La fiesta de Fernandito

La opinión de…

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

Era inevitable que en las actuales circunstancias recordara el merengue La lluvia, que canta el dominicano Fernandito Villalona; el pegajoso coro de la canción, “La lluvia no daña mi fiesta/ la lluvia no daña mi vacilón” le viene como anillo al dedo al presidente Martinelli. ¡Para su comparsa “Los locos somos más”! Anda de tan buen ánimo el Presidente, que partió de viaje ¡otro más!, cuando tomar agua, bañarse, y hacer “la mayor y la menor” ya se había convertido en complicación mayúscula en toda la ciudad.

Los entendidos en asuntos del clima y el manejo de aguas, habían advertido sobre las posibles consecuencias por fallas en la construcción de la potabilizadora de Chilibre y deficiencias en todo el sistema. Una enojada y abusada madre naturaleza se encargó de ponerlas al descubierto.

Las autoridades, más interesadas en cerrar pactos políticos, y en jugosos e innecesarios megaproyectos, que en atender lo primordial, no prestaron la debida atención. Y llegó el caos. Mirando la desesperación y la rebatiña por el agua que se repartía en diversos puntos me parecía estar viendo escenas del sufrido Haití. ¡En Panamá, el del crecimiento económico del que tanto alardeamos!

La politiquería, sin embargo, no estaba viviendo en seco, sino con mojaditos brindis por el deseado final de un alocado y servil proyecto para castigar con prisión las ofensas al Presidente y a funcionarios de elección popular.

La presión de las organizaciones, de particulares e, incluso, de astutos políticos oficialistas, impidió que prosperara; estos últimos, entre ellos el Presidente, se dieron cuenta de las consecuencias nacionales e internacionales de semejante desafuero. Igual suerte corrió la “chellada” (mi sinónimo para chabacanería) de los diputados Sergio Gálvez (Chello) y Vidal García, encargados de “tantear el terreno” de la reelección inmediata; otra vez tronaron las protestas y, especialmente fuertes, las de los varelistas, mireyistas y de “arnulfistas de verdad”, en riesgo de quedar “con los crespos hechos”, aplastados por el devorador Cambio Democrático, que más que partido político parece un dispensador de prebendas.

¿Creyeron las organizaciones de la sociedad civil que el Ejecutivo iba a considerar sus recomendaciones para nombrar el nuevo procurador general de la Nación?   ¿Olvidan cómo Moncada y Almengor se convirtieron en magistrados de la Corte Suprema de Justicia? ¿Creen que cumplirá la promesa a la Comisión de Estado por la Justicia, hecha antes de convertirse en presidente, de tomarlos en cuenta para nombrar a los magistrados del Tribunal Constitucional contemplado en las reformas constitucionales que promueve el Gobierno?   “El Estado soy yo”, dijo el rey Luis XIV. ¡Quiero mi Torre Tusa y mis corredores, más importantes que el agua!, dice el otro.

Se comentó que el discurso del Presidente en la inauguración del nuevo período del Legislativo parecía referirse a otro país, no a nuestro Panamá, tragada por la basura para felicidad de ratas grandes y gordas como conejos de granja; donde no se sabe cómo andan los gastos ni los negocios estatales, porque el 40% de los ministerios e instituciones no pasan la información al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo, como es su deber; donde los tentáculos del narcotráfico asoman por todas partes; donde, al cambiar de ropaje, de FIS a PAN engavetaron los negociados en el FIS.

A propósito del FIS, recientemente se le negó al ex legislador Francisco Ameglio un incidente de controversia en el caso que se le sigue por un supuesto peculado; le iría mejor si hiciera como el alcalde de San Miguelito, Héctor Carrasquilla, que envuelto en un abultadísimo caso de supuesto peculado, brincó del PRD a Cambio Democrático y el caso… ¿Qué caso?

Todo palidece ante la infamia de los sucesos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, eufemismo rimbombante para un sitio infernal; la saña, el sadismo, la indiferencia de algunos policías, y la incompetencia y la burocracia del sistema convirtieron en pira la celda en la que la vida de varios jóvenes detenidos no valía nada.

¿No es censurable la destemplada reacción del ministro de Justicia, Mulino, ante estos hechos? ¿Defenderá a “su gente” el director de la policía, Gustavo Pérez, como defendió a los que asesinaron a los jóvenes pescadores de Boca La Caja? ¿Le importa al Gobierno el informe que rindió la comisión que constató la brutalidad policiaca en Changuinola? León Felipe, poeta español, dijo en su poema “Sé todos los cuentos”:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos”.

Yo también.

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Este artículo se publicó el 17  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El gobierno del cambio

La oponión el Analista Político…


GIL  MORENO
gil-moreno15@hotmail.com

Siempre se pensó que un gobierno dirigido por Ricardo Martinelli, quien había demostrado buen desempeño como director del Seguro Social en la administración de Ernesto Pérez Balladares, iba a ser muy diferente.    No se le consideraba un político experimentado, pero sí una persona ordenada y seria, y un excelente administrador, que había llevado adelante sus empresas en forma increíble.   Con este currículum, muchos pensaron que era la persona indicada para llevar la nave del estado hacia puerto seguro .

Nunca se pensó que Ricardo Martinelli iba a seguirle los pasos a los políticos tradicionales que nos gobernaron siempre y que una vez en el poder empezaban a repartir posiciones, prebendas, contratos y toda clase de privilegios a sus allegados y a las personas que los habían llevado al poder, como si ellos fueran los dueños de la Nación.   Y como Martinelli, perfilándose como un político diferente, prometió cambios profundos en bien del país, que iba a terminar con las viejas prácticas, que iba a acabar con la corrupción, ganó las elecciones por un amplio margen.

Pero ¿qué es lo que hace Ricardo Martinelli una vez en el poder?   Simplemente, empieza a utilizar las mismas prácticas malsanas de sus antecesores y en muy poco tiempo los medios informativos del país y del mundo empiezan a hacer señalamientos de corrupción en su gobierno, de leyes injustas, de irregularidades, truculencias y toda clase de abusos.   Y lo más grave, impone un Procurador que nunca despertó confianza y que a la postre tuvo que abandonar el cargo, en medio de un gran escándalo.

Por otro lado, no es ningún secreto que personas allegadas al gobierno se han dado a la tarea de sobornar e intimidar a representantes, alcaldes y diputados de oposición para que se cambien, cuando se sabe que este es un delito que merece castigo y ni las autoridades correspondientes ni el zar Anticorrupción investigan a estas personas.

No podemos negar que este gobierno, en algunos aspectos, ha favorecido a sectores humildes de la población, ayudando a estudiantes y ancianos. Pero por otro lado ha desatendido por mucho tiempo el problema de la basura, que es un asunto de Estado, de alta prioridad, que además se ha politizado. ¡Cuidado, con la salud no se juega !

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<> Artículo publicado el 15  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Problemas y temas del Panamá que busca rumbo

La opinión del Jurista …


Ramiro Guerra Morales 

Como en los cuentos del Panamá irreal, que terminan como tragedia, nos las pasamos hablando del cuco que viene y poco o casi nada hacemos para evitarlos. Nuestra justicia y como verdad de Perogrullo, sigue dando que hablar. En este contexto, la justicia garantista y de protección de los derechos humanos, del cual nos gusta teorizar, no pasa de ser una pose o un prurito para hacer galantería teórica, pero de allí a la realidad, lejos estamos de ella. A estas alturas de cultura y civilización universal, resulta fulminante para la dignidad e integridad humana, que un estado que se ufana de derecho y democrático, tarde semanas y meses para dirimir o resolver acciones de alta textura humana, como la libertad y el control de los excesos del poder, verbigracia los amparos de garantía y derechos fundamentales y las acciones o recursos de habeas corpus.

Vivimos en un país, donde la politiquería, sigue haciendo aguas el derecho y la justicia. Nunca aceptaremos, esa aberrante teoría, que a todo delito hay que encontrarle un responsable; en nombre de esa aberración, se han cometido abominables execras contra el ser humano y su dignidad. Nuestros fiscales, salvo excepciones siguen siendo inquisidores, positivistas al absurdo y con dichas posturas enredando y complicando todo nuestro sistema penitenciario. En hora buena la actual ministra de Gobierno, ha decidido en verdad darle sentido a la norma Constitucional, del trato y la resocialización del recluso.   La soluciones policíacas y represivas en el tratamiento al reo, han sido un fracaso en toda la región.

Corrupción, pobreza, delincuencia, en fin todo nuestro sistema de valores venidos al piso, por una contracultura que ha elevado al individualismo, el materialismo hedonista y lo superfluo, a la cima de diosa suprema que debilita nuestro ser nacional. Como entender la irracionalidad, que mientras miles de compatriotas viven la tragedia de las recientes inundaciones, se gasten millones en veleidades y gustos, que nada tiene que ver con la doctrina de la fe cristiana y su libro mayor, la Biblia.

Cierto que tenemos una economía que marca fuerte, pero que de su institucionalidad democrática; mientras aquella camina adusta y ruborosa, esta da lugar a contradicciones que eventualmente se pueden tornar en vientos huracanados, creando o levantando hojarascas que pueden terminar en crisis. Tiene que haber una correspondencia entre economía y democracia, dicho en lenguaje pedantesco de la política, entre estructura y superestructura. La no correspondencia de esta, termina haciendo catarsis y generando desasosiego.

Urgen replanteos y correcciones en el rumbo de la afanes públicos y nacionales. El gobierno nacional, tiene que aportar una gran cuota para recomponer situaciones y desazones , nada conveniente para la estabilidad y la paz social .

El gobierno nacional, no tiene enemigos, solo adversarios y ello es normal que exista en todo sistema democrático.

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<>Artículo publicado el  30 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Propongo:


La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República….

 

MIREYA  LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Dentro de apenas quince días concluye el 2010, cargado de sucesos, opiniones y comentarios de diversa índole y temperatura. Muchas noticias buenas aunque, para nuestro gusto, fueron excesivas las que alimentaron un ambiente malsano aparentemente manejado por fuerzas oscuras que parecieran empujarnos hacia un futuro peligroso, sin grandes objetivos realmente compartidos.

Por eso propongo que durante las próximas dos semanas, aunque sea solo durante este brevísimo tiempo, hagamos un alto para regalarnos unas vacaciones mentales y emocionales que nos traigan tranquilidad al estado de ánimo individual y de la nación entera.   Después de casi doce meses de sobresaltos y ajetreos por todos lados, este descanso sería muy bienvenido.

Propongo varias cosas.

Durante quince días dejemos los ataques recíprocos que han creado fricciones innecesarias entre panameños, algunas veces gratuitos y carentes de fundamento válido. No es época propicia para insultos, ofensas, peleas; suspendamos enfrentamientos, por lo menos durante este período. Guarden todos los políticos sus hachas y machetes, aunque vuelvan a relucir en enero; váyanse de vacaciones al exterior y, si optan por quedarse en Panamá, cierren la boca. Dejemos de lado la política y los temas políticos; todos agradeceremos ese alivio. No hablemos de reelección presidencial; no amenacemos con reformas a la Constitución y referéndums con ese solo propósito. Descansen médicos, maestros y jubilados, aunque sea por dos semanas, sin que eso signifique que hayan claudicado ni que dejen de tener razón; esperen a enero.

Durante quince días dejemos de criticar lo que hace o planea hacer el gobierno, sin que eso implique que simpaticemos políticamente con los partidos oficialistas en el poder. Es solo una tregua en nuestro propio beneficio y del país. Hay cosas buenas que el gobierno ha hecho, pero ha cometido atropellos y acciones merecedoras de censura; también hay promesas aún no cumplidas. Pero no por ello dejemos de llevar a los niños a disfrutar las Villas Navideñas, esperando que sean mejores y menos costosas que las anteriores. No por ello dejemos de regocijarnos si los primeros metrobuses resultan como fueron prometidos. Pero a cambio del receso, propongo que el gobierno nos retribuya suspendiendo toda propaganda oficial que nos abruma y, si se anima, ir un paso más en la dirección correcta, podría ofrecernos un compromiso sincero de respetar los derechos humanos, la libertad de información, las instituciones democráticas y la transparencia. Este compromiso, lejos de plantearle una amenaza, constituye en el fondo la mejor póliza de seguro a que puede aspirar un gobierno. Sería cosa de aplaudirlo, si así se interpretara.

Resultaría edificante que durante las próximas dos semanas los medios de comunicación televisivos, escritos y radiales nos perdonaran reportajes sobre delincuencia y maldad humana. El silencio no significaría que condonemos esa maldad, que dejará de existir o que la tapemos; pero dejemos que a ella se enfrenten las autoridades con empeño y sigilo, y que la Policía redoble sus esfuerzos, como ya se comienzan a vislumbrar.

Propongo que ignoremos la propaganda comercial que nos hace desear cosas que no requerimos. Hay mucho dinero en la calle: salarios, jubilaciones, subsidios, ahorros navideños, bonificaciones. Con tantos incentivos para atiborrarnos de cosas innecesarias y con tantos malandrines al asecho, el dinero ganado trabajando desde antes del amanecer hasta cerca de la media noche, o ahorrado peso a peso, se nos irá entre los dedos antes de darnos cuenta. Eliminemos el derroche.

Finalmente, propongo que suspendamos actividades riesgosas, tanto personales como familiares. Los accidentes, sobre todo los fatales, son una desgracia en cualquier época, pero los que ocurren en estos tiempos revisten un carácter especial. Porque los momentos que serán de felicidad para los demás, contrastarían con el terrible recuerdo de una tragedia familiar en estas alegres fechas, algo doblemente doloroso.

Similar a un partido de baloncesto que se detiene temporalmente, propongo que pidamos ‘tiempo’ para aspirar profundamente, para oxigenar los pulmones de nuestras vidas y de nuestra patria, para repensar métodos y rumbos. Quien sabe si los panameños tanto disfrutemos esta tregua que la repitamos frecuentemente como un hábito normal de convivencia.

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<> Este artículo se publicó el 15  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.

La reelección y otras hierbas aromáticas

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

Dos diputados de poca envergadura en materia legislativa han propuesto despertar el tema de la reelección presidencial para ganar algo de notoriedad pública. No se trata de darle un segundo período a un presidente de la talla de Álvaro Uribe.   Tampoco de Fernando Henrique Cardoso o Luiz Inácio Lula da Silva. Esto solo es pretender congraciarse con un presidente que apenas lleva año y medio en el poder y que no ha marcado trayectoria histórica para ganarse un cambio constitucional que lo promueva a un segundo mandato consecutivo.

 

Pero estas bufonadas políticas la hemos visto por doquier y debemos interpretarla como parte de esa idiosincrasia del político panameño, que sobrevive estando siempre con el que está arriba. Algunos tendremos nuestros minutos de estupidez, y otros no resisten vivir sin ella. Es parte de su diario bregar. Subsisten en la política por estos tipos de actos.

Aquí en el folklore político panameño hemos visto de todo. Desde la idea de llenar la ciudad con piscinas inflables, hasta una pista de hielo en la cinta costera para celebrar la navidad; desde proclamar presidentes como únicos en el siglo, hasta venerarlos en medallas conmemorativas al asumir sus cargos. Bueno en el camino se han dado caso inclusive de otorgarles todas las condecoraciones nacionales, y a uno inclusive se le mencionó en la constitución política.

 

¿Qué hemos hecho los panameños para merecernos esto? Pues ser indiferentes. Pensar que el problema de la crisis política e institucional es de otros. Ahora nos entusiasmamos con un encantador de serpientes. No nos resulte como el flautista de Hamelin que por no recibir los honorarios requeridos se llevo a todos los niños de la ciudad y por ende a las próximas generaciones.

 

Millones más millones menos, ¿quién sabe cuanto mazo reciben nuestras cuentas nacionales? Si de viejas prácticas se trata, no tendríamos que ir muy lejos en las experiencias nacionales e inclusive privadas. Por ende que autoridad moral tienen los que la divulgan.

Soy demasiado racional para creer en pendejadas y otras hierbas aromáticas. No hay duda que un porcentaje significativo de ilusos viven intoxicados de la verborrea alucinante. Se que en algún momento deberán tocar piso y vivir su realidad que es distinta de los falsos profetas, bufones y cortesanos.

Entendamos la cruda realidad política. Están los gamonales y los manzanillos; los primeros , son vendedores de ilusiones con una agenda oculta; los segundos, están siempre a la expectativa que el gamonal deje caer un dólar para poner el pie. Los indiferentes somos todos los que desde las graderías nos entretienen con el circo.

 

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<> Artículo publicado el 10  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El que no brinca es sapo

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La opinión del Periodista…

Aquilino Ortega Luna

La renuncia de alcaldes, representantes de corregimiento, diputados y delegados del PRD y su salto inmediato a Cambio Democrático (CD), demuestra que los partidos políticos por engrosar sus filas recogen todo lo que camine, se arrastre o vuele en la jungla politiquera del país.

Lo anterior indica que los colectivos políticos están llenos de gente sin principios que utilizan la infraestructura de los mismos y la buena fe de sus miembros para lograr sus objetivos mezquinos y mercantilistas, en detrimento de la imagen del país y del gobierno. Lo actitud asumida por algunos políticos del patio de “brincar cual sapo” de una tolda a otra, se ha convertido en una costumbre en los 20 años de nuestra incipiente democracia.

La religión de la politiquería y el transfuguismo que profesan estos políticos engañadores y mentirosos es una de las peores desgracias que esta nación lleva en sus espaldas.

Y lo que no logro entender es como los votantes, como si fueran “ciegos guiados por ciegos”, caminan en cada proceso electoral hacia las urnas y premian a estos políticos inescrupulosos con su voto.

La percepción que tiene la ciudadanía de algunos políticos es pésima, particularmente por la gran cantidad de casos de corrupción que han salido a la luz en los últimos tiempos.

Esta desafección de los ciudadanos hacia los políticos se incrementa al ver que estos cuando están en oposición todo lo que hace el gobierno de turno es negativo, pero cuando ellos gobiernan o tienen el sartén por el mango se olvidan que miles de panameños se acuestan cada noche sin comer.

La actitud torcida y mentirosa de estos pintorescos personajes, está muy lejos de los principios éticos de la política y raya más en el oportunismo y la politiquería. El deseo de poder aunado al inmoderado afán de enriquecimiento fácil y rápido de algunos diputados, alcaldes y representantes de corregimiento sin distingo de partido, se ha convertido en un caldo de cultivo para la corrupción que tanto daño le ha causado a este país. Pudiera mencionar el nombre de todos esos políticos sin conciencia, sin amor a la patria, que los últimos años han convertido en algo casi constitucional el transfuguismo, pero el artículo se haría muy extenso. Impera la aplicación de correctivos, de mecanismos políticos, administrativos y jurídicos para evitar que estas “lacras” de la política conviertan la “brincadera” en un deporte nacional que nos permita participar en competencias olímpicas, donde con seguridad ganaríamos una medalla de oro, pero negativa.

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<>Artículo publicado el  9 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Evitemos otro 11 de octubre

 

La opinión del Empresario….


JAIME  CORREA  MORALES
jcorream@cwpanama.net

Cualquier persona con algún grado de sensatez estará preocupada por lo que ocurre en nuestro campo político—social,  pues vemos cómo algunos medios de comunicación presentan en destaque cualquier acción gubernamental que pueda interpretarse como negativa, pero lo positivo pasa casi desapercibido.

Yo estoy muy de acuerdo con que el periodismo debe mantenerse investigativo y crítico contra la corrupción, que siempre la habrá, pero creo que se están yendo a extremos, quizás debido a que existe una fuerte competencia por lograr mayor circulación periodística, mayor sintonía en radio y televisión, el famoso ‘rating’, al que con razón o sin ella supeditan al morbo, y ello los lleva (nos lleva) a extremos peligrosos; pero debe haber un mínimo de sensatez, de amor patrio.

Tenemos un Panamá que muchos extranjeros quisieran para sí y por ello bastantes conviven con nosotros, porque estamos entre los más progresistas del mundo, pero la intensa campaña de negatividad imperante irá poco a poco minando nuestro prestigio internacional y, consecuentemente, nuestro desarrollo económico y social, perjudicándonos a todos.

Los que vivimos aquella triste época no podemos olvidar que las circunstancias que antecedieron al golpe de Estado de 1968 fueron casi idénticas a lo que está ocurriendo ahora. Panamá, orgullosamente ostentaba entonces una efectiva democracia con el más alto crecimiento económico de América: 8% anual sostenido durante más de diez años, algo pocas veces visto en el mundo entero, con baja tasa de desempleo, ello durante los gobiernos liberales de Roberto (Nino) Chiari, 1960—1964, y de Marcos Robles, 1964—1968, pero la politiquería y la publicidad negativa que desataron hizo que ‘todo parecía malo’.

Por ejemplo: al proyecto de tratados del Canal negociado por el gobierno de Robles, al que despectivamente llamaron los ‘tres en uno’ y que fueron rechazados en democracia; después los militares los impusieron, con mínimas variaciones, como un gran logro de su ‘revolución’ en la recuperación del Canal.   Además, acusaciones exageradas de corrupción, de fraudes y de cuanta otra cosa, sirvieron de excusa propiciatoria a los militares para dar su golpe.

Paradójicamente los promotores de tal situación: demócratacristianos, panameñistas, La Estrella, EPASA y algunas emisoras —La Prensa aún no existía— fueron los primeros en sufrir las persecuciones de los mismos militares. Idéntico ha sido el resultado en muchos otros países vecinos, debido a abusos de la democracia, aupados por insaciables ansias de poder.

¿Y en qué resultó la llamada ‘revolución’ militarista perredista?    Ni más, ni menos que en dos décadas tiradas al basurero. Y bastará una simple comparación entre el caos económico y social heredado de la dictadura de veinte años versus el mundialmente reconocido enorme desarrollo experimentado por Panamá en los veinte subsiguientes;   esto último a pesar de que en 1989 el gobierno encontró un país autocrático rampante; bajo crecimiento económico; alto desempleo; persecuciones y asesinatos políticos; presidentes, diputados y magistrados títeres nombrados por el dictador; imagen internacional negativa; cierre de bancos; escasez de dinero circulante; discrepancias entre connacionales como resultado de la promovida lucha de clases; todo ello agravado por la invasión que ellos mismos provocaron, con sus consecuentes saqueos; o sea que el país estaba devastado. ¡Y miren cómo hemos progresado!

Pensemos en todo esto y seamos sensatos; las cosas no pueden ser de acuerdo a nuestra muy particular conveniencia y mezquinos intereses, sin importar que ello nos perjudique a todos, y eso es, precisamente, a lo que consciente o inconscientemente nos están llevando.    Mantener esta actitud hasta podría llegar a propiciar otro 11 de octubre, pues, ni se les ocurra pensar que estamos vacunados contra tal devastadora calamidad, que ya se ha repetido en muchos otros países ante situaciones como las que señalo.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 26 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/correa-morales-jaime/

El país de los subsidios y el gran Gobierno

La opinión del Ingeniero y Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos. ….

Guillermo Antonio Ruiz

El Presidente norteamericano Dwight Eisenhower propuso en su época, entre otros monumentales actos legislativos como jefe del Ejecutivo, uno que transformo la cara de su país: “The Federal Highway Act”.

 

El propósito era construir amplios corredores viales o autopistas que unieran de forma expedita todos los centros urbanos de Estados Unidos, permitiendo a sus ciudadanos contar con una mejor calidad de vida que les facilitara trasladarse desde lugares muy distantes hasta sus hogares de una manera segura y rápida.

Hay pocos ejemplos tan palpables de la utilización por parte de un gobernante, de políticas públicas que reviertan de forma totalmente práctica los impuestos que pagan los contribuyentes.

No tengo un ejemplo local de esa magnitud a la mano. Pero si abundan los ejemplos de subsidios, o mejor dicho, de innecesarias políticas de derroche de dinero del Estado en programas paternalistas por parte de todos los gobiernos de nuestra historia republicana.

Desde el Presidente Belisario Porras para acá, es difícil encontrar en algún gobernante posterior una obra similar que tenga tal incidencia en la población durante largos períodos de tiempo como fue la de él.   Parece que hay una urgencia por convertir al Estado en un regente municipal ineficiente.

Todo se resuelve con un subsidio, por lo visto. El de la gasolina, el del tanque de gas, el de la electricidad, el de los buses y taxis, el de la harina, la red de oportunidades, el cien a los setenta, la beca universal, ahora vienen el metro y el metro bus, etc. Derecha, socialdemócratas, militares, civiles, todos miran como primera solución los famosos subsidios. ¿Sabe qué es un subsidio? No es más que utilizar dinero de sus impuestos para “resolver” un problema que tiene otra solución pero que políticamente la misma no se traduce en votos para el partido gobernante.

Por otro lado, en proporción a la población de Panamá, nuestro aparato gubernamental tiene un tamaño colosal. Es paquidérmico y con tendencia a promover la corrupción a todos lo niveles.

Hay que entender que si queremos ver más medicinas, médicos y enfermeras en nuestros hospitales, más escuelas, mejores carreteras y mantenimiento para las mismas, lo correcto es reducir gradualmente el tamaño del gobierno.

Gastar miles de millones de dólares en planilla permanente y sobre todo cientos y cientos de contratos, no ayuda a balancear un presupuesto de gastos que se enfoque en reducir la pobreza, combatir la inequidad, la falta de adecuada infraestructura en nuestras ciudades y campos, el mejoramiento y modernización de la educación.   En fin, politiquería contra administración responsable del Estado.

Por todo lo anterior cada vez importa más quienes nos gobernarán y no solo quien es el candidato a Presidente.

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<>Artículo publicado el 31  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en:   https://panaletras.wordpress.com/category/ruiz-guillermo-antonio/
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Indulto y politiquería

La opinión del Jurista, Docente Universitario y Activista de Derechos Humanos….

Miguel Antonio Bernal 

La Constitución sólo permite el indulto para delitos políticos. La Corte Suprema ha establecido que los delitos contra el honor, no son delitos políticos. En una abierta extralimitación de funciones, nuevamente el Presidente decreta un indulto que viola la Constitución que juró cumplir.La politiquería “es la degradación de la política… carece de grandeza, de proyección histórica, de perspectivas ideológicas. Se desenvuelve en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, los tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales…”.

 

En Panamá hemos entrado de lleno en la politiquería cotidiana. El indulto busca desviar la atención del ataque perpetrado contra la libertad de expresión. La adulteración y la falsificación del escudo de la República, al eliminar la pica y poner en su lugar un mazo, sigue su curso sin que las autoridades se hayan inmutado en aplicar correctivos inmediatos, salvo las “disculpas” de la Ministra de Gobierno, porque la de Educación está en el mundo gustaviano….

Mucha gente se pregunta, sin encontrar una respuesta sensata y alejada de la politiquería, ¿dónde vamos en este ambiente de gula, de voracidad, de ambiciones insaciables que parecen guiar, más y más, los actos gubernamentales?

Cada día Panamá se aleja del camino que conduce hacia un Estado Constitucional, donde la dignidad de la personas sea respetada y resguardada.   Se mantiene el desprecio a toda pretensión de “democracia, justicia y libertad”. Aumenta el ejercicio irracional del poder sin control, de carácter demagógico, falacioso y embustero, con una creciente capacidad de mutación que modifica, a diario, el contenido de las normas y procedimientos gubernamentales, de modo que pasen a tener un significado diferente, conservando o no el mismo texto, como lo demuestran los resultados engañosos del denominado “Diálogo sobre la Ley 30” que, en materia de impunidad policial, se lucieron manteniendo una norma contraria a los compromisos internacionales del Estado panameño.

Cual espejismo anticiudadano, la mutación de los rectores de los Órganos del Estado, actúa a espaldas de toda vinculación constitucional, de los fundamentos básicos del constitucionalismo, que no logra eregirse como herramienta de control ciudadano para la racionalización efectiva, real y concreta del ejercicio del poder político.

En menos de lo que canta un gallo, han criminalizado la pobreza, legalizado la impunidad, fomentado la corrupción, destruido sin reparo garantías fundamentales, violado acuerdos internacionales, depredado más aún el medio ambiente, pisoteado los derechos sindicales, penalizado la protesta social y terminado de desconocer los espacios y posibilidades de un verdadero diálogo nacional. Ahora se ataca a la libertad de expresión.

Como si fuera poco, han arremetido -en sociedad asociada- los diputados del Cambio Democrático, del Panameñismo y del PRD, contra la Universidad de Panamá con una Ley ultrapersonalista y antidemocrática, que servirá de veneno para acabar de acabar con la academia, ley que viene a sumarse a toda una maraña legislativa y gubernamental impuesta durante los últimos tiempos, que abandona sin reparos los principios de legalidad, de jerarquía administrativa, de publicidad de las normas, de irretroactividad de las normas, de responsabilidad y de interdicción o prohibición de la arbitrariedad.

El mandato electoral de construir democracia, no se está cumpliendo. Ello trunca la legalidad y la legitimidad, las cuales no podrán recuperarse con nuevos parches a la constitución militarista, ni con millones de obras.  Nuestro país lo que exige, es Justicia.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mas del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/bernal-miguel-antonio/

Rectorías: ¿cargos de por vida?

La opinión de…

César Valdés Paredes

La Asamblea Nacional se propone a modificar el artículo 34 de la Ley Orgánica de la Universidad de Panamá, una vez más. Ya hemos perdido la cuenta del número de veces que lo ha hecho, con el solo propósito de dar viabilidad a la reelección del actual rector, que es la misma persona, causa y motivo que ha generado todas las modificaciones anteriores en el mismo sentido.

Pero, ¿qué permite que tan pocos profesores, o los mismos en estos casos, dirijan estos centros de formación superior?

Cada universidad tiene sus propias reglas, amparadas en leyes universitarias que poco difieren entre sí.   Pero la ley de la Universidad de Panamá está hecha y diseñada para el rector y sus más allegados.   Con la última reforma a esa ley se estiró el periodo del rector de tres años a cinco años; en caso de Gustavo García de Paredes buscase un quinto periodo, además de cambiar el periodo de los 10 años de espera, tendría que modificar la ponderación del voto, fijándola en 33% para cada estamento, con la justificación de “igualdad para todos”.

Debe causar alarma que sea precisamente sobre los destinos de la Universidad de Panamá que se encuentra enquistada una triste farsa de asesores, funcionarios, profesores, y grupos estudiantiles, que como vampiros succionan la sangre del pueblo en la oscuridad de la noche.

Ahora, el proyecto de ley que modificará el artículo 34 va por la segunda vuelta, esta vez en la Asamblea Nacional, donde su propuesta debe ser aprobada por los diputados, especialmente por los oficialistas, quienes son los que conducen la aplanadora que tanta vergüenza nos ha causado en estos últimos meses.

Ojalá me equivoque, pero si el rector consigue el sí de los diputados, tal decisión no debe sorprendernos, simplemente no hay diferencia entre ellos. Actúan siempre pensando en sí mismos, mientras pisotean la institucionalidad. Lo que no puede esperar el rector es que su desmedido amor por el cargo sea de la simpatía de todos.

Los políticos solo deben proponerse devolver la Universidad a los universitarios, no hacer las modificaciones legislativas de las que el actual rector y su séquito de asesores piensan seguir viviendo.

Si la propuesta fuese para el mejoramiento de la Universidad, estoy seguro de que ningún universitario se opondría,  pero el haber sometido a la comunidad universitaria a una situación de intranquilidad, intolerancia, confrontación innecesaria y despilfarro de recursos económicos con fines politiqueros, en busca de una reelección perpetua para el beneficio de una sola persona, no es justo para la institución.

Exhorto a la comunidad universitaria a mantener las esperanzas y la confianza en que la Universidad de Panamá debe renovarse, y en el año 2011 dejarlo muy claro a los que hoy solo tratan de intimidar, perseguir y callar las voces disidentes.

Ya la suerte está echada, ya la línea se trazó, y el Ejecutivo ha dicho: “no me toquen a Gustavo”.

<> Este artículo se publicó el 9 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Testimonios de una época

La opinión de…

Carlos Guevara Mann 

El nuestro no es un país de estadistas ni pensadores. Una politiquería chapucera y barata –sustentada en la corrupción, el militarismo y una seudointelectualidad mediocre, acomplejada y charlatana– impera en la esfera pública.

A semejante pobreza moral e intelectual podemos atribuir, en medida nada despreciable, las malas políticas públicas, la conculcación de nuestros derechos y el menoscabo de nuestras condiciones de vida característicos del Panamá contemporáneo.   Por ello, cuando del ingenio de algún compatriota emanan análisis sensatos y orientaciones lúcidas, una sensación de que no todo está perdido alienta el espíritu cívico de quienes sentimos hondamente la panameñidad.

Ha sido esa, precisamente, mi reacción a la publicación de una colección de artículos periodísticos y ensayos del Dr. Carlos Iván Zúñiga por la Editorial Libertad Ciudadana, titulada Testimonios de una época.   Sus cuatro volúmenes recogen el pensamiento perspicaz del apóstol de la democracia panameña y valiente expositor de los postulados históricos del civilismo, la probidad, la soberanía y la justicia social.

La obra del Dr. Zúñiga contiene los elementos necesarios para el buen gobierno y el logro del bien común. Por ello, si a nuestros “políticos” les interesara promover esos objetivos, la consultarían con interés y entusiasmo. Encontrarían en sus páginas opiniones inteligentes y recomendaciones juiciosas al respecto de una multitud de temas de actualidad.

Escritas en 2002, las líneas que siguen –por ejemplo– transmiten una excelente observación al respecto de la política partidista, tan válida entonces como ahora: “Si los partidos políticos no toman, bien dosificado, el depurativo que reclama su organismo enfermo de cleptomanía y de gula, podría venir en acción recurrente el nocivo purgante totalitario que, además de extinguir al enfermo, se llevaría de calle a la precaria democracia obtenida con grandes sacrificios por el pueblo panameño (“La depuración de los partidos”, Vol. I).

Ante un estallido ocurrido hace una década, similar –aunque no tan intenso– como el de julio pasado, el Dr. Zúñiga se preguntó: “¿Qué hacer con esos levantamientos sospechados pero inesperados como el de Bocas del Toro? ” Su respuesta fue contundente: “Ir al lugar de los hechos, pisar la tierra embravecida, presentarse al mismo ojo de la tempestad, como Daniel en el foso de los leones, tomar el toro por los cachos, dialogar, ejercer la autoridad, encontrar soluciones razonables y pactar con la pobrería que arrastra su dolor de centurias” (“Entre la tranca y el diálogo”, Vol. I).

Una preocupación por la ecología inspiró estas palabras, escritas en 2007: “Las cabeceras de ríos y quebradas deben ser inventariadas y sembrar en ellas tantos árboles como sea posible. Se debe desempolvar la vieja ley, de la patria vieja, que instituyó el Día del Árbol y en la semana en que cae ese día, todos los estudiantes, maestros y padres de familia de la República deben sembrar árboles en los ejidos de sus pueblos. Pero no sembrarlos para que en el futuro los arboricidas hagan su agosto, sino para dar belleza al paisaje, frescor al ambiente y protección a las aguas. Si yo fuera autoridad, promovería una moratoria de la tala de árboles (“Las virtudes de la solidaridad”, Vol. III).

Y sobre la extraña e inconveniente proclividad de ciertos seudointelectuales, corruptos y militaristas, de convertir a la Universidad estatal en botín político y económico, el Dr. Zúñiga sentenció en octubre de 2000: “No existe mayor lesión al buen nombre de la universidad y a los fines de la cultura superior que el rector se convierta en un dispensador de canonjías o en mago de pactos politiqueros. Los rectores deben estar marginados de la política partidaria y sólo deben estar comprometidos con la política académica. Por eso siempre he creído en las bondades de la no reelección, en nuestro medio aún inmaduro y oportunista (“La identidad y el rumbo universitario”, Vol. IV).

Organizado por Nadhji Arjona y prologado por el director fundador de este diario, I. Roberto Eisenmann, Jr., el compendio de escritos del Dr. Zúñiga trae al inicio una semblanza suya redactada por la Dra. Sydia Candanedo, esmerada poetisa y compañera fiel del extinto patriota durante más de medio siglo de jornadas cívicas y realizaciones familiares. Su lectura –no cabe duda– resultará muy provechosa a todo aquel que la emprenda.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El desastre de los Censos y la CGR

La opinión de….

DANIEL ANGEL DE GRACIA

Si el periodo de la señora contralora general no fuera de cinco años, tendría que afirmar que ella es el inicio de la debacle institucional en la Contraloría General de la República (CGR), en teoría, una institución que debe presumir su independencia política y capacidad del recurso humano para fiscalizar los recursos del Estado.

Después de laborar cinco años en la Dirección de Comunicación de la CGR, me queda compartir la experiencia y revelar cómo se hacía la gestión de los últimos tres contralores de la CGR al servicio de la politiquería presidencial, el amiguismo, la corrupción y los intereses personales.

Por ejemplo, un contralor que le ordenó a una auditora que omitiera el nombre de un director de la Policía Nacional en un informe de auditoría, que reflejó una lesión patrimonial en esa institución por varios cientos de miles de dólares.

Este caso es curioso, primero porque el contralor en cuestión no era o no es político y el director de la Policía que se involucraba en el informe de auditoría no era de su gobierno, sino del anterior.

Pero, para que este contralor hiciera tal cosa, el pedido tuvo que haber llegado de alguien más alto que él: el entonces presidente de la República y también su amigo personal desde la juventud.

Más extraño aún es: ¿Por qué ese presidente de la República pediría tal favor? La respuesta más cercana a semejante favor político es lo que el ex presidente Guillermo Endara (q.e.p.d.) siempre denunció y nadie le creyó: La existencia de un pacto llamado MAMI.

Otro contralor, lo primero que hizo cuando llegó a la CGR fue solicitar un informe de auditoría, que recién se había realizado, a una institución de educación superior y que revelaba una importante lesión patrimonial, en la cual se involucraba nada más y nada menos que a su hermano, el cual había sido el máximo jefe de esa entidad en el periodo auditado.

Ese contralor intentó desmeritar el informe, archivar el informe y evitar enviarlo a la entonces DRP, para que a su vez fuese remitido al Ministerio Público, así también, inició una persecución contra los auditores que hicieron la auditoría y ordenó suspender una siguiente etapa de la misma auditoría.

Finalmente, la llegada de la doña contralora fue histórica y será recordada, junto a su pésimo ‘asesor’, como la responsable del desastre de los Censos Nacionales de mayo pasado,  sin contar que apenas lleva más de medio año de sus cinco años de gestión. Barrió con todos los directores de la CGR, menos el director del Instituto de Estadística y Censo (INEC), Dimas Quiel, porque ya estaba en proceso los Censos Nacionales y para guardar algo de su imagen luego de la andanada de críticas; pero le hizo el trabajo imposible, en buen panameño ‘le hizo la cama’, provocando su renuncia luego de hacerle bastante humillación. Fui testigo (nadie me lo contó), en al menos dos ocasiones y por motivo de mi trabajo en la Dirección de Comunicación, de cómo la señora contralora prácticamente lo insultaba y lo humillaba ante el resto de los directores de la CGR en reuniones de trabajo.

Si después de esta publicación, el señor Quiel desmiente mi afirmación, él tendrá sus razones, pero insistiré, lo vi y lo escuché y no solo yo, era la comidilla entre mis compañeros de oficina que también presenciaron en más de una oportunidad los insultos de la doña contralora hacia el director Quiel.

Lamentablemente, el INEC es solo un nombre decorativo y como institución no existe, puesto que en realidad es una dirección más de la CGR, controlada directamente por el contralor o contralora de la República.

Al ‘hacerle la cama’, la señora contralora mermaba intencionalmente la capacidad administrativa de Quiel, para hacerlo quedar mal y luego reclamarle e insultarlo en las reuniones de directores, provocando los problemas previos y el desastre de algo tan importante para el país como los Censos Nacionales.

Es una lástima que haya sucedido así, la CGR no merece semejante desprestigio de una señora que todavía cree que es una empleada de las empresas del presidente Ricardo Martinelli.

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Este artículo fue publicado el  24 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.