Se impone corregir rumbos

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La opinión del Periodista,  Analista Internacional…

Jairo Henri Pertuz Suárez 

“Libertad mínima es el derecho inalienable de la palabra, al aire o escrita, de todos los seres humanos, con objetividad. Acallarla es el más absurdo desafuero”, JHPS.

Ha empezado el 2011. El mundo se encuentra sumido en la peor crisis financiera, laboral, ambiental y moral. Todos estos elementos afectan gravemente a los seres humanos sin distingo de etnias, credos o ubicación geográfica.  La violencia, las imposiciones, el engaño y el silenciamiento de libertades no son la solución. Está demostrado. Debe darse una convergencia al centro, con entendimiento, respeto y equidad.   El capital, sin la valiosa fuerza laboral, no genera riqueza y deben caminar a la par.

La primera década del Siglo XX  nos mostró terquedad y falta del elemental sentido común para, juntos todos los países y pueblos, sin ventajas ni imposiciones, lograr superar las crisis. Se acabó el tiempo de continuar cargando los empobrecidos a los desarrollados.

Vimos que las prácticas del rescate, mirando para un solo lado, no funcionan.   La crisis persiste y se agudiza con elementos sumamente graves: crisis alimentaria y de justicia.

Aún así, en esta década se han dado hechos saludables en el mundo y se han fortalecido países emergentes en indo-América.

El Estado de Israel y su pueblo han dado un ejemplo contundente de justicia al juzgar a un ex presidente y llevarlo a la cárcel por abusar sexualmente de una empleada suya.

En otros países del mundo, presidentes y funcionarios están por encima de la ley, cometen graves delitos y no pasa nada.   Brasil continúa con éxito su modelo democrático, interno y externo, con las políticas trazadas por el líder sindical “Lula “ Da Silva que, seguramente, serán fortalecidas por la presidenta Dilma Rouseff.   Indudablemente, próximos sucesos deportivos en ese país, coadyuvaran.

Panamá, con crecimiento económico logrado principalmente por su ubicación geográfica, las características que distinguen a su gente, un alto costo social y algunas acciones atinadas en las esferas gubernativas, no logra superar su pésima distribución de la riqueza ni los agudos problemas que nos aquejan.

Se continúa con un sistema de salud donde el Estado persiste en aprovecharse de quienes pagan Seguro Social para jubilarse bien y recibir servicios de salud eficientes. Los gobiernos le recargan todos los servicios de salud en la inventada figura de Beneficiarios.

Además, sin pagar las cuotas de los empleados públicos y con sus fondos devaluándose en el Banco Nacional, todo en perjuicio de los asegurados, afectando gravemente a los jubilados que mendigan sus derechos cada año. Se impone corregir rumbos.

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<>Artículo publicado el 13  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del Editor.

Crisis mundial y nuevas oportunidades

La opinión de…

 

Carlos Antonio Solís-Tejada

Es invierno en París y las nevadas, la lluvia helada y los vientos gélidos han sido implacables con dicha ciudad, al igual que con otras ciudades europeas.

A raíz de este problema, para evitar muertes por hipotermia y un escándalo, el Gobierno ha abierto las estaciones del metro a los indigentes. Nada nuevo, mucho menos para alguien que ha visto o sabido de cosas peores en países en vías de desarrollo, como Panamá. Sin embargo, algunos casos llaman poderosamente la atención, como el de aquellos a quienes la crisis económica les robó sus empleos, su hogar y su dignidad, sin consideración alguna con su trayectoria profesional, su alto nivel académico o su lealtad a sus empleadores (públicos o privados), dejándolos en la calle.

Una amiga saludó efusivamente a una de estas personas en una estación del metro, algo inusual en ella, pero resulta que dicha persona fue su profesor de historia y ciencias sociales en el Lycée Henri IV, la secundaria pública más prestigiosa y selectiva de Francia; estudiar y enseñar allí es un privilegio.

La razón por la que personas tan competentes y brillantes estén ahora en la calle se debe a los recortes presupuestarios, causados por la crisis mundial en el sector público y la inhabilidad de personas encumbradas en su área de adaptarse a la nueva realidad de haber sido, prácticamente, desterrados de su paraíso.

Así como le pasó a ellos, diariamente en el primer mundo se desecha recurso humano competente, mandándolo a vivir con suerte del subsidio por desempleo y, paulatinamente, a la calle.

Hay un dicho que dice: “el desecho de unos, es el tesoro de otros”; en este sentido me pregunto por qué nuestros países latinoamericanos no aprovechan para acoger a estas personas, cuyos talentos nos serían tan provechosos, no porque nos falte talento, pero tampoco es que nos sobre.

Esta idea podría reconfigurar nuestra relación con el primer mundo y ayudar al desarrollo.

La idea no es nueva, sería repetir aquel episodio de nuestra historia que tanto bien nos hizo, las migraciones europeas hacia Latinoamérica de los siglos XIX y XX. Así como en aquel entonces estos europeos, norteamericanos y repatriados latinoamericanos ayudaron a impulsar nuestro desarrollo, construyendo nuestras capacidades técnicas, científicas y humanísticas.

Estas personas, en lugar de invertir su asistencia en proyectos de poco impacto, se les podría permitir utilizar sus subsidios y seguros por desempleo para reubicarse en nuestros países, bajo el acuerdo de integrarse a nuestros sistemas educativos desde el sistema básico al superior y vocacional; además; de los servicios de salud y civil para transferir sus conocimientos a nuestros futuros profesionales, con incentivos y políticas locales, para establecerse en las ciudades de provincias y no en las metrópolis.

Se les debería permitir, con dichos subsidios, poder invertir en nuevas empresas que impulsen sectores no desarrollados de nuestras economías, como la industria pesada, ligera, la biotecnológica e informática.

Una iniciativa así podría ayudar a los países desarrollados a aligerar su carga social, a la vez que refuerza nuestro capital social y estrecha nuestras relaciones comerciales y culturales.

En la era del outsourcing y la globalización, esto no sería del todo descabellado, podríamos, quizás, hasta competir con el este asiático como proveedores de manufacturas y tecnología a Europa o Estados Unidos.

Una vez bien establecidos en nuestros países, estas personas podrían dejar los subsidios, pero permitiéndoles jubilarse decorosamente en sus países de origen, si así lo desean. Concluimos, entonces, que esta crisis nos brinda la inigualable oportunidad de dar un pequeño salto hacia el desarrollo, solo falta tener un poco de ingenio y sentido de oportunidad, por parte de nuestros países con políticas, incentivos y acuerdos entre países, para reclutar el talento desaprovechado, dándoles una nueva oportunidad en el nuevo mundo o en África. Esta y otras oportunidades ayudarían a situarnos entre los países más importantes del mundo, si las sabemos aprovechar.

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<> Este artículo se publicó el 3 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El fracaso del sentido común

La opinión de…

George Youkhadar Allis

El libro A Colossal Failure of Common Sense ha generado desde su publicación, en julio de 2009, una ola de controvertidas revelaciones inéditas e inusuales, por la simple peculiaridad de provenir de una figura que estuvo en carácter de vicepresidente de una de las instituciones más legendarias del mundo financiero, no sólo de Estados Unidos, sino del mundo entero como lo fue Lehman Brothers. El colapso de Lehman Brothers, acaecido en el año 2008, fue el epicentro de la crisis financiera mundial que generó la mayor recesión económica dealcance global desde el gran crac económico de los años 30.

Comentar sobre el libro en cuestión es una tarea muy delicada, más cuando hemos tenido nuestro propio criterio sobre los principales factores que conllevaron de forma conjunta el estallido de la crisis financiera de 2008. No obstante, nunca obviamos el papel que jugó en la crisis financiera y, de manera obvia, las fallas que tuvieron no sólo a nivel ético y moral, sino técnico–financiero, los responsables del manejo financiero de las principales instituciones, tanto privadas como públicas, que se vieron envueltas en la generación de esta crisis.

Entre uno de los aspectos que Lawrence McDonald, autor del libro, analiza y devela como la causa de la caída de Lehman Brothers se encuentran los pormenores de las políticas financieras que la plana mayor de dicha empresa, conformada por un staff de altos gerentes y expertos financieros–contables, llevaron a cabo. Y donde la arrogancia, el talento, la ambición y la codicia terminaron convirtiéndose en una potente mezcolanza que en algunas ocasiones generó mucha riqueza, pero que al final de la historia término siendo paradójicamente uno de los principales factores que conllevaron a la caída estrepitosa de la legendaria empresa financiera.

Para Larry McDonald, la caída de Lehman Brothers no fue una sorpresa, pero se pudo haber evitado si el sentido común hubiese prevalecido, pues dentro de las importantes revelaciones que el citado autor realiza en su libro, destacan las advertencias que desde 2005   habían recibido el presidente de Lehman Brothers y el delegado consejero; el autor menciona que ya se habían realizado fuertes advertencias sobre la eventual implosión de la burbuja del mercado inmobiliario y el colapso que este forzosamente iba a enfrentar. La negativa de estos dos altos ejecutivos en escuchar las advertencias, que emanaban del mismo seno de Lehman Brothers, reflejó esa combinación explosiva, esos rasgos que caracterizaron la conducta de la plana mayor de esta institución financiera.

Ese fracaso colosal del sentido común, que conllevó al aislamiento del jefe ejecutivo de Lehman Brothers y de sus más cercanos colaboradores, y su consiguiente desaparición, debe ser, según Lawrence G. McDonald, una lección importante, no sólo para prevenir futuros desastres como estos sino servir de faro aleccionador para los responsables del manejo de las políticas financieras, tanto públicas como privadas en Estados Unidos y en el mundo entero.

Siguiendo esta línea de reflexiones, consideramos que las mismas deberían servir para apuntalar la necesidad de mantener el espíritu de los principales lineamientos del pensamiento liberal económico, como lo ha sido, el libre mercado y la iniciativa privada; los cuales fueron cuestionados por sus sempiternos enemigos globales, aprovechando las fallas que aciagamente un grupo de inescrupulosos gerentes cometieron y que han pretendido ser presentadas como el común accionar del resto de los demás entes, tanto privados como públicos, de las diferentes latitudes mundiales que han defendido la libre empresa y el capitalismo liberal como el principal motor del progreso económico y material que ha tenido el mundo contemporáneo.

La Fundación Libertad y la Bolsa de Valores de Panamá le invitan a un desayuno con Lawrence G. McDonald este viernes 19 de noviembre. Para más información llame al 399-1466.

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<> Este artículo se publicó el 16  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/youkhadar-allis-george/

El FMI pronostica una ‘generación perdida’

La opinión del Docente Universitario e Investigador asociado al CELA


MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO

En su Asamblea General conjunta, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial pronosticaron una ‘generación perdida’ con motivo de la crisis económica mundial. A su vez, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que la situación ‘arruinará la perspectiva de vida de muchas familias’.

Como de costumbre, sin embargo, estos organismos pusieron de cabeza las relaciones internacionales y tergiversaron la realidad mundial.   Ahora los países más ricos solo podrán recuperarse si los más pobres corren a salvarlos. ‘Para que las exportaciones de los países llamados desarrollados tengan más competitividad es necesario que las monedas de los países en desarrollo se revalúen, que valgan más frente al dólar, para que las mercancías de los países desarrollados tengan más competitividad en los mercados globales’.

En la reunión conjunta los gobiernos de los países más industrializados presionaron a los gobiernos más débiles para que permitan un encarecimiento de sus monedas con respecto del dólar, con el fin de hacer crecer el mercado para las exportaciones de los países avanzados y así inyectar combustible a sus debilitadas economías.

Pocas veces antes en la historia se había escuchado la verdad en forma tan descarada. La sobrevivencia y prosperidad de las grandes empresas multinacionales dependen de los sacrificios que realizan los pueblos más empobrecidos del mundo.  El gobierno panameño no informó sobre esta reunión y su participación en la misma.   Sin embargo, sin que se lo pida el FMI o el Banco Mundial, el gobierno actual está cumpliendo con las líneas propuestas por los países más poderosos.   Ha radicalizado las políticas de flexibilización, persigue a las organizaciones sindicales y continúa recortando los presupuestos de educación y salud.

Dominique Strauss—Kahn, director gerente del FMI, informó que en 2009 se perdieron 30 millones de empleos. ‘Cuando alguien pierde el trabajo, su salud empeora, la educación de los hijos igualmente empeora. Cuando la gente pierde el empleo, la estabilidad social probablemente será peor, lo que amenaza la democracia e incluso la paz’, dijo a los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales asistentes a la asamblea. Todo indica que el ministro de Economía de Panamá no escuchó estas palabras.

Una frágil y débil recuperación del crecimiento económico, como anticipa el FMI, frenarán la creación de nuevos empleos, afectará la recuperación y puede minar la estabilidad social. El gobierno panameño y los sectores que lo apoyan todavía no entienden cuál es la relación entre flexibilización y desestabilización.

En el mismo foro el director general de la OIT dijo que ‘el mundo encara un déficit de puestos de trabajo, que es un obstáculo para la recuperación de la economía y alimenta las tensiones sociales’. Ahora mismo, la mitad de la fuerza laboral del mundo solo tiene trabajo precario y ocho de cada 10 personas en el planeta no gozan de mecanismos de seguridad social. En muchos países la inequidad creció significativamente en los últimos meses y los ingresos de las clases medias se debilitaron. Son estos desequilibrios las causas profundas que contribuyeron a la crisis.

Ambos señalamientos fueron hechos en la sesión plenaria de la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial (BM), cita que reúne a funcionarios de 187 países.   El encuentro se realizó en un momento en que la recuperación de la economía después de la crisis se hace más lenta.

Las instituciones financieras que controlan los créditos a nivel internacional simularon un escenario de conflicto económico y diplomático entre países avanzados y en desarrollo. Los países desarrollados tienen un excedente de producción que no pueden colocar en sus mercados y requieren, para imprimir paso a su débil recuperación, exportar más hacia las naciones en desarrollo. Según el FMI y el Banco Mundial, los países pobres han logrado reponerse más pronto de la recesión: La mitad del crecimiento económico mundial será aportado por los países subdesarrollados en los próximos años. La media verdad no dice que es la República Popular China que está creciendo rápidamente. Los demás países subdesarrollados están peor que cualquier país europeo o de EE.UU.

Según la OIT, el mayor gasto público y menores tasas de interés, puestos en práctica por gobiernos para enfrentar la crisis, deben mantenerse hasta que la recuperación en el empleo sea firme. Estas medidas deben ser complementadas con políticas de creación de empleo y protección social que pueda ‘aliviar la angustia, hacer nuestras sociedades más incluyentes y reforzar la capacidad de las economías para generar empleo’. El Ministerio de Trabajo panameño probablemente se ausentó de la sala cuando la OIT rendía su informe.

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<> Artículo publicado el 14 de octubre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/gandasegui-marco-a/

Recuperación con empleo

La opinión de…

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Virgilio Levaggi

Viene captando interés la asociación entre el Fondo Monetario Internacional y la Organización Internacional del Trabajo para explorar alternativas que permitan que la recuperación de la crisis económica mundial tenga un alto coeficiente de empleos.

El 13 de setiembre, bajo los auspicios del Primer Ministro de Noruega, se desarrollará la conferencia “Los Desafíos del Crecimiento, el Empleo y la Cohesión Social”. Entre otros llegarán hasta Oslo la Presidenta de Liberia y los jefes de Gobierno de España y Grecia, además de ministros y dirigentes del mundo productivo. Para el primer ministro Stoltenberg dicha conferencia “ofrece un escenario ideal a autoridades ejecutivas y expertos para explorar cómo mejorar la calidad de vida y de empleo de millones de personas que se han visto afectadas por la crisis financiera”. El número actual de desempleados en el mundo es de 210 millones, 34 millones más desde que comenzara la crisis.

El gran riesgo al que se enfrenta una parte importante de la humanidad es que la actual pérdida temporal de puestos de trabajo se convierta en desempleo de largo plazo. Ello no solo afectaría la recuperación económica sino que minaría la cohesión social, con consecuencias lamentables.

La iniciativa del director gerente del FMI, Dominique Straus-Kahn, y del director general de la OIT, Juan Somavia, está a tono con una tendencia que se viene afirmando en la cooperación internacional a favor del desarrollo: una aproximación holística, centrada en la persona humana, que busca la integración de políticas económicas y sociales.

Hay nuevos vientos para enfrentar mejor los desafíos que plantea la globalización y, desde esa perspectiva, el Acuerdo Stand-By entre El Salvador y el FMI de 2010 –para mitigar los efectos de la crisis global– es importante. El mismo busca mantener la confianza de los inversionistas y apoyar los esfuerzos de las autoridades.

El FMI reconoce que éstas buscan acelerar la recuperación económica, reducir la pobreza, preservar la estabilidad financiera y garantizar la sostenibilidad de la deuda y destaca que la prioridad del Gobierno es aumentar el alcance y la eficacia de los programas sociales, entre éstos el de Comunidades Solidarias.   Se calcula que en el período 2010–11 el gobierno dedicará casi el 1% del PBI a la creación de un programa de empleo temporal y el lanzamiento de un programa de inversiones públicas en salud, educación e infraestructura que contribuiría con la generación de puestos de trabajo. Lo laboral, aquí, es central para la recuperación.

Ejemplo de estos nuevos vientos es la “Iniciativa del Piso de Protección Social”, aprobada por la Junta de Jefes Ejecutivos de las Naciones Unidas, orientada a promover –a nivel nacional– estrategias que promuevan el acceso universal a servicios sociales esenciales. 80% de la población mundial no disfruta de un conjunto de garantías sociales que les permita hacer frente a los riesgos de la vida. La protección social contribuye con el crecimiento económico al ayudar al aumento de la productividad laboral y al afirmar la estabilidad social.

Globalmente así como a nivel nacional o local una visión integradora y una gestión integrada resultan esenciales para enfrentar una crisis que comenzó afectando al mundo del dinero y que hoy aflige a mucha gente en todo el mundo.

<>Artículo publicado el 6 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Estrés postraumático global

La opinión de….


Juan Carlos Ansin

Tras casi un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal, la extensión y profundidad de la crisis económica actual, especialmente en los países desarrollados, ha dejado una estela cada vez más ancha de escepticismo que poco a poco se ha ido transformando en un estado de conmoción pública.
Curiosamente, las vapuleadas economías latinoamericanas, un poco curtidas por el espanto y otro poco inmunizadas de tantas “libertades” sostenidas con el hacha del verdugo, van sorteando la tormenta.   No es novedad alguna afirmar que la libertad individual es el centro en que descansan las demás libertades y los otros dos pilares del neoliberalismo económico: el libre mercado y el Estado minimalista. Creo con Canguilhem, que la búsqueda del error es el fundamento del pensamiento humano. Pues bien, descubrir, aunque sea tardíamente, que es un error admitir que el “individuo autónomo se comporta de manera racional” o que “en la relaciones entre individuos la libertad absoluta es prioritaria y que en esa relación, los valores relevantes caen en el ámbito de la ética individual y de la filosofía, pero fuera del campo económico” ha dado origen a este tipo de estrés económico postraumático global.

Para Friedman, la responsabilidad primaria de la economía es la de obtener beneficio. Como vemos, para el otro padre del neoliberalismo, la ética debe estar sometida a la libertad del individuo. Consideración que a mi juicio debiera ser al revés: la libertad individual debe estar sometida a las normas éticas de la sociedad. Desde ya, la pregonada responsabilidad social empresarial, no es nada más que la aplicación de reglas, en un contexto moralmente justo, aceptadas libremente para la obtención de beneficios mutuos.

La ineludible necesidad de pactar contratos y tratados económicos, pone en evidencia la precaria racionalidad en el comportamiento del individuo dejado en libertad para hacer negocios. Galbraith advertía que el principal problema social radica en la desproporción entre el derroche privado y la pobreza pública (carencia de escuelas, hospitales y carreteras).  Los ejemplos de corrupción pública y privada son sobradamente conocidos y no deja de ser otro de los principales causantes de la presente crisis.

El economista brasileño E. Giannetti, afirma que este egoísmo ético individual, se basa en la teoría del choque de intereses como motor de la producción y la riqueza. Y propone: “La presencia de valores morales y la adhesión a normas de conducta éticas, son requisitos indispensables para que en el mercado se instaure como regla la conciencia civilizada”. Esto es, competir dentro de normas que hagan de la suma de las libertades individuales un Estado democrático, responsable y justo.

Admito que “en tiempo de crisis cualquier ideología es un bien de lujo”. Pero no por eso debemos seguir a cualquier flautista encantador, venga de Chicago o de Caracas, porque como nos advirtiera James Joyce: “¿Qué clase de alivio sería abandonar una idea absurda, pero coherente y lógica, para abrazar otra que es incoherente e ilógica?”.

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Artículo publicado el 29 de agosto  en el diario  El Panama América a quien damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Las aventuras de Fannie y Freddie

La opinión de….

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Francisco Ibero

Fannie Mae y Freddie Mac son, respectivamente, los nombres informales de Federal National Mortgage Association y Federal Home Loan Mortgage Corporation. Ambas fueron creadas como instituciones gubernamentales que posteriormente fueron traspasadas a inversionistas privados en 1968 y 1989. En este artículo pretendo mostrar que ambas jugaron un papel importante en la crisis subprime, papel que ha sido ignorado por muchos porque no cuadra con la “versión oficial” de la misma.

Aparentemente son empresas privadas, pero técnicamente son empresas patrocinadas por el Gobierno (government sponsored enterprises). Como tales, tienen varios privilegios: exención de impuestos estatales y locales; requisitos de capital de 2%–3% de los activos frente al 6%–8% de los bancos; línea de crédito de varios billones con el Tesoro, entre otros.

En la práctica, los estadounidenses las consideran como empresas públicas. Dan por supuesto que el Gobierno las rescatará en caso de problemas y quienes compran sus bonos de deuda cobrarán pase lo que pase.

Fannie y Freddie no conceden hipotecas a clientes. Solo operan en el mercado secundario. Compran hipotecas a bancos y compañías hipotecarias. Suelen conservar una parte importante y venden el resto en forma de títulos hipotecarios a diversos inversionistas. Hay que notar que, incluso cuando venden títulos, ambas cargan con el riesgo de que los clientes de las hipotecas originarias dejen de pagar. Pienso que esto es un error. En buena lógica y como sucede en el caso de los bancos, son los compradores de títulos los que deben correr y corren con el riesgo.

Nuestras dos compañías se financian mediante bonos de deuda que colocan con facilidad ya que el público considera que están garantizados por el Gobierno. Las ganancias que obtienen por cada hipoteca que conservan o cada título que venden son más bien pequeñas, pero los volúmenes que manejan son enormes. Por ejemplo, en el año 2003 tenían más del 50% de la deuda hipotecaria de Estados Unidos. Aquí hay otro riesgo importante. Si las hipotecas son de buena calidad, todo va bien. Pero apenas los préstamos malos llegan a cierto nivel, no muy alto, se comen fácilmente las ganancias.

En principio y en teoría, el objetivo principal asignado a Fannie y Freddie ha sido contribuir a hacer más accesible la vivienda propia para la gente de escasos recursos. Curiosamente, podían comprar hipotecas hasta de 417 mil dólares, cifra que se aumentó a 730 mil en diciembre de 2007. No hay que pensar mucho para concluir que estas no son hipotecas accesibles para familias de escasos recursos.

En 1992 el Congreso creó una institución reguladora denominada Office of Federal Housing Enterprise Oversight (Ofheo), adscrita al Ministerio de Vivienda, para supervisar la actuación de las dos compañías. El grupo supervisor comenzó con 200 funcionarios y un presupuesto anual de 65 millones. Los revisores nunca encontraron nada extraño, entre otras razones porque era el propio Ministerio de Vivienda el que obligaba a ambas a comprar hipotecas de dudosa calidad, por decir lo menos.

Es fácil entender que ambas compañías debían y deben satisfacer los intereses del Ministerio de Vivienda y del Congreso para subsistir. De hecho, el ministerio les imponía metas detalladas respecto al porcentaje de hipotecas de familias con bajos ingresos que debían comprar.

La inestimable contribución de Fannie y Freddie a la crisis subprime se dio por dos vías. Primero, ellas establecían de facto los estándares de crédito de los préstamos hipotecarios, ya que compraban al menos el 50% de los mismos. Los estándares se fueron relajando poco a poco en la medida en que el Ministerio de Vivienda las forzaba a comprar más y más hipotecas de baja calidad. La política respecto al abono inicial fue de particular importancia. Dicho abono se fue reduciendo progresivamente hasta que fue eliminado totalmente. En segundo lugar, al concentrar tantas hipotecas de mala calidad en dos compañías con requisitos de capital ridículamente bajos, el desastre estaba servido.

Ambas compañías comenzaron a comprar hipotecas subprime en 1993. Peter Wallison, ex consejero general del Tesoro, estimaba en 2008 que el 40% de las hipotecas en poder de ambas eran subprime.

Hubo quienes advirtieron a tiempo sobre los problemas potenciales. Lawrence Summers, secretario del Tesoro con Clinton, se quejó en 1999 del estatus anómalo de las compañías. Por su parte Lawrence J. White, que fue miembro de la directiva de Ofheo, defendió en 2004 que no deberían tener ningún privilegio.

Actualmente están intervenidas por el Gobierno. En el primer trimestre del año perdieron 18.5 billones. Hasta ahora, el Gobierno ha gastado 145 billones en su “rescate”. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, el costo final para los contribuyentes puede llegar a 380 billones.

La ley de reforma financiera recientemente aprobada tiene mil 500 páginas, pero no incluye nada respecto a Fannie y Freddie. Quienes crearon y alimentaron este desastre, pretenden saber cómo manejar todo el sistema financiero. Sería cómico si no fuera trágico.

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Este artículo se publico el 21 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.