Dictadura y pobreza

La opinión de…

 

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –He recibido correos cuestionando lo que escribí el domingo pasado sobre la situación económica de Panamá durante la dictadura, basándome en cifras tomadas del nuevo libro Democratic Governance in Latin America.

La afirmación que se cuestiona es esta: “Hay que partir del hecho de que Panamá en los años 60 –antes del golpe– mostraba excelente crecimiento económico, por amplio margen el más alto de Latinoamérica.   Entre 1960 y 1970, el producto interno bruto per cápita creció a ritmo de 4.98% … pero ese crecimiento se perdió durante la dictadura.   Cayó a 3.35% en la década de los 70 y entonces a –0.69% en los 80”.

Aunque estas cifras sorprendan a quienes sostienen que la dictadura creó una revolución social en el país, el hecho es que múltiples estudios económicos indican todo lo contrario.

Por ejemplo, un estudio publicado en 1986 por el Centro Internacional para el Desarrollo Económico (CINDE), institución que una vez estuvo dirigida por Nicolás Ardito Barletta, describe el periodo torrijista como “un cuento triste”.    En los años 60, señala el autor, Daniel Wisecarver, Panamá tenía una “política económica [que] estaba en manos sobrias y competentes”. Pero la dictadura “inició una estrategia de intervención estatal” cuyo efecto fue agigantar el sector público, disminuir el crecimiento económico, desacelerar la creación de empleos e incurrir en una deuda externa astronómica.

Mientas tanto, la calidad de vida para las clases humildes no mejoraba. Otro estudio de CINDE muestra que en 1965, los indicadores sociales colocaban a Panamá por encima del promedio del hemisferio y de todos los países de Centroamérica menos Costa Rica.  Pero en 1987, estos indicadores sociales habían mejorado para todos los países centroamericanos, mientras que Panamá seguía en segundo lugar, todavía detrás de Costa Rica, y con los demás países pisándonos los talones más cerca que antes.

Paralelamente, los economistas Andrew Zimbalist y John Weeks, autores de Panama at the Crossroads: Economic Development and Political Change in the Twentieth Century, señalan que en los años 60 el consumo per cápita de calorías y proteínas creció a promedio de 5% anual, pero el aumento se estancó en los años 70 y 80, a pesar de que los ingresos per cápita sí crecieron. Esto “solo se puede explicar con un patrón de crecimiento económico que no llegaba a las clases bajas”.

En cuanto a los campesinos, un informe que el Banco Mundial (BM) emitió en 1985 critica que la dictadura deliberadamente eligió políticas agrícolas que eran contraproducentes. Esto, sumado a “subsidios perdidos, préstamos no recobrables, y empresas estatales pobremente manejadas”, causó “un efecto adverso sobre un sector agrícola que había sido boyante anteriormente”.

En cuanto a los obreros, el BM indica que durante los años 60 la creación de empleos iba por 3.5% anualmente, absorbiendo exitosamente un crecimiento demográfico de 2.5% anual.   Pero al instalarse la dictadura, el nivel de desempleo se dobló en 10 años, el nivel de ingresos reales per cápita bajó, y los salarios reales se estancaron. Otra vez, Zimbalist y Weeks concuerdan: “El desempleo aumentó… la pobreza aumentó”.

Y para rematar, la dictadura hizo que los pobres pagaran más impuestos. En 1968, dice el BM, el sistema tributario de Panamá era progresivo y “se comparaba favorablemente al de otros países en desarrollo”. Pero la dictadura introdujo nuevos impuestos regresivos, incluyendo un impuesto de 5% sobre ventas.   La cuota de Seguro Social subió del 9% al 19% –¡más del doble!– mientras que la estabilidad financiera del Seguro se hizo precaria debido a “proyectos mal concebidos, proyectos abandonados entre acusaciones de corrupción y mal manejo, y préstamos de bajo rendimiento a entidades estatales”.

En breve, el caso panameño confirma lo que el resto del mundo hoy acepta como regla general: Libertad trae prosperidad; tiranía trae pobreza. Quizás haya excepciones, pero Panamá no es una de ellas.

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<> Este artículo se publicó el 14  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
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Los pobres serán cada vez más pobres

La opinión del Economista, Educador y Humanista…

VICTORIANO RODRÍGUEZ

Hay situaciones que deben llevarnos a una profunda reflexión; tratemos de ver más allá del horizonte, ese que algunas veces nos muestra la verdad a medias.

El país se vuelca a novedades e incertidumbres. Se presagian avances tecnológicos y un crecimiento económico envidiable,  pero consigo se mantiene y profundiza la mala distribución de la riqueza, los pobres serán cada vez más pobres.

La Asamblea aprueba a la reelección indefinida en la Universidad de Panamá y del imprescindible, lo cual tiende más a la corrupción que a la búsqueda de rediseño de carreras y modalidades educativas acorde a la transformación del país y brinda los primeros pasos para conocer si la población se cala tal estrategia a fin de lograr una nueva Constitución, aprovechándose de la confusión del mazo, para incluir la reelección presidencial inmediata.

Se presenta y aprueba un presupuesto supramillonario, a fin lograr mayores logros en menor tiempo, haciendo contrataciones directas, entre otras cosas, pero endeudando al país a límites inimaginables.

Se incrementa el pago de viáticos para los funcionarios, en conocimiento que quienes mayormente viajan son los del nuevo disco, máxime al exterior, que como dice un diputado, son viajes de paseos porque son poco o nada productivos.

Se acepta que se nombren por miles y miles de balboas a personas afines a la nueva administración de la CSS y se adquieran equipos informáticos, pero se trata de limitar el pago de 50 balboas a cada uno de los jubilados.  A eso le llaman equidad.

Se pretenden adquirir los corredores a precios exorbitantes, bajo la concepción de que en diez años se eliminará el pago. Similar a la Autopista Panamá-Chorrera, la cual fue una ilusión, hasta después de 30 años.

Se construirán carreteras que son necesarias, pero se pagarán (según los entendidos) precios excesivos y tal cual la cinta coimera, perdón… costera, la construcción, al igual que otras obras serán adjudicadas a las mismas empresas y aquí no ha pasado nada. ¡Esto está de locos!

Quisiera equivocarme, pero presiento que en las postrimerías de este quinquenio, nuestro país mantendrá una deuda externa mayor a granos de arena que puedas contar en una playa.   De no despertar y razonar a tiempo: Dios te salve Panamá.

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 21 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/rodriguez-s-victoriano/

Grado de inversión

La opinión del Ingeniero y Analista Político…..

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JOSÉ  I.  BLANDÓN  C.

Panamá consiguió el martes 23 de marzo la calificación de grado de inversión, cuando la agencia calificadora de riesgos FITCH, subió la calificación de la deuda de Panamá de “BB+” a “BBB-”, colocando al país en el exclusivo club de los países latinoamericanos que incluyen a las economías más grandes como Brasil, México, Chile y Perú, que tienen grado de inversión.

Para evaluar qué grado merece un país en términos de sus riesgos, las calificadoras toman en cuenta los estados financieros del Estado, las condiciones del mercado, el desempeño económico, la coyuntura económica y política por la que atraviesa, el grado de libertad económica y de expresión y sus expectativas hacia el futuro. Se trata de evaluar el riesgo que representa prestarle a un país y a sus empresas: eso se conoce como riesgo soberano.

Entre más alto sea el riesgo soberano, más caro es el costo del dinero para ese país. Las calificaciones van desde la “ D ” que son las peores hasta un triple “A”. Las empresas que se dedican a examinar los países son muchas, pero muy pocas suscitan la confianza y la credibilidad de los inversionistas. Entre las más respetables están Standard & Poor”s, Moody”s, Duff and Phelps y Fitch.

¿Qué importancia tiene para Panamá tener grado de inversión? ¿Cómo se reflejará esto en la vida de nuestros compatriotas? Al mejorar la calificación de riesgo de nuestro país, eso se traduce en una disminución del costo del dinero para los préstamos que realice el Estado y el sector privado. Además, los inversionistas internacionales aumentan su confianza en el país, lo que trae más inversión, más empresas y como consecuencia, más empleo.

Es decir, con grado de inversión el Estado podrá conseguir financiamiento más barato para el desarrollo de sus planes de infraestructura, que incluyen la construcción de carreteras, el proyecto del Metro, hospitales, modernas escuelas y planes dirigidos al desarrollo social.

De igual forma, el sector privado tendrá acceso en el futuro a financiamiento con tasas de interés más baja y esto beneficiará a la empresa privada en general, en todos los rangos. Lo que también generará más empleo, y al haber más empleo, habrá menos pobreza.

Para llegar a obtener el grado de inversión, Panamá ha tenido que realizar un esfuerzo sostenido durante los últimos cuatro quinquenios. El gobierno de Guillermo Endara, recibió un país quebrado y pudo lograr el refinanciamiento de la deuda pública panameña y estableció los parámetros para una disciplina fiscal que nos permitió mejorar la salud financiera del país.

Bajo la administración de Ernesto Pérez Balladares, se avanzó sustancialmente en la consolidación de una propuesta de desarrollo económico con un componente social muy importante.   Durante este periodo se incentivó la inversión directa extranjera y se ejecutaron importantes obras de infraestructura.

En la administración de Mireya Moscoso, se inició un periodo de reformas fiscales que permitió mejorar los ingresos del gobierno y se continuó con la estrategia de desarrollo que potenció sectores como el turismo, fortaleció el sector portuario y el de la telecomunicación.

En el gobierno de Martín Torrijos, Panamá tuvo un crecimiento económico impresionante y los niveles de inversión directa extranjera sobrepasaron todas las expectativas. Se desarrollaron programas para mejorar la situación financiera del país y se obtuvo la aprobación popular para el gran proyecto de la Ampliación del Canal. En este periodo se incrementaron los ingresos y se redujo sustancialmente la relación Deuda/ Producto Interno Bruto.

La política económica implementada por la administración de Ricardo Martinelli, dirigida a priorizar el crecimiento y a enfrentar la crisis que generó la recesión mundial, tuvo la virtud de mantener el crecimiento económico en positivo y lograr una reforma tributaria, que en forma estructural, corrigió graves e históricas distorsiones del sistema fiscal panameño. Este último esfuerzo culminó en la obtención del grado de inversión.

Es importante señalar que este logro pone de manifiesto que cuando el país, en forma coherente desarrolla políticas de Estado, los resultados son muy positivos para la sociedad panameña.

El grado de inversión es una herramienta más con que cuenta el país, para impulsar nuestro desarrollo. No es una panacea, pero es una muestra de la confianza que genera Panamá hacia los inversionistas internacionales. El logro de esta meta debe servir para impulsar otras medidas que nos permitan mejorar nuestra calificación y perfeccionar un modelo de desarrollo económico que sea justo, equitativo, libre, participativo y democrático.

Ahora le toca a la administración del presidente Martinelli cumplir con la ejecución de su plan de gobierno. Dispone de los recursos y de la voluntad para hacerlo, sobre todo del apoyo de un pueblo que espera que la prosperidad también toque a su puerta.

¡Ahora le toca al pueblo!, debe pasar de ser una consigna, a convertirse en una realidad.

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Artículo publicado el 26 de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Recomendaciones al Programa de Estímulo Financiero

Gustavo ValderramaRecomendaciones al Programa de Estímulo Financiero
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Gustavo Valderrama R. – Economista – MBA
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El presidente Torrijos anunció el Programa de Estímulo Financiero, el cual nos parece necesario dada la delicada situación económica mundial. Para aquellos que no han tenido tiempo de prestarle atención al programa, básicamente consiste en colocar mil 100 millones de dólares a disposición de los bancos comerciales; los fondos provienen del BID, Banco Nacional y la Corporación Andina de Fomento.

La idea que subyace es generar un fondo que sirva para agilizar al sistema financiero en caso de que sea seriamente afectado con los préstamos interbancarios. Como es de conocimiento general, Panamá no tiene una banca central, que es la institución que funciona como intermediario para las tasas interbancarias y como prestamista de última instancia en un sistema financiero. Ahora bien, aunque los detalles del plan no han sido revelados, me parece que es un tema que debe ser tratado con mucha rigurosidad; debe tener reglas claras, que eviten que los fondos sean desviados y utilizados en forma inadecuada.

En vista de lo selectivo que puede ser la administración pública y que los malos usos son tanto posibles como probables, trataré de dar mis aportes sobre cómo debería funcionar un programa de esta naturaleza. En primer lugar, lo más importante es establecer quién será responsable de la administración de los fondos y establecer los criterios de aplicación para acceder a dicho fondo.

En segundo lugar, debe estar claro que las tasas de interés no pueden ser menores a las del mercado interbancario, es decir, una tasa de interés menor estaría enviando incentivos inadecuados para aquellos agentes que no saben de autorregulación y no logran diferenciar entre lo posible y lo debido.

Para ser más claros, explicaremos este punto: si las tasas de interés son menores a las tasas interbancarias o se reducen producto del plan, los bancos tendrían suficientes incentivos para solicitar los fondos necesarios del plan y dejar los fondos propios para previsiones, se estaría generando un híbrido del famoso Carry Trade; está claro que finalmente éstos utilizarían estos fondos a discreción de las instituciones financieras, con el amparo del Gobierno.

En tercer lugar, los países con moneda propia habitualmente tienen banca central y estos siempre colocan el precio de la tasa de descuento (como se le conoce al tipo de tasas) por encima de los fondos federales (tasa interbancaria), obligando a los agentes a utilizar los fondos como último recurso; es decir, con mercados perfectamente informados, los bancos con problemas de liquidez que entran solicitando dinero son rápidamente cuestionados sobre el uso del dinero, dejando en clara evidencia las condiciones del banco, de manera que éstos no puedan o deban sacar provecho de esta facilidad.

En cuarto lugar, los préstamos deben tener como destino inyectar dinámica al mercado de bienes, con la intermediación de los sistemas financieros, no pueden ni deben ser utilizados para capitalizarse o acumular provisiones por cuentas incobrables, nuevamente estaría distorsionando el mercado y lograría efectos, a mediano plazo, desestabilizadores. Si la intención fuera salvar a bancos con falta de liquidez o capitalización, en ese caso se debería crear otro fondo paralelo.

Y en quinto lugar se debería definir, de forma clara, si el programa ayudará solo al sistema financiero o al igual que el Tarp (Estados Unidos) dará ayuda financiera a empresas privadas de manera directa, o a otras empresas de tipo financiero.

Finalmente, desde nuestro punto de vista los fondos del Programa de Estímulo Financiero deben estar orientados casi en su totalidad para agilizar líneas de crédito empresariales, que producto de los mercados internacionales se han visto seriamente afectadas, es decir, el plan garantiza la disponibilidad del crédito, no así el precio del dinero.

Tampoco deben ser utilizados para generar préstamos al consumo y el uso de tarjetas de créditos, los cuales serían un riesgo que puede generar presiones inflacionarias, erosionando a su vez el poder adquisitivo de los panameños y elevando el endeudamiento, el cual generaría serias distorsiones al mercado financiero en el mediano plazo. Como diría mi abuela: “Más rápido cae un mentiroso que un cojo”, sería bueno advertirle esto a los bancos antes de llenarse los ojos con golosinas del Gobierno. Estaremos al pendiente…

Publicado el 11 de febrero del 2009 en el diario La Prensa.

Déficit fiscal panameño “made in USA”

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Déficit fiscal panameño “made in USA”

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Fernando Gómez Arbeláez – Arbitro Internacional

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Pocas legislaciones de nuestra República han sido tan vapuleadas, zarandeadas, vilipendiadas y remendadas a conveniencia en tiempo récord como la pertinente a la responsabilidad fiscal del Estado. En un país de gobiernos irresponsables y derrochadores, la tarea de encuadrar el manejo de las finanzas públicas en un marco legal bajo objetivos y controles precisos, en interés de su transparencia efectiva y con garantía de una rendición de cuentas de cara al mundo, ha sido tanto difícil como inmemorial. No obstante, hace apenas siete años que los numerosos intentos se concretaron en una ley innovadora que, irónicamente, a duras penas tuvo vigencia plena en un solo año fiscal.

La Ley 20 de 2002, sobre “medidas de Responsabilidad Fiscal”, fue pionera al desarrollar esas materias de forma ordenada y coherente. En particular, su Título II definía conceptos económicos y financieros básicos e imponía parámetros a los niveles de endeudamiento y gasto públicos, hasta entonces regidos por los criterios meramente discrecionales del gobernante de turno a través del hoy Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Pero la aplicación de la Ley 20 no sobrevivió más allá del año fiscal 2003. Una de las primeras acciones del actual gobierno en 2004 fue la suspensión inmediata de los efectos del Título II. Tres diferentes ministros de Economía y Finanzas -Ricaurte Vásquez, Carlos Vallarino y Héctor Alexander- malgastaron los tres siguientes años ignorando su morosidad con el tema. Al fin, el 28 de diciembre de 2007 -Día de los Santos Inocentes- se presentó a la Asamblea Nacional el anteproyecto de una nueva ley. Este documento, redactado por el consultor y ex presidente del Banco Central de Bolivia, Jacques Trigo, se convirtió seis meses después en la Ley 34 de 2008, “de Responsabilidad Social Fiscal”.

El 1 de enero de 2009, la Ley 34 entró a regir con bombos y platillos. Estableció, entre otras normas, un tope al monto absoluto del déficit del Sector Público No Financiero -léase el nivel de endeudamiento del Estado- del 1% anual. Pero a cinco cortos meses de su vigencia, el ministro Alexander regresó fugazmente a la Asamblea el 11 de junio con otro anteproyecto en manos, uno muy distinto al anterior.

Pasando de lo sublime a lo ridículo, el ministro ahora pretende la reforma del Artículo 11 de la Ley 34 para aumentar los topes del déficit fiscal “cuando la economía de Estados Unidos esté creciendo durante dos trimestres consecutivos a una tasa de 1% real o menos …o el promedio de crecimiento de los dos trimestres de su economía sea de 1% real o menos…”.

La lectura de esa propuesta provoca náuseas. ¿Desde cuándo en las últimas décadas ha sido nuestra economía tan extremadamente dependiente de una sola, de la norteamericana? ¿Qué país soberano ha buscado una excusa tan absurda para justificar el incremento en su déficit fiscal? ¿Es acaso este gobierno tan servil e incapaz que no pudo encontrar un pretexto mejor?

Semejante condicionamiento es lesivo e inaceptable y, por tanto, debe ser rechazado por la Asamblea Nacional.

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Publicado el 18 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

¿Pueden los políticos manejar la economía?

¿Pueden los políticos manejar la economía?

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John A. Bennett N. – Empresario, Escritor
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De acuerdo con el artículo 282 de nuestra Constitución, sí, pues allí dice que el Estado podrá orientar, dirigir, reglamentar, reemplazar o crear, según las necesidades sociales… que nadie sabe cuáles son o cómo se atienden. Quizás un atisbo a la economía intervenida estadounidense nos de luces. Ya hasta Ben Bernanke, el jefe de la Reserva Federal, quien impulsó los programas de “rescate económico” está asustado, tal como podemos deducir de su advertencia ante el Comité de Presupuesto del Senado. Bernanke está preocupado por el crecimiento del déficit fiscal, el cual amenaza con acabar con la confianza de los inversionistas; esos que al final del día pagarán por la gastadera.

De pronto ese genio de las finanzas de la mayor potencia mundial comienza a advertir lo que otros célebres economistas vienen advirtiendo hace años; incluyendo algunos del patio aquí en Panamá. El grave problema es que este señor, su jefe y los seguros servidores economistas que lo apoyan ciegamente, creen que ellos, que atascaron el auto estatal, pueden planificar la solución. En palabras de Bernanke, se trata de “formidables retos de corto plazo”.

A tal grado ha llegado el servicio de la deuda gringa que de cada dólar que piden prestado, les costará cincuenta centavos en intereses, número que asciende vertiginosamente a medida que sube el endeudamiento. La pregunta de rigor es: ¿Y le están haciendo caso? No, ya que a medida que millones pierden sus empleos en el sector privado, Obama parece haber leído el manual de Juan Jované de, “cómo salvar una institución en bancarrota”.

El inmenso problema que esto presenta es que a esos desempleados el Estado les corre salario de cesantía; algo que era factible cuando el desempleo andaba por 4 ó 6% y no rayando las dos cifras. Ningún sistema aguanta eso.

Lo que está pasando es que, finalmente, las tendencias económicas han sobrepasado los límites del control politiquero; una lección que la historia nos viene presentando desde hace cientos de años y que no queremos atender.  Al fin y al cabo, la economía de nuestras casas funciona igualito que la de todo el país; vale decir, si gastas más de lo que te entra, acumularás deuda.  Esa deuda la tienes que pagar, junto con sus intereses, y tu capacidad de pago depende de lo sano del mercado. En otras, uno más uno es igual a dos.

El respecto, el gran economista Bastiat decía: “¡Reformistas modernos!, cuando les veo deseando reemplazar el admirable orden natural con arreglos inventados por ustedes, hay dos cosas que me confunden; es decir, su deseo de fe y providencia, y su fe en ustedes mismos; su ignorancia y soberbia, que en realidad son la misma cosa”.

Sí que hay malos empresarios e inversionistas, pero no son mayoría; mientras que los políticos que fueron electos para ponerles cascabeles a los gatos nos conducen al abismo.  El trabajo que tiene por delante el nuevo gobierno es simple: “pisar los frenos”.

Publicado el 11 de junio de 2009 en el diario El Panamá América

La deuda de los panameños

La deuda de los panameños
Héctor Robles Carrasco

Un tema que a muchos ciudadanos pareciera no importarles, es el tema de la deuda panameña. Aunque trato de justificarlo en varias formas –que somos un país rico, que todos los países deben, que el Canal es nuestro, etc.– cuando me entero de que las calificadores de riesgo nos han hecho sus advertencias, el tema me parece preocupante.

Hace unos días leía en este diario que la deuda externa de la milenaria China se situó en 392 mil 590 millones de dólares. ¿Cómo se compara con la deuda de Panamá? ¡Cuándo empezó la nación china a deber plata? Es difícil saberlo. La historia de China se pierde antes de nuestra era. Pero, aunque la comparación parezca odiosa; en Panamá, después de los años 60 del siglo anterior, descubrimos las “ventajas” de pedir prestado para seguir echando el país para adelante.

La deuda panameña, que a marzo de este año superaba los 10 mil 693 millones de dólares, puede parecer insignificante si se compara con la de China. Tan solo es el 3%, pero lo preocupante de nuestro endeudamiento es que el mismo se ha montado a esa cantidad en menos de 50 años; y que el aumento exagerado de los préstamos se ha hecho en los últimos años, (más de mil 270 millones de dólares en los últimos cuatro años) precisamente cuando los panameños recibimos todos los ingresos de las rentables empresas públicas privatizadas, cuando pagamos más impuestos y se aumentaron los ingresos del Canal, los cuales en menos de 10 años superaron los que produjo en los 90 años que estuvo bajo control norteamericano.

Nos preguntamos entonces, ¿para qué endeudarnos tanto? Si con el flujo enorme de ingresos del Canal y con el enorme ingreso de los impuestos y los dividendos de las empresas privatizadas, que no recibíamos antes, debíamos estar mejor; y por el contrario, no vemos ningún desarrollo nacional notable en los últimos 10 años. Entonces, ¿dónde está la plata?

Actualmente, casi un cuarto de cada dólar producido en Panamá, se destina para el servicio de la deuda. Cuánto será dentro de 10 años? ¿No estaremos legando a nuestros hijos un país endeudado hasta el cuello, donde el producto nacional solo alcanzará para dar servicio a la deuda (abonos e intereses) en menoscabo del desarrollo económico y social?

Así lo veo yo. Estamos más endeudados que los chinos. Si los chinos tuvieran que hacer hoy mismo el pago total de su deuda, cada uno de los casi mil 325 millones de chinos que se calcula que existen, tendría que pagar 296 dólares. Si el mismo caso fuera con Panamá y tuviésemos que pagar la totalidad de la deuda hoy mismo, cada panameño de los 3 millones 343 mil panameños que se estima que somos, tendría que pagar alrededor de 3 mil 200 dólares de su bolsillo. Las cifras nos dicen entonces, que cada panameño debe 10 veces más, que lo que debe cada chino.

Publicado en el 13 de julio de 2008 en el diario La Prensa

Enlace a este tema: http://wp.me/pwrGP-3N