Panamá bien vale un metro

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La opinión de….

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Stella Velarde de Armuelles
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Teniendo todas las condiciones para funcionar como un país desarrollado, continuamos anclados a vicios y malas prácticas como sociedad. No es el tamaño del territorio lo que determina el éxito de un país, sino la cultura, el amor por su tierra y educación de la gente. Por ejemplo, en pleno siglo XXI, aún es común ver a conciudadanos tirando toda clase de desperdicios en la vía pública, al punto de que nuestros ríos y playas parecen auténticos muladares.

Por otro lado, también es función del gobierno trabajar para elevar el nivel cultural de los habitantes. Cuando se ejerce un cargo público, el funcionario deja de ser un ciudadano más, ya que su investidura es un llamado a servir, a “darse” por el bien común. El servidor público tiene una responsabilidad muy grande ante Dios y ante los hombres.

Si el país no prospera de forma equitativa es en gran parte porque los gobernantes no toman las medidas adecuadas para que esa prosperidad se materialice a todos los niveles sociales y en todas las áreas de actividad humana: política, social, económica, cultural, religiosa, de seguridad, etc.

En meses recientes hemos visto con buenos ojos algunas de las medidas tomadas por nuestros gobernantes, en particular las que se refieren al transporte. Sentimos que hay buena intención al tratar este problema como un tema prioritario, y los animamos a que sigan buscando la mejor solución. Aunque no todos los panameños se desplazan en autobús, todos sufrimos la anarquía y el desorden en las calles.

Un tren metropolitano como sistema de transporte es una buena idea, aunque no es nueva. En el año de 1960, siendo Argimiro Velarde Álvarez, mi padre, diputado por Veraguas en la Asamblea Nacional, planteó un metro como solución ante los medios de comunicación de entonces, siguiendo básicamente la misma ruta que está siendo divulgada ahora. Aunque en la década de 1960 ya eran comunes los tranvías y trenes subterráneos en muchas ciudades de países desarrollados, el concepto fue discutido aquí públicamente, pero luego archivarlo por vanguardista, arriesgado y costoso.

Mi padre y otros partidarios de esta idea estaban claramente adelantados a su tiempo.

Por supuesto que hace falta analizar qué tipo de medio de transporte (subterráneo, suspendido, mixto) sería el más rentable de acuerdo a la topografía e inversión total, pero ese es precisamente el tipo de debates que deben fomentar los medios de comunicación, hasta impulsar un referéndum al respecto, si fuera necesario. Aplaudimos esta iniciativa, porque significará una activación económica con descongestionamiento de tráfico; una reducción notable tanto en la contaminación ambiental como en la cantidad de accidentes y enfermedades causadas por el estrés y, por consiguiente, un salto cuántico en la calidad de vida.

Si mi padre pudiera ver que sus ideas no cayeron en saco roto estaría orgulloso de este terruño y de su gente, que defendió con tanta vehemencia.

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Publicado el 26 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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