Un año de grandes desafíos económicos

La opinión del Economista…

 

Gustavo A. Valderrama R.

La economía es un gran tablero de ajedrez, en el que con cada nueva movida se debilita un frente y se fortalece otro, y es que los recursos siempre son escasos. Desde mi perspectiva, se dan acontecimientos de corto plazo que nos desvían de nuestros objetivos de mediano y largo plazo, de ahí la importancia de divisar el tablero completo antes de la próxima movida. En este artículo trataré de presentar los grandes retos que tendrá desde mi perspectiva nuestra economía para el 2011.

El primer reto serán los precios, son varios los acontecimientos globales y nacionales que terminarán afectando los precios, entre ellos el aumento en los precios de las materias primas que importamos, los sembradíos afectados por las inundaciones y los aumentos de los costos relacionados con el transporte y la energía. Adicionalmente, desde una perspectiva global, vemos que en la medida que se vaya materializando la recuperación mundial se impulsará la demanda de las materias primas elevando más los precios, y podría materializar la meta inflacionaria de los bancos centrales, impulsando las tasas hacia arriba. Todo esto tendrá un impacto a nivel nacional, sobre todo, en el costo de producción de las empresas, así como en los alimentos y la gasolina para las familias.

El segundo gran reto es la responsabilidad fiscal. De hecho, estamos a favor de los planes de inversión del actual Gobierno, principalmente porque las inversiones están destinadas a generar infraestructura necesaria para impulsar la productividad y la competitividad nacional en el mediano plazo. Pero es un hecho que tendrá éxito en la medida que sea de estricto cumplimiento en el uso y destino de los fondos; el Gobierno, en estos momentos, debe manejar el gasto corriente con la más alta prudencia, y podría permitirse generar ahorros debido a que cuenta con el impulso del gasto privado, el cual se afianza fuertemente.

El tercer gran reto es a nivel de Estado (ojo, no hablamos del Gobierno). Se deben establecer las bases para el desarrollo de un Órgano Judicial confiable en el que prive el estado de derecho y los organismos para resolver conflictos. Dentro de las prioridades estará desarrollar mecanismos de autocumplimiento y fuerte autonomía para la administración de justicia, en todos sus niveles e instituciones. Y es que las características comunes que presentan los países industrializados son: un desarrollo comercial importante; el continuo flujo monetario; e instituciones fuertes que defiendan el marco jurídico, en donde se desarrolle el comercio.

El cuarto gran reto es más pesimista, y puede ser contradictorio con los dos primeros. Gira en torno a que la recuperación en los países desarrollados no se materialice, y no es descabellada la posibilidad que haya una doble recesión, pues aún existen millones de activos tóxicos en los balances bancarios a nivel mundial, todo esto acompañado de fuertes controles fiscales por varios países europeos, que impactarán la demanda de bienes. En ese caso se afectarían nuestros ingresos, debido a un menor flujo comercial global, impactando las ventas de nuestras exportaciones de servicios principalmente.

En conclusión, vemos condiciones económicas fuertes para que el país siga creciendo a tasas superiores al 5% durante los próximos cuatro años, pero de algo estamos seguros, y la historia así lo demuestra, el crecimiento sin una adecuada administración de recursos se evapora en el tiempo; es necesario que se trabaje fuerte en el marco jurídico para que se desarrolle un flujo comercial constante, y que poco a poco la intervención del Gobierno ceda en las actividades que pudieran ser comercialmente rentables.

Es un hecho, Panamá está en camino a seguir cosechando avances en materia país, estará en manos del Gobierno permitir que se materialice el éxito, y cuando hablamos de éxito incluimos la reducción de la pobreza, la desnutrición, la delincuencia, mejoras en la educación, en la salud, la productividad, la competitividad y en un estado de derecho listo a resolver conflictos.

Definitivamente el 2011 será un año con muchos altibajos, tal vez sea el año que “separe al hombre del niño”.

¡Estaremos pendientes!

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Este artículo se publicó el 14  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una “Guerra Cambiaria” más preocupante de lo esperado

La opinión de…

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Gustavo A. Valderrama R.

Actualmente se cocina a nivel mundial lo que se denomina “la guerra cambiaria” y de hecho esta realidad podría impactar a las economías emergentes que han logrando grandes resultados, incluyendo a Panamá.   En la presente entrega deseo ampliar de un modo sintetizado esta dinámica y las cuatro amenazas potenciales que podrían impactar a la economía panameña.

En primer lugar, la guerra cambiaria, sin entrar en términos técnicos, se deriva del hecho de que países con grandes desequilibrios macroeconómicos tratan de impulsar sus exportaciones; para ello intervienen devaluando artificialmente sus monedas, haciendo que sus productos sean más baratos. Esto en condiciones normales sería equivalente a mejorar su competitividad. El problema es que si todos hacen lo mismo ningún país logrará los resultados esperados.

En segundo lugar, esta guerra cambiaria podría elevar el proteccionismo por medio de barreras comerciales y así protegerse de los fuertes déficits comerciales. Esta situación terminaría elevando los precios internos en cada economía.

Panamá, un país usuario del dólar, tendría fuertes desequilibrios, pues estaría comprando bienes con un dólar con menor poder adquisitivo; adicionalmente y producto de su fuerte expansión, elevaría sus necesidades de importación lo que generaría la temible inflación importada y un alza del déficit comercial.

En tercer lugar, el que las economías latinoamericanas hayan hecho sus deberes y sus resultados sean muy buenos incluye a Panamá, esto produjo que se elevara su calificación. Con su grado de inversión está recibiendo fuertes entradas de dólares que se acumulan en los bancos y está generando presiones y excedentes de liquidez a rendimientos muy bajos. Frente a esta situación el mercado interbancario, que es una fuente de ingresos sobre los excedentes de los bancos, se está haciendo costoso, y la situación de la economía internacional –con tasas muy bajas y protegiendo la entrada de capitales– les reduce las opciones para mover esos capitales y generar rentabilidad. Esto provoca que se den presiones hacia la expansión del crédito interno lo que generaría, a su vez, fuertes presiones inflacionarias internas.

En cuarto lugar, el 30% de la economía panameña depende de la exportación de servicios; el hecho de que exista una amenaza hacia el proteccionismo podría reducir el comercio internacional, lo que impactaría los ingresos que generan el Canal, la Zona Libre de Colón, los puertos, el turismo y todas aquellas actividades que generan ventas internacionales.

Actualmente, la economía panameña se encuentra en fase expansiva y es altamente probable que alcance un 7% de crecimiento al finalizar este año 2010. Ahora bien, desde nuestro punto de vista económico se deben tener políticas alternas para enfrentar estas amenazas que podrían afectar los planes de expansión del gobierno en el año 2011.

El hecho de que Panamá utilice el dólar como moneda de curso legal, nos hace estar sometidos a las decisiones de la tesorería de Estados Unidos y, de hecho, las presiones actuales sobre los precios están más asociadas a la política monetaria expansiva que está impactando en el poder adquisitivo del dólar, no a la inflación per se (aunque parece, no es lo mismo); Panamá, un importador neto de materias primas, bienes para el consumo y de capital, no tiene muchas opciones. Desde nuestro punto de vista, el Gobierno está haciendo lo correcto con el agresivo plan de expansión en infraestructura dada la coyuntura, aunque aún debe mejorar la ejecución del presupuesto y debe aprovechar las bajas tasas para intercambiar la composición de la deuda internacional y colocarla en deuda interna; esto mejoraría las presiones de los bancos ante un exceso de liquidez y bajos rendimientos.

Por otro lado, debemos tener políticas alternas sobre aranceles de bienes de importación, que podría impactar fuertemente en la inflación, y estudiar la posibilidad de que el déficit fiscal sea más alto al planeado, producto de la pobre coyuntura internacional.

Es un hecho, la globalización está haciendo que el riesgo sea un tema sistémico y no un hecho aislado de ciertas economías, para ello hay que tener planes alternos cuando las cosas que van bien podría empezar a alejarse de nuestras expectativas. ¡Estaremos pendientes!

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<> Este artículo se publicó el 28  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/valderrama-r-gustavo/

Tiempo de equilibrar las cargas tributarias

La opinión del Economista…..

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Gustavo A. Valderrama R.

Hoy en día se discute una nueva reforma fiscal, y es altamente probable que el impuesto del ITBMS pase del 5% al 7% en los próximos días. Aún así, la reforma es más justa de lo que parece; ya que combina una reducción al impuesto directo que pagamos algunos, y lo reparte en un ITBMS selectivo pagado por todos, pero sin afectar los alimentos, los medicamentos, la energía y otros servicios básicos. Opinar sobre la reforma y poner en duda algunos comentarios negativos sobre sus posibles efectos en el nivel de precios, serán mi interés en esta entrega.

Para iniciar debemos aclarar que el Estado tiene como función hacer las cosas que no se hacen en el mercado, ya sea porque son costosas o porque no es fácil contabilizar el beneficio que genera. Por ejemplo: un faro. Éste presta un servicio a la flota marítima, y aunque algunos botes no utilicen el faro, no quiere decir que el servicio no sea necesario y no tenga un costo, pero, ¿Cómo lo cobro? El Estado se hace la misma pregunta con la distribución de agua, recolección de la basura, carreteras, fuerza pública, etc. Y para resolver este dilema se crean los impuestos.

Desde hace algunos años estoy notando que el Estado benefactor en Panamá ronda en lo caritativamente exagerado, es decir, ha optado por brindarle a cada ciudadano que gane hasta 800 dólares el privilegio de vivir en Panamá con impuestos negativos, es decir, no pagan impuestos sobre la renta, se les subsidia la luz, el gas, la tasa de interés hipotecaria, la escuela, el transporte (aunque sea un mal servicio), en adición a una serie de programas sociales que se pierden la cuenta.

Para los que no saben, esta serie de subsidios le costará al Estado unos 645 millones de dólares en 2010. El problema es que estas costosas medidas benefician a muchas personas que no necesitan el subsidio, aunque hay que reconocer la importancia de algunos programas, pero otros producen el efecto de distorsionar el valor de las cosas y la equidad debido a que el mayor peso recae sobre la clase media profesional. Aún así diariamente se escuchan quejan de personas subsidiadas inconformes por los precios de la canasta básica, el corredor, etc. y me pregunto: ¿Estas personas no reciben servicio policial, alumbrado público, carreteras, etc.?

En relación al impacto sobre los precios, lo veo difícil, principalmente debido a que en una economía de mercado, existe libre competencia y una apertura comercial relativa que impide el traslado de costos a los precios de forma automática. Por otro lado, las personas pagan los precios siempre y cuando la utilidad que le brinda un bien, lo valga.

Me parece que el Estado ha dado un paso importante en la búsqueda de la verdadera equidad, aunque aún falta por recorrer. Los subsidios efectivos, deben tener básicamente cuatro componentes: que llegue a las familias que realmente lo necesitan; que premie el consumo responsable; que castigue el despilfarro y que tenga una fuente de financiamiento. De lo contrario una parte importante de esos subsidios se financia mediante emisiones de deuda, por ejemplo en días pasados el gabinete autorizó para este año la emisión de hasta 600 millones de dólares en letras del tesoro, es decir, prácticamente los 645 millones de subsidio presupuestado. Es importante ponerle un adecuado freno a estas medidas y equilibrar las cargas tributarias, pues tienden a crecer con el paso del tiempo. Estaremos al pendiente.

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Publicado el 22 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito de les corresponde.

Propuesta para determinar el salario mínimo

La opinión del Economista…..

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Gustavo A. Valderrama R.

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Propuesta para determinar el salario mínimo

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Cada dos años, en Panamá se revisa el salario mínimo; la causa de este ordenamiento legal es la necesidad de establecer políticas para mejorar la equidad, que de otra manera no ocurriría, en perjuicio de la clase más necesitada.

La política existente para la revisión del salario mínimo tiene claras fallas, pues, de la manera en que se encuentra estructurada no incentiva, ni a la productividad ni a la competitividad, y lo que es peor, en la medida que el salario mínimo sube, aglutina una mayor cantidad de ciudadanos dentro de la categoría más baja del mercado laboral: el salario mínimo.

Adicionalmente, reduce la oportunidad de nuevos entrantes al mercado, pues sin ningún tipo de capacitación o adiestramiento pagar un salario mínimo alto, sería un alto costo para las empresas. El salario mínimo debe ser el pago mínimo de referencia para aquellas personas que por su juventud, carencia de adiestramiento o aptitudes, logren ingresar al mercado laboral.

En Panamá, actualmente un 44% de la población ocupada (según datos de la Encuesta de Hogares de marzo 2008) tiene ingresos medios entre 200 y 399 dólares mensuales; si, por ejemplo, se subiera el salario mínimo a 600 dólares dejaríamos a un 64.4% de la población ocupada dentro del rango de salario mínimo, lo que produciría un gran impacto moral en aquellos que hoy no ocupan esa posición. Y es que un salario mínimo alto no reduce la pobreza, más bien crea nuevos pobres.

Lo que una política eficiente debe buscar son mecanismos para sacar a estas personas de la categoría del salario mínimo. Dicho esto, creemos que no es el salario mínimo el que debe ser revisado, más bien se deben indexar los salarios existentes; sin embargo tampoco podemos hacer una indexación general, que corre el riesgo de caer en la falacia de composición, tal cual sucede hoy: que no es más que “lo que es bueno para uno no necesariamente es bueno para todos”. Es decir, elevar el salario mínimo por igual, termina desvaneciéndose pues produce un efecto nominal y no real.

Un modelo experimental sería tomar las diferentes categorías que registra el índice de precios al consumidor (IPC), e indexar los salarios con el promedio de inflación de dos años de cada industria por separado, así también se reducirían los incentivos de estas industrias a incrementar los precios, pues tendría un costo sobre sus salarios futuros. A manera de ejemplo digamos que el aumento de los alimentos fue 5% y 3.5% para los años uno y dos, el promedio sería 4.25%, en ese caso todos los trabajadores que trabajan en el sector de alimentos deben indexar sus salarios al cabo de dos años en 4.25%.

Este tipo de políticas debe elevar la competitividad industrial, pues obligaría a producir al menor costo y a elevar cada tanto los salarios, así las industrias altamente competitivas pagarían mayores salarios, y lo más importante, dejaría el salario mínimo en lo que es: “un mínimo” dándole entradas a nuevos participantes al mercado laboral y aquellos empleados con más experiencia, logren salir de esta categoría tan poco atractiva para el capital humano.

Lastimosamente nuestra vida está llena de inequidades y en ocasiones el Estado debe intervenir a mejorar los resultados. La ley de salario mínimo es una de esas formas; pero para lograr resultados efectivos debemos desarrollar mecanismos realmente efectivos, y si ansiamos desarrollo, grado de inversión y riquezas, ya es tiempo de que tomemos medidas difíciles y complejas en un inicio, pero que apunten a elevar la productividad y la competitividad en mediano plazo.

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Publicado el 29 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Será inflación o hiperinflación?

¿Será inflación o hiperinflación?Gustavo Valderrama

.La opinión del economista….

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Gustavo A. Valderrama R.

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La crisis actual (subprime) ya es cosa del pasado, aunque a algunos especialistas les preocupa la gran cantidad de activos tóxicos, me parece que la Fed ya ha lanzado tantos artilugios que los grandes bancos se olvidaron de ese rubro dentro de sus balances. Ahora bien, mi preocupación va más allá, ¿qué van hacer con las cuantiosas sumas monetarias que la Fed puso a disposición de la economía para hacerle frente a la crisis?  Hoy en día las reservas de los bancos en la Fed ascienden a 800 mil millones de dólares, mucho más de lo normal; dinero que puede salir al mercado al percibir signos de recuperación. Explicar esta delicada coyuntura será el tema de esta entrega.

El dólar en la práctica se utiliza como moneda de valor, de cambio, y unidad de cuenta; cada dólar depositado alrededor del mundo representan poder adquisitivo; de ahí que las mayores potencias del mundo mantienen gran parte de sus riquezas en dólares. Con la crisis subprime el gobierno enfrentaba en el muy corto plazo el llamado “riesgo sistémico”, que no es más que el colapso de todo el sistema y ese fue el fundamento utilizado para ayudar a instituciones financieras. Pero el pánico del momento no hizo hincapié en ver que al salvar a algunos se afectaban dos balances paralelos: el poder adquisitivo del dólar y la deuda de las familias estadounidenses. Por ello se habla de privatizar las ganancias y socializar las perdidas.

Con la crisis subprime camino a la recuperación a la Fed le queda la tarea más importante de su historia decidir “¿Cuándo?” debe iniciar la salida de los fondos que fueron inyectados al sistema. Lo cierto, es que Ben Bernanke, el presidente de la Fed, ha sido efectivo en sus decisiones pero ha sido lento al ejecutarlas, y era uno de los principales argumentos para que Bernanke no fuera nominado nuevamente para el cargo. Ahora, si Bernanke se vuelve a equivocar (en tiempos) estaremos encaminados a sufrir la crisis de la hiperinflación, que no es más que una excesiva cantidad de dinero circulando.

Para poner un ejemplo, se imaginan si los chinos, los principales tenedores de deuda del tesoro estadounidense –con algo más 700 mil millones de dólares en reservas–, temen por la inflación. Es probable que pidan a los estadounidenses que paguen, pero en yuanes o euros, logrando que el dólar pierda valor. Y no sólo los activos norteamericanos, una gran parte de nuestra vida se cotiza en dólares. En esta coyuntura la política monetaria tradicional más efectiva sería un drástico giro y elevar la tasas de interés, pero se afectaría las inversiones y con esto la demanda laboral.  Si sumamos a una economía que está saliendo de una crisis con una tasa de desempleo del 9.5%, la situación se complica.

A Bernanke, que le quedan unos largos seis meses, aún debe decir cómo y cuándo limpiar los saldos de la Fed, ya que aún el presidente Obama debe enfrentar los problemas de la seguridad social, financiar un déficit de 2 billones de dólares, atacar al desempleo, acordar una política migratoria, enfrentar los conflictos bélicos y ver reactivar el comercio internacional. Y para que todo esto funcione debe tener ingresos, para levantar ingresos debe corregir el mercado laboral y para esto se debe tomar la política adecuada en el momento adecuado, la pregunta es: ¿Cuál será? Aunque desde ya les auguro que se aproximan tiempos de elevadas tasas de interés y un lento crecimiento económico. ¡Estaremos al pendiente!

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Publicado el 5 de septiembre de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Qué busca la Reserva Federal ?

¿Qué busca la Reserva Federal?

Gustavo A. Valderrama R.

Los fondos federales bajaron a niveles históricos, llevando las tasas de referencia a un nivel sin precedente para la Reserva Federal (Fed). Con esta acción se busca reactivar la actividad económica, devolver la confianza al sistema y dinamizar el flujo de crédito a la economía real.

Para aquellos que no dominan el tema, la Fed es el banco central de EU, que tiene entre sus principales funciones la estabilidad de precios, el nivel de empleo propuesto y estimular el crecimiento económico, y lo logra por medio del control de la oferta monetaria. La Fed como regulador bancario cuenta con tres posibles herramientas: el encaje legal, la tasa de fondos federales y la tasa de descuento (esta tasa le otorga el nombre de prestamista de última instancia). Ahora bien, la Fed se vio en la necesidad de inyectar más liquidez al sistema y ser más agresivo. Cuando hace algún movimiento en las tasas de referencia, estas acciones afectan a la economía real y a los mercados financieros (tipo de cambio, bolsa y especuladores).

¿Qué ha sucedido? la Fed bajó las tasas de interés a cero (en realidad es una banda de 0% a 0.25%) y con esto trata de sacar la atención del mercado de bonos a corto plazo, inyectando tanto dinero hasta llevar la tasa a cero y hacer que los inversionistas se vean obligados a ir al siguiente escalón de seguridad, en este caso bienes cotizados en prime (es la tasa dada a los mejores clientes). Por ejemplo: la prime es la tasa utilizada como referente en los bienes hipotecarios y las tarjetas de crédito.

La pregunta que queda por hacer es: ¿Logrará alcanzar sus objetivos la Fed con esta acción? A ciencia cierta aún no lo sabemos, es muy pronto para decirlo aunque los expertos lo dudan, pues se piensa que los bancos están más preocupados por reconstruir su solvencia y acumular capitales, que participar en la incertidumbre actual del mercado; de ahí que la Fed dice tener otro as bajo la manga y son los 600 mil millones de dólares que tiene previstos para salir a comprar del mercado hipotecario y del mercado de bonos de tesorería a largo plazo (sin precedentes), y es que Bernanke (presidente de la Fed) sigue decidido a salvar la economía y de paso su reputación, aplicando todo tipo de instrumento que esté a su alcance.

Hoy podemos decir que la crisis no ha tocado fondo aún; ¿el motivo principal? los mercado de activos financieros siguen buscando al Pipón y mientras los bancos no presenten las cartas sobre la mesa, ningún inversionista sabrá qué se esconde en las carteras de los balances bancarios, y hasta que eso suceda, no se restaurará la confianza. Por eso opinamos que los salvatajes más allá de mejorar la crisis la empeoran, pues generan más distorsiones e incertidumbre. Mi temor es que esta reducción de tasas afecte la cotización del dólar y termine reactivando el mercado de los commodities y ahora sí nos veamos enfrentados a una estanflación (aunque algunos expertos hablan de deflación, lo veo difícil) de proporciones caóticas.

La crisis actual presenta el mayor nivel de pérdidas de empleo en 34 años, 533 mil puestos de trabajo solamente en noviembre (6.7%, tasa de desempleo, iniciaron el año con 5%); un aumento de la pérdida de la confianza de los consumidores, la cual cayó según la Universidad de Michigan a 55.3 (desde los 57.8 de octubre) revelando la incertidumbre que estos tienen sobre el futuro; dos meses consecutivos de deflación que habla claramente de la paralización de los mercados; y lo que es dramáticamente más importante, el aumento de los saldos bancarios en 1.4 billón de dólares, lo que eventualmente una vez renovada la confianza, disparará una inflación a la que habrá que ponerle mucho cuidado.

No se lo gaste todo”, en mi opinión aunque la expansión del Canal puede representar un colchón de protección contra la crisis, ésta eventualmente llegará y nos afectará, y tendrá su incidencia principalmente en el mercado inmobiliario, en la Zona Libre de Colón, en el turismo, en el comercio al por menor y en los ingresos del Estado. Es por eso que digo: “llegaron las vacas flacas, y creo que es tiempo de ponerse a dieta” …estaremos al pendiente.

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Publicado el 21 de diciembre de 2008 en el diario La Prensa

Teoría de juegos y crisis alimentaria

Teoría de juegos y crisis alimentaria


Gustavo Valderrama R. –

En la cumbre alimentaria de Roma, todos los países mostraron una franca preocupación por la potencial crisis de escasez de alimentos, y es que una serie de desafortunados eventos se han conjugado para fortalecer la hambruna que se vaticinaba. Es decir, es una realidad que los precios del petróleo se han incrementado en forma drástica; que el cambio climático cada día es más evidente; que persisten los subsidios de los grandes países; y que el dólar se depreció producto de las políticas monetarias estadounidenses; pero también es cierto que sin esta serie de eventos, la práctica común del libre comercio nos hubiese llevado a la misma crisis.

¿Por qué estamos en el umbral de una crisis alimentaria? La razón se fundamenta en el libre comercio, pero no porque el libre comercio y las prácticas neoliberales, como las tildan algunos, sean contraproducentes, sino más bien por la falta de generación de mecanismos de auto cumplimiento. Es decir, el libre comercio se fundamenta en el principio de eficiencia (ventajas comparativas de David Ricardo) en donde cada país se especializará en lo que mejor hace. En este artículo hemos generalizado y para ejemplificar llamaremos más eficientes a los países grandes productores de granos y alimentos y menos eficientes a los países con producciones desplazadas.

Esta eficiencia productiva no se produce en el corto plazo, pero en el corto plazo sí se desplazó la producción de muchos países, que en teoría deberían ser atendidas por la mayor oferta y menores precios de los países eficientes. Para exponerlo de una manera más comprensible utilizaré “la teoría de juegos”. Esta teoría estudia el comportamiento de las partes en situaciones estratégicas, entendiendo por estrategias, la acción de una de las partes al considerar todas las posibles reacciones de la contraparte. Este tema al parecer no se analizó cuando se decidió seguir la senda del libre comercio, generando una reacción sumamente óptima, pero poco esperada por los países menos eficientes.

Para verlo con detalle evocaremos uno de los casos más famosos y fáciles de entender que se dan en curso de la teoría de juegos, llamado la carrera armamentista. Cuando se daba la guerra fría, Estados Unidos y la Unión Soviética entablaban constantes diálogos y buscaban llegar a un acuerdo que lograra el desarme de las partes y, de esta manera, aliviar la tensión que había ante una eventual guerra mundial. El problema estaba en la disyuntiva de quién iniciaba el desarme. Cada uno sabía que hacerlo espontáneamente lo dejaba en situación desventajosa frente al otro; como ninguno tenía la facultad de comprobar que el otro se desarmara, no tenían suficientes incentivos para hacerlo y, en el caso que el otro lo hiciera de buena fe, quedaría expuesto dejando al que no lo hizo con la hegemonía mundial. La conclusión: ninguno se desarmaba, porque los incentivos los llevaban a estar armados por si acaso. Finalmente Rusia decidió hacerlo y la guerra fría terminó. Todos sabemos quién se quedó con la peor parte… al menos por el momento.

Ahora ocurre algo similar con los alimentos. La mayoría de los países que decidieron firmar libres comercios y reducir los incentivos para la producción, basaron sus análisis en la buena fe y no en los incentivos que generaban con su acción; por lo que no previeron que se desarmaron sin haber generado políticas o acuerdos de auto cumplimiento, es decir, la negociación tuvo que prever que la disminución de un quintal de algún rubro fuera automáticamente producido por otro país. Como estos mecanismos no se generaron, los países eficientes no encontraron suficientes incentivos para elevar la producción de manera inmediata. Y debo decir que lo hicieron bien, porque esos países hoy están viendo las reacciones de la mayoría de los países como el nuestro. Es decir, en todo el mundo se están generando nuevos incentivos para elevar la producción y no depender en el futuro, de producciones de otros países.

Finalmente, este breve análisis nos lleva a pensar que los países eficientes lograron maximizar sus beneficios porque incumplieron los acuerdos tácitos de abastecimiento al resto del mundo. Por lo tanto, esta encrucijada nos ha dejado mucho que aprender: en la medida en que deseamos hacer algo, miremos si evaluamos todos los incentivos que generamos y si existen formatos de auto cumplimiento, de lo contario es casi seguro que perderemos.

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Publicado el 6 de junio del 2008 en el diario La Prensa.

La primera recesión de EU en un mundo globalizado

La primera recesión de EU en un mundo globalizado

Gustavo A. Valderrama R. – Economista

Durante el año 2007 me dediqué con especial atención a escribir sobre los problemas que estaban originando las hipotecas subprime, su efecto en los grandes bancos de inversión y en la economía en general. Hoy, algo más preocupado que entonces, explicaré cómo la falta de confianza o firmeza en los mensajes de la Fed (Reserva Federal de Estados Unidos) puede llegar a convertir una crisis en un colapso.

Para iniciar, haré una breve reseña en términos muy legibles de qué sucede. El dilema económico actual se inicia cuando un gran número de casas se vendió bajo préstamos hipotecarios a personas sin un historial de crédito firme, estos préstamos estaban estructurados sobre una tasa flotante; sin embargo, cuando se adquirieron, la tasa de interés de los fondos federales rondaba el 1%, lo que hacía muy accesible hacerle frente al pago. Con el transcurrir del tiempo esta tasa subió y llegó a estar en 5.25%, lo que rompió el supuesto que soportaba el riesgo de este tipo de préstamos, los cuales eran: las casas nunca perderían valor y las personas no se retrasarían en sus pagos. Estas hipotecas originalmente se financiaron con un sistema llamado “vehículo de inversión estructurada (SIV)”, complejo sistema, el cual básicamente reparte el riesgo y nadie lo asume directamente. Pero cuando las personas comenzaron a retrasarse en sus pagos de hipotecas, las casas fueron embargadas, lo que provocó que los activos que respaldaban las deudas perdieran valor y compradores; de allí que tanto las casas (por aumento de inventario) como los activos financieros (por falta de responsable en la garantía), perdían valor. Hoy en día las pérdidas ascienden a 100 mil millones de dólares, pero aún existen préstamos de este tipo hasta por un billón de dólares, de los cuales es posible que se pierda valor por unos 400 mil millones, lo que nos anuncia solo la punta del iceberg.

Ahora bien, el hecho de que el pasado miércoles 21 de enero la Fed rebajara 75 puntos básicos (0.75%) de una sola vez, es un claro mensaje de la existencia de una preocupación irracional (demuestras tu miedo sin temor a lo que piensen) y en segundo lugar queda en evidencia el temor de que “el dinero no fluye entre bancos”, es decir, la desconfianza está presente en los mercados, por consiguiente, deben bajar las tasas tanto, para que se atrevan a prestar. Pudiéramos hacer una analogía con el juego del pipón o Clue en donde todos sospechamos de todos y no creemos en nadie. Ahora bien, la preocupación es tanta que Bernanke (actual presidente de la Fed) no recuerda que hace solo seis o siete meses no se decidía a bajar las tasas por temor a la presión inflacionaria y hoy ha dejado ese argumento de lado, al punto de bajar tanto las tasas, aunque después tenga que hacerle frente a una inflación pertinaz (ya la inflación actual es mayor que la tendencia histórica, a pesar de que la economía de EU está al borde de la recesión).

Cuando Keynes propuso la teoría del gasto agregado para resolver la crisis de confianza más grande enfrentada en Estados Unidos en 1929, lo hizo por medio de la participación directa del Gobierno. Éste a través de su impulso tenía que devolver la confianza al sistema por medio del gasto del Gobierno. Hoy en día al parecer el Gobierno del presidente Bush desea recetar algo similar; el problema de Bush es que el déficit del gobierno está tan elevado y por tanto el dólar tan devaluado, que nadie sabe cuánto más pueda seguir gastando el Gobierno para inyectar dinamismo económico. Y es que, si la gente está temerosa de una recesión, automáticamente pospone las compras y si el Gobierno decide realizar algún tipo de transferencia a las familias para que gasten, éstos estarán reacios a gastarlo; por una parte porque tienen incertidumbre por el futuro y por otra, porque saben que después el Gobierno lo cobrará con creces.

En conclusión, sigo con mi recomendación: No se lo gaste todo. Si bien hoy en día Panamá se encuentra en un excelente momento, estamos frente a un nuevo escenario de un mundo globalizado y los efectos pueden ser mucho más considerables; es decir, enfrentamos la primera crisis estadounidense con globalización, por tanto nadie sabe qué efectos se puedan derivar.

Y es que en la medida en que una gran parte de nuestro crecimiento sea producto del auge externo, como el turismo, los tránsitos por el Canal, la balanza comercial, así mismo se afectará dicho crecimiento. De todo esto lo único positivo es que si la crisis se profundiza, la presión sobre los precios que hemos venido sufriendo tendrá que ceder, desde los alimentos hasta el petróleo.

Aún es muy prematuro para ver la reacción de los mercados, pero de que el paciente está en cuidados intensivos no hay duda.

Publicado el 28 de enero del 2008 en el diario La Prensa

Recomendaciones al Programa de Estímulo Financiero

Gustavo ValderramaRecomendaciones al Programa de Estímulo Financiero
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Gustavo Valderrama R. – Economista – MBA
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El presidente Torrijos anunció el Programa de Estímulo Financiero, el cual nos parece necesario dada la delicada situación económica mundial. Para aquellos que no han tenido tiempo de prestarle atención al programa, básicamente consiste en colocar mil 100 millones de dólares a disposición de los bancos comerciales; los fondos provienen del BID, Banco Nacional y la Corporación Andina de Fomento.

La idea que subyace es generar un fondo que sirva para agilizar al sistema financiero en caso de que sea seriamente afectado con los préstamos interbancarios. Como es de conocimiento general, Panamá no tiene una banca central, que es la institución que funciona como intermediario para las tasas interbancarias y como prestamista de última instancia en un sistema financiero. Ahora bien, aunque los detalles del plan no han sido revelados, me parece que es un tema que debe ser tratado con mucha rigurosidad; debe tener reglas claras, que eviten que los fondos sean desviados y utilizados en forma inadecuada.

En vista de lo selectivo que puede ser la administración pública y que los malos usos son tanto posibles como probables, trataré de dar mis aportes sobre cómo debería funcionar un programa de esta naturaleza. En primer lugar, lo más importante es establecer quién será responsable de la administración de los fondos y establecer los criterios de aplicación para acceder a dicho fondo.

En segundo lugar, debe estar claro que las tasas de interés no pueden ser menores a las del mercado interbancario, es decir, una tasa de interés menor estaría enviando incentivos inadecuados para aquellos agentes que no saben de autorregulación y no logran diferenciar entre lo posible y lo debido.

Para ser más claros, explicaremos este punto: si las tasas de interés son menores a las tasas interbancarias o se reducen producto del plan, los bancos tendrían suficientes incentivos para solicitar los fondos necesarios del plan y dejar los fondos propios para previsiones, se estaría generando un híbrido del famoso Carry Trade; está claro que finalmente éstos utilizarían estos fondos a discreción de las instituciones financieras, con el amparo del Gobierno.

En tercer lugar, los países con moneda propia habitualmente tienen banca central y estos siempre colocan el precio de la tasa de descuento (como se le conoce al tipo de tasas) por encima de los fondos federales (tasa interbancaria), obligando a los agentes a utilizar los fondos como último recurso; es decir, con mercados perfectamente informados, los bancos con problemas de liquidez que entran solicitando dinero son rápidamente cuestionados sobre el uso del dinero, dejando en clara evidencia las condiciones del banco, de manera que éstos no puedan o deban sacar provecho de esta facilidad.

En cuarto lugar, los préstamos deben tener como destino inyectar dinámica al mercado de bienes, con la intermediación de los sistemas financieros, no pueden ni deben ser utilizados para capitalizarse o acumular provisiones por cuentas incobrables, nuevamente estaría distorsionando el mercado y lograría efectos, a mediano plazo, desestabilizadores. Si la intención fuera salvar a bancos con falta de liquidez o capitalización, en ese caso se debería crear otro fondo paralelo.

Y en quinto lugar se debería definir, de forma clara, si el programa ayudará solo al sistema financiero o al igual que el Tarp (Estados Unidos) dará ayuda financiera a empresas privadas de manera directa, o a otras empresas de tipo financiero.

Finalmente, desde nuestro punto de vista los fondos del Programa de Estímulo Financiero deben estar orientados casi en su totalidad para agilizar líneas de crédito empresariales, que producto de los mercados internacionales se han visto seriamente afectadas, es decir, el plan garantiza la disponibilidad del crédito, no así el precio del dinero.

Tampoco deben ser utilizados para generar préstamos al consumo y el uso de tarjetas de créditos, los cuales serían un riesgo que puede generar presiones inflacionarias, erosionando a su vez el poder adquisitivo de los panameños y elevando el endeudamiento, el cual generaría serias distorsiones al mercado financiero en el mediano plazo. Como diría mi abuela: “Más rápido cae un mentiroso que un cojo”, sería bueno advertirle esto a los bancos antes de llenarse los ojos con golosinas del Gobierno. Estaremos al pendiente…

Publicado el 11 de febrero del 2009 en el diario La Prensa.

Para perpetuar el subdesarrollo

Para perpetuar el subdesarrollo

Gustavo Valderrama R.

El presidente venezolano Hugo Chávez, luego de ganar las elecciones con un amplio margen, decidió someter su poder a una ampliación, y dejar que la Asamblea Nacional compuesta por 167 asambleístas (todos chavistas), votaran por una legislación que le permitiera gobernar durante 18 meses (supuestamente) por decreto, con el lamentable resultado de favorecerlo.

Y decimos lamentable, porque la idea central es llevar a cabo la concepción con beneficios decrecientes para la colectividad, autonombrada “Revolución Bolivariana del siglo XXI”; sin tener que someter a juicios sus criterios.

Para aquellos que no siguen de cerca los acontecimientos regionales, les puedo decir que dentro de los planes del Presidente, se encuentran calificar al país de manera oficial como socialista, decretar nacionalizaciones, eliminar la autonomía del Banco Central y permitir la reelección indefinida, entre otras que él irá agregando.

A primera vista muchos apresurados podrían advertir que la presencia de un presidente benevolente (advirtiendo benevolente como aquel que otorga bienestar por el simple hecho de brindarlo), es lo que necesitan las economías latinoamericanas para alejar la fatídica presencia del desempleo y la pobreza. A lo que a tan ingenuas aseveraciones les recordaría lo que el famoso economista Milton Friedman decía: “No existe tal cosa como un almuerzo gratis”, en clara alusión a que todo nos cuesta, aun cuando sus costos no sean evidentes. Con estas directrices solo logrará alejar más el bienestar de los venezolanos; y demostrarlo a través de fundamentos económicos básicos, será el objetivo de esta entrega.

Para aclarar mejor la idea central, se debe saber que en una economía de mercado las inversiones privadas permiten, entre otras cosas, el desarrollo de grandes y costosos proyectos, a los cuales por su composición le es marginalmente costoso al Estado. A cambio, las empresas invierten en base a sus expectativas de éxito en los proyectos y en la seguridad sobre la propiedad que los países les otorgan. En consecuencia, cuando un país decide utilizar su poder estatal para interrumpir de alguna manera el libre flujo de estas inversiones, ocurren básicamente dos acontecimientos simultáneos: Las expectativas caen y la inseguridad aumenta, provocando la salida de capitales hacia otros mercados más seguros.

El presidente Chávez decidió hacerle la guerra a la nueva inflación (decimos nueva por que Venezuela siempre ha sufrido inflación), contra toda la evidencia empírica existente que le otorgan a sus políticas, el origen del problema; y lo que es peor aún, encaminándose hacia un estanflación (inflación + depresión), que subyace bajo la ilusión que le produce los precios del petróleo y el fantasmal crecimiento económico, estructura que desde el punto de vista económico, no puede mantenerse en el largo plazo.

El largo gestionar de Chávez al frente de Venezuela coincide con el aumento de los precios del petróleo, lo que permitió a Venezuela acumular más de 50 mil millones de dólares en reservas (ahorro estatal); suma considerable, que le permitiría un amplio margen de acción, para llevar a cabo su idea de desarrollo. Sin embargo, se encuentra con la existencia de leyes, una banca central autónoma y derechos de propiedad, que le impiden hacer uso indiscriminando de la riqueza acumulada, al menos no sin consideraciones previas, por lo que decide legislar por decreto y convertirse en un dictador tal cual.

Una vez sucumbe el poder bajo la imagen de una revolución socialista, nacionaliza empresas eléctricas, telefónicas y pozos petroleros, empresas que desde el punto de vista contable, generan beneficios positivos; pero a su vez, demandan grandes cantidades de inversión para mantenimiento y desarrollo, gastos que antes gestionaba el capital privado. Por mencionar un caso, los pozos de petróleo venezolanos para mantener el ritmo productivo en eficiencia, necesitan una inversión anual cercana a los 4 mil millones de dólares; ahora Chávez, a través de sus políticas, traslada más gastos al Estado y menos inversiones privadas. Adicional, su amplio poder le permite generar empleos en estas industrias nacionalizadas y a su vez subsidiar a otros países. El problema de esta situación es que, por un lado, muchos de los nuevos empleos no son marginalmente productivos (botellas por asignarle alguna figura), y, en segundo lugar, el Estado no es históricamente un inversionista eficiente (al menos relativamente frente al sector privado), ocasionando que aumente el flujo de efectivo improductivo (más personas con trabajo), y se reduzca la productividad (las inversiones no son económicamente eficientes).

Con más dinero en circulación y una reducción de las inversiones, los venezolanos tienen dinero, pero no tienen qué comprar. ¿Por que? Por la simple razón de que el aumento de dinero no aumentó junto a la producción, con lo cual esto genera inflación. Y como el Presidente atribuye la inflación a la especulación, decide congelar los precios de alrededor de 150 productos básicos, lo que ocasiona que la inversión se reduzca más y la escasez aumente. No contento con esto, decide reducir el IVA (5% de ITBM) y aumentar los impuestos sobre la propiedad; para terminar con la magistral estrategia, de quitarle dos ceros al Bolívar para fortalecerlo (piensa él), ya que para que este proceso afecte positivamente la inflación, debe sacar circulante al cambiarlos por las nuevas nominaciones, hecho que es casi imposible por que resulta incongruente con las nacionalizaciones.

Finalmente, debido a que el Estado debe mantener una alta liquidez debido a las nacionalizaciones y expropiaciones realizadas, su acción durará hasta que cada trabajador se dé cuenta, que con el nuevo dinero puede comprar exactamente igual o menos bienes y servicios que antes con la misma cantidad de trabajo. Paulatinamente, si esta condición se mantiene, los gastos serán cada vez más pesados para el Estado, hasta que le sea imposible pagar y se vea en la imperiosa necesidad de buscar financiamiento externo, a tasas muy elevadas.

Con una estructura económica tal, al Gobierno solo le queda presionar a la OPEP por reducir la oferta y lograr elevar los precios del petróleo, que le permitan tal condición. Si bien es cierto Chávez no es la única razón que mantiene los precios elevados, sus constantes ataques y su línea política, influyen de manera directa en la especulación de los mercados. No en vano es el quinto exportador de crudo del mundo, lo que finalmente lo perjudica a usted, que todos los días se resiente por los precios de la gasolina. Por esto le recomendamos, que mañana cuando pague por gasolina, mándele saludos al gran dictador benevolente: Hugo Chavez.

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Publicado el 19 de abril del 2007 en el Diario La Prensa.

La política empobrecedora del vecino

La política empobrecedora del vecino

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Gustavo Valderrama R.

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La Reserva Federal de Estado Unidos (FED) sigue aplicando herramientas algo novedosas para apoyar a las operaciones de mercado abierto (OMA), cuyo objetivo es que se logren reducir las tasas de interés. La razón por la cual la FED se encuentra en esta situación es debido a la gran crisis de confianza que no está generando fluidez en el mercado de crédito interbancario, lo que no permite que los intentos de rebajar las tasas, causen el efecto esperado. Es por ello que la FED se ve en la necesidad de seguir inyectando dinero a los mercados, lo que paradójicamente ocasiona más incertidumbre, que eleva el riesgo y finalmente las tasas de interés (de ahí que no bajen por OMA).

Pero más preocupante es que paralalemente estas acciones también inciden en los precios. Podemos ver que los precios en materias primas básicas sin precedentes que estamos soportando tienen mucha relación con las políticas monetarias de la FED, en particular por la devaluación que provocan en el dólar frente a otras monedas como el euro u otros depósitos de valor como el oro.

A ese comportamiento poco coherente en una economía se le conoce como un proceso de “estanflación”, es decir, se combinan la desaceleración con el proceso de inflación. Para muchos este proceso debe ser coyuntural, es decir no es sustentable en el tiempo; pero sí sabemos que históricamente las políticas a seguir son aquellas que preservan el valor del dólar y atacan la inflación.

Hoy en día la FED hace todo lo contrario, es decir, nada contra la corriente, por lo que todo aquel que sigue el desempeño económico entiende con claridad que el problema es mucho más profundo de lo que vemos. Es decir, actualmente el movimiento de las tasas no es debido a que la producción de bienes y servicios se desaceleró, las tasas más bien bajan porque los bancos no se están prestando dinero y por tanto no hay solvencia, de ahí que se eleve el riesgo moral (moral hazard) y la política de prestamista de última instancia, la que solo beneficia a aquellas instituciones que no han sabido administrar sus riesgos en forma responsable.

Ahora bien, ¿qué subyace bajo esta política “devaluadora” del dólar? En esencia, busca lograr que las tasas bajen, para que aquellos valores que están respaldados por tasas variables, puedan afrontar su pagos; de esta manera generar circulante a las instituciones ya golpeadas y reducir la sobreoferta en el proceso de embargos de viviendas, lo que estabilizaría el precio de los colaterales y a su vez reduciría los millonarios fondos aprovisionados para préstamos incobrables, lo que activaría el flujo interbancario y finalmente generaría la confianza perdida. Todo esto antes de que la crisis golpee a los mercados de tarjeta de crédito y segundas hipotecas, para una vez resuelto este problema, combatir la inflación, elevando nuevamente las tasas de interés.

Lastimosamente este proceso es tan imposible como absurdo, con la lamentable situación que para los países como Panamá, que son importadores netos, es sumamente perjudicial, es decir, nos da un golpe doble: en simultáneo nos encarece los productos que importamos y nos reduce el poder adquisitivo. De ahí que dadas estas condiciones no existe política aplicable para estabilizar los precios, porque no depende de nosotros; así que es probable que mientras se mantengan estas condiciones, alcanzaremos una inflación pertinaz.

No todo es noticias negativas, dada la actividad económica actual no es probable que los precios se mantengan a esos niveles por mucho tiempo, no al menos en las materias primas.

Para entender por qué no, debemos en primer lugar ver los indicios que nos muestra la economía y luego la dinámica económica; es decir, los indicios actuales son claros: la galopante inflación y la reducción del superávit chino; la persistente caída de la confianza de los consumidores en Estados Unidos; los multimillonarios fondos depositados en dólares; la pérdida de productividad de los países exportadores en otras divisas, constituyen solo algunos de los elementos que se están distorsionando debido a la actual política empobrecedora del vecino que aplica la FED; por otro lado estos precios generan una gran dinámica sobre las actividades que antes no eran rentables y que ahora comienzan a serlo, de ahí que se eleve la explotación y la producción de los recursos que hoy están sobrevaluados (oro, petróleo, cobre, materias primas blandas, etc.).

Finalmente, aunque la FED vuelva por estos días a reducir las tasas de los fondos federales en al menos 50 puntos básicos (0.50%), los resultados demuestran que no es por ahí el camino a seguir; es decir, ya es tiempo de que aquellos que no utilizaron su administración de crédito y riesgo de forma adecuada, paguen sus consecuencias y no seamos nosotros y el resto del mundo.

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Publicado el 19 de marzo de 2008 en el diario La Prensa.



¿Está Panamá a salvo del resfriado de EU?

¿Está Panamá a salvo del resfriado de EU?

Gustavo Valderrama R.

Al parecer por el momento sí, pero no sabemos qué subyace en las carteras de los inversionistas nuestros, al saber que Panamá no necesita arriesgar 7 mil millones de dólares como tiene en riesgo la firma líder de bonos hipotecarios Bear Stearns, para sentir tensión (aunque solo dos de sus fondos de cobertura reflejan alto riesgo).

En días pasados, la Reserva Federal (FED) decidió mantener por novena vez consecutiva la tasa de referencia en 5.25%, y es que actualmente el mercado norteamericano se debate en, si se debe ajustar la tendencia para relajar el mercado hipotecario o ajustar para socavar las presiones inflacionarias. Por su parte, los inversionistas esperaban leer entre líneas, noticias esperanzadoras de una reducción de las tasas a futuro, sin embargo, este mensaje nunca llegó.

¿Y qué le preocupa a la FED? Principalmente la inflación, y es que con una demanda global robusta, aún esperan un crecimiento moderado. El mensaje que emerge tras el anuncio nos muestra que la inflación puede preocupar, pero no es la principal variable en juego, tras el anuncio se puede leer:

La Reserva Federal considera que es tiempo de estabilizar el mercado, las empresas que mantuvieron ritmo de crecimiento positivo, ya deben asegurar sus posiciones.

La Reserva Federal considera que reducir las tasas de interés seguirá siendo un mensaje al aumento del riesgo moral y a la irresponsabilidad de los inversionistas.

A la Reserva Federal le preocupa el efecto que se produciría en la balanza de pagos en el corto plazo, es decir, el reducir las tasas de interés, aumentaría significativamente el déficit de la balanza de pagos, con la salida de cuantiosas sumas de la cuenta de capital en búsqueda de mejores rendimientos.

¿Y ahora qué esperamos a futuro? Lo próximo para muchos es que Bernanke (presidente de la FED), no equivoque los pronósticos y la crisis del mercado inmobiliario no termine azotando de más, la demanda agregada de las familias. Lo cierto es que se viene repitiendo el mensaje del efecto mínimo que tendrá en el global de la economía.

Por el momento Bernanke sigue con su decisión de esperar para ver qué lado de la cuerda se rompe primero; obvio con los dedos cruzados, en espera que sea el mercado de inmuebles, ante este panorama muchos se preguntan si la FED debe esperar o debe anticipar. De producirse una crisis real en Estados Unidos las expectativas de los inversionistas bajarían, las familias tomarían la decisión de no invertir en bienes duraderos, esperando por mejores momentos, afectando la demanda agregada.

Y la siguiente pregunta es ¿cómo influye esto en Panamá?

A ciencia cierta no sabemos, pero en la medida que bancos de inversión, administradores de fondos de pensión o similares, hayan decidido colocar inversiones en algunos de estos instrumentos, los mercados les pueden jugar en contra. Entre los sectores más expuestos tenemos:

La balanza comercial de Panamá se deterioraría en la medida en que los países demandantes de recursos panameños entraran en crisis desmejorando el rendimiento de las empresas que se benefician.

El sector inmobiliario puede ser afectado por los precios relativos de éste, al enfrentarse con otros mercados en decadencia, originado por la crisis.

El Canal y su expansión se beneficiarían al concebir créditos más baratos, pero se vería perjudicado por la reducción de la actividad económica, lo cual afectaría sus ingresos por peajes

Los bancos internacionales con reservas en el mercado nacional podrían presionar a retirar fondos debido a la caída de la actividad económica, provocando la necesaria acción de elevar las tasas de interés que financia la balanza comercial y el déficit del Gobierno, pero que reducen la dinámica del mercado laboral y de inversión.

Ante todo este panorama el Gobierno, prestamista de última instancia, tendría que buscar financiamiento a tasas más elevadas sacudidas por el crecimiento del riesgo y caída en las expectativas, generando una nueva ronda de endeudamiento latinoamericano. Es tiempo de hacer un alto y tomar la recomendación de Sambo “no te lo gastes todo”.

Lo cierto es que aún la FED espera por el impacto de la crisis; en los próximos días podrá decir si su efecto será macroeconómicamente recesivo (reducción de tasa de referencia) o solo tendrá una exposición con filtraciones menores. Por ahora nos toca sentarnos a esperar hasta ver qué lado de la cuerda cede primero.

<>Publicado el 10 de septiembre de 2007 en el diario La Prensa.