No hice ni dejo hacer

La opinión de…

Héctor Aparicio

La voluntad es la capacidad que tenemos los seres humanos de hacer cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades, contratiempos y los estados de ánimo. Repito: por encima de las dificultades, contratiempos y los estados de ánimo.

Recordemos cuándo fue la última vez que notamos sincera voluntad en la resolución de temas como seguridad, reforma del transporte y educación (necesarias estas hace más de 20 años). El control de las calles, el tránsito y las violentas formas de protestar que históricamente han agobiado la tranquilidad de la ciudadanía. Estamos acostumbrados a vivir sin orden y erradicarlo nos parece imposible.

El contagio de los prejuicios por razones politiqueras hace que prime la dificultad de cambiar este escenario. Vivimos con miedo, cotidianamente somos golpeados por tranques innecesarios, vandalismos y actos violentos que preocupantemente nos anestesian y acostumbran a vivir así. Si tuviésemos mejor educación, que por miedo a las huelgas de educadores no se reformó hace más de 20 años, reinaría el pensamiento crítico no las pasiones; tendríamos mentes más ordenadas y menos influenciables por lo mediático; hijos más conscientes, mejores ciudadanos y en consecuencia, mejores gobernantes.

Cada día es más que evidente que el enfoque o estilo de atacar el problema no funcionó, que los tiempos cambiaron y que los sistemas colapsaron. La comodidad que le genera a un gobernante mirar hacia un lado y olvidar, garantizó siempre éxitos en su gobernabilidad. Estuvimos cinco años probando un estilo en el que se consultó mucho y se hizo poco. Con respecto al transporte, solo queda el recuerdo de meses perdidos en consultas para analizar qué sistema se implementaría. Hoy la foto del transmilenium solo sirve para decorar las placas de circulación automotriz.

En materia de seguridad solo recordamos a los ministros que no estuvieron a la altura de los conflictos, mientras existían asesinos en serie del extranjero burlando totalmente a la autoridad. Ojalá no sigan apareciendo más extranjeros wild en nuestro país. En materia educativa, se olvidó la reforma considerada hoy como urgente por la mayoría. En las palabras del padre de la actual oposición, “… Empujen, pero no se desboquen. Critiquen, pero no destruyan. Protesten, pero no conspiren…”, concluyo que solo nos queda esperar. Medir por resultados esta gestión gubernamental a su debido tiempo.

De otra forma, estaríamos dando resistencia antes de tiempo a los intentos de erradicar problemas que nunca se solucionaron.

En el fondo del histórico agite entre gremios, partidos de gobierno, oposición y medios de comunicación (que también son un poder) están en juego nuestros anhelos como sociedad civil. Y esto es lo que como ciudadanos debemos defender.

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Este artículo se publicó el 6 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Participación ciudadana constructiva

La opinión de…

Héctor Aparicio Jr. 

Con este artículo, pretendo reflexionar en torno a los conceptos de participación ciudadana y de sociedad civil, así como sobre sus posibilidades de realización y puesta en práctica dentro de Panamá.

En primer lugar, es mi intención que reflexionemos y hagamos una aproximación al concepto de “participación”, centrándonos en dos de sus manifestaciones más importantes: los movimientos sociales y el asociacionismo. De esta forma podremos continuar analizando los requisitos que involucran la participación, su justificación y sus objetivos.

¿Por qué y para qué nos asociamos?

La palabra “socio”, viene del latín socius (compañero), de ahí derivan también las palabras asociar, (que no es más que juntar personas para realizar un trabajo), asociado, (persona que ayuda a cumplir las metas) y consocio, (el socio del socio).

El resurgimiento de la participación ciudadana en la opinión pública es un fenómeno interesante y necesario ya que contribuye a concienciar sobre la necesidad y responsabilidad que todos tenemos para modificar nuestro país.

Dicho fenómeno ha contribuido a que se “quite el polvo” y salgan “a la luz” antiguos esquemas de participación ciudadana no constructivos, que hoy en día sólo sirven para ejercer resistencia sin dejar avanzar cualquier intento de desarrollo en temas como la educación, salud, trabajo y seguridad.

Cuando los noticieros difunden estos antiguos esquemas tratando de “revolver el río violentamente” puedo notar el total desenfoque de los objetivos para los cuales se asociaron inicialmente, y el mal ejemplo que están ofreciendo a la sociedad. También queda claro la falta de espacio que tienen los grupos que realmente están cumpliendo su labor con aportes constructivos.

Lo expresado anteriormente me motivó a investigar y a sacar mis propias conclusiones acerca de la participación ciudadana. Con optimismo encontré asociaciones de jóvenes artistas organizando festivales y llevando cultura y sano entretenimiento a pueblos del interior; fundaciones que trabajan contra la desnutrición; clubes de fomento a la ética, el estudio y la moral; movimientos de educación no formal como el movimiento scout entre otros. También pude percatarme de la existencia en Panamá de un sinnúmero de buenos ciudadanos que hoy en día están asociados trabajando por el bien común, entregando aportes concretos a nuestra sociedad.

Con orgullo puedo decir que hay asociaciones civiles que desde el silencio generan grandes impactos. Indagando sobre la operatividad de estos grupos descubrí que, si bien los recursos económicos siempre salen de uno o más bolsillos (individuos, empresa privada y sector gubernamental), hay una mayor dificultad en el reclutamiento de los recursos humanos dispuestos a construir.

Quiero hacer hincapié en la importancia y necesidad que implica el involucrarnos en algún tipo de trabajo social. Además de donar dinero, es necesario donar tiempo. Estamos frente a una buena oportunidad para dejar de quejarnos, romper con la apatía y pasar de la palabra a la acción.

Áreas de trabajo como la educación informal, la cultura, el fomento del trabajo y la ética, la niñez, el hambre, la drogadicción y el alcoholismo son asuntos que estarán siempre esperando por tu aporte.

Opciones sobran, buscando encontrarás y te involucrarás.

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Este artículo se publico el 6 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

De pandillas delictivas a constructivas

La opinión de…..

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Héctor Aparicio Jr.

Panamá padece una enfermedad social, que se puede controlar con seguridad, pero no tiene cura inmediata.   La mayoría de los problemas sociales tienen su origen en la familia, por ser ésta la base de la sociedad y el primer entorno donde se desarrolla el individuo.

La creación de grupos en los que los jóvenes buscan sentirse identificados y en los que se tiene como objetivo generar aspiraciones colectivas, no es un fenómeno social nuevo, y se manifiesta en todos los niveles sociales. Recuerdo cómo, en mis tiempos de secundaria, tanto en colegios públicos como privados era normal la formación de clanes de afinidad a los cuales se les otorgaba diferentes nombres.

Se sentía una necesidad de pertenencia y cada quien se agrupaba y se relacionaba con aquellos jóvenes con los que tenía mayor afinidad y con los que mejor se desenvolvía.

Los adolescentes y jóvenes violentos no adquieren dichas actitudes disociadoras y antisociales dentro de las pandillas, sino que es allí donde practican, desarrollan, perfeccionan y repiten las conductas que aprenden en sus hogares. Los jóvenes descargan lo que ya traen consigo en sus mochilas.

En algunos medios de comunicación he escuchado mencionar la urgencia de una reforma educativa.   Considero que cada día se hace más necesaria llevarla a cabo, pero diseñarla e implementarla con todas las partes de acuerdo, puede tomar tiempo. Tiempo que hoy es oro para atender a una niñez que crece con mayor acceso a la información que en las décadas pasadas. Hablo de atender preventivamente a la nueva semilla, que no es más que esa niñez panameña: los ciudadanos del futuro.

Una de las alternativas para erradicar esta problemática social es un método probado que surge a principios del siglo XX y que se utilizó en Inglaterra con una gran eficacia para combatir la delincuencia.   Dicho método es el conocido Movimiento Scout, ideado por Lord Baden Powell, que busca el desarrollo físico, espiritual y mental de los jóvenes con el fin de constituirlos en “buenos ciudadanos”.

En todo Panamá hay cerca de 29 grupos que realizan actividades al aire libre y servicio comunitario, con el objeto de formar el carácter y enseñar, de forma práctica, los valores humanos de los jóvenes.   El método Scout induce al joven al autoaprendizaje dentro del marco simbólico y operativo de la naturaleza. También enseña al niño sus reglas morales y su autodeterminación, usando el juego como herramienta educativa bajo la vigilancia de mayores.

Por ser un método práctico, es contrario a la formación académica teórica y, a su vez, es uno de sus mejores complementos. En el caso de los niños de siete a 11 años, se toma como base de su sistema educativo el “lobatismo”, con agrupaciones donde se genera un ambiente de familia feliz.  Como segunda etapa, el “sistema de patrullas”, el cual consta de pequeñas “pandillas” de amigos entre los 11 y 14 años. Siendo ésta una de las etapas más difíciles de la vida, se le propone al adolescente una sociedad a su medida.

Una sociedad donde se sentirá incluido con fines accesibles, con un método apropiado y con unas actividades que democráticamente deciden a su gusto. Y en la etapa final de formación están los Rovers: jóvenes de 16 a 21 años que desarrollan sus actividades en un ambiente de compromiso y solidaridad. Dentro de sus actividades están: el debate de ideas sobre los retos del mundo actual, la preparación que deben tener para ellos y el diseño de su proyecto personal de vida.

Viéndolo de esta manera, el Movimiento Scout tiene mucho que aportar en la prevención del pandillerismo en Panamá.   Es por ello que exhorto a todos los interesados en esta problemática social a prestar atención a esta poderosa herramienta pedagógica que puede adelantarse y frenar un futuro problema y contribuir a la formación de grupos o pandillas constructivas.

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Publicado el 4 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.