El piropo, de capa caída

La opinión de….

Alfredo Spiegel Calviño

Hace días, caminé frente a una construcción cuando me dirigía a hacer una diligencia; iba a mi lado una jovencita, de pronto oí a los trabajadores de la citada construcción gritarle “piropos” absurdos y groseros, que rayaban en el acoso sexual.   Por supuesto, la joven salió despavorida, ni siquiera volteó a verlos.

¿Qué pretende un individuo cuando profiere a una mujer esas vejaciones verbales?  ¿De verdad cree que una mujer va a sentirse halagada, homenajeada o a dirigirles siquiera una mirada?  ¿Acaso cree que esa es una táctica de conquista eficaz?

El piropo, “del latín pyropus que a su vez deriva del griego, es una piedra fina de color rojo de fuego, variedad de granate.   También se le llama así al rubí. Del significado literal de la palabra deriva su sentido coloquial como lisonja, requiebro o frase ingeniosa que se lanza a una persona (tradicionalmente a una mujer)  para adularla con el propósito de cortejarla o enamorarla.    Los piropos suelen resaltar la belleza de la mujer o del hombre.

A veces pueden resultar ofensivos y materializar la dominación simbólica masculina. Los piropos pueden llegar a ser tan ingeniosos, pícaros y originales que podrían llegar a ser considerados como un “subgénero popular”.   Pudiéramos definir que la palabra piropo (del griego pyr: fuego y de ops: vista o mirada), puede significar “enviar fuego con la mirada”.

Supongo que un piropo inteligente, respetuoso, elegante o romántico y, sobre todo, espontáneo dirigido a una dama, debe levantarle la autoestima; la puedes hacer sentir linda, deseada y, si no lo espera, la puedes sorprender gratamente.

Recuerdo que en la Escuela Normal de Santiago era muy común que las “normalistas” en su mayoría, tuvieran un “diario” en donde le pedían a los compañeros, amigos y profesores que escribieran un pensamiento o un piropo.   El piropo bien dicho, sin menospreciar a la persona ni caer en la vulgaridad que los muchachos decían o escribían en los diarios de las compañeras, era casi un arte, algunos casi poesía.    Recuerdo como si fuera hoy, el que le escribí a mi novia “normalista” (hoy mi esposa) y que decía: “quisiera ser un mosquito para entrar en tu mosquitero, y decirte al pie del oído, Gloria cuánto te quiero”. ¡Abuelo, así cualquiera cae!, me dicen mis nietas.

Porque piropear con elegancia o con poesía es mucho más bonito, inocente y romántico. El piropo moderno, poco romántico, no deja de ser ingenioso, y uno que oí o leí reza así:  “Quisiera ser computadora para verificar tu sistema”. Es muy probable que algunos echen piropos solo para demostrar su machismo; otros, porque de verdad quieren mostrar su interés por la mujer y sus sentimientos.

El piropo, ese arte español por excelencia, está de “capa caída” y hasta se le acusa de machista. La iniciativa partía siempre del hombre, pero hoy parece que también pertenece a ellas. Lo cierto es que el piropo no es nada más que la expresión del sentimiento espontáneo, que generalmente busca halagar o hacer sentir a una persona hermosa y apreciada. Muchas veces puede ser primer paso de una relación amorosa.

<>Artículo publicado el 3  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hablemos de cortesía

La opinión de….

Alfredo Spiegel Calviño

Cierta personalidad subió a un transporte público y quedó extrañado de la exquisita cortesía que demostró tener el conductor del vehículo. Y su asombro fue todavía mayor, cuando vio que todos los pasajeros se comportaban de la misma manera. Queriendo conocer el motivo que lo impulsaba a ser tan atento, se dirigió al hombre y le dijo: “Dispense mi curiosidad, pero me gustaría saber la causa por la cual usted emplea maneras tan gentiles con el público”.

El conductor contestó: “Pues, verá usted, hace unos cinco años leí en un periódico que alguien había legado una fortuna a un extraño por el único hecho de ser cortés.   Desde entonces comencé a tratar a los pasajeros de la mejor forma posible. Y lo curioso es que ello me produce tanta satisfacción que ya no me importa heredar o no una fortuna”.

El Diccionario de la Real Academia define cortesía como “demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene una persona a otra”.

¡Qué gusto da cuando llegas a la puerta de un local comercial, escolar o de las oficinas públicas y, por el solo hecho de ser adulto, los jóvenes, los estudiantes, las personas ceden el paso amablemente! Es una expresión de civilización, de respeto.

¿Es tan difícil regalar una sonrisa, una palabra amable, un mínimo de buenas maneras? ¿Sabes lo mal que nos sentimos cuando somos atendidos de mala forma? ¿Nunca han estado del otro lado?   El que juega vivo, el que se cuela, el que le quita el estacionamiento o el que tira por el suelo papeles y latas vacías denota, a los ojos de todos, indignidad.   No deja de ser un pobre hombre.

Las señales de buena educación, tales como saludar al acceder a un establecimiento, dejar salir antes de entrar, sujetar la puerta al que va detrás de nosotros, despedirse al salir, pedir las cosas por favor y agradecerlas, ceder el asiento a las personas mayores o con impedimentos físicos, no masticar chicle mientras se habla, etc., denotan respeto a los demás, cortesía y buenos modales.

Recuerdo las clases de urbanidad y buenas costumbres que recibíamos en la escuela; además, a las jóvenes les enseñaban “manualidades y educación para el hogar”. Hoy, tengo entendido, estas materias han desaparecido del currículum escolar, pero la educación no solo se da en la escuela, se educa en el hogar.

Las buenas maneras hablan de la formación que hemos recibido en nuestros hogares y, muchas veces, quedará claro que tristemente no hacemos honor a la que recibimos de nuestros padres. No se puede generalizar, pero el irrespeto y las palabras gruesas que han ingresado en el léxico de la juventud dejan mucho que desear. ¿Qué decir del chatear y hablar por celular en la mesa, el cine, en una reunión o iglesia?

Como dijo un educador: “Hasta los progresos de la ciencia conspiran para suprimir los últimos vestigios de la urbanidad, pensemos en los altoparlantes actuales que deberían más bien llamarse ‘altoaullantes’. ¿No es todo esto una demostración de que la vulgaridad ha entrado a formar parte de las costumbres actuales?”. Definitivamente la vida era más sencilla sin celular.

Podemos aplicar, también, normas de cortesía en los automovilistas. Con muchísima frecuencia, al cambiar a la luz roja, vemos como algunos conductores se la “roban”, otros no se detienen antes de la raya blanca, impidiendo totalmente el cruce de peatones. En otros países, aun sin la luz roja, los vehículos se detienen para que el transeúnte cruce la calle a salvo. Y “ojo” si vas detrás de un taxi, pueden parar en media calle o avenida, en cualquier momento y sin ningún aviso, para bajar o recoger pasajeros, amén de los gritos, insultos, bocinazos, gestos vulgares entre conductores y/o peatones, la distracción cuando manejan al hablar por celular, etc. Innumerable sería la lista de faltas de cortesía en el manejo.

Y es que hay que entender que estas faltas de cortesía pueden tener graves consecuencias, porque tener un vehículo es como poseer un arma letal. Es un arma con la cual podemos quitarle la vida a cualquiera. Las leyes existen, si llegas a atropellar a una persona eso se considera un atentado a la vida que, fácilmente, te puede costar un par de años en la cárcel. Pero aquí, generalmente, no le pasa nada al conductor imprudente, pero al peatón imprudente, le puede costar la vida.

En 1956 el papa Pío XII exhortaba así a los automovilistas: “No olvidéis respetar a los usuarios de la carretera, observar la cortesía y la lealtad con los otros pilotos y peatones, y mostrarles vuestro carácter servicial. Gloriaos de saber dominar la impaciencia, con frecuencia muy natural, sacrificando a veces un poco de vuestro sentido del honor, para hacer triunfar esa gentileza que es signo de verdadera caridad. Así no solo podréis evitar accidentes desagradables, sino que contribuiréis a hacer del automóvil un instrumento incluso más útil para vosotros y para los demás, y capaz de ofreceros un placer de más alto nivel”.

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Este artículo se publico el 28 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El ruido ambiental

La opinión de…..

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Alfredo Spiegel Calviño


El ruido representa un importante problema ambiental para el hombre. Desde tiempos pasados en el Imperio Romano ya existían reglas relativas al ruido emitido por las ruedas de los carros. En la Europa medieval se prohibió el uso de los carruajes en ciertas ciudades durante la noche, con el fin de asegurar un sueño tranquilo a sus habitantes.

Sin embargo, el problema del ruido del pasado no es nada comparado con lo que es en la actualidad, y en comparación con otros contaminantes del medio ambiente. El control de ruido no es del todo suficiente en muchos casos, ni el conocimiento de los efectos nocivos que conlleva la exposición a él. Según la Organización Mundial de la Salud, “el ruido actúa a través del órgano del oído sobre los sistemas nerviosos central y autónomo. Cuando el estímulo sobrepasa determinados límites, se produce sordera y efectos patológicos en ambos sistemas, tanto instantáneos como diferidos. A niveles mucho mayores, el ruido produce malestar y dificulta o impide la atención, la comunicación, la concentración, el descanso y el sueño”.

En Panamá, el Decreto Ejecutivo No. 1 del 15 de enero de 2004 establece un máximo permitido de ruido de 60 decibeles en las horas diurnas y de 50 decibeles en las horas nocturnas. Y el Ministerio de Salud es el responsable de su cumplimiento.

Una investigación de la Universidad de Panamá detectó 74 decibeles de ruido en varias zonas de la capital, una cifra que aumenta en las horas pico del tráfico vehicular. Mientras que la Unidad Sanitaria del Ambiente del Ministerio de Salud ha detectado un nivel promedio de medición de 84.9 decibeles.

La intensidad de los sonidos se mide a través de un aparato llamado decibelímetro. Unos ejemplos de la intensidad de los sonidos son: 50 decibeles son los que produce una plática normal entre dos personas; 80 decibeles es el ruido ocasionado por una aspiradora (daño auditivo en ocho horas continuas); 110 decibeles es ocasionado por un concierto de rock (conversación imposible); 120 decibeles mide el sonido del despegue de un jet (máximo esfuerzo vocal, umbral del dolor).

De una forma general, el ruido se asocia con la idea de un sonido molesto –bien por su incoherencia, por su volumen o por ambas cosas a la vez– y me imagino que todos hemos sufrido o pasado por esa experiencia en salones generalmente cerrados (y no hablemos de discotecas).

En celebraciones de 15 años, bodas, bailes populares, etc., los sonidos de las orquestas, conjuntos o disco muy altos se tornan desagradables o insoportables, y si le toca sentarse al frente de una bocina, corre el riesgo de quedar sordo o afónico, a menos que haga como yo y opte por irse del salón. Sin embargo, a los jóvenes parece que les encanta la bulla. Creo que se está creando una juventud sorda. O será como me dicen mis nietos: “Abuelo, estás fuera de onda…”.

Lo cierto, según mi entender, es que en ocasiones podemos ser a la vez la causa y la víctima del ruido. Hay oportunidades en las que sufrimos el ruido generado por otras personas, al igual que sucede con el humo del cigarrillo. Aunque en ambos casos el ruido es igualmente perjudicial, el ruido ajeno es más problemático porque tiene un impacto negativo, sin nuestro consentimiento.

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Este artículo se publicó el  13  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Casi silenciosamente…

La opinión de…..

Alfredo Spiegel Calviño

Conozco a varias personas, empresas y clubes cívicos que casi silenciosamente, sin alarde y sin mucho “cacareo”, han ejecutado obras en beneficio de comunidades, escuelas y centros de salud, sin esperar reconocimiento alguno, simplemente por la satisfacción de hacer el bien sin mirar a quién.

Y solo voy a citar dos ejemplos: En la comunidad de Aguacatal, en el corregimiento de David, hay todavía un gran letrero en el que se resalta la construcción de un aula adyacente a la escuela, ejecutada hace dos años por el gobierno anterior, “con plata del Canal”, por un monto de B/. 44,338.88 y que no ha sido ocupada por temor a que sea vandalizada, porque carece de seguridad. Pero la escuela en general se encontraba en un estado de escandaloso deterioro.

El Dr. Luis R. Arias, quien desarrolla un proyecto habitacional cerca de esa comunidad, se percató del mal estado de la escuela y decidió –con el debido permiso–, no solo arreglar el comedor, cocina, baños, el techo y pintura de toda la escuela, sino que construyó un aula adicional similar a la que el Gobierno hizo, una oficina a la directora e instaló aparatos de aire acondicionado, y la debida seguridad de puertas y ventanas. ¡Quedó como nueva! ¿Por cuánto fue la donación?, me relata el Dr. Arias que cerca de B/.35,000. Y el resultado de la inversión sí se nota.

El otro ejemplo es del Club Rotario de David, que al igual que todos los clubes rotarios del país y otros clubes de servicio, hacemos innumerables obras sin esperar nada a cambio.

De los muchos proyectos ejecutados este año, el más reciente fue la instalación de 20 filtros de agua (proyecto piloto para Panamá), en escuelas, centros de salud y casas comunitarias en las comunidades indígenas de Chamí (tres), Chichica (seis) y Soloy (seis). Faltan cinco por instalar. Esto gracias a una donación de los clubes rotarios de Kansas, Estados Unidos, en alianza con la organización internacional Heart to Heart; y cinco rotarios de diferentes clubes de Kansas que vinieron a orientarnos en su instalación.

A través de los clubes rotarios y Heart to Heart International, en Guatemala se han instalado más de 46 mil de estos filtros. El costo de los filtros “biológicos de arena” es de B/. 110 cada uno puestos aquí; son de plástico y sencillísimos de instalar, su duración se estima en hasta 25 años, sin necesidad de ningún tipo de mantenimiento. Después de una o tres semanas, el agua filtrada será segura para beber; las pruebas indican que alrededor del 99% de los microbios y contaminantes se eliminan. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año los 4 mil millones de casos de diarrea que se registran, además de los millones de otros casos de enfermedades, tienen que ver con la falta de acceso al agua apta para el consumo humano.

Anualmente, 1.7 millón de personas muere a causa de la diarrea, la mayoría niños menores de cinco años. Con estas alarmantes cifras está de más señalar la importancia de la utilización de filtros biológicos de arena que purifican el agua sucia para hacerla potable. Son muy útiles, tanto en las áreas rurales como en las urbanas que carecen de agua potable segura. La Universidad de Calgary, Canadá, desarrolló un innovador plan de bajo costo para la construcción de estos filtros en hormigón. (Para más detalles y construirse su propio filtro pueden ingresar en internet a: www. filtros biológicos de arena).

Así como estos dos ejemplos, podemos citar y estoy seguro de que ustedes también conocen de muchísimas obras, algunas veces anónimas, en beneficio de comunidades y personas necesitadas. Aunque, como bien reza una máxima rotaria “dar de sí antes de pensar en sí”, para algunas organizaciones puede ser conveniente –sin grandes cartelones–, “cacarear” el hecho para lograr el apoyo y donaciones de la ciudadanía con mayores recursos para poder continuar con estas obras, porque al final como decimos los rotarios, “se beneficia más el que mejor sirve”.

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Este artículo se publicó el  15  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Se justifica la propaganda estatal?

La opinión de….

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Alfredo Spiegel Calviño


Hemos leído que el Gobierno, según la Secretaría de Comunicación del Estado, tiene previsto invertir 22 millones de balboas en publicidad este año y pregunto: ¿se justifica cualquier erogación para tratar de convencer a la ciudadanía de que las acciones del Gobierno han sido beneficiosas para el pueblo?

Siempre me he preguntado: ¿por qué el Gobierno debe hacerse propaganda o el Banco Nacional o la Caja de Ahorros o cualquiera institución del Estado? ¿Será para comprar a los medios de comunicación? Si la ejecutoria del Gobierno es buena, la propaganda será completamente gratis, pues siempre será noticia. Ahora, si el Gobierno solo quiere oír alabanzas y lisonjas, definitivamente que tendrá que pagar ¡con nuestros impuestos!, claro.

Aprovecho y hago un paréntesis para felicitar a La Prensa por cumplir lo que predica al no aceptar la publicidad estatal por contratos directos. Como sus directivos lo expresaron: “si aceptáramos negociar una contratación directa, iríamos en contra de lo que profesamos”.

Se entiende, perfectamente, que el pagar impuestos sugiere que quienes más tienen deben aportar en mayor medida al financiamiento estatal para consagrar el principio constitucional de equidad y el principio social de solidaridad.

“El impuesto es una clase de tributo (obligaciones, generalmente, pecuniarias en favor del acreedor tributario) regido por derecho público. Se caracteriza por no requerir una contraprestación directa o determinada por parte de la administración (acreedor tributario). Surge, exclusivamente, por la “potestad tributaria del Estado”, principalmente con el objeto de financiar sus gastos. Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y/o empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras, sin los impuestos el Estado no podría funcionar, porque no tendría dinero para pagar a los funcionarios, el transporte, etc.

Sin embargo, esto no siempre es tenido en cuenta al imponer impuestos u otra clase de tributos debido a que se priorizan otras causas, como pueden ser las de aumentar la recaudación o disuadir la compra de determinado producto o fomentar o desalentar determinadas actividades económicas.

Entre las reformas tributarias que el Ejecutivo presentó a la Asamblea Nacional está el aumento del 5% al 7% del impuesto de transferencia de bienes muebles y servicios. Aunque el Gobierno diga que se dará una rebaja sustancial en el impuesto sobre la renta, al final todos quedaremos pagando el aumento del 2%. Según los entendidos en la materia, toda la población se verá afectada con este incremento. Se estima en 200 millones de balboas la recaudación por el aumento adicional del 2% del ITBMS.

Yo estaría de acuerdo si el aumento de impuestos se diera en los cigarrillos y el licor, porque no son una necesidad y se podrían clasificar como artículos de lujo. Con ello sí se aplicaría el concepto de que el que más tiene o le sobra pagaría más impuestos, ya que al elevar el precio de estos productos, los de menos recursos se verán disuadidos de su compra y, al final, tal vez la recaudación sería mayor. Al mismo tiempo, si el Estado decidiera no gastar 22 millones de balboas en propaganda estatal, se obtendría una ganancia adicional que le evitaría al pueblo asumir el incremento del 2% en el ITBMS.

El argumento que dan es que en otros países el impuesto similar al ITBMS es del 15% o más, y que porque aquí es menos, debemos agradecer y consolarnos… pero como bien dice la sabiduría popular: “mal de muchos, consuelo de tontos”.

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Artículo publicado el 12 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Género no es igual que sexo

La opinión de…..

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Alfredo Spiegel Calviño


Incursionar en un tema en que no se es experto puede ser una osadía, pero me he permitido esa licencia porque no sé si le han prestado atención a los noticieros, especialmente a los reporteros de las televisoras que repiten hasta el cansancio la frase: “en lo que es”.   Es frecuente escuchar: lo impactaron cuatro balazos “en lo que es” su anatomía; colisionaron dos buses “en lo que es” la calle 50, etc. y, lógicamente, las noticias siempre salpicadas de sangre y tragedia, por suerte, las televisoras “dizque” se imponen una autocensura en las imágenes, pero también lo deben hacer con el idioma.

Y parece que la frasecita es pegajosa (esa y otras), porque ya la oyes por todos lados y en cualquier canal, al igual que “habemos” y “hace años atrás”… Se dice “años atrás” o “hace años”, pero no las dos palabras “hace” y “atrás”. Otra frasecita de moda es “mas, sin embargo” que como la anterior es una repetición sin sentido, al igual que en la de género, que no es igual que sexo.

Así, por ejemplo, es frecuente escuchar “los ciudadanos y las ciudadanas”, “los socios y las socias”. Arturo Pérez Reverte, miembro de la Real Academia, dice que esas piruetas lingüísticas son innecesarias y resulta empobrecedor, artificioso y ridículo. Se admite, por ejemplo, “ella es el miembro (o la miembro); “ella es la presidente”; pero “miembra” o presidenta” no se recomienda.

Las personas no tenemos género, tenemos sexo.   El género es propiedad de los nombres y de los pronombres que tienen carácter inherentes y produce efecto en la concordancia con los adjetivos y no siempre relacionados con el sexo biológico.   Como dijo Churchill: “personalmente estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones”,   pero es que la utilización redundante del masculino y el femenino, según la Academia de la Lengua, es un circunloquio (rodeo de palabras o abundancia de explicaciones para expresar algo) innecesario.

Según Francisco Rodríguez Adrados, de las reales academias españolas de la Lengua y de la Historia, junto al machismo que subordina todo al ser macho, han creado el hembrismo. Y han olvidado lo central, el ser hombre, en sus dos vertientes. Y agrega que es estúpidamente incorrecto decir “todos y todas”, “compañeros y compañeras”, etcétera, es tonto e inútil, destroza la economía del lenguaje. Añade que es más económico, cuando, por ejemplo, se traduce del Evangelio: “Dejad que los niños se acerquen a mí”, se entiende que se refiere a los niños de ambos sexos.

En la actualidad es muy conocido por los usuarios de informática en la dirección de correo electrónico la arroba @, que es en realidad una unidad de masa. Una arroba equivale a la cuarta parte de un quintal (es decir 25 libras, o 11.5 kg), pero no es una letra, como la utilizan algunos al escribir por ejemplo “l@s niñ@s”, o el día del “niñ@”, para implicar los sexos masculino y femenino.

Según los entendidos, el criterio básico de cualquier lengua es la economía y simplificación. Obtener máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo en cuatro palabras lo que se puede decir en dos. Y el anterior ejemplo no economiza ni simplifica, simplemente porque @, como lo explicamos, no es una letra.

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Publicado el 23 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito de les corresponde.

Reformas al Código Electoral

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La opinión de….

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Alfredo Spiegel Calviño

He leído con agrado en la prensa, que la alianza de los partidos de gobierno propone instaurar la segunda vuelta electoral, si ningún candidato presidencial obtiene el 50% de los votos. En mi opinión, la segunda vuelta permitiría el reagrupamiento de las fuerzas políticas, obligaría a negociar un entendimiento y canalizaría las fuerzas electorales de tal modo que se lograría un gobierno con una sólida base electoral necesaria para ejercer el poder.

Parece que la oposición no es indiferente a la propuesta oficialista de la segunda vuelta. Algunos opinan que la segunda vuelta sólo beneficiaría a los partidos con mayores recursos, y miembros del opositor PRD, que siempre se han opuesto a una segunda vuelta, condicionan que se establezca un porcentaje base menor al 50%. ¡Ojo! Y es que el sentido de una segunda vuelta consiste en que, para llegar al cargo público que corresponda, es necesario obtener más del 50%, o sea, la mitad más uno de los sufragios válidos.  De lo contrario, podría ocurrir como en Nicaragua que Daniel Ortega, con la mayoría votando “contra” él,  ganó con un apoyo minoritario de la población, ya que en Nicaragua se puede ganar la Presidencia de la República con tan sólo el 35% de los votos.   Es una de las varias reformas electorales que se fraguaron en el pacto Ortega-Alemán de 1999. Anteriormente era necesario el 45% para llegar a la Presidencia.

Entre otras propuestas presentadas por los partidos para las reformas al Código Electoral están la de que los gobernadores sean electos por votación popular, además de prohibir la revocatoria de mandato y recortar la veda para la reelección presidencial de 10 a 5 años.

Si nuestro sistema de gobierno fuese  federalista, que es aquel que está compuesto por estados particulares, cuyos poderes regionales gozan de autonomía e incluso soberanía en importantes aspectos de la política interna,   sería ideal la elección por votación popular de los gobernadores; pero con el sistema centralista actual, en mi opinión no tiene sentido esta propuesta.

De la reelección presidencial, veamos por ejemplo que, en Latinoamérica, en cinco países se permite la reelección consecutiva (Argentina, Brasil, República Dominicana, Nicaragua y Venezuela); en otros cinco se permite la reelección después de dejar pasar un periodo (Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Uruguay); y en seis está prohibida totalmente (Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y El Salvador).  En Costa Rica no había reelección desde 1970 hasta que la Sala Constitucional revocó, el 4 de abril de 2003, una reforma a la Constitución de 1969 que prohibía la reelección presidencial.   Solo en Panamá se permite dejando pasar dos periodos consecutivos. Lo que me parece saludable para nuestra todavía incipiente democracia.

Me imagino que ante la Comisión Nacional de Reformas Electorales, que será instalada el día 14 de enero de 2010, compuesta por representantes de todos los partidos políticos legalmente constituidos, de la sociedad civil y los magistrados del Tribunal Electoral, seguramente se multiplicarán las propuestas. Entre ellas sugiero la prohibición taxativa de utilizar el tricolor nacional y/o símbolos patrios en las banderolas y distintivos de los partidos políticos.

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Publicado el 4  de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.