Transfuguismo: traición o resurgimiento

La opinión de la Periodista…

Judy Meana 

El egoísmo es la principal causa del transfuguismo político. Egoísmo de quien decide cambiarse porque piensa que su partido se viene abajo o porque sólo piensa en sus intereses personales. Egoísmo de los líderes que no le dan oportunidad a sus seguidores de crecer, ocupar espacios y convertirse en nuevos líderes.

Cambiarse de partido cuando se ha ganado un puesto de elección popular, gracias a la postulación de una fuerza política, debe ser una decisión muy dura y me parece gracioso que critiquen esto si, desde que vi al Partido Demócrata Cristiano aliarse con el PRD, quedé curada de espanto. Y me terminé de curar, cuando el Presidente Martinelli dijo que en su Gobierno tendría a los mejores, sin importar al partido que pertenecieran.

Del otro lado está la posibilidad de un resurgimiento político. Cambiarse de partido puede ser una oportunidad de estar más cerca del grupo que tiene el poder de tomar decisiones importantes.    El tránsfuga, quizás preocupado por los ciudadanos que le eligieron, considera que pasándose al partido gobernante puede lograr que se agilicen proyectos.

Hay unos casos menores que son los que a mí me causan pena; los de aquellas personas que por miedo a perder su trabajo, se cambian de partido. O los que se cambian porque quieren conseguir un trabajo dentro del Gobierno. El ser humano debe valer por lo que es, por su capacidad, experiencia, creatividad y valores. No por que pertenece a un partido político.

La verdadera y principal razón por la que se cambia una persona de un partido a otro, sólo se sabrá el día que veamos sus logros y si cumplió sus promesas o compromisos. Creo mucho en esta frase: “la gente puede dudar de lo que dices, pero no de lo que haces”.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Relacionistas públicos vs. Periodistas

*

La opinión de la Periodista…

Judy Meana

Los medios de comunicación social están llamados a buscar la verdad, informar los hechos tal y como sucedieron. No se le ocurra decirle a un periodista que por favor le publique algo, que no le pregunte de eso o aquello y mucho menos insinuarle que él está vendido o que está parcializado. Lo más sagrado para un periodista es su reputación y su credibilidad, atributos que se ganan ejerciendo la profesión de manera honesta y objetiva.

 

Cuando se llama a un periodista para que cubra una noticia, tenga claro que irá a buscar a su contraparte. Si lo invita a una conferencia de prensa, hará las preguntas que estime necesarias para entender el asunto. Recuerde que no hay malas preguntas, hay malas respuestas.

Si un medio lo está llamando para que de una entrevista, conteste. El periódico no dejará de publicar la noticia, ni la televisora dejará de producir su noticiero porque usted no quiso hablar.

Hablar o no hablar, contestar de inmediato o tres semanas después, qué decir y cómo decirlo es parte del trabajo del relacionista público. Es el profesional que se dedica a comunicar lo que hace la empresa o institución que representan.   Cuando a un periodista se le cuestiona por sacar ¨noticias negativas¨, lo más probable es que diga que no es relacionista público y que si una empresa o institución quiere que le publiquen intacta su nota, deben comprar un aviso o pagar una gacetilla de TV.

Admiro a los periodistas que tienen la oportunidad de producir sus propios programas de radio o de televisión y a la vez venden los espacios de publicidad. Pueden tener miles de cuñas en sus programas, pero siempre informarán objetivamente. Como siempre su público estará muy pendiente y aplaude que mantengan su imparcialidad.

*
<>Artículo publicado el 25  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

“Wakaleads”, ¿Hasta cuándo?

*

La opinión de la periodista…

Judy Meana

“Especial y única”, así calificó la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá, Bárbara Stephenson su relación con Panamá, tras recibir la condecoración nacional de la Orden Vasco Nuñez de Balboa en el grado de Gran Cruz.   El gobierno panameño reconoció su labor en el fortalecimiento de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos. Y bien merecida la medalla, porque seguimos siendo paises hermanos, a pesar de todo lo que ella escribió en sus informes al Departamento de Estado.

Me interesan más nuestros “wakaleads”, yo diría que son aquellas denuncias que se presentan a diario y aquí no pasa nada.   Por ejemplo, el caso CEMIS, famoso escándalo que se destapó durante el Gobierno de Mireya Moscoso. Vimos al entonces legislador Carlos Afú, abanicar los “Afu dólares”, confesando públicamente que los había recibido a cambio de votar a favor de ese proyecto. También, los medios mostraron un papelito encontrado en la oficina de uno de los directivos de la empresa responsable del proyecto, con los nombres de famosos políticos. Afú se encargó de señalar a los que supuestamente recibieron y pagaron sobornos.

Otro caso importante es el del envenenamiento masivo con dietilene glicol registrado durante el gobierno del Presidente Martín Torrijos. Los familiares de las víctimas y los afectados llevan años exigiendo justicia y aquí no pasa nada.   Ojalá el gobierno del Presidente Martinelli atienda el llamado de los envenenados, dándole respuesta a sus necesidades de atención médica y el apoyo necesario para que puedan vivir dignamente. Y para poner algo de actualidad, sería bueno que leyeran el “Informe Especial sobre la Cuenca del Canal de Panamá” elaborado en el año dos mil uno, por el entonces defensor del Pueblo, Italo Antinori. En dicho documento, Antinori advirtió que habría problemas con el suministro de agua potable.

*
<>Artículo publicado el 18  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Ya se nos olvidó?

*

La opinión de la Periodista…

 

Judy  Meana

Hace exactamente un año, un autobús de la ruta Panamá Viejo-El Chorrillo, se volcó en la cinta costera, lo que provocó más de cuarenta heridos.

La noticia acaparó las pantallas de las televisoras por la sorprendente acción de los rescatistas quienes lograron sacar a un joven cuyo brazo derecho quedó atrapado entre los hierros del bus.

Me vino a la mente este accidente porque tuve la oportunidad de visitar en el hospital a ese joven. Su nombre es Esteban Ortega. Me contó que el conductor inició una regata con otro bus de la misma ruta.

Estuve presente cuando Esteban le imploró al Presidente Martinelli que pusiera en marcha su promesa de cambio en el transporte.

Por cosas del destino y por los puestos que he desempeñado en el Estado, también me tocó ver de cerca los dos trágicos accidentes que marcaron un antes y un después en el tema del transporte en Panamá: el bus incendiado y el de Pacora.

Estuve en urgencias del Santo Tomás. Vi cómo los médicos lucharon para salvarle la vida a Lidia Atencio y Luis Contreras, sobrevivientes del bus incendiado frente a Hosanna, el veintitrés de octubre de dos mil seis.   Dos años más tarde, pero en el mes de agosto, me encontraba en el mismo hospital con la misma escena.

En ambos accidentes tuve la misión de informar sobre la cifra de muertos y heridos. Nada podrá borrar de mi mente la imagen de los cadáveres ni el llanto de desesperación de los familiares en la morgue judicial.

Por eso hoy quiero recordar, cuál es la razón de ser del cambio en el sistema de transporte. El gran detonante fue el tema de la seguridad: No más muertes por accidentes de tránsito, no más regatas y conductores responsables.

*
<>Artículo publicado el 11  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Millones en la basura

*

La opinión de la periodista…

Judy Meana

Los basureros a cielo abierto han aumentado en las últimas semanas, como para darle la bienvenida a la nueva Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD) -entidad que oficialmente empezó sus labores este lunes tres de enero-.   Los contenedores estaban repletos y las bolsas de basura empiezan a acumularse en las aceras. Para colmo de males, este fin de semana se ausentaron varios trabajadores y conductores de los camiones compactadores, por lo que hubo problemas para prestar el servicio, según informó el propio administrador, Enrique Ho. 

Ahora que vemos los pataconcitos cerca de nuestras casas, nos viene a la mente lo importante que es para un ciudad, un buen sistema de recolección de desechos sólidos y contar con buenos trabajadores. Hoy, aunque estemos en crisis, deberíamos darles las gracias por dedicarse a esta labor, pero también recordarles que deben cumplir su jornada laboral y ser lo más productivos posible.

He escuchado que la situación pudiera estabilizarse hacia finales de enero. Mientras esto ocurre, quisiera comentar sobre la práctica de quemar la basura, -vi que estaban haciendo esto en una comunidad- y es sumamente peligroso; ya que la incineración descontrolada de desechos sólidos puede provocar enfermedades de las vías respiratorias y es altamente contaminante. Ojalá las autoridades de salud y los bomberos hagan el llamado de atención e informen a la población para que no quemen la basura.

Tremendo reto tendrán los responsables de recolectar las más de mil doscientas toneladas de basura que se generan diariamente en la ciudad capital y todo lo que se ha acumulado. Y vaya herencia que les dejaron: camiones viejos, deudas y morosidad millonarias. Aunque con el presupuesto que tendrán, no tendrán más excusas y deberán prestar el servicio de manera adecuada y como se merece nuestra ciudad.

*
<>Artículo publicado el 4  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El pez muere por su boca

La opinión de la Periodista…


Judy Meana 

Cuando le confiamos a alguien un secreto o nuestro parecer sobre determinado tema o persona, debemos tener bien claro que nuestras palabras pueden volverse en nuestra contra y hasta tengamos que rendir cuentas por lo que hemos dicho. Las palabras que salen de nuestra boca se nos regresan como un boomerang.

“No se lo cuentes ni a tu almohada”, esa frase la escuché recién me estrenaba como directora de información del Ministerio de Gobierno y Justicia, en el 2004. Era entendible: la lucha contra el narcotráfico obliga a los funcionarios responsables de la seguridad de los panameños a mantener “secretos de Estado”.

Fue en un entrenamiento con funcionarios de Asuntos Públicos del Comando Sur de los Estados Unidos que conocí más a fondo, algunos conceptos sobre el manejo de la información. La regla más importante fue: “nunca digas ni hagas nada que no desees ver publicado al día siguiente, en la primera plana de un periódico”.

Cuando se desvirtúan nuestras declaraciones o se malinterpretan, se debe actuar sin tardanza y rectificar, hay que corregir la información errónea. En este punto, los expertos me dijeron: “en el manejo de malas noticias, no mientas, no recurras al encubrimiento, reconoce el problema y explica cómo se está corrigiendo. Siempre lo más conveniente es informar, ya que los medios van a escribir o difundir la noticia con tu ayuda o sin ella.”

Como hemos visto en las últimas semanas, los medios han publicado los famosos cables filtrados por Wikileads, documentos diplomáticos secretos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Al parecer, la embajada norteamericana en Panamá no hará comentarios sobre el material filtrado.

Nos queda otra lección: todo lo que le comentes a funcionarios de EE.UU será reportado a sus superiores.   El secreto peor guardado.

<>Artículo publicado el  28  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Tristeza en medio de una feliz Navidad

*

La opinión de la Periodista…

Judy Meana 

Estamos acostumbrados a desear una feliz Navidad, pero hay personas que para estas fechas sienten tristeza y melancolía; porque han perdido a un ser querido, están pasando por una situación dolorosa, se encuentran solos, de guardia, lejos de su familia o en una cama de un hospital.

 

La Navidad no es una noche cualquiera, es la fecha en la que celebramos el nacimiento del niño Dios. No es la cena, no es el bullicio, no son los regalos. Es lo que llevamos dentro de nuestro corazón. Los recuerdos que vamos grabando y que van marcando nuestra mente, con sentimientos profundos.

Es el momento para perdonar, compartir con los que menos tienen. Es la hora para expresar nuestro amor y nuestro dolor. También para recordar a aquellos que están pasando por momentos difíciles.

Podemos archivar la tristeza, la vergüenza o el miedo en un baúl con candado reforzado, pero tarde o temprano este abrirá, dejando escapar uno que otro recuerdo, para que enfrentemos la realidad. Y podemos fingir alegría, podemos sonreir, pero no nos podemos engañar a nosotros mismos.

Esas tristezas navideñas, si sabemos escucharlas, nos pueden aportar mucha información. Nos invitan a reflexionar, a valorar la vida y a las personas.   Es lo que verdaderamente sentimos en nuestro interior y que algunas veces no expresamos.

Felicidad o tristeza, son estados de ánimo, emociones contrarias. Como decía Khalil Gibran, “la tristeza y la alegría son inseparables.” Cada experiencia vivida tiene una razón de ser. Lo que hoy puede significarnos una tristeza, mañana será un lección de vida.

Y que tal si aprovechamos para recordar uno de los grandes mensajes que nos vino a traer nuestro Señor Jesús: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Quisiera saber… ¿Cuánto nos amarán nuestros gobernantes?

*
<>Artículo publicado el  21  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.