Entre anzuelos, redes y atunes

La opinión del Biólogo y Ex Subdirector de Recursos Marinos…

GUSTAVO   JUSTINES
gajustines@cwpanama.net

Parece que el mar no tendrá calma por el momento. El sector pesquero nacional se encuentra a la espera de una mesa de diálogo y por esa sola razón ha suspendido las protestas públicas.   Sin embargo, no parece haber ninguna intención del Ejecutivo por resolver el problema y peor aún, la presentación del Anteproyecto de Ley No. 280 que permitiría la pesca con redes de cerco y el establecimiento de granjas atuneras en Panamá, se presenta como un ventarrón que vuelve a encrespar las olas nerviosas, de quienes están perdiendo la fe en las instituciones, que deberían ser garantes de los mejores intereses de todos los panameños.

Para empezar, las granjas atuneras representan una pesca para engorde, porque no controlan el ciclo completo del cultivo.   Es decir, pescan ejemplares de cierto tamaño y los ceban hasta un tamaño y contenido de grasa superior.   Siendo una actividad extractiva, contribuye a incrementar la mortalidad por pesca (F) de la especie. La propuesta de Ley en prediscusión pretende autorizar la captura de hasta 9,000 TM anuales de atún, por lo que tenemos que preguntar al gobierno, ¿cómo se justificaría la pesca de 9,000 TM con redes de cerco a barcos que no existen en la flota local y, sin embargo, se cercena la oportunidad de pescar el mismo recurso a la flota nacional de palangre, que en los últimos tres años ni siquiera ha promediado capturas de 1,000 TM anuales?

La pesca de atún con palangre ha fortalecido la estructura de procesamiento local, ha abierto un importante nicho de mercado de exportación, ha contribuido a la disminución del esfuerzo sobre recursos costeros, al convertir camaroneros a palangreros, además de generar numerosos empleos directos e indirectos, así como muchas otras oportunidades a panameños en todo el país.

¿Cómo es posible, entonces, que se pretenda favorecer una mayor mortalidad por pesca (9,000 TM vs 1,000 TM);   favorecer la pesca con cerco, que captura ejemplares de 19 libras promedio (juveniles) vs la de palangre que captura ejemplares de 84 libras promedio (adultos);   fomentar la granja atunera, que solo genera 100 empleos vs la pesca con palangre, donde han quedado cesantes más de 3,000 panameños como resultado del Decreto Ejecutivo No. 486?

El cierre de una pesquería es un asunto serio y solo puede darse si existe suficiente evidencia de que la actividad es insostenible.   Si ese fuera el caso y la evidencia científica no dejara dudas, todavía habría que seguir un protocolo establecido por la FAO específicamente para el ‘desmantelamiento de pesquerías’, en el cual se toman en cuenta los aspectos ambientales, sociales y económicos, una reducción gradual de la actividad y un cálculo de las posibles compensaciones a los usuarios. El DE 486 no contempló ni dio oportunidad a nada de lo anterior, además de estar basado en aseveraciones totalmente falsas e insostenibles desde el punto de vista de administración pesquera.

Otro elemento importante que deja sin sustento el Decreto Ejecutivo No. 486 y que es obligatorio exponer a la opinión pública, es el hecho de que Panamá tiene 80 barcos palangreros con bandera panameña de servicio internacional autorizados a pescar en el Pacífico Oriental Tropical, el mismo recurso que el mencionado Decreto Ejecutivo prohíbe pescar a los nacionales. Todos estos barcos de bandera son de más de 24 metros de eslora y algunos de más de 50 metros, los cuales capturaron en 2009 cerca de 3,000 TM de atún y 700 toneladas entre tiburones y peces de pico, porque estos barcos no tienen ninguna restricción para la comercialización de estas especies como sí la tiene la flota local.

El Decreto Ejecutivo No. 486, la pesca con redes de cerco, las granjas atuneras, entre otras cosas, parecen estar encaminadas a maniatar la pesca local a favor de intereses extranjeros, acabando con el trabajo honrado de muchos panameños. Señores, los pescadores son gente independiente, hecha de esa manera por su esfuerzo individual y entrega al trabajo, por consiguiente, no están acostumbrados a pedirle nada a los gobiernos. De hecho, los pescadores han salido a protestar por su derecho a seguir trabajando en una actividad dentro de la cual la mayoría nació y considero que es deber del Estado garantizarles que ese sea su legado.

Este artículo se publicó el  15  de febrero   en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Septiembre: Épica oceánica panameña

La opinión del Ecólogo…

GABRIEL DESPAIGNE 

Septiembre 2010, 12 años de la promulgación, por la ANAM, de Septiembre: Mes de los Océanos.   Desde entonces, anualmente resaltamos: Avances, denuncias y propuestas para lograr ‘Salvar los Océanos’.

Imperialismo marítimo colombiano: Este año vamos a dedicar mayor espacio y tiempo a destacar la necesidad de revisar el marco limítrofe de nuestra jurisdiccionalidad marítima, pues Colombia rodea nuestros mares por todas partes, como una espada de Damocles sobre nuestro espacio vital nacional.

En 2009 elaboramos, desde la Asociación Verde de Panamá (ASVEPA), un ensayo sobre el reclamo para la nueva jurisdiccionalidad marítima de Panamá, donde denunciamos el imperialismo marítimo colombiano, que también afecta a Costa Rica y Nicaragua.

La Hoya o Cuenca de Panamá en el Pacífico, definida por el Corredor Marino Coiba—Cocos—Malpelo—Galápago, es un escenario internacional, que es necesario proteger, en virtud de la interrelación de la biodiversidad, donde se destaca el refrescamiento de los corales de Galápagos por su migración desde Coiba.   Aunque parezca exagerado, la seguridad alimentaria de las poblaciones costero—marinas, desde Costa Rica hasta Ecuador, depende en buena medida de los recursos del mar.   Para abordar los acuerdos de la protección de la biodiversidad y los recursos de nuestros mares, es necesario ordenar primero los espacios marítimos que en justicia corresponden a cada Estado Nacional.

Panamá conservacionista de ballenas: El MINREX ratificó en Heredia, Costa Rica, y declaró en CBI 2010 Agadir, Marruecos, que mantendrá la postura panameña alineada con el conservacionismo de las ballenas, lo que sella el compromiso como Política de Estado, al ser mantenido por dos administraciones de gobierno.

Tortugas: La ANAM Los Santos mantiene vertical postura de protección en áreas de anidamiento de tortugas, pese a los ataques irresponsables por parte de intereses comerciales y bienes raíces, que nada tienen que ver con la subsistencia locales. Felicitamos a ANAM Los Santos y exigimos castigo para los responsables.

La Ley 30 o ‘Chorizo’ amenaza nuestros mares:   La modificación de las leyes ambientales, de orden público y laborales, tienen una peligrosa incidencia en la protección de los mares. Lo que ocurra en el escenario territorial continental, costero, insular e incluso las embarcaciones puede incidir de manera peligrosa en la gobernabilidad y los avances de protección oceánica logrados hasta ahora. La normativa sustitutiva de ‘Buenas Prácticas Ambientales’ no constituye alternativa a los Estudios de Impacto Ambiental. La ‘Ley Chorizo’ es un retroceso que no podemos permitir. Exigimos su Derogatoria.

Minería y muerte oceánica: La minería a cielo abierto es una actividad que puede generar enormes flujos contaminantes peligrosos y sedimentos que afectarían los corales y biodiversidad en los mares del Atlántico y el Pacífico, específicamente por proyectos como Cerro Colorado para Coiba y Petaquilla en aguas del Caribe. El uso sostenible de la biodiversidad es más productiva que la minería.

No a la venta de Panamá:   La comunidad costero—marina e insular sufre el desplazamiento de sus tierras, motivado por la especulación extranjera. La seguridad social de los nacionales está en juego.   Solicitamos la modificación de la Ley, de manera que no se puedan vender más del 25% de las tierras insulares a una sola personal natural o jurídica y que solo panameños puedan ser dueños de tierras costeras y ribereñas.

No más rellenos y bloqueos: Insistimos en que el gobierno debe cumplir el espíritu de la Constitución Política, prohibiendo innecesarios rellenos y bloqueos del mar y costas, exigimos libre acceso público y disfrute pacífico del bien escénico.

Impulsemos leyes y políticas: Cero Basuras y descargas contaminantes a los cuerpos de agua, Servidumbres hídricas libres para el disfrute y uso de la población, Conservación de los bosques del Eje Urbano Metropolitano Panamá—Colón, CCP—Capira—Pacora, Cordón Agrosilvopastoril de protección a los bosques naturales, Prohibición del tránsito de materiales y sustancias radioactivos.

En septiembre, Mes de los Océanos: Participa en limpiezas submarinas y de playas; exige hoteles, locales y viviendas amigables con el ambiente; prefiere productos orgánicos y alternativas biodegradables.   Promueve equipos que usen combustibles cero contaminantes; reforesta con especies diversas, disfruta del avistamiento responsable de ballenas.   La Naturaleza vale más viva que muerta.

<> Artículo enviado por E-mail el 23 de septiembre de 2010 por el autor y publicado en la misma fecha en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

La Pesca

La opinión del Profesor de la Universidad de Panamá…

Ángel Javier Vega

La actividad pesquera en nuestro país ocurre principalmente en el océano Pacífico. Condiciones oceanográficas como el afloramiento del Golfo de Panamá o la gran cantidad de islas e islotes que encontramos a lo largo y ancho de nuestra plataforma continental, hacen de esta área un sistema ideal para la actividad pesquera.

De nuestros mares y océanos obtenemos magníficos ejemplares de pargos, chernas, corvinas, dorado, tiburones, camarones y otra cantidad importante de especies, que son destinadas al marcado local o de exportación, generando divisas al país. ¿Qué tanto conocimiento tenemos del comportamiento de nuestras pesquerías, sean estas artesanales o industriales? Realmente muy poco. ¿Cómo influye esto en el manejo de nuestras pesquerías? Lamentablemente de forma negativa.

Los pocos estudios que se han hecho están demostrando que especies importantes de peces y crustáceos, tantos para la pesca artesanal como industrial están siendo impactados por la forma en que pescamos. Gran parte de ellas se capturan a tallas donde aún son juveniles o en los momentos donde ocurre la máxima actividad reproductiva de la especie.

Casos documentados como la caída de las capturas de camarones en la década del 80, que al día de hoy no se han recuperado, disminuciones drásticas de las densidades de langosta y cambute, que han lleva a la promulgación de vedas, son claros indicios de que las cosas no las estamos haciendo bien, al asumir medidas reactivas ante la ausencia de políticas de pesca sostenible. Actuamos cuando se detecta que el recurso pesquero esta deteriorado, y no establecemos una política de estado que implique investigación, manejo y monitoreo a largo plazo. Carecemos de sistemas de capturas de información básicas sobre desembarques, sobre todo por la ausencia de sitios de acopios que permita recopilar esta información.

Nuestro país se caracteriza por la gran cantidad de puertos y desembarcaderos, por donde son descargadas las capturas convirtiendo la recopilación de información de desembarques en una tarea imposible. Los estudios biológicos pesqueros que lleven a la caracterización de los diferentes tipos de pesquerías, para entenderlas y manejarlas, apenas inician, sobre todo con el apoyo de instituciones como Senacyt, ONG como MarViva, Universidad de Panamá, Instituto Smithsoniano, la ARAP y el sector pesquero.

Otro aspecto importante que no podemos perder de vista, es que las pesquerías son una actividad económica, y que además cumplen un papel social. Muchas de nuestras comunidades costeras dependen de los recursos pesqueros para su sustento y son el núcleo de su economía.

En este año hemos sido testigos de las continuas protestas del sector pesquero por la posibilidad de que se reglamente la actividad, o de que se permita pescar con “trasmallos” con luz de malla por debajo de la legal. El mensaje que se manda es claro, la toma de decisiones con relación al manejo de nuestros recursos pesqueros debe ser participativa, de abajo hacia arriba, involucrando a todos los sectores: usuarios administradores, academia y ONG. Solo así podemos establecer políticas donde el norte sea ganar-ganar, donde cada sector aporte lo mejor de sí, pero que además estemos dispuestos a sacrificar algo, a favor del bien común. Por último, un clamor constante es la solicitud de subsidios, lo cual debe ser analizado con mucho cuidado, pues corremos el riesgo de convertir en sostenible desde el punto de vista económico una actividad, que desde el punto de vista ambiental es insostenible.

<> Artículo publicado el 16 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Concesiones, desarrollo y futuro

La opinión de….

Héctor Robles Carrasco

Aún tengo en mi memoria aquello que aprendía hace 50 años. Las dos principales exportaciones de Panamá eran: banano y camarones.

Como adolescente criado en la campiña chiricana dedicada a la agricultura y la ganadería, mis conocimientos del mar y de la pesca eran entonces muy escasos.

Como conocía las plantaciones de banano de Puerto Armuelles y palpado cómo vivían los trabajadores (vivienda, servicios básicos y de salud gratis, etc.), en mi imaginación creía que la industria del camarón tendría que ser igual o mejor.

Mis ilusiones juveniles me hacían imaginar que a lo largo de nuestras costas, bañadas por los océanos más grandes del mundo, miles de panameños se dedicaban a la pesca del camarón para la exportación y que, consecuentemente, sus vidas transcurrirían en un ambiente de autosuficiente bienestar, disfrutando a plenitud los beneficios de su trabajo.

No recuerdo cuándo vine a comprender la triste realidad de nuestra industria del camarón. Cuando fue que conocí que en nuestras costas, sí vivían pescadores, pero que eran artesanales y que acaso sacaban frutos para una subsistencia precaria.

Vine entonces a entender que las millonarias cifras de exportación de camarones que mostraban los diarios, e incluso los libros de texto no eran de ninguna industria sino de una explotación inmisericorde de nuestros recursos, cuyos mayores beneficios eran para las grandes empresas internacionales, que fueron acabando con nuestra riqueza hasta el extremo de que pronto fue necesario establecer una veda periódica para que el camarón no desapareciera por completo de nuestros mares.

Hace meses leía que alguien sugería otras actividades “productivas” como la recolección de hierro viejo, para resolverle la manera de ganarse la vida a nuestros pescadores durante el periodo de veda. Esta realidad es prueba irrefutable de las consecuencias que sufre una nación cuando los pueblos ilusionados con el desarrollo, permiten que los piratas sigan llegando a adueñarse de sus recursos a cambio de migajas.

Ya pronto desaparecerá el camarón en nuestros mares como ha desaparecido de nuestra mesa. Le seguirán el atún, el tiburón y otros más. En tierra, le toca turno a nuestros ríos, bosques y minerales del subsuelo. ¿Nos ocurrirá con ellos lo mismo que con el camarón?

¿Viviremos extasiados con el espejismo del desarrollo y las grandes cifras de exportaciones y beneficios que se publican en periódicos cuyo papel aguanta todo? ¿Quedaremos todos, luego de la devastación y agotamiento de nuestros recursos por empresas extranjeras, como los pescadores recogiendo hierro viejo para subsistir?

A los que por experiencia y conocimiento se nos aclara el pensamiento, nos toca ilustrar a gobernantes y pobladores y hacerles ver que los panameños que ofrecían su oro y sus mujeres a los conquistadores extranjeros a cambio de espejitos, vivieron hace más de cinco siglos.

Que el oro y las riquezas de los panameños de hoy son nuestros recursos naturales, los que debemos explotar con conciencia conservacionista y en nuestro propio beneficio.

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las últimas perlas del archipiélago

La opinión de…..

Rafael Negret

Ya aconteció antes. Los filibusteros, piratas y conquistadores se reunían en Contadora para “contar” sus perlas, fechorías y tesoros usurpados a las comunidades aborígenes.

El archipiélago de las Perlas fue declarado Zona Especial de Manejo por La Ley 18 del 31 de mayo del año 2007. En total de tierra y agua son 168 mil 771 hectáreas. Esta imprescindible normativa permaneció impávida en el papel desde entonces y solamente este año la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (Arap) contrató la elaboración del Plan de Manejo de dicha Zona con la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon) y la firma consultora Louis Berger.

El Plan de Manejo implica establecer el ordenamiento y zonificación del territorio insular de todo el archipiélago; considerando las zonas protegidas, las fuentes de agua dulce, los emprendimientos inmobiliarios, el manejo de los desechos sólidos y aguas residuales, la protección de las playas de desove de las tortugas marinas, los derechos y obligaciones de los habitantes autóctonos de las islas.

Y en las más de 130 mil hectáreas marinas, determinar la función ecológica de sus bajíos, arrecifes coralinos, rocas, corrientes marinas y bahías, para así poder delimitar las áreas restrictas a la investigación y las autorizadas para la pesca artesanal y deportiva en base al conocimiento científico de la dinámica de sus poblaciones, períodos de reproducción, movimientos migratorios, artes de pesca, tamaños y cantidades permitidas a ser capturadas.

La exuberante capacidad productiva y biodiversidad que habita las aguas de las 225 islas e islotes del archipiélago se debe a condiciones ecológicas muy especiales, tales como su poca profundidad, la convergencia de variadas corrientes oceanográficas que proporcionan diferentes temperaturas, oxigenación y salinidad, además del aporte de nutrientes por caudalosos ríos y el Canal.

Lo anterior nos posibilita entender porqué el archipiélago de las Perlas y el Golfo de Panamá son considerados entre los más famosos paraísos de pesca deportiva del planeta; porqué las ballenas cantoras jorobadas vienen a reproducirse durante los meses de julio a octubre.  Y porqué existe una devastadora rapiña entre pescadores de sus aguas.

Obvio, no es la pesca deportiva la causante de tan grave exterminio; son los transgresores de las leyes los que saquean indiscriminadamente las zonas protegidas con redes de arrastre, redes agalleras, palangres o long line que pueden alcanzar 10 kilómetros o más de longitud con aproximadamente 20 mil anzuelos.

Los barcos camaroneros matan y después arrojan al mar toda la “pesca incidental” que atrapan –juveniles de corvinas, pargos, dorados, jureles, sardinas– la que constituye aproximadamente el 85% del total de la captura. A esto, se suma la destrucción del fondo marino.

Solamente la organización y planificación entre los pescadores artesanales, clubes de pescadores deportivos, buceadores, industriales del sector, promotores de los torneos de pesca deportiva y la imprescindible formulación de políticas por parte de las autoridades gubernamentales –fortaleciendo las instituciones responsables, estableciendo nuevas normas, pero fundamentalmente fiscalizando, controlando y vigilando– podrá salvaguardar a Panamá de esta pérdida irreparable.

Todavía tenemos tiempo para evitar el último saqueo.

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Este artículo se publicó el  31 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hacia un mundo sin peces (III)

La opinión de…..

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MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ LÓPEZ

Los medios de captura son ineficaces porque aniquilan especies no demandadas y especímenes que no han llegado a su tamaño adulto.

Además, la pesca con pesos, plomadas y redes de fondo puede devastar hábitats marinos, como ya está ocurriendo en el Atlántico Norte, y los caladeros, como el situado frente a las costas del Sáhara Occidental.

El empleo de la acuicultura, es decir, la cría de especies en piscinas para su consumo, mejora ligeramente la situación, pero no la soluciona.

Se ha demostrado científicamente que si no cambia la situación, el atún rojo está condenado a la extinción. Sin embargo y ante todo pronóstico, los Estados presentes en la última reunión de CITES (Convención del Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) rehusaron la posibilidad de añadir al atún rojo en la lista de especies protegidas.

Japón, nación importadora del 80% del atún capturado, ejerció de lobby y convenció uno a uno a los países firmantes de la convención.

Ante estas decisiones, de poco sirve el conocimiento de la situación. El atún rojo no es la primera especie propuesta como animal protegido de capturas.

Sin ir más lejos, en el último mes, la anchoa del Cantábrico ha vuelto a los mercados de todo el mundo después de cinco años de veda.

Ante el peligro de extinción de este preciado pescado, las autoridades internacionales prohibieron su pesca durante un lustro.

El control de las capturas o la prohibición de pesca de determinados pescados parece ser el único remedio efectivo para salvar los mares del agotamiento.

Pero si el modelo pesquero actual no es rediseñado en su totalidad, estas medidas preventivas sólo serán parches temporales a un problema del que somos responsables.


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Este artículo se publicó el 27 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.