¿Futurismo o patrimonio histórico?

La opinión de…

 

Ana Elena Porras

El desarrollo inmobiliario y urbano de la ciudad de Panamá acecha, con su vorágine de rascacielos, al patrimonio histórico y cultural urbano de los panameños.

En este escenario urbanístico subyace un importante dilema que recuerda a Hamlet: ¿ser o no ser? ¿tradición o modernización? ¿patrimonio histórico o futurismo? La preferencia de nuestras autoridades y empresas inmobiliarias, evidentemente, favorece a una modernización a ultranza, con una proyección futurista de alta densidad y grandes torres.

Pero ¿es, acaso, necesaria la oposición entre modernización y desarrollo contra la preservación de nuestro patrimonio histórico?

El presente artículo adopta el paradigma ecológico del desarrollo sostenible respecto al medioambiente, extrapolado al escenario del desarrollo urbano y el patrimonio histórico. En efecto, el paradigma de la sostenibilidad indica que modernización e historia no son inherentemente excluyentes entre sí. Y que la destrucción de nuestro patrimonio histórico y cultural no es intrínsecamente necesaria para el desarrollo y modernización de nuestra ciudad.

Indica además el paradigma de la sostenibilidad, en el marco del desarrollo respecto a la historia en este caso (de igual manera que del desarrollo con el medioambiente), que la preservación de monumentos y edificios iconográficos construyen la memoria colectiva de nuestra historia y fortalecen la identidad nacional.

Los edificios, como las casas, las calles, los parques y las plazas, son como los documentos escritos o los testimonios orales, en el sentido de que ellos también son históricos. Ellos nos cuentan, con su presencia yestilos, historias sobre nuestros antepasados. Constituyen evidencias del recorrido histórico de los panameños. Como los álbumes de fotografías familiares, sólo que, en este caso, los edificios ofrecen imágenes del pasado de la familia panameña en su conjunto.

En este marco conceptual, la torre financiera propuesta por el actual gobierno responde a un proyecto futurista de Panamá, concebida como una torre iconográfica del futuro económico de Panamá como país del primer mundo. Lamentablemente, tan interesante propuesta choca con la preservación del edificio de la antigua embajada norteamericana y del entorno urbano del hermoso edificio del Hospital Santo Tomás. ¿Por qué no buscarle a la nueva torre un espacio urbano más coherente para su estilo, concepto y función?

El Hospital Santo Tomás, conjuntamente con el Barrio de la Exposición, fue construido durante la tercera administración presidencial de Belisario Porras. Estos edificios fueron construidos como un acto de reafirmación del Estado–nación emergente de la República de Panamá, frente a los desafíos políticos y simbólicos de la construcción de la Zona del Canal, que amenazaban la propia existencia de nuestro Estado. En consecuencia, el edificio del Hospital Santo Tomás representa la dignidad y voluntad de autodeterminación del Estado panameño, durante los años de 1920, como también simboliza su política interna como Estado de bienestar social. Por su parte, la Embajada de Estados Unidos, como monumento histórico y símbolo, cuenta historias de neocolonialismo, prepotencia e intervención de ese país en la República de Panamá.

Estos edificios–símbolos, con sus historias, deben conservarse en la cinta costera convertidos en importantes centros culturales: la Embajada de Estados Unidos podría convertirse en el Museo de Arte Contemporáneo, mientras que el edificio original del Hospital Santo Tomás ofrecería el lugar perfecto para el Museo Antropológico de Panamá, con sus respectivas exhibiciones, bibliotecas, cines de arte y cultura, cafeterías, restaurantes, miradores, dignos de la modernización de Panamá ¡una modernización sostenible y no destructiva de su historia! De esta manera, contribuirían ambos edificios a definir y planificar la cinta costera como un espacio urbano amigable, coherente con el deporte, la recreación, la historia y la cultura; el descanso, la reflexión y los encuentros de los habitantes y visitantes de la ciudad.

<> Artículo publicado el 12  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

El asesor de los asesores

La opinión de…

Hugo Navarro  

En los últimos años el país ha estado en pleno florecimiento, por lo menos en el campo inmobiliario, que se ha elevado por encima de los pronósticos y cálculos proyectados por los expertos.

Esta inesperada situación ha creado un campo fértil para la improvisación de medidas y acciones que requieren más cautela para su ejecución.

Paralelo a ese crecimiento han surgido los asesores sabelotodo, conferencistas y todos lo que aceleradamente se han formado en las múltiples universidades a “tutiplén” con costos elevados que muchos pagan para convertirse en doctores y magisters al por mayor.

Estos expertos han encontrado en Panamá una plataforma de ignorancia promovida desde los años 1960 hasta la fecha que ha permitido ubicar con excelencia en el “país de los ciegos donde los tuertos ven”. Los curriculum vitae son valorados por la cantidad de títulos y no por sus conocimientos y experiencias.

Las campañas publicitarias permean a toda la sociedad y con anuncios engañosos y colores florecentes muy bonitos adornan y respaldan todas las mentiras y falsedades que se quieran presentar.   El consultor de los asesores adquiere prominencia debido a que nuestra estructura administrativa gubernamental es débil y la partidocracia se dedica a la repartición de los puestos.

La mayoría de los jóvenes recién graduados en universidades extranjeras y locales está interesada en formar parte del gobierno, ya que reconoce que es ahí donde puede iniciar su carrera y adquirir la experiencia para su próximo ascenso.

Son pocas las personas que teniendo la oportunidad de ser general antes de haberse iniciado como soldado raso se nieguen a asumir una posición sin haber ganado una batalla.

Recomendamos que el gobierno nuevo utilice a profesionales idóneos y experimentados en las posiciones donde se manejan grandes sumas de dinero y millones de dólares en costosas decisiones que a veces resultan inútiles para el desarrollo del país.

Estamos cansados de contribuir con nuestro esfuerzo y trabajo con muchas personas que si resultan excelentes en el entrenamiento que les brinda el gobierno, se van para el exterior en busca de mejores posiciones y salarios y, nuevamente, los contribuyentes tienen que cargar con los que se quedan, porque no pueden realizar las tareas que tienen bajo su responsabilidad.

Si tienes un padrino de alta posición política estás en el camino de los asesores, otros pueden surgir con base en su habilidad de conquistar por medio de su participación en campañas electoreras y estar cerca del ganador.   La formación del asesor es reafirmada por el paradigma: “Lo importante es mantenerse dentro de la estructura gubernamental no importa el partido y sus ideologías, lo importante es que te mantengas cerca de los que manipulan y mantienen el poder a toda costa”.

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Este artículo se publicó el 18 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Estulticia autodestructiva. Que luego no lloren

La opinión de…

MÓNICA MIGUEL FRANCO

YA CASI NO QUEDA MAR. Esta ciudad que desde su primera fundación se tendió gozosa al lado del Mar del Sur, ya casi no muestra el mar. El mar, ese mar espléndido en su inmensidad, que antes se veía desde casi cualquier lugar ( hay fotografías que lo demuestran, por lo menos nos queda eso) hoy está escondido detrás de monstruosos dedos de gigante. Esta ciudad, que durante años creció extensa a lo ancho pero no a lo alto, se ha convertido en otra selva, en una jungla donde los árboles están siendo sustituidos por extraños adminículos de hormigón y cristal, modernas colmenas donde los hombres quedan colgados de las alturas, asfixiados por otros mastodontes que crecen en cada esquina, en espacios inimaginables, en lugares extraños a escasos palmos de las ventanas del monstruo hermano. Mamotretos feos donde los haya, hormigueros inmisericordes donde se hacinan las hordas de ingenuos que creen que la belleza se mide por el color del cristal con el que se cubre su edificio.

Vemos edificios venerables caer bajo el mazo en aras del cacareado progreso, casa hermosas se derrumban, barrios enteros se han perdido, y entre adefesio y adefesio, a veces encuentras el tesoro de una casita que aún conserva el encanto, de verja, jardín y veranera, pero cuando apenas llega la sonrisa a tus labios te encuentras con el terrible cartel de ‘se vende’ colgado. Otro bocado más en las fauces del progreso, deben estar felices los snobs que aman caminar entre moles de cristal y acero, teniendo que doblar la cabeza en pose de niña de ‘El exorcista’ para poder mirar hacia el cielo. Así nos va, con el desarrollo grúa en popa a toda vela, sin planificación, ni inteligente ni de la otra, con alcantarillas que no serían suficientes ni en El Cairo; con edificios que se toman las aceras, que creen cubrir las necesidades de áreas verdes poniendo tres palmeras raquíticas al lado de la piscina panorámica con maravillosa vista hacia el área social del otro edificio. Avisperos llenos de gente que paga millonadas por apartamentos diminutos, con áreas sociales para quinientas personas que nunca usan, con piscinas a las que nunca bajan, con gimnasios que nunca estrenan, con plazas de garaje a las que no pueden llegar porque las rampas son tan estrechas que los carros no pueden doblar en las curvas.

Vivimos, y sufrimos, un desarrollo enloquecido que está terminando con lo auténtico, edificios históricos que se desvirtúan para poner un piso más, edificios nobles que se dejan derrumbar por codicia, ignorancia o estupidez (y a veces por todas las anteriores). Pero llega un día en el que la ciudad se inunda, y nadie sabe como ha sido, caen cuatro gotas, (u ocho, que vivimos en un país tropical y aquí la naturaleza no escatima agua) y todo colapsa. El agua no sabe para donde coger y recupera sus caminos ancestrales, quebradas secas que fueron cubiertas de hormigón, el agua recorre el camino que hizo siglos atrás y no le importa si ese camino es un lobby de lujo. El mar, que es rencoroso y antes o después recuperará lo que es suyo, de vez en cuando da pequeños mordiscos, llevándose áreas sociales con piscinas en las que ahora se bañan peces en el fondo de la bahía y amarraderos de yates de lujo que ahora amarran corales y cangrejos entre la caca que le desovamos al mar.

Un país tan arrogante que no conoce su propia naturaleza acuática, que no sabe de la fuerza del agua, de las tormentas y de los aguajes, un país tan soberbio que desperdicia su historia por unos metros cuadrados más de construcción, un país tan descerebrado que no sabe apreciar la belleza que tiene y trata de substituirla por acero y cristal, se merece el bofetón que llegará antes o después. Luego, cuando lo hayamos perdido todo, llorémosle a Papá Estado, y reclamemos a todos, arquitectos, ingenieros municipales y a todos los abajo firmantes en los planos y los permisos de construcción. A ver si ellos no se han ahogado y os responden.

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Artículo publicado el 6 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Defectos y proyectos imaginarios

La opinión de…..

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Franklin Delgado

La proliferación en Panamá de los proyectos de construcción ha sido un hecho sorprendente para propios y extraños. Consecuentemente, en este lustro nacieron un sinfín de promotores, los cuales no son necesariamente los constructores, sino más bien inversionistas del ramo inmobiliario. Así las cosas, la avalancha de permisos de construcción y de ocupación no se hizo esperar y las autoridades gubernamentales y municipales tuvieron la gran responsabilidad de evacuar, analizar y aprobar miles de proyectos. Lo anterior, sin tener el personal y los medios para supervisar los miles de proyectos existentes.

Hoy día están saliendo las brujas, los duendes y demás seres de ultratumba, los defectos de construcción y los incumplimientos en proyectos de algunos promotores desleales y sin escrúpulos. Y en esto, aclaro que son algunos, pues afortunadamente todavía están los que mantienen la ética y los valores en sus negociaciones y acuerdos.

Antes era admisible que las construcciones tuviesen pequeñas correcciones, como una puerta de madera con los tornillos desgastados, que los promotores de trayectoria, resolvían al llamado casi de inmediato. Pero ahora, tenemos desde apartamentos con filtraciones inimaginables hasta otros que ni siquiera empiezan y mucho menos terminan en las fechas pactadas. El escenario se torna más lúgubre y la frustración envuelve a los compradores, cuando dirigen sus quejas y reclamaciones a las autoridades de justicia, por el tiempo que toman y los pantanos legales que pueden afectar el proceso.

En la práctica, los promotores suelen ser diferentes a los constructores, por lo que la responsabilidad es una verdadera papa caliente, que no parece terminar nunca. Estas pesadillas pueden tocarle a nacionales y extranjeros sin importar sexo, raza, credo o conexiones, simplemente sucede. Mientras los apartamentos se caen a pedazos, parece que el problema es sólo del propietario, pues nadie parece entender la gravedad del asunto.

Al observar esta situación, algunos buenos constructores señalan que ciertos promotores de la generación del boom inmobiliario muchas veces sobreponen la rentabilidad del proyecto a la calidad y hasta la seguridad del mismo. En este mismo sentido, las autoridades no cuentan con la capacidad necesaria para fiscalizarlos a todos y ahí sobrevienen los abusos al sistema.

Aunado a esto, tenemos el otro fenómeno de los proyectos de playa desinflados, los cuales simplemente no van y lo peor es que mantienen a los compradores, mareados por no decir engañados, con futuros inversionistas o financiamiento que nunca llega. Cuando los incautos compradores empiezan gestiones para solicitar el incumplimiento de contratos, los promotores se encuentran blindados con cuanta herramienta legal existe en el planeta.

Frente a todos estos elementos, tenemos que cobra suma importancia no sólo conocer a los constructores de un proyecto sino también tener certeza sobre el grupo que está detrás del proyecto, pues estos serán los que, en resumidas cuentas, tendrán el control sobre la ejecución, desarrollo, finalización y garantía del mismo. De ahí que la experiencia, el buen nombre, fortaleza económica y honorabilidad son requisitos indispensables para una buena selección.

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Este artículo se publicó el 20 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde quedó nuestro paraíso ?

La opinión de…..

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Pauline Jácome De la G.

Crecí en el barrio de Bella Vista y viví ahí hasta el día que el destino me llevó a tener mi propia familia. Cuatro generaciones de mi familia vivieron y crecieron en este barrio, las anécdotas que tenemos son interminables. Recuerdo cómo mi padre, en el balcón de nuestro apartamento en la Justo Arosemena y Calle 45 (ahora Calle 44), nos contaba las aventuras que tuvo con sus amigos cuando pequeños. Echemos para atrás, me contaba de los paseos con el cochero de mi bisabuela, Mi Tina.

¿Cochero, eso cómo se come?, dirán los jóvenes de ahora. Cuando se iban al parque Urracá por la Calle 46 a esperar que pasara el tranvía; ¿tranvía, dirán los jóvenes de hoy en día, y eso qué es? O cuando mi mamá y sus hermanas, que vivían frente al parque Urracá en el edificio Hispania, en la misma Calle 45, paseaban frente a la casa de mi abuela Clelia, y ella decía: “cómo me gustaría que uno de mis hijos se casara con una de esas muchachitas”. O cuando tiraban el ganado en la playa y salía la chiquillería corriendo por las hermosas arboledas de Bella Vista, esas calles altas que se vislumbraban desde el parque Urracá, como un recordatorio de lo que debe ser el Edén.

Claro, el Edén tropical que todos nos imaginamos, con sus amplias aceras y sus palmas altas frondosas, los árboles que daban sombra a las grandes casonas de dos altos con hermosos ventanales por donde se respiraba aire sano, aire puro. Donde los chiquillos que allí vivimos crecimos robustos, fuertes, llenos de dignidad, paz y amor por la naturaleza. Donde jugábamos “la tiene” en esas hermosas calles, o nos trepábamos en las ramas de los frondosos árboles para jugar a las escondidas. Esto era el barrio de Bella Vista con sus incansables historias hermosas.

¿Ahora, qué tenemos, qué quedó del hermoso paisaje que teníamos desde la Avenida Balboa? Una enorme pared de concreto por donde no pasa el sol, porque se ha asustado, luego de lo que el hombre ha hecho con su ciudad. Donde personas sin visión urbana se han dado a la tarea de llenar de concreto nuestra vida, nuestra ciudad, nuestro país, nuestro mundo. ¿Dónde está el desarrollo urbanístico?

Las autoridades, que han dado los permisos de construcción durante todos estos años, no se percatan de que no han dejado ningún espacio pequeño para respirar, ¡nos estamos asfixiando! ¿Para qué? Para tener más personas viviendo en cajetas de cemento, una encima de otras,   ¿es esto calidad de vida?

Nos estamos desensibilizando, nos estamos deshumanizando, estamos retrocediendo en el tiempo. Lo que está de moda, hoy por hoy, es cuidar lo que siempre tuvimos: verdor, aire puro, vecinos y chiquillos corriendo por nuestras aceras.

¿Es que queremos ser modernos, queremos parecernos a las grandes ciudades; Nueva York, quizás? Sí, pero ellos tienen un Central Park y tienen aceras por donde caminar. Miren las construcciones en la cinta costera, son un alto riesgo para todos los que transitamos a diario, ¿o no? ¡Hemos destruido nuestro paraíso!

Cuidado y a alguien se le ocurre pedirle a las autoridades que le vendan el parque Urracá para construir un centro comercial. “Dios mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, esta fue la frase de Jesucristo antes de morir en la cruz. Es que ya no les pido ni que recapaciten, el daño está hecho.

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Este artículo se publicó el  21  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Condominio o propiedad horizontal?

La opinión de…..

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JAIME CORREA MORALES

El Ministerio de Vivienda y Ordenación Territorial (MIVIOT) tiene un anteproyecto para revisar la Ley de Condominios (o P.H., o de Unidades Inmobiliarias o de Unidades Departamentales o Copropiedad Inmobiliaria) y al respecto me place hacer el siguiente aporte tratando también de evitar que tantas denominaciones confundan.

La Ley vigente, 39 de 2002, que se quiere y se debe modificar, ni siquiera contiene una definición de lo que se trata y si bien el anteproyecto en consideración sí la trae, en mi opinión, no es la más apropiada.

La comprensión de cualquier tema es tanto más fácil cuanto más explicita sea su exposición y, por tanto, la misma facilitaría el resto del desarrollo de la Ley. Y es la siguiente: “Créase la institución de El Condominio, mediante la cual se permite que uno o más edificios puedan ser divididos o segregados en dos o más Unidades Departamentales (U.D.) independientes unas de las otras para que puedan tener diferentes dueños, aunque conectadas entre sí por áreas de uso común que serán de propiedad colectiva de todos los propietarios de U.D., las cuales también les proveerán acceso a vías públicas.

Todas estas U.D. tendrán los mismos derechos reales que aquellos que ostentan las fincas ordinarias, excepto por las limitaciones o gravámenes que se establecen mediante esta ley y en el correspondiente Reglamento de Condominio.

Tales U. D. pueden ser: residenciales, comerciales, de oficinas, industriales o de otra naturaleza”. La Ley 39 de 2002 sustituyó la denominación Condominio, por la de Propiedad Horizontal, porque, se adujo, era un anglicismo, pero no lo es. El Diccionario de la Real Academia Española la define como: “Dominio de una cosa en común por dos o más personas” y si bien el término no tiene una acepción exclusiva para este tema, definitivamente sí se trata de una forma de condominio y por ello no veo por qué debió ser condenado; sobre todo porque es más corto y de uso más común entre los panameños.

Recordemos, además, que en el país tenemos muchos extranjeros residentes y otros posibles futuros compradores de propiedades y esa palabra les es mucho más familiar.

Por otra parte el de Propiedad Horizontal no es fiel definitorio de lo que se busca pues el anteproyecto de ley hasta habla de “los edificios de Propiedad Horizontal Verticales” lo cual es una verdadera paradoja. No habría que hacer este tipo de aclaración si habláramos de Condominio, el cual puede muy bien ser vertical, horizontal y hasta diagonal si se quiere.

También se sustituyó la denominación de copropietario por la de propietario, a secas, otro cambio innecesario pues los propietarios de U.D. de un condominio son, inevitablemente, copropietarios de las áreas comunes o sea de la Finca Madre del mismo.

El anteproyecto pretende nuevamente, cambiar la denominación de U. D., esta vez por la de Unidades Inmobiliarias. Otro error porque Unidad Inmobiliaria puede ser, y es, cualquier Finca o Predio o Edificación y se presta para confusión. Unidad Departamental se acerca mucho más al objetivo perseguido pues no tiene ninguna otra acepción en el diccionario. La Real Academia define Apartamentos o Departamentos, como: “Cada una de las partes en que se divide un territorio, un edificio….etc….”. Respecto, las U.D. pueden ser, como ya dijimos: residenciales, comerciales, o de otra naturaleza.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Kitsch arquitectónico panameño

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…..

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MARIELA SAGEL

Muchas personas que vieron la película Chance alegaban que se trataba de una burla a la clase alta panameña, a los “rabiblancos” (y de hecho, sé de casos en los que algunos se sintieron seriamente ofendidos).   A mi entender, y sin ser ni pretender ser crítica de cine, no se burlaban de la clase alta sino a los “wanna be”, esa gente que aparenta ser más de lo que tiene y vive del cuento y de las apariencias.

Todas esas doñitas que no hacen nada todo el día, aparte de tomar café en el Deli e ir a misa y hablar mal de todo el mundo, o los sufridos maridos que hipotecan hasta el trasero para alcanzar un puesto que les permita pregonar que ahora sí le toca al pueblo. Y por supuesto, el mal trato que le dispensan a la servidumbre.

Pero ya muchos se encargaron, con buen juicio y tino, de hacer críticas valederas a la cinta que ha sido un éxito local y entiendo que también en los países vecinos.

En esa película mostraban una tendencia —en gustos y estilo de vida— que, aparejado al crecimiento inmobiliario y el boom de la construcción, se ha ido imponiendo, y de allí se ha derivado hacia el mal gusto que hasta los avisos luminosos ostentan. La palabra kitsch se originó en Alemania entre los años 1860 y 1870 e intenta definir el arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente.

Es en realidad un término alemán yidis y se usa, en su sentido más libre, para referirse a cualquier arte que es pretensioso, pasado de moda o de muy mal gusto. Y aclaro que al decir alemán yidis me refiero al idioma judeoalemán medio que se entiende como yiddish y se habla en las comunidades judías del centro de Europa ( ashkenazis ) que tiene raíces alemanas pero también fuerte influencia de lenguas eslavas, del arameo y del hebreo.

El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich  que pensaba, como muchos nuevos ricos, que podían alcanzar el status que envidiaban a la clase tradicional de las élites copiando las características más evidentes de sus hábitos culturales. Y generalmente esas copias eran malas y de pésimo gusto. Como lo son muchos edificios nuestros, que han adoptado estilos, materiales y hasta colores que no solamente hacen más caliente el entorno urbano sino que demandan más energía para enfriarlo, materiales que no se producen localmente y encima, desestiman totalmente la integración de la exuberante naturaleza tropical de la que debieran sacar partido.

El tema daría para un congreso de arquitectos donde tendríamos que poner a muchos en el banquillo de los acusados y otros a explicar lo importante que son los balcones y la ventilación cruzada en un país como el nuestro.

Sin embargo, en mi artículo de la semana pasada, señalé que en la manzana de Obarrio, sobre la calle 50, donde se talaron unos 180 árboles, se levantaría un hotel llamado Las Américas The Golden Tower, una torre dorada según pude ver en la presentación.   Tengo que hacer la corrección que en ese lote el hotel que se va a construir es un Ritz Carlton —que no sé si es mejor o peor que la torre dorada— y también un edificio de oficinas, ya que uno de sus promotores se tomó el tiempo de explicarme el proyecto, los cientos de miles de dólares que pagó por los árboles que taló y la reposición que hará la ANAM de los mismos y que la dichosa torre dorada se construiría en el lote al lado de los Consultorios Médicos Paitilla, donde hay ahora un montón de vallas y siempre estuvo el popular restaurante Wendy”s.

Aclarado el punto, sigo insistiendo que hasta la fachada del Hospital del Niño, hecho con donaciones de la teletón, es un adefesio de mal gusto de remembranzas del estilo corintio que ofende y que si seguimos así, copiando lo que en otros lugares se hace, seguiremos llenando la ciudad de edificios y casas pretensiosas, de mal gusto y que seguirán quitándole personalidad a nuestra ciudad.


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Este artículo se publicó el 4 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.