En busca de una cultura ‘cool’

La opinión del Médico y miembro del Club Rotario…

CARLOS   VÁSQUEZ

La sociedad contemporánea está sujeta a interpretaciones individuales. Es una cultura que muestra muchas opciones, donde no existen las reglas. Buscan dejar de lado lo normal, aunque sea sólo por una noche, los incitan a reinventar la vida, a innovar, y crear brevemente los momentos, que lo viven solo un instante, lleno de utopía y negación de sí misma. La música la hacen para que se escuche solo a todo volumen, es más, muchos dicen que es hecha para que se sienta, se experimenten sensaciones nuevas, se perciba esa ‘vibración’, que invade y sacude todo el cuerpo. Lo que importa es que todos los presentes sigan el movimiento, lo vivan intensamente. Los bailes de ahora quieren expresar intensidad ‘pura’, pero con una sobrecarga auditiva y visual de luces cambiantes, que puedan excitar y contorsionar a cientos de jóvenes hasta el agotamiento.

Esta cultura ‘cool’, crea un ambiente donde los jóvenes se pueden desinhibir para dar rienda suelta a los sentidos, dejen de ser ellos mismos y puedan entrar en esa ‘onda’ distinta, que les produce letargo y momentos fascinantes. Esta actitud en la juventud muestra una inmensa soledad; tratan de encontrar ‘la compañía’ que no tienen en su casa, desean escapar de la vida alienante y frustrante de cada día. Lamentablemente no son conscientes de la castración mental y la negación de sí mismo a que se ven expuestos.  Se sumergen en un mundo ficticio, donde creen no se sufre si no se goza, compensando con ello la falta de amor, la carencia de caricias maternales y del apoyo de un padre responsable. Las nuevas generaciones viven diferente, experimentan mucha soledad, inseguridad, su vida no tiene sentido, necesitan ‘estos escapes’, embotarse en ensueños, ruido y drogas.

Padres, por favor, dejen de ser ciegos y sordos, ¡despierten! Los hijos los necesitan. Pongan un alto a la competencia por el dinero. Miren lo que hacen sus hijos, interésense por sus amistades, los lugares que frecuentan, sus gustos, aficiones y sus intereses.   Escúchenles, aconséjenles, pongan límites, (créanme que los necesitan), establezcan horarios, enséñenles a seleccionar amistades, diversiones, edúquenlos para que sean responsables de sus actos y que reflexionen; pasen más tiempo junto a ellos.

Es prioritario darle un giro al estilo de vida en el que están inmersos nuestros jóvenes. Si queremos una sociedad más justa y equitativa, debemos trabajarla, pero unidos a ellos, a su sed de justicia, confiando en sus deseos de superar los vicios y lacras que como adultos exigimos e imponemos. Pongamos todos las bardas en remojo, aprendamos de Egipto; ellos se están manifestando por un ‘basta ya’, no por extremismos religiosos o políticas utópicas, dándoles las herramientas para que encuentren el camino de la verdadera libertad.

El futuro de Panamá será promisorio si los animamos a que busquen la excelencia del conocimiento,  del trabajo.

 

Este artículo se publicó el 17 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Jóvenes amados, rebeldes y desamparados

La opinión del Asesor Nacional del Programa de Seguridad Integral (PROSI)…

JOSÉ. MAGÁN V
magnewsenterprise@hotmail.com

Nunca podré compartir que una persona, porque vive en barrios populares, tenga que ser cochina, fracasada académicamente y delincuente.   Nadie nació con una etiqueta pegada al cuerpo que diga este será esto o aquello. Como especialista en conductas humanas, he tenido que discutir esto hasta la saciedad y lograr sacar, gracias a Dios, a muchos jóvenes de esta gran mentira que se les ha inculcado.

Los estudios realizados a través de consultorías y de experiencias, por más de 17 años, y del vasto estudio bíblico, me han enseñado que cuando nuestros jóvenes en su niñez y adolescencia son amados por sus padres y familiares, pese a recibir algunas disciplinas por sus padres, las cuales les dolieron en gran manera, hoy son jóvenes de bien y con un futuro próspero. Uno de estos tantos soy yo y usted que lee este escrito.

Hoy podemos observar más que nunca un gran por ciento de nuestros jóvenes en rebeldía, al más del 90%, los cuales viven un desenfreno y a causa de su rebeldía viven mal y no logran levantarse del abismo en que están. Entre las tantas cosas que les están pasando es por no obedecer a sus padres y menos honrarlos como manda la palabra de Dios.

También podemos encontrar a muchos jóvenes resentidos en gran manera con la sociedad, por la mala vida que le dieron sus padres, familiares y algunos conocidos.   Personas que les decían que ellos o ellas no servían para nada, que son cabezones, buenos para nada, ‘vas a ser una prostituta… una cualquiera… un maleante’, o algo similar o peor.   Jóvenes que no saben qué es sentir amor fraternal, que solo han escuchado de la palabra amor, pero que nunca lo han sentido y vivido en su vida. Jóvenes que hoy no es fácil tratarlos y no muchas personas les comprenderán.

Pero no podemos dejar de comprender todos los profesionales con verdadera vocación de servicio, que debemos cumplir como manda Dios y realizar el trabajo de educación, liberación y transformación para el cual fuimos formados para servirle a la nación y dejar un buen legado.

Este artículo se publicó el  7  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Educación sin escuela

La opinión de…

 

Bertilda Herrera Anria

Ivan Illich, pensador austriaco y crítico ferviente de las instituciones educativas y sus características, proponía la creación de un sistema alternativo en la que el aprendizaje no se encontrara enmarcado en la escuela. Según Illich, el actual sistema educativo se ha convertido en un sistema burocrático, jerárquico y manipulador. Los estudiantes están sujetos a planes de estudio extensos y repetitivos, las informaciones son dadas de forma rápida y superficial, por lo que los maestros, ya acostumbrados a esta rutina, no tienen la posibilidad de profundizar en uno u otro tema, que más le interesa a los estudiantes, ni son capaces de satisfacer las necesidades específicas de cada estudiante.

La escuela definitivamente se convierte en un lugar de desigualdad y conflicto, ya que algunos se adaptan mejor que otros. Lo curioso es que, a pesar de que la tesis de Illich es considerada radical y poco realista, muchas de estas ideas se encuentran hoy en día parcialmente concretizadas, por lo que hay que considerar en este autor su carácter visionario.

En muchos lugares, especialmente en países adelantados culturalmente el homeschooling es previsto por ley. El método consiste en educar a los hijos dentro de casa, ofreciéndoles un ambiente de aprendizaje diferente al de las escuelas existentes.

Las razones para la adopción de este sistema de aprendizaje son variadas, entre las que se mencionan la insatisfacción de los padres con respecto a las escuelas, el temor con relación a su entorno, interno y externo y el miedo por la integridad física de los niños. Esto es comprensible en ambientes donde hay altos niveles de violencia, como en Brasil. Actualmente, este sistema no es permitido en esta nación, ya que su instauración requeriría una reforma constitucional. Por lo que es considerado una violación al derecho a la educación de los niños. Los padres que incurran en esta falta son procesados y responsabilizados judicialmente. Padres brasileños que defienden el polémico sistema insisten en que hay situaciones en las que los niños y adolescentes son víctimas de acoso escolar. Ir a la escuela es un sufrimiento diario, insisten.

Homeschool es una versión individual del sueño de Illich. La diferencia es que en lugar del conocimiento producido por las principales instituciones, los padres o un tutor ocuparían su lugar. Un requisito previo esencial es que los padres y tutores sean educativamente competentes. Una persona sin instrucción escolar jamás podría optar por este tipo de enseñanza. Además, la misma está sujeta a un control estatal, pues los padres deben enviar informes periódicos sobre el rendimiento de sus hijos así sea dentro de casa, junto con el plan de estudio que estos siguen.

Hoy en día en Estados Unidos más de dos millones de niños reciben educación en la casa. Cada vez más, las instituciones de educación superior tienen como objetivo los estudiantes formados por sus propios padres. A menudo estos niños han superado a los de la misma edad que estudian en las escuelas ordinarias.

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Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El camino de la vida

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La opinión del Escritor y Analista Político…

Rafael Montes Gómez 

Como acostumbro a postear en Facebook para mis lectores, mucha gente participa y yo me nutro de esa pléyade de profesionales que contribuyen a mi entorno. Hay una gran tragedia que ha sucedido a nuestra niñez, difícilmente veras esto escrito en un diario de la localidad, en un momento que todo es vender morbo. Les presento a Lourdes Ortega, quien con maestría impecable respondiendo a mi ensayo, describe con tino el origen del problema: 

“Lo triste siguen siendo los padres. ¿No ven cómo a un papá cuando lo entrevistaron en la tv dijo textualmente que su hijo “no era un delincuente” y que “solamente estaba preso por posesión de un arma”?    ¿Será que es la nueva moda de que todos los adolescentes anden ahora armados?  ¿O será que son pistolitas de agua y que se la pasan jugando a los culecos de carnaval en forma inocente durante todo el año?

No sé, pero pienso que también los padres deben ser castigados; porque la responsabilidad de criar a un hijo no se la podemos dejar sólo al Estado o a la sociedad (o a los maestros) Quisiera que alguien me dijera, ¿qué hacen estos padres o madres cuando un hijo le llega con zapatillas de marca de sesenta dólares o la última Black Berry, y no trabaja? Nada!

Y menos, si el hijo le da su “salpique”; porque lamentablemente, muchos de estos mal llamados padres de familia, son también unos delincuentes, o son unos cómplices sinvergüenzas que después andan de hipócritas llorando cuando les matan a los hijos o los encierran.

Y es que desde que eran chiquitos se hacían de la vista gorda cuando el hijito adorado le llegaba de la escuela con un sacapuntas o un lápiz de color que el menta’o papá o mamá no le había comprado.

¡Ayyy de que se viera y aceptara ese tipo de comportamiento en la época de nuestros padres y abuelos! Porque en esa época había un señor que se llamaba “Martín Moreno, el que saca lo malo y pone lo bueno”. Y es que muy pocos se atrevían hacer más de cuatro cosas, porque si te descubrían tus padres que “andabas en lo que no debías”, allí mismo te daban tu “chicotazo” o tu “revencazo”, y además, tenías que pasar la pena de que te acompañaban a devolverle al “amiguito o amiguita” lo que le habías tomado “prestado”.

Y después de eso, la vida continuaba, eso sí, con la lección bien aprendida, y nadie se “traumaba” por ello. Porque en la época de nuestros padres y abuelos, por más pobres que la gente fuera, por más “madres solteras” que hubieran, y con mucho menos oportunidades de las que tienen los niños y jóvenes de hoy en día, la gente se sentía orgullosa de sus creencias y valores como la honradez, el respeto, la responsabilidad, la laboriosidad, y la decencia entre otros.

La respuesta es simple: la base moral está en la familia; los valores se aprenden y practican en el seno familiar, y es lo que le va a servir al individuo para dilucidar lo bueno de lo malo; porque hoy, al igual que ayer, las tentaciones siempre van a existir a lo largo de ese camino que se llama vida”.

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<>Artículo publicado el 25  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Sociedad, víctimas y victimarios

La opinión del Comunicador Social…

 

ERNESTO  A.  HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Cuando se dan hechos que atentan contra la colectividad y el bienestar común, en el ejercicio por definir responsabilidades o culpas, muchas personas lo tratan a la ligera.   Hay quienes hacen un esfuerzo maduro – frío, no emocional – por realizar un análisis detallado y puntual sobre el tema. Pero, desafortunadamente, están los que ven la oportunidad de aprovechamiento personal, político y muchas veces económico que nubla las posibilidades concretas para que la sociedad busque correctivos a largo plazo.

El sábado 8 de enero, afuera de un supermercado en Tucson, Arizona (Estados Unidos) la congresista demócrata Gabriel Giffords patrocinaba un evento al aire libre llamado ‘Congress on your coner’ (El congreso en tu esquina).    No repartía bolsas de comida ni pasaba ‘salves’ para ‘poner la paila’ o para comprar un tanque de gas.   Allí recibía a sus contribuyentes o atendía a todo aquel que deseaba tener unos minutos con ella para conversar sobre asuntos de la comunidad.

La senadora fue herida con un arma de fuego en la cabeza por el aparente desquiciado Jared Loughner; con evidentes muestras de una errática conducta personal, marcada por las influencias del entorno socio-político en que se desenvuelve. Otras seis personas en el área del evento murieron; entre ellos, una niña de nueve años y otros trece resultaron heridos. Veinte personas en total. Este violento atentado, en lo que debió ser una tranquila mañana de enero, parece encaminado a ser un acontecimiento que puede incidir significativamente en la retórica política de la sociedad estadounidense; que parece haber recrudecido desde que Barack Obama fue electo presidente de ese país.

El domingo 9 de enero, una reyerta provocada por un grupo de jóvenes detenidos en el Centro de Cumplimiento de Menores en Panamá dejó seis quemados (de los cuales, a la hora de preparar esta entrega, han muerto dos) y siete heridos, en un hecho en donde la inmediatez de las trasmisiones televisivas han permitido presenciar la presunta participación negligente de varios representantes de las entidades de custodia que deberían tener la seguridad y protección de estos menores como su responsabilidad primordial.

Un agente de la policía, que ha trabajado con menores infractores, me cuenta de los directos y constantes abusos que enfrenta en estos centros de parte de los que allí son recluidos. Tanto verbales como físicos en algunos casos. Esto lo menciono porque hay que tener en cuenta el contexto general de todas las situaciones y recordar, por más difícil que sea, de quiénes estamos hablando. Estos muchachos son peligrosos, muy peligrosos. Pero, esto no es excusa de ninguna manera. La primera reacción ante la amenaza a la vida humana es, y debe ser, la de preservarla a como de lugar.

Las imágenes captadas durante el incendio en el Centro muestran la degradación de la conducta humana, no hay otra manera de ponerlo. Frente a las súplicas desgarradoras porque los dejaran salir del área en peligro, las evidencias visuales y de audio presentadas en los medios son sencillamente inhumanas.

Me llama la atención que en el recuento de las circunstancias, se enfocó mucho en el hecho de cuánto tiempo le faltaba a tal o a cual menor por cumplir con su reclusión: 10, 15 ó 40 días. Nadie, particularmente padres y abogados, hasta donde he podido seguir el tema, ha hablado de procesos de resocialización o de seguimiento social para velar porque aquellos recluidos no regresen dentro de unos meses.

Para algunos y, aparentemente para las familias, cumplir con el tiempo de censura mediante el aislamiento en centros como estos es suficiente.   Y lo que ha venido sucediendo desde aquel fatídico acontecimiento es que los que oficialmente deben velar por la responsabilidad de proteger a estos jóvenes (y a la sociedad mediante su resocialización) han venido preparando su defensa: pasándose la culpa y refugiándose en los entramados legales del sistema judicial.

Lo que sucedió en Tucson, aquella mañana del 8 de enero pasado, es el resultado de un atentado contra la sociedad, no del desquiciado con su arma que redefinió la vida de tantas personas, sino de un sistema que permite, y da pie a, que legalmente, cualquiera tenga la oportunidad de adquirir armas letales, por encima de las preocupaciones de instituciones sobre su estado y capacidad mental para convivir pacíficamente en sociedad (ya había advertencias sobre Loughner).

Y lo que repercute en Panamá sobre el caso del Centro de Menores, es igualmente un insensato atentado contra la posibilidad de que le demos otra mirada a la conducta delictiva y peligrosa de estos jóvenes; la responsabilidad de sus padres y del Estado en su resocialización y a atender la indiferencia que mostramos por el bienestar y la recuperación de sus víctimas que no aparecen en la discusión actual.

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La educación y los medios de comunicación

 

La opinión de…

 

Azucena Filló Haro

Me gusta preguntar para poder comprender el mundo en el que vivo y para intercambiar ideas con los lectores, algunas veces de acuerdo con lo que expreso y otras –probablemente las más– en desacuerdo con lo que pienso y digo.

La democracia se construye a través de la libre expresión de nuestro pensar y accionar en sociedad y una de las cosas importantes es preguntarnos ¿qué es informar?, una de las tareas del periodismo. Sin embargo, esos medios cuyo papel es de gran importancia en el desarrollo de la educación de nuestra sociedad, están expuestos a la manipulación de todo genero; desde los intereses particulares y políticos hasta el hacer daño a terceros. Se usa para avanzar en la captura del poder, porque más poder político representa más opciones en el mundo de los negocios. También se usa para lograr un cargo político y lo más avieso, el uso del poder para hundir a otros.

Panamá, en materia de periodismo y desarrollo social, va a la zaga, no porque el panameño esté desprovisto de inteligencia, muy por el contrario, es porque prima ese interés personal que aún nos caracteriza como pueblo, más cerca de los primates que como pueblo que aspira a ocupar su sitio entre los países más avanzados.

Duele decirlo, es cierto, sobre todo porque el panameño, ese que lleva la carga pesada y los sueños fallidos por la traición de cuanto político y aspirante a político existe, se siente impotente frente a la telaraña del poder que derrota sus ideales de lucha. Los políticos miran a Panamá y su gente como parte de un botín a lograr. En ellos pareciera primar ese interés egoísta y aberrante que es incapaz de ver más allá de sus narices y mentes obnubiladas por la codicia.

En cuanto a los medios televisivos, triste es el papel que hacen, adormeciendo la conciencia del panameño. Hay muy pocos programas verdaderamente objetivos e investigativos que eleven la cultura, en particular, en los canales más cotizados. Hay novelas para todo los gustos, desde melodramas insulsos hasta las más descabelladas, llenas de antivalores, porque en la psicología de masas lo que prima es lo instintivo, no hacer pensar a la gente (práctica peligrosa para algunos porque mientras más ignorante es un pueblo, mejor control se tiene de este). Somos, al fin y al cabo, un país más interesado en el rating que en educar a nuestra población.

La pregunta que los padres de familia y educadores deben hacerse es ¿qué estamos enseñando en los medios de comunicación y cuál es nuestra responsabilidad como padres de familia y educadores?

 

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Este artículo se publicó el 4  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Los hijos, derechos y deberes

La opinión de…

Marisín Villalaz de Arias

Hace unos días escribí sobre la familia en un programa del Club Rotario de Panamá y ahora escribo éste a nombre personal porque es hora de ordenar nuestros hogares y formar mejores hijos para que sean el futuro de la patria y la prolongación de nosotros.

Hablamos de los niños y de sus derechos; hemos hecho leyes que los protegen a tal extremo que les ponen un número telefónico en la TV donde ellos pueden llamar si consideran que sus padres los maltratan y se llevan a los viejos presos. Siento disentir con este comportamiento de ciertos adultos que han creído en esas leyes que son reflejo de complejos y estupideces queriendo sobresalir en algo para ser alguien.

No saben el daño que hacen a los niños porque todos necesitan el freno de los padres y, sobre todo del padre que millones de veces no existe en los hogares por irresponsabilidad de los mismos. Me pregunto dónde dice la ley sobre los deberes de los niños porque quien tiene derechos tiene deberes que cumplir y uno de los principales es: respetar a padre y madre, a los maestros, a los mayores y a todo aquel que ponga orden en la vida de esos niños.

Hay un dicho: el que no tiene padre en su casa lo encuentra en la calle y eso es lo que siento cuando le llamo la atención a niños malcriados que encuentro por allí y las madres no les dicen nada. Es hora de que permitamos a los padres conscientes poner autoridad en sus hijos y criarlos con la noción de respeto y demás valores que existen porque a esa edad es cuando se absorbe todo.

No continuemos desautorizando a los padres y estos que aprendan sus responsabilidades para con sus hijos, no solo monetaria sino moral y de autoridad. Son muchos los hombres panameños que forman hogares completos; pero otros actúan fuera de contexto y no quieren saber de esos niños que engendraron. El MIDES debe educar a la gente y permitir que se formen más hogares completos con la presencia de los padres. Si es cierto que falta el padre y que las madres panameñas son excepcionales, también las hay que no les importa con los hijos, ya sea por ignorancia o por descuido.

Algo debemos hacer para coadyuvar en la formación de mejores hogares y que la niñez esté protegida para que sean luego buenos ciudadanos.

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<>Artículo publicado el 27 de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la  autora en: https://panaletras.wordpress.com/category/arias-marisin-villalaz-de/
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Pollito, una anécdota familiar

La opinión de….

J. Enrique Cáceres-Arrieta

El Día del Niño de 2007, mientras los niños celebraban su día en las escuelas, mi hijo Jonatán ganaba un pollito en una tómbola escolar.

No era la primera vez que los mellizos regresaban con pollos de la escuela. Hacía un par de años me habían preguntado si podían llevar unos pollitos al apartamento. No objeté y su madre tampoco lo hizo. De manera que varios pollos fueron acogidos en la familia.

El pollito ganado por Jonatán era diferente. Pasaron semanas, y Pollito (así lo llamaba su dueño) creció; y junto con un conejo, unos pececillos y una perrita contribuían a la alegría del hogar.

Una noche, me informaron que Jonatán y David (los mellizos) lloraban porque Pollito estaba moribundo al ser golpeado por la puerta de la cocina. Mientras iba para ver qué pasaba, un zarpazo de sentimientos y emociones encontrados trajo a mi memoria una escena en la cual lloraba ante las plumas de mis periquitos que un gato había devorado. El dolor fue indecible. De modo que sabía muy bien lo que sentían los mellizos, especialmente Jonatán, dueño del pollito. Quizá para alguien sea tontada escribir sobre un pollo, y hasta pensará que el problema se habría resuelto comprando otro.

Uno de los errores más recurrentes de los padres es invalidar las emociones de sus hijos y abandonarles física y afectivamente, criándose sus hijos como niños huérfanos de padres vivos. No se trata de consentir o ser indiferentes, sino validar apropiadamente las emociones de nuestros hijos.

Al llegar al apartamento, encontré a Jonatán llorando a lágrima viva y a Pablo (mi hijo mayor) abanicando al pollo. Abracé a Jonatán y le pregunté qué sucedía. Entre sollozos contó lo sabido. Quería que al expresarlo fuese terapia para él y sintiera que papá estaba interesado en sus cosas.

El pollo se veía muy mal.  Supuse que moriría, y me dispuse preparar a mis hijos para lo peor.   Me equivoqué.   Mientras consolaba a Jonatán, David salió llorando del cuarto donde oraba por el pollo.   De repente Pablo exclamó que el pollo estaba vivo.

Contra mi diagnóstico, el pollo sobrevivió; los mellizos lo atribuyeron a un milagro. Decían que Dios había escuchado sus plegarias.   Cierto o no, el pollo se recuperó gracias al cuidado de los niños.

El 20 de agosto, Jonatán por accidente atropelló a Pollito con un carrito que montan los niños pequeños. Pollito estaba muerto y Jonatán lloraba a cántaros. Traté que el chico no se sintiera culpable, y en medio de todo sintiera mi consuelo, amor y empatía.   En ningún momento insinué reprimir el llanto sino que convalidé sus emociones y le animé a expresar su dolor.

La tarde del 20, fuimos aenterrar a Pollito. Camino al entierro, Jonatán advirtió: “De ahora en adelante no tendré más mascotas tan frágiles”. Me partió el alma al externalizar Jonatán el profundo cariño que tenía al pollo, al preguntar: “Papá, ¿los pollos van al cielo?”. Respondí no recordar si la Biblia decía algo al respecto. Además, aseveré a mis hijos que la muerte de Pollito era una lección para que viéramos la brevedad, unicidad y fragilidad de la vida.   A solas con mis pensamientos y meditando en la pregunta de mi hijo, recordé que la Biblia revela que en la Nueva Jerusalén habrá animales pero las bestias salvajes no harán daño ni al niño de pecho,   y “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará”.

A propósito del cielo, ¿es “perversa” la creencia del cielo?  Perverso es adulterar (para confundir) la esperanza del cristiano con fanatismo religioso que ve al cielo como recompensa por dañar al prójimo.    Si el cielo fuese una creencia falsa (según el cientificismo, toda verdad para ser verdad debe pasar por el filtro de las ciencias naturales, creyéndolas omnímodas e infalibles), prefiero ser soñador que un matador de sueños.

A pesar de las muy merecidas críticas al fanatismo religioso, Ravi Zacharias sostiene que “solo la religión permanece como bastión de esperanza frente a la muerte, tanto para el difunto como para su dolorida familia”.   Luego de acariciar el suicidio y desistir, León Tolstoi escribió en su autobiografía: “La mayoría de las personas tiene una vida más difícil que la mía y, sin embargo, la encuentran maravillosa.   ¿Cómo lo logran?   No con explicaciones, sino con fe”.

Cada uno cree lo que quiere y lo que le conviene, pero ¡qué cómodo es decir ser ateo cuando estamos sanos y no hay enfermos en la familia cercana, hay buenas finanzas, profesión y empleo prometedores! La puerca tuerce el rabo en situaciones extremas o toques de fondo. Ahí se sabe en realidad qué creo y cuáles son mis convicciones; y, para frustración y rabia de algunos, en esos momentos los resentimientos y odios irreligiosos suelen esfumarse.

Pues bien, al ver la tristeza y el amor de mis hijos por su muerto y sepultado pollo, las lágrimas brotaron y quedamos llorando todos por Pollito, el pollo que el Día del Niño vino a formar parte de la familia y del corazón de tres niños.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/caceres-arrieta-j-enrique/

¡Gracias Papá!

La opinión del Abogado y Docente Universitario…

Silvio Guerra Morales

Creo que muchos somos los que en la infancia nunca conocimos el mundo de los juguetes que lucen en las vitrinas de los almacenes y que, al contemplarlos, deseosos de tenerlos pero también ante la imposibilidad de llegarlos a adquirir dada la pobreza de nuestros padres, dejábamos correr tenues y sutiles lágrimas por nuestras frescas mejillas.   Sin embargo, en el caso mío, mi padre siempre inventaba un juguete: nos impresionaba con el trompo labrado a punta de machete; el caballo improvisado con un palo y con jáquima de bejucos; la carreta consistente en un palo, similar al de las escobas, al cual se le clavaba una tapa de lata adelante y a ¡empujar carreta!;   en el caso de mis hermanas nuestra madre les prestaba pequeñas pailas para jugar al llamado “cocinao” bajo la fresca sombra de un frondoso árbol o las mandaba a donde la costurera del pueblo a buscar pequeños retazos de tela para hacer trajecitos y otras pequeñas prendas de vestir para las improvisadas muñecas de capullos de maíz.

¡Vaya que fueron días llenos de gloria y de dicha aquellos! No existían los nintendos y tampoco teníamos televisión para dedicarle largas horas a contemplar, en mudo silencio de autistas, las cómicas o las películas.    Sabíamos decir “gracias” por cada muestra de cariño, “gracias” al tomar el “recolao” por las mañanas que nuestra madre afectuosa y con evidente afán nos hacía luego de colar el café del viejo;   “gracias” a Dios por cada día que nos llegaba y por cada noche que venía;  no nos sentíamos ni nos sentimos dueños de nada, pues siempre hemos entendido que todo lo que recibimos es ganancia y que la vida ha sido bondadosa con nosotros.

Alguien ha dicho que a Dios le debemos la vida y no nos la está cobrando. En fin, crecimos aprendiendo a dar sencillas gracias. Gracias por todo, aún por lo más mínimo o por muy insignificante que parezca ser. Y al darlas aprendimos a brindar una sonrisa afable, apacible, pletórica de sentimientos puros.

Nuestros progenitores nos mostraron caminos que había que recorrer sobre ruedas de verticalidad, de rectitud, de honestidad y de transparencia. También nos enseñaron que lo que se quiere en la vida demanda de nosotros mucho aporte de esfuerzo y trabajo sin límites. Constantemente se nos decía: “Estudie hijo para que sea alguien en la vida” y no como se suele decir hoy día “estudie para que consiga un buen trabajo”. Hay personas, millones, que tienen buenos trabajos y no porque hayan estudiado. El estudio enaltece el espíritu, abre la visión de las mentes hacia valles y montañas impensados y permite contemplar la luz del conocimiento y sus destellos refulgentes.

Si tan solo aprendiéramos a ser agradecidos con Dios, con la vida, con nuestros seres queridos, amigos y enemigos y ojalá así lo pudiéramos inculcar a nuestros hijos. Que aprendan que el mundo se conquista y que no se nos regala o que tenemos derecho a que todos se muestren a nuestros pies.

<> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Educación sexual

La opinión de…

GERALDINE EMILIANI

Los padres, con frecuencia, no saben cómo dar esta educación y agradecen ser ayudados por otros, por ejemplo por el colegio. Pero es imperativo que se informen de modo exacto de los contenidos y modalidades con que se imparte esta educación. Una educación que incluya respuestas a las preguntas más frecuentes que los muchachos suelen hacer: ¿En qué se diferencia el amor de una pareja y la actividad sexual?   ¿Cómo abordar la sexualidad con mis padres?   ¿Qué debo hacer para mantener una relación de noviazgo sin tener relaciones sexuales?   ¿Cómo cuidarme?

Un programa de educación sexual debe incluir el amor y cultivar virtudes, generosidad, capacidad de renuncia y espera para que no se quede en un conocimiento teórico despersonalizado.

Existe mucha confusión en los jóvenes en los temas relacionados con el sexo por la mala influencia ambiental. Hay que tener en cuenta el verdadero sentido del cuerpo y del sexo, de la responsabilidad, del respeto, y de una relación adecuada con la pareja.

Hay que saber distinguir entre amor y enamoramiento, entre relaciones sexuales y sus posibles consecuencias.

El tema del pudor es de suma importancia. La vida privada e íntima se ha perdido. Todo es público y eso tiene unas consecuencias grandísimas.

Hay que hacerles comprender que el aparato genital no es igual a otra parte del cuerpo y su función es de crear nuevos seres humanos; además de que se usa para dar y recibir placer. Pero, ¡ojo! ‘placer’ en que el ‘amor sexual’ es la relación de dos personas que se quieren y suponen madurez personal.

Hacerles comprender el significado de la paternidad y maternidad, y las consecuencias de una violación y el aborto, sus traumas y sus consecuencias psíquicas, etc.

Otro tema a tratar son las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Cómo es la homosexualidad y qué es la cultura homosexual.

Instruirlos de forma adecuada sobre el preservativo y demás técnicas artificiales.

Los medios de comunicación exponen continuamente a estas criaturas a las distintas e inadecuadas y aberrantes formas de respuestas del hombre y de la mujer a los estímulos sexuales y al sentido que tienen las caricias y los sentimientos en la actividad sexual.

Es necesario hablar de la sexualidad con naturalidad y no con vergüenza, temor o de forma fastidiosa e irritante.

<> Artículo publicado el 2  de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde. 

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¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?

La opinión de…

Alejandro Tejeira Ramos

Muchos padres de familia estamos preocupados por el comportamiento, rendimiento escolar y futuro de nuestros hijos.   Hace poco acudimos a recibir las calificaciones correspondientes al segundo bimestre, las cuales no fueron muy halagadoras, las más bajas, por lo general, corresponden, a las asignaturas de español, matemáticas e inglés.   Como acudientes, cuando comparecemos a este tipo de eventos, interactuamos con los profesores y demás acudientes, y es cuando escuchamos infinidades de comentarios, por ejemplo: que existen estudiantes especiales que están rehabilitando, por decir algo cuatro asignaturas y en todas están fracasados; regulares que de once asignaturas están fracasados en diez, otros sin notas, porque asisten al colegio, pero no se apersonan a sus respectivos salones. Algunos profesores manifiestan que no se atreven a llamarle la atención a los estudiantes por temor a represalias. Ya no sabemos cómo educar, ni qué hacer para que nuestros hijos mejoren sus calificaciones. 

En nuestra opinión son muchos factores que inciden negativamente en el desempeño de los estudiantes, entre ellos personas que son elevadas a la categoría de profesores de inglés, solo porque dominan una pizca de ese idioma, al igual que profesores de matemáticas graduados, que pareciera que tuvieran conflicto de intereses con los estudiantes, ya que su consigna no es enseñarlos, sino fracasarlos, para alimentar su ego. Si bien es cierto, nuestros hijos son nuestros y los únicos responsables de su educación y comportamiento somos nosotros, pero nos preguntamos todos los padres, ¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?, si no contamos con la autoridad necesaria para hacerlo?

Hace poco, en las noticias presentaron a unas estudiantes quevenían en un bus, supuestamente de la playa en horas de clase, entrevistaron a varias personas y todos coincidieron, en que la culpa era de los padres, nos indignamos al oír esos comentarios, porque ¿Cómo hacemos los padres, para llamarle la atención a nuestros hijos, sin que nos acusen de maltrato?, ¿Cómo hacemos para impedirles que lleguen y salgan de la casa a cualquier hora?, ¿Cómo hacemos para obligarlos a estudiar, cómo hacemos si existe un Código de la Familia al cual todos como padres, estamos subordinados?

Los pocos padres que todavía podemos controlar a nuestros hijos, somos muy afortunados, por lo cual debemos darle gracias a Dios y rogarle, para que nunca permita que vuelvan a nacer personas malvadas, con pensamientos e intenciones similares, a los que crearon el Código de la Familia.

<> Artículo publicado el 30 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

¡Papás: llegué!

La opinión de la Psicóloga Especialista de la conducta humana…
GERALDINE EMILIANI
Las parejas que pronto se convertirán en padres están destinadas a cambiar su relación.   La llegada del bebé los hace prepararse durante meses. Sin embargo, no se preparan para lidiar la situación como parejas y de allí surgen problemas inesperados.

La comunicación es la mejor herramienta para eliminar los disgustos y prevenir discusiones. Los padres pueden estar demasiado concentrados en cuidar del bebé y olvidarse momentáneamente de tomar tiempo para hablar. Pequeñas desavenencias surgen cuando los problemas no se discuten abiertamente, por ello, es importante dedicar tiempo para la comunicación. A menudo, lo único que hace falta para resolver una mala interpretación es ver las cosas desde el punto de vista del otro.

Si algo le molesta, dígaselo a su pareja, pero en el momento adecuado.   Comenzar una discusión sobre quién dejó los platos sucios en el fregadero, cuando el bebé está llorando para que lo alimenten no resuelve el conflicto. Sean honestos el uno con el otro, pero traten de mantener el sentido del humor. Escuche las preocupaciones de su pareja y no las critique. Y tenga en mente que la falta de sueño y el estrés pueden hacerle sentir más irritable.  Haga un esfuerzo adicional para evitar los arranques impulsivos de temperamento.

Recomendaciones:

-Usted y su pareja necesitan tiempo para mantener viva la fuerza de la relación.

-Intenten organizar ‘citas’ semanales —reservando a una cuidadora de bebés— y salgan a cenar o a ver una película.   Si todavía no quieren dejar al bebé con una cuidadora, hagan una cena especial en casa después de que hayan acostado al bebé.

-Quedarse despiertos después de esto, también puede darles tiempo para comunicarse a diario.

-Intente disfrutar de 20 minutos al día para hablar y compartir sentimientos, puede hacerse mientras lavan los platos juntos o mientras se preparan para dormir.

-Durante los fines de semana, salgan de la casa y planeen actividades familiares, como visitar un museo o un parque. Incluso, caminar juntos diariamente al llegar a casa después del trabajo, les permitirá disfrutar de más tiempo y el bebé tendrá un paseo en el cochecito.

Lo más importante es que utilicen su creatividad para encontrar una forma de disfrutar juntos, bien sea encontrándose para almorzar, mientras que uno de los abuelos cuida del bebé, o teniendo un juego de cartas antes de dormir.

<> Artículo publicado el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.