Grata visita

*

La opinión del Jurista y Comentarista…

Guillermo Márquez B.

El lunes 22 por gentil invitación de la UNESCO que es la sigla en inglés de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, asistimos a una reunión celebrada en la Universidad Latina.

Nos impresionó muy gratamente advertir en ella que hay personas desprendidas y de buena voluntad que generosamente dedican tiempo y energías en beneficio de la niñez y la adolescencia y de la sociedad en general.

Los logros de sus esfuerzos no pueden ser más alentadores. Conforme dijo uno de los expositores: Si muchos hacemos aunque sea un poquito de algo, se obtiene bastante.

En nuestro país la UNESCO trabaja en el mejoramiento de la seguridad ciudadana, y también lo hace en el establecimiento de centros de acceso de algunas comunidades rurales. Y conforme recomienda sobre la promoción, el uso del lenguaje y el acceso universal al ciberespacio: “Los Estados Miembros y las organizaciones internacionales deberían fomentar y apoyar la creación de capacidades para la producción de contenidos de origen focal e indígena en Internet.”

*
<>Artículo publicado el  25  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/marquez-b-guillermo/

Un lamento por el pasado

La opinión de…

*

Pedro Luis Prados S.

Con estupor, pero más que todo con gran tristeza, presencié por los medios el pasado 30 de octubre la visita al país de un equipo de evaluación del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, para determinar la permanencia de los conjuntos monumentales del país en la lista de dicho organismo.

Tristeza sobre todo porque ese día se conmemoraría el septuagésimo octavo aniversario del natalicio de esa extraordinaria panameña que fue la Dra. Reyna Torres de Araúz, forjadora del gigantesco proyecto de rescatar, clasificar y ordenar jurídicamente el Patrimonio Nacional de Panamá.

El Patrimonio histórico–cultural de un país lo constituyen todos aquellos bienes muebles o inmuebles que son parte del pasado de los pueblos que forman la nación y que son elementos de identificación y cohesión colectiva.

Dentro de los mismos debemos reconocer los grandes conjuntos ceremoniales y arquitectónicos, o aquellas viviendas solitarias testimonio de un acontecimiento memorable; los bienes arqueológicos, artísticos, literarios, folclóricos, culinarios y la indumentaria de cada etnia; las costumbres, tradiciones, mitos, relatos y leyendas transmitidas de una generación a otra.   El patrimonio cultural es, en definitiva, todo lo que una sociedad ha hecho desde sus orígenes para hacer sentir su presencia en el mundo, pero, sobre todo, para reconocerse a sí misma. Cuando una nación pierde esa irremplazable herencia, pierde su rostro; deja de ser un país para convertirse en un negocio.

La energía de la Dra. Reyna Torres de Araúz la llevó a la creación de 14 museos en la geografía del país, entre ellos el Museo Antropológico que hoy lleva su nombre –lamentablemente reducido a una vitrina de artefactos arqueológicos sin ninguna lectura museográfica–, la mayoría de ellos en pésimas condiciones o clausurados por inseguros.

Desde la vicepresidencia del Comité de Patrimonio Mundial impulsó la declaratoria de los Conjuntos Monumentales de San Lorenzo de Chagres, Portobelo, Panamá la Vieja y el Parque Nacional del Darién como Patrimonio de la Humanidad; promovió la creación del Museo del Canal con apoyo de ese organismo, y obtuvo el financiamiento y apoyo técnico para el rescate de las riquezas arqueológicas y sacramentales del país.   Sustentó, en susúltimos días de vida, ante la Asamblea Nacional la Ley para la Administración y Protección del Patrimonio Histórico, hoy violada con toda impunidad por propios y extraños.

Investigadora incansable hurgó los orígenes, costumbres y creencias de los grupos indígenas del país compilados en una monumental obra. Con igual vehemencia negociaba con un cacique ngäbe o kuna, en sus lenguas nativas, un proyecto arqueológico; o bien sustentaba en la Unesco una ponencia en varios idiomas. Un empeño de vida soterrado por la ignorancia, el oportunismo y la negligencia en el cual se repite una vez más esa actitud tan panameña de medir todo con la marea política.

La temprana desaparición física de la gestora de estos grandes proyectos precipitó la custodia del patrimonio histórico en el vértigo de la política partidista y con ello desapareció el criterio técnico de su administración. Al igual que su obra, su figura fue sumida en el olvido y el pasado del país en un lamento de cosa perdida.

Por eso, miro con escepticismo el revuelo mediático sobre características y manejo de los símbolos patrios, no porque carezcan de importancia, sino porque empeñados en la pantalla sólo vemos las imágenes que los medios nos venden y olvidamos los empeños, desdichas y frustraciones de quienes hicieron posible su creación.

Nadie recuerda a don Manuel Encarnación Amador, creador de la bandera nacional, destituido por el presidente Arnulfo Arias como cónsul en un país europeo en el ocaso de su vida; sin pensión se ve obligado a impartir clases de dibujo en un zaguán de la Escuela Nacional de Pintura, deambulando en las tardes en los cafés de la Plaza Cinco de Mayo, con el desgastado traje de lana, los viejos zapatos que apenas podía amarrarse por la hinchazón de la gota, esperando que un amigo lo invitara a un café.

La figura de don Nicanor Villalaz, creador del escudo, obligado a trasladarse con su arte a Centroamérica, en donde realiza la mayor parte de su obra y en donde muere a temprana edad, por la carencia de espacio para la actividad creadora.   O el triste drama de don Santos Jorge, destituido como director de la Banda Republicana, puesto concedido por el presidente José Domingo de Obaldía como agradecimiento del país, y remitido con una beca a tomar clases de armonía en el Conservatorio Nacional por imposición de Narciso Garay Díaz, un muy culto, pero arrogante Secretario de Instrucción Pública.

Por eso siempre pensamos que era cuestión de tiempo. Borrada la pasión por el patrimonio nacional, olvidaremos igualmente a sus gestores. Sencillamente, está en nuestra naturaleza.

*

<> Este artículo se publicó el 6  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/prados-s-pedro-luis/

La administación del Patrimonio Mundial

La opinión de…

Orlando Acosta Patiño

La última reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y la Cultura, Unesco, sobre la protección del patrimonio cultural tuvo lugar en Brasilia entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 2010. Varias conclusiones y recomendaciones fueron vertidas con relación al presente y futuro de los sitios panameños. La realidad se mueve entre el pasado reconocimiento de sus valores universales que llevaron a su inclusión a la categoría de Patrimonio de la Humanidad a la posible consideración para el próximo 2011, a la evaluación de estos a lista de Patrimonio en Peligro.

Las razones de cambio de categoría se colocan, tal como lo expresamos en otros espacios de opinión en la ausencia de una política estatal que logre articular los objetivos de conservación, uso y continuidad de este patrimonio. La meta de lograr subir al tren de desarrollo el patrimonio cultural panameño y dar vigencia a los valores universales que sustentaron su declaratoria es imperativa.

Es urgente detener el proceso de abandono, deterioro y riesgo de desaparición al cual estamos siendo espectadores. San Lorenzo, Portobelo, el Casco Viejo y Panamá Viejo están en riesgo de desaparecer. El informe preliminar del encuentro en Brasilia identifica la falta de claridad en la definición de una política nacional de preservación de las los bienes panameños bajo categoría de Patrimonio de la Humanidad como elemento que amenaza su continuidad y que destina su desaparición. La ausencia de esta política se refleja en la falta de una acción de planeamiento y administración coherente y sistemática de los conjuntos de Portobelo y el Fuerte San Lorenzo Real de Chagre. La condición de ruina, deterioro natural y de origen antropogénico es su presente y su futuro inmediato no es promisorio.

Para los sitios en el Caribe panameño, el descontrolado desarrollo urbano y presiones del turismo son parte del problema. La ausencia de intervenciones regulares y sistemáticas, el abandono y falta de mantenimiento y el resultado de actividades humanas sin control comprometen la integridad y autenticidad de estas estructuras. Por otro lado, la actividad turística desarticulada, sin planeamiento y desvinculada con el desarrollo local es otra de las amenazas que se ciernen sobre estas estructuras que son referencia para entender el proceso de conquista y colonización del continente americano y que se erigen como piezas clave para interpretar el pasado y visualizar a Panamá como sitio de tránsito. El deterioro del Casco Viejo amenaza los valores patrimoniales.

El conflicto de intereses entre los actores, identificados en la especulación inmobiliaria, y los procesos crecientes de “gentrificación” son evidentes en el barrio. La limitada capacidad de mantenimiento y rehabilitación del parque eticado y la falta de una política de mantenimiento y conservación de los edificios, junto con la demolición de edificaciones emblemáticss (Hotel Central), además del desplazamiento de sus habitantes originales es otra de las situaciones. El no evaluado impacto de los recientes proyectos urbanos viales (extensión de la cinta costera) son amenazas reales y sin control que atentan con la continuidad del Casco Viejo. Estamos ante una de las realidades donde la ausencia de una política clara de conservación liderada por una organización débil del Estado nos arrebata uno de los sitios excepcionales que cuenta del devenir histórico de América.

De manera contraria, el sitio de Panamá Viejo se encuentra trabajando con eficiencia y compromiso. No lo digo yo, lo afirma el reporte de la reunión. El desarrollo de facilidades interpretativas, las acciones de detener la densificación por torres de apartamentos en los límites de su área de amortiguamiento son valoradas como expresión de un interés de conservar el carácter y sus condiciones de unicidad.

No todo es bueno para Panamá Viejo. Persiste la amenaza de la vía Cincuentenario cuyas alternativas de relocalización aún no han tenido asignación de fondos de inversión del Estado. No se precisan itinerarios claros sobre cuándo este problema será abordado. Finalmente y como pronóstico del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, la condición de Patrimonio Mundial de las propiedades panameñas será considerada en una lista de patrimonio en peligro si para el 2011 el contexto de política de administración, conservación del patrimonio panameño no sea redefinida. No son buenas noticias. Parece que se repite el grito que se pregonaba en el siglo antepasado: el que quiera venir a Panamá, que venga porque se acaba.

<>
Este artículo se publicó el 12 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

En busca de turismo cultural

La opinión de….

MARIELA SAGEL


Como parte de la extraordinaria capacitación y serie de conferencias que lleva a cabo la Universidad Tecnológica, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), asistí recientemente a la tercera charla del Proyecto I +D en Cultura, que persigue establecer ésta como herramienta para el desarrollo.

El tema era el patrimonio cultural y turismo, y coincidió con un artículo que publiqué en Facetas, de este mismo diario, el domingo pasado, en el que alertaba sobre el peligro de perder la designación con que la UNESCO nos honró en el año 1997 al incluir el Casco Antiguo como Patrimonio de la Humanidad.

El conferencista, el catalán Jordi Tresserras, expuso una presentación comprehensiva, donde señaló las ventajas que tiene contar con una estrategia de turismo que atraiga a los visitantes a los sitios históricos y mostró estadísticas de los lugares que mejor han aprovechado su riqueza ancestral.

En mi artículo Un Patrimonio en Peligro señalaba con preocupación que nos van a poner en la lista de sitios en peligro, después de la dura labor que se realizó para inscribir tanto el Casco Antiguo como a Panamá La Vieja. Los funcionarios locales y de la organización de Naciones Unidas invirtieron tiempo y recursos revisando miles de documentos para llegar a la decisión de incluirnos en esa lista.

Y luego de trece años de haber logrado tan preponderante sitial, pareciera que no hemos entendido la responsabilidad que se adquirió con ello.  La Oficina del Casco Antiguo se fue convirtiendo en tinglado político, vitrina o pasarela para la farándula y más recientemente, desprecio de los encargados de la estrategia turística, quienes alegan que esos sitios no atraen turistas.

Jordi Tresserras desgranó las múltiples experiencias que han atravesado otros países, con menos recursos que Panamá, y han mantenido y conservado sus tesoros culturales.

Cuba, sobre todo, bajo el liderazgo de Eusebio Leal, ha sido un ejemplo del respeto a la historia y eso le ha permitido la supervivencia en todos estos años de bloqueo.

Perú ha ido poco a poco saliendo del estigma de ser un país peligroso por lo de Sendero Luminoso (al senderismo allí le llaman ‘treking’) para que sea mundialmente asociado con Machu Pichu y la gastronomía.

La República Dominicana ha ‘dado la vuelta’ y además de ser recipiente de muchas inversiones en sus idílicas playas, apuesta a la capacitación para entrenar a las personas a atender apropiadamente a los visitantes.

Colombia ha hecho una marca país —algo que nosotros no hemos logrado por el prurito que cada administración tiene para c ambiar el eslogan turístico— y ahora se enfrasca en una campaña que utiliza íconos, como esculturas de Botero, para posicionar, por ejemplo, a Cali, como capital de la salsa a nivel mundial.

Algo que me llamó mucho la atención fue el caso de Barcelona, que al ser considerada por Woody Allen para filmar ‘Vicky Cristina Barcelona’ en sus escénicos parajes, exigió la utilización de los íconos de esa ciudad, —las obras de Gaudí y Miró—, así como la comida mediterránea y los vinos, reforzando las costumbres que atraen al visitante a esa ciudad.

Qué diferente hubiera sido si Panamá le hubiera sentado estrictas pautas al director de ‘El Sastre de Panamá’, y no resultara el desastre que fue.

Para entender lo grave de la vulnerabilidad que estamos ahora mismo atravesando, hace falta una verdadera voluntad política que impulse una preservación con sentido ético y humanístico, respeto a la parte estética, arquitectónica e histórica y equipos interdisciplinarios, que no sean liderados por instituciones desfasadas o por funcionarios que solo quieren conservar su puesto y se prestan para todo tipo de caprichos de ricos.

Profesionales que entiendan de políticas de preservación, que es un trabajo altamente sensitivo y técnico y que existen en nuestro país, pero que son dejados de lado, porque no se amedrentan ante las acciones de fuerza que esgrimen los que pasan por las posiciones de decisión con la única finalidad de enriquecerse.

Qué triste e irónico será que nos otorguen un grado de inversión como país y al mismo tiempo, nos saquen de la lista de patrimonio histórico de la Humanidad. Como se dice, es para dormirse de pie.

<>

Este artículo fue publicado el 1 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Coiba, seis años después

La opinión de….

ISIS  PINTO

Los retos y desafíos de esta reserva natural exigen esfuerzo, dedicación y compromiso

El 26 de julio es una fecha muy especial para Panamá: ese día, en el 2004, la Isla de Coiba fue declarada Parque Nacional mediante Ley No. 44 elevando su fundamentación jurídica a rango superior al establecido previamente, por la Resolución JD 021 de 17 de diciembre de 1991. Posteriormente, en el año 2005, la UNESCO reconoció al Parque como Sitio de Patrimonio Mundial Natural, lográndose cautivar los ojos del mundo al difundir ver maravillas naturales e históricas.

Esta exposición también nos trazó un reto a los panameños, fortalecer la gestión del área marina protegida más grande de Panamá para que sea comparable con otros parques marinos reconocidos internacionalmente por su gestión ejemplar.

Han pasado 6 años y ya se pueden citar algunos avances como: 1) un completo plan de manejo cuyo proceso dejó capacidad instalada en las autoridades, universidades, organizaciones ambientales y comunidades participantes, 2) se ha destinado un fondo estatal permanente para realizar investigaciones en Coiba y otras organizaciones han financiado más de 3 estudios científicos cuyos resultados contribuirán a mejorar la toma de decisión para la gestión del Parque, 3) participación de las autoridades en diversos encuentros internacionales para intercambio de experiencias en áreas marinas protegidas, 4) se ha recibido apoyo financiero que aporta a la gestión de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) en el Parque, 5) las comunidades más cercanas al Parque han ampliado su conocimiento sobre ésta área marina protegida y la importancia de proteger los recursos naturales, 6) se ha conformado la primera red de turismo rural ‘Aventuras Rurales del Golfo de Chiriquí (ARUG)’ conformado por 40 personas de las comunidades que ofrece servicios de ecoturismo en la zona generando ingresos para el sustento de sus familias, 7) se refuerzan los patrullajes realizados por ANAM en colaboración con MarViva, 8) se ha incrementado la cantidad de visitantes que llegan a Coiba (aprox. 4000 a 7000 personas al año) lo que genera empleo para los operadores de turismo y prestadores de servicio. No obstante, aún queda mucho por hacer y no es un trabajo solamente del Gobierno sino de todos los involucrados en esta gestión.

Las expectativas generadas para esta área marina protegida son muy altas, tanto a nivel nacional como internacional. Para cumplir con este reto Coiba requiere el nombramiento de 40 guardaparques certificados, establecer 5 puestos de control en puntos estratégicos del Parque, dotarse de lanchas y equipos para las labores de vigilancia, implementar el plan pesquero y sus respectivos monitoreo biológicos, brindarle mantenimiento adecuado a los senderos terrestres existentes y abrir otros (marinos y terrestres) para ofertar a los visitantes, implementar el plan de autofinanciamiento del Parque, retirar el ganado en soltura, incorporar a las comunidades en la conservación al mismo tiempo que se le permita ofertar sus servicios para el patrimonio y áreas aledañas.

La Fundación MarViva además de colaborar en las labores de patrullaje que realiza la ANAM, trabaja en 6 comunidades de Veraguas y Chiriquí aledañas a la reserva, formando microempresarios locales y promoviendo en ellos el uso sostenible de sus recursos.

Para lograrlo cuenta con el programa de Comunidades, Comunicaciones e Incidencia Política que trabajan de la mano con las instituciones y autoridades locales, que para este año darán inicio a varios proyectos innovadores que fortalecerán la gobernanza, la oferta turística y pesquera artesanal, al tiempo que promoverán la conservación y aprovechamiento sostenible de los recursos costeros marinos.

<>

Este artículo fue publicado el  22 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

De proyectos urbanos, cinta costera y malezas en las playas

La opinión de…..

,


Orlando Acosta

Decidí centrar la entrega de este artículo en nuestras permanentes reflexiones sobre la definición de políticas y proyectos de desarrollo, la base u ofertas de recursos naturales y, finalmente, en el beneficio colectivo.

Me permito recordar a los lectores que Panamá cuenta con el privilegio de miles de kilómetros de costas, incluyendo playas, manglares, esteros y bahías; extensos recursos bióticos y las primeras ciudades a orillas del océano Pacífico. Lo anterior le otorga a este país un sitial privilegiado no solo por su historia, sino por su naturaleza y diversidad biológica y cultural.

No es casual que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco) haya otorgado a este pedazo de universo cinco sitios de categoría mundial.

Panamá posee valores y recursos de orden único y de carácter universal. Surge, a la discusión pública, el valor de dichos recursos y la estrategia de desarrollo ventilada para el bienestar colectivo. El debate se cierne hoy entre los grandes proyectos urbanos y nuestra definición como país minero y últimamente petrolero. Llamo la atención, también, a la debilitada institucionalidad del Estado y la aplicación y cumplimiento de las normas.

Entre el plano de lo político, y muy lejos de lo técnico, se ventilan alternativas al desarrollo nacional. Ejemplo: la extensión de la cinta costera frente al terraplén; la construcción de un relleno en Barraza–Amador para un Centro de Convenciones; el cacareado metro y, ahora, recientemente un túnel por el Canal para unir a la ciudad de Panamá con la Zona Económica Especial Panamá–Pacífico y, finalmente, la más descabellada y última propuesta de Panamá como país minero y petrolero.

La ausencia de una evaluación de nuestro potencial desarrollo en base a la oferta de recursos naturales y culturales, sumado a la praxis gubernamental en materia de gestión ambiental, pone en duda el verdadero potencial y futuro de nuestra sociedad.

¿Cómo fueron evaluados los aspectos sociales, económicos y culturales de la extensión de la cinta costera frente al terraplén en los predios del Casco Antiguo? El proyecto se construyó “al rompe” sin estudio de impacto ambiental.   El efecto sobre el Casco Antiguo y la funcionalidad vial, urbana y patrimonial no fueron evaluados. ¿Qué sucedió allí?   ¿La ley del oeste o la locura perniciosa se impusieron? ¿O fueron, tal vez, los apetitos inmobiliarios por la nueva plusvalía de antiguos “quilombos” los que impusieron la iniciativa?   Cualquier cosa es posible y no sé qué es más peligrosa: la ignorancia, la indolencia o la insanidad mental.

Ahora los arquitectos cartageneros nos dirán que hacer y, en ausencia de una política de desarrollo, todo lo anterior se propone y decide sin valorar nuestras fortalezas y recursos.

Ahora, mi otra pregunta señala la gestión de los próximos proyectos de desarrollo en el área de la ciudad de Panamá: la construcción del metro, el centro de convenciones en el área de El Chorrillo y Amador y, recientemente, el túnel bajo el Canal.  ¿Nos espera una gestión correcta en el uso de las costas de la ciudad y de su patrimonio urbano?

La realidad nos plantea nuevos retos. ¿Seremos simplemente espectadores y víctimas, nuevamente, de las malas decisiones de quienes dirigen el gobierno de turno? ¿Cómo se respetarán e integrarán los valores urbanos y paisajísticos de la ciudad de Panamá cuando comiencen las excavaciones de los túneles del metro y sus estaciones? ¿Cómo y cuál será el tratamiento de los elementos de carácter histórico–arquitectónico–patrimonial de la ciudad por la construcción del metro? ¿Veremos demoler otros hitos urbanos y conjuntos en la ciudad, como sucedió con el barrio de Bella Vista? ¿Seremos, en 50 años, tan orgullosos como los habitantes de la ciudad de Moscú con relación a la estética y valores de las estaciones del metro de la capital rusa? ¿Caeremos en los estereotipos arquitectónicos bajo la justificación de una dizque globalización, trocando identidad por homogenización?

Volviendo al tema de la orilla de mar, ¿se respetará la condición del Casco Antiguo y las murallas de mar con el nuevo centro de convenciones? ¿Se extenderá la cinta costera y los túneles por el Canal, como maleza, sobre las playas de la ciudad? ¿Conservaremos nuestro patrimonio? ¿Qué ocurrirá con la gente, con los pescadores de la cooperativa de El Chorrillo y la continuidad de su actividad económica ligada por años a las costas y a los frutos del mar? ¿Qué les espera a los habitantes de El Chorrillo? Adivina.

Despierta panameño del sueño y del letargo, pues parece que el tic tac del reloj que suena nos recuerda con un repiquetear y redoble de tambores sordos que nos llegó la hora del pueblo.

Las decisiones sinrazón se mueven por nuestra sociedad como la maleza a orilla de la playa, fuera de control, arrastrándose por todas partes, amenazando con la pérdida irreparable de nuestros mayores patrimonios: el mar, nuestras ciudades y nuestra gente.

<>

Este artículo se publicó el  5  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre la enseñanza de la ética

La opinión de……

.

Francisco Díaz Montilla

Durante la trigésima segunda sesión de la Conferencia General de Unesco en 2003, un grupo de Estados miembros expuso la necesidad de iniciar y sostener programas de enseñanza no solamente en el campo de la bioética, sino además en materia de educación científica y profesional.   En 2004, basándose en estas declaraciones y recomendaciones, Unesco lanzó el programa de enseñanza de la ética.   Para Unesco, la cuestión de la enseñanza de la ética es una tarea fundamental.

Con esa finalidad, se ha constituido un Observatorio Mundial de Ética, esto es una base de datos mundial sobre bioética y otras áreas de la ética aplicada en ciencia y tecnología, tales como ética de la ciencia, ética ambiental y ética de la tecnología.

Presumimos que las autoridades panameñas tienen conocimiento de este tipo de programas, pues al fin de cuentas, el Estado panameño es un miembro de esta institución y tiene sus representantes ante ella. Lo que no entendemos es por qué un programa como este no tiene impacto alguno en la educación panameña (premedia, media o superior).

Sí, la Ética es fundamental, no porque lo diga o lo piense Unesco, sino porque desde ella se muestra a los seres humanos la necesidad de construir espacios prácticos (morales) que posibiliten la convivencia de acuerdo con principios, reglas o normas a las que todos estén sometidos, no por disposición arbitraria (ideológica, política o religiosa), sino por libre determinación de la voluntad y del intelecto. La necesidad es tanto mayor en una sociedad como la nuestra, donde las reglas o los principios (en el ámbito profesional, social, cotidiano, político, etc.) parecen haber colapsado y no tener importancia o relevancia alguna.

Por supuesto, la enseñanza de la ética requiere conocimientos específicos y presupone ciertas competencias. La ética, como disciplina, requiere de tres componentes fundamentales: la argumentación, la crítica y la lógica. Esos elementos garantizan que el discurso ético se mueva en el ámbito del episteme y no en el de la simple y mera doxa. Piénsese –por ejemplo– en la reflexión aristotélica sobre la justicia, en la exposición kantiana de los imperativos, en los argumentos de Moore en Principia ethica, en las reflexiones de Wittgenstein en sus Conferencias sobre Ética, o en las imprescindibles formulaciones de Hana Arendt o Adela Cortina. La articulación de un discurso pedagógico razonable con respecto a la ética presupone, fundamentalmente, competencia filosófica.

La realidad apunta en otra dirección: en nuestro medio, la enseñanza de la ética está en manos de charlatanes de todos los géneros especialistas en todo, pero que no tienen formación en ética ni en filosofía, que carecen de capacidad argumentativa y crítica, y con capacidad lógica cuestionable.   En escenarios como este, el resultado es obvio: desconocimiento, confusión terminológica y conceptual, así como una imagen distorsionada y fragmentada de la disciplina.

Se impone, pues, que instituciones como Meduca, Mides, Secretaría Anticorrupción, universidades públicas y particulares, etc. crean las bases institucionales para construir un proyecto nacional para la enseñanza de la ética, siguiendo los parámetros de Unesco, con individuos competentes y formados para ello. Tal vez, así, estaremos en mejor posición para comprender el sentido de conceptos como: responsabilidad, libertad, equidad, dignidad, valor, justicia, solidaridad, etc., y aplicar sus significados a un proyecto de vida personal y social razonable.

<>

Artículo publicado  el 20  de febrero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo  que al autor, todo el crédito que les corresponde.