar el despilfarro que el Estado hará de los recursos financieros y técnicos de todas las unidades sectoriales ambientales que establece el Decreto Ejecutivo que regula lo concerniente a los estudios de impacto ambiental.

Tampoco adivino el destino de todas las unidades ambientales de los ministerios de Obras Públicas, Salud, Desarrollo Agropecuario y de entidades como el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales y de la Autoridad de Turismo de Panamá, y todas y cada una de las que conforman la ya fenecida estructura intersectorial de ambiente. Tendrá el Gobierno excusa para reducir las planillas de las instituciones que velan por el bienestar social del colectivo.

Felicito por el triunfo y la construcción de un Panamá mejor. Creo que el tema de la Ley 30 o mal llamada “ley chorizo” amerita algo más que divulgación, tal como lo expresó el vicepresidente de la República en declaraciones al país.

Mientras esto sucede, recomiendo a los panameños que sigamos de cerca las eliminatorias del “torneo político” interno y no prestar mucha atención a lo que sucede en Sudáfrica, porque al final del partido, el Mundial solo nos dejará el recuerdo amargo del grito de gol de nuestro flagrante equipo Legislativo, bajo la dirección del capitán del Ejecutivo al frente.

<>

Este artículo se publico el 29 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

De proyectos urbanos, cinta costera y malezas en las playas

La opinión de…..

,


Orlando Acosta

Decidí centrar la entrega de este artículo en nuestras permanentes reflexiones sobre la definición de políticas y proyectos de desarrollo, la base u ofertas de recursos naturales y, finalmente, en el beneficio colectivo.

Me permito recordar a los lectores que Panamá cuenta con el privilegio de miles de kilómetros de costas, incluyendo playas, manglares, esteros y bahías; extensos recursos bióticos y las primeras ciudades a orillas del océano Pacífico. Lo anterior le otorga a este país un sitial privilegiado no solo por su historia, sino por su naturaleza y diversidad biológica y cultural.

No es casual que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco) haya otorgado a este pedazo de universo cinco sitios de categoría mundial.

Panamá posee valores y recursos de orden único y de carácter universal. Surge, a la discusión pública, el valor de dichos recursos y la estrategia de desarrollo ventilada para el bienestar colectivo. El debate se cierne hoy entre los grandes proyectos urbanos y nuestra definición como país minero y últimamente petrolero. Llamo la atención, también, a la debilitada institucionalidad del Estado y la aplicación y cumplimiento de las normas.

Entre el plano de lo político, y muy lejos de lo técnico, se ventilan alternativas al desarrollo nacional. Ejemplo: la extensión de la cinta costera frente al terraplén; la construcción de un relleno en Barraza–Amador para un Centro de Convenciones; el cacareado metro y, ahora, recientemente un túnel por el Canal para unir a la ciudad de Panamá con la Zona Económica Especial Panamá–Pacífico y, finalmente, la más descabellada y última propuesta de Panamá como país minero y petrolero.

La ausencia de una evaluación de nuestro potencial desarrollo en base a la oferta de recursos naturales y culturales, sumado a la praxis gubernamental en materia de gestión ambiental, pone en duda el verdadero potencial y futuro de nuestra sociedad.

¿Cómo fueron evaluados los aspectos sociales, económicos y culturales de la extensión de la cinta costera frente al terraplén en los predios del Casco Antiguo? El proyecto se construyó “al rompe” sin estudio de impacto ambiental.   El efecto sobre el Casco Antiguo y la funcionalidad vial, urbana y patrimonial no fueron evaluados. ¿Qué sucedió allí?   ¿La ley del oeste o la locura perniciosa se impusieron? ¿O fueron, tal vez, los apetitos inmobiliarios por la nueva plusvalía de antiguos “quilombos” los que impusieron la iniciativa?   Cualquier cosa es posible y no sé qué es más peligrosa: la ignorancia, la indolencia o la insanidad mental.

Ahora los arquitectos cartageneros nos dirán que hacer y, en ausencia de una política de desarrollo, todo lo anterior se propone y decide sin valorar nuestras fortalezas y recursos.

Ahora, mi otra pregunta señala la gestión de los próximos proyectos de desarrollo en el área de la ciudad de Panamá: la construcción del metro, el centro de convenciones en el área de El Chorrillo y Amador y, recientemente, el túnel bajo el Canal.  ¿Nos espera una gestión correcta en el uso de las costas de la ciudad y de su patrimonio urbano?

La realidad nos plantea nuevos retos. ¿Seremos simplemente espectadores y víctimas, nuevamente, de las malas decisiones de quienes dirigen el gobierno de turno? ¿Cómo se respetarán e integrarán los valores urbanos y paisajísticos de la ciudad de Panamá cuando comiencen las excavaciones de los túneles del metro y sus estaciones? ¿Cómo y cuál será el tratamiento de los elementos de carácter histórico–arquitectónico–patrimonial de la ciudad por la construcción del metro? ¿Veremos demoler otros hitos urbanos y conjuntos en la ciudad, como sucedió con el barrio de Bella Vista? ¿Seremos, en 50 años, tan orgullosos como los habitantes de la ciudad de Moscú con relación a la estética y valores de las estaciones del metro de la capital rusa? ¿Caeremos en los estereotipos arquitectónicos bajo la justificación de una dizque globalización, trocando identidad por homogenización?

Volviendo al tema de la orilla de mar, ¿se respetará la condición del Casco Antiguo y las murallas de mar con el nuevo centro de convenciones? ¿Se extenderá la cinta costera y los túneles por el Canal, como maleza, sobre las playas de la ciudad? ¿Conservaremos nuestro patrimonio? ¿Qué ocurrirá con la gente, con los pescadores de la cooperativa de El Chorrillo y la continuidad de su actividad económica ligada por años a las costas y a los frutos del mar? ¿Qué les espera a los habitantes de El Chorrillo? Adivina.

Despierta panameño del sueño y del letargo, pues parece que el tic tac del reloj que suena nos recuerda con un repiquetear y redoble de tambores sordos que nos llegó la hora del pueblo.

Las decisiones sinrazón se mueven por nuestra sociedad como la maleza a orilla de la playa, fuera de control, arrastrándose por todas partes, amenazando con la pérdida irreparable de nuestros mayores patrimonios: el mar, nuestras ciudades y nuestra gente.

<>

Este artículo se publicó el  5  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Oro por cobre, ¿negocio redondo?

La opinión de….

.

Orlando Acosta


He leído con extrema preocupación la noticia sobre el anuncio de la nueva política estatal en materia de manejo de recursos naturales y potencial minero.

¿Hacia dónde nos lleva la promoción de la minería en Panamá? ¿Cuántas hectáreas de bosques y manglares vamos a destruir? ¿Cuánta información genética se encuentra en riesgo de desaparición? Lo que está claro es que se dice que el Estado recibiría regalías anuales por 94 millones de dólares y las empresas obtendrían ganancias por mil 368 millones de dólares.

La dizque distribución de riqueza es cuestionable, más cuando escuchamos de las voces simplistas de miembros del gabinete que afirma que “lo correcto de la ecuación de que el Estado ganará un 2% en regalías versus el 29% de las empresas.

En una contribución anterior sobre el tema, señalamos en esta misma columna de opinión el potencial turístico y de investigación científica del Pacífico Occidental panameño y el riesgo de la minería en ese lugar del país.

Allí fuimos enfáticos en decir que: “la continuidad de esa riqueza biológica –de interés y carácter planetario– está amenazada por procesos de origen humano y por la débil organización de la administración del Gobierno y distante de las políticas de Estado”. Parece que seguimos impasibles ante esta realidad.

Los yacimientos cupríferos del oriente chiricano son unos de los más grandes del planeta, no hay duda, eso afirman expertos. Expertos también señalan sobre la riqueza de los humedales y arrecifes de coral en las costas de Veraguas, en el golfo de Montijo y archipiélago de isla de Coiba, este último reconocido bajo la categoría de Patrimonio de la Humanidad. ¿A quién le importa esto?

La cuenca hidrográfica del Canal produce agua para la mitad de la población del país. La actividad minera extractiva de carácter no mineral ha demostrado abusos contra el ambiente.

Estamos ante una situación de sordera e indolencia. Lo que parece importar es el billullo y el tan cacareado beneficio económico. ¿Riqueza para qué y para quiénes? ¿A cuáles bolsillos llegará el billete de los cacareados beneficios económicos de la minería? ¿Para satisfacer promesas electorales y seguir viendo el desfile de patéticos políticos cambiar de toldas partidista?

Obviamente, la ganancia le interesa a actores como Corea del Sur y a Río Tinto Zinc, o a países desarrollados como Canadá o Italia. El dinero para ellos y la basura y los desechos del beneficio mineral para nosotros. La desolación se extenderá más allá de las más o menos 5 mil hectáreas de tierras explotadas y en las aguas de los lagos y ríos de país. Panamá y los panameños no merecemos este destino.

Ante la fragilidad de la gestión ambiental imperante en estos días, lo que se avecina es una gran piñata donde los recursos de Panamá y su gente se ofrecen por centavos. Estamos ante la próxima transacción de ribetes escandalosos en donde Panamá se ofrece en el mercado internacional y donde se oye el grito desesperado de nuestros gobernantes y muy lejos el eco de los panameños que en Panamá se cambia oro por cobre.

<>

Este artículo se publicó  el  1 de abril  de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La ciudad de las luces

La opinión de….

.

Orlando Acosta

No se trata de París, se trata del reflejo de la pantalla gigante que asalta y deslumbra con su impertinente brillo y perpetuo titileo a transeúntes, conductores, amas de casa y todo ser que se atreva a circular o vivir en el sector de Marbella en ciudad de Panamá.

Hace ya varias semanas que varias personas me han señalado el tema de la valla lumínica de formato gigante sobre un edificio a un extremo de la Avenida Balboa. Supongo que el evento luminoso celebra, por parte de promotores y publicistas con el más puro egoísmo, el reflejo de miseria e indolencia urbana hacia la ciudad de Panamá, a sus ciudadanos en el entorno de la polémica cinta costera.

Mi interés sobre el tema de las vallas gigantes y su impacto en el entorno urbano me llevó a buscar qué había sobre el tema en otras latitudes y cómo se analiza el impacto de dichos aparatos publicitarios. Obviamente no encontré ninguna referencia de sociedades del Tercer Mundo o de aquellas que pretendemos llamarnos “modernas”.

La Commission for Arquitecture and the Built Environment del Reino Unido ha estado evaluando el impacto de esta publicidad gigante de carácter luminoso en el entorno urbano de Inglaterra y el Reino Unido. La discusión de su uso y regulación en la sociedad británica viene siendo discutida hace tiempo y se encamina hacia un proyecto de directrices para regular la ubicación y operación de grandes pantallas digitales luminosas en espacios públicos. Esto está en marcha desde julio de 2009. Veamos.

Las primeras pantallas luminosas de formato gigante en ciudades del Reino Unido se estrenaron para la transmisión de los Juegos Olímpicos de Beijing. El carácter de las pantallas fue temporal, como discutido por expertos en desarrollo urbano.

La discusión se centra en el desmejoramiento de la calidad urbana, destrucción de los valores estéticos de las ciudades inglesas, contaminación visual, control de multitudes y la promoción de libar en espacios públicos.

Los impactos han sido dramáticos en la sociedad inglesa. El permanente parpadeo de las luces y lo que se han propuesto regular apunta hacia lo que ellos han calificado como “la mutación de un terrible video pop de 24 horas continuas”.

En el seno de la organización municipal británica se discuten los costos de mantenimiento. Las instituciones inglesas dedicadas a la conservación de ciudades y los valores patrimoniales discuten también los efectos en la desvalorización de estos espacios.   Todos coinciden en que los recursos asignados a construir y mantener los adefesios luminosos urbanos podrían asignarse a otras prioridades de recreación y cultura de sus ciudades.

Ahora mi pregunta, ¿qué hacen y opinan en Panamá las autoridades administrativas y municipales de la ciudad y las instituciones que regulan los asuntos urbanos sobre el efecto de la valla gigante que se ha tomado la esquina de la cinta costera?

Como colofón del asunto, las autoridades de educación y cultura han pasado por alto lo que señaló una ciudadana en otro espacio de opinión, y lo que los promotores de la pantalla gigante y quienes se anuncian allí, en decirnos además, que negocio se escribe con la letra ese.

<>

Artículo publicado el 15  de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.