Un lugar privilegiado en Veraguas

La opinión del Ingeniero Agrónomo…

EDWIN SILVERA
easilvera24@gmail.com

Hace 23 h 20 min N o hay que ser Nostradamus para saber lo que le espera a la provincia de Veraguas en materia de desarrollo turístico y económico. El Hecho de que sea la única provincia, tal vez del mundo, con costas en dos océanos, la hace muy especial y atractiva.

Un caso inigualable es el de que a 40 kilómetros aproximadamente de la costa Norte de la provincia, se encuentra ubicada la población de Santa Fe, lo que le permite al viajero, en menos de una hora, sentir un cambio de temperatura entre los 32 y 18 grados centígrados; esta opción es difícil encontrarla en otro sitio del país; solo este detalle debe ser una valiosa justificación para incluir en un paquete turístico a Santa Fe y Calovebora.

A manera de comparación, imaginémonos que estamos en Boquete o Cerro Punta y queremos trasladarnos a las costas del Pacífico; ese viaje sería casi dos veces más largo que el de Santa Fe de Veraguas a las costas de Calovebora.

Desde luego que esto se dará en la medida en que se contemple la construcción de la carretera desde Santa Fe hasta las costas del Caribe veragüense; luego de construirse la carretera en consecuencia habrá que edificar centros turísticos en ambas localidades.

Esta alternativa se constituye en otro elemento más para que se construya el aeropuerto en Santiago de Veraguas, las ofertas turísticas del Sur de la provincia son ya conocidas (Santa Catalina, Bahía Honda, Playa Banco, Coiba, Torio, Quebro, Arenas).

El futuro es claro, por lo tanto, hay que ir incorporando los elementos necesario para su aceleramiento, como lo es el hecho de continuar las cuatros vías de la Interamericana por el Sur de la provincia, en donde la actividad agropecuaria y turística representan una gran fuente de generación de riquezas económicas; por algo la carretera nacional pasaba por Soná, Zapotillo, Puerto Vidal, Jorones hasta llegar a Guabalá, territorio chiricano.

La cuidad de Santiago de Veraguas de convertirá en el centro de acopio de todo lo que pueda generar la logística de operación y funcionalidad de esos grandes emporios turísticos, tanto en el Sur, como en el Norte.

La industria sin chimeneas es la herramienta más eficaz a través de la cual Latinoamérica podrá elevar su economía, porque sería inverosímil pensar que nosotros los latinoamericanos vamos a competir con Europa en construcción he instalación de maquinaria pesada, equipo quirúrgicos, robots computarizados, etc. Traigamos a los europeos a Panamá para que se tomen una chicha de guanábana, se coman un arroz con coco, se calcen unas buenas cutarras y caminen por los senderos de nuestros parques nacionales, se pongan un sombrero típico, bailen una curacha y disfruten de la brisa y el sol panameño.

Es importante que el pueblo santafereño se instruya sobre la temática, y se haga la pregunta: ¿Qué nos espera?, ¿qué acciones debemos tomar?, ¿cuál es el mejor camino para encontrarnos con nuestro destino? Los ojos del mundo están viendo a Santa Fe de Veraguas como una región de gran potencial para la inversión turística, hay que ser celoso, pero también dejar el egoísmo a un lado, pues no hay superación y progreso sin la llegada de inmigrantes, eso es inevitable.

El parque Santa Fe, con 72,636 hectáreas de bosques primarios que son el hábitat de un sinnúmero de animales y plantas, los ríos Santa María, San Pablo y San Pedro, que desembocan en el océano Pacífico. Otros son el Caté, Belén, Calovebora, Concepción, Caloveborita, Luis Grande y Veraguas, que desembocan en el Atlántico, hacen de esta región una de las más codiciadas para cualquier turista europeo y de cualquier otra parte del globo terráqueo.

Es importante la construcción de esta carretera hasta las costas de Calovebora; imagínense ustedes una carretera horizontal desde Bocas del Toro hasta Colón, lo que permitirá a un viajero trasladarse a Santiago de Veraguas desde estas dos provincias por esta nueva ruta totalmente diferente a la usualmente congestionada Interamericana.

Me atrevo a vaticinar que el hoy poblado de Santa Fe se convertirá antes de mediado de este siglo en un lugar exitoso, privilegiado y, sobre todo, de mucho empuje comercial y turístico.

 

Este artículo se publicó el 18 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Colón, Colón… o el mazo de la indiferencia

La opinión del Arquitecto…

JOSÉ A. CAMPOS
joseadolfo47@hotmail.com

Mucha agua ha corrido desde cuando el presidente Demetrio B. Lakas recorría las calles de Colón todos los miércoles con un maletín de dinero y lo repartía a los colonenses. En aquel tiempo, ya Colón languidecía por la indiferencia y apatía de los Gobiernos.

Años atrás, la que fuera la tacita de oro del Atlántico, bullía del esplendor del dinero. Comercios de renombre y abolengo como Motta, el Bazar Francés, el Stranger Club, Casa Bee`s, El Trópico, el hotel Washington.   Por la avenida del Frente pululaban los turistas, soldados gringos y compradores de todas partes, que dejaban en los comercios dinero a montones.

Las cinco bases americanas generaban millones de dólares en salarios y los colonenses vivían en una relativa abundancia si no decorosamente.

Al cierre de las bases militares y la salida de la Escuela de Las Américas, Colón cayó en la decadencia y muchos colonenses se fueron a los Estados Unidos, buscando un mejor futuro. Las hermosas casonas como la Wilcox y la Maison Blànchè, con sus amplios balcones, que cubrían las aceras, auténticos ejemplos del Art-Deco panameño, fueron abandonadas. Al decir del célebre arquitecto Frank Ghery, ‘Colón es la ciudad más hermosa de Panamá’. Tiene todos los elementos para convertirse en el emporio turístico más rutilante del Caribe.  Colón haría palidecer a Cancún, Punta Cana, Saint Martan y otros destinos turísticos. La rica mezcla de las etnias —negra, india, china y española— hace de esta ciudad el crisol de razas más auténtico del caribe.

La ciudad de Colón requiere de un plan de desarrollo turístico, junto a un plan de reordenamiento urbano. Sus 16 calles, que cruzan la isla de Este a Oeste, producen un encantador efecto visual. Quizás es la parte social el principal escollo a salvar para desarrollar a Colón como un centro turístico. Hay que capacitar a los jóvenes colonenses en hotelería, alta cocina, administración portuaria y aérea. Darles un empleo digno y bien pagado, porque la mayoría de los colonenses habla Inglés.

Junto a Colón coexiste la primera Zona Libre de Latinoamérica. Tiene un aeropuerto y los mejores puertos de contenedores y cruceros. Las playas, son las más bonitas de nuestro país y adicional a las costas de Colón está su historia. Los emplazamientos del imperio español, como el Fuerte San Lorenzo y Portobelo, son los más importantes del Caribe y las incursiones de piratas le añaden un elemento romántico digno de Hollywood.

El destino de Colón es ser el más importante destino turístico de nuestro país.

¿Será esto posible? o el mazo de la indiferencia, la desidia y la ignominia de nuestros gobiernos destruirá Colón para siempre y se derrumbará junto con la Wilcox y La Maison Blànchè, mudos testigos de un pasado esplendoroso.

 

Este artículo se publicó el 13 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Turismo religioso, una nueva forma de educar y culturizar

La opinión del Magíster, Ingeniero y Asesor Comercial..

Javier A. Arias Real 

El pasado 9 de enero, me fui con mi familia a casa de unos amigos en Taboga, la famosa Isla de las Flores; llena de singular belleza, paradisíacos paisajes, cautivadoras veredas y una majestuosa vista a la entrada del Canal, donde no se ven los problemas de falta de agua y recolección de basura que afectan la capital; y hogar del famoso escritor Bernardo Domínguez Alba, mejor conocido como Rogelio Sinán.   La pequeña isla, a sólo una hora de la capital, ha inspirado a tantos, como al artista Ricardo Fábrega, autor de la canción “Taboga”, a escribir bellos poemas y melodías.

 

Pero, como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”. Al llegar a casa notamos que nos habían visitado los vecinos de lo ajeno, robándose el tanque de gas y cosas de la cocina. ¿Por qué haría una persona esto? Cualquiera que sea la razón, indica el nivel de deterioro de nuestra sociedad. Cuando salimos a comprar un nuevo tanque de gas, los pobladores nos comentaban que ya se estaban dando muchos robos en la isla. La inseguridad ya no es sólo cosa de la capital y los ladrones no tienen idea del daño que le hacen a la economía nacional pues si alejan a los turistas, alejan también una fuente de ingreso para su comunidad. Otra forma de robo, institucionalizado, es que los precios en la isla están por los cielos. El tanque de gas de 25 lb nos costó $50.00 y la bolsa de 8 panes de hamburguesa, $4.00.   Según los comerciantes locales, esto se debe a que el Gobierno les cerró el muelle fiscal, de donde sale toda la carga para las islas del archipiélago, y ahora les cuesta mucho más llevar mercancía a la isla.

En los tres días que estuvimos en la isla, vi llegar muchos turistas a recorrer la isla, degustar platos caribeños y a observar aves. Estas atracciones generan empleo para los pequeños hostales, restaurantes y vendedores ambulantes. Pero sin duda alguna, una de las principales y más antiguas atracciones de Taboga es la Iglesia de San Pedro, en honor a la Virgen del Carmen, Virgen de los Pescadores. En esta acogedora iglesia me tocó recibir la bendición de esa semana y como Panamá es tan pequeña, sentado a nuestro lado en la misa del sábado, estaba Don Pedro Meilán, director de ACODECO, así que confío en que la entidad a su cargo pueda verificar los precios en la isla para comprobar si se está perjudicando a los comerciantes o si están abusando de los turistas.

En la homilía, el diácono nos hablaba de cómo en esta semana celebrábamos el día de la Epifanía o manifestación de Jesús a todas las personas y el día del Bautismo o iniciación del caminar hacia Dios, en donde nos ungen con el oleo de los catecúmenos (oleo del camino). Así como el bautismo debe marcar en nosotros el inicio de nuestro caminar hacia Dios, así mismo el incidente del 9 de enero, que recordamos esa semana, sirvió de inicio para nuestro caminar hacia la soberanía. Por ende, todos debemos hacer un alto y pensar qué estamos haciendo con Panamá y si el sacrificio de nuestros veintiún mártires y más de quinientos heridos valió la pena. ¿Es el Panamá de hoy lo que queremos para nuestros hijos? Estamos permitiendo que el cáncer de la inseguridad y el alto costo de la vida destruyan poblados tan bellos como Taboga. El diácono anunció que se está consiguiendo el apoyo de la Pastoral de Turismo para remozar la iglesia y que ésta pueda ser utilizada para promover el “Turismo Religioso” en Taboga, que consiste en informarse y explicar a los turistas toda la riqueza cultural de la historia que encierra esta bella iglesia. Vale la pena que el gobierno de seguimiento a esta nueva forma de inversión. Haciendo Iglesia también hacemos Patria.

<>Artículo publicado el  3 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Diputados: turismo, no minería

La opinión de…

Brooke Alfaro

Las estadísticas demuestran que el turismo es muchísimo mejor negocio para el país que la minería metálica: deja más dinero, más empleo, más salud y es sostenible en el tiempo.

Según los datos de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), en el 2009 el turismo generó 34 mil empleos directos y 95 mil indirectos y dejó $1600 millones en divisas. En el 2010 entraron 1.7 millón de turistas, un incremento de 10.3% sobre el año anterior.

Según sus propias cifras, las minas de Petaquilla Gold, Minera Panamá (MP) y Cerro Colorado* juntas generarán 4 mil 670 empleos directos y 9 milindirectos. (*sin datos, se calculó con cifras iguales a MP). En cuanto a divisas, Petaquilla Gold producirá 45 mil onzas de oro al año, que al precio del oro actual representa cerca de $60 millones, de los cuales a Panamá le toca el 8%, es decir $4.8 millones. Minera Panamá producirá 200 mil toneladas de cobre al año, que al precio actual del cobre representa $1,800 millones y con las reformas, al país le tocará el 4%, es decir 72 millones; los otros $1,728 millones se los lleva la multinacional.

Usemos el Canal de Panamá para entender esto del 4% de regalías: es como si de los $1,000 millones que genera el Canal al año, a los panameños le tocaran 40 millones y a las multinacionales $960 millones. Otra consideración importante es el resultado de un exhaustivo análisis ecomómico del proyecto Petaquilla Gold hecho por The Nature Conservancy en el 2009. La organización internacional usó solo 2 de los 24 impactos negativos en el EIA y con ello mostraron que el negocio sería “una pérdida neta para Panamá como país, debido a costos ambientales”. Se trata de una pérdida de $52.8 millones.

Es evidente que el turismo es mejor negocio, pero si dejamos proliferar las minas para “crear empleos”, vamos a acabar con la materia prima que sostiene nuestro turismo: la naturaleza. Solo Petaquilla Gold abarca terrenos del tamaño de ciudades y afecta tres ríos que permanecen con sedimentación. Laboratorios independientes han encontrado en estos ríos “trazos de plomo y arsénico que son evidencias de contaminación”. Los tres ríos perderán toda su vida y se impactarán negativamente millas de costa. Todo esto en el Corredor Biológico Mesoamericano que prometimos cuidar. Es por algo que las Naciones Unidas (ONU) ha clasificado la minería como la industria más contaminante del planeta.

Y en nuestro clima, la minería metálica con tóxicos es una bomba de tiempo. Mientras nuestros ministros garantizaban que sería responsable y segura, caían las fuertes lluvias de agosto y el país se alarmó al ver las tinas de relave en su “máxima capacidad”. La alarma provocó la acción de la ANAM que encontró “una concentración de cianuro mucho mayor que lo permitido”.   Cada esquina del país sufrió sorpresivas y catastróficas inundaciones y derrumbes,   el Canal cerró por primera vez en la historia, la capital sin agua; nadie se lo esperaba, pero si algo es cierto es que las lluvias seguirán y probablemente más intensas.

Si nuestro gobierno le pusiera el hombro al turismo como lo está haciendo con la minería, redoblaríamos nuestros ingresos. Como ejemplo está Costa Rica, que no tiene nuestros famosos sitios históricos designados Patrimonio de la Humanidad, nuestras interesantes y coloridas etnias, el Canal, metrópolis modernas, centro bancario, zona lible, hub aéreo, etc., pero genera casi el doble de turistas. República Dominicana, con la mitad de tamaño de Panamá, recibe casi tres veces más turistas.

Pero es que este frenesí por la minería tiene en abandono nuestros más valiosos recursos turísticos.   El Casco Antiguo, sucio, desgastado y sin ley, está a punto de perder su estatus de Patrimonio de la Humanidad;   Taboga, tan fácil de hacer brillar, es una vergüenza;    turistas en importantes hoteles con máscaras de gas por el humo tóxico de los vertederos;   el río Chiriquí Viejo, famoso mundialmente por su rafting, condenado por hidroeléctricas; San Lorenzo olvidado, etc.

La ONU afirma que el turismo ecológico y de excursionistas es el de más rápido crecimiento: 30% al año. Pero la ATP concentra el grueso de su publicidad en convenciones para la ciudad. No hay inversión en el interior, ni incentivos para suplir el déficit de hoteles de esas áreas.

Unos meses atrás, un muy alto funcionario del Pronat me dijo que si le dejaran titular las tierras “acabaría con el desempleo en todo el país”.    Pienso que exageraba, pero ciertamente este hecho tiene al turismo estancado: el 70% del país está sin título y la inversión no vendrá hasta que los den.

Aprendamos de Costa Rica, que apuesta al turismo con su lema “No Artificial Ingredients”, y con una atinada moratoria nacional a la minería metálica.

Lonely Planet acaba de incluir a Panamá entre los 10 mejores destinos en el mundo; lo tenemos todo para impulsar nuestro turismo. Con solo ponernos a la par de Costa Rica, ganaríamos más de lo que podrían generar varias docenas de minas.

Señores diputados: enfóquense en el turismo y mantengamos nuestro pequeño país sano sin minería metálica. No se vendan a las multinacionales.

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Este artículo se publicó el 1 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las protestas son gratis

La opinión de…

Amarilis A. Montero G.

Nuestro pequeño país ha sido bendecido con grandes recursos naturales y paisajes incomparables. Turistas de todo el mundo llegan a Panamá para buscar ese paraíso tropical que ven desde sus computadoras o revistas de turismo. Nadie los preparaba para el verdadero recibimiento: falta de agua potable, cierres de calles por protestas, y hasta el humo tóxico de un vertedero de basura.

¿Quién hubiera imaginado que Panamá llegaría a importar agua de Costa Rica? La fama de “mejor agua del mundo” se ha desvanecido ante la posibilidad de que no sea apta para el consumo humano aunque los directivos del Idaan y el ministro de Asuntos del Canal, Rómulo Roux, digan lo contrario. Esta falta de credibilidad ha resultado en que la compra de agua embotellada no haya cesado. También está la probabilidad de que el suministro de agua se vuelva a suspender sin previo aviso y se deba recurrir al agua embotellada. Los extranjeros residentes en Panamá (y los turistas también) se acostumbran a esperar lo inesperado, como la falta de agua potable, en cualquier momento.

Y si vamos a vender al mundo un país lleno de riquezas naturales, ¿cómo vamos a permitir que se destruya permitiendo la explotación de minas en nuestras montañas? La Asamblea Nacional de Diputados tiene en sus manos la decisión de rechazar o implementar un nuevo código de recursos minerales. En los predios de la Asamblea se congregaron grupos indígenas ngäbe-buglé a favor y en contra que también realizaron sus protestas. Aquí sí se llegó a un enfrentamiento de pueblo contra pueblo. Un grupo acepta la actividad minera por cuestiones económicas, que van desde la generación de empleos hasta el patrocinio de un equipo de béisbol. Los que están en contra predicen la destrucción de sus recursos naturales, como la contaminación de sus ríos y la muerte de plantas y animales de la región. Lo que sí parece cierto es que el poder y las ambiciones económicas van a dar al traste con la otrora “Panamá, la verde”.

Y por último, tenemos la bochornosa situación del vertedero de basura de Río Hato, Coclé. ¿En qué país del mundo se mantiene un vertedero de basura a la entrada de un hotel de playa? El humo tóxico que emana de dicho vertedero provocó el cierre de su entrada por parte de los extranjeros residentes del área, turistas y hasta los empleados del Hotel Playa Blanca en Río Hato.   La Autoridad del Turismo y los gobiernos municipales deben hacer un frente común para que no se malogre el esfuerzo de promocionar el turismo en Panamá. Una mala imagen y la sensación de anarquía gubernamental que existe hoy día en el país causarán una merma en la promoción de Panamá como sitio turístico.

Pero los turistas van y vienen. Mientras tanto, los panameños que nos quedamos a padecer las incongruencias de nuestros gobernantes tenemos que seguir esperando lo inesperado. ¿Tendremos agua potable, naturaleza limpia y turismo “verde” en el futuro? Nadie lo puede asegurar, ni tampoco predecir qué nuevo escándalo se aparecerá en el horizonte. Pero, mientras tanto, aquí las sonrisas son gratis y las protestas también.

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Este artículo se publicó el  30  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Es esta ciudad un destino deseado?

La opinión de…

 

Leandro Ferreira Béliz

En los últimos años mucho se ha hablado de la buena ubicación que tiene la ciudad de Panamá en el denominado ranking de destinos turísticos que manejan algunas revistas internacionales especializadas en el tema. Tan bien ha calado esa noticia, que muchos, en estado casi eufórico, han llegado a pronosticar un inminente ingreso de nuestro país al conglomerado de naciones que integran el Primer Mundo.

A simple vista, pareciera que este entusiasmo contagioso tiene sólidas bases, porque resulta evidente que en algunos sectores el progreso no se ha hecho esperar.   Entre estos, está el de la construcción, que con sus majestuosos proyectos urbanísticos que incluyen modernas torres de apartamentos, hoteles de ensueño, espectaculares centros comerciales y residencias lujosas, no dejan de impresionar a locales y foráneos, aunque se hayan construido, en muchos casos, con total menosprecio de las más elementales normas de protección al entorno, y con una infraestructura de servicios públicos deficiente.

Pese a esa buena impresión que causa la transformación urbana, a algunos de los que vivimos aquí nos sorprende que a la ciudad internacionalmente se le reconozca como una urbe que reúne todos los requisitos para ofrecer gran confort, cuando evidentemente nuestra calidad de vida ha venido desmejorando, como si se tratara de un objeto en caída libre. Para muestra, sobran los botones.

Las dificultades para el desplazamiento vehicular cada vez son más. Los tranques han pasado de ser fastidiosos y de horas pico, a tortuosos y permanentes. Con el colapso reciente de las carreteras de acceso al Puente Centenario, el asunto se complicó.   Para colmo, nuestras calles y avenidas no están siendo vigiladas debidamente por policías y agentes de tránsito, cuya escasez es notoria y generadora de caos.

La basura abunda y su recolección hasta ahora no satisface los requerimientos mínimos. Esto como herencia del que alguna vez bailó por un sueño y hoy nos ha sumergido en una especie de pesadilla de la que queremos despertar a corto plazo.

Y encima, “tras que el ojo llora, le echamos sal”, el agua potable, otrora motivo de orgullo y etiqueta de presentación del país, ahora es escasa, turbia y no apta para el consumo humano. Esta crisis es inaceptable en un país donde abunda el recurso, tanto así, que tenemos un canal interoceánico donde cada barco que lo atraviesa ocasiona el gasto de 50 millones de galones de agua.

Ni hablar de la delincuencia que no cede y que mantiene los índices respectivos muy elevados, considerando el número de habitantes. Todo este panorama me hace dudar de las famosas clasificaciones de las “ciudades maravillosas”. Como dicen por allí, ¿será que en otros lados la cosa está peor?, y que en tierra de ciegos el tuerto es rey, y la ciudad de Panamá es la hermosa tuerta.

No quiero pensar que el marketing de los que promocionan el país en el exterior ha sido tan efectivo y engañoso, que le han metido un golazo a los expertos en destinos turísticos y residenciales. Pero, independientemente de las dudas en torno a las calificaciones otorgadas a nuestra querida capital, lo importante es lograr que se adopten medidas inmediatas para detener la caída en picada de nuestro estándar de vida.

Estas medidas deben contemplar, entre otras cosas, la construcción de calles, viaductos y similares; la adopción de normas que regulen la construcción de edificios; programas de educación ciudadana para la conservación del ornato; vigilancia permanente de nuestra red vial para no dejarla en manos de los conductores, muchos de ellos verdaderos delincuentes del volante; y la inversión en la rehabilitación y mejoramiento de potabilizadoras y acueductos para garantizar el suministro de agua a toda la población.

En conclusión, debemos ganarnos la alta calificación que se nos ha concedido, para entonces ostentar merecidamente el distintivo de ciudad ejemplar.

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Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Turismo religioso, una forma para educar

La opinión de…

Javier A. Arias Real

El pasado fin de semana me fui con mi familia a casa de unos amigos en Taboga, la famosa Isla de las Flores, llena de singular belleza, paradisíacos paisajes, cautivadoras veredas y una majestuosa vista hacia la entrada del Canal, donde no se ven los problemas de falta de agua y recolección de basura que afectan a la capital, y hogar del famoso escritor Bernardo Domínguez Alba, mejor conocido como Rogelio Sinán.  Debe ser por estas y muchas otras razones que la pequeña isla, a solo una hora de la capital, ha inspirado a tantos, como al artista Ricardo Fábrega, autor de la canción Taboga a escribir bellos poemas y melodías.

Pero, como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”.   Nuestra primera sorpresa al llegar a casa fue notar que nos habían visitado los vecinos de lo ajeno, robándose el tanque de gas y otras cosas de la cocina. ¿Por qué haría una persona esto? Tal vez por hambre, dinero, drogadicción o travesuras juveniles.    Cualquiera que sea la razón, indica el nivel de deterioro de nuestra sociedad.

Cuando salimos a caminar por el pueblo para comprar un nuevo tanque de gas, los pobladores nos comentaban que ya se estaban dando muchos robos en la isla.   Lo preocupante de esto es que la inseguridad ya no es solo cosa de la capital y que los ladrones no tienen idea del daño que le hacen a la economía nacional, pues si alejan a los turistas, alejan también una fuente de ingresos para su comunidad.

Otra forma de robo, institucionalizado, es que los precios en la isla están por los cielos. Imagínense que el tanque de gas de 25 libras nos costó $50.00 y la bolsa de 8 panes de hamburguesa nos costó $4.00. Según los comerciantes locales, esto se debe a que el Gobierno les cerró el muelle fiscal, de donde sale toda la carga para las islas del archipiélago, y ahora les cuesta mucho más llevar mercancía a la isla.

En los tres días que estuvimos en la isla vi llegar muchos turistas a recorrer la isla, degustar platos caribeños y a observar aves. Estas atracciones generan empleo para los pequeños hostales, restaurantes y vendedores ambulantes. Pero sin duda alguna, una de las principales y más antiguas atracciones de Taboga es la iglesia de San Pedro, en honor a la Virgen del Carmen, Virgen de los pescadores. En esta acogedora iglesia me tocó recibir la bendición de esta semana y como Panamá es tan pequeña, sentado a nuestro lado en la misa del sábado estaba don Pedro Meilán, director de Acodeco, así que confío en que la entidad a su cargo pueda verificar los precios en la isla para comprobar si se está perjudicando a los comerciantes o si sencillamente éstos están abusando de los turistas.

Para los creyentes es sorprendente ver cómo la palabra de Dios se aplica a nuestra realidad. En la homilía, el diácono nos hablaba de cómo en esta semana celebrábamos el día de la Epifanía o manifestación de Jesús a todas las personas y el día del bautismo o iniciación del caminar hacia Dios, en donde nos ungen con el óleo de los catecúmenos (óleo del camino).

Así como el bautismo debe marcar en nosotros el inicio de nuestro caminar hacia Dios (aunque en el caso de los católicos, somos tan pequeños que recae en nuestros padres y padrinos la misión de guiarnos por el camino de Dios), así mismo el incidente del 9 de enero, que recordamos esta semana, sirvió de inicio para nuestro caminar hacia la soberanía, y provocó en los panameños una manifestación de fervor patriótico.

Por ende, todos debemos hacer un alto y pensar qué estamos haciendo con Panamá y si el sacrificio de nuestros 21 mártires y más de 500 heridos valió la pena. ¿Es el Panamá de hoy el que queremos para nuestros hijos? Estamos permitiendo que el cáncer de la inseguridad y el alto costo de la vida destruyan poblados tan bellos como Taboga.

Al finalizar la homilía, el diácono anunció que se está consiguiendo el apoyo de la pastoral de turismo para remozar la iglesia y que esta pueda ser utilizada para promover el turismo religioso en Taboga, que consiste en informarse y explicar a los turistas toda la riqueza cultural de la historia que encierra esta bella iglesia y el poblado que creció alrededor de ella. Vale la pena que el Gobierno dé seguimiento a esta nueva forma de inversión, que además de ayudar al desarrollo de nuestra cultura, ayuda a que los fieles conozcamos más los orígenes de nuestra iglesia, seamos mejores cristianos y, por ende, mejores ciudadanos panameños. Haciendo iglesia también hacemos patria.

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Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.