“Sin causa de justificación”…

La opinión de…

Ariel Banqué Estrada 

“La pena constituye un medio de prevención general…, reinserción social y protección del detenido”, entonces es menester del Estado garantizar el respeto de la vida e integridad de los reclusos pues estos están bajo su custodia. En ese sentido, el fin del régimen penitenciario es lograr la convivencia ordenada y pacífica; así como llevar a cabo con eficacia el tratamiento de readaptación social del condenado. ¡Sí! también sabemos que la delincuencia y la inseguridad son un dilema que menoscaban el intelecto del ser humano que la sufre, no obstante, consideramos que a estos jóvenes presas de las pandillas, de las presiones de grupo, de las malas influencias, se les debe corregir enérgicamente, pero dentro de un marco de resocialización, la cual es ficticia en los centros penales, por desinterés de los Gobiernos.

 

¿Cómo estigmatizar  a este grupo social? si vivimos en una sociedad sin principios, sin valores de responsabilidad, respeto, honestidad, etc.… ¿A quién endilgarle la culpa?   El problema de la delincuencia existe por una serie de factores que los políticos, y timadores de la democracia no se preocupan por identificar y sanear. Sin duda alguna, quien cometa un delito “sea quien sea”, debe ser  sancionado dentro del rigor de la justicia, por transgredir la ley, pero, de ahí a que se consienta que seres humanos sean calcinados sin el mínimo esfuerzo de los presentes de inmutarse a socorrerlos, es una animalada y sobre todo cuando es orquestada por nuestros prestatarios del orden público.

 

Esto es reprochable, todavía más que las vulneraciones a garantías constitucionales, como la presunción de inocencia y el libre transito por el Pele Polis,  e injustificable pues los guardianes en los centros penales no deberán (según la ley), emplear la fuerza salvo en asuntos de legitima defensa –que no fue el caso-; para controlar y evitar evasiones –seguían encerrados los reos-; o para reducir su resistencia a una orden legal o reglamentaria impartida –lo que no amerita que se descarguen dos bombas lacrimógenas a una celda trancada con seres humanos dentro-.

 

Apelamos a los buenos oficios de la Fiscalía encargada de esclarecer los hechos, para que pueda responsabilizar al culpable de esta atrocidad, pues a pesar de su estatus delincuencial estos como seres humanos que son, le son innatos una serie de facultades que como mortales con dignidad, se les debe respetar,  sobre todo al estar vigilados por el Estado.

Hago la salvedad, que no soy apologista de delitos, pero hasta el más abyecto ser humano es “Digno” de ciertas prerrogativas  en su vida. Sostengo que el delincuente debe pagar sus actos, pero,  “Hay que darle al culpable la posibilidad de reparar lo malo que hizo” y no repeler con violencia, la violencia.

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Artículo publicado el 20 de enero de 2011 a las 0:26  en Facebook y etiquetado en nuestro muro por el autor.  También fue reproducido el 26 de enero de 2011 en el Diario El Panamá América, a quien damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¿Desmemoriada la Historia?

La opinión del Estudiante de Derecho…


Ariel Banqué Estrada

Dicen que “un pueblo sin memoria está condenado a vivir su pasado”, lo que es razonable. Pues el desconocimiento y la falta de análisis de nuestros anales puede incidir en que como país cometamos las mismas equivocaciones que de una u otra manera nos han ocasionado desavenencias vividas en otrora; sin embargo, me toca reconocer que es prohibido impidirle a alguien olvidar lo que razonablemente no conoce. Esto lo sostengo al percibir el desentendimiento del cual somos parte muchos ciudadanos a 47 años de ocurrida la gesta del 9 de enero del ’64 donde decenas de personas, entre estudiantes y ciudadanos istmeños, fueron abatidos a muerte por la policía zoneíta cuando intentaron hacer respetar el acuerdo que un año antes firmaran los presidentes Roberto Chiari y John F. Kennedy, sobre permitir que el pabellón panameño ondeara con donaire y gentileza al lado de la enseña de EE.UU.

 

Y es que todos no hemos perdido de la memoria los relatos de nuestra historia, sino que el descuido de unos cuantos, al no transmitirnos los hechos, da como resultado la apatía de nuestra gente al no dar el crédito necesario a esta heroicidad y, a la vez, nos hace cómplices e incapaces de ser voceros vehementes de nuestras próximas generaciones y darle a conocer proezas que como ésta son parte de la crónica de nuestra Nación.

 

Agradable sería, que con nacionalismo celebráramos las hazañas de panameños que dieron su vida por la completa libertad de nuestra República, como en otras latitudes crean conmoción las vidas de Eva Perón, José Martí, Miguel Hidalgo y Simón Bolívar para los argentinos, cubanos, mexicanos y venezolanos respectivamente.

Queda como reflexión, que el patriotismo o valor que podamos tener y cultivar en los demás se va inferir del conocimiento que ostentemos de las cosas y que el sentimiento y repudio hacia los actos de los norteamericanos es resultado de la instrucción que poseamos de los hechos o circunstancias que perciban nuestras mentes para alcanzar la civilidad y contribuir personalmente al progreso y bienestar común de nuestra sociedad, tratando siempre de ser patriotas a pesar del sin fin de problemas que se aspiran en esta bella tierra: Panamá….

 

<>Reproducción de nota publicada en nuestro muro en Facebook, el  09 de enero de 2011 a las 23:10 por el autor.  Este artículo tambien fue publicado el 12 de enero de 2010 en el diario El Panamá América, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

“La Educación, cimiento de la aptitud ciudadana”

La opinión del Estudiante de Derecho….

ARIEL  MOISES  BANQUE  ESTRADA

Sin temor a nada sostengo, que es a base de esfuerzo que lograremos el cambio social tan anhelado, relegando a los enviciados del manejo del erario público para tomar parte de la Política como activistas de la justicia; para ello, y sin pretender ser erudito, creo que es necesaria una formación adecuada y conocimientos plenos de nuestros Derechos ciudadanos para así, con gran conmoción poder alcanzar lo justo sin temor a ser mediatizados.

 

La educación coadyuva a que podamos concientizarnos de la realidad que vivimos y es un factor que incide en que seamos centinelas del correcto manejo de la misma y de un real progreso social.

 

Nuestro interés ahora es acotar que la capacidad del ciudadano y su incidencia ciudadana depende de la educación, la cual supone en la persona un gran sentido de comprensión, es decir, su aptitud para receptar con coherencia la dimensión de nuestras circunstancias a base de la razón que es lo que nos servirá para emprender la edificación de nuestra identidad personal para lograr asumir roles y prepararnos para encarar al mundo.

 

Julio Souxa Lenox, sostiene: “El estudio del Derecho demanda una profunda vocación humanitaria… y el reconocimiento en gran sentido de la comprensión de la justicia y la libertad”… No obstante, consideramos que ese sentir humanitario y apego a la equidad, no sólo debe ser un patrón para los estudiosos del Derecho, pues no somos los únicos poseedores de dichos atributos, por ende, discurrimos que un efectivo trabajo de conciencia en pro de una real madurez social implica forjar a los demás miembros de la sociedad, y qué mejor que empezar por la juventud para que este grupo social siente cabeza y logre prever que de sus actos como resultado se infiere la dirección de su futuro, que no optar por acatar roles y compromisos sociales es dejar de ser protagonistas de sus vidas lo que es legar a otros a que escriban y condicionen su porvenir.

 

En otras palabras, nuestra educación nos premia e indulta en el futuro. También, incurre en la búsqueda de la solución de los problemas de una sociedad y en el realce de nuestra dignidad, pues merecemos respeto sin importar quiénes somos. Cabe argüir que la sustancia de este escrito es que el desconocimiento del ciudadano es el opio de pueblo y que nos toca formarnos, aprender y promover la enseñanza de todo índole y sobre todo en Derecho para evitar las arbitrariedades de quienes gobiernan, pues fácil seria reflexionar que la mala educación pública es un elemento afín para la estupefacción de los pueblos.

<> Este artículo, enviado  fue  enviado por el autor y publicado en Facebook el 31 de octubre de 2010, lo mismo que el 3 de noviembre de 2010 en el diario El Panamá América,   a quienes  damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que le corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/banque-estrada-ariel/

“Dame pan y dime tonto”…

Artículo de opinión publicado como nota en Facebook por el estudiante de Derecho y Ciencia Política….

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Ariel Banqué Estrada

Comprendo la inocencia como el desapego del ser humano, del pecado y de toda tendencia hacia el mal;   por ello lo absuelvo Sr. Presidente, pues, fue sincero con el elector y de loco se tildo, y no fue más que por este servidor y el 60% de votantes que ahora entre alardes y soberbia usted osa repetir “no jueguen conmigo”, “ponte a trabajar” o “¿en qué idioma lo tengo que decir?” cual si fuera con su crío con quien ha de conversar…

Y hablando de inocente, también lo soy, pues al haberle elegido no vi su defecto mental y tiranía, sino, las propuestas de quien más que afín a compañero de formula o vicepresidente, hoy destila incompetencia y carácter de mozo de su campiña, de un Súper 99 o de Importadora Ricamar.

Inocente también el ciudadano, timado y defraudado, quien no escarmienta con su pasado y sostiene entre conversas que ¡éste, es muy buenecito para estar en política! o bien, ¡fulano me dio pa’l gas, me dio cinco dola’ y pa’ cocina’!… pecando de ignorante y ratificando que en nuestros días, al vivir en la insipiencia, no es necesaria la fuerza, para que te puedan mediatizar.

Por ello insisto en mi inocencia, pues no voté por Bosco, y por no ser cédula ocho no pude elegir a Bernal… Sigo siendo inocente, y no me siento burlado, pues en la benemérita Asamblea de Diputados, cuna de mediocres, mudos e interesados, verdugos voraces del pueblo, con exabruptos legislativos, no se encuentra rellenado, Banqué, mi diputado…

¡Ah! Pero inocentes también los Diputados, que por temor a ser distanciados por quien les dicta los lineamientos, prefieren solapar actos en contravención al pueblo, deponiendo sus principios y dignidad, por partidas y prebendas. Y sí, que son inocentes, pues Pablo Pueblo y los demás, no valoran al sabio e intelectual; a quien le ayuda de verdad, sino, al baladí politiquero que le dé para el momento y en particular, y, no a la postre y la comunidad.

Inocente también el periodista, que hoy no sabe acometer ni refutar al Presidente, y a los demás lenguaraces de la Democracia, quizás por temor a ser censurados o ¿será por no caer pesados?, pero que supieron entrometerse en los asuntos de Rctv y Chávez, al grado, de suspender hace un par de años su programación a hechura de protesta.

¿Qué pretendes hacer ciudadano?   Pues, por ti y por mí, absuelvo a esos tiranos, arquitectos de la maldad, que nos saben acallar con dádivas y becas, con nombramientos en puestos públicos, y con los cien pa’ los 70. ¿Será correcto seguir lindado, y auto amordazado? si por otro lado, los Detractores de la Democracia, nos amedrentan con fatídicas leyes, y con reprimenda social… Esto, es sólo mi opinión, también concibo tu inocencia, pues en momentos difíciles como estos, bien fácil es decir, “Dame pan y dime tonto”…

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Artículo enviado y publicado el 10 de julio de 2010 a las 18:57 en Facebook  por el autor a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

El Sábado a las 18:57

De estupefaciente ciudadano”

La opinión del Estudiante de Derecho…..

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Ariel Banqué Estrada

He constatado que existen factores somníferos que pasman al ciudadano y lo inhabilitan para interpretar la edificación de la “Catedral del futuro y los cambios de falsos valores como la pillería y la astucia, por la justicia y la solidaridad” de la que se refiere Francisco Rubiales. Y en esta ocasión, mi parecer trata sobre la postura ofuscadora y desorientadora de las iglesias; y acoto, que la iglesia es parte del opio de los pueblos, como diría Marx, por la desconcertada conversación que sostuvimos con una letrada y profesora (erudita del Derecho), que en su calidad de cristiana evangélica, no titubeó en aludirme “hay que obedecer a las autoridades, que están ahí por Dios, y orar para que hagan las cosas de manera correcta”. “Pues contra ti, sacerdote, es mi demanda…, mi pueblo esta siendo destruido, porque le falta conocimiento”… (Oseas 4; 4 y 6).

¿Cuál es la misión del evangelio que profesó Jesucristo? ¿Por qué nos presentan un Dios mudo y apático a nuestros males humanos? y, nos acallan ante las injusticias instándonos sólo a la fe y no al repudio de lo mal hecho, ¿A qué se deberá la creciente proliferación de nuevos templos evangélicos en lugares contingentes pero radicalmente descuidados y empobrecidos? ¿Podría deducir que se debe a una política sosegadora ciudadana? Cuando todavía los ciudadanos esperan prodigios de sus líderes (como cuando Moisés, usó su vara para hacer milagros), sin la mínima intensión de luchar por su bienestar social.

Insisto, de la vida de Jesucristo se destila su repudio a las injusticias y la lucha por alcanzar lo justo. Por tanto, es absurdo que se degrade el intelecto de la persona al ceñirlas con verborrea a que se sometan y obedezcan a sus autoridades, pues aunque malos, son los líderes que nos merecemos. ¿Peco al exigirle sobre su actuar, a quien le he delegado mi poder político? Si sólo bastarán las oraciones para oprimir a los gobernantes, ¿De qué sirven los foros, los debates y lo que hay se analiza? ¿Cuál sería el sentido de la Constitución y las leyes? Sin obviar el estudio del Derecho.

Si la revolución, es “cambiar lo que debe ser cambiado, igualdad y libertad plenas; el emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”; ¿Sería difícil comprender que Jesús, fue un revolucionario de todos los tiempos? Sólo nosotros a base de esfuerzo, emprenderemos el camino al cambio de la sociedad, relegando a los enviciados de manejar nuestro erario público, y como cristianos y letrados tomar parte y revolucionar la política para ser activistas de la justicia, ya que las autoridades no solucionan nuestros problemas, aunque debieran hacerlo, pues “lo más atroz de los malos, es el silencio del bueno”…

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Este artículo se publicó el  9  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

“Condenado por la verdad”

“Condenado por la verdad”

Ariel Banqué Estrada – Estudiante de Derecho

Aquí, y en todas partes del mundo, manifestar y sostener la verdad puede incomodar a los demás; y eso hoy se acredita cuando todavía pretenden expulsar al Dr. Miguel A. Bernal de la Universidad de Panamá, simple y llanamente por criticar y recusar actuaciones sinuosas del cuasi-vitalicio Rector de la Casa Octavio Méndez Pereira, lo cual dilata la libre expresión.

Este acontecer me hace recordar el famoso juicio de Sócrates -acusado de corromper a la juventud ateniense, de crear nuevos dioses y faltar a la devoción de los existentes-, pues la verdadera razón de su condena a muerte, mediante la toma de la cicuta, se debía a su sabiduría y a la envidia de sus acusadores.

De hecho el hijo de Dios -que nació y vino al mundo para ser testigo de la verdad (Jn. 18; 37)- con su Revolución de amor y loable destreza para disuadir multitudes, descontentó a los sacerdotes y fariseos de aquella época, y por ello fue procesado y condenado a muerte, por agitador. “Después se levanto la Asamblea y lo llevaron ante Pilato. Ahí empezaron a acusarlo, diciendo: Hemos comprobado que este hombre agita al pueblo (Lc. 23; 1-2)”. Sin obviar a Galileo Galilei, quien fue condenado por el Tribunal de la Inquisición, al ratificar que el sol era el centro del Universo.

Traigo a colación estas figuras de la historia, considerando que la percepción que tienen muchos en este país, del profesor Bernal, es casi igual de enigmática que la de aquellas personalidades en sus momentos determinados. Basado en lo que dijera él, en una entrevista cuando acotó, que “lo que molesta a algunos es que Miguel Antonio Bernal no tiene pepitas en la lengua para llamar al pan, pan y al vino, vino…

Él, denuncio y aseveró la sinuosa expedición de diplomas falsos en la Universidad de Panamá, lo cual fue comprobado por la propia casa de estudio; no obstante, como “La verdad duele cuando te la dicen, porque sabes que es cierto”, el Cuasi-vitalicio Rector, no conforme con gestar hace cuatro años, del Inquisitivo Consejo General Universitario, la decisión de declarar “Non Grato” al Catedrático de la Facultad de Derecho, desde ahora podrá, seguir su persecución, cuyo fin es desterrarlo de una vez por todas de la Universidad de Panamá; en razón de que el pleno de la Corte Panameña, “decidió siete votos a favor y dos en contra, rechazar una advertencia de inconstitucionalidad presentada por Bernal contra el Estatuto Universitario”.

El Dr. Bernal, contrario a corromper a sus estudiantes como se le acusaba a Sócrates, se encarga de gestionar la cultura de la lectura, del análisis y de la buena educación; contrario a crear nuevos dioses, se preocupa por propulsar profesionales eficientes; contrario a gestar el culto a la personalidad, propugna el culto al Derecho; contrario a la negar lo que dice, lo reafirma con erudición; y sus discursos elocuentes y persuasivos, agitan e inspiran el amor al Derecho y, sobre todo, siempre recargados de pasión y sentimiento de apegó al mismo.

Hoy día está condenado a una posible expulsión por hacer de sus “palabras un arma” que dispara verdad y razón; y si ese es su delito, pues que siga siendo un criminal, ese activista, reformador y agitador de conciencia, en busca de la verdad, y que siga llamando “Al pan, pan y al vino, vino”, ya que sé que “la verdad os hará libres”…

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Publicado el 25 de junio de 2009 en el diario El Panamá América a quien damos todo el crédito que le corresponde.