Cuidemos a la gallinita de los huevos de oro

La opinión del Ex Embajador de Panamá en Estados Unidos….

 

EDUARDO  MORGAN
eduardo.morgan@morimor.com

En septiembre de 1996, fui nombrado Embajador de nuestro país en E.U. Eran tiempos cruciales para las relaciones diplomáticas ya que se acercaba el fin de la presencia norteamericana en Panamá. Había tensión por las imputaciones de que nuestro país no hacía lo suficiente para combatir el tráfico de drogas y el lavado de dinero. Mi labor consistiría en evitar que tan infundadas acusaciones permearan a la opinión pública estadounidense y que la presión de ésta contra Panamá afectara el cumplimiento de los tratados Torrijos-Carter.

En E.U. la opinión pública está liderizada por sus grandes diarios, principalmente el New York Times y el Washington Post, que se caracterizan por el manejo responsable de la noticia, cuyos análisis y comentarios están a cargo de connotados periodistas y columnistas, entre ellos algunos laureados incluso con el premio Nobel.

En esos años a E.U. le preocupaba la droga y el lavado de dinero y para controlarlo extendían su influencia al resto del mundo. El instrumento usado era la famosa ‘Certificación’, un análisis anual de la cooperación de los países en el control del tráfico y el lavado, para lo cual sus embajadas contaban con funcionarios de instituciones involucradas en el control y persecución de ese flagelo, tales como la DEA, el FBI y Aduanas, entre otras. Mi primera experiencia en Washington fue acompañar a nuestro Canciller y al Director Ejecutivo del Consejo de Seguridad a una reunión con Robert Gelbard, Subsecretario de Estado, funcionario encargado de la temible ‘Certificación’. En esa reunión me percaté del desprecio que Gelbard sentía por Panamá y la rudeza, por no decir grosería, de su trato a dos importantes funcionarios del gobierno panameño. La misión de Gelbard era liquidar a Panamá como centro financiero y darle un golpe de gracia a la Zona Libre de Colón, y a los servicios internacionales que prestan los abogados.  De acuerdo con la certificación de 1996, Panamá era una gran lavandería para los narcos mejicanos. La industria de la construcción, bancos y sociedades anónimas estaban involucrados en la actividad y el premio mayor se lo ganaba la Zona Libre, un centro de lavado de Dinero por derecho propio (‘The Colon Free Zone (CFZ) is a money laundering center in its own right’). Según el informe, en Panamá se lavaban, solo de traficantes mejicanos $10 billones anuales, afirmación absurda por ser imposible que un país con menos de 7 billones de dólares de PIB ‘lavara’ 10 billones sin que se afectara la economía.

Yo conocía muy bien nuestro sistema de sociedades anónimas; la obligación del abogado de conocer al cliente; los estrictos controles de los bancos para evitar el lavado de dinero, y las disposiciones adoptadas en la Zona Libre para el control del efectivo, por lo que antes de que se publicara la nueva ‘certificación’ escribí a Gelbard una extensa carta en la cual hice hincapié en el absurdo de los 10 billones y de las otras afirmaciones contra nuestra economía de servicios, las cuales no tenían sustento alguno en el documento. Lo conminé a que las sustentara, cosa que nunca hizo.

Hago alusión a esta experiencia con motivo de las afirmaciones de la embajada de E.U. sobre el lavado de dinero de la droga en el aeropuerto de Tocumen.  Es absurdo pensar que los viajeros que proceden principalmente del Caribe, Sur y Centro América vienen cargados de dinero de la droga porque los $600 billones que genera el negocio se producen en los sitios en que esa droga se consume, o sea, en E.U.  El camino del efectivo es de norte a sur: de E.U. a Colombia, Bolivia, Perú, etc..; los narcos no son tan brutos como para trasladar por avión de un aeropuerto norteamericano (con estrictos controles) grandes cantidades de efectivo. Los dólares de la droga se utilizan para la importación y exportación de productos. Existe el llamado mercado negro de pesos colombianos y la compra en efectivo de artículos movibles, como automóviles y helicópteros. Esto está documentado en la web de FINCEN, agencia del gobierno de E.U. Nuestro hub-aéreo no es diferente del de Londres o Ámsterdam, como tampoco lo son las tiendas libres de impuestos que manejan empresarios exitosos dedicados a ese negocio desde hace mucho tiempo.

No creo que la intención de E.U. sea que eliminemos el hub de COPA para que el aeropuerto de Panamá no siga compitiendo con Miami. Resulta claro que los norteamericanos están sorprendidos por lo extraordinariamente bien que Panamá ha manejado el Canal; por nuestro centro financiero; por nuestro grado de inversión; por nuestro crecimiento económico, por el desarrollo de los puertos (que también los quisieron para Bechtel, al igual que la ampliación del Canal), por la Ciudad del Saber, y ahora, Tocumen. Es seguro que esos comentarios, y particularmente la referencia al Ministro de Turismo, es una glosa sin mayor sustento, lo que aquí llamaríamos bochinche, ahora globalizado gracias a Wikileaks. Si existiera alguna evidencia creíble ya habrían presionado al gobierno para su remoción mediante una advertencia a nuestro Presidente para ponerlo al tanto, sobre todo cuando son claros en afirmar que nada involucra al Presidente en el lavado de dinero.

Debemos estar alertas y cuidar nuestro Tocumen y los miles de empleos que genera. No cometamos el error de aceptarles convenios, supuestamente de seguridad, que pudieran arruinar el hub de Panamá y los ingentes beneficios que produce a la economía panameña.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 21 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Narcotráfico ayer y hoy

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La opinión del Educador…

Pastor E. Durán Espino

En nuestro artículo titulado: “Panamá y el narcotráfico” (Panamá América, 31-12-2010), hablamos del narcotráfico (narcóticos y alucinógenos) por Panamá en épocas precolombinas y de la Conquista.

Decíamos allí que “Panamá, como país ‘puente’… desde épocas muy remotas ha sido utilizado para el tráfico de diferentes cosas”. Y mencionábamos el caso de una yerba que, según Fernando Colón, vio en 1503 que los indígenas del norte de Veraguas y Bocas del Toro mezclaban con un polvo blanco y la masticaban.

Probablemente, se trataba de la misma yerba a la cual el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo se refiere, llamada “yaat”, que los indios de Nicaragua mezclaban con cal y ¡disminuía los efectos del cansancio!,   como la coca (en el Caribe panameño hay especies de plantas del género al cual pertenece la coca andina).

Pero trasladándonos a nuestra época, podemos decir que ese “narcotráfico” persiste.   La historia se repite en espiral, es decir, siempre en un plano más elevado. Tras el crimen del Presidente Remón Cantera, en 1955 se habló de narcotráfico entre las clases dominantes panameñas. Posteriormente, durante la dictadura iniciada en octubre de 1968 el narcotráfico entre los altos mandos militares era un secreto a voces.

Según un memorándum interno de la Casa Blanca, en octubre de 1977 el gobierno de “Jimmy” Carter poseía información de que Omar Torrijos tenía “involucramiento directo” en el narcotráfico, que su hermano Moisés tenía un encausamiento secreto en su contra, y que Hugo Torrijos también estaba “directamente implicado”.   El documento, que se titula: “Memorándum para los archivos”, tiene la fecha 10 de octubre de 1977. El autor es Robert Pastor, entonces Director de Asuntos Latinoamericanos del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU.

Las sospechas sobre narcotráfico hubieran sido suficientes para que cualquier gobierno norteamericano hubiera detenido las negociaciones hasta esclarecer el asunto, pero Carter siguió adelante porque le interesaba que estos tratados se ratificaran.

Pastor fue quien aconsejó a Carter:

1) Que el Departamento de Justicia le negara la información pertinente al Congreso, y,

2) que se procediera rápidamente a concertar una “aclaración” con Torrijos (que se firmó cuatro días después) y serviría para bloquear la oposición en el Senado (ver: La Prensa, 8-7-2001).

Actualmente, se han destapado escándalos relativos al sempiterno narcotráfico, pero en un plano más elevado. Un primo del Presidente Martinelli está preso en México acusado de lavar dinero procedente del narcotráfico. Otro escándalo estalló en el Ministerio Público. Nos preguntamos: ¿Esta penetración es sólo en el Ministerio Público o en todas las esferas del Estado?

“Mafiocracia” –como vemos- es un término muy adecuado, que grupos populares han estado utilizando, para designar a los gobiernos de los últimos años.

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<>Artículo publicado el 14  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Jaque al Rey…

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La opinión de la Periodista…

ADELITA  CORIAT

La gran contradicción entre Martinelli, sin eximir sus pecados, y las agencias de inteligencia, parece centrarse mas bien en su independencia.

Durante el mandato de Manuel A. Noriega Panamá fue punto de trasiego de droga por muchos años. Sin embargo, no fue hasta que comenzaron las contradicciones sobre el conflicto nicaragüense cuando se acentuaron las tensiones políticas entre EU y Panamá. Mientras tanto todo mundo miraba para otro lado.

Se deja ver una lucha entre las agencias de inteligencia por el control del poder e información clasificada. En Panamá están establecidos los componentes de inteligencia inglesa, israelíes, alemanes, y otros.   Tal vez, el prescindir de ciertos servicios haya provocado un sabor amargo a los norteamericanos.

Panamá ha entrado en un manejo de mercado donde los estadounidenses ocupan muy pocos renglones de la lista; la red energética con Colombia, el oleoducto, la red vial, el ensanche del canal. Este último, según wikileaks, parece ser uno de los más dramáticos por las presiones que pudo haber ejercido infructuosamente la embajada norteamericana para ganar la licitación. Son actos independientes de la burguesía panameña que abrieron a otros países la participación en los negocios.

Probablemente en el Departamento de Estado, a diferencia de la embajada, pocos se creyeron el cuento de que el ejecutivo panameño no tenía ingerencia en el proceso de licitación de la vía Interoceánica.

¿Quién no recuerda la famosa reunión que hubo entre la ex embajadora Stephenson, Martinelli y Varela, donde se dice, se cuajó la alianza de gobierno?

Con esto no se pretende insinuar que los gobernantes se cubran de inmunidad y hagan lo que quieran. No. Lo que señalamos es la estrategia que cada posición juega de acuerdo a sus propios intereses. Posiblemente los norteamericanos tengan un as bajo la manga que comprometa el rumbo del gobierno Martinelli.   ¿Cómo y cuándo usarán las cartas?

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<>Artículo publicado el 3  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Panamá y el narcotráfico

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La opinión del Educador…

Pastor E. Durán Espino

Panamá, como país “puente” entre América del Norte y América del Sur, y entre el Océano Pacífico y el Atlántico, es un istmo que desde épocas muy remotas ha sido utilizado para el tráfico de diferentes cosas. Hay indicios de que se ha dado en otros tiempos cierto tráfico comercial de drogas de una región a otra, a veces muy distantes entre sí, por lo que el asunto del “narcotráfico” -en su sentido literal- no parece ser nada nuevo.

 

Fernando Colón, hijo del invasor Cristóbal, registró en 1,503 -cuando sólo tenía 14 años- la costumbre que tenían los indios del río Urirá, a “siete leguas” (105 kms.) al Oeste del río Yebra o Belén, en el Norte de Veraguas, y, también, cerca de la Laguna de Chiriquí, en Bocas del Toro, de mascar una yerba seca, la cual se mezclaba con un polvo (¡¿?!),   lo cual le producía mucho asco.

Los arqueólogos han encontrado que por el año 800 d.C. la gente de la actual Bocas del Toro importaba objetos de cerámica e instrumentos de piedras que se hacían en Chiriquí. Como en la vertiente del Caribe panameño hay especies de plantas del género al cual pertenece la coca andina, que podrían surtir el mismo efecto narcótico, no sería de extrañar que se diera algún tipo de “narcotráfico” entre los nativos de la vertiente del Caribe y los de la vertiente del Pacífico.

Las drogas (narcóticos y alucinógenos) han sido utilizadas por los seres humanos, no sólo como medicamentos, sino también en cultos o ritos religiosos y/o esotéricos, guerreros y en ceremonias o fiestas populares.

El comercio entre los indios “panameños” y otros provenientes del Norte también ha sido comprobado, por lo que también pudo darse por esta ruta algún tipo de “narcotráfico”, pues piezas de oro de indiscutible procedencia istmeña han sido encontradas en el Cenote Sagrado de Chichén-ltzá, la antigua ciudad Maya al Norte de Yucatán, fundada hacia el siglo IX d.C. Los antepasados de los actuales Ngäbes y Bugles intercambiaban piezas de oro panameño por cacao con los indios de México y Guatemala.   ¿Por qué no también otros productos, y entre ellos, el tan comentado amasijo de hojas y polvo para mascar que tanto asco le producían a “Fernandito” Colón?

Mercaderes incas, aprovechando la corriente de Humboldt atracaban en barcos de velas en las costas del Pacífico panameño, para intercambiar mercaderías. En Sitio Conte, lugar arqueológico en la Provincia de Coclé, se encontró la cabeza de un hombre, esculpida en hueso, ¡con un notable bulto en una de sus mejillas! ¿No se referirá acaso esta estatuilla a la costumbre andina de mascar “bolonchones” de coca?

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<>Artículo publicado el  31  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Descriminalizar la droga

La opinión de…

 

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Cuando pienso en guerras inganables, pienso en Robert Mc Namara, secretario de Defensa en los gobiernos de Kennedy y Johnson. Para mí, McNamara fue uno de los grandes criminales de la clase política estadounidense, porque al dirigir la guerra estadounidense contra Vietnam él confesó, antes de morir, que había sabido desde el principio que la guerra era inganable. Aun sabiendo eso, él siguió adelante con una guerra que mató a 58 mil soldados estadounidenses y a 3 millones de vietnamitas, en su gran mayoría mujeres, niños y ancianos. El mismo McNamara llegó a admitir que la guerra en Vietnam mató a mil civiles por día.

¿Para qué? Tantas vidas perdidas y destruidas, ¿para qué? Tantos miles de millones de dólares desperdiciados, ¿para qué? ¿No es criminal derrochar tanta sangre, tanto sufrimiento y tantos recursos valiosos en un esfuerzo inútil? Yo creo que sí.

La llamada “guerra contra las drogas” está en la misma categoría. Esta es una “guerra” que llevamos 40 años de estar peleando –el presidente Richard Nixon la lanzó en 1971– y para nada estamos cerca de triunfar. Todo lo contrario. “La lucha contra el narcotráfico es cuesta arriba y no se vislumbra la victoria”, advirtió en 2008 el International Crisis Group (ICG), una organización no gubernamental dedicada a la resolución de conflictos.

A criterio de ICG, el fracaso se debe a políticas ineficaces y hasta contraproducentes, junto a la falta de consenso doméstico o internacional sobre lo que se debe hacer.

A nivel doméstico, The Washington Post ha criticado que hay 57 agencias estadounidenses involucradas en la supuesta guerra contra las drogas, pero que éstas se pasan más tiempo peleando entre sí que peleando contra el narcotráfico. A nivel internacional, Europa y Estados Unidos tienen enfoques distintos sobre el problema y tienden a culparse mutuamente en vez de colaborar eficientemente; mientras que en Latinoamérica, los niveles de producción de cocaína han seguido estables, década tras década.

A nosotros, en Panamá, nos debe preocupar especialmente que una de las críticas de ICG es que la estrategia estadounidense antidrogas está demasiado militarizada. Una analista del Center for International Policy escribió la semana pasada que México y Colombia, por ejemplo, se han amarrado desmedidamente al “modelo militar” de esta guerra, por lo que “como en cualquiera guerra, poderosos intereses económicos y políticos están en juego para perpetuar la guerra”. (Yo veo una preocupante tendencia militarista en el gobierno de Ricardo Martinelli).

El resultado de las políticas contraproducentes –junto al hecho irrefutable de que todas las fuerzas del mercado están a favor de los narcotraficantes– es que las redes de narcotraficantes han crecido en sofisticación y alcance, convirtiéndose en organizaciones criminales transnacionales que socavan instituciones democráticas y amenazan la paz y tranquilidad de la región. Cada cartel destruido es reemplazado por otro; cada ruta bloqueada es reemplazada por otra, y hay un número infinito de rutas posibles. Sumado a todo eso, los norteamericanos no han identificado correctamente al enemigo, porque lo que más motiva el narcotráfico es la insaciable demanda estadounidense por la droga. Es decir, los norteamericanos rehúsan reconocer que el enemigo son ellos mismos.

Por todo lo anterior, es hora de basar las políticas antidrogas en realidades, no en mitos militaristas, y propongo que en Panamá comencemos con la descriminalización de posesión de marihuana para consumo personal, como ya han hecho muchos países europeos, incluyendo España.

Como señala una comisión sobre drogas y democracia integrada por gente como Mario Vargas Llosa y Fernando Henrique Cardoso, las “políticas prohibicionistas… no han dado los resultados esperados… Esta es una guerra perdida, una situación que se deteriora cada día con altos costos humanos y sociales”.

Lo que hay que hacer, recomiendan ellos, es romper el tabú, reconocer las realidades, y abrir el tema a un nuevo debate. Estoy completamente de acuerdo.

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<> Este artículo se publicó el 21  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/brannan-jaen-betty/

Campos de concentración panameños

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La opinión de…

Efraín Hallax

“Todo es asunto de percepción.   Las horas se deslizan con la parsimonia de un antiguo ritual, o con la velocidad de un cometa.    Mientras pasan las cosas, nos pasan.   La subjetividad nos impide deslindar un matiz de otro; seduce nuestros sentidos, los transforma; nos induce a la tergiversación.   Sin embargo, creemos siempre dominar la verdad, ser incapaces de equivocarnos. Así somos, pero seguimos en la misma”.   De esta manera nos habla Enrique Jaramillo Levi en su maravilloso libro de poesías, Mirada interior.

Después de ver la obra Bent en el teatro La Quadra, dirigida por Edwin Cedeño, no pude evitar sentir que algo se había descompuesto en mi páncreas.   La trama gira en torno a un campo de exterminio nazi en donde cada grupo “indeseable” tenía un logo en su solapa:   los judíos la estrella de David, los homosexuales un triángulo,   los drogadictos un círculo, etc. Símbolos inspirados por el olor de sus lágrimas.

El desenlace de la trama nos muestra a un homosexual oculto, arrepentido de su cobardía después del asesinato de su amante, quien prefirió la muerte llevando en la frente el símbolo de homosexual, a morir portando una estrella de David.

Todo es asunto de percepción, dice Jaramillo Levi.   Desgraciadamente la percepción honrada y noble esquiva la realidad en el ser humano de la misma manera que las burbujas del río evitan ser capturadas por mis manos.   Estamos todos tan metidos en el clóset que ni siquiera mi computadora tiene una corrección para la palabra “prostitución”; entonces, de acuerdo con mi ordenador, la prostitución no existe.

En Panamá nadie fuma mariguana. ¡Sssht!   No hablemos de drogas, silencio.   La guerra contra las drogas está perdida, siempre lo ha estado. Helicópteros y ametralladoras no harán un cambio respecto al uso de drogas en los pueblos del mundo.   Debemos despertar algún día y oler cómo los latidos de nuestro corazón no armonizan con lo que vemos. Hoy es un buen día para ello.

El campo nazi para etiquetar y eliminar todos los problemas todavía funciona en Panamá. Olvidándonos que la represión sin educación no funciona.   El primer paso es tener el valor de ver lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.   De otra suerte, no podremos dar este primer paso. Entonces los enfermos somos nosotros.

El 98% de los accidentes automovilísticos ocurre por causa del alcohol. Pero, desgraciadamente, seguimos promocionando su consumo en los medios de comunicación y en afiches en la calle.   ¿Ceguera o hipocresía colectiva?

Si nos quitamos la venda que nos cubre las neuronas, comenzaríamos a sospechar que en las cárceles existen montones de drogas.   Más allá de la sospecha, en la cárcel existe, efectivamente, un mercado gigantesco de drogas. La única diferencia es que si ya estás en la cárcel,   puedes consumirla libremente.   Entonces, ¿para qué mandamos a un drogadicto a la cárcel? ¿cuál es el propósito del campo de concentración? ¿cuál es la razón de colocarle una etiqueta a un consumidor y mandarlo al peor infierno que existe en Panamá?    Salgamos del clóset y hablemos; vamos a conversar.

La moneda tiene dos caras: quien la vende y quien la consume. Ni el vendedor desaparecerá, ni el comprador va a emigrar.   Las cárceles continuarán creciendo y el negocio en el campo de concentración aumentará con su etiquetado… “drogadicto”.

Estoy seguro de que cuando salga de la cárcel este joven no habrá sido transformado por nuestro “maravilloso” sistema de rehabilitación carcelaria.

En casi todas las capitales del primer mundo al adicto o aspirante a serlo se le llama consumidor y al que la vende traficante.   Inclusive en algunos países “desarrollados” existen impuestos estatales, y cafeterías con espacio asignado para quienes deseen fumar yerba.   La cárcel es un anatema para un consumidor.   Mandar a un joven a la cárcel por consumidor es inmoral y estúpido;   es suicidarnos colectivamente. Entras drogadicto y sales drogadicto con maestría de criminal. ¡Enfrentemos la música!

El 2 de noviembre próximo en el estado de California los americanos votarán si despenalizan o no el consumo de la marihuana.   El resultado es de mucha importancia política para la derecha republicana.   Pero la realidad es otra; actualmente ya es legal a través de clínicas.   Los gringos son muy parecidos a los panameños: ambos somos campeones en el arte de la ceguera.   Ambos virtuosos en las ciencias del negocio.

Recordemos de nuevo a Jaramillo Levi: “Ser incapaces de equivocarnos. Así somos.   Pero seguimos en la misma”.

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/hallax-efrain/

Ingenio y competencias juveniles

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.

Un grupo de ingeniosos estudiantes del Imperial College de Londres tuvo la ocurrencia de crear un sistema para modificar el proceso de combustión de los vehículos y sustituir el combustible fósil tradicional —la gasolina— por otra forma, que hiciera un carro más veloz y con un engranaje limpio de emisiones para el ambiente.

Esta particular ‘travesura’ de los chicos, les llevó a estudiar dentro de sus actividades académicas, sobre ingeniería automotriz y cambiar toda la estructura interna de un modelo común para producir el que denominarían SRZero, algo así como una versión del auto fantástico, que acelera de 0 a 100 kilómetros en un tiempo de siete segundos más o menos.

Este ya famoso coche estuvo hace unos días en Panamá, punto obligado de una gira que atraviesa el continente. Un equipo de los inquietos inventores vino como parte de la delegación inglesa y dialogó con un público joven interesado más en el prototipo, que en el proceso.

Si se reflexiona sobre este trabajo del grupo de estudiantes visitantes con las agendas escolares y las competencias de la población escolar en el país, habría que preguntarse si el clima académico de la educación panameña puede generar este tipo de proyectos.

Uno de los diarios locales publicó recientemente cifras sobre la elevada tasa de consumo de licores y de embarazo precoz entre los jóvenes en el país.   De acuerdo con los datos, el 50% de los consumidores de drogas tiene entre 18 y 25 años en el continente, según la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD).

Otros indicadores estadísticos en Panamá son más sorprendentes;   ‘la edad promedio de iniciación en el consumo de alcohol se ubica entre los 12 y 14 años’, expone un reportaje publicado en un diario nacional y cita el balance de la Comisión Nacional para el Estudio y la Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (Conapred).

En los últimos años dicho promedio bajó. Investigaciones precedentes establecían en 15 años, la edad en que empezaban a beber licor los jóvenes. También resaltan los resultados de diagnósticos regionales que exponen que Panamá es el país centroamericano con la más alta tasa de ingesta de licor —con seis litros anuales per cápita—, incluso por encima de Costa Rica, que registra una unidad menos.

Otro escenario se refiere a la condición de embarazo de adolescentes. En 2009, de un total de 6133 mujeres embarazadas, un 25.9% no había alcanzado la mayoría de edad. En 2010, el porcentaje de jóvenes menores de 18 años en estado grávido, alcanza un 28.4%, según cifras del Ministerio de Salud.   En estos montos se resalta que para 2008 hubo 132 casos de menores entre 10 y 14 años y en el 2009, unos 78.

¿Por qué se ha disparado este tipo de cuadros e indicadores de la juventud?   Estos y otros casos son factores que desvían la atención de los adolescentes y desvirtúan cualquier capacidad de fortalecer su ingenio innato y sus potencialidades.

En el campo educativo las condiciones no estimulan para fomentar esta creatividad en los jóvenes. Los educadores y el Estado tienen una rencilla que data de unos cuarenta años, donde los primeros no se satisfacen con las demandas salariales y el segundo no logra establecer una política educativa a tono con los tiempos que se viven y las transformaciones de la ciencia, tecnología y la cultura en el planeta.

Otra realidad y estímulos extraños atraen la atención de las nuevas generaciones con formatos atractivos, persuasivos y que, por lo general, brindan mayor espectacularidad. En esto tienen mucho que ver los medios de comunicación, su planteamiento programático y el tratamiento de modas y tendencias culturales.

Estos esquemas son altamente superficiales y carentes de contenido para impulsar el fortalecimiento del ingenio. Hoy, un joven por ejemplo se tatúa, se pone aretes, se pinta y arregla el cabello como ‘mango chupa’o’ para ajustarse a una realidad que no comprende.

Hay ritmos que reflejan una condición semejante; por esa razón la vigencia de esa expresión puramente coreográfica del Passa passa, solo forma, sin mayor fondo.

Es que la época se ha quedado sin contenidos, sin explicaciones y menos con la curiosidad que precede las grandes obras humanas.

Aún así, a veces hay singularidades como aquella de los chicos que han construido un robot con tecnología propia en Panamá. Este ejercicio es un ejemplo del tipo de agenda que requerimos construir, para que estas generaciones se conviertan en sujeto de las políticas de Estado y recuperar así sus ingeniosos y refrescantes aportes.

<> Artículo publicado el 29  de septiembre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.