El Hospital Santo Tomás en crísis

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La opinión del Médico….

Marcel Penna Franco

Para nadie es un secreto que el Santo Tomás, el “elefante blanco”, también llamado “el hospital del pueblo”, está sumido en una de sus peores crisis, si no la peor. La causa de este período tan difícil de ineficacia e ineficiencia en la prestación del servicio no es una sola, sino el producto de años de “parches” y soluciones incompletas, no estructurales.

Según palabras del Presidente de la República, el problema no es la falta de dinero. Esto nos lleva a pensar que la dificultad radica en la manera cómo administramos los recursos que el Estado dispone para la compra de los medicamentos e insumos que se requieren, como parte de la atención que merece la población panameña.

Desde el punto de vista del gremio de especialistas del Santo Tomás, hay una serie de nudos críticos que –como el nudo gordiano– deben ser cortados de una vez por todas para salir del enredo que nos mantiene inmóviles. De nada nos ha servido la elección de un nuevo director médico a quien le podemos achacar poca responsabilidad, pues él realiza esfuerzos –en apego al marco de la ley de compras– para resolver esta debacle. A nuestro juicio, debe apoyarse en el personal médico y gritar, voz en cuello, junto a la Asociación de Especialistas que “están ahogando al único hospital de tercer nivel del Ministerio de Salud”.

Entre las causas que nos llevan al lastimero estado actual de la institución está la ley de compras, obsoleta e inconveniente para el sector Salud, porque contempla una interminable serie de pasos –insalvables en el corto tiempo– que impiden que los médicos tengamos con qué trabajar. Seguimos comprando igual que lo hacen otras entidades del Estado en las que no está en juego la vida de seres humanos ni el restablecimiento de la salud de manera óptima.

El Departamento de Auditoría Interna no se ha comprometido con la salud ni el trabajo del hospital, y los que allí laboran creen que todos los funcionarios tratamos de defraudar al fisco, robar y aprovecharnos de nuestra condición para lucrar de manera indebida. El control fiscal de contraloría tampoco llega a comprender que en sus manos está la vida y la salud de los contribuyentes.

El Santo Tomás tiene una administración y un Departamento de Compras inoperantes a la hora de gestionar la adquisición de insumos y medicamentos; se demora y se equivoca al realizar su labor, pero poco le importa que, por sus errores, los médicos no tengamos con qué trabajar, y no hay a quién reclamarle ni exigirle responsabilidad por estas faltas y omisiones.

Preguntemos al Departamento de Compras del Hospital Santo Tomás ¿cuál es el estatus de las compras del año 2016? En el quinto mes del año no tenemos un abastecimiento que nos permita funcionar. Preguntemos a la administración de la institución ¿cuánto demora la compra de los medicamentos de uso diario de los que depende la curación o no de un enfermo? En general, las farmacias de los hospitales de Panamá, sobreviven de los “préstamos” entre ellos. Como diría mi abuela: “Abrir un portillo para cerrar otro”. A juicio de la mayoría de los médicos que laboramos en este hospital, el Patronato no ha sido capaz de gestionar ni generar procesos de cambio que hagan el hospital más eficiente y funcional. Solo se reúne de manera esporádica y poco oportuna para dar una solución, que casi siempre es lenta y tardía.

Por último, encontramos que otro de los nudos críticos son los proveedores y la relación del hospital con ellos, aquí hay una de cal y una de arena. Hace dos años el Santo Tomás debía cuentas desde 2003 y nos encontramos que hay compañías que no desean venderle productos. Pero además de esta situación nos encontramos con compañías que retrasan la entrega de los productos, incumpliendo el tiempo estipulado, pues saben que las multas que les imponen son irrisorias; otras impugnan los actos de licitación de productos, sin bases reales, con lo que se atrasa por meses la adquisición.

Nuestros colegas de la Caja de Seguro Social viven a diario una situación similar. No se trata de un problema exclusivo del Hospital Santo Tomás, se trata de un problema de la salud del país. Hay toda una cadena de obstáculos que tienen como consecuencia final el desabastecimiento de medicamentos, insumos médico-quirúrgicos y equipos, lo que nos lleva de manera indefectible a no poder darle una buena atención a los pacientes.

Por esta razón, requerimos una Ley de Compras especial para el sector Salud; necesitamos a gritos un proceso de reingeniería entre los administrativos; requerimos a personas que tengan muy claro que todos los panameños tienen derecho a una atención en salud, digna y equitativa

 

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Publicado el  29 de mayo de 2016  en el diario LA PRENSA,  a  quien  damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.
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A propósito de la cumbre de Copenhague

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La opinión de….

Marcel Penna Franco

Hace algunos años leí, seguramente basado en la obra Los Dragones del Edén, de Carl Sagan, un análisis que mostraba que al Universo le tomaría apenas un segundo del tiempo cósmico deshacer todos los destrozos que ha ocasionado el ser humano sobre la Tierra. Trataré de rehacer aquellas ideas en este artículo.

Según la teoría de la formación del Universo, este es producto del Big Bang, la gigantesca explosión que afectó toda la materia y la energía existentes. Esto ocurrió hace 15 mil millones de años, cifra que no podemos siquiera imaginar en función del tiempo que vive un ser humano actual, lo que sería una fracción de segundo.

Baste decir que, luego de unos cuantos y simples cálculos matemáticos con una regla de tres, podríamos hacer una equivalencia a nuestra forma de medir el tiempo en segundos, horas días y años; así: un día de este año cósmico equivaldría aproximadamente a 41 millones de años, una hora a casi dos millones de años y un segundo a 28 mil años. La vida de un ser humano, con las actuales expectativas de vida, sería tan solo de un poco más de dos milésimas de segundo. Sí, esto sería como decir que la vida es efímera, que es tan solo un soplo y que en el tiempo del universo es menos que un parpadeo de nuestros ojos.

La conferencia sobre el cambio climático resultó en un estrepitoso fracaso para la humanidad y para el único hogar que tenemos los seres vivos, la Tierra.  Seguiremos contaminando el medio ambiente, seguiremos destruyendo especies, seguiremos alterando el precario equilibrio ecológico que sustenta la vida sobre la Tierra. Los efectos de la emisión de CO2 son solo uno de los efectos que estamos produciendo para dañar nuestro hogar, es probablemente el inicio de un caída sin retorno, es el inicio del principio del fin.

Los países desarrollados que mayor contaminación producen al mundo, China y Estados Unidos, están haciendo caso omiso a los gritos que da la Tierra y en aras de mantener un estándar de vida sin control, nos arrastran al despeñadero.

La periodista Rosina Ynzenga escribió: “El clima deberá esperar a que se den mejores condiciones que las que a lo largo de más de una semana se han vivido en Copenhague”, pero, el clima no espera, sigue comportándose de acuerdo a leyes inmutables que generan equilibrios dinámicos y que no tienen en cuenta la existencia de una especie como los humanos, al final, este clima al que hacemos daño, se encargará de eliminarnos; al no tener conciencia, no tendrá piedad, no habrá sentimientos y todo comenzará de nuevo.

Solo bastarán unos cuantos segundos del tiempo cósmico (unos miles de años) y nuestras huellas como especie serán borradas de la faz de la Tierra, se acabará y reciclará el CO2 que hemos vertido al medio ambiente, pero no habrá un solo ser humano para respirar aire puro.

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Publicado el  22  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.