Panamá: lo bueno, lo malo y lo feo

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La opinión de …..

Ramón Elias Arango Soberón

Como un panameño ausente por casi 10 años del país, decepcionado del pasado y del juega vivo político, profesional y cultural que padece nuestra sociedad panameña, mantenía un optimismo alto y casi ciego de regresar y ver, con mis propios ojos, al “nuevo Panamá”.

Esa ilusión de cambio que preconcebí, debido a lo que se lee a nivel internacional, no es realmente cierta.   El modernismo y avance que debería representar a un país que brinda un servicio de tránsito y turismo internacional, como lo es Panamá, dista mucho de lo que se dice y se hace.

Posiblemente tengamos lugares como la cinta costera, edificios modernos, centros comerciales, etc., pero eso no es suficiente para ser moderno y competitivo en materia de turismo y servicios.   Comenzaré con expresar lo bueno, lo malo y lo feo de nuestra Nación.   Muchas veces somos engañados o mal informados, pero como un amante a mi patria y a mis raíces, no puedo quedarme callado.

Lo feo. Tuve la oportunidad de comenzar mi entrada a Panamá por Paso Canoa en la frontera con nuestro vecino país Costa Rica.  Usted, como lector, estará de acuerdo conmigo en que las fronteras son las puertas o ventanas de cualquiera nación. Lo que vi en Paso Canoa es lamentable y triste.

Funcionarios públicos (incluyo a los de Migración, Aduanas, el Instituto Panameño de Turismo, etc.) mantienen una actitud poco profesional y poco amigable,  especialmente con los turistas que desde esa frontera desean entrar a nuestro país y de seguro con deseos de gastar dinero y fortalecer nuestra economía.

Vi a personas o “manzanillos” acechando a los turistas dizque para ayudarlos, vi a los turistas enojados y decepcionados, porque los requisitos de ingreso a Panamá, al momento de entrar, son otros.

Lamentablemente, es todo un caos. A diferencia del lado costarricense, en Panamá hay una sola ventanilla (única) para entrar.  El agregar una ventanilla que diga “nacionales” simplificaría el trámite, al menos, a los panameños se nos haría una deferencia para entrar expeditamente a nuestra patria.

También se encuentra un salón (supuestamente para la revisión del equipaje) que parece más un mercado de cualquier barrio popular. Sucio, sin atención, te hacen perder el tiempo, miran al turista o a los que entramos al país como si fuéramos delincuentes. Esos funcionarios deben aprender buenos modales, brindar respeto y atención tanto a los turistas como a los ciudadanos que retornan.

¡Atención, director de Migración, atención Sr. Presidente!

Lo malo. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de viajar conoce que una forma fácil, rápida y segura de llevar el dinero es a través de los cheques de viajero (traveler checks).

Como oriundo de Aguadulce, pensé que en ese distrito –en su calidad de “polo industrial”–, no tendría problemas para cambiar en efectivo dichos cheques.   Mi sorpresa fue grande, porque en los seis diferentes bancos que visité, en ninguno se aceptaban los cheques de viajeros y lo peor es que no me daban ningún tipo de solución.

Pregunté en cada uno de esos bancos, qué haría un turista en mi situación, yo al menos soy panameño, pero ¿qué impresión se llevará un turista?

Acompañado de mi señora esposa, quien es canadiense, comentamos que inclusive en Haití, uno de los países más pobres de Latinoamérica y del mundo, se pueden cambiar los cheques de viajero.

En Panamá nos damos golpes de pecho y presumimos de ser modernos, pero ocurre algo como esto. No solo la ciudad capital recibe el turismo, a muchos turistas les gusta visitar los pueblos pequeños, pero exigen que les den las mínimas facilidades.   Señores gerentes generales de nuestros bancos, atención a esto, porque cierra las puertas al desarrollo del turismo y de los servicios.  Esta situación se contradice con el desarrollo que queremos. ¡Atención banqueros, atención Sr. Presidente!

Lo bueno. Finalmente, aunque admito lo malo y lo feo del país, también es motivo de orgullo haber observado estructuras nuevas, bien mantenidas, pintadas en su mayoría, mucho mejor que las de nuestro hermano país Costa Rica.  Nuestras carreteras son mucho mejores (aunque no excelentes), muestran un modernismo y crecimiento equivalente a lo que deseamos y pregonamos.

Lo que nos falta es crear conciencia del servicio al cliente, el incentivo al turismo, la información al turista en todo Panamá, la seguridad, hacerle las cosas más fáciles a cada visitante (incluyo a los nacionales y a los extranjeros).

Solamente si cambiamos de actitud, podemos hacer patria y convertir a Panamá en el país del que todos nos sintamos orgullosos.

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Publicado en 31  de diciembre de 2009 en el diario La Prensa a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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