A la caza del cobre de Cerro Colorado

La opinión del Periodista…

CARLOS CAMARENA MEDINA
ccamarena2004@gmail.com

Al ver el anuncio en el cual el ministro de Comercio e Industria promueve, con un discurso poco convincente, las bondades del proyecto de ley que modifica el Código Minero, me pregunté sobre el afán —tanto durante el período de consultas en la Comisión Legislativa de Comercio, como en los medios de comunicación social— de engañar a la población, de que el verdadero trasfondo de estos cambios no es meterle el diente a la reserva cuprífera de Cerro Colorado.

Si algún calificativo hay que poner a esta norma, es ‘a la caza del cobre en Cerro Colorado’, tanto que en un acto de torpeza mediática, el gobierno ha utilizado a sectores de la comarca Ngäbe Buglé, para que promuevan la explotación de este yacimiento metálico, a cambio del 50 por ciento de los beneficios generados.

Torpeza que raya en el descaro, pues han publicado páginas enteras en diarios, respaldando la explotación minera y todo mundo sabe quién paga esos costosos anuncios. Más, cuando en el periodo de consultas, desfilaron representantes indígenas ngäbe buglés, que apoyaron las modificaciones al Código Minero, lanzando petardos a los grupos ambientalistas, a quienes les espetaron que al rechazar los proyectos mineros, limitan el desarrollo de su comarca.

El denominado período de consultas fue el montaje para una decisión ya tomada, y que han querido maquillar con espejitos para llevarse las monedas de oro: que si el porcentaje de las regalía aumentarán de 2% a 4%, que las multas por daños ambientales serán mayores, mientras que la bonanza metálica permitirá sacar a los indígenas de la pobreza. ¡Y eso que las modificaciones no se imponen para explotar Cerro Colorado!

Mientras, los grupos ambientalistas, expresaron su ‘más profunda’ preocupación sobre el proceso y el contenido del polémico y nefasto Proyecto de Ley No. 277 que modifica el Código Minero, y que atenta contra la seguridad ambiental y la soberanía de Panamá.

Falta de consulta previa a la presentación de un proyecto que fue elaborado en secreto y a puertas cerradas, hicieron que las consultas ante la Comisión de Comercio fueran extemporáneas e improductivas, ‘ya que las bases de estas modificaciones no fueron previamente consultadas con los diversos sectores de la sociedad civil y comunidades afectadas’. Tampoco se divulgaron los borradores y los textos científicos (en caso de existir) o las opiniones de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), todo ello a pesar de numerosos intentos de obtener tales datos por parte de grupos interesados.

A pesar de la trascendencia del tema, ni en el período de consultas, ni en la aprobación a tambor batiente en primer debate, asistió la administradora de la ANAM, institución que estuvo representada por un funcionario de tercera categoría.

Los ambientalistas plasmaron su preocupación por la posición recalcitrante del gobierno de no integrar de manera efectiva los aportes de la sociedad civil en su conjunto. ‘Es desconcertante, y ante todo antidemocrático, que la Comisión competente en la Asamblea y el Ministerio de Comercio e Industrias hagan caso omiso a una propuesta de trabajar en comisiones para un profundo análisis y mejoramiento del Proyecto de Ley, tal cual fue planteado ante el ministro de la Cartera por las asociaciones civiles antes de que la Comisión iniciara las ‘consultas’ sobre el Proyecto’, destacaron.

A pesar de ser mercadeado como una norma ‘para el ambiente’ o para ‘darle herramientas a la ANAM’, este documento está plagado de errores de redacción que complican el entendimiento de las funciones de esa institución para el control ambiental de la minería, condicionando las inspecciones que hoy hace la ANAM, por razón de su competencia, al requerimiento de la Dirección de Recursos Minerales del MICI.

Los planteamientos de los ambientalistas son contundentes al señalar las inconsistencias de las modificaciones al Código Minero; tanto que dan para otro artículo. Por ahora, recomiendo a los voceros del gobierno no insistir en mentir, al decir que la aprobación de esta norma no tiene como finalidad explotar el yacimiento cuprífero de Cerro Colorado; porque con sus torpezas ellos mismo le han dicho a la comunidad que ese es el objetivo principal.

 

Este artículo se publicó el  11  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El único mundo posible

La opinión de…

 

Juan Carlos Delgado

¿Alguna vez usted se pregunto cómo el 10% de la población se las ha arreglado para que sus estrechos intereses económicos dominen a los intereses económicos de la mayoría?   Al hacerlo, ponen en peligro el bienestar económico de nuestra Nación y llevan al sistema financiero mundial al borde del colapso.

No es una reflexión novedosa, pero sí lo suficientemente importante como para que la subrayemos, porque esa realidad se repite en otros países, y es impostergable darle una respuesta que apunte a una sociedad más equitativa. Escuchamos, de parte de nuestros políticos, frases gastadas como esta: “Todos sabemos que el crecimiento económico es bueno si llega a todos”.    Sin embargo, no hacen nada para que esto pase.

Uno de los problemas es una parte de la prensa, que fabrica realidades acordes a los intereses de los grupos dominantes.   Un inescrupuloso hombre de radio me dijo un día que una música mala, repetida tantas veces como se pueda, dentro de un tiempo hará bailar y cantar a todo el mundo.

Pero hay otra parte, Larry Beinhart un escritor estadounidense, del cual cito dos afirmación textuales dice: “Actualmente las universidades persiguen verdades que alguien esté dispuesto a financiar” y “La verdad del mañana es aquello por lo que hoy se paga”.

O sea, la trama del engaño comienza en la investigación guiada. Es decir, en la investigación orientada a confirmar aquello que beneficia los intereses de quienes la financian. Intereses que, naturalmente, son los de ese 10% que retiene más dinero que el 90% restante. Luego la prensa complaciente e influyente, dará adecuada difusión apoyándose en las confirmaciones emanadas de otros gurúes con iguales intereses.

Así se está tratando el tema minería en Panamá. Un 10% se beneficiará y un 90% sufriremos los embates de la contaminación. Todo está armado para que finalmente usted repita convencido que se trata del único mundo posible.

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Este artículo se publicó el 8 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Es realmente necesario el nuevo Código Minero?

La opinión del Ingeniero …

Eduardo A. Esquivel R. 

Recientemente escuche en un programa de televisión al ministro Roberto Henríquez,  llamado por los ambientalistas “El Ministro Minero”, por causas obvias, explicar y defender con entusiasmo exagerado, el nuevo Código Minero, y tras la enclenque exposición, no me quedan dudas de que este es totalmente innecesario .

Desde luego que los burdos “señuelos” de esta Ley, para convencer a los ambientalistas y el pueblo en general son los aumentos en las regalías que recibe el estado, y los aspectos ambientales específicos en la minería.  Pero para esto no es necesaria una ley especial.  La Ley General del Ambiente es clara en que la ANAM puede regular por decreto todos los aspectos ambientales de la minería. Asimismo el Ministerio de Economía y finanzas puede regular las regalías de las mineras, como lo ha hecho anteriormente.

Es por esto falso que si no se aprueba el nuevo código minero, las mineras que actualmente tienen concesiones con el Estado, seguirán pagando lo mismo o perjudicando el medio ambiente, como alega el ministro Henríquez. Bastaría un par de decretos ejecutivos para arreglar este asunto.

De hecho el proyecto de Código Minero de marras, trata blandamente los aspectos ambientales y de las regalías que deben pagar las mineras. Cómo es posible que una empresa minera pague el 4% del oro extraído (o que dice que extrajo), cuando en otros países deben pagar hasta el 25% o más.   Cómo es posible que las empresas mineras contaminen y destruyan ecosistemas, y perjudiquen la salud de ciudadanos, y se burlen de las autoridades a través de tretas legales.   La flamante Ley de Delitos Ecológicos no se ha aplicado una sola vez en casos relacionados con la minería, a pesar de que existen muchos y con abundantes evidencias.

La verdadera finalidad del Código Minero, como dijo un medio recientemente, es “Permitir obtener concesiones a personas jurídicas en las que participen financieramente otros países”. Esto tiene un tufillo a inconstitucionalidad.

Si esto sigue así, en pocos años todas las empresas importantes de Panamá y gran parte del territorio nacional estarán en manos de extranjeros. Esta política económica malinchista puede que beneficie a algunos, para los que no tiene significado la soberanía, la identidad nacional o nuestra cultura. Es el “Himno Nacional” de las cajas registradoras de los neo-fariseos que nos acosan ahora. Hasta que el pueblo lo permita.

<>Artículo publicado el  1 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Aceite de culebra

La opinión de…

 

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Nadie sabe cuándo ocurrió, pero en algún momento de la evolución social humana, alguien se dio cuenta de que podía, por medio de la persuasión, timar a una o muchas personas. Muchas veces por el simple hecho de ganar espacio y lograr ventaja para subsistir.   Me puedo imaginar la primera vez que sucedió.   El pícaro intercambia un favor de importancia por otro menos valioso, por medio del convencimiento amigable y delicado, la distracción y el acomodo y reacomodo de la realidad.   Funcionó.

Lograda la ventaja sin repercusiones contrarias para él, retornó sobre lo ensayado. La planteó como teoría empírica para volver a aplicarla bajo otras circunstancias. Funcionó nuevamente. Y así sucesivamente, generalmente con sagacidad, fue mejorando y afinando los elementos disuasivos para que su vehículo de supervivencia fuera más sofisticado y convincente cada vez.

Stephen Littlejohn y Karen Foss en su libro ‘Theories of Human Communication’ sostienen que: ‘La creación y desarrollo de una teoría es una actividad social humana: las personas las crean, las ensayan o ponen a prueba y evalúan sus resultados…’. Estas prácticas de persuasión engañosa ya formuladas en una teoría y puestas en práctica por el primer timador, rápidamente fueron generalizándose (como siempre, toda actividad es plagiada por otros).   Littlejohn y Foss agregan que: ‘… como actividad social, la formulación de teorías se realizan en el seno de comunidades de investigadores quienes conocen y comparten una serie de prácticas comunes’. (Cambie la palabra investigadores por timadores).

Es así, como a lo largo de los tiempos, en el seno de los diversos grupos humanos que fueron poblando la tierra, emigraban embusteros y farsantes de localidad en localidad y se ubicaban en los mercados comunales, las aceras de las calles, en los incipientes comercios; con la puja y repuja cotidiana. Había que tener cuidado y suspicacia en las negociaciones y transacción de un bien por otro, o de un servicio por otro.   Según el diccionario urbano, en el siglo XIX vendedores ambulantes vendía como marravilloso aceite de culebra; un elixir con garantías de que era la cura para todos los males. El término ‘aceite de culebra’ se popularizó como un concepto peyorativo atribuible a todo producto que se ofrecía con propiedades fantásticas. Gato por liebre envuelto en un proceso de comunicación persuasivo y engañoso.

Desde entonces y aprovechando el advenimiento de toda clase de herramientas para alcanzar los objetivos de dominación y no siempre para fines positivos, individuos y grupos han aprovechado los conocimientos sobre los efectos y la función de los procesos persuasivos de comunicación para fortalecer su control y dominio sobre grandes sectores del conjunto humano.

A mediados del siglo pasado, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolfo Hitler, lo definió tan cáustico y lúcidamente cuando formuló y puso en práctica su famosa teoría: ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad’ (‘…a lie, if audacious enough and repeated enough times, will be believed by the masses’). Desde entonces, los centros hegemónicos del poder económico y político, han continuado con la manipulación de los procesos de comunicación a todos los niveles, principalmente a través de la propaganda y la publicidad.

La tendencia en estos tiempos que vivimos, es la de redefinir las teorías y prácticas de comunicación fundamentados en un goebelismo modernizado, hoy tan presente en el diseño de campañas dudosas; el maquillaje de la ‘imagen’, la creación de marcas (branding) y en la promoción masificada de mensajes subliminales a cada momento y en cada vehículo comunicacional para el control de casi todo.

Estas estrategias manipulativas han tamizado a la actividad política. Ya no es importante el discurso centrado en ideas filosóficas o ideológicas para ganar, sumar y mantener adeptos. Ya no son necesarias las ideas visionarias para mejorar la condición humana de todos.   Lo que importa es la estrategia mediática que diseña, ‘el grupo de creativos’ de los equipos de comunicación que las organizaciones contratan. Ellos definen los mensajes, su propósito y el alcance de las mismas. La dinámica entre emisores y receptores basados en un goebelismo perverso y desmesurado es la filosofía de estos grupos. Teoría requete comprobada;   ‘mentiras audaces’ es lo que impera en estos mercados modernos y trabajan afanosamente para desviar los progresos que ha alcanzado la humanidad en términos de convivencia decente, crecimiento social y cultural.

En el argot local, ese goebelismo forma parte fundamental de lo que todos conocemos como ‘juegavivo’; el todo para mí y no amerita tanta teoría o razón.   Desde el primer timbrazo del reloj despertador en la mañana, hasta que apagamos el televisor en la noche, casi todos estamos cuidándonos y escudriñando entre los miles de mensajes que nos asaltan todo el día. Mensajes que no siempre son verdad; con propósitos no siempre nobles y no siempre para bien.  Aceite de culebra.

 

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Este artículo se publicó el 24 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Bulto bello

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La opinión del Médico…

Juan Carlos Ansin

Según el Marco Polo de Ítalo Calvino (Las ciudades invisibles), tan embustero como el real, la falsedad no está en las palabras sino en las cosas.   De allí que las palabras deben ser tomadas no sólo por lo que dicen, sino por cómo y quién las dice. Pues en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.
A lo largo de la vida, este aprendizaje suele ser amargo, pero también excitante.  Con los años uno aprende a leer entre líneas y en más de una ocasión, detrás de ellas. La trampa de las palabras no está en lo que nombran, sino en lo que se quiere que se entienda y en lo que el intérprete desea entender.
De esta dualidad conceptual en la relación simbiótica del significado con su significante y la incertidumbre generada en la semiosis de su representación, nace la escuela del relativismo lingüístico, que en general se refiere al camino inverso: la influencia de la lengua sobre el pensamiento.

La palabra tierra, dicha así, sin inflexión alguna, tal como está escrita, sin entorno ni contexto, puede referirnos a nuestro planeta, también puede ser algo cubierto de polvo, o un continente a la vista del navegante o el lugar donde uno nace. La palabra sola no es nada o poco más que eso: un conjunto de símbolos sonoros. Antes que el símbolo o los sonidos, está el proceso del pensamiento, la idea que se quiere expresar. Lo mismo sucede con la palabra casa, cada uno de los lectores evocará una distinta. Si como vemos hay dificultad para nombrar una cosa simple: ¿qué no ocurrirá con los términos que se refieren a abstracciones?

Si digo: el Canal es el bien más importante de Panamá y quien escucha es un sociólogo, este pensará inmediatamente en la importancia que tiene ese canal para la sociedad. En cambio, yo médico, interpreto que el canal es un bien psicológico, muy importante para la nación. Así, cuando un economista afirme lo mismo, seguramente querrá que se lo interprete como la posesión económica más valiosa.

 

El verdadero Marco Polo sabía muy bien que la falsedad radica en la interpretación de quién la percibe y en la exactitud o intención de quien la dice y no en las cosas. Marco Polo inventó el término asesino. Lo sacó de una secta musulmana ismaelita donde a los fumadores de hachís le llamaban hachisins, pues mataban por encargo.

 

Cómo bien dice un viajante árabe contemporáneo del veneciano, Ibn-Battutta, los musulmanes matan, pero no fuman hachís. Jacinto Benavente lo aclara en su famosa comedia, Los Intereses Creados: “El protagonista no miente, pues no dice que no es rico, pero vive como tal, el criado que no lo es, tampoco miente, pero le sirve bien, el señor no dice que es conde o marqués, pero exige ese trato y al final del engaño, el embuste es aceptado por todos como un mal necesario”. Y así vivimos, en un teatro de representaciones donde a la palabra suelen vestirla de bulto bello.

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<>Artículo publicado el  19  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La mentira cotidiana

La opinión de…

Paco Gómez Nadal

No hay que rasgarse las vestiduras por las revelaciones (filtraciones reveladas) de Wikileaks. Hay que indignarse. A pesar de que la mayoría de los ciudadanos no está siguiendo estas revelaciones con el interés que uno supondría o de que los gobiernos se estén inventando fanfarrias diversas para aplacar el ruido del escándalo, lo cierto es que las filtraciones de los cables confidenciales del Departamento de Estado de Estados Unidos dejan sin ropa a más de uno, incluidos algunos personajes de nuestra vida nacional.

No son cualquiera los personajes, no. Se trata del presidente y del vicepresidente de la República, quienes en la confianza de las conversaciones con la ex embajadora de Estados Unidos,  Stephenson, dijeron lo que pensaban: que algo huele mal en la adjudicación del contrato de construcción de las esclusas del Canal ampliado, en el caso de Martinelli; y que algo va a salir mal en ese negocio vendido como un sueño a la mayoría de los ciudadanos y que puede convertirse en pesadilla.

Dos caras. La mentira cotidiana que escuchamos de nuestros dirigentes, y la otra versión compartida en los cenáculos del poder real, el de Estados Unidos. La mentira instalada en nuestros medios de comunicación, incapaces de ir más allá de la cosmética de la declaración pública y resignados a ser correa de transmisión de las “fuentes oficiales”.

Tuve la suerte de escuchar de voz del propio Varela su versión de la ampliación del Canal mientras conversaba inocentemente con un grupo de turistas en un bar, atrapado por la lluvia y excitado por el entonces reciente ascenso al poder:  “Yo fui el único político de Panamá que se opuso a la ampliación del Canal y van a ver: el proyecto va a fracasar, los votantes se van a acordar de lo que yo dije y seré presidente”. Tamaña irresponsabilidad era lo que pensaba –y lo que seguramente piensa aún– el canciller. Otra cosa es la que dice ante las cámaras.

Lo que nos revela Wikileaks es que nuestras peores sospechas eran certezas sin prueba: que los políticos de la mayoría de las democracias formales de Occidente juegan con la opinión pública mientras, tras bambalinas, hacen lo contrario. Y, ante esta verdad… ¿cuál debe ser nuestra reacción? Pareciera que, hasta ahora, la apatía es la tónica dominante. Los ciudadanos siguen mirando a otro lado mientras los medios de comunicación arden con este Watergate llevado al infinito. Nada nuevo, porque ante la crisis financiera que ha mostrado el engaño del sistema capitalista, la mayoría de las personas también han reaccionado anclándose a la nada.

Es cierto que la reacción de la opinión pública en nuestros países no es natural o espontánea, sino que es inducida por un clima mediático adormecedor y despistante. El bombardeo es constante y los días previos a Navidad no ayudan a que el ciudadano medio piense, reflexiones y decida su camino.

Considero, sin embargo, que es un momento fundacional para nuestra civilización. Abocados, como estamos, a una suma de crisis sin igual en los últimos siglos, debemos tomar posición. El primer paso para una solución a este clima de mentira y falta de control de nuestro propio destino es la indignación. Si no nos indigna, si la rabia no se instala en nosotros por unos minutos para, después de respirar profundo, pasar a la acción, probablemente estemos condenando a las generaciones futuras a enfrentar retos nada agradables marcados por la violencia, la rapiña y la individualidad cuasi genocida.

Hace unos días escuchaba al sacerdote y sociólogo belga Françoise Houtart responder a la pregunta del “Qué hacer” con esta contundencia: “Todos tenemos la obligación ética de deslegitimizar el sistema [capitalista]”. Eso es lo que toca. Y hay que hacerlo sin esperar resultados espectaculares para no navegar en la frustración –en un mundo “normal” las publicaciones del cablegate habrían tumbado a varios presidentes–.

Wikileaks ha hecho un gran favor a la humanidad: quitar la máscara democrática a aquellos que prefieren el despotismo y las sombras.   Ahora nos toca a nosotros hacer el cambio, provocar la renovación de nuestras estructuras y retomar el control del acontecer. Escribía Ryszard Kapuscinski: “Hay que implicarse una y otra vez en la obra de liberar al mundo, aunque se caiga docenas de veces por el camino y aunque todo lo bueno siempre parezca hallarse inconmensurablemente lejos”.    Que así sea.

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<> Este artículo se publicó el 21 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.