‘Loconomics’, lluvias y reelección

La opinión de…

Horacio Estribí

¿En qué se relacionan las lluvias, la política económica “loconomics” y la reelección? Veamos. En 2009, el saliente gobierno dejó al entrante una Ley de Responsabilidad Social y Fiscal “flexibilizada”, que tenía como objetivo original limitar la cantidad de dinero que podía gastarse en términos del déficit y la deuda pública. Partía del principio de que para lograr crecimiento sostenido se requiere estabilidad fiscal. Se basaba en que los gobiernos pueden recurrir a la política fiscal, gastando más para estimular la economía, si es el caso, y gastando menos, cuando la economía crece.

La ley mencionada se había aprobado durante el auge que precedió el crack financiero de 2007, lo que, aunado a una prudente política fiscal, permitió generar un superávit. Sin embargo, al sobrevenir la burbuja se temía que la economía mundial colapsara y que arrastrara consigo a la economía local.

Es entonces cuando se reforma la ley para permitir que, en vez de un déficit de 1%, el nuevo gobierno pudiera incurrir en un déficit de hasta 2% (relativo al PIB). La intención era facilitar la prudente alternativa de sacar la economía de un posible bajón.

Con el pasar de los meses se comprobó que la economía global se vio afectada –sin duda– pero no tanto como se preveía. En cuanto a Panamá, el país logró capear con éxito la crisis (el peor año fue 2009, cuando se registró una tasa de 2.4%). A pesar de esto, el nuevo gobierno se embarcó en un frenético aumento de gastos. De hecho, se proyecta que para este año se copará el techo permitido de 2% de déficit. Más aún, el Ejecutivo solicitó para 2011 un presupuesto que representa un aumento de 23%, el más alto de los últimos quinquenios.

El mismo incluye excentricidades, como parte de los fondos para el Metro, cuya factibilidad aún no se ha demostrado; la compra de los corredores, a pesar de los dudosos beneficios para los usuarios, y la construcción de una torre babilónica. Esto, amén del monumental aumento de la planilla que este año creció un 10%, y la autorización de millonarias partidas para celulares, escoltas y vehículos de lujo. En esa carrera por gastar lo que se tiene –y lo que no se tiene– se pasó por alto crear reservas para enfrentar contingencias, o bajar el saldo de la deuda pública. Pero llegan las lluvias, generando pérdidas humanas y serios costos materiales.

En una muestra más de incoherencia, el viceministro de Economía, Frank de Lima, declara que el Gobierno no contemplaba pedir un nuevo techo de déficit, por cuanto que no se tiene un estimado de los costos de reparación. Pero, al día siguiente, el Ejecutivo solicitó una dispensa para llevar el déficit en 2011 a 3%, so pretexto del desastre.   No solo no había un estimado, sino que se obvió cualquier intento de establecer recortes y priorizar gastos.

En resumen, la política fiscal del Gobierno suscita dudas. Si se está previendo que el crecimiento estará motorizado por la ampliación del Canal, el turismo y la minería, entre otras fuentes privadas, ¿qué propósito cumple el déficit?

Una respuesta se asoma, finalmente, ante las intenciones de promover una reelección inmediata. Siendo así, el propósito consistirá en que el Gobierno se haga de la mayor cantidad de recursos para reforzar la simpatía del electorado y seguir la compra de conciencias, a través de dádivas y programas dispendiosos; una especie de asalto a las arcas del Estado.

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<> Este artículo se publicó el  30  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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