Una reflexión acerca de la educación

La opinión de….

Luz Marina Pardo 

Los retos que presenta la globalización, por no decir los problemas, se han hecho evidentes en nuestro medio durante los últimos 15 años. Igual ocurre en el resto del mundo, donde la necesidad de flexibilidad, competitividad, actualización permanente, adecuaciones tecnológicas ha obligado a voltear la mirada hacia el sistema educativo, en todas sus etapas. ¿Por qué?   Porque cada vez más se necesitan personas con habilidades y actitudes para afrontar estos retos; capaces de adaptarse a los cambios, de actualizarse y de aprender cosas nuevas constantemente.

Estos cambios dramáticos en la esfera económica traen, como era de esperarse, repercusiones sociales importantes. Desigualdades crecientes, marcadamente mayores en los países en desarrollo, ponen de manifiesto la necesidad de repensar el carácter humano de la educación valorando la proposición de nuevos enfoques educativos basados en cuatro pilares: el saber, el hacer, el aprender y el convivir.

Sorprende el hecho de que exista una gran cantidad de instituciones de educación superior, entre universidades e institutos superiores, en un país como Panamá que escasamente supera los tres millones de habitantes. Algunos sostienen que mientras mayor la oferta de programas académicos y profesionales más beneficiados serán los estudiantes, ya que pueden elegir de entre una amplia variedad de carreras y precios. Según la lógica de mercado esto es correcto; mientras mayor la cantidad y variedad de la oferta de productos educativos, más competencia se genera entre las empresas de educación, lo que en muchos casos se traduce en precios más bajos, facilidades de pago, carreras con menor tiempo de duración, horarios de clases flexibles, entre otras amenidades.

Siguiendo esta línea de pensamiento, la lógica de mercado, lo descrito corresponde a los beneficios del producto (educación) que el consumidor (estudiante) recibe gracias a la creciente competencia y, en algunos casos, mejora de la competitividad de las empresas (universidades e institutos). Si bien el estudiante es el beneficiario directo del proceso educativo, son las empresas, el mercado, la sociedad y el país quienes realmente se benefician con el desempeño profesional y personal de los egresados del sistema de educación superior; son la iniciativa, la creatividad y la innovación que aportan los jóvenes a las empresas en que trabajan, como empresarios o colaboradores, lo que realmente permite el desarrollo de una nación y el logro del bienestar de la sociedad.

Por esta razón, la educación superior requiere, más que una competencia de oferta entre universidades e institutos, la excelencia permanente de esa oferta educativa, pertinente con las necesidades de desarrollo económico y social de Panamá.

La educación basada en el modelo de competencias hace énfasis en una formación integral que fomente el aprendizaje de conocimientos así como de habilidades específicas, a la vez que valores éticos con profundas vetas de una perspectiva global humanista. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), que han revolucionado la vida del ser humano en todos los campos, requieren destrezas específicas, pero sobre todo flexibilidad y adaptabilidad a los cambios. El advenimiento de las NTIC obliga a repensar el concepto de educación durante toda la vida: aprender a aprender. Los grandes y violentos cambios de los últimos tiempos en tecnología, ciencias, economía y negocios, administración estratégica, solo por citar algunos, implican la necesidad de actualización constante, de educación permanente.

¿Cómo lograr estos cambios en generaciones de personas que cursaron sus estudios en la época en que la privatización de los servicios públicos era impensable, en que no se utilizaba el término globalización, en que se estudiaba para un oficio o una profesión? La propuesta es iniciar un cambio educativo desde las bases. Incluir en la educación básica los conceptos de aprender a saber, a hacer, a aprender y convivir para formar generaciones de personas educadas para el cambio (permanente), para la convivencia (imprescindible para el sostenimiento de la vida humana), para el aprendizaje (que es aseguramiento de la adaptabilidad).

En su informe a la Unesco de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, La Educación Encierra un Tesoro, Jacques Delors resumió, románticamente, en el título de su informe la verdadera esencia de la educación: un tesoro; aquello de incalculable valor que ni guerras ni abates naturales pueden arrebatarnos y que han permitido a las naciones golpeadas por los infortunios, progresar y salir del subdesarrollo económico, social e intelectual.

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Este artículo se publico el 28 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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