En busca de una cultura ‘cool’

La opinión del Médico y miembro del Club Rotario…

CARLOS   VÁSQUEZ

La sociedad contemporánea está sujeta a interpretaciones individuales. Es una cultura que muestra muchas opciones, donde no existen las reglas. Buscan dejar de lado lo normal, aunque sea sólo por una noche, los incitan a reinventar la vida, a innovar, y crear brevemente los momentos, que lo viven solo un instante, lleno de utopía y negación de sí misma. La música la hacen para que se escuche solo a todo volumen, es más, muchos dicen que es hecha para que se sienta, se experimenten sensaciones nuevas, se perciba esa ‘vibración’, que invade y sacude todo el cuerpo. Lo que importa es que todos los presentes sigan el movimiento, lo vivan intensamente. Los bailes de ahora quieren expresar intensidad ‘pura’, pero con una sobrecarga auditiva y visual de luces cambiantes, que puedan excitar y contorsionar a cientos de jóvenes hasta el agotamiento.

Esta cultura ‘cool’, crea un ambiente donde los jóvenes se pueden desinhibir para dar rienda suelta a los sentidos, dejen de ser ellos mismos y puedan entrar en esa ‘onda’ distinta, que les produce letargo y momentos fascinantes. Esta actitud en la juventud muestra una inmensa soledad; tratan de encontrar ‘la compañía’ que no tienen en su casa, desean escapar de la vida alienante y frustrante de cada día. Lamentablemente no son conscientes de la castración mental y la negación de sí mismo a que se ven expuestos.  Se sumergen en un mundo ficticio, donde creen no se sufre si no se goza, compensando con ello la falta de amor, la carencia de caricias maternales y del apoyo de un padre responsable. Las nuevas generaciones viven diferente, experimentan mucha soledad, inseguridad, su vida no tiene sentido, necesitan ‘estos escapes’, embotarse en ensueños, ruido y drogas.

Padres, por favor, dejen de ser ciegos y sordos, ¡despierten! Los hijos los necesitan. Pongan un alto a la competencia por el dinero. Miren lo que hacen sus hijos, interésense por sus amistades, los lugares que frecuentan, sus gustos, aficiones y sus intereses.   Escúchenles, aconséjenles, pongan límites, (créanme que los necesitan), establezcan horarios, enséñenles a seleccionar amistades, diversiones, edúquenlos para que sean responsables de sus actos y que reflexionen; pasen más tiempo junto a ellos.

Es prioritario darle un giro al estilo de vida en el que están inmersos nuestros jóvenes. Si queremos una sociedad más justa y equitativa, debemos trabajarla, pero unidos a ellos, a su sed de justicia, confiando en sus deseos de superar los vicios y lacras que como adultos exigimos e imponemos. Pongamos todos las bardas en remojo, aprendamos de Egipto; ellos se están manifestando por un ‘basta ya’, no por extremismos religiosos o políticas utópicas, dándoles las herramientas para que encuentren el camino de la verdadera libertad.

El futuro de Panamá será promisorio si los animamos a que busquen la excelencia del conocimiento,  del trabajo.

 

Este artículo se publicó el 17 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Jóvenes amados, rebeldes y desamparados

La opinión del Asesor Nacional del Programa de Seguridad Integral (PROSI)…

JOSÉ. MAGÁN V
magnewsenterprise@hotmail.com

Nunca podré compartir que una persona, porque vive en barrios populares, tenga que ser cochina, fracasada académicamente y delincuente.   Nadie nació con una etiqueta pegada al cuerpo que diga este será esto o aquello. Como especialista en conductas humanas, he tenido que discutir esto hasta la saciedad y lograr sacar, gracias a Dios, a muchos jóvenes de esta gran mentira que se les ha inculcado.

Los estudios realizados a través de consultorías y de experiencias, por más de 17 años, y del vasto estudio bíblico, me han enseñado que cuando nuestros jóvenes en su niñez y adolescencia son amados por sus padres y familiares, pese a recibir algunas disciplinas por sus padres, las cuales les dolieron en gran manera, hoy son jóvenes de bien y con un futuro próspero. Uno de estos tantos soy yo y usted que lee este escrito.

Hoy podemos observar más que nunca un gran por ciento de nuestros jóvenes en rebeldía, al más del 90%, los cuales viven un desenfreno y a causa de su rebeldía viven mal y no logran levantarse del abismo en que están. Entre las tantas cosas que les están pasando es por no obedecer a sus padres y menos honrarlos como manda la palabra de Dios.

También podemos encontrar a muchos jóvenes resentidos en gran manera con la sociedad, por la mala vida que le dieron sus padres, familiares y algunos conocidos.   Personas que les decían que ellos o ellas no servían para nada, que son cabezones, buenos para nada, ‘vas a ser una prostituta… una cualquiera… un maleante’, o algo similar o peor.   Jóvenes que no saben qué es sentir amor fraternal, que solo han escuchado de la palabra amor, pero que nunca lo han sentido y vivido en su vida. Jóvenes que hoy no es fácil tratarlos y no muchas personas les comprenderán.

Pero no podemos dejar de comprender todos los profesionales con verdadera vocación de servicio, que debemos cumplir como manda Dios y realizar el trabajo de educación, liberación y transformación para el cual fuimos formados para servirle a la nación y dejar un buen legado.

Este artículo se publicó el  7  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El pecado de ser joven

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La opinión del Profesor…

Sebastián Vásquez Bonilla 

Entiendo que toda actividad o iniciativa humana, por el sólo hecho de ser humana, es imperfecta, por lo que su aplicación podría no favorecer o perjudicar a alguien. Es por ello que nuestros medios de comunicación están saturados de objeciones a todo tipo de acciones con connotaciones sociales, vengan éstas o no del gobierno. Por esa razón en una ocasión critiqué a los que de todo se quejan, olvidándose de las buenas intenciones que posiblemente tengan aquellos que al menos han tomado la iniciativa de hacer algo.

 

Traigo a colación lo anterior porque deseo manifestar mi queja por el uso del llamado “pele police”, pero no porque estoy en desacuerdo con su utilización, sino porque considero que su uso es excesivo y discriminatorio, en particular hacia los jóvenes.

Entiendo la instalación de un retén policivo en un área donde ha ocurrido un acto delictivo. Lo que no puedo aceptar es que se ubiquen con carácter permanente en puntos estratégicos, mucho menos cuando los operativos se realizan en horas de mucho tránsito vehicular. Me pregunto a quienes capturan si los maleantes saben que están allí. La policía debe canalizar los pocos recursos que cuenta en acciones más productivas.

Sobre el famoso “pele police”, tengo entendido que en otras latitudes la policía busca los delincuentes distribuyendo sus fotos entre cada uno de los miembros de la institución. En Panamá se le pide identificación a cualquier ciudadano para saber si es delincuente.  ¡No puede ser!   Nos encontramos doblemente asediados, por los delincuentes y por la policía, donde los jóvenes pagan la peor parte.

He sido testigo de cuán exhaustiva es la requisa de un automóvil cuando éste es ocupado por jóvenes.   Durante varios días también fui testigo del hostigamiento al que fueron objeto los jóvenes que caminaban por la Gran Terminal,   aun cerca de las 10 de la mañana, cuando posiblemente se dirigían a sus trabajos en dicho lugar. Fue evidente la expresión de frustración en algunos de ellos, porque hasta yo me preguntaba ¿por qué no se van a molestar donde están los maleantes?   Uno de esos jóvenes no se tomó la molestia de guardar su cédula en la cartera y la mantuvo casi a la vista de su bolsillo delantero, listo para mostrarla.

He podido observar que la actitud de los policías depende de la forma en que se visten los jóvenes, particularmente si llevan pantalones cortos o gorra, y mientras más negrito es el “pelao” peor es el asunto; lo cual es una clara violación a sus derechos humanos y constitucionales.     Expreso mi crítica porque tengo la percepción de que no hay buenas intenciones con estas acciones, sino que lo que se busca es protagonismo, donde la policía sólo quiere hacer ver a la mayor cantidad posible de personas que está trabajando.    Como a mí no me prestan atención, tendré que aceptar con resignación si alguien me dice que yo “ya no despierto ni sospechas”.

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<>Artículo publicado el 24  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Retorno a la era de la Inquisición

La opinión de…

Carlos Fong

Los recientes acontecimientos ocurridos en el Centro de Rehabilitación de Menores en Tocumen, en donde los custodios de la Policía Nacional dejaron que ardieran en llamas siete menores internos encerrados en una celda, que exigían agua después de una semana sin recibir ni una gota, como no la recibe tampoco el resto de los ciudadanos, deja en evidencia la insensibilidad y la deshumanización de los funcionarios de la administración del penal.

Las escenas que vimos en la TV pueden conmover hasta al corazón más duro, porque sencillamente son horribles e inhumanas. Los responsables deben pagar por haber dejado que los muchachos se quemaran como si se tratara de animales en una barbacoa.   Todos escuchamos cómo se mofaban y burlaban cuando se quemaban vivos los internos. Independientemente del delito que hayan cometido, esta no es la forma de castigar a nadie, o ¿es que estamos volviendo a los tiempos de la Inquisición?

Este es resultado de leyes que han permitido que ahora los policías se sientan inmunes e intocables. Los ciudadanos no podemos permitir que esto se quede sin castigo.   Si después de las investigaciones (de las cuales dudamos mucho) se arroja el resultado de que fueron los jóvenes los que prendieron fuego a la celda, aún así, deben ser castigados los animales con uniformes que se gozaban como en un día de campo.

No hay que tener un hijo para imaginarse cómo se sienten los padres y madres de esos niños que ya estaban pagando su condena, pero que al parecer no bastaba con matarlos de sed, sino que había que quemarlos como si fueran basura en un vertedero. Hay que sumar voces de protesta y asegurarse de que se pague esa monstruosidad. Los panameños deben unirse, así como se unen para votar en masa por esos programas de reality show, para denunciar este crimen, porque esto sí fue real.

Todo el dolor del mundo se puede encerrar en el corazón de una madre y toda la maldad del mundo se puede encerrar en una celda.   Este hecho debe servir como referente para que las autoridades y los agentes cívicos le pongan atención a lo que está pasando en las cárceles panameñas, donde se violan los derechos humanos a cada rato.

No importa qué hayan hecho los internos, si ya están tras las rejas, significa que están pagando su deuda; si vamos a comenzar a castigar en este país quemando a la gente, entonces hay que llevar a la hoguera a muchos de saco y corbata que también son criminales y ladrones.

La juventud y la niñez panameña requieren de un plan de acción desde el desarrollo socio-cultural que se inserte desde la cultura y la educación, y los sectores sociales no necesitan de mano dura y de monstruosidades como esta. Las identidades juveniles son susceptibles y vulnerables a todo tipo de acción negativa o positiva, pero las imágenes que vimos solo llenarán de odio y destrucción a los jóvenes que, en vez de ser persuadidos hacia una nueva vida, son arrastrados hacia la violencia.

Apelamos a la conciencia de cada uno y a las fuerzas de la ciudadanía para que nos unamos, como de hecho lo hicimos en tiempos de la dictadura, para protestar por las violaciones de los derechos humanos, pues no hay ninguna diferencia entre lo que hicieron los nazis en los hornos de los campos de concentración y los inquisidores en nombre de la cruz, frente a lo que pasó en Tocumen.

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Este artículo se publicó el 13  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los valores en la juventud

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La opinión de la Doctora en Medicina y Rotaria…

Marisín Villalaz de Arias 

marisin.villalaz@gmail.com

Cuando hablamos de valores cívicos y morales, debemos mirar hacia la juventud que está necesitada de una enseñanza de nuestra parte para conocerlos y vivir de acuerdo a los mismos. Por esto es importante escuchar lo que ellos tengan que decirnos para estar al día con sus sentimientos y su manera de pensar.

La brecha generacional que existe entre esta juventud y nosotros es grande. Tal vez, cuando tuvimos su edad, la relación era diferente y, es importante pensar que no siempre lo que tuvimos en la juventud ha sido lo mejor. De allí la importancia de comprender su manera de ser, de vestir, de hablar y de representar los valores cívicos y morales. Debemos estar conscientes de que en ellos están presentes; que lo demuestren en otra manera, es comprensible, por lo que es mejor acercarnos y preguntarles: “Qué es para ustedes la honestidad, la gratitud, la amistad, el respeto y otros más”. ¿Han visto en sus hogares o en las escuelas ejemplos que les gustaría imitar? Si nos responden que no los conocen, y estuvieran fuera de los parámetros internacionales de los valores, tendremos la obligación de mostrarles el camino correcto que deben seguir para aprender su significado, su alcance. Es por esto que el ejemplo es la mejor forma de enseñarlos: actúa como piensas y haz lo que predicas.

No olvidemos que la juventud es la esperanza de la patria; cada vez que algún joven falla, perdemos una pieza del rompecabezas de la vida. Cuando los jóvenes no tienen una orientación correcta, el país llora porque sabe que no cuenta con ellos para completar lo que necesita en su desarrollo moral y social. La patria sucumbe y nosotros, sus hombres y mujeres desaparecemos espiritualmente.

Durante los últimos años, muchos jóvenes han muerto en la violencia del país y en accidentes automovilísticos.   Al ser ellos el futuro de la patria, estamos perdiendo esa posibilidad y seremos una nación solo con presente. Tal vez nosotros los padres no hemos tenido la responsabilidad de enseñar los valores a los jóvenes y estos los invierten y los deterioran o ignoran, dando más importancia a lo material, al consumismo, a una manera superficial de vivir sin pensar en las prioridades de la vida.   Pareciera que esa juventud no estuviera preparada para vivir y más bien sí lo está para morir, para las aventuras, para el peligro y en ellos sucumben. Amemos la juventud y ella será recuperada.

 

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<>Artículo publicado el  25  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la  autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/arias-marisin-villalaz-de/

El hipnotismo político juvenil

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La opinión del Abogado, Locutor Radial y Analista Político…

Luis Carlos Guerra 

Recientemente asistí a una convención de juventudes políticas, escuchaba, analizaba los distintos actores que inducían la agenda programática del evento. Al culminar las exposiciones me invadió una interrogante sobre cuál ha de ser el papel que debe desempeñar la juventud o juventudes en el escenario político. Mientras cavilaba con mi yo interno, mi vista se asistía de un cuadro que quizás no visualizaba ninguno de esos jóvenes o si lo preveían preferían ignorarlo, la realidad histórica de ser conducidos, inducidos, impulsados y no actores estratégicos de un proceso en el que deberían ser mas tomadores de decisiones que beneficiarios.

La construcción del evento estuvo contenida de un enfoque transicional, es decir la juventud del mañana, el mal llamado relevo generacional, que siempre he advertido debe ser intergeneracional, no así la juventud presente que puede renovar estructuras e incidir directamente sobre lo caducado de las institucionalidades democráticas de sus respectivos partidos políticos producto de sucesiones y alternancias de los mismos grupos de poder o individualidades al mando.

La juventud política panameña se encuentra adormecida, hipnotizada culturalmente por un patrón prefijado de ser la alegría de toda fiesta y no los anfitriones de la misma.

La visión llega hasta ser reconocidos como actores, pero mediatizados por el estatus quo de un sistema partidocrático que legitima como referentes conductuales de una juventud política a figuras que el propio tiempo desautoriza como tales y que se convierten metafóricamente en pastores de rebaños electorales con los cuales negocian sus posiciones de poder y necesitan reunirlos de vez en cuando para proyectar vigencia.

El respeto no debe implicar sumisión, reconocer autoridades es políticamente aceptable, pero cuando estas pierden la razón de su legitimidad pedir permiso es una cortesía no una obligación, de ahí que las juventudes políticas deben rescatar su rebeldía y convertirla en revolución.

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<>Artículo publicado el  22 de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/guerra-luis-carlos/

Ejemplos a emular

 

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

 

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

El pasado domingo se celebró en Panamá el Concurso Nacional de Oratoria, patrocinado por Cable & Wireless y otras empresas, cuyos premios fueron realmente sustanciosos, si tomamos en cuenta que estaban destinados a una población joven, que seguramente se ha debido sentir muy incentivada a participar. Independientemente de los detalles de convocatoria, preparación y filtros que debieron pasar los finalistas, que fueron los que pudimos escuchar y ver en escenario, me llamaron poderosamente la atención tres detalles: el hecho que una empresa que promueve el uso del celular y por ende, el ‘chateo’, donde no se practica el mejor lenguaje ni la mejor gramática, sea la principal auspiciadora; la calidad del jurado, que además de los destacados panameños de grandes méritos en el ámbito nacional, se vio complementado por figuras mediáticas, políticas y culturales de gran estatura internacional. También el tema me causó gran emoción, porque desde el tiempo que debatimos la ampliación, para la aprobación de la misma en referéndum, he estado muy consciente que una parte de la población panameña no conoce a cabalidad cómo beneficia al país la empresa más importante que tenemos.

Es relevante que un concurso incentive la oratoria en los jóvenes estudiantes, toda vez que se ha demostrado la poca comprensión que hoy día tienen los educandos y los índices que se manejan internacionalmente señalan que Panamá debe hacer mucho en el campo educativo.   Muchas son las obras que apuntan no solo esta carencia en Panamá, sino en toda América Latina —el último libro de Andrés Oppenheimer señala que ‘mejorar sustancialmente la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación no es tarea imposible. Pero sí tremendamente necesaria. La razón es simple: el XXI será el siglo de la economía del conocimiento. Contrariamente a lo que pregonan presidentes y líderes populistas latinoamericanos, los países que avanzan no son los que venden materias primas ni productos manufacturados básicos, sino los que producen bienes y servicios de mayor valor agregado. ¡Basta de historias! es un agudo viaje periodístico alrededor del mundo, que aporta ideas útiles para trabajar en la principal asignatura pendiente de nuestros países y la única que nos podrá sacar de la mediocridad económica e intelectual en la que vivimos: la educación’.

Los chicos finalistas demostraron una desenvoltura y un conocimiento muy gratificante, lo que me hace volver a tener esperanzas en esa generación del chat. Es usual que la gente entre en pánico escénico —creo que es bastante común tenerlo— y ellos demostraron que no solo lo controlaban sino que hicieron su labor, tanto en conocer del tema a debatir como en el manejo de su lenguaje corporal y la forma de dirigirse al público. Cuántos de nuestros funcionarios públicos fracasarían en un certamen similar si se les aplicara.

Cuando menciono que retomo las esperanzas, lo hago porque a veces me desánimo viendo cómo en Panamá se cultiva el consumismo, los símbolos de estatus, y este pequeño país tiene uno de los índices de penetración de teléfonos celulares y BlackBerries más alto del continente.  Todavía no logro comprender por qué tenemos que hablar todo el tiempo por celular, cuando cada vez nos comunicamos menos, leemos menos, escribimos peor.

Por eso certámenes como el de oratoria son ejemplos dignos de emular, incentivar y replicar en otras disciplinas, para involucrar a la juventud en actividades que los hagan crecer y prepararlos para la vida, pero una vida donde siempre exista el ánimo de superación, donde la curiosidad por aprender nunca los abandone, por alcanzar cada vez más excelencias en lo moral y en lo personal, sin que eso esté ligado obligatoriamente a los logros materiales que se alcancen.

Ojalá todas las empresas vieran en el patrocinio de actividades que mejoren el intelecto no solo como parte de su responsabilidad social, sino como una obligación para un mercado que les reditúa grandes beneficios y que esas actividades son apenas una devolución a todo lo que los panameños les damos en facturación. Mientras se incluyan en sus presupuestos publicitarios patrocinios a estas y otras actividades de tipo cultural, no solo su imagen se refuerza, sino que otras empresas se darán cuenta que la mejor inversión y el mejor vínculo es apostar a la educación y a todo lo que con ella se relaciona.

 

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<> Este artículo se publicó el 14 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la   autora  en: https://panaletras.wordpress.com/?cat=20875509