Cuidemos a la gallinita de los huevos de oro

La opinión del Ex Embajador de Panamá en Estados Unidos….

 

EDUARDO  MORGAN
eduardo.morgan@morimor.com

En septiembre de 1996, fui nombrado Embajador de nuestro país en E.U. Eran tiempos cruciales para las relaciones diplomáticas ya que se acercaba el fin de la presencia norteamericana en Panamá. Había tensión por las imputaciones de que nuestro país no hacía lo suficiente para combatir el tráfico de drogas y el lavado de dinero. Mi labor consistiría en evitar que tan infundadas acusaciones permearan a la opinión pública estadounidense y que la presión de ésta contra Panamá afectara el cumplimiento de los tratados Torrijos-Carter.

En E.U. la opinión pública está liderizada por sus grandes diarios, principalmente el New York Times y el Washington Post, que se caracterizan por el manejo responsable de la noticia, cuyos análisis y comentarios están a cargo de connotados periodistas y columnistas, entre ellos algunos laureados incluso con el premio Nobel.

En esos años a E.U. le preocupaba la droga y el lavado de dinero y para controlarlo extendían su influencia al resto del mundo. El instrumento usado era la famosa ‘Certificación’, un análisis anual de la cooperación de los países en el control del tráfico y el lavado, para lo cual sus embajadas contaban con funcionarios de instituciones involucradas en el control y persecución de ese flagelo, tales como la DEA, el FBI y Aduanas, entre otras. Mi primera experiencia en Washington fue acompañar a nuestro Canciller y al Director Ejecutivo del Consejo de Seguridad a una reunión con Robert Gelbard, Subsecretario de Estado, funcionario encargado de la temible ‘Certificación’. En esa reunión me percaté del desprecio que Gelbard sentía por Panamá y la rudeza, por no decir grosería, de su trato a dos importantes funcionarios del gobierno panameño. La misión de Gelbard era liquidar a Panamá como centro financiero y darle un golpe de gracia a la Zona Libre de Colón, y a los servicios internacionales que prestan los abogados.  De acuerdo con la certificación de 1996, Panamá era una gran lavandería para los narcos mejicanos. La industria de la construcción, bancos y sociedades anónimas estaban involucrados en la actividad y el premio mayor se lo ganaba la Zona Libre, un centro de lavado de Dinero por derecho propio (‘The Colon Free Zone (CFZ) is a money laundering center in its own right’). Según el informe, en Panamá se lavaban, solo de traficantes mejicanos $10 billones anuales, afirmación absurda por ser imposible que un país con menos de 7 billones de dólares de PIB ‘lavara’ 10 billones sin que se afectara la economía.

Yo conocía muy bien nuestro sistema de sociedades anónimas; la obligación del abogado de conocer al cliente; los estrictos controles de los bancos para evitar el lavado de dinero, y las disposiciones adoptadas en la Zona Libre para el control del efectivo, por lo que antes de que se publicara la nueva ‘certificación’ escribí a Gelbard una extensa carta en la cual hice hincapié en el absurdo de los 10 billones y de las otras afirmaciones contra nuestra economía de servicios, las cuales no tenían sustento alguno en el documento. Lo conminé a que las sustentara, cosa que nunca hizo.

Hago alusión a esta experiencia con motivo de las afirmaciones de la embajada de E.U. sobre el lavado de dinero de la droga en el aeropuerto de Tocumen.  Es absurdo pensar que los viajeros que proceden principalmente del Caribe, Sur y Centro América vienen cargados de dinero de la droga porque los $600 billones que genera el negocio se producen en los sitios en que esa droga se consume, o sea, en E.U.  El camino del efectivo es de norte a sur: de E.U. a Colombia, Bolivia, Perú, etc..; los narcos no son tan brutos como para trasladar por avión de un aeropuerto norteamericano (con estrictos controles) grandes cantidades de efectivo. Los dólares de la droga se utilizan para la importación y exportación de productos. Existe el llamado mercado negro de pesos colombianos y la compra en efectivo de artículos movibles, como automóviles y helicópteros. Esto está documentado en la web de FINCEN, agencia del gobierno de E.U. Nuestro hub-aéreo no es diferente del de Londres o Ámsterdam, como tampoco lo son las tiendas libres de impuestos que manejan empresarios exitosos dedicados a ese negocio desde hace mucho tiempo.

No creo que la intención de E.U. sea que eliminemos el hub de COPA para que el aeropuerto de Panamá no siga compitiendo con Miami. Resulta claro que los norteamericanos están sorprendidos por lo extraordinariamente bien que Panamá ha manejado el Canal; por nuestro centro financiero; por nuestro grado de inversión; por nuestro crecimiento económico, por el desarrollo de los puertos (que también los quisieron para Bechtel, al igual que la ampliación del Canal), por la Ciudad del Saber, y ahora, Tocumen. Es seguro que esos comentarios, y particularmente la referencia al Ministro de Turismo, es una glosa sin mayor sustento, lo que aquí llamaríamos bochinche, ahora globalizado gracias a Wikileaks. Si existiera alguna evidencia creíble ya habrían presionado al gobierno para su remoción mediante una advertencia a nuestro Presidente para ponerlo al tanto, sobre todo cuando son claros en afirmar que nada involucra al Presidente en el lavado de dinero.

Debemos estar alertas y cuidar nuestro Tocumen y los miles de empleos que genera. No cometamos el error de aceptarles convenios, supuestamente de seguridad, que pudieran arruinar el hub de Panamá y los ingentes beneficios que produce a la economía panameña.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 21 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Carlos Andrés Pérez y los Tratados Torrijos-Carter

La opinión de…

 

Eduardo Morgan Jr.

Carlos Andrés Pérez fue uno de los venezolanos que heredaron el espíritu de Simón Bolívar. Su vida, tal como ha sido resumida en la prensa mundial con motivo de su fallecimiento a los 88 años, fue una lucha constante por la democracia y la libertad en Venezuela y en el resto de América Latina. Panamá es vivo ejemplo de esa lucha al haber recibido su apoyo sustancial y militante en las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter.

Conocí a CAP en mi primer viaje a Venezuela en el verano de 1970. En ese entonces él era el secretario general del Acción Democrática, poderoso partido en oposición. Fue un encuentro breve,  en un almuerzo campestre en casa de uno de sus mejores amigos, quien era mi anfitrión en ese mi primer viaje a Caracas.

A las pocas semanas mi amigo me avisa que Carlos Andrés pasará por Panamá rumbo a Costa Rica, a la toma de posesión de don Pepe Figueres programada para el 8 de mayo y me pide que lo atienda en los dos días que estará en Panamá.   Esa coyuntura inesperada permitió que pasara dos días inolvidables con un genio de la política y un creyente en la superación del ser humano.

Carlos Andrés contaba con muy buenos amigos en Panamá donde había estado exiliado (entre ellos Carlos Iván Zúñiga y Diógenes de la Rosa).    Los dos días los aprovechó para interrogarme a fondo sobre Panamá y sobre el general Omar Torrijos,  del cual sabía éramos buenos amigos.    Durante un paseo que dimos por el área del Canal –entonces bajo jurisdicción norteamericana– al regresar a la ciudad y mientras descendíamos por el puente de las Américas, bajo uno de esos chaparrones tan comunes en mayo, me hizo la siguiente reflexión: “Mientras la Zona del Canal exista bajo la jurisdicción norteamericana, Panamá no habrá perfeccionado su independencia”.   Mi comentario fue darle vehementemente la razón y decirle que la única forma de lograrlo era con la ayuda de los países hermanos.

A los pocos meses, en septiembre u octubre de ese año, me llamó mi amigo y me dijo que Carlos Andrés necesitaba verme en persona, urgentemente, y me rogó que tomase el próximo avión a Caracas.    Carlos Andrés me explicó que me quería ver para entregarme una carta para don Pepe Figueres, presidente de Costa Rica, pues se había enterado que se estaban formando guerrillas contra Panamá en suelo costarricense.    Me dijo que por su relación con el presidente Figueres habían involucrado su nombre y él quería que don Pepe recibiera una carta personal suya desmintiéndolo. Además, me recalcó que él no gustaba de los regímenes militares, pero que Omar Torrijos le parecía un militar diferente y que a Panamá no le convenía el regreso de Arnulfo Arias al poder.

En un sobre abierto me entregó la carta dirigida a Figueres y al día siguiente regresé a Panamá y le comuniqué a Omar Torrijos las novedades.   Le resumí la carta que, en lo medular, desligaba a Carlos Andrés de cualquier acción contra Panamá y le recomendaba hacer lo mismo a don Pepe.   Al día siguiente viajé a San José y entregué la carta a don Pepe en un acto que había en el Teatro Nacional.   Al leerla me dijo que al día siguiente me mandaría una carta para Torrijos en la cual le expresaba que no permitiría ningún movimiento contra el Gobierno panameño en suelo costarricense.

Mi amistad con Carlos Andrés se fortaleció con los frecuentes viajes que por ese tiempo hacía a Caracas y me correspondió acompañarlo algunas veces durante su primera campaña a la presidencia. Su triunfo fue histórico, ya que rompió todos los récords de votos, a pesar que había partido prácticamente de cero en las encuestas.     Su lema fue “El hombre que camina” y lo hizo realidad caminado casi toda Venezuela.   Le acompañé el día de la elección en la que resultó triunfante y aproveché para recordarle que había prometido ayudarnos a los panameños a perfeccionar la independencia con la terminación de la presencia norteamericana en la Zona del Canal y en las bases militares.    Me contestó tajante: “Ven mañana a mi primera conferencia como Presidente electo y verás que el tema principal de mi política internacional será la desaparición de la anacrónica Zona del Canal”.

Y sí que cumplió Carlos Andrés.   Hay que ver su total dedicación a la causa de Panamá, de la cual fue, más que un negociador, un apóstol y para ello organizó el grupo de apoyo que contó con Alfonso López Michelsen (Colombia), Daniel Oduber (Costa Rica) y José López Portillo (México). Sus intervenciones están en la magnífica obra Historias de las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter, de Omar Jaén Suárez y en otros relatos sobre las mismas.

Carlos Andrés Pérez fue un gran venezolano y latinoamericanista a quien le tocó culminar la gesta del Libertador con su invaluable ayuda para la erradicación de la Zona del Canal, última colonia que subsistía en América Continental.   Panamá está en deuda con él.

<> Este artículo se publicó el 30 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones sobre un tratado fiscal con EU

La opinión de…

Eduardo Morgan Jr.

 

El interés manifiesto de Estados Unidos para solicitar a Panamá un acuerdo de intercambio de información fiscal es tener acceso a las inversiones que tengan sus contribuyentes en Panamá y que, según su sistema tributario, deben pagar impuestos en su país.

Para Panamá, un tratado fiscal que se limite al intercambio de información no tiene ningún interés, porque nuestro sistema impositivo no grava las rentas de nuestros contribuyentes en el exterior.   Por esta razón, con muy buen tino, nuestro gobierno decidió que Panamá solo firmaría tratados fiscales para evitar la doble tributación en los cuales el componente de intercambio de información se vería compensado por la seguridad que tendrían los inversionistas extranjeros de que los impuestos pagados en Panamá les serían reconocidos en sus países, fomentando así la inversión extranjera.

Para Panamá, cualquier tratado fiscal con Estados Unidos, si no lo manejamos inteligentemente, puede tener consecuencias negativas para nuestra economía. Un tratado de intercambio de información fiscal (TIF), basado en el modelo que ellos tienen, y que será igual o muy parecido al que nos presentaron en 2001, daría al traste con nuestro centro bancario, ya que es de esperar que nuestros clientes de América Latina muevan sus cuentas al centro bancario de Miami, en donde no solo no los gravan con impuestos sino que se les asegura anonimato total.

Por esta razón, Panamá, ni aun cuando era un país invadido en los inicios del gobierno de Endara, aceptó firmarles este tratado. Esto quiere decir, ni más ni menos, que no podemos firmar el modelo de TIF que tiene Estados Unidos, sino que debemos negociar –si ellos insisten– en un acuerdo fiscal que proteja nuestro centro bancario y nuestra condición de país de economía de servicios.

El sistema de renta universal lo aplican los países industrializados, pero la gran mayoría solo lo aplica a las rentas en el exterior de sus residentes. El sistema de Estados Unidos es sui géneris, ya que se aplica no solo a sus residentes, sino a todos sus contribuyentes.

Veamos su comparación con Inglaterra: El ciudadano británico que no reside en el Reino Unido no paga impuestos por sus rentas en el exterior. En cambio, el norteamericano, aunque resida en el extranjero, tiene la obligación de declarar y pagar por sus ingresos, sin importar dónde estos se generan. Pero hay más. Esta obligación la tienen no solo los nacionales norteamericanos, sino todos aquellos que son considerados por sus leyes fiscales como posibles contribuyentes.

Esto quiere decir, ni más ni menos, que un panameño residente en Panamá, con rentas solo en Panamá, pero que para Estados Unidos tiene también la nacionalidad norteamericana, debe declarar sus rentas panameñas y pagar impuestos a Estados Unidos, incluso, el impuesto de mortuoria o sucesiones, que aquí ya no existe, pero que allá sí. Pero eso no es todo. Panamá se vería obligada, por el TIF, a darle a Estados Unidos la información que le pida sobre ese panameño.

Hay que tener en cuenta que por la relación de casi un siglo entre nuestros países, muchísimos panameños tienen también la nacionalidad norteamericana, o sea, que estos casos serían frecuentes. Lo mismo puede decirse de aquellos panameños que durante la crisis emigraron temporalmente a Estados Unidos y se hicieron residentes y, como tales, también son sujetos fiscales para ese país. Esta condición también afectaría a muchos de los clientes latinoamericanos de nuestro centro financiero en la misma situación de doble nacionalidad o residencia que apuntamos para los panameños.

Con este tratado, a pesar de no tener ninguna otra conexión con Estados Unidos que el vínculo fiscal, estarían sujetos a que Panamá se vea obligada a dar información sobre sus inversiones aquí y no tendrían más remedio que emigrarlas a centros financieros sin TIF con Estados Unidos, tales como Singapur o Hong Kong.

Por esta razón, en estas negociaciones Panamá como país soberano deberá limitar la información fiscal que se enviaría a Estados Unidos a aquella que corresponda a nacionales norteamericanos con residencia efectiva en Estados Unidos.

Así no tendríamos que dar información de nuestros nacionales, ni de clientes latinoamericanos de nuestro centro financiero, y se complacería a Estados Unidos, que lo que busca es que sus nacionales no evadan sus impuestos. De no establecerse estas limitaciones, se estaría violando el artículo 17 de la Constitución, que obliga a nuestro gobierno a defender a los panameños en donde quiera que estos estén, y a los extranjeros que se encuentran bajo nuestra jurisdicción.

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<> Este artículo se publicó el 19  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/morgan-jr-eduardo/

Que no se repita la historia

La opinión de….

EDUARDO  MORGAN  JR.
eduardo.morgan@morimor.com

En  el mes de la Patria existe una fecha negra que nunca debemos olvidar: el 18 de noviembre de 1903,   día de la firma del Tratado Hay—Bunau Varilla.

Philippe Bunau Varilla, primer embajador de Panamá en Washington, fue un hombre extraordinario. En el libro ‘Con Ardientes Fulgores de Gloria’ se describen con lujo de detalles su personalidad, sus muchos méritos, su pasión por la construcción del Canal, en el cual trabajó muy joven, así como también la ayuda que prestó a Manuel Amador Guerrero para que el apoyo de EU asegurara la anhelada independencia. Son, precisamente estos atributos lo que hacen más execrable que negociara, con apuro y a escondidas, el Tratado que nos convirtió en protectorado, con una colonia extranjera en medio de nuestro territorio y privándonos de manera infame, por casi cien años, del usufructo de nuestra posición geográfica.

Los panameños esperaban que el Tratado Herran—Hay, ya aprobado por el Senado de Estados Unidos, fuera el que se firmaría con Panamá.   Pero a Bunau Varilla solo le interesaba la construcción del Canal y no la suerte de Panamá.   El francés y John Hay se olvidaron del Herran—Hay y redactaron y firmaron, con toda celeridad —de noche y en casa de Hay, para presentar a los enviados de Panamá, Federico Boyd y Manuel Amador Guerrero el hecho cumplido— un nuevo texto mucho más leonino para Panamá que el tratado negociado por Colombia. El Herran—Hay garantizaba la soberanía de Colombia y en los puntos más salientes la palabra soberanía era la más repetida.

En cambio, en el Hay—Bunau—Varilla solo se menciona la soberanía para decir que en la Zona del Canal Estados Unidos tendría todos los derechos de un soberano y que Panamá estaría totalmente excluida de ellos.    Pero todavía más perverso, les dio el derecho de dominio eminente sobre todo el país. Podían, en uso de este derecho, tomar cualquier parte del territorio alegando que lo necesitaban para el Canal. La zona de 10 kilómetros fue cambiada a 10 millas, o sea que creció un 60%.   Se les otorgó también el monopolio de la comunicación interoceánica en todo el territorio y el derecho de establecer bases militares. Mientras que el Tratado Herran—Hay contemplaba la intervención de jueces colombianos y se creaban tribunales mixtos, en el firmado por Bunau Varilla los panameños serían juzgados por jueces norteamericanos en la Zona del Canal.

El Tratado Hay—Bunau—Varilla fue la negación total de la equidad que debe prevalecer en el derecho internacional y se convirtió en modelo por excelencia de tratado injusto. Era tan leonino que se constituyó en una vergüenza permanente para la gran potencia, vergüenza que se acrecentó con el avance de la Humanidad hacia un mundo más justo y con el reconocimiento por las Naciones Unidas del derecho inalienable de los países a sus recursos naturales.   No cabe la menor duda que la injusticia del Tratado, a la postre, trabajó a nuestro favor, porque fue la causa mediata de que la perpetuidad se redujera a menos de 100 años y de que el Tratado Torrijos—Carter culminara la lucha generacional para el perfeccionamiento de nuestra independencia y la recuperación de nuestra gran riqueza, la posición geográfica.

En 1903 a la república recién nacida no le quedó otro camino que ratificar el tratado firmado por Bunau Varilla. La historia registra que éste sirvió de instrumento para que los Estados Unidos presionaran a Panamá, obligándonos incluso a que el Tratado inicuo recorriera, cual reina de belleza, todos los municipios de la República para ser ratificado por los Concejos Municipales con panegíricos a Bunau Varilla y a Estados Unidos.

Sin embargo, a la Junta de Gobierno le quedaba el consuelo de que, al excluirse de la concesión las ciudades de Panamá y Colón y sus puertos, por lo menos asegurábamos que la vía acuática sería el polo de desarrollo económico del país. ¡Qué equivocados estaban!

Desde el 19 de enero, en carta enviada a Hay, nuestro embajador, Bunau Varilla, so pretexto de interpretar el Tratado y disipar algunas dudas del Senado, no solo ya había entregado los puertos, sino que había convertido en verdaderos guetos las ciudades de Panamá y Colón.  Aquí se produce la gran estafa que nunca ha sido debidamente registrada en nuestros libros de historia: según la interpretación de Bunau Varilla, los puertos que el tratado nos reservaba eran el muelle fiscal y el del mercado público, y las ciudades comprendían solo las áreas ya construidas.

Panamá y Colón quedaron, así, totalmente cercadas por la Zona del Canal.   Bunau Varilla fue irónico al decir en su carta interpretativa que quedaba a la voluntad de Estados Unidos ceder áreas para el crecimiento de las ciudades.    Nunca lo hicieron y en el año 1914 fue necesario permutar las orillas del Lago Gatún, que sobrepasaban las 5 millas a cada lado del Canal, por Las Sabanas.   Así al menos pudimos viajar a Chepo sin tener que pasar por la Zona.

Esa carta ignominiosa debe ser parte de la enseñanza de nuestra historia y los panameños debemos tenerla presente y estar alertas para que jamás se repita otro ‘Bunau Varillazo’.

A cambio del Canal, Bunau Varilla castró nuestra posición geográfica y le entregó a EU el desarrollo futuro de nuestro país.

Ojalá nunca tengamos que volver a claudicar frente a las presiones foráneas, poniendo en riesgos el futuro económico de la Nación.  Si lo hiciéramos, la lucha y el sacrificio de tantas generaciones, para recobrar nuestra soberanía e independencia, perdería vigencia como el capítulo más digno y hermoso de nuestra historia y volveríamos al infamante ‘Panamá cede’.

 

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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¿Por qué allá sí y acá no?

La opinión de…

 

Eduardo Morgan Jr.

En 2001, Estados Unidos decidió tratar de cumplir con la propuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de dar información a los países extranjeros de los depósitos de sus nacionales. A continuación transcribimos textualmente algunas de las reacciones que se suscitaron:

1. Carta de los congresistas al secretario del Tesoro: “Esa propuesta es contraria a la tradicional política del Departamento del Tesoro y del Congreso de estimular a los extranjeros no residentes a que depositen sus dineros en los bancos de EU, para que a su vez estos dineros puedan ser usados para estimular el crecimiento y desarrollo en este país… Adoptar esta propuesta pondrá a los bancos norteamericanos en desventaja con los bancos de nuestros competidores y resultará en un retiro significativo de depósitos extranjeros de los bancos de EU.

El retiro de los depósitos extranjeros… significará una reducción en los préstamos a empresarios locales, a propietarios de inmuebles y de negocios pequeños, lo que traerá como resultado una disminución en la fortaleza económica de las comunidades afectadas… Tenemos entendido, además, que ninguno de nuestros trading partners ha impuesto estos requerimientos en sus propias instituciones financieras. La adopción de estas reglas, por tanto, creará un nivel de competencia desleal que será motivo de la transferencias de depósitos que mencionamos”.

2. Carta de Jeb Bush, gobernador de Florida, al secretario del Tesoro: “Las nuevas reglas colocarán a los bancos norteamericanos en una posición de desventaja con relación a los bancos del Caribe y de Europa… y dañarán la habilidad de los bancos norteamericanos de seguir atrayendo depósitos foráneos”.

3. Carta, del presidente del Eagle Bank de Miami, al secretario del Tesoro: “El reglamento propuesto podría acelerar retiros de entre 15 billones y 20 billones, solamente en Miami, de depositantes latinoamericanos”.

4. Carta del congresista Crane al secretario del Tesoro: “Le recuerdo que Estados Unidos tiene cerca de 10 trillones de dólares de inversión extranjera, la cual se vería en peligro de perderse si el país se convirtiera en informante de las autoridades fiscales de otras naciones… Muchos Estados tienen leyes favorables, tanto impositivas como para la formación de sociedades, para atraer clientes en todo el mundo. Estas leyes incluyen a menudo medidas estrictas de protección a la privacidad las cuales no serían permitidas bajo las propuestas de la OCDE y la Unión Europea”.

La enérgica oposición de la opinión pública, encabezada por los banqueros y congresistas de la Florida, incluyendo a su gobernador, determinó que la propuesta del secretario del Tesoro no fuera ni siquiera discutida por el Congreso.

Se temía perder los millonarios depósitos de los clientes latinoamericanos. Para tratar de suavizar la oposición y apaciguar los temores, el Tesoro modificó su propuesta, limitándola a 16 países, entre los cuales no se encontraba ninguno de América Latina. Esta tampoco tuvo acogida y más bien lo que hizo Estados Unidos fue fortalecer su condición de paraíso fiscal al darles a los inversionistas extranjeros anonimato total.

Las interrogantes que surgen son: ¿por qué el empeño de nuestro gobierno de firmar un tratado de información fiscal con EU, que es precisamente el país que más se ha negado, públicamente, a dar información fiscal? Y ¿por qué no defendemos nosotros el centro financiero de Panamá con el mismo vigor con el que los norteamericanos defienden el de Miami?

Hay razones más que suficientes para que nuestro gobierno no cometa el error de celebrar con EU un tratado de información fiscal. Nuestro centro financiero es regional y nuestro principal mercado es el latinoamericano. Los depósitos totales son menos de $70 billones, es decir, mucho más de un trillón por debajo de Caimán y cerca de $300 billones por debajo de Las Bahamas. Pero los depósitos bancarios son de importancia fundamental para nuestra economía, porque nosotros ni tenemos banca central ni podemos imprimir billetes.

El dinero que mueve nuestra economía y que impulsa nuestro desarrollo, está en los bancos. Si los billones que tienen nuestros clientes latinos se mudaran a Miami, donde no pagan impuesto y tienen garantía de anonimato total, nuestro perjuicio económico será enorme y no podrá ser compensado ni por un TPC, ni mucho menos por la supuesta bonanza que traerían las convenciones de empresas norteamericanas. Como Estado soberano podemos negociar con EU un tratado de doble tributación que tome en cuenta nuestros intereses como país de renta territorial, la importancia del centro financiero para nuestra seguridad y también nuestra responsabilidad para con los extranjeros que tienen aquí sus inversiones.

No es la primera vez que EU trata de imponernos este convenio. Trataron en los 80, trataron con Endara, después de la invasión, y su último intento fue durante el gobierno de doña Mireya Moscoso. Siempre fracasaron, porque hubo gente inteligente y patriota que supo decirle no a los norteamericanos. Y ¿qué pasó? Crecimos como nunca, obtuvimos grado de inversión, el Fondo Monetario Internacional nos reconoció como un centro financiero modelo, iniciamos la expansión del Canal y este año tenemos el presupuesto más grande de la historia. Y además de todo ello, mantuvimos en alto la dignidad nacional.

<> Este artículo se publicó el 11  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Pensemos en la gente

La opinión de…

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Eduardo Morgan Jr.

De mis viajes a China la impresión que más impacto me ha causado no son sus imponentes y hermosas ciudades que compiten, con ventaja, con las principales metrópolis europeas y americanas.    No. Lo que me llamó la atención de Beijing (que en belleza y majestuosidad ya está a la par de París), de Shangai y otras ciudades, es que están hechas para la gente.

Son ciudades amigables, con amplias aceras, y calles y avenidas llenas de flores. Me tocó atravesar a pie una gran avenida y, para mi sorpresa, el puente peatonal estaba hecho en tal forma que se podía caminar llevando una bicicleta de la mano. Era una pendiente tan suave que personas de la tercera edad no tenían que subir empinados escalones.

El contraste con Panamá es deprimente. Nuestro país no está hecho para la gente. Es triste, cuando recorremos la carretera Interamericana hacia el interior y pasamos por ciudades y poblados, ver nuestros puentes peatonales. Nuestra población, sobre todo en el interior, se mueve generalmente a pie o en bicicleta.

Nuestros jóvenes estudiantes y compatriotas la usan para trasladarse entre poblados, o para ir a la escuela o al trabajo. La Interamericana es un bisector de ciudades y poblados, de tal forma que tiene que ser cruzada varias veces por muchos de los que allí habitan. Para un estudiante de escuela primaria, trepar la bicicleta en los puentes peatonales es más que imposible, así que se ven obligados a cruzarla esquivando el tráfico vehicular que cada día es más denso.

Si gastamos cientos de millones en una cinta costera en la ciudad de Panamá, en helicópteros y radares para el combate del narcotráfico, en mejorar la infraestructura vial de la capital, y en programas como los acueductos que benefician la metrópoli, me pregunto: ¿no merece nuestro olvidado pueblo del interior que protejamos a sus niños y mayores invirtiendo en la construcción de pasos elevados adecuados? ¿Cuántas vidas ayudarían a salvar? Es seguro que muchas muertes por atropello que se han producido en la Interamericana se hubieran evitado. Hacer verdaderos pasos elevados a lo largo de la Interamericana no costaría lo que va a costar uno solo de los helicópteros que evitarán que la droga llegue a los ricos países consumidores, pero sería un paso adelante para que en nuestro país empezáramos a pensar en la gente.

Otra sugerencia para empezar a pensar en la gente: los hombros de las carreteras. Nuestro pueblo, tanto en el interior como en las afueras de nuestras ciudades principales –como ya dije– se mueve en trayectos cortos principalmente a pie o en bicicleta. La ampliación de la Interamericana es un ejemplo, al estar, dotada de hombros amplios a ambos lados. Este debe ser un principio sine qua non en la construcción de toda vía que una nuestras poblaciones. Debemos ponerla como condición de todo trabajo de ampliación o de toda vía nueva.

Y empezar a ejecutarla en las vías existentes, como es la continuación de la Interamericana después de Santiago. Nuestro compatriota del interior tiene derecho a que él y sus hijos puedan caminar con seguridad por la vera de todos nuestros caminos. No hay que ser egoístas con la mayoría de nuestra población. Somos 3 millones y medio de panameños y la gran mayoría no tiene automóvil.

Finalmente, en la ciudad de Panamá se hace inaplazable resolver el problema de las aceras. La metrópoli, llena de rascacielos, pareciera estar hecha para mirarla en postales. Pero no es para nada una ciudad amigable. Vamos a tratar de reiniciar con la Universidad de Panamá, con el apoyo decidido del rector y del profesor J. R. Garrido, el proyecto conjunto que diseñamos en 1996 que tiene como meta (usando el lenguaje folclórico de Omar Torrijos) “acerizar” Panamá. El proyecto se circunscribe al centro bancario, pero debe servir también de ejemplo y de guía para el resto de la ciudad. En los gobiernos anteriores no obtuvimos el respaldo necesario, pero confiamos que con éste será distinto. Pensemos en la gente.

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<> Este artículo se publicó el 21  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Al “gallinero” nos quiere llevar la OCDE

La opinión del Abogado y Ex-Embajador …

Eduardo Morgan Jr.

La OCDE quiere meternos en el gallinero de los “territorios, jurisdicciones y colonias” a quienes han obligado a firmar los TIEA.   Nuestro gobierno ha puesto su mirada en Singapur, a quien pretende emular y ya lo hemos hecho en algunos aspectos, como el de la Ley de Sedes Regionales. A nadie se le ocurriría pensar que Singapur va a aceptar firmarle a nadie un TIEA.

Singapur solo está firmando TDT y nuestro gobierno, bajo el liderazgo de Alberto Vallarino, está haciendo lo mismo. Estamos firmando solo TDT y en ellos existe la cláusula que permite le cooperación fiscal, muy bien estructurada, para proteger nuestra condición de país soberano, tal como lo ha hecho Singapur.

También hemos adecuado el modelo de tratado a nuestra condición de país de impuesto territorial, y el Protocolo sobre la cláusula de información impide el juega vivo de países que quieran afectar nuestro muy bien regulado y respetado centro de servicios.

No olvidemos, también que se trata de un tema de dignidad. Frente a las imposiciones e interpretaciones del tratado Hay-Bunau Varilla debe recordarse la dignidad de nuestros próceres, la de Harmodio Arias M., del Presidente Remón Cantera, de nuestros estudiantes-mártires, de don Roberto F. Chiari, de Omar Torrijos y Guillermo Endara.

Gracias a la dignidad culminó nuestra total independencia, la recuperación del Canal y de la posición geográfica usurpada, que no pueden echarse por tierra para volver a convertirnos, frente a los EE.UU. y a la comunidad de naciones, en el protectorado que fuimos por casi un siglo.

En el sitio web http://www.oecd.org/dataoecd/43/59/43775845.pdf) aparece un documento que contiene los integrantes del gallinero en donde nos quieren meter. Se puede observar que en esa lista solo hay dos que son países de verdad pero sin ninguna relevancia en los negocios financieros internacionales, y que corrieron a complacer a la OCDE, que los había metido en una lista negra.

Si ser dignos tiene el precio de seguir en listas negras, grises o amarillas, sigamos siendo dignos. Durante los años de la “lista” hemos tenido el crecimiento económico más alto de nuestra historia, veinte años de democracia ininterrumpida, el reconocimiento mundial por el excelente manejo de nuestro Canal y de nuestro centro financiero pero, sobre todo, el respeto de la comunidad internacional y la inversión extranjera que ello conlleva.

No olvidemos que la OCDE no es una organización internacional sino un Think Tank de países ricos, o, como yo lo he bautizado, un vulgar Cartel para evitar que países como Panamá compitan, en negocios financieros internacionales, con los miembros de su Club.

<> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.