Propósitos para el año 2010

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La opinión de……

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Marie L. G. De P. de Cornejo

Nos llegó demasiado pronto el nuevo año. Hace solo pocos meses iniciamos el año 2009 con mucho ímpetu y esperanzas. Hicimos muchos propósitos de cambio, dietas y metas; y pasaron fugazmente los 12 meses que teníamos para cumplirlos.

Logrados o no nuestros propósitos, por lo menos lo intentamos.

De los errores cometidos, sacamos muchas cosas positivas, entre otras no cometerlos de nuevo, y ya eso es un adelanto.

De las tristezas, nos recuperamos con la esperanza de un mejor mañana, y de las alegrías las seguiremos disfrutando por siempre.

Lo que dejamos pasar, las oportunidades que no aprovechamos y los cambios que tuvimos en nuestras vidas serán la base para empezar de nuevo.

Este nuevo año nos traerá muchos retos, que fáciles o difíciles tendrán que ser acogidos con inteligencia, positivismo y madurez. Entre otros y los que más nos afectarían son en lo económico y laboral a nivel mundial. Nuestra esperanza de que finalicen los problemas bélicos parecen distantes y la seguridad a nivel mundial sigue tambaleante.

Un propósito para todos debe ser la valentía para aceptar que todos tenemos el derecho de lograr una mejor forma de vida, de creer, crecer, disfrutar de la paz y dejar una semilla positiva para las futuras generaciones, contrario a la necesidad mezquina de acaparar el control, las riquezas y las oportunidades.

Nuestro propósito principal para el nuevo año será mantenernos saludables para poder ser el apoyo de nuestros hijos, sobrinos, amigos y familia. Mantener las puertas de nuestra casa abiertas a quien necesite un consejo, un lugar donde puedan celebrar sus triunfos y también recuperarse de sus caídas. Nuestro más importante propósito es estar presente en la vida de quienes nos necesitan y poder mirar hacia atrás y ver con satisfacción que nuestro esfuerzo nos llevó a todos hacia adelante, sin importar cuán difícil fue el camino que tuvimos que recorrer.

Un nuevo episodio, nuevas esperanzas y otra oportunidad están frente a nosotros.

¡Feliz 2010!

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Publicado el 2 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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La testarudez de la ignorancia

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La testarudez de la ignorancia

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La opinión de..

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Marie L. G. De P. de Cornejo
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¿Cuál es el propósito de unos cuantos individuos de mantenerse dentro de una falta total de raciocinio frente a las necesidades de una sociedad moderna, en perpetuar el abuso y la absoluta falta de respeto frente a los ciudadanos que forman la parte más importante de un servicio público: el transporte?

La sociedad, vista como un conglomerado de individuos con un “mismo interés”, tiene la responsabilidad de aceptar los cambios que sean necesarios para mejorar la calidad de vida.

Todo lo que implique cambios es un reto a nuestra capacidad tanto individual como de grupo. El sentimiento “normal” frente a un cambio es temor. El temor a lo desconocido, a fallar y a llegar a la conclusión de que las personas que exigen un cambio tienen absoluta razón.

¿Pero, por qué vivir en el pasado, con servicios obsoletos, desorganizados, riesgosos, y estresantes cuando se puede perfectamente asumir la responsabilidad de mejorar y proveer un servicio de calidad y con la dignidad que se merecen sus usuarios?

Estoy casi segura de que los que proporcionan el servicio del transporte, optarían por trabajar con la tranquilidad mental de que no se enfrentan diariamente a la muerte ni a las carreras ni a la incertidumbre de saber si llegaran a sus hogares al final del día. Estoy segura de que estarían muy dispuestos a ser verdaderamente profesionales, pero que por falta de visión de sus dirigentes no pueden abrir las puertas a la oportunidad de administrar y ofrecer un servicio.

También hay que aceptar que el servicio de transporte es un trabajo como cualquier otro y requiere de preparación y educación. Sería muy apropiado llevar a los involucrados en mejorar el servicio a visitar países donde este sistema se ha perfeccionado. Que lo utilicen, que se reúnan con los responsables de la administración de esos sistemas, y que tengan esa experiencia directa y puedan comprender la magnitud de su responsabilidad. Hay que tener muy claro que saber dirigir no es mantener secuestrado a nadie bajo nuestros propios temores e ideologías.

Saber dirigir es saber escuchar y no imponer, saber aceptar retos, implantar cambios y utilizar toda nuestra energía para ofrecer un servicio con calidad a los usuarios diarios.

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Publicado el 13 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Sistema de alertas y los cambios

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Sistema de alertas y los cambios

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Marie de Cornejo
Oderay García De Paredes
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Los últimos cambios meteorológicos en Panamá, han despertado en todos muchas preocupaciones.

Hemos experimentado fuertes lluvias con granizo, temblores y una onda tropical que azotó casi todo el país, y que tomó a casi todos por sorpresa.

¿Tenemos conocimiento de lo que se debe hacer en caso de que nos encontremos en medio del tráfico bajo una onda tropical como la que nos azotó recientemente? ¿Qué planes tienen las familias para reencontrarse en el caso de que se vieran separadas por una emergencia de gran magnitud?

Luego de los temblores de hace unas semanas, nos preguntábamos: ¿qué hicieron todas esas personas que viven en los edificios de más de 20 pisos en Panamá? ¿Estaban las puertas de acceso a las escaleras sin trancas? ¿Utilizaron las escaleras para desalojar los edificios o simplemente utilizaron los elevadores?

¿Tenemos preparados paquetes de primeros auxilios o paquetes de sobrevivencia en caso de una emergencia?

Los panameños no estamos acostumbrados a informarnos diariamente sobre el estado del tiempo, porque en nuestro país, solíamos tener o días lluviosos o días soleados.

Nuestro clima está cambiando, y nuestras autoridades deben hacerlo igual.

Las autoridades deben poner en práctica el establecer un sistema de “alerta temprana” a los cambios meteorológicos. Ya se hace necesario.

Debemos educar a nuestra población y prepararla para afrontar amenazas de la naturaleza. Educando hacemos que nuestra gente se convierta en parte de la solución y no del problema.

Si bien es cierto que tanto el Centro Nacional de Vigilancia y Pronósticos Meteorológicos de ETESA como el Sistema Nacional de Protección Sinaproc mantienen una página en internet muy profesional y completa con información meteorológica diaria, semanal al igual que información y recomendaciones de cómo enfrentar terremotos, tormentas etc., también es muy cierto que no todos los panameños tienen acceso a internet.

Al no existir un sistema de alerta, los ciudadanos quedan totalmente desamparados de información.

En el caso de la onda tropical que nos azotó recientemente, ni siquiera los medios masivos fueron alertados por ninguna de estas instituciones.

La información de lo que sucedía en las diferentes regiones del país fue comunicada por llamadas de personas a los medios.

Aún no hemos visto nada drástico en Panamá, somos todavía un país muy afortunado. Pero los últimos acontecimientos meteorológicos deben servir para que Panamá actúe rápidamente y establezca un sistema de advertencia como se hace en muchos otros países del globo.

Las alertas usualmente se dan a diferentes niveles y se comunican a través de cintillos en los medios televisivos o a través de la suspensión temporal de la programación regular para informar el boletín de última hora.

A su vez se le advierte a la ciudadanía de los peligros que se avecinan y los procedimientos a seguir.

No podemos avanzar en los tiempos si no se avanza en responsabilidad. Informar y educar a la comunidad es la responsabilidad de estas instituciones.

El pensar que es mejor que la ciudadanía ignore el peligro de un cambio climatológico repentino, y que se evite dar información para evitar el pánico es sumamente irresponsable.

En países donde las personas están entrenadas para saber cómo reaccionar ante posibles peligros se salvan muchas vidas.

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Publicado el 21 de julio de 2009 en el diario la Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.