Se fue Fernando

La opinión del Periodista y Presidente de la Asociación de Becarios Fulbright de Panamá …

OCTAVIO COGLEY
ocogley@gmail.com

En una ocasión se fue para Nueva York en busca de un futuro mejor y para evadir la persecución que el engranaje militar, en componenda con los civiles de los partidos PRD y el PALA, habían montado contra panameños civilistas que peleábamos contra las injusticias y la dictadura que imperaba en Panamá.

Fernando Araúz, era ese héroe anónimo que en medio de su trabajo sufrió los efectos de la irresponsabilidad de quienes gobernaban el país, como si fuera su propiedad privada. Hoy, nuevamente recibimos la noticia de que otra vez, este amigo y compañero de labores parte, pero ahora dejando más tristeza, porque su viaje es sin retorno. Fernando, el popular Pito, como le llamábamos sus amigos y familiares, falleció trágicamente, cuando intentaba divertirse en la playa Gorgona, el pasado sábado 29 de enero de 2011.

‘Durante la tarde del lunes, recibí la información de que su deceso se debió a asfixia por inmersión y en segundo lugar a una cardiopatía o enfermedad vascular’. Él fue aquel camarógrafo que muchas veces llevó hasta los hogares de los panameños imágenes de denuncias de ciudadanos que necesitaban respuestas.   Y también fue, aquel joven de la cámara que cayó abatido por una bala disparada por sujetos que viajaban en un bus que portaba banderas de los dos partidos gobernantes de la época (PRD y PALA), que en conjunto con Manuel Antonio Noriega, y sus seguidores, le habían robado la democracia al pueblo panameño, anulando la contundente victoria que había obtenido, Guillermo Endara Galimany en las elecciones de 7 de mayo de 1989.   Un día de esos, cuando se robaron las elecciones, Fernando, que trabajaba para Telemetro Reporta, filmaba las escenas que se daban en Panamá, donde una cúpula corrupta, tanto de militares como de civiles, ahondaba la crisis que se vivía y se burlaban de la voluntad del pueblo. Fernando, quien estaba acompañado por el periodista Ciro Ortega, fue llevado de urgencia al hospital San Fernando, donde le salvaron la vida, porque la bala le penetró muy cerca de su corazón.

Esas imágenes recogidas por la prensa nacional e internacional fueron vistas en los hogares panameños e igualmente recorrieron el mundo. ‘Sería bueno conocer si ese problema cardiovascular tuvo que ver con el debilitamiento que sufrió su corazón tras la herida de bala’.   Luego de eso, Fernando se vio obligado, como muchos otros panameños, a abandonar el país.

En Nueva York, donde se instaló, trabajó con importantes cadenas como Univisión, Canal 41 y CBS.   Fueron 17 años en Nueva York, hasta que retornó a Panamá en los últimos años, reincorporándose a Medcom, que nuevamente le abrió las puertas y luego laborando con su amigo y ex compañero de Telemetro Reporta, el alcalde de Panamá, Bosco Ricardo Vallarino, como camarógrafo del municipio capitalino.

Fernando fue un profesional de muchas ideas, que había programado su vida y que tenía sueños y metas. Fue una buena persona, que valoraba las opiniones de sus amigos cuando quería hacer algo y siempre se mostraba dispuesto a seguir luchando. Hoy, se ha ido, pero para quienes le conocimos siempre tendremos ese recuerdo de un héroe anónimo, de los muchos que hay en nuestro Panamá, que nos motivará a seguir luchando por la democracia y el bienestar de todos los panameños. Hasta luego, amigo.

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Este artículo se publicó el  6  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Álvaro Bernal: socorrista

La opinión de…

IVÁN BATISTA
aibatista@hotmail.com

Eran las 19:45 del día sábado 5 de febrero cuando me llegó un mensaje de texto al celular, me lo enviaba el suboficial Luis Lacayo, decía el mensaje: ‘Ha muerto el oficial nacional Álvaro Bernal’.   Acto seguido me imaginé a Álvaro Bernal padre y de inmediato me dije: ‘no, no puede ser’. Llamé a Lacayo y me confirma la muerte; luego llamé a Rolando Charles y me confirma la muerte de Alvarito Bernal.   Ya en el carro, le comento a mi esposa y no puedo reprimir el nudo en la garganta y soltar una lágrima por Álvaro Bernal hijo.

Esta nueva generación de socorristas no tuvo la oportunidad de conocer a Álvaro Bernal A-B, quinto director nacional del Cuerpo de Socorristas, y quien, junto a entusiastas como Jorge Palacio, Aurelio Edwards, José Félix Rodríguez, Rolando Charles y muchos otros, cimentó, en todo el país, el Cuerpo de Socorristas.

He buscado una palabra que defina a Álvaro Bernal como socorrista y se hace difícil.   A Álvaro lo conocí siendo sargento de la Brigada de Comunicaciones, supe, por el teniente CR Jorge Palacio, que nos llegó a la Cruz Roja como boy scout. ¿Cómo describir al impulsivo y alegre Álvaro Bernal, que, enfundado en el rango de sargento, intentaba ser responsable y serio? Del sargento Bernal copié su elegancia al usar el uniforme, su porte en el uso de los pines, su peculiar manera de hablar, de ver las cosas de forma sencilla y su profunda convicción de ser socorrista, tal como lo dice nuestra promesa y expresa nuestro lema.

Álvaro, siendo teniente Cruz Roja y director provincial, me lleva a su casa para que le haga el jardín, yo, que aun estudiaba en el Instituto Nacional, conocí a su madre y hermanas, me hospedé muchas veces en su casa de campo en Río Chico y me puedo jactar de que lo conocí desde todas sus perspectivas de la vida, el socorrista, el banquero, el abogado, el joven, el soñador y, sobre todo, sus impulsos de locura como planificador.

Fue uno de los tantos padres que tuve en el Cuerpo de Socorristas, aunque nunca revisó mi boletín de calificaciones, cada vez que podía me decía: ‘si te quedas en una materia, te suspendo’. Mis recuerdos de Álvaro inician con la construcción de la estación de radio en el piso superior de la sede de la Cruz Roja en Santa Ana. Sin embargo, tengo recuerdos que jamás olvidaré, como la vez del curso de supervivencia en la selva, en donde el mayor CR Mancilla superó la barrera del enojo por encontrarlo friendo chorizos, mientras el resto del grupo buscaba comida; cómo olvidar su pick up Nissan verde, donde llegaba cada tarde luego del trabajo, carro que se lo colocábamos, cargándolo entre ocho, en contravía.

En ese pick up nos llevó a cubrir la Semana Santa de 1979, le colocó una luz rotativa y lo llenó de equipo, nos montó a Ricardo Álvarez y a mí y partimos con destino al interior. No recuerdo dónde dejamos a Álvarez, pero seguí con él hasta Río Chico, donde, afuera de la finca de su papá, se instalaba un puesto de socorro.

Me hizo la vida de cuadritos, una amiga de su familia (Diana) se compadeció de mí y me dijo: ‘dice Alvarito que te está tratando así porque te ascenderán en junio’… y efectivamente, ese 24 de junio fui ascendido.

Esta fue la Semana Santa que nos dieron dos sacos de melones para cada puesto de socorro, la Semana Santa en que Álvaro llegó en su pick up, junto a Jaime Cano, al puesto donde estábamos Alfonso Rodríguez, Raúl Ávila (el Tomasito) y Arturo Chong y nos dijo: ‘hay un incendio, ¡vámonos!’ y nos fuimos a apagar un matorral a la orilla de la carretera. Esas eran las decisiones que irritaban al capitán Rolando Charles, pero que nos hacían sentir útiles a los subalternos.

Para la firma de los tratados Torrijos — Carter en 1977 y la Implementación el 1 de octubre del 79, las misas eucarísticas, estuve junto a Álvaro. Pero quizás la vez que estuvimos más juntos fue cuando lo abandoné, después de caer en una letrina en Curundú.   Cómo olvidarlo, si Álvaro me involucró en un sueño de tener paracaidistas en el Cuerpo de Socorristas y los tuvimos y fuimos los mejores. Cosa que no le gustó a mi tío Pacífico, con quien vivía, y le dijo que cómo era posible que me hiciera partícipe de esa actividad, si yo era menor de edad.   Tartamudeó mil veces, hasta que Jorge Palacio convenció al tío de que yo solo era ayudante en el equipo —buena mentira—. Cómo olvidar cuando le dio por ser marinero y se compró su bote ‘El tiburón’, con el que fuimos a Taboga cientos de veces, inolvidable ver y escuchar al capitán CR Rolando Charles diciéndole: ‘Alvarito, no cruces con la Patrol y el bote’… y Alvarito cruzó —esto pasó en 1985 durante una de las inundaciones del río Juan Díaz.

Fue el más inspirado en la creación de la Primera Compañía de Socorristas formada por sus tres pelotones, creó el orden semanal, con toda la estructura teórica de mando.

Álvaro Bernal fue quien me sancionó por primera y única vez en mi vida de socorrista con 15 días de arresto, ya ni recuerdo por qué. Álvaro será inolvidable para todos los que fuimos socorristas en los 70 y los 80. Cuando se fue a EE.UU., nos dejó un vacío más grande que el dejado por ‘Pericles’ y Charles, esperar su telegrama cada 24 de junio era algo obligado, la última vez que lo vi hablamos y departimos, fue durante el Encuentro Internacional de Socorristas en Howard.   Me copió un montón de documentos, hablamos del futuro del Cuerpo de Socorristas y de mis aspiraciones, hace unos meses lo encontré en el Facebook, lo saludé y me respondió.

Tampoco olvidaré que me hizo un interrogatorio digno de un CSI cuando le robaron la carne en el Encuentro de Socorristas de Coclesito en 1984.   Yo no nunca confesé que fui testigo, pero celebré el robo junto a los socorristas de Colón —Lewis en este momento Álvaro sabrá toda la verdad—.

El día que llegó a la Cruz Roja y me dijo que se iba para EE.UU., sus ojos se aguaron, pero todos los que lo conocíamos sabíamos que en su nuevo país algo iba a hacer y así fue, encontró cabida en organizaciones de socorro y nos mandaba artículos y documentos, para ilustrarnos. Se perdió la invasión, pero yo me encargué de que estuviera con nosotros, en cada misión decía: ‘si Alvarito estuviera aquí’.

Álvaro, en lo personal vivirás en mi memoria y en la de los que te conocimos, te nos adelantaste, en el cielo te encontrarás con los mayores Pérez y Muñoz, y con socorristas como Edwards, Torregrosa, Moreno, Rochester, Sixta Aluma, Tursi, Tony Beliz, Fabiancito y el célebre Julio Ávila padre. Me parece verte saludando y motivando a crear una compañía de socorristas celestiales, mientras que el Sr. José ‘Pacheco’ Jaén y Roy Williams te escuchan incrédulos cuando miss Dubois te dice: ‘Alvarito, déjate de cosas’.

Sé que cuando Rolando Charles, Alberto Bailey, Jorge Alemán, José Beliz, Héctor (Quinto) Mosquera, Álvaro Guardia, Ricardo Álvarez, Julio Olivares, Eliana y Gilma De León, Jaime Cano, Alfredo Du Bois, Rubén Ho y muchos más lean estos recuerdos míos no estarán tristes, más bien sonreirán por haber tenido la oportunidad de haber conocido a un socorrista como Álvaro Bernal y cada uno de ellos tendrá un recuerdo especial.

Oficial Nacional  MI A / 0451.

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Este artículo se publicó el 8 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Aurelio Correa Estribí, deplorable ausencia

La opinión del Abogado y Periodista…

BELISARIO  HERRERA  A.
belisarioherrera03@hotmail.com
He deplorado desde lo profundo de mi alma, al enterarme del lamentable deceso del Dr. Aurelio Correa Estribí, ocurrido recientemente.

Lamentablemente no pude asistir a sus honras fúnebres al conocer la noticia muy de pronto y por estrictos compromisos familiares ineludibles.

Mi amistad con el Dr. Correa se remonta, a 1978 cuando comencé a laborar en la Fiscalía Electoral en la cual él era su titular debidamente nombrado para tal cargo por sus merecidos méritos personales y profesionales, luego de que con anterioridad había ejercido las funciones de Director de Ingresos del Ministerio de Economía y Finanzas.

En mi caso venía de haber ejercido el cargo de Juez Nocturno en el Distrito de Colón, donde se me sustituyó, a mi juicio, injustamente luego de haber estado de vacaciones. Claro que esta situación, afortunadamente fue subsanada con el cargo que me permitió desempeñar el Dr. Correa en esa común influencia en que, tanto él como el suscrito, éramos recomendados del Lic. Marcelino Jaén.

Por encima de las diferencias que eventualmente pudieran haber surgido entre el Dr. Correa y este servidor durante los años en que laboramos juntos, debo reconocer que nuestras relaciones fueron muy armoniosas y me beneficié en grado sumo de su cercanía, por su gran capacidad intelectual, fuera de lo meramente jurídicos, ya que dentro de su estricta modestia, gozaba de una amplia capacidad, ya fuera en las asuntos del transcurrir nacional en todos sus aspectos, así como en el internacional.

El cargo de Oficial Mayor que inicialmente me tocó desempeñar, en salario equivalía al que había quedado reducido en mi puesto anterior de Juez Nocturno ya que aquel municipio había rebajado mi salario y eliminado los viáticos. Esto motivó de mi parte que lo demandara ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, siendo el fallo muy penoso dictado en mi contra.

En torno a lo que debo agregar sobre el Dr. Correa, mientras laboramos juntos, supo hacerme justicia, luego que me elevó al cargo de Secretario del Despacho, con lo cual se duplicó mi salario, alivio fundamental para mis ingresos, que ya estaban bastante desbalanceados.

No faltaron a veces algunos que, sigilosamente, por los reconocimientos que me dispensaba el Dr. Correa, actuaban para tratar de indisponerme insinuando que estaba faltando a mi independencia como funcionario electoral; por motivo que en lo cultural me mantenía muy activo, reconociendo en el General Torrijos su verticalidad en la lucha por la soberanía.

A toda ello el Dr. Correa se atuvo a que siempre respeté mis atinentes funciones y hoy puedo agradecer en su memoria el tener una jubilación cómoda que me permite vivir decentemente. Que su alma descanse en paz.

<>Artículo publicado el  4 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Colón para los colonenses

La opinión del Docente Universitario….


JORGE LUIS MACÍAS FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Es una expresión atribuida a Roberto Mariano Bula. Obviamente, no hay en ella un colonensismo excluyente, sino más bien una reafirmación de la identidad de una sociedad, que se distingue por sus particularidades que se le son muy propias.

El estudioso colonense, Juan Materno Vásquez (q.e.p.d), en una extraordinaria conferencia dictada en el salón Pedro Prestán del Municipio de Colón, el 26 de febrero de 1993, sostuvo que: ‘Ningún hombre-provincial o regional, es más panameño que otro. Unos son más regionalistas, que otros. Todos potencian su orgullo. El colonense es menos regionalista que otros, porque es más universal. Por ese universalismo proyecta su personalidad de inquietud, de angustia, de desesperación, por los problemas que la acusan, los cuales quiere ver resueltos al instante… La gran lucha de los colonenses, y en la que están triunfando, es de carácter cultural. Ya han sido superados los tiempos del dominio intelectual de otros provincialismo, pocos, quizás, se han dado cuenta de la gran habilidad con que el colonense se ha venido imponiendo por su talento, sobre los que han concebido a esta ciudad solo como una cornucopia de la que en forma ininterrumpida debe brotar dinero a raudales’.

Los recientes triunfos de Hugo Stoker, en el concurso nacional de oratoria y el de Basilio Dobras hijo, en la sección novela en el concurso literario, Ricardo Miró, unido a los esfuerzos de Guillermo Jones, Celestino Caballero, César Barría, Leonardo González, a nivel internacional, todos colonenses, viene a confirmar el papel protagónico que ha jugado Colón en el fortalecimiento de la cosa nacional. Es esto lo que debe conducir a los colonenses al impulso del sentido de pertenencia, frente a los elementos que nos son propios. No deben escatimarse esfuerzos por los reconocimientos públicos a nivel local, independientemente de las frialdades, con que a nivel de país, se toman los empeños valiosos de esos hombres tan panameños como el que más. Es urgente la mostración a la sociedad de Colón, resistente a los embates de los gobiernos y a las ofertas llenas de espejismos, de lo que expresa ese ser colonense, como son los casos que nos ocupan. Es esto, lo que dará sentido y sustancia a la colectividad y lo que nos permitirá reconocernos. No hay duda alguna, sobre los aportes importantes de Colón al país. Brindó parte de su espacio geográfico para la construcción del ferrocarril y del canal. Jugó su papel con Nombre de Dios y Portobelo, en el periodo de la colonia, fue pieza clave para la construcción de la República el 5 de noviembre de 1903, y luego tuvo físicamente la presencia del poder imperialista norteamericano, sintiendo en carne propia sus efectos, lo que llevó-en verdad- a tener una conciencia sobre la lucha nacionalista. Los actos de enero de 1964, encontraron en Colón un escenario que dio también sus mártires y combatientes, hoy casi olvidados. De manera que Colón debe ser para los colonenses, sin dejar de serlo también para el país.

 

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<> Este artículo se publicó el 13 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Hugo Torrijos Richa 1952 – 2010

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

Panamá nunca fue un país marítimo. Los panameños le dimos la espalda al mar desde nuestra separación de Colombia. Por cosas del destino y razones más de los americanos que de los panameños en 1925 se dictó una ley que permitía el registro de naves extranjeras en Panamá sin requerimiento de la nacionalidad panameña a sus propietarios y con flexibilidad laboral y exenciones tributarias.

El registro de naves en Panamá se convirtió con el pasar de los años en una fuente de ingresos fiscales para el país.   Sin embargo, la poca preparación técnica de los panameños en asuntos del mar exponía al registro a admitir naves sin las condiciones de navegabilidad. Era común cada vez que se producía un accidente en alta mar que la nave responsable fuese de registro panameño.

Si el país tuvo un personaje que podría denominarse como el arquitecto del desarrollo marítimo en Panamá (calificación que le dio la revista Fairplay) indiscutiblemente ese honor se lo lleva Hugo Torrijos Richa.

Su paso por la Dirección Consular y de Naves del Ministerio de Hacienda y Tesoro fue vital para limpiar el nombre de Panamá en el mundo marítimo, implementar los estándares internacionales para los buques panameños y levantar el registro panameño en el sitial de número uno en el mundo en la que hoy en día se encuentra. Hugo Torrijos no fue un hombre perfecto pero dentro de todas sus imperfecciones sentía una pasión por los negocios marítimos como ningún otro panameño.

Fue el artífice de la privatización de los puertos cuando dirigió la Autoridad Portuaria de Panamá. El que nos hayamos convertido en un centro de trasbordo de contenedores a nivel mundial se lo debemos a él.   Tenía una capacidad para visualizar negocios marítimos donde otros ni siquiera no los imaginábamos. Así fue como después en la esfera privada creo Panamá Maritime Group y toda una serie de empresas de servicios técnicos y de entrenamiento para el mundo marítimo internacional.

De sus últimos negocios le conozco la empresa de tercerización de estibadores para puertos. En algunos negocios tuvo su problemas legales por cuestionarse su posible conflicto de interés siendo los casos de Port Engineering   y   Ocean Pollution.

El siempre negó su participación en éstos. Pero fuera de estos dos particulares asuntos legales no se le puede quitar los méritos, el sacrificio personal y la pasión que sintió por Panamá y por elevar a nuestro país en los más altos sitiales del mundo marítimo.

Sin Hugo Torrijos la historia hubiese sido otra. Estará siempre en el recuerdo como un hombre que marcó la historia marítima del país.

 

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<> Artículo publicado el 13  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Rolando Pérez Palomino en el recuerdo

La opinión del Educador…

PASTOR   DURÁN
pastornatural@gmail.com
El 10 de enero de 1984  Rolando Pérez Palomino se prendió fuego frente a la Embajada norteamericana, ‘….una de las representaciones del crimen y hambre de millones de seres humanos’, como la describió en su testamento. 

Nació en la ciudad de Panamá el 24 de marzo de 1956 en un hogar muy humilde. Deambuló con su familia entre el interior del país y la ciudad capital, para poder subsistir, por lo que conoció desde muy temprano los problemas que afligen a los pobres.

Lo conocimos en Guararé, provincia de Los Santos. Lo recordamos con su cajita de lustrar calzados durante los domingos o fiestas populares. Era un niño hombre que jugaba y trabajaba, para llevar algo de sustento a su hogar.   Creció sabiendo que nadie se enriquece a base del esfuerzo propio y que en base al trabajo y sufrimiento ajenos se han enriquecido los ‘empresarios expoliadores y tantos otros apátridas que alegremente exteriorizan sofismas cínicos e irrespetuosos como que este pueblo es pacífico y condescendiente…’ (palabras de su testamento).

Durante los primeros años de la dictadura militar implantada en octubre de 1968  Rolando, niño, sufrió toda clase de acoso y persecución por parte del G-2 (brutalidad militar) de la Guardia Nacional (GN),   porque su hermano mayor se había enrolado en la heroica lucha guerrillera contra la dictadura, en las filas del Frente de Resistencia Popular, organización que en 1970 pasó a llamarse ‘Movimiento de Liberación Nacional 29 de Noviembre’,   en honor a la fecha en que el dirigente popular Floyd Britton fue asesinado en el penal de Coiba.

En 1978 se enroló en las filas de la Brigada Internacionalista ‘Victoriano Lorenzo’ para combatir a la dictaduras de Somoza en Nicaragua.   Al retornar a Panamá fue acosado nuevamente –como en su infancia– por el G-2 de la Guardia Nacional panameña, dada su resistencia a someterse a la labor de contrainsurgencia y ‘sapería’ a la cual se sometió la mayoría de los brigadistas de la ‘Victoriano Lorenzo’.   Se le acusó de pertenecer a un supuesto comando ‘Héctor Gallego’,   fue apresado y guardó prisión durante cinco meses.

Su inmolación fue una protesta contra la política gerrerista de Estados Unidos en Centroamérica, pero también. por la ‘abominación a la asesina dictadura militar, empresarios expoliadores y tantos otros apátridas…’ (palabras de su testamento).   Fue declarado ‘mártir nacional’ por el Parlamento panameño.

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<> Artículo publicado el 8  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ex-militares al banquillo

La opinión del Educador….


PASTOR E. DURÁN ESPINO
pastornatural@gmail.com

Según el Comité de Familiares de Asesinados y Desaparecidos de Panamá ‘Héctor Gallego’,  el 29 de diciembre del presente tendrá lugar en la ciudad de David el juicio por el caso de la desaparición forzada de Julio Mario Villarreal De Las Casas, hecho ocurrido durante la narco-clepto-dictadura militar de Omar Torrijos Herrera.

Mario Julio Villarreal (28) despareció en Sioguí Abajo, Provincia de Chiriquí, el 17 de agosto de 1969. Había tomado cursos de supervivencia en la selva y sabía manejar armas, por lo que antes del golpe de Estado de 1968 trabajó limpiando y arreglando armas para la Guardia Nacional (GN). Sin embargo, como pertenecía al derrocado Partido Panameñista, se involucró en la lucha antimilitarista en la Provincia de Chiriquí. Fue detenido varios meses y los militares le propusieron dejarlo en libertad con la condición de que trabajara para ellos. Mario aprovechó esta propuesta para salir. Cuando salió mostró a sus familiares las cicatrices que habían dejado las torturas en su cuerpo: el brazo izquierdo quebrado, sin uñas en los pies, quemaduras en todo el cuerpo, le daban choques eléctricos, por lo que decidió unirse nuevamente a las guerrillas antimilitaristas.

Según la declaración de un ex-combatiente, Julio tenía tres días de estar en la región de Sioguí, cuando fue denunciado por un sargento de la GN. La GN envió pelotones a la región y le hicieron una encerrona. Cuando se vió rodeado opuso resistencia con su metralleta. Hubo muchos heridos, pero no se informó más de él ni de su grupo. Según el Informe de la Comisión de la Verdad (CV), amigos de la familia de Julio informaron que a éste lo habían matado en Sioguí. Un sargento de la GN también informó a la familia Villareal De Las Casas los nombres de los militares responsables: Rodrigo ‘Botita’ García y Ricardo ‘Orejita’ Ruiz.

Según información desclasificada obtenida por la CV, un reporte diplomático hizo referencia a ‘un encuentro de guerrilla en Sioguí’. Según este reporte, Villarreal estuvo involucrado, ‘pero no fue uno de los muertos’ (sic.).   Esto quizás motivó que un familiar de Villarreal pusiera una denuncia en 1990. El 19 de octubre de 1990 se solicitó el sobreseimiento provisional que fue acogido por la Juez Cuarta del Circuito de Chiriquí. La CV concluyó que no había pruebas que indicaran que Villarreal murió bajo custodia de la GN.

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<> Artículo publicado el 28  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.