El único mundo posible

La opinión de…

 

Juan Carlos Delgado

¿Alguna vez usted se pregunto cómo el 10% de la población se las ha arreglado para que sus estrechos intereses económicos dominen a los intereses económicos de la mayoría?   Al hacerlo, ponen en peligro el bienestar económico de nuestra Nación y llevan al sistema financiero mundial al borde del colapso.

No es una reflexión novedosa, pero sí lo suficientemente importante como para que la subrayemos, porque esa realidad se repite en otros países, y es impostergable darle una respuesta que apunte a una sociedad más equitativa. Escuchamos, de parte de nuestros políticos, frases gastadas como esta: “Todos sabemos que el crecimiento económico es bueno si llega a todos”.    Sin embargo, no hacen nada para que esto pase.

Uno de los problemas es una parte de la prensa, que fabrica realidades acordes a los intereses de los grupos dominantes.   Un inescrupuloso hombre de radio me dijo un día que una música mala, repetida tantas veces como se pueda, dentro de un tiempo hará bailar y cantar a todo el mundo.

Pero hay otra parte, Larry Beinhart un escritor estadounidense, del cual cito dos afirmación textuales dice: “Actualmente las universidades persiguen verdades que alguien esté dispuesto a financiar” y “La verdad del mañana es aquello por lo que hoy se paga”.

O sea, la trama del engaño comienza en la investigación guiada. Es decir, en la investigación orientada a confirmar aquello que beneficia los intereses de quienes la financian. Intereses que, naturalmente, son los de ese 10% que retiene más dinero que el 90% restante. Luego la prensa complaciente e influyente, dará adecuada difusión apoyándose en las confirmaciones emanadas de otros gurúes con iguales intereses.

Así se está tratando el tema minería en Panamá. Un 10% se beneficiará y un 90% sufriremos los embates de la contaminación. Todo está armado para que finalmente usted repita convencido que se trata del único mundo posible.

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Este artículo se publicó el 8 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuestión de oficio

La opinión de…

JUAN  CARLOS  DELGADO

Soy un convencido de que el fútbol panameño ha crecido y que puede ser una potencia en el área centroamericana. Junto a otros insignes dirigentes, que hoy ya no están en la organización del fútbol por diferentes motivos, he contribuido con mi granito de arena para que esto suceda. Lo hice de manera voluntaria. Nunca he necesitado vender mi criterio, porque gracias a Dios tengo de qué vivir, por tal motivo mis opiniones nacen de la convicción, no del interés. Cuando hago mis comentarios procuro ser lo más razonable posible, porque entiendo que mis opiniones pueden generar diferentes reacciones. Hoy opinaré sobre el porvenir de la Federación de Fútbol de Panamá.

Tomar el timón de una nave que está en marcha y en avanzada requiere de conocimiento en el manejo de esa nave. Se debe conocer la ruta que recorrerá y los obstáculos que deberá vencer. Pensar que se puede interpretar o entender el consejo de los asesores, sin tener conocimiento del tema, es un absurdo. En el deporte hay ejemplos por montón. Los dos últimos directores de Pandeportes llegaron a esta institución pensando que cualquiera podría dirigirla; hoy, después de haber perdido un tiempo valioso, la realidad nos indica que fracasaron, a pesar de que tuvieron, según ellos, los mejores asesores.

El fútbol, como ningún otro deporte, es muy complicado en su manejo y en su administración. Yo lo viví. Hay aspectos políticos, administrativos, estatutarios, reglamentarios, arbitrales y logísticos, que cualquiera que no los conozca se perderá en la vorágine de los intereses que se manejan dentro de este monstruo. Hasta hace 15 años, cualquiera podía ser presidente de la Federación de Fútbol de Panamá, total, no había mucho que perder. Ahora existen clubes profesionales, jugadores con mejores salarios, con derechos de formación y promoción, fanáticos que exigen resultados y patrocinadores que confían en el fútbol panameño. Hoy nuestro fútbol tiene mucho que perder.

Por eso considero que el presidente de la federación debe ser una persona que tenga el oficio suficiente para hacerse cargo de una organización que ya no es la misma de hace 15 años. En los estatutos debiera existir como reglamento o como requisito mínimo, la forma de evaluar los créditos de aquel a quien le van a entregar los destinos de nuestro fútbol. Ser el dirigente de los dirigentes del fútbol panameño, debe ser cuestión de oficio.

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<> Este artículo se publicó el 22  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/delgado-juan-carlos/

Detector de mentiras

 

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-La opinión de…

 

Juan Carlos Delgado

Hay momentos que quisiera tener una máquina del tiempo, para poder demostrarle a tantos políticos y personas mentirosas que sus mentiras no son nuevas en el mundo, que solo existen nuevos incautos.

Hace algún tiempo, en Panamá ganó la presidencia de una organización de fútbol llamada Anaprof, un encantador de serpientes, un mentiroso con apellido rimbombate y aureola de honesto empresario, ofreciendo una propuesta descabellada.

Ofreció construir un estadio de fútbol cerrado, con aire acondicionado, tipo domo, con butacas tipo cine, techo de acrílico transparente, tal como se ve en las películas.   A cambio, pedía que lo eligieran presidente de la Anaprof. Los incautos dirigentes de los clubes de esa época le creyeron y lo eligieron.

Se vendió como hijo de una gran familia. Decía que él no vivía del fútbol, porque era lo suficientemente solvente como para no robarle al fútbol.   Cuando se fue, la organización quedó al borde de la quiebra, sin estadio, sin domo, sin butacas y se debía hasta los calzoncillos.

Hemos visto a un aspirante a la presidencia de la Federación de Fútbol de Panamá, que no es Ariel Alvarado, ofreciendo cosas similares a las del personaje que casi lleva a la Anaprof a la extinción.

Dice que convertirá a la Federación de Fútbol de Panamá en un ente millonario, con muchísimos recursos para beneficiar a los clubes y jugadores. Dice que es un hombre solvente económicamente y que lo único que lo anima es la buena voluntad de servirle al fútbol.

Yo le recomendaría a este personaje hacer algo más práctico para ganar los votos: Como a usted le sobra la plata, entréguele como adelanto de ese bienestar que usted les procurará a todos los clubes y ligas provinciales una suma que cubra sus gastos operativos por un año.

Después, cuando usted logre hacer millonaria la Federación de Fútbol, cobre lo que les prestó. Así garantizará que usted sabe lo que se debe hacer en el fútbol.

Al fútbol organizado no se puede venir a aprender. Los dirigentes en este nivel deben estar cuajados. Deben tener el oficio y la trayectoria, como se exige a los jugadores y a los técnicos dependiendo de su categoría.

<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

El circo del deporte

La opinión de….

Juan Carlos Delgado 

En el deporte, o mejor dicho en su práctica, se rescatan muchos valores, por eso, considero que el deporte debería ser la reserva moral de un país.   Sin embargo, hemos visto cómo los dirigentes deportivos utilizan el deporte para buscar la cercanía con el poder y beneficiarse de este cargo. No les interesa lo que pasa con sus atletas.   No les interesa si se cumplen las marcas o si las preparaciones son óptimas, solo quieren participar de cualquier actividad que les reditúe ganancia política o económica. Algunos “atletas” también se han contagiado de este virus, por eso se envuelven en las prebendas y prestan su imagen a políticos con quienes no tienen ninguna coincidencia ideológica.

Así se crea un gran circo, con acróbatas, tragafuegos, enanos, domadores y payasos. Los verdaderos atletas y buenos dirigentes casi no existen. Hay simplemente competidores y mercaderes, no atletas competentes y dirigentes exitosos. Los competidores participan en torneos que no tienen mayor relevancia, por esto reciben medallas y trofeos que nadie reconoce. Nadie los respeta, son solo competidores. Se ha perdido el valor de la competencia, el valor de la dignidad y la lágrima producto del amor propio.

Los dirigentes deportivos siempre tienen una excusa, que no hay dinero, no hay presupuesto, nadie los apoya, nadie los toma en cuenta, sin embargo siguen allí. Por eso, los llamo mercaderes, porque no alcanzan la estatura de comerciantes.

En Panamá no hay actitud de verdaderos dirigentes deportivos; salvo algunas excepciones, todos tienen el mismo argumento desgastado, ellos “aman el deporte y por eso se sacrifican siendo dirigentes”.

Hace muchos años, el deporte era una actividad donde cada disciplina tenía un motivo, tenía un porqué. Hoy me doy cuenta de que ya no es así, que las marcas no cuentan, que la preparación no cuenta, que la competitividad no cuenta, que solo importa el circo.

Así es mi Panamá hoy. Por eso, el profesionalismo en el deporte no existe. Como ejemplo podemos citar los Centroamericanos que se acaban de realizar en nuestro país, fuimos la delegación más numerosa y ocupamos el tercer lugar. Los eventos eran gratis, todo era una fiesta con la plata del pueblo. ¿Qué rol jugaron nuestras autoridades deportivas? Total, ellos son los dueños del circo.

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Este artículo se publico el 27 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…..

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Juan Carlos Delgado

Con cada declaración sobre fútbol que da el presidente Martinelli me pregunto si existirá una verdadera reflexión previa, o si sus asesores son tan incompetentes que no pueden convencerlo para que no haga estas declaraciones.

En el aspecto estatutario y reglamentario, el fútbol no es tema fácil. Existen muchas diferencias con otros deportes. La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) influye en muchos gobiernos, pero ningún gobierno ha podido interceder, dominar y menos persuadir a la FIFA en nada.

La FIFA hace en el mundo lo que le dictan sus intereses. Si se quiere estar en el concierto FIFA, se tiene que jugar con las reglas de juego que esta organización dispone. Así lo entendemos, aunque no nos guste, los que conocemos algo de este deporte.

Hay una frase que utilizan los máximos jerarcas de esta organización: “en el fútbol asociado todo se puede hacer, siempre y cuando se respeten los estatutos FIFA”. Y los estatutos de la FIFA son claros, no se permite la intervención de los estados en los asuntos internos de ninguna federación FIFA.

Si el presidente Martinelli o sus asesores piensan que pueden intervenir en los asuntos internos de la federación panameña, nombrando al técnico de la selección nacional de Fútbol, desde ahora les informo, están equivocados.

Entiendo que hay fuerzas que aspiran a dirigir la Fepafut. Entiendo que estos dirigentes tengan todo el derecho de aspirar a dirigir esta organización. Lo que no entiendo es por qué involucrar al Gobierno en una aspiración legítima. Como dirigentes de fútbol, los que aspiran llegar a dirigir la federación deberían saber que las declaraciones del Presidente son una intervención del Estado en los asuntos internos de la federación y si ellos están de acuerdo con esto, están convirtiendo su aspiración legítima en una violación a los estatutos que ellos deberían respetar.

Contratar, designar o nombrar a un técnico, para que se haga cargo de la selección de fútbol de Panamá son atribuciones netamente de la Fepafut. Si la intención del Gobierno hubiese sido la de ayudar al fútbol, hace tiempo que se hubiese puesto en contacto con la federación. Esto no ha sido así hasta el día de hoy.

Desde ahora vaticino, si el Gobierno no se reúne con los dignatarios que dirigen la Fepafut y no aclara su verdadera intención, el fútbol federado pronto tendrá dos federaciones.

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Este artículo se publicó el 3 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cómo no se clasifica a un Mundial

La opinión de…..

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Juan Carlos Delgado

En el fútbol, hemos clasificado seguidamente a tres mundiales juveniles Sub 20. Hemos ganado un subcampeonato Copa de Oro y un campeonato Copa de Naciones. Sin duda, son logros que hay que respetar. Pero también nos ha quedado un sabor amargo al no clasificar para el Mundial Sudáfrica 2010 cuando teníamos todo para hacerlo.

Los hechos del pasado tienen diferentes historias que afectarán de manera positiva o negativa nuestro futuro. Nosotros, como comunicadores sociales especializados en fútbol, tenemos la obligación de recordarle a nuestra sociedad, por cualquier medio, esas historias. Lo debemos hacer para que aquellos dirigentes, quienes tienen la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan, sientan la presión de la opinión pública y no se equivoquen cuando van a tomar decisiones trascendentes.

Para las eliminatorias mundialistas pasadas, se contrató al señor Alexander Guimaraes como técnico de la Selección Nacional de Fútbol de Panamá. Su contratación fue un total fracaso, no porque no clasificamos, sino porque le interrumpimos la oportunidad de aprender a un técnico nacional, como era en esa oportunidad Julio Dely Valdés. Recordemos que a Julio se le quitó la Selección para entregársela a Guimaraes.

En las eliminatorias hacia el Mundial 2006 para Alemania se contrató a un colombiano llamado Cheché Hernández, quien también fracasó.

Y, aunque muchos lo recuerdan como el artífice de una gesta memorable, el subcampeonato en la Copa de Oro de 2005 no es menos cierto que para esto no se le contrató. Qué decir de tantos técnicos extranjeros que han llegado vendiéndonos ilusiones.

El argumento para vendernos a Guimaraes y a todos los técnicos extranjeros que se hicieron cargo de las diferentes selecciones fue que eran técnicos de renombre y con currículum. Al final, estos renombres y currículums no sirvieron de nada.

Ahora, que ya se piensa en el Mundial de Brasil 2014 se deberá nombrar un nuevo técnico en la Selección. En esta oportunidad no se puede tropezar con la misma piedra. No pueden existir otros intereses que no sean los del fútbol panameño. Por eso esta reflexión.

Julio Dely Valdés es, hoy por hoy, el mejor técnico panameño y está activo en el primer mundo futbolístico. Es el mejor jugador de fútbol que ha tenido nuestro país. Además, es un ídolo admirado por todos los futbolistas panameños. Cumple con el perfil para ser el técnico de la Selección Nacional. Si bien es cierto, nadie puede garantizar que con Julio clasificaremos a un Mundial, al menos le estaremos dando la oportunidad de aprender a un panameño.

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Publicado el 27 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Somos víctimas de la gran estafa?

La opinión de……

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Juan Carlos Delgado

Con base en la mercadotecnia, se ha logrado que la fortuna de varios personajes famosos del mundo se incremente sustancialmente cada día. También, gracias al mercadeo, la proyección y la fama de estos personajes han encontrado en las obras sociales y humanitarias una forma de acrecentarse por la connotación y el sentido con las cuales se proyectan estas obras.

Todos sabemos que la famosa Shakira lidera una fundación llamada ALAS. Esta agrupación no canta ni baila, solo pide o solicita donaciones para las obras sociales que ellos dicen financiar. Hace algún tiempo se reunieron en Panamá. No hicieron un concierto a beneficio de nada ni nos regalaron su talento. Se reunieron con empresarios y solicitaron el apoyo de estos. Se fueron con los recursos que pudieron lograr e incrementaron las arcas de la organización que seguirá proyectando su fama y fortuna gracias a las donaciones y la buena voluntad de todos nosotros.   ¿No sería más honesto para estas estrellas poner parte del patrimonio que poseen gracias a su talento, al servicio de estas obras sociales y humanitarias sin pedirle nada a nadie?   Pero, claro, es parte del mercadeo.

También nos llegó el señor Al Gore con un cuento sobre el calentamiento global. Y esto del cuento lo traigo a colación porque un grupo de científicos ha llegado a la conclusión de que esto del calentamiento global no es más que algunos cambios que ya han sucedido en la Tierra por los siglos y los siglos de su existencia. Yo no soy científico, pero leo. Sin embargo, este señor recorre el mundo ganando prestigio y ganando actualidad, que a la postre significa ganancia económica, gracias a la atención que le ponemos todos los simples mortales.

Lionel Messi es un futbolista que su fama universal se basa en el hecho de participar jugando al fútbol en función de un equipo.   Su valor y prestigio se lo ha ganado jugando para el Barcelona o jugando para la selección argentina.   Su talento no es reconocido en función individual, por lo tanto él y su grupo de amigos con quienes jugará en Panamá son un rejuntado de famosos disfrazados de futbolistas, unidos por “cuestiones altruistas”.

Este evento que se realizará en Panamá no representa nada, salvo la intención de unos vivos que pretenden lucrar poniendo como pretexto el fútbol y tocando las fibras sensibles del ser humano, con el cuento de las obras de caridad por parte del famoso futbolista.   Messi utilizará, en esta oportunidad, su fama que le ha dado mucho prestigio en el mundo, para llevarse recursos de Panamá para su fundación que, como en los casos anteriores, solo utiliza para incrementar su fama y fortuna.

Este evento no nos dejará nada.   Nadie aprenderá nada. Para lo único que servirá es para que algunos llenen sus egos, otros consigan autógrafos, los vivos ganen plata utilizando al fútbol y los políticos distraigan al país.

Otra cosa hubiese sido si Messi se hubiese presentado con el Barcelona o la selección argentina, jugando un partido frente a los jugadores de nuestra selección nacional, a beneficio de los damnificados de Haití   Allí hubiese valido cualquier inversión. Allí lo hubiésemos apoyado. Porque algo habrían aprendido nuestros futbolistas, nuestro fútbol y el mundo.

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Publicado el 28 de enero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.