¿Quiénes comen soberanía?

La opinión de historiador y escritor

Ricardo Arturo Ríos Torres

La juventud universitaria panameña realiza, el 2 de mayo de 1958, un acto heroico, inédito y trascendental en el devenir republicano.

La Unión de Estudiantes Universitarios (UEU), presidida por Carlos Arellano Lennox, con la Operación Soberanía, siembra 75 banderas panameñas en el enclave colonial del imperio de Washington en la zona canalera.

La acción patriótica sorprende a los zonians , a la CIA y FBI como a las fuerzas de seguridad de la Guardia Nacional al servicio de los estadounidenses. Los jóvenes, más de cincuenta, entran en el área de Balboa en forma pacífica, sin consignas y en un silencio que grita nuestro reclamo, siembran banderas de dignidad y honor en lugares previamente seleccionados, lo hacen en forma simultánea a las 10 a. m., hora del ‘coffee break’ de los gringos. Los estudiantes van de saco y corbata nadie los puede acusar de vagos o maleantes.

Panamá vence así la agresión psicológica del Coloso del Norte, la cual, desde la firma del oprobioso Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, se empeña en hacerle sentir a los panameños que el área canalera es otro país con sus propias leyes, una zona prohibida para nosotros, que ellos, intocables y poderosos, tienen el derecho a discriminarnos con su Gold y Silver Roll .

La juventud le dice al imperio de Wall Street que no le tenemos miedo, que la decisión de recuperar la plena jurisdicción nacional en todo el territorio del país es irrenunciable, que rechazamos cualquiera exclusión y sobre todo la impuesta por el Panamá Cede.

La policía de los zonians , afectada en su arrogancia, reacciona con un comunicado en el cual afirma que nunca más permitirá otra manifestación al estilo de la Operación Soberanía en el enclave colonial.

La siembra de banderas del 2 de mayo de 1958 determina un cambio de rumbo en las negociaciones canaleras, de la revisión se exige la abrogación del infame Tratado de 1903. Los Tratados Torrijos-Carter hacen posible la eliminación del enclave canalero, la perpetuidad y los zonians. El Canal es administrado por los panameños y forma parte del patrimonio nacional.

La Unión de Estudiantes Universitarios, dirigida por Ricardo Arturo Ríos Torres, y con el aval de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), le responde a las águilas imperiales con la Marcha Patriótica del 3 de noviembre de 1959 en la avenida 4 de julio, hoy avenida de los Mártires.

La policía y el ejército de Estados Unidos desarrollan una violenta represión con más de cien heridos de bala, perdigones, culatazos y bombas lacrimógenas. Ezequiel González Núñez del Instituto José Dolores Moscote y Ezequiel González Meneses de la nocturna y activista de la Generación del 58 son detenidos y juzgados por un juez norteamericano con las leyes de Louisiana.

El pueblo panameño indignado reacciona e incendia la estación del Ferrocarril y el USIS e invaden la Embajada norteamericana e izan la bandera panameña.

La Marcha Patriótica del 3 de noviembre de 1959 es el antecedente directo del 9 de enero de 1964 con sus 21 mártires y cientos de heridos. Panamá rompe sus relaciones con los Estados Unidos.

La épica de la soberanía iniciada en la década de 1920, se reafirma con el rechazo del Convenio Filós-Hines de 1947 y es sellada con la Operación Soberanía de 1958, la Marcha Patriótica de 1959 y el 9 de Enero de 1964.

La épica de la soberanía es adversada por panameños con mentalidad de protectorado. La elite dominante con sus partidos políticos expresan en sus medios de radio, prensa y televisión que la soberanía no se come , que nos moriremos de hambre sin los gringos, que miles quedarán desempleados, que esa gesta nacionalista es de comunistas y revoltosos.

Hoy, gracias al sacrificio de nuestros mártires y a la actitud patriótica de los estudiantes, tenemos un país con un alto índice de crecimiento económico, un desarrollo financiero envidiado por los latinoamericanos, una metrópoli impresionante por su belleza y magnitud, el Canal es nuestro sin enclave ni zonians .

Hoy comen soberanía los herederos de los ilustres próceres, la plutocracia, los políticos y empresarios que ayer manifestaban no se come soberanía. Los apellidos de los privilegiados no están entre los 21 mártires del 9 de Enero, esos apellidos de los rabiblancos están en la Junta Directiva del Canal y entre los directivos administrativos. Ellos sí comen soberanía y en grande con sus negociados y prebendas. ¿Dónde están los millones del Canal?

La épica de la soberanía continúa, tenemos que sembrar banderas de decoro y equidad, en el corazón como en el alma, de los que sí comen millones con un canal que se conquistó con la sangre y las vidas de una ciudadanía militante. Un canal para los panameños.

<> Este artículo de Opinión lo publicó la Estrella de Panamá el martes 2 de mayo de 2017.

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La literatura redime

La opinión de…


Ricardo Arturo Ríos Torres

Durante tres años coordiné ad honórem el Círculo de Lectura del Centro de Cumplimiento, entidad que alberga a los menores sentenciados por sus delitos. A esos jóvenes los conocí en un acto organizado por la Lotería en ocasión de la semana del libro; participaban también estudiantes de algunos colegios secundarios de la capital.

De allí nació la idea de compartir con ellos mis experiencias del Círculo de Lectura de la USMA. El equipo de profesionales que dirigía el centro acogió con entusiasmo la iniciativa. Mis estudiantes de la USMA visitaban el centro de cumplimiento y ellos acudían a las reuniones del círculo de lectura tanto en la universidad como en la librería Exedra.   Luego los llevé a las dos primeras ferias internacionales del libro celebradas en nuestro país.    Además participaban en nuestras presentaciones de libros e incluso fueron protagonistas cuando Rose Marie Tapia realizó la gala de Roberto por el buen camino.

Ninguno de los jóvenes del centro se evadió; eran un equipo, una familia, eran conscientes de la oportunidad que se les ofrecía. Trabajaron un boletín informativo como el Huellas de la USMA. Escribieron poemas, cuentos y el inicio de una novela. En una ocasión los llevé a una conferencia internacional sobre lectura que se celebró en el hotel El Panamá. Allí dieron testimonio de sus experiencias. Fue inolvidable; los expertos de distintas latitudes se emocionaron con ellos, muchos lloraron ante sus vivencias.

Tanto en las reuniones de la USMA como en Exedra analizaban los libros con tal propiedad que muchos creían que eran universitarios. Aprendieron a comunicarse, a pensar lógicamente, a compartir con naturalidad su pasión por la literatura. Ninguno de ellos reincidió; estudiaban en la secundaria e incluso en la universidad; era parte del programa de resocialización. Se habían humanizado pues se les trataba con respeto y aprecio. Aclaro que en ese grupo todos los delitos estaban presentes.

Comprobamos que eran chicos sin hogar, carentes del amor y cariño de una familia formal. Pero todo cambió cuando Martín Torrijos asumió el poder Ejecutivo y su ministra de la Familia [Desarrollo Social] removió al equipo de profesionales que dirigían con dedicación, responsabilidad y mística el centro de cumplimiento. El Panamá político consideró esa entidad como otro de sus espacios.   Nada detuvo a la ministra de turno; barrió con las trabajadoras sociales, psicólogo, la directora, e incluso con los custodios de amplia experiencia.

El círculo de lectura desapareció, luego la ministra fue premiada por el Presidente y la integró a su equipo de asesores.

Ante la tragedia que hoy conmueve a la sociedad panameña reiteramos nuestro reclamo ciudadano, que el Panamá político renuncie a considerar como espacios partidistas las instituciones públicas. Necesitamos un director de la Policía que sea un profesional especializado y nunca un militar como el que tenemos hoy. Actualmente, la policía militarizada avasalla al ciudadano común. Recordemos Changuinola y los asesinatos de los obreros. Que el equipo de las cárceles se integre confuncionarios profesionales ajenos al clientelismo político.

La tragedia de los adolescentes quemados en el centro penitenciario nunca más debe  repetirse. El Panamá político es el responsable de ese crimen institucional.

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Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, y el 5 de febrero de 2011 en la Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  El resaltado fue hecho por el Editor.

Panamá, la metrópoli del lucro

La opinión del Educador y Escritor….


RICARDO ARTURO RÍOS TORRES
rriost@hotmail.com

Jorge Ricardo Riba es, sin duda, un arquitecto de ideas. En su valioso haber bibliográfico confronta con valentía el urbanismo especulativo que caracteriza a la ciudad canalera.   El lucro sin límites es responsable del pandemónium que caracteriza el paisaje urbano de la ciudad de Panamá. Somos el Auristán de Cristóbal Colón, la tierra del dinero fácil, el país de fenicios que denunciara Gaspar Octavio Hernández.

En Urbanismo: proyectos y otros escritos el político humanista, nos define la ciudad soñada: Quiero una ciudad con armonía, de rostros humanos llenos de alegría, quiero una ciudad en la que impere la justicia, la honradez y el amor al prójimo, un digno ambiente para vivir.

¿Y qué tenemos? Una ciudad caótica, la especulación inmobiliaria destruyó el hermoso barrio de Bellavista, el juegavivo edificó los tugurios de Paitilla y Punta Pacífica donde el sol es aristocrático, una Cinta Costera sin belleza paisajística y una selva de cemento que hace de Calidonia y vía España un gran fogón… En contraste, Costa del Este es una ciudad jardín con calidad de vida, con zonificación regulada, es el humanismo del hábitat con una visión urbanística integral.

El planificador urbano con ética social nos reclama una ciudad al estilo de Le Corbusier con los goces del sol, el espacio y el verdor…

Jorge Ricardo Riba insiste en que la liberación del potencial del crecimiento urbano no se puede concebir sin un salto cualitativo en la educación. Una ciudadanía ilustrada lucharía por una ciudad mejor.

La Región Metropolitana es una de las preocupaciones del docente universitario, es un área de 9,000 kilómetros2, incluye la Cuenca Hidrográfica del Canal, la antigua Zona del Canal, las ciudades terminales de Panamá y Colón, los territorios periféricos de Arraiján y Chorrera (Panamá Oeste), abarca 121 corregimientos en 14 distritos y 3 provincias. Para el 2020 se calcula su población en 2.5 millones. Considero que Panamá Este es también parte de la Región Metropolitana.

El distrito de Arraiján es el sector más explosivo en el desarrollo urbano del país y como lo expresa el arquitecto Riba: ante el nuevo imperio de la codicia y la corrupción, se requiere ser más heroicos. Urge una solución rápida ante le necesidad de un transporte seguro, económico y eficiente para Arraiján y el Panamá Oeste, miles de panameños lo reclaman.

El ensayo Urbanismo: proyectos y otros escritos nos lleva a exigir una rendición de cuentas a los ministros de Vivienda e ingenieros municipales de los últimos 20 años por el desorden urbano del área metropolitana. Se han construido barriadas y edificios como los de la avenida Balboa, San Francisco y el Cangrejo sin la red de los servicios públicos necesarios para un urbanismo humano, se carece de una oferta efectiva de energía eléctrica, de suministro de agua y de un eficaz alcantarillado sanitario. Hay barriadas construidas con materiales de baja calidad, sin espacios para escuelas, áreas verdes, sin campos de juego y recreación, sin facilidades de transporte. Predomina el lucro y la especulación unido a la corrupción de una burocracia que ha institucionalizado la coima y el juegavivo.

Jorge Ricardo Riba es la antítesis de esa conducta irresponsable, es un arquitecto de ideas éticas.

Literariamente, la obra es un compendio de distintos temas relacionados con el urbanismo, destacan su excelente narración y la prosa elegante del autor. Su formato facilita la lectura y las ilustraciones son puntuales.

Referencia Bibliográfica: Riba, Jorge Ricardo. El Urbanismo: Proyectos y otros escritos/Panamá: Exedra, 2010. 313p. il.

 

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<> Este artículo se publicó 27  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Carlos A. Mendoza: un panameño fundacional

La opinión del  Educador y Escritor….

RICARDO ARTURO RÍOS TORRES
rriost@hotmail.com

En el devenir histórico de la nación panameña surgen íconos entre los ciudadanos que por sus ejecutorias son hombres y mujeres fundacionales.

Uno de ellos es Carlos A. Mendoza.

Celestino Andrés Araúz en su monumental obra, de dos tomos, El imperialismo y la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza nos hace un recuento revelador de emblemáticos aconteceres del Panamá profundo y lo más importante es que lo sustenta con amplia documentación, sobre todo en lo referente a la constante intervención de EE.UU. contra nuestro país. Intervención que se da en conjunción cómplice con los intereses de la elite que desde la época colonial a la republicana ha dominado el Panamá político.

Carlos A. Mendoza, como hombre semilla, impactó el país institucional en sus múltiples fases como abogado, masón, fogoso orador, periodista combativo y prominente figura del Partido Liberal negro. Participó con Belisario Porras y Eusebio A. Morales en la Guerra de los Mil Días.

Como panameño raizal apoyó el movimiento separatista de 1903 junto a Domingo Díaz y Guillermo Andreve. Redactó el Acta de Independencia de 1903, fue el primer ministro de Justicia y organizador del sistema jurídico. En el gobierno de Belisario Porras trabajó en el Código Civil y se opuso al nefasto artículo 136 de la Constitución de 1904 propuesto por Tomás Arias y que permitía la intervención estadounidense en nuestra comunidad nacional.

El abogado liberal defendió con apasionados alegatos a Victoriano Lorenzo por la muerte del regidor Pedro Hoyos (1891) y culpó a la sociedad por el atropello de los marginados.

La vida pública de Carlos A. Mendoza, como hombre espejo, encarnó la dignidad y el patriotismo de los panameños.

El intelectual contestatario en 1910 ejerce, durante siete meses, la primera magistratura de Panamá como segundo designado ante el fallecimiento de José Domingo de Obaldía y de José Agustín Arango. El líder negro del arrabal santanero, es el primer liberal en dirigir la naciente república. Los odios del Partido Conservador en alianza con funcionarios de la Embajada de EE.UU. desatan una calumniosa campaña contra Carlos A. Mendoza.

El racismo tradicional de ‘los de adentro’ y jerarcas sempiternos de la hacienda pública nunca aceptarían que un mulato estuviese al frente del poder político del país ístmico. Desde el semanario ‘La Palabra’ atacan la gestión gubernamental del primer presidente negro de Panamá y socavan su aspiración a ser candidato en el período electoral de 1912.

Richard Marsh, el arrogante funcionario de la Embajada de EE.UU. dirige las acciones intervencionistas contra Carlos A. Mendoza. Richard Marsh también alentó la Revolución de Tule de 1925, que declaró el territorio cuna (Dules) como un protectorado norteamericano, sería otra Zona del Canal.

Y es que Carlos A. Mendoza con su actitud crítica e independiente no era manejable para las pretensiones colonialistas del Big Stick. El hombre semilla, el hombre espejo, el ciudadano fundacional había participado en la Guerra de los Mil Días, con el propósito de lograr una verdadera separación de Panamá, se había opuesto junto con Belisario Porras al Tratado Herrán — Hay denunciado como ‘La venta del Istmo’. Además, había rechazado el artículo 136 de la Constitución de 1904 que avalaba las injerencias del Destino Manifiesto en Panamá. Defendió en 1891 al cholo Victoriano Lorenzo, caudillo social y político de la indiada. Todo eso lo hacía un hombre peligroso para Richard Marsh. Otra situación inaceptable para el funcionario estadounidense, fue que Carlos A. Mendoza era negro.

Celestino Andrés Araúz utiliza la hermenéutica y la heurística como las herramientas fundamentales para sus estudios históricos, es colaborador distinguido de Carlos Manuel Gasteazoro, el creador de la historia científica panameña. Las citas a pie de página le dan un valor agregado a su enjundiosa investigación y el diseño metodológico del ensayo hace del texto una guía didáctica para abordar el pasado nacional. Su prosa es puntual, sencilla y elegante.

Celestino es un historiador por excelencia y su numeroso haber bibliográfico lo comprueba. El primer tomo de El imperialismo y la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza aborda aspectos sensitivos de los siglos XIX y XX de Panamá. Analiza El incidente de la Tajada de Sandía, el Tratado Mallarino Bidlack, El Estado Federal de Justo Arosemena, el Tratado Herrán-Hay, la Guerra de los Mil Días; los efectos en nuestro país de la Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, la Diplomacia del dólar; el problema de los límites entre Panamá y Costa Rica; el Gold y Silver Roll; las pugnas y rivalidades entre conservadores y liberales; el movimiento separatista de 1903 y la oposición estadounidense y de la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza. Las perspectivas de Celestino Andrés Araúz se corresponden con una personalidad objetiva, académica y fiel conocedora de los principios de la investigación histórica.

El segundo tomo reúne los documentos que sustentan sus reflexiones. Leemos las solicitudes de intervención de los políticos colombianos y panameños, las réplicas sobre el Tratado Herrán-Hay, los rechazos al artículo 136 de la Constitución de 1904 como los de Buenaventura Correoso, artículos de La Palabra, El Diario de Panamá, del Panama Journal, del Star & Herald en torno a la situación política del país y sobre todo las gestiones de Richard Marsh contra Carlos A. Mendoza.

Epílogo: Después de cien años (1910-2010) nada ha cambiado, en la embajada del Coloso se decidió la alianza entre Martinelli y Varela, y hoy la actual embajadora de los EE.UU. visitó recientemente las oficinas del PRD y luego celebró una reunión conjunta con los políticos del gobierno de turno con la supuesta oposición al presidente Martinelli. Richard Marsh vive… pero… Carlos A. Mendoza, también…

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<> Este artículo se publicó el 7  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Gaspar Octavio Hernández: un periodista contestatario

La opinión del Educador y Escritor….

RICARDO ARTURO RÍOS TORRES 
rriost@hotmail.com

Gaspar Octavio Hernández, el maestro del periodismo panameño muere el 13 de noviembre de 1918, de un fulminante ataque de tisis, al momento de redactar en La Estrella de Panamá una crítica cáustica contra los que ofendían el sentimiento nacional.

El poeta y periodista siempre armonizó su sentir y pensamiento con el hacer público. Para el bardo nacionalista el periodismo era una expresión de cultura, de sensibilidad social y amor a la patria. Asumió como paradigma una conciencia ecológica que protegiese nuestra flora y fauna, así como nuestros recursos naturales, era su prioridad cívica.

Huérfano desde su niñez, hizo de su autoeducación una manera de afirmar su personalidad de luchador quijotesco contra la adversidad.    Leer, leer y leer es el fundamento que le permitía debatir con ideas la problemática de la sociedad. Así reiteró que propensa a la servidumbre vive siempre la nación que no lee.

Gaspar Octavio Hernández fue concejal del distrito capital de 1914 a 1916. Sus exposiciones como concejal en momentos de hacer memoria histórica y reconocimiento a ciudadanos ejemplares son muestras de una prosa culta y elegante.

El intelectual vanguardista dirigió revistas, colaboró en otras y fundó el periódico ‘Prensa Libre’ (1913). En una analogía con Pirandello, El Cisne Negro nació periodista. Hizo de la pluma un bisturí, una espada para denunciar las lacras sociales. Fue combativo, rebelde sin concesiones al poder establecido. Nada fue fácil para él, caminó por senderos de ortigas.

Fue discriminado por su negritud, igual que Carlos Antonio Mendoza.

El Cisne Negro fue el poeta de los marginados, el poeta del dolor. La temática patriótica y de protesta social encarnó su lírica. ‘El Canto a la Bandera’ es un ícono de nuestra gesta por ejercer nuestra plena jurisdicción en todo el territorio nacional.   Para el vate de ‘Ego Sum’ la soberanía era una fuerza moral, él vivió la arrogancia del Coloso en el área canalera. Por eso insistió en fortalecer nuestra conciencia como nación con ejemplos decorosos y dignos que nutrieran el sentido de pertenencia que nos identifica. Fustigó la mentalidad de protectorado que dominó al Panamá político.

Como ciudadano protagonista abordó con valentía y nobleza en periódicos y revistas, incluso en su narrativa, la prostitución, la drogadicción, la pobreza, la paternidad irresponsable,  la actitud carnavalesca que hace culto de la grandeza ficticia y sobre todo de la impunidad e inmunidad de ‘don Dinero’. Denunció a los calibanes que especulan en todos los órdenes de los negocios. Censuró el istmo de fenicios, consumista y vano que desdeña lo propio al menospreciar los valores, tradiciones y cultura de una comunidad orgullosa de sus raíces.

Además señaló que somos un país donde la farsa, la adulación y la ruin astucia imperan.

Consideró a la educación como el pilar del progreso y sentido nacional, afirmó lo que no se comprende, no se ama; lo que no se ama, se olvida.

La educación debe intensificar su acción para dignificar y ennoblecer el carácter y emanciparnos de todos los prejuicios sociales y religiosos.

Con mordacidad hace una parodia de la política panameña en su cuento ‘Mama Dedo’. Antonio Izaguirre es el ejemplo del juegavivo en el país de los bellacos.  Antonio comenta que para ser diputado o cualquier cosa, ¿acaso es necesario tener talento? Solo basta demostrar docilidad de carácter y fidelidad a los jefes de partido. ‘Yo no quiero ser diputado ni gobernador ni subsecretario. Voy a hacerme capitán de policía’.    Participa en la tragicomedia electoral y se gana con astucia la placa de policía y le demuestra a todos que él no se chupa el dedo…

Como crítico literario y hombre de letras atacó a los escritores que no quieren pensar, que no estudian ni leen, que todo lo improvisan. Así nos dice: muchos plagian a los colegas.   Pululan los vates de diez centavos por docena, no impera la elegancia. Para Gaspar Octavio Hernández la literatura exige constantes renovaciones, nos hace falta originalidad y sentido estético, muchos escriben a impulsos irresistibles de su yo. El contestatario lo expresa con vehemencia: en una tierra donde la barbarie predomina, el culto de la literatura es un hecho antinatural. A medida que un pueblo avanza, se depura, aristocratiza su pensamiento, perfecciona sus capacidades intelectuales al mismo tiempo que las multiplica.

Reconoció los méritos de muchos de los ciudadanos de su época, destacó los aportes culturales de Federico Escobar, Edmundo Botello, Carlos A. Mendoza, Rodolfo Aguilera, Guillermo Andreve y Darío Herrera, entre otros.

Se consultó de manera especial el libro ‘Vida y obra de Gaspar Octavio Hernández, El Cisne Negro’ del Dr. Alfredo Figueroa Navarro, uno de los mejores ensayistas del Panamá contemporáneo.

Recomiendo de Mercedes Bolaños Dos poetas panameños. Ricardo Miró y Gaspar Octavio Hernández y de la Dra. Concha Peña, ex directora de la Biblioteca Nacional su biografía: Gaspar Octavio Hernández, poeta del pueblo.

A manera de epílogo. Hoy los periodistas panameños son acosados por funcionarios de un gobierno autoritario, ¿qué le sucedería hoy a Gaspar Octavio Hernández en Panamá?

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<> Este artículo se publicó el 22 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Encrucijada entre el águila y la gaviota

La opinión del Educador y Escritor….

RICARDO ARTURO RÍOS TORRES
rriost@hotmail.com|

Nuestro poeta Ricardo Miró, el dulce visionario, le cantó a las gaviotas, aves marinas que aman los grandes espacios oceánicos. Así también somos los panameños, amamos la libertad, la independencia y el derecho a decidir por nosotros mismos, tenemos el alma de rosa y músculos de acero.

Por eso nuestra nación con 500 años de historia tiene una constante que la caracteriza: la épica de la esperanza, actuamos con dignidad y autenticidad.   Son muchos los panameños que nos legaron con su ejemplo y sacrificio la voluntad colectiva de luchar con perseverancia por la vigencia plena de los derechos y aspiraciones que hacen de Panamá una comunidad de intereses con un claro sentido de pertenencia. Los panameños hacemos de cada pena y ultraje un estandarte.

En el difícil, doloroso y traumático parto del ser nacional panameño, las águilas imperiales siempre nos han asediado (España, Inglaterra, Francia, EE.UU.) en su interés de apoderarse de nuestra ruta estratégica de importancia mundial.

En 1903 entran en colisión dos fuerzas antagónicas, definidas durante todo el siglo XIX. EE.UU., en su expansión colonial, logran el dominio territorial del Mar Caribe y el Pacífico Norte. Panamá, en su deseo manifiesto de organizar políticamente su unidad nacional, realiza varios actos separatistas del poder colombiano.

En 1903 esos distintos intereses confluyen al crearse la República de Panamá. La presencia del Coloso del Norte en el corazón geográfico del Istmo hasta 1999 ha obsesionado el debate de nuestra identidad nacional.

La expansión territorial de EE.UU. se realizó imponiendo la política del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe, el Gran Garrote y la Diplomacia del dólar.   Así consolidaron los vastos espacios para sus águilas imperiales. La conquista del Oeste los lleva hasta el Pacífico, se apoderan de inmensos territorios desde Texas hasta la California; toman posesión de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y Hawái. Compran Louisiana, Alaska y la Florida.

Con el Tratado Mallarino—Bidlack de 1846 controlan el istmo de Panamá y construyen el ferrocarril transístmico. Surge el incidente de la Tajada de Sandía (15 de abril de 1856) y durante el siglo XIX se dan once intervenciones estadounidenses en el Istmo.  Al Coloso del Norte solo le faltaba hacer el canal por Panamá para armar su rompecabezas geopolítico y dar el jaque mate a la Patria Grande de Bolívar.

Panamá en 1821, al independizarse de España, se une voluntariamente al sueño de Bolívar, la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada, Ecuador). Los panameños habíamos participado, activamente, en los batallones que luchaban por la libertad de la América criolla. José D. Espinar se distinguió como jefe del Estado Mayor de Bolívar, fue su secretario privado y médico. Disuelta esa comunidad política se dan los intentos separatistas de 1830, 1831 y 1840. Se organiza el Estado Federal de Panamá de 1855 a 1885 y se protesta contra el centralismo colombiano con el Convenio de Colón de 1861.

La Guerra de los Mil Días (1899 — 1902) une a los istmeños contra el conservatismo bogotano. Belisario Porras y Victoriano Lorenzo, con Carlos A. Mendoza, Eusebio A. Morales y Domingo Díaz son los adalides de un movimiento independentista, truncado por el Coloso del Norte, que necesitaba sin demoras un canal.

Se da el rechazo del Tratado Herrán—Hay en 1903, simultáneamente Philippe Bunau — Varilla y los patriotas del Istmo sienten la urgencia de una acción redentora. El francés quiere salvar, por lo menos, cuarenta millones de la inversión del fracasado proyecto de Ferdinand de Lesseps. Actúa astutamente entre Washington y Panamá, favoreciendo siempre los intereses estadounidenses.

Manuel Amador Guerrero y José A. Arango liderizan a los conservadores del Istmo y conspiran para lograr la separación de Colombia. El águila imperial con Theodore Roosevelt y John Hay se aprovechan de las circunstancias y nos imponen el tratado Hay—Bunau—Varilla (1903) con la cláusula de perpetuidad y la creación del enclave colonial de la Zona del Canal. Son los tiempos del Panamá Cede.

El tres de Noviembre de l903 surge la República de Panamá, con una soberanía mediatizada. ‘I took Panama’ declara Theodore Roosevelt, el águila imperial con sus feroces garras atrapa a la indefensa gaviota. Pero desde ese instante trágico miles de gaviotas en bandada y en raudo vuelo, durante 97 años picotean las alas del águila y la derrotan. La perpetuidad solo les duró un suspiro en el devenir infinito del tiempo.

La historia oficial, deliberadamente, desconoce a los verdaderos protagonistas del acto separatista de 1903. Los generales Esteban Huertas y Domingo Díaz acuerdan una alianza estratégica para asegurar el respaldo del arrabal santanero, mayoritariamente liberal, al movimiento separatista. Esteban Huertas nunca confió en la dirigencia conservadora y los hechos le dieron la razón. Al desembarcar las tropas colombianas en Colón los conspiradores dejan solo a Manuel Amador Guerrero y en esa tarde de grandes decisiones llega al cuartel de Chiriquí una manifestación popular dirigida por Domingo Díaz. Esteban Huertas les entrega las armas y se constituye el primer ejército nacional que defenderá los ideales separatistas.

Los liberales panameños durante la Guerra de los Mil Días habían derrotado a las fuerzas colombianas y la intervención de EE.UU. impidió el triunfo istmeño. Para el Coloso del Norte era más cómodo negociar con Colombia el canal, pero las contradicciones internas del país, agudizadas por sus conflictos políticos los llevan a rechazar el Tratado Herrán—Hay el 12 de agosto de 1903. Y en ese instante crucial los istmeños, que durante todo el siglo XIX manifestaron su determinación de ser independientes, actuaron con prontitud. Se dio la encrucijada entre el águila y la gaviota.

Al celebrar la institucionalidad republicana de la nación panameña, podemos proclamar con orgullo que la perpetuidad impuesta por las águilas imperiales, los panameños, con tenacidad y patriotismo, le dimos fin con una épica que aglutinó a distintas generaciones.

Hoy, son muchos los retos que debemos afrontar, pero la juventud panameña, inteligente y profesionalmente capacitada, hará del Siglo XXI la patria que todos queremos.

El poeta Ricardo Miró, ‘con verso vigoroso y sonoro’, vaticinó ‘la angustia de la carne y el oro amasados con sangre por la raza futura’ (9 de Enero de 1964).

Las gaviotas vencieron al águila…

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<> Este artículo se publicó el 8 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/rios-torres-ricardo-a/

Reflexiones patrióticas

La opinión del Educador y Escritor…

Ricardo Arturo Ríos Torres

Somos la nación más vieja de tierra firme (siglo XVI), desde Alaska a la Patagonia, y una república institucionalmente joven (1903).

Panamá, en 500 años de un devenir existencial fascinante desarrolla un activo proceso de interfecundación cultural.

La nación panameña existe como una comunidad de intereses desde el siglo XVI, es la hija natural de un parto difícil, doloroso y traumático.

Tenemos una historia de vértigo, de fragua permanente. Son muchos nuestros padres, y aunque hemos sido violados en distintas ocasiones en nuestra integridad territorial conservamos la virginidad emocional de una auténtica razón de ser que se fundamenta en nuestra dignidad.

Las afinidades culturales y espirituales nos dan un real sentido de pertenencia.   El arte, el folclore y la literatura son la fuerza permanente de la identidad raizal del panameño. Una personalidad sumativa de múltiples herencias nos caracteriza, somos muchos panameños en uno, vivimos en armónica conjunción de actitudes y conductas casi siempre paradójicas.   Somos una individualidad colectiva, en nosotros existen varios pueblos al mismo tiempo.

En el istmo conviven distintas patrias en una identidad compleja y heterogénea, somos la síntesis de diferentes etnias. La singularidad de Panamá es su pluralidad y mestizaje. Panamá es tierra de ambigüedades, de metáforas exóticas, somos hijos del conflicto y la contradicción. Conciliamos la diversidad en una acción de mutuo respeto y tolerancia. Somos una nación multicolor, multilingüe, pluricultural.

Los panameños tenemos el alma de una rosa y músculos de acero.   El aporte de lo divergente es lo sustancial de la patria de José Domingo Espinar, Tomás Herrera, Justo Arosemena, Santiago De la Guardia, Victoriano Lorenzo, Belisario Porras y muchos otros.

La nación panameña es un laberinto de raíces compartidas. Somos una esponja que recibe las aguas bautismales de todas las latitudes, aquí se licuan y destilamos una entidad aluvional con personalidad propia.   Nuestra argamasa es cósmica por eso somos tan diferentes a cualquier otra nación.    Lo que crece en nuestro suelo tiene huellas muy sensitivas.   Somos muchos rostros en uno, muchas voces en una, muchas almas en una. ¡Somos Panamá!

Nuestro periplo se inicia hace 500 años, mucho antes de que existieran Wall Street y la Nueva Granada.   Distintas águilas imperiales han tratado de someternos pero nuestra determinación por la libertad e independencia marcan el devenir histórico de la Patria de Quibián, Urracá y Bayano.

Los panameños de manera permanente cuestionamos la presencia de todos los imperios. En la historia nacional nada hay de qué avergonzarnos, nada que excluir.    Nuestra historia es el aprendizaje del infortunio, nunca hemos permitido que nos venza el dolor ni el odio. Panamá cicatriza sus heridas con nuevas esperanzas. Nuestro proceso creativo es constante.

En 1903 coinciden los intereses de Francia por recuperar parte de su fracasada empresa, Colombia quiere hacer su negocio con la venta del Istmo, Estados Unidos ambiciona su canal y los panameños consolidar nuestra nación políticamente. Se da la encrucijada entre los piratas y un pueblo que lucha por su soberanía.

El acto separatista de 1903 lo legitima la masa popular liberal dirigida por el general Domingo Díaz, Guillermo Andreve, Carlos A. Mendoza y Eusebio Morales en alianza con Esteban Huertas. Surge el primer ejército nacional panameño dispuesto a vencer, una vez más, a las fuerzas invasoras colombianas, ya los habíamos derrotado en innumerables combates durante la Guerra de los Mil Días.

Aspiramos a un nacionalismo ético, reflexivo y cuestionador de nuestra dinámica existencial. El compromiso colectivo es hacer nuestro futuro a través de un acuerdo nacional histórico con gobiernos fundacionales que desarrollen políticas institucionales de cara al pueblo. Con decisiones gubernamentales solidarias con los intereses del país y respetando el derecho a disentir. Para los panameños es imperativo estar por encima de los egoísmos y mezquindades partidistas, actuar con decoro e integridad pensando en el bienestar común, ese es el reto ante el nuevo milenio.

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<> Este artículo se publicó el 6  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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