Nuestra querida Nidia Elena Jeannette Arroyo

La opinión de la Docente Universitaria…..

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Belkis A. de Sánchez

En su infinita bondad, Dios nos concede la gracia de poner en nuestras vidas personas especiales para que ellas sean luz y aliento en nuestro caminar. Así es como Nidia Elena es parte de mi vida y de mi familia. Tuve el privilegio de conocer y convivir por toda una vida, desde los 8 años de edad, con Nidia Elena Jeannette Arroyo. Poseedora de excelsas cualidades humanas, personales y profesionales, se desempeñó como trabajadora social para el departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud, profesora de la Universidad de Panamá y Directora de la Escuela de Trabajo Social en la misma universidad. Oriunda de Gorgona, Chame, fue nuestra vecina y amiga por más de 30 años, y fui testigo de un vida ejemplar en todos sus aspectos. Como vecina, en Nidia se cumple el dicho que reza: “no hay hermano más cercano que tu vecino”, en una relación de armoniosa, fraternal e inmensurablemente humana convivencia. Sus palabras cálidas, su compañía edificante y acogedora, su clara inteligencia y expresiones jocosas, son algunos de los recuerdos que atesoro y que tienen para mí mucho valor.

Como amiga de mis padres compartió la alegría de vernos crecer y muy a su manera, discreta y orientadora, la difícil tarea de proporcionar una crianza correcta y apropiada, no por eso menos feliz para los hijos. Con nuestra querida Nidia, nosotros los niños de entonces, su hijo Israel y sus sobrinos, compartimos grandes alegrías; esperábamos ansiosos la llegada del verano, para ir con el permiso de nuestros padres, a su casa en Gorgona.

En su diario accionar, mostró siempre compostura, urbanidad y cortesía, atributos que me permiten comprender hoy más que nunca lo que llamamos una cultura de paz. Como ser humano, fue más que especial, dotada de grandes cualidades, junto a su hermana Ana, fue pilar de una numerosa familia, a quienes contribuyó a criar para hacer de ellos hombres y mujeres de bien. En ella pudimos solazarnos de valores como la amistad, generosidad, responsabilidad, altruismo, solidaridad, y muchos otros más, parte del legado que deja a quienes tuvimos el enorme placer de conocerla. En sus últimos años, acogida a merecida jubilación, se dedicó a cuidar de sus nietos, ayudarlos a crecer y a descansar en su casa de Gorgona. Lamentablemente su salud decayó luego de sufrir un infarto que la retuvo en cama hasta el pasado lunes 14 de junio de 2010. Nos queda tu recuerdo Nidia Elena, una vida de ejemplo para todos los que tuvimos el honor de conocerte, para mi fuiste extraordinaria, hoy me queda decirte, hasta luego. ¡Larga y hermosa vida Nidia Elena!

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Este artículo se publicó el  19  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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