Centroamérica y Panamá: ¿Fantasía o realidad?

La opinión de….

LEONEL A. JIMENEZ GUERRERO

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Centroamérica y Panamá:  ¿Fantasía o realidad?

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Desde hace muchos años escucho cómo, cada vez que se celebran eventos, simposios y congresos en ambientes educativos, empresariales o políticos, se habla de Centroamérica y Panamá. Hay muchas razones para justificar dichas diferencias.

Si bien geográficamente hablamos de Centroamérica para incluir a todos los países desde Guatemala hasta Panamá, la realidad es que la historia de Panamá está ligada a América del Sur, al haber compartido nuestro destino con la Gran Colombia. En el ámbito cultural, nos identificamos con el Caribe, y en lo económico, con América del Norte por el uso del dólar estadounidense y el Canal de Panamá.

Estos resumidos factores han hecho que nosotros creamos y hasta defendamos que el continente se divide en América del Norte, América del Sur, América Central, El Caribe y Panamá; como si nuestra nación fuera una especie de isla aparte.

Solamente hay que tocar el tema entre nosotros y tendremos todo tipo de respuestas, como que nuestra economía es distinta, que Panamá está mejor sola que con Centroamérica, y hasta despertamos pasiones raciales o de nacionalismo al hablar de Colombia en el primer caso, o de Costa Rica en el segundo caso.

La verdad es que para progresar como nación debemos tomar una decisión y pronto. No podemos ser una isla en un mar de bloques económicos y políticos que promueven, con mayor fuerza, la defensa de sus intereses nacionales frente a las grandes potencias. Para ejemplo, tenemos el DR-Cafta con Estados Unidos, o el tratado de libre comercio UE-CA.

Tenemos razones para sentir orgullo patrio. Nuestra independencia fue pacífica; el Canal de Panamá es nuestro después de grandes sacrificios nacionales; tenemos una economía pujante, nuestros deportistas, generación tras generación, traen glorias a nuestro país, pero sobre todo somos el ejemplo de que podemos progresar sin gastar en ejércitos, de que podemos encontrar en el diálogo las respuestas que requiere nuestro pueblo y, por encima de todo ello, sentirnos satisfecho de ser un punto de encuentro y solución para el continente americano.

¿Pero de qué sirve todo esto, si no podemos sacar a esos miles de panameños de la pobreza, si no podemos darles educación, salud, vivienda? ¿De qué sirve si no podemos creer todos juntos en un mejor futuro, en donde compartamos como humanos las riquezas y las oportunidades que ofrece nuestro suelo patrio?

Nos toca orientar a nuestros gobernantes sobre nuestros intereses nacionales. ¿Nos unimos a Centroamérica, a Unasur o seguimos solos nuestro futuro? Hablemos el tema dejando por fuera pasiones, nacionalismos y posiciones de superioridad cultural o racial.

Como nación, debemos enfrentar los retos que sugiere el cambio, no temer a lo desconocido. Integrarnos a un bloque político–económico es una decisión que debemos enfrentar con valentía, seguridad y humildad, para traer a nuestro pueblo mejores días, mayor progreso; pero sobre todo, mayor esperanza de que un mejor Panamá es posible.

Para construir ese Panamá, debemos buscar alianzas, acuerdos y consensos tanto internos como externos. Debemos olvidar las diferencias triviales con nuestros vecinos y enfocarnos en lo que realmente importa: hacer realidad los sueños y anhelos de todos los panameños.

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Publicado el 10 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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