La educación no es el único factor para el desarrollo

La opinión de…

JORGE E. MADRID M.

A diario escuchamos a eruditos en docencia, periodistas, autoridades, gobernantes y demás personajes de la palestra pública decir que “la base del desarrollo es la educación, sin educación no se logra el progreso del país”.   De esta hipótesis surge la pregunta ¿es la educación determinante o la única variable para lograr el desarrollo o progreso en un país?   Esta hipótesis no resiste esta sencilla pregunta para sustentarse, dándole en consecuencia, la categoría de una hipótesis falsa o nula.

La respuesta a la pregunta es un “no” categórico, porque son varios factores que se combinan para llevar al país a un buen desarrollo.   Por eso, mezclar el tema del desarrollo de un país con el nivel educativo de su población, lleva a una visión determinista y reductora del desarrollo o progreso de la nación.

Entre los factores que contribuyen a que un país logre el desarrollo están: Cero corrupción de sus altos funcionarios, empezando con el presidente de la República, una buena distribución de la riqueza, reducción al mínimo de las desigualdades sociales (hospitales para pobres y hospitales para ricos, la pobreza), eliminar el clientelismo político y el nepotismo institucional con los recursos del Estado y la práctica gubernamental de la transparencia en todos sus actos con su respectiva rendición de cuentas periódicamente.

Existen muchas evidencias o hechos que corroboran esta realidad, entre las cuales tenemos: El caso de Cuba con una excelente educación que ha quedado demostrada en todas las mediciones internacionales donde el resto de los países de América Latina y el Caribe quedan lejos de los altas notas de excelencia de sus estudiantes cubanos. Pero ¿qué pasa con el desarrollo de Cuba?, ha quedado rezagada en comparación a los otros países del continente americano, producto de la decisión política de Estados Unidos de aplicarle el bloqueo (apoyado por otros países latinoamericanos) por más de 50 años porque no practicaba el capitalismo y sí el socialismo. En este caso la excelencia educativa no le sirvió a Cuba para lograr el desarrollo, sobre todo el económico que deseaba, aún con la ayuda de la URSS en la guerra fría.

Otro caso contradictorio es Panamá, con un gran desarrollo económico, apoyada por Estados Unidos sin bloqueo y que a pesar de este boom económico de las últimas décadas del siglo XXI la educación de la población en general no es de las mejores, por el contrario está en los últimos lugares del ranking internacional. Por esto es que muchas empresas transnacionales que vienen a ubicarse en Panamá se quejan de que no hay personal calificado a niveles óptimos requeridos en sus industrias.

Este bajo nivel educativo no ha afectado el crecimiento económico de Panamá, porque para hacer negocios en el capitalismo no es imprescindible que la clase obrera tenga niveles educativos altos como doctorados, maestrías o licenciaturas.

<> Este artículo se publicó también en el Diario La Prensa el 14 de junio de 2014.

Un pueblo idiotizado

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

¿ Qué hace un hombre en el poder por 30 años? Mubarak jugó con las frustraciones del pueblo egipcio por 30 años, con el propósito de un dominio perpetuo, que además de producir traumáticas y perdurables divisiones sociales, desató la ira colectiva que acabó con la traumática y perdurable dictadura. Solo un pueblo idiotizado por el miedo, que conduce a la complicidad con el gobernante de turno, puede caer en tal desperdicio mental.

Hay quienes consideran que las dictaduras surgen por la pobreza, la corrupción y otros males sociales en los países democráticos. Es el hombre y no el sistema quien afecta a la sociedad. Y, aunque un gobierno autoritario y totalitario agrava los problemas sociales, hay otros factores de fondo, menos visibles y más psicológicos, que impulsan a la gente a preferir un gobierno autoritario, en lugar de mejorar y proteger la democracia.

Con el desarrollo de los sistemas democráticos, el hombre obtuvo la libertad para decidir su destino como nunca antes en la historia. Sin embargo, a medida que el hombre se liberó de las cadenas feudales que lo ataban a su ‘amo o señor’, también comenzó a sentir la angustia de tener que tomar sus propias decisiones y asumir todo el riesgo que ello implicaba. Esto es lo que algunos filósofos e intelectuales han denominado acertadamente como el ‘miedo a la libertad’.   Fromm lo explica en pocas palabras: ‘Cuanto más el hombre se transforma en individuo, se presenta el dilema de unirse al mundo a través de las condiciones que le impone la sociedad, en la búsqueda de seguridad. Al acudir a estas formas es cuando el hombre cae en los mecanismos de evasión y apatía, los cuales destruirán la anhelada libertad y su integridad junto con su yo individual’.

Según Fromm, el autoritarismo es un mecanismo de evasión de la libertad que consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual para fundirse con algo o alguien exterior, a fin de adquirir la fuerza de la que el ‘yo’ carece. Es decir, busca nuevos vínculos secundarios como sustituto de los primarios que se han perdido; por ejemplo: los impulsos de sumisión y dominación.

Fromm también nos habla de la conformidad automática: este mecanismo se da por ejemplo cuando hay retraimiento del mundo exterior y el individuo deja de ser él y asume una personalidad que la sociedad le asigna.

El conflicto de libertad comienza por el lazo materno. Inicialmente, el humano posee un instinto que le une con su madre. En las sociedades primitivas el individuo estaba muy ligado a su clan.   En las primeras etapas de la vida siempre hay una necesidad de seguridad y orientación que implica una falta de individualidad. Posteriormente, la persona va desarraigándose de sus vínculos primarios. Cuando lo consigue, debe encontrar la orientación y la seguridad que necesita y al no volver a unirse a los vínculos primarios tiene una sensación de soledad y necesidad de cuidado. Entonces necesita aferrarse a algo o a alguien para sentirse seguro.

He aquí cuando aparece el conformismo. Las personas conformistas buscan ‘seguridad’ y no libertad.   Por eso prefieren un gobierno fuerte que les garantice beneficios, aunque ello implique la pérdida de sus libertades. Y, esto es una situación de peligro, porque se abre el espacio para que surjan seres sanguinarios, dictadores, amos y señores disfrazados de salvadores o resguardos de aquellos que no se atreven a hacer las cosas por sí mismos, como el de sacrificarse e invertir horas y energías extras para levantar un negocio propio. Tampoco las escuelas han ayudado mucho, pues enseñan más a estudiar para conseguir trabajo que para ser emprendedores.

Es necesario que los dirigentes de cada país comprendan que los sectores más frágiles de la sociedad deben ser protegidos mediante la oportuna generación de leyes, instituciones, y otros mecanismos sociales correspondientes. Pero sobre todo, es urgente educar a las nuevas generaciones con los valores de la libertad y el emprendimiento, para que desarrollen un espíritu independiente, y puedan entender y perfeccionar la democracia, en vez de destruirla apoyando proyectos populistas y totalitarios. Los líderes autoritarios, son los más propensos a convertirse en dictadores, pues, bajo el pretexto de buscar la ‘justicia social’, tienden a reprimir los derechos humanos fundamentales y terminan sacrificando el desarrollo y agravando los problemas de la sociedad.

Solo la ignorancia puede hacer que un pueblo entero confunda a los demagogos con líderes o estadistas. La educación es la base para el desarrollo integral de los marginados por la pobreza y la ignorancia. Las naciones que posean una amplia cultura democrática estarán preparadas para entender y perfeccionar la democracia, y también para neutralizar con éxito las pretensiones autoritarias de un líder, un partido o una ideología.

Este artículo se publicó el  16  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Nuestra educación en su laberinto

La opinión del Educador…

HERIBERTO TORRES ACOSTA
h_torresa@hotmail.com

Los resultados —que no voy a detallar, porque son conocidos generalmente—, que exhibe la educación panameña, no son para aplausos ni menos halagos. Es una manifestación que se arrastra desde antes y después de nuestra era republicana; cuando nos conquistaron, colonizaron, y nos diseñaron poderosos intereses hegemónicos (internos — externos), de acuerdo al valor (riqueza) geopolítico de nuestra posición geográfica, como un país (sociedad) de tránsito para producir servicios. Aún reivindicamos, remedamos, la educación de la Edad Media (utópica, idealista), la educación de la edad moderna, contemporánea, (elitista, clasista, pragmatista, positivista); hasta la liberal, burguesa, capitalista (individualista — utilitaria). Se nos ha vendido la mentira de que nuestra educación es democrática liberadora; cuando en el fondo posee un enfoque, sentido, reaccionario, conservador, retardatario, domesticador.

Por lo anterior, con el propósito de unirme a reflexiones de conciencias receptivas por una transformación revolucionaria de nuestra educación, figurándonos como un foco guerrillero pedagógico—ideológico, dejaré mis opiniones sobre posibles salidas para romper el cerco complejo que impide vivir en un mundo moldeado por la ciencia y la tecnología; pero que debe enfatizar el saber sentir y pensar con calidad humana.

Para que nuestra educación, especialmente la pública, sea verdaderamente popular, democrática, requiere:

1.— Que el Ministerio de Educación anime y rectorice la creación —organización— de una entidad altamente representativa de todos los componentes de nuestra sociedad, con la finalidad de consultar y definir qué tipo (Sistema) de educación queremos desarrollar; obviamente incluyendo la caracterización del hombre/mujer que se propone formar. El deber, obligación, para el desarrollo de la educación, es de todos. Esta etapa debe culminar con la elaboración de un plan, a largo plazo, para el desarrollo de la educación; con las prioridades en su proceso, especialmente la eliminación de todo tipo de analfabetismo.

2.— Reestructurar la administración, desde los más altos a más bajos niveles, de toda la educación. Si queremos una educación de calidad, es imprescindible poseer una administración de calidad.

3.— Reformar los planes y métodos para la formación del docente; orientados hacía la creación de una conciencia de trabajador —servidor y no de empleado asalariado— un agente de cambio y reformador social; y por último.

4.— Para que un buen plan se cumpla y tengamos centros educativos no subdesarrollados, produciendo personas subdesarrolladas, el Estado debe cumplir lo siguiente: Presupuesto suficiente —invertir en educación debe ser prioritario y no es gasto—, escuelas y educadores necesarios; infraestructura y dotaciones pertinentes; gratuidad, accesibilidad económica con la consideración material y geográfica de la ubicación escolar; pertinencia del currículo y la oferta educativa de acuerdo a contextos y poblaciones específicas; y calidad de la educación asociada a las necesidades, intereses y expectativas de las diversas comunidades y poblaciones.

Lo anterior lo referimos a la educación pública, quien debe ser la vanguardizadora con los mejores atributos; la cual ha sido intencionalmente descuidada —desbrozada— por muchos intereses, burgueses, mercantilista, vinculados al poder político—económico de nuestro país.

 

Este artículo se publicó el 11 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Del fracaso al éxito escolar

La opinión del Profesor Universitario y Ex Ministro de Educación…

JUAN BOSCO BERNA
jbbernal@cwpanama.net

Con mucha facilidad la comunidad educativa y la sociedad en general se habituó a escuchar y pensar en el fracaso escolar del alumnado de nuestras escuelas básicas y medias del sistema educativo panameño. En razón de esta circunstancia, todos los años al finalizar o al iniciar del periodo lectivo se busca y difunde información sobre la cantidad de estudiantes fracasados y las medidas que asume el Ministerio de Educación para atender o remediar esta situación. El año 2010—2011 no ha sido diferente a los precedentes.

Muchos medios de comunicación se refirieron al tema y difundieron las estadísticas de los alumnos que fueron reprobados en las diferentes asignaturas, generalmente las mismas, cada año: Español, Matemáticas, Ciencias, Inglés. Por su parte, el Ministerio de Educación, se defendió y aclaró como siempre las inexactitudes en estos números y planteó como alternativa los cursos de rehabilitación para suplir esta deficiencia.

En los albores del Siglo XXI, cuando los derechos humanos en la educación, en una buena parte de las sociedades del mundo, han pasado de la retórica a la política de Estado para asegurarlos, hablar de fracaso escolar es un anacronismo. Este término se asocia a un lenguaje despectivo que expresa infortunio, desgracia, derrota, desastre, decepción y hasta suceso funesto. Ninguna de las conductas de estudiantes que dejaron de aprobar determinados contenidos en una o varias asignaturas del plan de estudio, servida bajo los patrones pedagógicos específicos de sus docentes, puede ser asimilada a este terrible término.

Lo que generalmente existe como sinónimo, es el sentimiento de frustración y de impotencia frente a un sistema educativo que, de acuerdo a sus reglas de juego, decide quién y cómo se aprueban los contenidos curriculares. Es así como se siembra en esta niñez y juventud, la negación del sentido real que debe tener la escuela y la educación como el mecanismo más importante para asegurar oportunidades a todas las personas, sin discriminación, para alcanzar una vida digna y el desarrollo pleno de sus capacidades humanas. La escuela no se creó para fracasar, su misión es contribuir a desarrollar integralmente las personas.

El ejemplo de Alfredo puede quizás ilustrarnos. Este joven de procedencia rural cursó sus estudios primarios en una escuelita multigrado con evidentes carencias de horas, docentes, materiales y apoyos en sus aprendizajes por su familia. Después de múltiples esfuerzos, terminó la escuela primaria y por decisión propia decidió inscribirse en el séptimo grado para completar la educación básica —gratuita y obligatoria— y encontrar una salida profesional a sus aspiraciones. Su sueño era romper el círculo vicioso de la pobreza rural que ha atrapado y asfixiado durante muchos años a su familia, amigos y conocidos.

Este joven en el pasado no estudió Inglés y tuvo una débil formación matemática y científica. Logró pasar al octavo grado en la misma escuela con profesores y esquemas pedagógicos diferentes. Sin embargo, aún con su esmero y rigurosa asistencia, no alcanzó la aprobación de cuatro asignaturas fundamentales del programa. Al preguntarle qué piensa hacer, nos dijo con pena: ‘no sé, pues no puedo rehabilitar ni puedo pasar al año siguiente. Tendré que abandonar la escuela, porque siento que no sirvo para estudiar y mis padres me dicen lo mismo’. Está desconsolado y triste.

Este es el panorama que viven cada año miles de estudiantes panameños, de la ciudad y del campo, que carecen de un sistema que les refuerce sistemáticamente sus aprendizajes, y les asegure el éxito escolar y personal al que ellos aspiran y que los conduce irremediablemente a desertar.

Hoy, acometemos de la misma manera, con ligeras modificaciones, la insuficiencia académica del estudiantado como se hacía desde los años sesenta del pasado siglo.

Debemos aprender la lección del sistema utilizado, que no recupera y menos dignifica. La experiencia de los países que más avanzan nos indica que todos los alumnos tienen los mismos derechos a una educación de calidad sin exclusión alguna. Que es durante sus estudios regulares donde se activan los mecanismos de evaluación diagnóstica, que permiten detectar tempranamente las debilidades que presentan los jóvenes en sus estudios. Con esta información, se procede a realizar con profesionales especialistas, las acciones que les refuercen la motivación, los métodos de estudios y los contenidos fundamentales para superar las deficiencias encontradas.

Este es un sistema que puede ser implementado dentro de nuestras escuelas. No se trata de desconocer las diferencias en el rendimiento de los alumnos. De lo que se trata es de garantizar los aprendizajes de los estudiantes más lentos dentro del periodo normal que cursan, sin castigarlos ni marginarlos, con un programa especial (Gabinetes Psicopedagógicos, Equipo SAE y otros) que los recupere y atienda sus necesidades educativas especiales. Preparemos nuestra escuela para una inclusión educativa total, que asegure el cumplimiento de los derechos que le asisten a nuestros estudiantes de aprender y construir un futuro promisorio más digno y esperanzador para todos.

 

Este artículo se publicó el 11 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La escuela para el niño y el niño para la escuela

La opinión de la Catedrática de la Universidad de Panamá…

YOLANDA CRESPO DÍAZ
zedirto@cwpanama.net

Conversando con un amigo sobre la deserción escolar, me relató que el desertó del colegio porque su maestro se burló de él. No hay nada más terrible que los maestros maltraten y humillen a los estudiantes ya que gracias a los estudiantes tienen un sueldo. Si no hubieran estudiantes los maestros no tendrían trabajo y el trabajo principal de cada docente es ser un buen docente, ayudar a los estudiantes en el aula a aprender y tratarlos con respeto.

Sin embargo todos sus logros han sido producto de su esfuerzo personal y ha sido autodidacta.

A pesar de haber dejado la escuela pudo llegar a ser un empresario importante en nuestro país.

Esta es una de las pocas personas que han salido adelante a pesar de tener todo en contra.

Es increíble el daño que podemos hacer los maestros a los estudiantes y que todavía se permita que sigan dañando a tantas personas en las escuelas.

Pronto comenzarán las clases y los problemas tradicionales se acentúan por culpa de la inflexibilidad de muchos educadores en acabar de comprender que la escuela es para los estudiantes y no los estudiantes para la escuela.

Bien lo dijo mi abuelo José Daniel Crespo, ‘si la educación es vida y no una preparación para la vida, la vida del niño debe ser el centro del proceso educativo escolar’. Todo el valor, enorme y trascendental de la obra de Jean Jaques Rousseau, estriba precisamente en que fue el primero en percibir claramente esta verdad. La educación debe centrarse en el niño, en el estudiante. Si nos identificamos con los verdaderos instintos y necesidades de la niñez y del estudiantado, si los tratamos dignamente como merecen, buscando su más completa afirmación y crecimiento intelectual e integral, enseñándoles disciplina sanamente, no como una cárcel sino por la necesidad de aprender de ella y su utilidad en la vida y el trabajo, los conocimientos y la cultura y todo lo demás vendrá a su debido tiempo.

Debemos respetar las diferencias individuales. Cada niño al nacer viene con características propias, únicas que lo hacen diferentes a los demás seres humanos. En muchos lugares toda la grandeza y la creatividad de los niños es amonestada o sea cortan y castigan lo mejor del niño para hacerlo repetir servilmente lo que el maestro enseña. Se castiga la individualidad y el pensamiento propio que es lo mejor que tenemos. Cada niño trae consigo características propias que lo distinguen de los demás y que son parte de su equipo de lucha en la vida. La educación no debe coartar ni obstaculizar el desarrollo de las tendencias y aptitudes naturales que trae el niño al nacer más bien ayudarle a desarrollarlas positivamente. El ambiente no puede dar ni crear las capacidades que no se tienen. Es importantísimo reconocer, estimular la naturaleza original del niño, sus capacidades, que son su capital activo así como sus limitaciones, los maestros estamos para ayudar, no para dañar a nuestros estudiantes. Y se nos paga para servir y dar lo mejor de nosotros mismos, no para arruinarlos. A pesar de todos los progresos dentro de la ciencia de la psicología y de la educación todavía encontramos muchos desaciertos en el frágil campo del proceso educativo y el maestro debe conocer y buscar luces para mejorar constantemente en sus conocimientos y su formación integral para hacer una mayor contribución a nuestra sociedad.

Algunos espíritus reaccionarios que para nada cuentan desprecian la personalidad del niño y lo que en si constituye. ‘Este es un gravísimo error’ decía el doctor José Daniel Crespo, mi abuelo. ‘La vida del niño, no es inferior a la del adulto: es diferente. El niño como adulto, tiene su personalidad que cultivar y su puesto que ocupar en la sociedad. Una buena niñez es la mejor preparación para una buena vida de adulto. De aquí la imperiosa necesidad de conocer al niño, y por tanto, de estudiarlo a un incierto porvenir, sacrificamos también al adulto que tratamos de salvar. En este sentido el niño es el padre del hombre futuro’.

‘Muchos maestros se enorgullecen en fracasar y amargarles la vida a los estudiantes’. Estos docentes son resentidos y unos fracasados ellos son los que están acabando con la educación panameña.

Como docente considero que nunca terminamos de mejorarnos y debemos seguir intentando aprender todo lo que sea necesario para ayudar a dar lo mejor a nuestros estudiantes y lograr mejores generaciones a nuestro país, Panamá

No sabemos nada de la niñez y con nuestras ideas erróneas acerca de ella, mientras más lejos nos vamos en la educación, más perdidos andamos. Los escritores más sensatos se preocupan por lo que el hombre debe saber sin preguntarse a sí mismos que es lo que el niño es capaz de aprender.

¿Qué y por qué rechazan cuál es la razón por la que un estudiante no quiere aprender? ¿o es por qué el profesor hace que el niño repudie o rechace la escuela al punto de desertar o dejar sus estudios, quién fracaso?

No fue el niño fue el maestro.

Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Hacia una revolución educativa posible

La opinión de…

 

Paulino Romero C.

Queremos destacar la importancia que tiene el recurso humano, y por ello consideramos necesario “una revolución educativa” en Panamá; vale decir, la comprensión de cada uno de los problemas que afectan la educación en el hogar, en la escuela y en la comunidad. De nada valdrían los principios que hemos estudiado, si no los aplicamos con mentalidad firme y flexible, renovadora y progresista (los maestros y profesores que son los llamados a situar la educación de nuestro país al frente de la renovación cultural y pedagógica), para producir una verdadera transformación que nos encamine hacia una vida digna, creadora y generosa.

Necesitamos realizar “una revolución educativa” empeñada en rectificar una estructura económica de tipo feudal, un sistema político de rasgos coloniales y un ambiente cultural sin vitalidad ni exigencias. ¡Una revolución sin disparos, sin conspiraciones y sin maquillaje populista mediático! He aquí un resumen numerado de lo que proponemos:

1. Todo movimiento de renovación docente tiene que fijar sus conceptos significativos y estar orientado por una filosofía que le imprima unidad y visión totalizadora, para hacer posible la solución efectiva a cada uno de los problemas que se plantean en el estudio del proceso de aprendizaje.

2. La articulación en la organización de la enseñanza y la precisión de los niveles de aprendizajes son aspectos básicos a considerar en la aplicación de los principios para la formación de un magisterio con mentalidad ágil y efectivos conocimientos, que hagan posible el cumplimiento de su sagrada misión.

3. Para la comprensión de los problemas educativos, es indispensable conocer el desarrollo total del alumno en la integración de su personalidad, que incluye: lo físico y motor, lo emocional y social, lo estético y lo espiritual, lo moral y lo intelectual, las creencias, las esperanzas, los intereses, las actitudes y los valores; aspectos que se funden en una configuración viva, cambiante y dinámica, en un esfuerzo del ser viviente por ajustarse a la vida y a su razón de ser.

4. Para el estudio y conocimiento de los elementos que sirven de base psicológica al principio educativo, es necesario crear direcciones, departamentos y centros de evaluación y orientación psicológica de los estudiantes, como factor coadyuvante a la labor del maestro y de la educación.

5. En la formulación del currículo deben tenerse en cuenta los elementos indispensables para el desarrollo de una vida democrática, de eficiencia económica, en que las relaciones humanas hagan posible la cooperación, cortesía, amistad, apreciación y conservación de los ideales de la vida familiar y los objetivos relacionados con la responsabilidad cívica del ciudadano en su vida política y social.

6. El currículo moderno debe ofrecer oportunidad al enriquecimiento de las experiencias de los alumnos en diversas áreas de la vida y del conocimiento, que hagan posible la integración de materias en la educación media y faciliten la orientación vocacional en una aspiración abarcadora y justa. Esta oportunidad de la orientación vocacional de los alumnos debe ofrecerse en lineamientos flexibles, de adiestramiento organizado, que satisfagan el interés de los educandos y atiendan a las necesidades ocupacionales de la comunidad.

7. Todo movimiento renovador debe contribuir a la educación general como parte integrante de la educación del individuo que vive en una era industrial, explorando los intereses, capacidades y habilidades del estudiante, por medio de oportunidades que permitan manifestar la expansión creadora en las artes industriales, y ofrezcan orientación en la selección de un oficio u ocupación.

8. Todo empeño de transformación educacional debe preparar a los alumnos que demuestran interés en algún aspecto académico, profesional o de artes industriales, como medio de ganarse la vida, siempre que tengan la habilidad y capacidad necesarias para ello.

9. Debemos dirigir al estudiante hacia la adquisición de experiencias educativas, mediante actividades que contribuyan a mejorar las condiciones de la escuela, del hogar, de la comunidad y del país.

10. Todo plan o proyecto de renovación docente debe vincularse a todos y cada uno de los factores de la sociedad en que se han de aplicar, a fin de producir la integración de elementos indispensables para la mejor comprensión de los principios que sirven de base a la educación y que la enlacen con el medio en que se desenvuelven.

¡Ha sonado la hora de atreverse, de iniciar, de reestructurar el pensar de nuestra gente, de dar su lugar a esta nueva y vital dimensión de la educación panameña!

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Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Educación sin escuela

La opinión de…

 

Bertilda Herrera Anria

Ivan Illich, pensador austriaco y crítico ferviente de las instituciones educativas y sus características, proponía la creación de un sistema alternativo en la que el aprendizaje no se encontrara enmarcado en la escuela. Según Illich, el actual sistema educativo se ha convertido en un sistema burocrático, jerárquico y manipulador. Los estudiantes están sujetos a planes de estudio extensos y repetitivos, las informaciones son dadas de forma rápida y superficial, por lo que los maestros, ya acostumbrados a esta rutina, no tienen la posibilidad de profundizar en uno u otro tema, que más le interesa a los estudiantes, ni son capaces de satisfacer las necesidades específicas de cada estudiante.

La escuela definitivamente se convierte en un lugar de desigualdad y conflicto, ya que algunos se adaptan mejor que otros. Lo curioso es que, a pesar de que la tesis de Illich es considerada radical y poco realista, muchas de estas ideas se encuentran hoy en día parcialmente concretizadas, por lo que hay que considerar en este autor su carácter visionario.

En muchos lugares, especialmente en países adelantados culturalmente el homeschooling es previsto por ley. El método consiste en educar a los hijos dentro de casa, ofreciéndoles un ambiente de aprendizaje diferente al de las escuelas existentes.

Las razones para la adopción de este sistema de aprendizaje son variadas, entre las que se mencionan la insatisfacción de los padres con respecto a las escuelas, el temor con relación a su entorno, interno y externo y el miedo por la integridad física de los niños. Esto es comprensible en ambientes donde hay altos niveles de violencia, como en Brasil. Actualmente, este sistema no es permitido en esta nación, ya que su instauración requeriría una reforma constitucional. Por lo que es considerado una violación al derecho a la educación de los niños. Los padres que incurran en esta falta son procesados y responsabilizados judicialmente. Padres brasileños que defienden el polémico sistema insisten en que hay situaciones en las que los niños y adolescentes son víctimas de acoso escolar. Ir a la escuela es un sufrimiento diario, insisten.

Homeschool es una versión individual del sueño de Illich. La diferencia es que en lugar del conocimiento producido por las principales instituciones, los padres o un tutor ocuparían su lugar. Un requisito previo esencial es que los padres y tutores sean educativamente competentes. Una persona sin instrucción escolar jamás podría optar por este tipo de enseñanza. Además, la misma está sujeta a un control estatal, pues los padres deben enviar informes periódicos sobre el rendimiento de sus hijos así sea dentro de casa, junto con el plan de estudio que estos siguen.

Hoy en día en Estados Unidos más de dos millones de niños reciben educación en la casa. Cada vez más, las instituciones de educación superior tienen como objetivo los estudiantes formados por sus propios padres. A menudo estos niños han superado a los de la misma edad que estudian en las escuelas ordinarias.

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Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.