Evitemos otro 11 de octubre

 

La opinión del Empresario….


JAIME  CORREA  MORALES
jcorream@cwpanama.net

Cualquier persona con algún grado de sensatez estará preocupada por lo que ocurre en nuestro campo político—social,  pues vemos cómo algunos medios de comunicación presentan en destaque cualquier acción gubernamental que pueda interpretarse como negativa, pero lo positivo pasa casi desapercibido.

Yo estoy muy de acuerdo con que el periodismo debe mantenerse investigativo y crítico contra la corrupción, que siempre la habrá, pero creo que se están yendo a extremos, quizás debido a que existe una fuerte competencia por lograr mayor circulación periodística, mayor sintonía en radio y televisión, el famoso ‘rating’, al que con razón o sin ella supeditan al morbo, y ello los lleva (nos lleva) a extremos peligrosos; pero debe haber un mínimo de sensatez, de amor patrio.

Tenemos un Panamá que muchos extranjeros quisieran para sí y por ello bastantes conviven con nosotros, porque estamos entre los más progresistas del mundo, pero la intensa campaña de negatividad imperante irá poco a poco minando nuestro prestigio internacional y, consecuentemente, nuestro desarrollo económico y social, perjudicándonos a todos.

Los que vivimos aquella triste época no podemos olvidar que las circunstancias que antecedieron al golpe de Estado de 1968 fueron casi idénticas a lo que está ocurriendo ahora. Panamá, orgullosamente ostentaba entonces una efectiva democracia con el más alto crecimiento económico de América: 8% anual sostenido durante más de diez años, algo pocas veces visto en el mundo entero, con baja tasa de desempleo, ello durante los gobiernos liberales de Roberto (Nino) Chiari, 1960—1964, y de Marcos Robles, 1964—1968, pero la politiquería y la publicidad negativa que desataron hizo que ‘todo parecía malo’.

Por ejemplo: al proyecto de tratados del Canal negociado por el gobierno de Robles, al que despectivamente llamaron los ‘tres en uno’ y que fueron rechazados en democracia; después los militares los impusieron, con mínimas variaciones, como un gran logro de su ‘revolución’ en la recuperación del Canal.   Además, acusaciones exageradas de corrupción, de fraudes y de cuanta otra cosa, sirvieron de excusa propiciatoria a los militares para dar su golpe.

Paradójicamente los promotores de tal situación: demócratacristianos, panameñistas, La Estrella, EPASA y algunas emisoras —La Prensa aún no existía— fueron los primeros en sufrir las persecuciones de los mismos militares. Idéntico ha sido el resultado en muchos otros países vecinos, debido a abusos de la democracia, aupados por insaciables ansias de poder.

¿Y en qué resultó la llamada ‘revolución’ militarista perredista?    Ni más, ni menos que en dos décadas tiradas al basurero. Y bastará una simple comparación entre el caos económico y social heredado de la dictadura de veinte años versus el mundialmente reconocido enorme desarrollo experimentado por Panamá en los veinte subsiguientes;   esto último a pesar de que en 1989 el gobierno encontró un país autocrático rampante; bajo crecimiento económico; alto desempleo; persecuciones y asesinatos políticos; presidentes, diputados y magistrados títeres nombrados por el dictador; imagen internacional negativa; cierre de bancos; escasez de dinero circulante; discrepancias entre connacionales como resultado de la promovida lucha de clases; todo ello agravado por la invasión que ellos mismos provocaron, con sus consecuentes saqueos; o sea que el país estaba devastado. ¡Y miren cómo hemos progresado!

Pensemos en todo esto y seamos sensatos; las cosas no pueden ser de acuerdo a nuestra muy particular conveniencia y mezquinos intereses, sin importar que ello nos perjudique a todos, y eso es, precisamente, a lo que consciente o inconscientemente nos están llevando.    Mantener esta actitud hasta podría llegar a propiciar otro 11 de octubre, pues, ni se les ocurra pensar que estamos vacunados contra tal devastadora calamidad, que ya se ha repetido en muchos otros países ante situaciones como las que señalo.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 26 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/correa-morales-jaime/
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¡Están promoviendo la anarquía en Panamá!

La opinión del Empresario….

JAIME CORREA MORALES
jcorream@cwpanama.net

A raíz del informe de la comisión sobre los hechos de Bocas, ha surgido un sinnúmero de cuestionamientos y yo también tengo algunas dudas de su justificación y validez.

Si aceptamos que cuando los órganos del Estado: Ejecutivo y Legislativo, haciendo uso de sus facultades constitucionales, aprueban una ley, automáticamente ello le daría derecho a cualquier grupo disidente a iniciar desórdenes públicos que afecten la propiedad privada, la pública y aún la seguridad y los derechos individuales de todos los demás ciudadanos, lo que estaríamos fomentando es la verdadera ANARQUÍA.

Soy un fiel creyente de que ‘el poder emana del pueblo’,  pero ello solo puede ser si se siguen las prácticas democráticas modernas, pues si no las acatamos, vamos a retroceder a los tiempos prehistóricos en que el más fuerte era quien dominaba y mandaba a su antojo. Bien podríamos, entonces, prescindir de elecciones y que sea el más ‘vivo’ quien se apodere del país por la fuerza, como ya lo hicieron los militares en 1968, de triste recordación.

Las elecciones nos dan a todos los ciudadanos el derecho de escoger a quienes queremos que dirijan el país, pero si no respetamos tal elección vamos por muy mal camino. No quiero decir que no pueda haber protestas ni oposición a nuestras autoridades, nada de eso, las protestas populares deben ser y son parte importante de la democracia, pero tales protestas no pueden sobrepasar lo establecido por la Constitución y las leyes.

Es obvio que en Panamá hay muchos que quieren gobernar o cogobernar, pero sin someterse al escrutinio de unas elecciones populares y eso no se puede permitir, pues estaríamos retrocediendo a la prehistoria.

Aceptemos que el procedimiento utilizado por el Ejecutivo y la Asamblea para la aprobación de la Ley 30 no fue el apropiado, pero para eso existe, precisamente, un tercer Órgano del Estado independiente de los dos anteriores: el Judicial, que es el que debe decidir una vez los disconformes presenten sus objeciones basándose en las leyes existentes. Ahora, si no queremos aceptar que sea la Corte la que decide, sino los grupos callejeros, entonces volvemos a lo que afirmo en el título de este escrito.

Desgraciadamente, los panameños nos hemos autootorgado un grado de intolerancia tal que todos queremos que las cosas se hagan solo según nuestro criterio e interés muy particular, por encima de la Constitución, las leyes y de las autoridades elegidas. Pruebas sobran y ello lo queremos imponer con violencia, cierre de calles y agresiones que perjudican la seguridad personal y la economía de todos los demás ciudadanos, lo cual no es permisible.

Asumamos que el gobierno no hubiera actuado firmemente para reprimir la insurrección en Bocas, que ya llevaba varios días, entonces hubieran salido las mismas voces agoreras a criticar que no se haya hecho nada para mantener el orden público y permitir que se continuara destruyendo la provincia, como ya estaban haciendo.

Pero lo que más me preocupa es que vemos que tanto algunos de la sociedad civil como también medios de comunicación que se precian de ser serios, aúpan estas actitudes anárquicas, que más tarde o más temprano los afectarán a ellos mismos.

Señores: ¡recurramos a la sensatez! Exhorto a las fuerzas vivas de Bocas del Toro, los más afectados, pues la economía del sector aún no se recupera, a que manifiesten su opinión al respecto.

¿Queremos institucionalidad con posibles deficiencias o queremos anarquía completamente incontrolable? Respóndase usted mismo.

Ciudadano panameño.

 

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<> Este artículo se publicó el  2  de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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¿Quién quebró a la CSS?

La opinión de…

JAIME  CORREA  M.

Arnulfo Arias, en 1941, creó la Caja de Seguro Social (CSS) y se consideró un triunfo.   Yo opino lo contrario, pues, según nuestra Constitución (artículo 109 y 110), la salud pública es responsabilidad del Estado, pero la Caja de Seguro Social indirectamente nos la cobra.   El hospital ‘de caridad’, Santo Tomás, funcionaba de maravilla antes de que la politiquería también lo dañara. Además, se creó una nueva burocracia ‘para ayudar a los amigos’.

Aclaro: favorezco el Seguro Social solo en cuanto al programa de Vejez, Invalidez y Muerte. La CSS, no obstante es, hoy, un hecho irreversible.

Omar Torrijos, en 1973, saltándose el buen juicio y la autonomía de una institución de los asegurados, adicionó un promedio de 3.5 beneficiarios por cada cotizante, sus familiares, algo insostenible dentro de las más elementales prácticas financieras… y allí empezó la debacle.   Esta medida tuvo dos intenciones: lograr apoyo de las mayorías con menos educación y descargarle, aún más, a su gobierno inepto el alto costo de la salud pública, lo que le permitiría disponer de esos fondos, que los militares utilizaban para ‘otros propósitos’.

Fue más allá el nefasto dictador, pues, a sabiendas de que la Ley obliga a la Caja a mantener sus reservas en el Banco Nacional de Panamá (Banconal), hizo que dicha institución bancaria se los rebajaron a tan solo 1.5% sobre los más de 700 millones de dólares de reservas que tenía la institución. Ello otorgó al Banconal enormes ganancias que también quedaban a su disposición. Si el interés hubiese sido fijado en tan solo el 3%, los ingresos anuales de la Caja habrían sido de unos 10 millones más, o sea, unos 300 millones en los 30 años transcurridos. En esos tiempos los intereses rondaban por las dos cifras, ¡pero los dirigentes obreros callaron!

Como si todo esto no fuera suficiente, recortó la edad de jubilación a los asegurados, para que se pensionaran a más corta edad, incrementando las responsabilidades pecuniarias de la Caja.

En otras palabras, Torrijos se hizo líder regalándonos con una mano lo que aún continúa quitándonos con la otra. ¡Vaya liderazgo!   Fue aún más lejos Omar y nos dejó una legislación que hace casi imposible despedir a los empleados ineptos, la cual no ha permitido a los sucesivos administradores desempeñarse eficientemente, pero que él, por ser dictador no la respetaba. ¡Y aún no terminamos! Suspendió los préstamos hipotecarios para viviendas para la clase media y media baja y que les producían mucho mejores intereses, para así tener más fondos a disposición del Banconal.

¡Que viva el socialismo!; nadie se esfuerce mucho; vivamos todos felices a costa del Estado, aunque el Estado tenga que cobrárselo a nuestros descendientes, porque toda fiesta alguien tiene que pagarla!   De hecho, ya hemos empezado a pagar la fiesta que hace 30 años brindó Omar, y ha habido que aumentar las cuotas obrero—patronales en dos ocasiones y muy pronto vendrán la tercera y la cuarta, si es que no queremos liquidar la institución… ¡y los obreros callaron!

Juan Jované: Administró por corto período y no hizo otra cosa que nombrar más empleados en tiempos en que ya la Caja demostraba alta burocracia y deficiencias económicas: ‘caballos de Troya’; fueron varios miles de nuevos empleos en tan solo un año. ¡Bárbaro! ¡Pero nuevamente… los líderes obreros callaron!

Los gobiernos democráticos postdictadura se han atrevido a corregir pocos de estos entuertos, manteniendo, en mucho, el estatus quo, incluyendo los bajos intereses bancarios.

Posibles soluciones: Aprobar una ley que obligue al Banco Nacional a otorgar a la Caja de Seguro Social el mismo nivel de intereses que le ofrece a sus otros clientes preferenciales. Pero la solución aún mejor la ha propuesto el presidente Ricardo Martinelli, que es destinar tales fondos a inversiones locales avaladas por el propio Estado, que le puedan rendir hasta un 7%, como es el caso de los corredores Norte y Sur, con lo cual la CSS recibiría aproximadamente 30 millones de dólares adicionales anualmente.

Saca, entonces, tus propias conclusiones.

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Artículo publicado el 2 de julio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Qué le pasa a Martinelli?

La opinión de…..

JAIME CORREA MORALES

En días recientes se le ha acusado de autocrático y, además, de que no ha podido combatir la delincuencia.

El gobierno de Martinelli es un gobierno de acción, un gobierno fuerte, no autocrático, como sí lo fueron los anteriores del PRD, y es, precisamente imprescindible que se imponga la autoridad, que es lo que más necesita nuestro alegre, confiado e indisciplinado pueblo, si es que queremos que el país marche bien.

Puedo dar muchos ejemplos de indisciplina y burla a la Ley, pero solo bastará con unas pocas que paso a relatar.

Cuatro gatos cerraban cualquier calle a cualquier hora, perjudicando a los otros 3.3 millones. Aproximadamente el 20% de los automóviles transitan con resonadores, troneras y hasta sin silenciador del todo.  Con las motos el porcentaje es como el doble (40%) además, por cualquier tontería se pegan a la bocina como energúmenos y se saltan los semáforos en rojo.

Cualquiera, aún a media noche y sin permisos municipales, dispara fuegos artificiales con bombas atronadoras, sin importarles los enfermos, los que descansan de su trabajo ni los turistas en los hoteles, que deberán quedar aterrorizados por tantos ruidos infernales.

Tres años se le había dado a los taxis para pintarse de amarillo… y nada, hasta que se les impuso. Buhoneros y automovilistas se apoderan de las aceras, poniendo en peligro a los peatones.

En los ascensores, los más ‘vivos’ llegan de últimos y se meten primero; todos quieren vivienda gratuita; nadie quiere pagar impuestos que benefician a los más pobres ni honrar sus compromisos, ni con el Estado, ni con los particulares.

Tremendo trabajo costará a las autoridades del cambio poder mejorar la actitud indisciplinada de los panameños.

En cuanto a la seguridad, esto no se logra con solo buenos deseos.  Los efectos de los anteriores gobiernos blandengues y permisivos están muy arraigados y muy recientes. Los negocios ilícitos son los que rinden mayores beneficios económicos, pero nunca antes había visto a la Policía actuar tan decididamente entrando a los barrios rojos y allanando moradas de delincuentes, inclusive y muy a menudo, con la presencia y supervisión del propio director Pérez.

Sabemos muy bien que la represión es apenas una de las formas de atacar la delincuencia, pero es la más fácil e inmediata. Conjuntamente se deberá mejorar las cárceles, instruir y educar a los delincuentes, incluyendo abrir las cocinas carcelarias en donde aprenderán a cocinar, pero, sobre todo, iniciar este programa en las propias escuelas, muchas están en manos de maestros incapaces e irresponsables.

Hay que cambiar las leyes que le restan a los maestros toda autoridad. Iniciar programas agrícolas para que los presos trabajen y aprendan en el campo. Talleres de todos los oficios. Campos deportivos, poner a los que quieran a limpiar y mantener áreas públicas y, sobre todo, darles asistencia psicológica para determinar cuáles tienen posibilidades de resocialización. Estoy seguro de que expertos en este tema tendrán muchas otras alternativas.

Como verán, esto no es tan fácil, requiere mucha inversión en dinero y en recursos humanos y en tiempo; por ello, el presidente ha pedido un plazo de tan solo tres años para lograrlo.

Resumen: Ni existe prepotencia de parte del presidente ni se ha perdido la lucha contra el crimen, todo lo contrario, estamos empezando a ganarles.

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Este artículo se publicó el 31 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Condominio o propiedad horizontal?

La opinión de…..

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JAIME CORREA MORALES

El Ministerio de Vivienda y Ordenación Territorial (MIVIOT) tiene un anteproyecto para revisar la Ley de Condominios (o P.H., o de Unidades Inmobiliarias o de Unidades Departamentales o Copropiedad Inmobiliaria) y al respecto me place hacer el siguiente aporte tratando también de evitar que tantas denominaciones confundan.

La Ley vigente, 39 de 2002, que se quiere y se debe modificar, ni siquiera contiene una definición de lo que se trata y si bien el anteproyecto en consideración sí la trae, en mi opinión, no es la más apropiada.

La comprensión de cualquier tema es tanto más fácil cuanto más explicita sea su exposición y, por tanto, la misma facilitaría el resto del desarrollo de la Ley. Y es la siguiente: “Créase la institución de El Condominio, mediante la cual se permite que uno o más edificios puedan ser divididos o segregados en dos o más Unidades Departamentales (U.D.) independientes unas de las otras para que puedan tener diferentes dueños, aunque conectadas entre sí por áreas de uso común que serán de propiedad colectiva de todos los propietarios de U.D., las cuales también les proveerán acceso a vías públicas.

Todas estas U.D. tendrán los mismos derechos reales que aquellos que ostentan las fincas ordinarias, excepto por las limitaciones o gravámenes que se establecen mediante esta ley y en el correspondiente Reglamento de Condominio.

Tales U. D. pueden ser: residenciales, comerciales, de oficinas, industriales o de otra naturaleza”. La Ley 39 de 2002 sustituyó la denominación Condominio, por la de Propiedad Horizontal, porque, se adujo, era un anglicismo, pero no lo es. El Diccionario de la Real Academia Española la define como: “Dominio de una cosa en común por dos o más personas” y si bien el término no tiene una acepción exclusiva para este tema, definitivamente sí se trata de una forma de condominio y por ello no veo por qué debió ser condenado; sobre todo porque es más corto y de uso más común entre los panameños.

Recordemos, además, que en el país tenemos muchos extranjeros residentes y otros posibles futuros compradores de propiedades y esa palabra les es mucho más familiar.

Por otra parte el de Propiedad Horizontal no es fiel definitorio de lo que se busca pues el anteproyecto de ley hasta habla de “los edificios de Propiedad Horizontal Verticales” lo cual es una verdadera paradoja. No habría que hacer este tipo de aclaración si habláramos de Condominio, el cual puede muy bien ser vertical, horizontal y hasta diagonal si se quiere.

También se sustituyó la denominación de copropietario por la de propietario, a secas, otro cambio innecesario pues los propietarios de U.D. de un condominio son, inevitablemente, copropietarios de las áreas comunes o sea de la Finca Madre del mismo.

El anteproyecto pretende nuevamente, cambiar la denominación de U. D., esta vez por la de Unidades Inmobiliarias. Otro error porque Unidad Inmobiliaria puede ser, y es, cualquier Finca o Predio o Edificación y se presta para confusión. Unidad Departamental se acerca mucho más al objetivo perseguido pues no tiene ninguna otra acepción en el diccionario. La Real Academia define Apartamentos o Departamentos, como: “Cada una de las partes en que se divide un territorio, un edificio….etc….”. Respecto, las U.D. pueden ser, como ya dijimos: residenciales, comerciales, o de otra naturaleza.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La basura, nueva solución

La opinión de…..

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Jaime Correa Morales

La ciudad está asquerosa; más aún, el país entero está asqueroso, pero lo peor son los efectos en la salud pública; y no es totalmente responsabilidad de las actuales autoridades alcaldicias, porque el problema viene de arrastre por la ineptitud, también, de los anteriores, pero además porque los panameños somos muy cochinos e irresponsables y lanzamos de todo a las vías públicas. Sin embargo, todos lloramos porque la basura no se recoge, pero nadie quiere ni siquiera pagar por este costoso servicio.   No hay duda de que los panameños queremos todo gratis y vivir la vida feliz, esperando el maná del cielo; de allí la suma millonaria que la población le debe a la Dimaud y a otros municipios, sin importarles que nada puede hacerse sin apoyo monetario.

No soy experto en este tema, pero he escuchado decir que la solución perfecta sería el reciclaje, lo cual me parece muy lógico; sobra mencionar las ventajas que acarrearía el mismo, aunque parece que adoptar este sistema no es tan fácil como solamente mencionarlo, prueba de ello es que del mismo se ha venido hablando desde hace mucho, pero sin resultado.

Hace algunos años se decidió que el pago por la recolección de basura se efectuaría a través de la factura del Idaan pues se suponía, con mucha lógica, que la amenaza del corte de agua obligaría al pago de la basura, pero no contaron con la “astucia” popular que sabe que el Idaan no puede cortar agua por deudas de aseo y, además, porque lo que al Idaan le interesa es el cobro de agua y, por ello, no exige el pago del aseo.

Peor aún, también hay miles y miles de ciudadanos que ni siquiera pagan el agua y a pesar de ello no se la cortan, porque “es inhumano” hacerlo. Lo triste del caso es que muchos de aquellos que no pagan sí reciben agua, en cambio en un sinnúmero de sectores otros que sí pagan no pueden recibirla porque ésta la consumen y/o desperdician los eternos morosos.

El problema de fondo es que a las autoridades de Panamá, tanto las actuales como las anteriores, antes que hacer cumplir las regulaciones piensan más en las encuestas y en los votos de la próxima elección, sin percatarse de que es precisamente su irresponsabilidad y el incumplimiento de sus obligaciones lo que los hace perder tales votos; de ello sobran ejemplos.   Mientras ello sea así, no habrá solución. No podemos dejar pasar desapercibido que tales autoridades no pueden recurrir a la fuerza coercitiva para los cobros, porque en Panamá no hay cárcel por simple deuda.

La solución que se me ocurre es que el no pago por la recolección de basura sea erigido a “delito contra la salud pública”, que en efecto lo es, y en consecuencia muy bien se podría imponer penas muy estrictas, incluyendo hasta la cárcel, porque nadie tiene derecho –por irresponsabilidad o lo que sea– a propiciar condiciones que perjudiquen la salud del resto de los ciudadanos.

Recordemos que los panameños se gastan más de 300 millones de dólares anuales en celulares y que este año que pasó, de crisis mundial, se rompieron todos los récords de venta de licores. ¡Para eso sí hay dinero!

Lo que propongo es más que lógico y creo que una administración bien intencionada tendría, mediante esta fórmula, los medios legales necesarios para resolver este enorme problema.

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Este artículo se publicó el  7  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre los padres que mienten a sus hijos

La opinión de….

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JAIME CORREA M.

Dudo mucho que haya algún padre que no mienta a sus hijos, pero sin tomar en consideración que durante la infancia los padres son “TODO” para ellos y les creen cualquier cosa.

¿Cuál es el efecto que ha de producir en un niño el percatarse, en algún momento de su desarrollo, que aquello que él siempre había considerado verídico, porque se lo habían afirmado sus padres, resulta ser falsedad? Un gran desconcierto e inseguridad, sobre todo a aquellos de carácter más débil, pues ya no sabrán con certeza si todo lo demás que ellos aprendieron y daban por realidad, resultará también ser mentira.

Y, por supuesto, por temor a hacer el ridículo no se atreverán a participar, a tomar iniciativas o decisiones, lo que les impedirá ser emprendedores exitosos, empresarios, que son los que mueven la economía mundial. Esto se comprueba, porque la mayoría de los panameños siempre anda en busca de un empleo antes que aspirar a crear una empresa propia. Tal inseguridad hasta podría perdurar para toda la vida.

Por ello, controlar los ímpetus y travesuras infantiles inculcándoles temor al asegurarles la existencia del diablo, de brujas, duendes, tuliviejas y otras tantas estupideces, así como mofarse de sus acciones y preguntas no muy coherentes durante su período de aprendizaje, con toda seguridad lo convertirían, también para el resto de su vida, en una persona apocada, temerosa o su superación personal tomará mucho más tiempo de lo normal. Recuerde que los chicos más activos, los traviesos, generalmente son los que triunfan en la vida, no los apocados.

También me refiero a aquellas mentiras “ blandas ”, de supuesta buena fe, que pretenden otorgarle a los niños momentos de felicidad, pero a la vez acondicionamiento religioso, tales como la que: “ si te portas bien, el Niño Dios o Santa Claus, te traerán regalos ”, lo cual irremediablemente termina en decepción.

Los reyes y dictadores siempre utilizaron el terror como la forma de someter a sus súbditos. Igualmente, muchos chamanes, brujos, y religiosos de todo tipo, han dominado a las tribus, a los imperios y, aún hoy, a muchas naciones civilizadas, a través de supercherías y amenazas, asegurándoles que de no aceptar su palabra cometerían una grave falta o pecado que en algún momento le conducirá a una horrible desgracia.

En este sentido y para hacer valer su palabra, quienes históricamente aseveran comunicarse con Dios o con los dioses y ser sus voceros, frecuentemente han generado gran violencia física y psicológica contra otros, incluyendo la tortura y hasta los sacrificios humanos de aquellos que incumplan la supuesta voluntad de la deidad, pero en realidad de lo que se trata es de sembrar el terror para lograr imponer la propia, de la cual se benefician.

No en vano los reyes y demás absolutistas, siempre se presentaban como escogidos por la divinidad para gobernar; una farsa absoluta que casi nunca fue negada por los representantes religiosos de todos los signos y creencias, que a ellos se aliaban.

No mintamos a nuestros hijos, pues el costo psicológico que por ello deberán pagar de por vida es invaluable y esta condición de desconcierto puede llevarlos hasta a buscar apoyo y refugio en las malignas drogas.


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Artículo publicado el 21  de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.