La Navidad y el fetichismo de la mercancía

La opinión de…

 

Diógenes Sánchez Pérez

“Jesús eligió para nacer, un desierto subtropical donde jamás ha nevado, pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la Navidad desde que Europa decidió europeizar a Jesús. Y para más inri, el nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que más dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo”.    Con esta reflexión Eduardo Galeano, en El Libro de los Abrazos, nos presenta las contradicciones que se han venido generando con las festividades de la Navidad.

La natividad, considerada una de las fiestas más importantes del cristianismo, tiene sus orígenes en una fiesta originalmente creada por el paganismo babilónico, que después fue incorporada al sincretismo religioso del imperio romano y que celebraba el 25 de diciembre las festividades del solsticio de invierno en honor al dios Saturno. Sin embargo, nuestro propósito no es hacer un recuento histórico–crítico de la natividad, sino analizar las nuevas modalidades que ha ido adoptando esta festividad en las sociedades de consumo.

Al preguntar sobre ¿cuál es el significado más importante de la Navidad?, la mayoría de las personas tiende a dar dos respuestas: unas decían: “celebrar el nacimiento del niño Jesús” y otras que su verdadero significado es “compartir con los que menos tienen”.   Sobre el primer significado hay imprecisiones cronológicas, geográficas e históricas que dificultan reconstruir el escenario del nacimiento de Cristo, por lo que no nos detendremos en este punto (algunos lo ubican entre abril y mayo, otros entre septiembre y octubre).

El segundo caso tiene más implicaciones de carácter sociológico y es lo que más nos interesa. En este caso se apela a la virtud teologal de la caridad, (es mejor dar que recibir), pero, ¿qué hay detrás de este llamado a la virtud o sentimiento de compartir, en las sociedades de consumo como la panameña?   A nuestro juicio,   al frío cálculo de la ganancia y de la rentabilidad de las empresas, que responden a la lógica del capitalismo mercantil, que ha ido fetichizando la Navidad, convirtiéndola en una fiesta banal.

No es que deseemos convertirnos en El Grinch de la Navidad, pero sí desenmascarar toda la parafernalia que se oculta detrás de estas festividades, convirtiendo a Santa Claus en un verdadero símbolo de consumo y despilfarro.

Los mayores beneficiados de este consumismo desenfrenado son las grandes trasnacionales y sus franquicias que controlan este mercado. Empresas como: Mattel, Hasbro, Fisher Price entre otras, son los mayores apologetas que explotan el sentimiento lúdico de los niños y obtienen millonarias ganancias para esta época, en la que los juguetes de armas son los de mayores ventas.

La Navidad panameña sociológicamente considerada, confirma la tesis de Marx sobre el fetichismo de la mercancía, según la cuál estas adquieren entidad real, sustituyendo a los seres humanos que las producen, es la cosificación del hombre. La Navidad convertida en una competencia de marketing en la que se “regala felicidad”, incita a la compra compulsiva y mercantiliza las relaciones sociales entre los seres humanos. La felicidad no se puede calcular en base a la cantidad de regalos recibidos, pero esta es la falsa idea que vende la Navidad comercial.

Jesús apostó por su muerte y no por su nacimiento, hizo de su muerte un compromiso entre él y los hombres. El fetichismo de la mercancía también confirma la tesis de la degeneración de la religión en el capitalismo, bajo el signo de la mercancía, en la que papa Noel se presenta como el gran mercader y regalón, borrando el mensaje humanista que es el que debe prevalecer.

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<> Este artículo se publicó el 24 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Panamá, Centroamérica y el Parlacen

 

La opinión de…

 

Diógenes Sánchez P.

Con frecuencia los centroamericanos se preguntan si ¿Panamá pertenece a Centroamérica? La pregunta no es casual, parte de la historiografía centroamericana no incluye a Panamá en sus estudios y cuando lo hacen lo designan “Centroamérica y Panamá”. La explicación data de la época colonial, cuando Panamá formó parte del Virreinato del Perú y de la Nueva Granada después. En cambio, Centroamérica formó parte de la Capitanía General de Guatemala. Al librarse las luchas independentistas, Centroamérica (Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) declara su independencia el 15 de septiembre, a excepción de Panamá que lo hace el 28 de noviembre de 1821.

Pero el peso histórico de nuestras relaciones con Suramérica y la mítica figura de Bolívar influyen en nuestra determinación de formar parte de la Gran Colombia. Centroamérica por el contrario, conformó La Federación Centroamericana impulsada por Francisco Morazán. Pronto surgieron los regionalismos, y los intereses oligárquicos, provocando la fragmentación de la Federación Centroamericana y La Gran Colombia. Pese a ello, Panamá se mantuvo unida a Nueva Granada, llamada más tarde República de Colombia. Pero las constantes guerras civiles, el centralismo colombiano y fundamentalmente el rechazo del tratado Herrán-Hay, estimularon nuestra separación en 1903. No obstante, nuestra separación estuvo mediatizada por Estados Unidos, lo que impidió que Panamá definiera una política estratégica de integración y de relaciones diplomáticas con otras regiones.

Posteriores investigaciones planteaban que, “Panamá arqueológica e históricamente pertenece al noreste suramericano”, argumento que dominó toda la política exterior de Panamá hasta la década de 1950. Hasta la década de 1960, el 90% de nuestras relaciones diplomáticas era solo con Estados Unidos. Múltiples invitaciones nos hicieron lo países centroamericanos, para formar parte de la Organización de Estados Centroamericanos, pero Panamá se mantuvo distante. En la década de 1970, nuestras relaciones internacionales dan un giro y Panamá se integra a Centroamérica como una estrategia diplomática para buscar su respaldo en la lucha por la recuperación del Canal. En la década de 1980, Panamá participa del Grupo de Contadora para buscar la paz en Centroamérica. En 1991 Panamá se incorpora al Sistema de Integración Centroamericano que estableció, como objetivo fundamental, “la integración de Centroamérica, para constituirla en una región de paz, libertad, democracia y desarrollo”. Luego entra a formar parte del Parlacen y, en 1993, Panamá suscribe el tratado y sus protocolos. El Parlacen es un instrumento jurídico de integración política necesaria para la región. Plantearnos hoy la salida del mismo, es un craso error, de estrategia diplomática y de escasa visión política. El mismo requiere, profundas reformas de carácter organizacional y funcional que permita una auténtica integración regional. Acusar al Parlacen de “guarida de corruptos” es un argumento contraproducente. ¿No podríamos pensar lo mismo de la Asamblea o la Corte Suprema? Panamá debe contribuir y no destruir nuestros lasos con la región. ¡Ojalá sea la reflexión, la mesura y el espíritu integracionista el que prevalezca!

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<> Este artículo se publicó el 28  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.