Millones en la basura

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La opinión de la periodista…

Judy Meana

Los basureros a cielo abierto han aumentado en las últimas semanas, como para darle la bienvenida a la nueva Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD) -entidad que oficialmente empezó sus labores este lunes tres de enero-.   Los contenedores estaban repletos y las bolsas de basura empiezan a acumularse en las aceras. Para colmo de males, este fin de semana se ausentaron varios trabajadores y conductores de los camiones compactadores, por lo que hubo problemas para prestar el servicio, según informó el propio administrador, Enrique Ho. 

Ahora que vemos los pataconcitos cerca de nuestras casas, nos viene a la mente lo importante que es para un ciudad, un buen sistema de recolección de desechos sólidos y contar con buenos trabajadores. Hoy, aunque estemos en crisis, deberíamos darles las gracias por dedicarse a esta labor, pero también recordarles que deben cumplir su jornada laboral y ser lo más productivos posible.

He escuchado que la situación pudiera estabilizarse hacia finales de enero. Mientras esto ocurre, quisiera comentar sobre la práctica de quemar la basura, -vi que estaban haciendo esto en una comunidad- y es sumamente peligroso; ya que la incineración descontrolada de desechos sólidos puede provocar enfermedades de las vías respiratorias y es altamente contaminante. Ojalá las autoridades de salud y los bomberos hagan el llamado de atención e informen a la población para que no quemen la basura.

Tremendo reto tendrán los responsables de recolectar las más de mil doscientas toneladas de basura que se generan diariamente en la ciudad capital y todo lo que se ha acumulado. Y vaya herencia que les dejaron: camiones viejos, deudas y morosidad millonarias. Aunque con el presupuesto que tendrán, no tendrán más excusas y deberán prestar el servicio de manera adecuada y como se merece nuestra ciudad.

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<>Artículo publicado el 4  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Buses y mafias…

La opinión del Médico…

DANIEL   R.  PICHEL
dpichel@cardiologos.com

Termina 2010 y la última semana del año, nos trajo varias noticias interesantes que comentar. El 28 (curiosamente celebración de los Santos Inocentes), entró en operación el Metro Bus.

Al leer las crónicas de lo que fueron los primeros dos días de funcionamiento, se puede llegar a la conclusión de que los panameños tenemos tal grado de alergia al orden, que todo aquello que intente poner reglas confrontará muchísimos problemas para implementarse.    Interesante que en un país donde se vota por cualquier pelafustán, cuyo mérito comunitario es prometer un saco de cemento o regalar una cerveza, los usuarios del Metro Bus argumenten utilizando la pregunta “por qué”.

Entre las “quejas” más originales vi cosas como el cuestionamiento a que se tenga que entrar por la puerta delantera del autobús y salir por la trasera. La respuesta es muy simple. Una dice entrada, y la otra dice salida… Se critica que “hay que ir de pie”, mientras olvidan que, 24 horas antes, en los diablos rojos estaban acostumbrados a ir comprimidos, unos contra otros, con un calor infernal. No respetan los asientos destinados para embarazadas y discapacitados (del panameño no debe extrañarnos).

Consideran injustificado que el autobús se detenga tantas veces y que no frene estrepitosamente cuando alguien grita “¡parada!”. Aunque es normal que siempre exista una cierta reticencia a los cambios, lo que dijera el ministro Papadimitru es el argumento más lógico… “hay que tener paciencia” para ir arreglando los detalles hasta poder ofrecer un servicio como es debido. Eso sí, hay tres cosas que ojalá no cambien.

Que se pague al subir (que es la forma en que funcionan todos los sistemas de transporte público en el mundo normal), que los conductores cometan el “pecado mortal” de dar los buenos días (según algún usuario “es ridículo”) y que los asientos son muy duros para poder echarse la siesta mientras se llega al destino final (mejor no comentar).

Al margen de todas estas quejas, esperemos que este nuevo sistema permita no solo ofrecer mejor servicio, sino terminar con el monopolio que mantuvieron por tantos años el cartel de mafiosos que se ha dedicado a traficar con cupos, mientras tratan a los conductores casi como si fueran sus esclavos.

Y hablando de mafiosos… el jueves desayuné con la estupefacción que me produjo leer el titular que, con fotos en la mano, gritaban a voz en cuello que “estamos gobernados por una mafia”.   Si buscamos la definición de esta palabra en el diccionario de la RAE, encontramos tres acepciones:

1. Organización criminal de origen siciliano, 2. Cualquier organización clandestina de criminales, y 3. Grupo organizado que trata de defender sus intereses. Si vamos a la primera acepción, sospecho que no aplica por razones geográficas, mientras que la tercera, clasificaría como “mafia” a casi cualquier gremio en el mundo.

Sobre la segunda; me pareció de un cinismo descarado que sean precisamente ellos quienes denuncien semejante cosa.    Francamente, nunca en la historia de nuestro país hubo una organización criminal más organizada que la banda de gorilas y rastreros civiles que violaron cuanto principio ético existiera, durante los 21 años de dictadura.

Ahora, simplemente se limitan a hablar de “reconciliación”, “paz”, y “pasar la página” cada vez que alguien les recuerda sus fechorías.   No sé si da risa o náusea escuchar hablar de “democracia” y “respeto a los derechos fundamentales” a los mismos invertebrados que firmaban fallos en la Corte Suprema, exonerando a Noriega y su pandilla de cualquier vinculación con el narcotráfico, a quienes defendían las acciones de los militares en la OEA y la ONU, a quienes apaleaban “sediciosos” para congraciarse con la “gorilada” de turno y a vulgares pandilleros de barrio que se sentían muy valientes, mientras los protegía el statu quo.   Ahora, mucha de esa escoria se aprovecha de la democracia que nunca les interesó respetar, para “alzar su voz de protesta ante los abusos de un gobierno autoritario”.

Y no malinterpretemos… hay que defender las instituciones y los principios democráticos para que tengamos una sociedad que funcione. Por eso hay que escuchar cuando personas que en su momento atacaron lo que hacía la dictadura ahora manifiestan preocupación ante lo que perciben como abusos contra el sistema democrático.

Pero, escuchar discursos de “valores democráticos” de quienes nunca demostraron el más mínimo respeto por ese sistema, me parece totalmente falto de ética… Aunque en verdad… tampoco se le puede pedir peras al olmo…

Esperemos que el año 2011 nos traiga salud, libertad y prosperidad a todos en Panamá. Especialmente, a quienes más lo necesitan…

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Este artículo se publicó el 2 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La idiosincrasia del panameño (VI)

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

 

Mientras el sueño de un salvadoreño es ir a Los Angeles y el de un mexicano ir a Houston, la capital de los panameños en el exterior es la ciudad de Miami.  La máxima aspiración de lo que conocemos como el rabiblanco panameño es irse de Shopping a Miami, es el lugar ideal para irse de viaje durante thanksgiving, fiestas patrias, carnaval o semana santa.    Miami es la meca del rabi panameño y también de la clase media alta. Es el lugar de peregrinación.

 

El rabi panameño tiene la aspiración de ser clase media americana, poseer una casa con piscina, cada quien con su automóvil, una casa de playa de descanso o como alternativa una segunda residencia en El Valle y la membresía en el club.

 

El rabi panameño no es mecenas de nada, ni cultiva las bellas artes, ni le interesa la filosofía, ni tiene ese sentido de tomar riesgos donde lo expone todo por sus creencias y valores de clase. Su vida se la dedica a la pretensión de estar por lo menos igual o mejor que los que forman parte de su círculo de clase. Para ello viven constantemente midiéndose con sus coetáneos. Quien es más que los demás se mide de conformidad a quien saluda a quien primero.

 

Lo más aburrido de los eventos protocolares de los de abolengo local panameño es ver como se esperan unos a otros para ver quien extiende la mano primero. Se identifican en su grado jerárquico sustentando su pedigree en la siguiente forma:  Yo soy hijo de fulano de tal con sutana de tal, descendiente de mengano y en línea directa de ya tu sabes quien.   Le ponen tanto énfasis al apellido que al final siempre vence al mérito o la inteligencia.

 

El rabi panameño inventó un negocio mientras gozaba de la protección del Estado. Tan pronto se abrió la economía se desprendió de ellos.    Cada vez es menos comerciante y más profesional. Es común las enemistades entre ellos producto de una libreta negra que cargan debajo del brazo. Allí anotan todos los improperios que le pueden haber cometido en el transcurso de los años. Tarde o temprano se las cobran más cuando están en el ejercicio del poder. Entonces, no perdonan ni a sus amigos del alma.

 

Aspiran y logran una educación en los Estados Unidos, pero cuando regresan de vuelta no denotan haber adquirido los valores de la sociedad anglosajona. Su fijación mental permanece estructurada a las pequeñeces de una sociedad parroquial centrada en los temas del dinero y lo que se puede aspirar con ella.

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<> Artículo publicado el 6 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Idiosicracia del panameño (3)

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

 

Una de las dificultades más crónicas que confrontamos los panameños es nuestra incapacidad para asumir responsabilidades.   En todas las tareas que realizamos si son simples, personalísimas y están dentro de nuestra esfera de acción las efectuamos a nuestros ritmos temporales.   Si las tareas son comunitarias o públicas no la consideramos propias y estamos a la expectativa de que alguien las realice.

Esto no impide que critiquemos la inacción. Nos quejamos de todo lo que no está conforme en nuestro entorno urbano. Los servicios públicos, la sanidad, el agua potable, el desempleo.   Los panameños cortamos la grama de nuestro jardín, pero no el de nuestra acera. Caminamos todos los días por los pasos peatonales, veredas o aceras y no nos inmutamos a cortar el herbazal. Nos afligimos por los mosquitos y no nos inmutamos por secar los pozuelos de agua que son los criaderos.   Nuestras barriadas son un reflejo de lo que somos.

Son desagradables por la desidia, la falta de comunitarismo y la falsa creencia de que la responsabilidad del entorno le corresponde a otras instituciones intermediarias o al Estado. Y mientras ellas no se activan permanecemos con los brazos cruzados, aunque somos los que en ella vivimos y los que sufrimos sus consecuencias.

Somos pobres porque alguien es responsable de nuestra desdicha. Vivimos justificando nuestro estancamiento mediante las quejas constantes. Somos expertos en quejas, pero al final todos aceptamos que alguien debe hacer algo, sin embargo, no asumimos la responsabilidad de liderar las tareas necesarias.

Nuestro exacerbado individualismo nos inhibe a asumir responsabilidades grupales. Somos muy propensos a esperar que alguien las haga por nosotros y, si asumimos la responsabilidad, hacemos las tareas esperando que se nos recompensen con creces e inclusive nos legitime el atraco al erario público o municipal.

Si asumimos la responsabilidad, no nos gusta que nos cuestionen el provecho personal. Si nadie lo quiere hacer por qué lo debo hacer yo es una frase común en nuestra idiosincrasia. Terminamos todos pensando así y por ende nadie lo hace. Los panameños somos poco propensos a hacer algo por otros sin que haya una compensación, generalmente económica, por lo que se hace. El servicio público gratuito es casi nulo.

Decimos que nadie da nada sin recibir algo a cambio y sospechamos de quienes dan sin esperar algo. Cuando confrontamos un problema o tenemos una necesidad comunitaria o vecinal lo primero que buscamos es quien lo va hacer para desligarnos del asunto y convertirnos luego en jueces de la gestión ajena. Somos en realidad seres extremadamente frescos, pero no nos gusta que nos canten nuestra verdad.

 

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<> Artículo publicado el 1 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De inundaciones y sequías

La opinión de…

 

Penny de Henríquez

Todos los países tienen cosas malas y buenas, y el nuestro también, pero como el ideal sería que todo fuera positivo, dedicamos este artículo a quienes justifican con argumentos insensatos esas malas acciones que no nos permiten mejorar. No es una crítica, sino un pequeño aporte con la intención de conseguir que cambien estas actitudes tan negativas.

Si contratamos a un carpintero o especialista para un trabajo, nos dará una cita con la fecha y hora exacta en la que asistirá, pero nunca llegará ni llamará excusándose.    Cuando usted trate de averiguar qué sucedió, le dirá que no pudo llegar porque como llovió mucho hubo una inundación y su calle estuvo cerrada por dos días.

Si cita a un grupo de personas para tratar un tema concerniente a todos, la mitad llegará tarde y el resto no asistirá, y la justificación será desde la misma inundación hasta un tranque o una sequía.

Mis temas casi siempre están inspirados en experiencias y esta vez no es diferente.   Hace poco se me dañó un aparato electrónico y llamé al sitio en donde lo compré para la consabida cita con el experto.   Antes de averiguar el tipo de aparato o qué avería tenía, lo primero que hicieron fue indicarme que tenía que ir a pagarles B/37.45 por la visita del técnico y después me darían la cita.

Me causó gran asombro que me pidieran un pago por adelantado por algo que aún no había recibido,   y lo que es peor,   sin tener la mínima seguridad de cumplimiento por parte de ellos.    Después de una ligera discusión tratando de imponer mi punto de vista, no me quedó más remedio que pagarles y esperar con los dedos cruzados, no sin antes vaticinar que no cumplirían.

Dicho y hecho: el día de la cita me llamaron para decirme que no podrían venir, ya no recuerdo si por la inundación o por la sequía, para el caso es lo mismo, pero todavía estoy esperando y, eso sí, mi dinero ya está en la cuenta bancaria de ellos generando intereses.

¿Por qué tenemos los clientes que guardar nuestro dinero en los negocios ajenos, si para eso están los bancos?

Algo parecido vi en un supermercado: una joven compraba embutidos y con cada uno que le entregaba el encargado, le preguntaba ¿eso es todo? Ella le decía no, deme tal cosa y él volvía, entregaba y preguntaba, ¿eso es todo?   Hasta que la joven le dijo disgustada, ¿usted está muy apurado? ¡Porque yo tengo todo el tiempo del mundo!

Si preguntamos en un almacén por la blusa de la vitrina, nos dirán con mala cara “uy, yo creo que eso se acabó”, o “sólo nos queda una”. (Yo en estos casos les digo “no quiero una docena, quiero una”).

Qué manía esa del negativismo y la mala atención, tan sencilla que es la cortesía que hace que el cliente vuelva una y otra vez y todos nos sintamos bien.

Recuerde que si el cliente antes buscaba las mejores marcas y los mejores precios, hoy exige además una atención con clase, porque nadie paga por sufrir.

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<> Este artículo se publicó el 14  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/?cat=31998770