Si quieres promover la Paz, protege la Creación

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La opinión del  Obispo Auxiliar de Panamá y Rector de la USMA, Monseñor….
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Pablo Varela Server

La lectura del Documento que recoge “Los Acuerdos de la Concertación Nacional para el Desarrollo”, firmados el 27 de octubre 2007, muestra que la preocupación central conducente del proceso, fue y es la del desarrollo del país. Un desarrollo no sólo económico, sino un desarrollo integral del país y de todo el país; es decir, se trata de un modelo de desarrollo participativo, flexible y abierto, interconectando crecimiento y competitividad con bienestar y equidad, más todas las otras acciones confluyentes.

Al recordarlo, podemos recordar también que llevamos en Panamá prácticamente toda la década con renovada preocupación sobre el modelo de desarrollo económico que necesitamos.   El pasar el Canal Interoceánico a manos panameñas, el continuo crecimiento económico, y una mayor conciencia en toda la sociedad sobre lo intolerable de la situación de persistencia de pobreza y pobreza extrema y todas sus secuelas, han colaborado a que la preocupación llegara a consensos.

El actual Gobierno Nacional también manifiesta tener su concepción del desarrollo y su voluntad de realizar grandes inversiones en nichos bien identificados, que sean generadores de crecimiento y éste permita atacar los problemas sociales, en particular la pobreza y la exclusión.

Desarrollo, su concepción, el modelo, estas preocupaciones son las que le dan un particular interés a nosotros los panameños, la lectura y meditación del Mensaje de su santidad Benedicto XVI, para la XLIII Jornada Mundial de la Paz 2010, celebrándose este 1 de enero: “SI QUIERES PROMOVER LA PAZ, PROTEGE LA CREACIÓN” (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20091208_x- liii-world-day-peace_sp.html).

Dice el papa: “resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.

La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando —ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social— son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres.” (n. 5)

Ya Benedicto XVI se había referido al problema en su Mensaje de enero pasado y mucho más ampliado en su reciente encíclica Caritas in veritate (cfr. n. 32 y otros). También recuerda al respecto, el pensamiento de Juan Pablo II y Pablo VI.

El papa no nos reclama que sea un contrasentido insistir en Panamá en proyectos mineros por una parte, y el ubicar una prioridad de inversiones en el turismo y turismo de calidad, por otra.   Tampoco en cuanto a energías renovables u otros puntos, nos dice sus “soluciones”.   No es su tarea.   Lo que hace es pedirnos e indicarnos el ir al fondo de las cosas; que meditemos y estemos ciertos para quién trabajamos; nuestro pueblo y su dignidad, la educación que imparten nuestras familias y los planes económicos, qué país están construyendo.   Con los pies en la tierra, con nuestras interdependencias internacionales, qué valores encierran nuestros criterios de acción.

El fundamento de la reflexión sobre ecología y desarrollo se encuentra en la concepción cristiana de la creación, nos recuerda el papa.   Decir que Dios es el creador del mundo, no es explicar el mundo, sino decir su sentido, buscar comprenderlo; confesar que, puesto que el mundo es creado por Dios, es don suyo, no puede ser malo ni fruto del azar o una equivocación.   Dios es el creador del don de la creación; pero sólo da las primicias y a nosotros nos toca desarrollar lo recibido.   El hombre es creado creador.   Esta libertad es don de Dios; no arrancado a El.   Dios no nos tiene celos; somos su gloria cuando desarrollamos nuestra corresponsabilidad en el desarrollo del bien recibido.   El hombre está en su casa en la tierra, el cosmos es su hogar.   Por esto no es indiferente que este cosmos, en lugar de ser un reloj ya regulado, sea un mundo donde la invención es la ley de su nacimiento.

Esta tierra es también morada del Logos divino.   Lo es primeramente, desde antes de la fundación del mundo (cfr Ps 77, 2).   La Sabiduría de Dios está ya « interesado » en este mundo de los hombres, en el cual ella se encuentra en su casa tanto como cuando se encuentra en Dios (cfr Pr 8, 30–31).   La tierra es también morada de Dios a título de la Creación (“Por quien todo ha sido hecho”).   La tierra es además morada de Dios a título de la Encarnación (“vino a los suyos”; plantó su tienda entre nosotros –cfr.Jn 1). La tierra es, en fin, morada de la Palabra a título de la Parusía (“Y vendrá en su gloria”).

Hay como un hermoso riesgo que Dios asume antes que nosotros. La libertad es aquí el nervio de las cosas, su razón de ser. El judeocristianismo desfataliza la historia y al mismo ser.  El medio ambiente, el ecosistema, tiene su autonomía, sus leyes, su densidad.  A los hombres, la corresponsabilidad de todos porque nuestro mundo es don para todos y no para unos a costa de otros. Continuar la construcción de un mundo más humano, con el debido respeto a la naturaleza, no es paradoja, es desarrollar ciencia y técnica éticamente, como obras humanas; es construir cohesión social y ser hacedores de paz.  Paz con las cosas, paz entre nosotros.

“No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social.   Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás.” (n. 12).

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Publicado en  1 de enero de 2010  en el diario El Panamá America, y en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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