Amor conyugal

La opinión de…

Alfredo Hernández Sacristán

Quisiera, mas que escribir, charlar sobre algo que a fuerza de ser… como diría… falseado, ridiculizado, prostituido, y muchas veces sus intimidades convertidas, desveladas en tertulias de café. Pero, como me dijeron un día: no hay peor sordo que aquel que no quiere oír.

Pero la palabra sigue siendo el medio por el que personalmente, de tu a tu, nos comunicamos.   Sólo la persona humana puede expresar sus sentimientos por las palabras, aunque a veces sirvan para expresar lo que no siente.

Tradicionalmente, porque así hemos sido creados, la vida se trasmite y será trasmitida por la unión de un hombre y una mujer; y porque somos personas (aunque a veces no nos comportemos como tales) y no animales ,permanecemos unidos o debíamos así hacerlo porque nos queremos y porque hay un bien compartido y de responsabilidades, que son los hijos.

La unión entre dos personas, porque tenemos alma y espíritu – somos racionales –es una unión recíproca que va mas allá del mero sentimiento fugaz e ilusorio; nos implica, nos compromete  en una acogida recíproca con promesa de fidelidad y con el valor añadido de que somos libérrimos para actuar. Es decir, lo escogimos sabiendo lo que hacíamos y desde el principio, por un compromiso de fidelidad quisimos que esa unión fiera para toda la vida.

Y porque valoramos lo que es la persona y porque nadie puede sentirse con el derecho a negárselo, ni en su cuerpo ni en su espíritu, respetaremos y no vejaremos, ni maltrataremos ni despreciaremos. Amando siempre, queriendo porque queremos querer. Redescubriendo siempre el amor, inventándole si no existiera, porque estuviera por descubrir; y en esta alianza del hombre y de la mujer es la que hace fecunda la unión, ocupando el primer plano la razón y el amor, como explica Guillermo de Saint Thierry : “Si la razón instruye al amor, y el amor ilumina la razón; si la razón se convierte en amor y el amor se mantiene dentro de los confines de la razón, ambos pueden hacer algo grande“.

Ese algo grande es la entrega, el don mutuo que cada uno hace al cónyuge. Es el amor que escogemos con la libertad, jamás pensando en los sacrificios que pueden acarrear esta unión abierta a la vida. Ser capaces de trasmitir el don de la vida, ser partícipes de la creación. Conscientemente, porque quisimos y nos quisimos.

<> Este artículo se publicó el 19  de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.
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