¿Justicia expedita o mora judicial?

La opinión de la Abogada…

Odalys Quintero Valdés

El tema de la mora judicial, ha sido tan debatido y cuestionado, por lo menos en los últimos 10 años, y hoy aún no se le ha encontrado una solución real.

Hay informes de este año que indican que ha habido una disminución, han creado los llamados tribunales de justicia con carácter temporal, pero los que estamos en los tribunales sabemos que esto no está resultando, y que hay una falta de voluntad enorme para hacerle frente a este problema y ejecutar las posibles soluciones a este mal.

Y una clara solución, empezando con lo más mínimo, es que en los lugares en los que se imparte justicia se tiene que modificar el horario de atención, porque el acceso a la justicia se encuentra con la barrera del horario de atención. No puede ser que muchos abogados, que litigamos, no podamos hacer ningún trámite en los lugares en los que se imparte justicia, en los horarios de 12 mediodía hasta las 2:00 p.m., esto es inaudito e inaceptable.

Los tribunales deben contar con dos turnos, y deben estar abiertos desde las 7:00 a.m. hasta las 7:00 p.m., por ejemplo, y créanme que esto reduciría en gran medida la mora judicial.

Este horario de atención debe hacerse extensivo a las juntas de conciliación y decisión, juzgados penales, juzgados de familia, es decir, a todos los tribunales, tanto administrativos como judiciales, como lo dicen los códigos y las máximas del derecho, la justicia debe ser expedita e ininterrumpida.

Empezar con algo tan sencillo como esto del horario de atención reduciría la mora judicial y aumentaría el empleo, si hay presupuesto para tantas otras cosas, que no tienen tal grado de relevancia como esta, entonces con mayor razón habrá presupuesto para crear dos turnos en todos los juzgados y tribunales de este país, empezando por los más congestionados.

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<> Este artículo se publicó el  16  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
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El teatro como taller de enseñanza

La opinión de…

CONOCIMIENTO

Odalys Quintero Valdés

Muchos estudios han revelado que existen métodos de enseñanza que resultan de un fácil aprendizaje para el estudiante, y tres de ellos son el aprendizaje adaptado a juegos, el aprendizaje adaptado a la música, pero hay uno que quiero resaltar y llamar la atención de las autoridades educativas para que presten especial atención, y este es el teatro como taller de enseñanza.

Y es que últimamente se ha estado calibrando el conocimiento que tienen nuestros estudiantes, por ejemplo, en nuestra historia, lo cual ha arrojado resultados muy por debajo de lo esperado, y es que la historia como materia no gusta mucho a los estudiantes, pero es la forma en que es contada; el maestro solo se limita a mandar al estudiante a leer.

Este tipo de didáctica sin emoción no motiva al estudiante, lo que hace que utilice la memoria corta, que es leer para el momento, para el examen y ya, luego se les olvida lo leído porque se utiliza el sistema de memorización.

Sin embargo, en años pasados, he visto en canales nacionales, precisamente en el Canal 11 (Sertv), cómo excelentes actores panameños han dramatizado nuestra historia, muy bien escenificada y muy bien contada, de tal manera que la dramatización queda grabada en nuestras mentes, y qué más que aprender a través de este arte, el teatro.

Explicado y analizado todo lo anterior, me pregunto por qué las autoridades del Ministerio de Educación no utilizan este gran talento nacional para que graben estas obras teatrales, contando nuestra historia y distribuirlas en todas las escuelas del país e incluir una materia que se llame “taller”, en donde puedan utilizar el teatro o algún tipo de didáctica parecida para aquellas materias que son de difícil aprendizaje para nuestros estudiantes.

Esto sería un método, o una formula, que llevaría el arte a las escuelas, facilitaría la enseñanza y además fomentaría la motivación e inculcaría el amor al estudiante por la cultura.

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<> Este artículo se publicó el 10  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Transformación curricular, ¿de qué hablamos?

La opinión de…

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Odalys Quintero Valdés  

La educación panameña se encuentra en una encrucijada, desde el siglo pasado se han hecho estudios para ver de qué manera se puede mejorar el sistema curricular desde las bases. El sistema se aboca, más que nada, al ensayo y error, dando como resultado un fracaso en el producto final.

Desde esta perspectiva, me atrevo a decir que los estudios no han sido profundos o, lo que es peor, la transformación ha sido muy somera en su aplicación. Esto puede deberse a factores exógenos, como la política que ha puesto a cargo del Ministerio de Educación (Meduca) a funcionarios con poca visión, quienes aun cuando haya contado con una extensa y ponderable hoja de vida, carecen de la actitud y la aptitud para asumir tal reto. Igual ha ocurrido con la formación de los docentes. En la década de 1950 el docente era respetable, admirable, era el modelo a imitar de los dicentes, y eran inculcadores de disciplina. Hoy el cuerpo docente ha caído en la conformidad, no pone de su parte para que la situación mejore.

Señores, he allí el verdadero problema de la educación panameña: los docentes. Así mismo como el mundo ha avanzado, de la misma manera los docentes deben prepararse para el siglo actual. El sistema educativo ha dado un giro a nivel mundial, de la educación de sistema sumativo a la educación formativa.

El problema no está en las materias que se dan en las escuelas, como todos los estudios arrojan, y el Meduca apunta y apuesta; tenemos un problema mucho mayor y es que los docentes que se integran al sistema no tienen esa formación didáctica que el mundo exige actualmente. La sociedad no quiere robots, la sociedad está pidiendo que se formen en las escuelas a hombres y mujeres con verdadera capacidad para resolver los problemas del mundo de hoy. Estudiantes que se formen con verdadero conocimiento, que hayan “aprendido a aprender”, que no dependan de la memoria para obtener una nota. Lo que la sociedad espera son nuevas capacidades para crear soluciones a los retos del mundo actual, principalmente, que puedan atacar los problemas de nuestra sociedad con soluciones modernas, adecuadas al momento, que no se busquen soluciones con modelos antiguos que no han dado resultados.

Entonces, lo que necesitamos es que se haga una verdadera transformación en la formación de los docentes, principalmente, los de grados de base y grados intermedios, hasta las licenciaturas.

Lamentablemente, la mayoría de los docentes se conforman con cumplir con un plan curricular, pero ¿acaso cumplir con el plan en teoría es garantía de que se cumplió verdaderamente con los objetivos de ese plan?, pues tal parece que no es así, y es que siguen produciendo robots en serie. La libertad de cátedra es un derecho que tiene el docente para ser creativo para utilizar nuevas herramientas en la formación del dicente, que necesita motivación para quedarse en el aula de clases. El docente debe utilizar la didáctica motivadora nada se lo impide.

Tal cual lo hacen muchos profesores a nivel de maestría, es enriquecedor contar con verdaderos formadores, por ejemplo Julio Góndola, Erasto Espino y Rosaura González Marcos, entre otros. Ellos, a mi criterio, son verdaderas joyas de la educación actual.

<> Este artículo se publicó el 30 de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué permitimos los malos servicios?

La opinión de…

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Odalys Quintero Valdés

Panamá, nuestro país, se dice ser un país de servicios, porque tenemos sectores que brindan servicios al mundo a través de empresas nacionales como el Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, la línea aérea panameña, que es una de las más grandes del área, somos también la mayor proveedora de servicios offshore, entre otros servicios, estos son sectores de gran importancia para el comercio mundial, que en perspectiva brindan un excelente servicio.

Pero, por qué permitimos que las empresas multinacionales o transfronterizas, como les quieran llamar, a pesar de que el Estado les brinda un clima de seguridad jurídica, beneficios fiscales y una serie de prerrogativas para que, precisamente, vengan a establecerse en nuestro país, dejamos que nos brinden un pésimo servicio, si nos quejamos del pésimo servicio que nos brindan algunas empresas estatales y sectores privados, como lo es el transporte público, el seguro social, algunas entidades gubernamentales que atienden público, no escucho que se quejen de empresas multinacionales que han llegado a nuestro país a hacerse más ricos pero maltratando al panameño, maltratando a los ciudadanos de este país, que si bien es cierto algunas de estas empresas han sido echadas de otros países por su mal servicio y por el maltrato al usuario, se han venido a aprovechar de este pueblo que, además de pacífico, siempre da un voto de confianza al que llega, porque es parte de la idiosincrasia nuestra, tomar a primera vista el lado positivo de las cosas, este es un pueblo con mente positiva; pero ya está bueno de que nos quedemos callados frente a este tipo de inconsciencia, y voy a mencionar a estas empresas extranjeras que nos están acabando nuestro lado amable y pacífico, me refiero a empresas del sector bancos, hay algunas otras, pero luego hablaré de ellas.

En este país hay algunos bancos extranjeros que son un peligro para el usuario, pero hay un banco que se fusionó con un banco local, que a pesar de que cuenta con múltiples sucursales y que tiene una gran cantidad de usuarios, siempre que usted acude a cualquier sucursal hay filas interminables, filas que te puedes demorar más de una hora para cambiar un cheque o pagar una hipoteca, porque solo tienen tres cajas funcionando, una para los jubilados, otra para usuarios de una o dos transacciones y otra para todos los que cambian planillas; no hay sillas para sentarse, los usuarios se sienten inseguros porque uno no sabe si puede ser víctima de un asalto en cualquier momento.

Sí, todos nos quejamos en la fila, pero por qué tenemos que permitir este maltrato. Sabemos que meterse con el sector bancario es meterse con el poder económico de este país, pero ya está bueno.

Antes, cuando se hablaba de un banco, uno lo hacía con mucho respeto, porque el banco representaba seriedad para los usuarios, pero hoy por hoy la banca ha perdido credibilidad y respeto, porque se les ha otorgado, a través de leyes y decretos, licencia para hacer lo que le da la gana con el usuario.

Entonces, amigos usuarios, no nos quedemos callados, levantemos la voz en contra del abuso y el atropello que nos brindan bancos como este con su mal servicio.

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Este artículo se publicó el 9 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Querido desarrollo, si yo hubiese sabido que…

La opinión de…

Odalys Quintero Valdés   –


Es usted muy deseado, ¿sabe?, pero qué difícil se nos hace conocerlo. Creo que es porque no sabemos ¿cuáles? son sus verdaderas intenciones, aunque quiero serle sincera, usted me inspira miedo.

Mi nombre es Panamá y tengo algunos vecinos que no hablan bien de usted, porque a medida que lo van conociendo, ocurren muchas cosas que no les agrada y quizás si hubiesen sabido más de usted, no querrían haberlo conocido. Pero pienso que usted siempre logra deslumbrar a quien nos representa, porque cuando ellos lo conocen, se confunden y luego confunden más a mi pueblo.

Pintan las cosas de una manera tan maravillosa y dicen que usted es bueno, que hasta logran convencerlos. Pero en ese discurrir en que usted intenta quedarse entre nosotros, por fin vemos la cruda y cruel realidad, y nos preguntamos: ¿usted es bueno… para quién?

Antes de conocerlo me hubiese gustado saber que aceptarlo significa venderme a pedazos al que mejor comisión paga; que pronto mi pueblo no podrá disfrutar de mis hermosas playas, de mis maravillosos paseos (el Casco Antiguo, la cinta costera, el causeway), de lugares como Boquete, El Valle de Antón, de mi espectacular vegetación a lo largo de mis 78 mil 200 km2, que asegura la provisión de agua en mis cuencas para las siembras, la agricultura, para alimentar a mi pueblo, a mis animales, para la pesca, para una de mis maravillas reconocidas por el mundo, el Canal.

Antes de conocerlo me hubiese gustado saber que su llegada le impedirá a mi pueblo tener acceso a lugares como Paitilla, Costa del Este, Avenida Balboa, Albrook, Coronado, Pedasí, Costa Esmeralda, Contadora, Taboga y tantos otros lugares.

Antes de conocerlo me hubiese gustado saber que usted quiere acabar con mis preciosas selvas llenas de vegetación y de mis hermosas montañas (cerro Echandi, El Valle, cerro Fábrega, La Yeguada, la cordillera de Talamanca las montañas de Veraguas), para convertirlas en selvas de cemento; me hubiese gustado saber que usted quiere acabar con este pulmón del planeta en que vivimos; me hubiese gustado saber que usted prefiere a los que vienen de afuera que a los míos; me hubiese gustado saber que a usted solo le gusta contar millones de dólares, delante de mi pobre pueblo; que usted ni por un minuto piensa en que mi pueblo la está pasando mal; que no tiene trabajo y que le es difícil salir de sus casas porque no hay transporte y el que hay es muy malo; que no hay seguridad; que la vida se le está encareciendo a medida que avanza el año; que la comida está más cara, que los alquileres están más caros, que las viviendas están más caras, que cada vez se le aumentan más los impuestos a cambio de nada, que cada vez se les niegan más los accesos a cualquier cosa que antes sí tenían, porque había un poquito más de igualdad, y que ahora la diferencia se está haciendo del tamaño del océano.

Pero, señor desarrollo, quiero hacerle una pregunta: ¿acaso cuando usted llega a algún lugar, mejora las cosas?  ¿Los problemas se acaban?   Pues déjeme darle una noticia, en los lugares a donde usted ha llegado, ha empeorado las cosas, porque así como grande puede ser el desarrollo así de grande serán los problemas.

Lo he visto, donde mis vecinos, los estadounidenses y los europeos, allá hay más corrupción, más drogas, avaricia, ansias de poder, contrabando, desempleo y menos tolerancia, todo esto ocurrió porque creyeron en usted.

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Este artículo se publicó el 9 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El autogol de la humanidad

La opinión de….

Odalys Quintero

Humanidad, esta es una palabra que últimamente se menciona mucho, incluso, es tan importante y de gran preeminencia mundial que se creó una rama del derecho por los derechos humanos.   ¿Pero, sabemos acaso cuál es su verdadero significado?

Bueno, entre alguna de sus definiciones me gustó la siguiente: “capacidad de sentir solidaridad, afecto, bondad, compasión hacia las demás personas”.

Comparando esta definición con el comportamiento de nosotros, los seres humanos, ¿estaría usted de acuerdo en decir que sí, es cierto, se compadece nuestra acción con su significado? ¿O es que los seres humanos nos estamos deshumanizando?

Pues, científicos, antropólogos y un sinnúmero de estudios siempre hablan de la evolución del ser humano, con respecto a esto, pienso que el ser humano sí ha evolucionado, pero de manera física e intelectual, porque sentimental y espiritualmente hemos sido iguales siglo tras siglo.

Aún hoy, seguimos siendo aquel cromagnon del primer estadio, no sé si puedo decir que ahora nuestro comportamiento es mejor o es peor, pero si comparamos nuestro intelecto de aquel entonces con el que tenemos ahora, estaría segura en decir que nuestro comportamiento es peor, pues aún con tanta evolución, con tantos estudios, con tanta modernidad, el ser humano debería aplicar un 90% de su razonamiento antes de actuar, sin embargo, está comprobado que estamos muy lejos de ese porcentaje.

Hay factores exógenos que nos hacen actuar de tal manera, y aunque la mayoría no comparta mi opinión, pienso que sí tienen una gran influencia sobre nuestro comportamiento, y es que el ser humano hoy en día está sumido en el consumismo, afronta un bombardeo de publicidad, vive en una constante competencia para ver quién tiene más y quién puede conseguir mejores cosas o quién puede aparentar más opulencia; estamos secuestrados por el materialismo y la vanidad.

Estos factores hacen que nos volvamos más exigentes y menos tolerantes, porque si no podemos triunfar en el aspecto material nos sentimos impotentes, y ese sentimiento hace a muchos actuar de manera violenta para conseguir cosas materiales, no importa a costa de qué, ¿de una vida? Pues, resulta que esa cosa material para ese ser humano tiene más valor que una vida.

Este tipo de comportamiento ha hecho que la propia sociedad se imponga reglas de convivencia, porque el ser humano no es capaz de vivir sin reglas; a estas alturas ya nos hubiésemos exterminado. Bien decía Thomas Hobbes que “el hombre es el lobo del hombre”. ¿Pero, acaso nos han servido tantas reglas, para humanizar a la raza humana? Pienso que no, porque mientras existan esos factores exógenos, creados por la propia sociedad, el hombre seguirá siendo corruptible.

No importa cuántos estudios tengamos, si no utilizamos la razón antes de actuar, esto me lleva a cuestionar ¿acaso el perro es más humano que el hombre? Claro que sí, pienso que la definición de humanidad encaja más con el comportamiento del perro, es que el perro se comporta con mayor raciocinio que el hombre (y la mujer).

¿Humanidad qué te has hecho?  Vuelve, vuelve, porque la sociedad se está autodestruyendo.

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Este artículo se publico el 16 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Servidores públicos, huérfanos de padre

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La opinión de…..

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Odalys Quintero

En el mundo del ciudadano, nuestra madre es la patria y nuestro padre el Estado. Porque siempre se habla de la tierra donde yo nací o la tierra que me vio nacer, por eso digo que la patria es nuestra madre, pero ¿qué hay de nuestro padre el Estado, que es el llamado a proporcionarnos fuentes de trabajo, viviendas dignas, salud, seguridad alimenticia y demás condiciones para suplir nuestras necesidades básicas?

Quisiera referirme, en particular, al derecho al trabajo.   Quizás algunos no estarán de acuerdo con mi posición, pero según mi criterio este es uno de los derechos más importantes porque permite suplir nuestras necesidades básicas y no tan básicas; el poseer un trabajo te da seguridad social y alimentaria, vestido, educación, te hace sujeto de crédito para obtener vivienda, auto y demás beneficios que el individuo anhela para convivir en la sociedad que tenemos hoy en día.

A propósito del derecho al trabajo, me referiré, exclusivamente, al de los servidores públicos, porque pareciese que los servidores públicos están huérfanos de padre.   El servidor público no tiene quién los proteja, como sí lo tiene el resto de los trabajadores de este país.

Y es que el Estado, según mandato constitucional, es el obligado a elaborar políticas económicas encaminadas a promover el pleno empleo y asegurar a todo trabajador las condiciones necesarias para una existencia decorosa.

Este texto es parte del artículo 64 de nuestra Constitución, pero parece ser que nuestros gobernantes, me refiero a todos, los pasados y presentes, interpretan estas palabras como refiriéndose solo al sector privado, y qué hay de los trabajadores del sector público; no hay políticas de Estado que verdaderamente proporcionen una estabilidad y seguridad laboral a los servidores públicos, puede que sí existan pero no han sido respetadas y esto se repite históricamente.

El servidor público no es de otro planeta y los hay buenos y malos, como también los hay en el sector privado; aun puedo decir más, el servicio que presta el sector privado no es tan diferente al que se presta en las instituciones públicas, diría yo que la diferencia es mínima.

Es más, para mí, la pequeña diferencia radica en la motivación que se le da al empleado de la empresa privada, mejor salario, bonificaciones, el decimotercer mes que es mucho más alto, y la revisión del salario mínimo cada cierto periodo, entre otras regalías.   Abonado a esto, tienen un instrumento legal tan protector como lo es el Código de Trabajo, al igual el artículo 79 de nuestra Constitución que dice que los derechos y garantías establecidas en este capítulo (Capítulo 3. CN), serán considerados como mínimos a favor de los trabajadores.

Yo siempre he trabajado en la empresa privada y he tenido la oportunidad de trabajar, en el pasado inmediato, en el sector público, y les puedo decir que no es tan fácil como piensan muchas personas, sobre todo, que aquí hay rendición de cuentas y cabe responsabilidad directa al funcionario que comete errores.

El servidor público, a diferencia de los demás, solo puede hacer lo que la ley le dice que haga, no puede hacer más allá porque estaría infringiendo la Constitución y la ley.

Quisiera referirme a la experiencia que viví en el momento de la transición de un gobierno a otro y trataré de describirlo con algunas palabras para hacerme entender: terrorismo sicológico, acoso sexual y laboral, persecución, hostigamiento, menosprecio, disminución, puedo decirles que estas son algunas palabras que describen lo que viven los servidores públicos cada cambio de gobierno, y quizás los significados sean similares, pero es que hay que mencionarlas cada una.

Los gobiernos históricamente han demostrado que quieren servidores públicos “botellas”, no les importa la preparación o el conocimiento que tenga ese funcionario, ni siquiera le importa evaluar el trabajo que realiza ese funcionario; tampoco le interesa la familia o las obligaciones que pueda tener ese funcionario, el servicio público es un botín político.

Pero, ¿hasta cuándo vamos a permitir que los gobiernos hagan esto con los servidores públicos? Ningún servidor público debe estar afiliado a partido político alguno, porque no le ven la hoja de vida a la persona solo les interesa que formen parte de un partido para lograr sus votos.

Si queremos mejorar la función del Estado debemos tener servidores públicos sin afiliación política, aptos, preparados, motivarlos más, capacitarlos, darles mejores salarios y hasta equipararle el decimotercer mes al del sector privado.

Actualmente, el servidor público se encuentra totalmente desprotegido, no se le respetan sus derechos, porque aquel padre, el Estado, que les prometió el cielo y la tierra, se encuentra ausente, no escucha el clamor de sus hijos. Es por todo esto que yo los he llamado, servidores públicos, los huérfanos de padre.

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Publicado el  25  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que le corresponde.