Intriga en Washington

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –La visita sorpresiva del presidente Ricardo Martinelli a Washington esta semana y la igualmente sorpresiva renuncia del embajador Jaime Alemán han dado lugar a toda clase de especulaciones, incluso algunas que me parecieron risibles.

El propio Alemán sostiene que la renuncia fue por “razones personales y profesionales”,   pero no hay duda de que en verdad hubo alguna intriga de palacio de por medio. Evidencia de ello: que Alemán no acompañó a Martinelli a sus citas el jueves y que el Panamá América del viernes informó en primera plana que Alemán fue destituido (citando una fuente anónima en Washington que parecía oficial).

Encuentro increíble esa noticia del Panamá América.   No por primera vez diré que Alemán y su esposa Pilar han sido unos embajadores incomparables, absolutamente tops en cuanto a inteligencia, charm, y dinamismo.   Mi buzón de correos electrónicos confirma a diario que ellos han llevado un ritmo incansable de trabajo, especialmente, porque decidieron no utilizar cabilderos a sueldo, sino ser ellos mismos los cabilderos por Panamá.

Creo que esa decisión fue correcta, no solamente porque así le ahorraron millones al país, sino también porque ningún cabildero “comprado” pudo haberlo hecho con la elegancia y credibilidad que mostraron ellos. Alemán reveló ser un máster de networking y desplegó tremenda visión estratégica sobre cómo ir creando la red de apoyo que necesitaría para diversos temas, cuando llegara el momento.

Pues el tema primordial es la ratificación del tratado de promoción comercial (TPC) y el momento es ahora. Resulta que la Casa Blanca desea proceder con la ratificación solamente del recién renegociado tratado con Corea, dejando atrás los acuerdos también pendientes con Panamá y Colombia (después de años de estancamiento).   Mucho se dice que el acuerdo con Panamá es el menos controversial de los tres y que los votos en el Congreso “están allí”, pero el TPC no podrá ratificarse si el presidente Barack Obama no lo envía al Congreso.

Del lado liberal es un dilema político para Obama, porque su base demócrata se opone a los tratados de libre comercio. Del lado conservador mi información es que los republicanos, liderados por el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, están insistiendo en que Obama envíe los tres tratados juntos al Congreso.

Uno ve, por lo tanto, que estamos primero en un momento crítico de persuadir políticamente a Obama de que haga lo correcto por Panamá; y si eso se logra, enseguida entraríamos en otro momento crítico de persuadir políticamente al Congreso de que ratifique el acuerdo panameño. Y en esa etapa de batalla en el Congreso, los tres países entrarían en una dura pugna de “sálvese quien pueda”, compitiendo por la ratificación de su acuerdo. Peor aún, la ventana política para todo eso solo estará abierta en los primeros meses del año entrante, porque después viene el inicio de la campaña presidencial de 2012, que hundirá toda posibilidad de proceder con temas difíciles.

En otras palabras, este no es el momento de cambiar embajadores, menos aún de remplazar a uno que ha hecho una labor tan excepcional. Tengo información de que sí es cierto que los norteamericanos ven con inquietud ciertas acciones del gobierno de Martinelli (especialmente con relación a justicia y libertades ciudadanas), por lo que Alemán ha tenido que manejarse con delicadeza. Como creo que su retiro de Washington es una gran pérdida para el país, lo óptimo sería que él reconsidere.

Cerraré con una crítica severa de que Martinelli insista en viajar al exterior sin periodistas que fiscalicen su actuación. Siguiendo el modelo martinista, lamentablemente, la Presidencia arma en secreto sus viajes, esconde los detalles exactos de su agenda, hace imposible que periodistas independientes puedan acompañarlo, y luego emite unos comunicados auto-elogiosos que son más propaganda que información. Eso no es transparencia, no es el actuar de un presidente democrático, y no es aceptable.

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<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
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Obama y Panamá

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.
d_olaciregui@hotmail.com

Una cosa es que el presidente de Estados Unidos Barack Obama busque conciliar posiciones con los líderes del Partido Republicano, y otra que gobiernos latinoamericanos, como el de Ricardo Martinelli, coqueteen abiertamente con los adversarios políticos de la Casa Blanca.

Martinelli se ha jactado de su cercanía con los nuevos líderes estadounidenses de la Cámara de Representantes, como John Boehner, porque en algún momento fue jefe del actual ministro de la Presidencia, Demetrio Papadimitriu. Boehner se reunió con Martinelli en diciembre pasado. En el círculo de amigos republicanos del gobierno de Panamá están las figuras más recalcitrantes de la ultraderecha estadounidense, cuyas simpatías, según el gobierno panameño, podrían traducirse en la pronta ratificación del Tratado de Promoción Comercial (TPC) suscrito en junio del 2007.

Pero las cosas no serán tan fáciles. Junto con el malestar creciente que los vínculos republicanos de Martinelli generan en Washington, nada disimulados por diplomáticos estadounidenses, debe tenerse en cuenta que la política de la Casa Blanca hacia América Latina podría mantenerse invariable en aspectos vitales para la región como inmigración y libre comercio. Las prioridades, según los expertos, se centrarán en los temas económicos internos y en la campaña presidencial del 2012.

Cynthia Arnson, directora del programa latinoamericano del Centro Wilson, dijo que los desacuerdos entre demócratas y republicanos sobre el manejo de la economía ‘serán más fuertes y ese desgaste dificultará mucho que América Latina se convierta en una prioridad’ en el debate legislativo.

Sobre las posibilidades de que el Congreso, con un mayor número de legisladores republicanos, ratifique el TPC con Panamá, el director del programa de las Américas del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, Peter DeShazo, advirtió que algunos republicanos elegidos serán más proteccionistas que sus antecesores, pues se han pronunciado abiertamente en contra de aprobar tratados de libre comercio. Existen, además, presiones de la Casa Blanca para que Martinelli resuelva asuntos laborales y bancarios antes de pensar en enviar el acuerdo al Congreso.

Obama todavía tiene un poder inmenso y está decidido a emplearlo, tanto a nivel interno como externo. En lo que respecta a Latinoamérica el presidente estadounidense ha pasado de una estrategia agresiva a una calibrada.   Washington mantiene latente el auge militarista en la región, pero también una diplomacia moderadamente activa en el terreno de los valores como los derechos humanos, pluralismo político, libertad de expresión y la participación de la sociedad civil en las decisiones de los Estados.   Esa cartilla se la han leído a Martinelli las principales figuras de la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

Tras su derrota en los comicios legislativos, el tono conciliador de Obama no puede confundirse con resignación. Si bien no goza de la confianza que tenía al inicio de su gobierno, un 45% del electorado respalda su gestión y un 50% considera sus esfuerzos, aunque no comparta sus propuestas.

Por otro lado, vale recordar que, tras sus respectivas y aplastantes derrotas en las elecciones de mitad de término, los presidentes Ronald Reagan y Bill Clinton adoptaron caminos diferentes para poder recuperar la iniciativa. Reagan profundizó su revolución conservadora y Clinton se movió hacia el centro conciliando posiciones con los republicanos. Ambos se reeligieron para un segundo mandato. Obama está siguiendo los pasos de Clinton y corrigiendo el rumbo de su mandato, con miras a mantenerse después del 2013 en la Casa Blanca.

Obama invitó a sus adversarios políticos a trabajar juntos, porque ‘no se puede pasar los próximos dos años peleando’.   ‘Si Obama quiere negociar con nosotros tendrá que dejar de lado su agenda y moverse en nuestra dirección. Pero como no podemos contar con eso, nuestra prioridad será trabajar para que no sea reelecto’, respondió Boehner, el amigo de Martinelli.

Ese espíritu no abona a las posibilidades de la ratificación del TPC con Panamá, menos para salir de la aguda crisis económica que azota a Estados Unidos. El nuevo Congreso también podría crear una incertidumbre paralizante para los inversores y las empresas, si se llegan a plantear conflictos sobre los impuestos, el déficit, el sistema de salud y la regulación financiera.

Precisamente esos republicanos en la nueva Cámara de Representantes le ofrecen un blanco excelente a Obama para volver a cautivar al electorado y lograr la reelección, un cálculo que parece descartar Martinelli, en maridaje con la ultraderecha republicana. Obama tiene a su favor la moderación contra una facción republicana tan radical que atenta contra la democracia estadounidense. Un atentado similar al que representa el efecto Martinelli para la democracia panameña.

 

<> Este artículo se publicó el 25 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/olaciregui-q-demetrio/

La política del chantaje

La opinión del Jurista…

Julio E. Linares Franco

Se ha explicado, escrito e informado hasta la saciedad que un tratado de intercambio fiscal firmado por Panamá sería perjudicial por las características de nuestra doctrina impositiva.

Nuestra economía de servicios basada principalmente en un sistema fiscal territorial, la vigencia de una ley de sociedades anónimas que (aunque con casi 90 años de existencia) ha demostrado ser de avanzada, normativas de tipo bancario y financiero actualizadas, todo esto aunado a la creación de nuevas penalidades en nuestro procedimiento criminal en cuanto a delitos de lesa humanidad, como el blanqueo de capitales, el lavado de dinero, el terrorismo y el narcotráfico, han puesto a Panamá al día en lo referente al castigo y la persecución de estos flagelos.

Desde que nacimos como República independiente, en 1903, aún con una soberanía mediatizada por el tema canalero, siempre nos hemos enfrentado con dignidad al denominado coloso del norte.  Con respecto al tema tributario ni antes del golpe de Estado de 1968, ni en la peor época de la dictadura y menos en el tiempo siguiente al 20 de diciembre de 1989, cuando Panamá estuvo en su punto más débil y frágil como nación recientemente invadida, saqueada y con sus arcas públicas totalmente despilfarradas, se le ocurrió flaquear a ningún dirigente panameño en detrimento de nuestros intereses.

La política implica negociación. Si no podemos obtener todo, cedamos hasta donde nos permitan los argumentos, la lógica y la decencia. En 1991 fuimos fuertemente presionados por los norteamericanos ante su afán de imponernos un acuerdo de carácter tributario. Pero negociamos, no claudicamos y ese término medio nos llevó a la firma del Tratado de Asistencia Legal Mutua en el que no se incluyeron temas fiscales. Y es que ante no firmar un pacto fiscal, convenio que exigen los gringos, la media sería un tratado de doble tributación. Y si persisten en no firmar uno, porque no lo aceptan, entonces   ¿Por qué seguirles el juego?

Casi 20 años después estamos en una posición mucho más fuerte. Con un crecimiento económico que es envidia para nuestros vecinos, con la firma de más de 10 tratados de doble tributación, con nuestra inclusión como país de grado de inversión por prestigiosas calificadoras de riesgos, en fin, aun a pesar de nuestros problemas de pobreza, inseguridad y corrupción, hemos avanzado muchísimo desde aquellos no muy lejanos días de la era posinvasión.

Por todo lo anterior queda uno atónito, por decir lo menos, al escuchar a un alto dirigente estatal señalar públicamente que “Panamá firmará pacto fiscal con EU para lograr el comercial”. Y es que los derechos, obligaciones y razones que llevaron a efecto la firma del TPC ya fueron cumplidas.

Panamá no tiene ni debe dejarse imponer ahora otra condición, dizque para lograr la firma del TPC. Convenio cuya ratificación senatorial no depende de quienes estarían firmando el acuerdo fiscal, lo que implicaría la doble tragedia de contar con un pacto tributario que nos debilitaría a nivel financiero y soberano y encima de todo, sin obtener la seguridad de la ratificación del TPC.

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<> Este artículo se publicó el 23  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Washington y el ‘Panama Week’ 2010

La opinión de…

Ricardo Eskildsen M.

Desde ayer, 18 de noviembre, el Consejo Empresarial Estados Unidos y Panamá (Uspa) celebra su décimo cuarto evento en Washington; la meta: consolidar los lazos de amistad y de comercio entre ambas naciones. La visita esta semana es oportuna pues conocidos los resultados de las recientes elecciones al Congreso de Estados Unidos, en donde el Partido Republicano se adjudicó la mayoría de la Cámara Baja, ahora se abren nuevas oportunidades para que Panamá logre consolidar el comercio con la nación de más poder adquisitivo del mundo.

Recordamos cuando, en octubre 17 de 1990, un puñado de empresarios crearon la iniciativa de viajar a la capital norteña para promover la visión de un Panamá democrático.  Con ello, sumado a las iniciativas de los distintos gobiernos, se ha logrado que ambas naciones se profesen un respeto mutuo, de allí que la entrega de los territorios y la de la administración canalera a los panameños en 1999 fuese un gran acontecimiento entre buenos vecinos.

En la mente de los empresarios estaba claro que había que superar el impacto negativo del legado de Manuel Antonio Noriega… Este 2010, Uspa le vuelve a solicitar a ese socio comercial del norte que reinicie la gestión para la ratificación del TPC, pues ese tratado de promoción comercial (ya firmado y ratificado por la Asamblea en Panamá) cuenta con más de tres años en manos del Congreso, sin avance y por razones ya anunciadas en los medios locales.

Estos esfuerzos del Panama Week, como muchos saben, fueron multiplicándose, año tras año desde 1990 y está en la memoria de muchos el histórico evento del 21 de octubre de 1999, con la cena de galaen el imponente Palacio de la OEA en la Constitution Avenue de la Calle 17.

El emotivo acto de ese año, acompañado con la presencia de más de 250 panameños y panameñas de diferentes corrientes políticas, pero al final todos panameños, se vio fortalecido con la presencia de oradores de la talla de Henry Kissinger y la presencia de los generales amigos George Joulwan y Barry McCaffrey; por parte de Panamá, escuchamos las palabras de varios, destacando la participación de los vicepresidentes Arturo Vallarino y Kaizer Bazan.     Ese acto anticipado, promovido por los miembros empresariales de Uspa en Washington, se vio fortalecido cuando el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso oficializó los actos de recibo del Canal, el 31 de diciembre de 1999.

Esta semana, participan con Uspa empresas norteamericanas domiciliadas en Panamá y gremios que conocen de la importancia y el beneficio que otorga estar presente y hacer lobby en Washington. Se proyecta una reunión con el congresista Kevin Brady, republicano, con la intención de lograr su respaldo y el de no menos de 30 congresistas, a fin de que soliciten al presidente Barack Obama que formalice la petición al Congreso para la ratificación del TPC con Panamá (y Colombia).

Esta actuación favorecerá al presidente Obama quien acaba de sufrir un revés no solo con su Partido Demócrata, sino ahora en su relaciones internacionales, al intentar con Corea del Sur el TPC, sin previamente resolver las inquietudes de los sindicalistas y la industria automotriz de Michigan.

El respaldo que ofrecen los empresarios al gobierno del presidente Ricardo Martinelli y al canciller Juan Carlos Varela, en cuanto a la relación con Estados Unidos, continuará bajo los mismos criterios y logros, sumados a la transparencia que año por año recibieron los gobiernos del presidente Martín Torrijos, de Mireya Moscoso, de  Ernesto Pérez Balladares y de GuillermoEndara. El talento y el desprendimientode aquellos que participan, que creen en promover la marca país, es encomiable.

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<> Este artículo se publicó el 19  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Obama, Reid, Pelosi, Boehner, Tea Party y TPC

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La opinión del Abogado, Político independiente…

Juan Manuel Castulovich 

Para la sorpresa de nadie, los republicanos se hicieron con el control de la Cámara de Representantes; pero los demócratas conservaron la mayoría en el Senado, en buena medida debido a que solo se elegía un tercio de los senadores (el Senado se renueva por tercios; la Cámara de Representantes, en su totalidad).

Favorece a la Casa Blanca que el líder demócrata en el Senado, Harry Reid, haya sobrevivido la embestida del “Tea Party”. Su victoria, crucial, y la permanencia de Nancy Pelosi como líder de la que será la minoría demócrata, completan el reparto de los principales actores y reflejan lo que será la política norteamericana, en los próximos dos años: una Cámara republicana y un Senado demócrata, forzados a convivir y llegar a compromisos.

Su victoria no dará “automáticamente” a los republicanos el poder para revertir las principales leyes impulsadas por Obama, especialmente la revolucionaria reforma del “sistema de salud”. Así lo reconoce el congresista Boehner, que reemplazará en la presidencia de la Cámara a Nancy Pelosi. Para poder hacerlo necesitarían la conformidad del Senado y el respaldo de 2/3 de los miembros del Congreso, necesarios para superar el poder del “veto” de Obama.

Los republicanos, es previsible, empujarán, pero solo hasta donde no corran el riesgo de ser vistos como obstructivos. Y en ese juego de amagos y recogidas, tendrán que “hilar fino”, pues no son un bloque monolítico. Los ultraconservadores del “Tea Party” presionarán por medidas radicales; mientras el “stablishment” republicacno, encabezado por Boehner, calculando sobre las posibilidades de enfrentar con éxito a Obama en el 2012, se manejarán con más realismo.

Obama salió “tocado” de las elecciones de medio término, pero está muy lejos de estar derrotado políticamente. Roosevelt, Reagan y Clinton, las perdieron, igualmente, y los tres fueron reelectos dos años después. Obama tiene a su favor haber retenido el control del Senado y la posibilidad de recurrir al veto, si fuera necesario, aunque se cuidará mucho de amenazar con usarlo. Además, podría ayudarle la recuperación que parece vislumbrarse en el horizonte de la economía norteamericana, cuya difícil situación fue causa principal del castigo de los electores.

Las elecciones del pasado 2 de noviembre, como preludio de las presidenciales del 2012, han aumentado las expectativas de los republicanos; pero su “momentum” puede cambiar sustancialmente en el transcurso de los próximos dos años, en los que el estado de la economía, será el factor más importante.

Obama luchará por su supervivencia; los republicanos por preservar la tendencia que, por ahora, les favorece. La contienda se librará, principalmente, a lo interno de los Estados Unidos, dando prioridad, como es lógico, a sus problemas económicos. No creo, y el tiempo se encargará de demostrarlo, que Obama o los líderes de la nueva mayoría presten atención prioritaria a temas como los TPC pendientes de ratificación el Senado. Por ello, estimo infundado el optimismo expresado por nuestros gobernantes.

En un artículo que publiqué recién estrenado el presidente Obama, señalaba que sus prioridades serían recomponer la economía de su país, recuperar el liderazgo internacional visiblemente mermado por su predecesor e impulsar su agenda de cambios sociales. Nada ha cambiado desde entonces y ahora, que Obama tendrá que luchar por su “supervivencia política” y por preservar “su legado histórico” como el primer “primer presidente afroamericano”, esas prioridades se reforzarán y opacarán “otras agendas”, que pasarán, por imperativo de las circunstancias, a segundos y terceros planos.

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<>Artículo publicado el  9  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/castulovich-juan-m/

Diplomacia difícil en Washington

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Carolina Barco, embajadora de Colombia ante la Casa Blanca durante la presidencia de Álvaro Uribe, ha dicho en entrevistas que su lucha por lograr la ratificación estadounidense del tratado de libre comercio con Washington fue como estar en una montaña rusa. Los arranques de optimismo vienen seguidos porbajones de frustración.

Jaime Alemán, el embajador panameño ante la Casa Blanca, debe sentirse igual.   El tratado panameño de libre comercio (como el colombiano) ha estado estancado desde 2006, aguardando que la Casa Blanca lo envíe al Congreso para ratificación.

Cuando Alemán llegó a Washington el año pasado, su esperanza –basado en declaraciones del presidente Barack Obama– era que el tratado de promoción comercial (TPC) iría al Congreso en el primer trimestre de este año. Si su optimismo flaqueó al final de 2009, el discurso del “Estado de la Unión” de Obama en enero de 2010 se lo revivió.

Alemán estaba en el recinto cuando Obama dio el discurso, en el que prometió “fortalecer” relaciones comerciales con Panamá y Colombia.   A la salida, con entusiasmo desbordante, Alemán llamó al presidente Ricardo Martinelli para darle la buena noticia y me dijo luego lo siguiente: “Está claro que [Obama] estaba mandando el mensaje que va a pedir la ratificación de los tratados de libre comercio con estos tres países.   Y no hay que olvidar que Panamá es el más fácil de los tres… No descansaré un segundo hasta que esto se haga realidad”.

Desde entonces, la sobria realidad es que Obama no ha levantado un dedo para empujar la ratificación del TPC y el ambiente político se ha puesto difícil (aunque podría mejorar si los republicanos ganan control del Congreso en las elecciones de noviembre).

La diplomacia se practica a puerta cerrada pero hasta donde he podido ver, Alemán ha seguido promoviendo el TPC como si el proceso de ratificación pudiera iniciarse mañana. Además de reconstruir el Friends of Panama Caucus en el Congreso (tenía 13 miembros al final del gobierno de Martín Torrijos y ahora tiene 43), Alemán visita el Congreso, atiende a congresistas en la Embajada y en Panamá, da charlas, presiona a las distintas agencia del Gobierno, busca apoyo en los think tanks, etcétera. “Nunca he trabajado tan duro en mi vida”, dice Alemán, aunque “ha sido muy frustrante por momentos”.

Alemán ha despedido a los cabilderos que tenía el gobierno de Torrijos (costaban un millón de dólares al año) pero es un campeón en networking (haciéndose conocer y estableciendo vínculos).   Ve a Washington como una ciudad donde hay que “abrir puertas” y siempre está buscando la manera de “llegarle” a equis persona que podría ayudar con equis tema.

Por ejemplo, como un embajador latinoamericano normalmente solo se ve cara a cara con el presidente estadounidense en su presentación de credenciales (y por breves instantes en una recepción anual que la Casa Blanca ofrece al cuerpo diplomático), Alemán se ha preocupado por establecer amistad personal con íntimos de Obama (como su mano derecha, Reggie Love) y personas que tienen cómo llevarle un mensaje (lideres demócratas y asesores cercanos). En la Embajada hay eventos casi a diario para agasajar a todos los que puedan ayudar a “mover la agenda” de Panamá.

Por suerte, esa agenda incluye más que el TPC.   Hay temas como seguridad, lucha antidrogas, aporte financiero de Estados Unidos para Panamá, becas, eliminar que los panameños necesiten visa para entrar a Estados Unidos, instalaciones en la Ciudad del Saber, y más.

Un tema que no está en su agenda es la limpieza de los polígonos (desatendido desde tiempos de Mireya Moscoso); me dijo que eso se maneja en Panamá, directamente entre la Cancillería y la Embajada estadounidense. Otro tema ausente, por el momento, es que el presidente Ricardo Martinelli visite la Casa Blanca; esa cita no se ha solicitado todavía, afirmó el embajador.

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<> Este artículo se publicó el 26 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Conceptos sobre el sistema financiero

La opinión de…

Eduardo Morgan Jr.

En días pasados este medio publicó un excelente reportaje relacionado a lo que está haciendo el Gobierno para acordar y firmar tratados que eviten la doble tributación (TD) con países con los cuales nos interesa tener este tipo de convenios. Ya el de México no solo se firmó sino que, al ratificarse por la Asamblea Nacional, se convirtió en la Ley 24 de 31 de Mayo de 2010.

La desesperación que privó en los últimos días del gobierno anterior, para motivar a Estados Unidos a ratificar el TPC, puso en peligro nuestro centro financiero. Se les ofreció firmar un convenio de intercambio de información fiscal y reformar el régimen de sociedades anónimas, para que ambos dejaran de ser atractivos, ello en beneficio de nuestros competidores del cartel de la OCDE. Vivimos, además, la experiencia de una carta a la OCDE que el gobierno anterior supuestamente había consensuado con el Colegio de Abogados, la Asociación Bancaria, la Cámara de Comercio y otras asociaciones y que, al llevarla a Washington, fue sustancialmente modificada, eliminando de ella todo aquello que protegía a Panamá de las aviesas intenciones de ese cartel.

Como dije en otra ocasión, “nos salvó la campana”, cuando el nuevo gobierno descartó que Panamá firmara convenios de intercambio de información fiscal que no nos traían beneficios y, además, significaban claudicar la soberanía fiscal y volver a la época de las colonias y el protectorado.

A los que aún no se han dado cuenta de que Panamá no solo es un estado independiente, sino un país importante en el concierto de las naciones, y a los que sostenían que nadie firmaría con nosotros TD, que debíamos resignarnos a los convenios de intercambio de información fiscal (casi todos señalaban que el mundo se acababa, si se iban las bases militares), tendrán que aceptar ahora que la dignidad sí paga. Haber recuperado las orillas del Canal ha tenido y seguirá teniendo un impacto económico enorme y los TD también los tendrán.

La bofetada que el actual gobierno le dio al cartel de la OCDE al no hacerle caso, no nos ha perjudicado, al contrario ha llevado al mundo a fijarse en nosotros, al reconocimiento por parte del FMI por la seriedad de nuestro centro financiero, y a que las tres empresas calificadoras más importantes nos otorguen grado de inversión, con todas las ventajas económicas que esto conlleva.

Una vez que leí el TD con México, envié a Frank de Lima y a su equipo negociador un correo de felicitación por esos logros del cual copio unos párrafos:

“En el tratado y en el protocolo se protegen los intereses de nuestro centro financiero por las condiciones que deben cumplirse por el país requirente para la obtención de la información, que no son otras que el respeto a la soberanía y al sistema jurídico del país requerido. Con este Convenio ustedes han demostrado que Panamá, como país independiente y soberano, no tenía por qué someterse a la OCDE, ni firmarle a los miembros de su cartel los infames convenios de intercambio de información fiscal que significan la claudicación de la soberanía y que solo son impuestos a colonias o países no plenamente soberanos. Como panameño me siento orgulloso de la conducta digna de nuestro gobierno que, con su firmeza y buen manejo de las relaciones diplomáticas y comerciales, supo poner a salvo a nuestro centro financiero internacional”.

Volviendo al reportaje, debe quedar claro que no somos un paraíso fiscal. No tenemos leyes fiscales que discriminan entre nacionales y extranjeros, como sí las tienen Estados Unidos y otros países de la OCDE para atraer inversiones extranjeras, al no cobrarles impuestos y dando anonimato total a los inversionistas.

Debo insistir en que la OCDE no es una organización internacional, es un cartel o think tank de países ricos que lo que persigue es eliminar la competencia a sus socios de países como Panamá. No hay que hacerle caso a sus listas grises, negras o blancas. Nunca han aclarado por qué sus socios –verdaderos paraísos fiscales– no están en ellas. La ley de retorsión no es una novedad nuestra. La tienen todos los países y se aplica a diario. La nuestra se inspiró en la ley de EU conocida como el Retalation Statute. Es una pena que no se haya aplicado, seguro que de haberlo hecho no estaríamos en ninguna lista. Aplicarla fue una promesa de campaña del actual gobierno y esperamos que, de ser necesario, esa promesa se cumpla.

El caso de Francia es penoso, el Banco Nacional de París estaba feliz en Panamá y su gestión era exitosa. Si han cerrado por presiones de la OCDE ¿cómo se explica que las operaciones las compra un banco canadiense, también de la OCDE?   Pobre Francia, cómo añoramos, nosotros y el mundo a De Gaulle.

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Este artículo se publicó el 15 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.