Socorristas de la Cruz Roja: 40 años sirviendo

La opinión del voluntario socorrista de la Cruz Roja….

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FRANKLIN SOLÍS GUERRA

En abril de 1970 se producen inundaciones que trajeron luto y dolor a pobladores de las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, no existiendo en Panamá un personal calificado para efectuar labores de rescate, se solicita la colaboración de Socorristas de la Cruz Roja Costarricense para ayudar en las acciones de socorro.

Doña Otilia Vega de Sittón, presidenta del Comité Provincial de la Cruz Roja panameña en Chiriquí, comisiona al profesor Agustín A. Martínez R., para que forme un Cuerpo de Socorristas, que proporcione asistencia a las víctimas del desastre.

Los primeros integrantes del Cuerpo de Socorristas de Chiriquí eran, en su mayoría, estudiantes de segundo ciclo de los colegios Félix Olivares y Francisco Morazán, quienes voluntariamente se inscribieron y recibieron los cursos de primeros auxilios.   Se convoca a la primera reunión constitutiva el 24 de junio de 1970, tomando la fecha de la Batalla de Solferino, que inspiró a Henry Dunant a ser el primer socorrista de la Cruz Roja.

La formación inicial recibe un gran apoyo de la Cruz Roja Costarricense a través de su Sede Central y del Comité Auxiliar de Cartago, quienes facilitan que socorristas de Panamá viajen a su país a tomar cursos de Primeros Auxilios, Seguridad Acuática y Rescate en Montaña.

El 3 de julio de 1972 el Comité Central de la Cruz Roja Panameña ratificó la creación del Cuerpo de Socorristas, siendo elegido como primer Director Nacional el Licenciado Gustavo A. Pérez, (Q.E.P.D).

A cuarenta años de su fundación, el Cuerpo de Socorristas se ha convertido en el primer cuerpo técnico operativo de la Cruz Roja Panameña.

El servicio de ambulancias de la Cruz Roja Panameña inicia en 1973, siendo brindado por socorristas voluntarios, dando origen a la formación de profesionales que evolucionaron hacia la creación de los servicios estatales y particulares servicios de ambulancias y respuestas a emergencia.

En 1978 se gradúan los primeros Técnicos en Urgencias Médicas (T.U.M.) de la República de Panamá, curso brindado por la Cruz Roja Panameña con el auspicio del Hospital Santo Tomás.

A través de estos cuarenta años de servicio desinteresado a la Humanidad, varias generaciones de socorristas provenientes de diversos orígenes han dado honor a su lema de:

‘Servir con abnegación, a los heridos y enfermos; sin tomar en cuenta su nacionalidad, raza, credo político y religioso; mantenerme moralmente recto; mentalmente despierto y físicamente apto, para socorrer a los que sufren; aun a riesgo de mi propia vida’.

A cuarenta años de aquel desastre natural que dio origen al surgimiento de este organismo voluntario, la historia se repite en espiral y a cada momento se suscitan eventos que requieren de la oportuna y profesional intervención de socorristas bien capacitados y que cuenten con los recursos para socorrer a los que sufren aún a riesgo de sus propias vidas.

Basta de improvisar y sobrevivir, se requiere de un genuino interés institucional y, por ende, a través del Estado proporcionar todos los recursos necesarios para poder contar con voluntarios que hayan sido formados apropiadamente y que posean los equipos y recursos tecnológicos que la comunidad se merece.

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Artículo publicado el 26 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Salud y Seguridad de los trabajadores: Asunto de Estado

La opinión del Docente Universitario…..

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Franklin Solís Guerra

Nuestra nación requiere de inversiones millonarias en los estamentos estatales responsables de garantizar la vida y salud de los trabajadores, la implementación de estos programas es costosa, pero resulta mucho más costosa y dolorosa la inexistencia de estos.

No basta con que el gobierno exija que el empresario entregue botas y casco a un humilde trabajador que inicia sus labores en un proyecto, pensar que con esto cumple con la ley, constituye un gravísimo error.

Educar cuesta, pero resulta mucho más costosa la ignorancia, causante del luto y dolor en los hogares de panameños; hogares en que el padre de familia no regresa a su casa o lo hace en una silla de ruedas o un cajón de madera.

Mientras los altos personeros gubernamentales y de la empresa privada sigan pensando que los problemas de la seguridad se resumen en un casco y unas botas, nuestra nación continuara en el oscurantismo y encontraremos a cada momento las imágenes dantescas de otro trabajador fallecido por la negligencia de una sociedad incapaz de prevenir los mismos.

Educación y formación, clave del éxito en salud y seguridad: la cual se requiere a todos los niveles. Necesitamos de los profesionales más capaces y de los presupuestos adecuados para establecer planes a mediano y largo plazo.

La cultura de seguridad se va formando poco a poco, se debe iniciar a enseñar desde las primeras etapas escolares, hasta llegar a la formación superior.

Basta de politiquería partidista en los cargos rectores de la materia, requerimos de profesionales capaces, bien remunerados que trasciendan los gobiernos y que sirvan al estado y la sociedad sin el temor de represalias del mandatario de turno o de sus amigos empresarios.

Debemos evolucionar hacia la creación de una Autoridad Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo, que administre y regule la materia a nivel público y privado.

En nuestra nación, abundan las reglamentaciones en salud y seguridad, dispersas en diversas instituciones, el estado ha sido incapaz de implementar programas de salud y seguridad que logren disminuir los accidentes y enfermedades.

Esta responsabilidad directa del estado, hábilmente se ha delegado en los empresarios y trabajadores, los cuales se culpan mutuamente.

Se requiere implementar los controles administrativos que se inician desde los altos mandos, incluyendo las planificaciones, capacitaciones y cualquier medida que reduzca la posibilidad de accidentes. Los controles de Ingeniería que modifican la estructura, maquinaria o sistema de trabajo y finalmente el equipo de protección personal que aísla al trabajador de los peligros a la salud o su integridad física.

Se hace impostergable fomentar una cultura en salud y seguridad, como parte del diario quehacer, que vaya más allá del cumplimiento de reglas establecida.

El trabajador, el empresario y el gobierno deben entender que la salud y seguridad de los trabajadores es responsabilidad de todos, a cada uno le corresponde su parte.

Una cultura de seguridad en el trabajo, produce bienestar entre los trabajadores beneficios a la empresa y el estado.

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Este artículo se publicó el  30  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Salud y seguridad de los trabajadores: Asunto de Estado

La opinión de…..

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FRANKLIN SOLÍS GUERRA

Nuestra nación requiere de inversiones millonarias en los estamentos estatales responsables de garantizar la vida y salud de los trabajadores, la implementación de estos programas es costosa, pero resulta mucho más costosa y dolorosa la inexistencia de estos.

No basta con que el gobierno exija que el empresario entregue botas y casco a un humilde trabajador que inicia sus labores en un proyecto, pensar que con esto cumple con la ley, constituye un gravísimo error.

Educar cuesta, pero resulta mucho más costosa la ignorancia, causante del luto y dolor en los hogares de panameños; hogares en que el padre de familia no regresa a su casa o lo hace en una silla de ruedas o un cajón de madera.

Mientras los altos personeros gubernamentales y de la empresa privada sigan pensando que los problemas de la seguridad se resumen en un casco y unas botas, nuestra nación continuara en el oscurantismo y encontraremos a cada momento las imágenes dantescas de otro trabajador fallecido por la negligencia de una sociedad incapaz de prevenir los mismos.

Educación y formación, clave del éxito en salud y seguridad: la cual se requiere a todos los niveles. Necesitamos de los profesionales más capaces y de los presupuestos adecuados para establecer planes a mediano y largo plazo.

La cultura de seguridad se va formando poco a poco, se debe iniciar a enseñar desde las primeras etapas escolares, hasta llegar a la formación superior. Basta de politiquería partidista en los cargos rectores de la materia, requerimos de profesionales capaces, bien remunerados que trasciendan los gobiernos y que sirvan al estado y la sociedad sin el temor de represalias del mandatario de turno o de sus amigos empresarios.

Debemos evolucionar hacia la creación de una Autoridad Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo, que administre y regule la materia a nivel público y privado.

En nuestra nación, abundan las reglamentaciones en salud y seguridad, dispersas en diversas instituciones, el estado ha sido incapaz de implementar programas de salud y seguridad que logren disminuir los accidentes y enfermedades. Esta responsabilidad directa del Estado, hábilmente se ha delegado en los empresarios y trabajadores, los cuales se culpan mutuamente.

Se requiere implementar los controles administrativos que se inician desde los altos mandos, incluyendo las planificaciones, capacitaciones y cualquier medida que reduzca la posibilidad de accidentes.

Los controles de ingeniería que modifican la estructura, maquinaria o sistema de trabajo y finalmente el equipo de protección personal que aísla al trabajador de los peligros a la salud o su integridad física. Se hace impostergable fomentar una cultura en salud y seguridad, como parte del diario quehacer, que vaya más allá del cumplimiento de reglas establecida.

El trabajador, el empresario y el gobierno deben entender que la salud y seguridad de los trabajadores es responsabilidad de todos, a cada uno le corresponde su parte.

Una cultura de seguridad en el trabajo, produce bienestar entre los trabajadores beneficios a la empresa y el Estado.


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Este artículo se publicó el 29 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.