Más luto y dolor en las calles

La opinión de….

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Rebeca Martínez de Antonelli

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Más luto y dolor en las calles

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Indiscutiblemente, este pueblo no resiste una tragedia más ocasionada por la inconsciencia e irresponsabilidad –yo agregaría por la falta de respeto a la vida ajena– de los conductores de vehículos. Llámeseles “buseros”, “taxistas”, sin dejar de mencionar que los conductores de cualquier vehículo a motor están también incluidos.

Este es el único país del mundo en que cuando un peatón se dispone a cruzar la calle los conductores pisan el acelerador, en lugar de frenar y darle paso. Del mismo modo pasa cuando usted va manejando su auto y pretende incorporarse a la vía principal, en lugar de recibir la cortesía por parte de los demás conductores, éstos aceleran para impedir que usted pueda incorporarse nuevamente a la vía. Y qué decir de aquellos conductores que cuando usted les demuestra, tocando la bocina, que están obstaculizando el tráfico –ya sea porque manejan muy despacio o por estar en todo menos en el manejo– de manera ex profesa casi dejan de acelerar para que usted no pueda avanzar (conducta típica de los taxistas panameños).

Estas situaciones nos hacen llegar a la conclusión de que el conductor panameño ha perdido por completo el respeto a la vida humana y, reitero, no me estoy refiriendo solo a los conductores que tienen que ver con el transporte público; no señores, estamos hablando de toda persona que conduce un vehículo, porque cuando no son hijos de jueces o amigos de “fulano de tal”, están exonerados de pagar por las muertes que ocasionan sus negligencias. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar que otro hogar panameño se vea ensombrecido por la muerte de un miembro de su familia a manos de estos conductores?

Considero que este es el momento para hacer un alto y, de una buena vez, realizar los cambios respectivos a fin de lograr que los panameños dejen de morir en las calles, debajo de las llantas de un camión, diablo rojo, taxi, automóvil particular, etc.   Me permito elevar mi voz y la de las personas que claman por justicia para que esta situación tome otra dirección.

Estoy segura y confío en que el señor Presidente, quien cuenta con todo el apoyo de este pueblo –lleno de luto y dolor por las pérdidas físicas que ha sufrido por culpa de los insensatos conductores– logrará hacer la diferencia. Para ello, ofrecemos algunas sugerencias: si es necesario hacer cambios en la legislación existente, ¡por favor, háganlos!; comiencen por cancelar la licencia de conducir a todo aquél que no cumpla con la ley; que las multas sean realmente onerosas, para que a cualquier conductor que se le ocurra pisar el acelerador más de lo establecido, lo piense dos veces; es necesario iniciar una campaña para “educar al conductor”.

Debemos comenzar por esta última recomendación; es imperante que en Panamá aprendamos la cultura del buen conductor, ofreciendo charlas o cursos con carácter de obligatoriedad cada vez que vamos a renovar licencia. Sería oportuno dedicar un par de horas para escuchar lo que nos hace falta saber: temas relacionados con el manejo, las normas de cortesía, etc., y ¿por qué no? someternos a evaluaciones psiquiátricas, porque pareciera que los causantes de los graves accidentes, en los que se pierden vidas humanas, no se encuentran en su sano juicio.

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Publicado el 16 de septiembre de  2009 en el diario La Prensa; a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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