El Hospital Santo Tomás en crísis

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La opinión del Médico….

Marcel Penna Franco

Para nadie es un secreto que el Santo Tomás, el “elefante blanco”, también llamado “el hospital del pueblo”, está sumido en una de sus peores crisis, si no la peor. La causa de este período tan difícil de ineficacia e ineficiencia en la prestación del servicio no es una sola, sino el producto de años de “parches” y soluciones incompletas, no estructurales.

Según palabras del Presidente de la República, el problema no es la falta de dinero. Esto nos lleva a pensar que la dificultad radica en la manera cómo administramos los recursos que el Estado dispone para la compra de los medicamentos e insumos que se requieren, como parte de la atención que merece la población panameña.

Desde el punto de vista del gremio de especialistas del Santo Tomás, hay una serie de nudos críticos que –como el nudo gordiano– deben ser cortados de una vez por todas para salir del enredo que nos mantiene inmóviles. De nada nos ha servido la elección de un nuevo director médico a quien le podemos achacar poca responsabilidad, pues él realiza esfuerzos –en apego al marco de la ley de compras– para resolver esta debacle. A nuestro juicio, debe apoyarse en el personal médico y gritar, voz en cuello, junto a la Asociación de Especialistas que “están ahogando al único hospital de tercer nivel del Ministerio de Salud”.

Entre las causas que nos llevan al lastimero estado actual de la institución está la ley de compras, obsoleta e inconveniente para el sector Salud, porque contempla una interminable serie de pasos –insalvables en el corto tiempo– que impiden que los médicos tengamos con qué trabajar. Seguimos comprando igual que lo hacen otras entidades del Estado en las que no está en juego la vida de seres humanos ni el restablecimiento de la salud de manera óptima.

El Departamento de Auditoría Interna no se ha comprometido con la salud ni el trabajo del hospital, y los que allí laboran creen que todos los funcionarios tratamos de defraudar al fisco, robar y aprovecharnos de nuestra condición para lucrar de manera indebida. El control fiscal de contraloría tampoco llega a comprender que en sus manos está la vida y la salud de los contribuyentes.

El Santo Tomás tiene una administración y un Departamento de Compras inoperantes a la hora de gestionar la adquisición de insumos y medicamentos; se demora y se equivoca al realizar su labor, pero poco le importa que, por sus errores, los médicos no tengamos con qué trabajar, y no hay a quién reclamarle ni exigirle responsabilidad por estas faltas y omisiones.

Preguntemos al Departamento de Compras del Hospital Santo Tomás ¿cuál es el estatus de las compras del año 2016? En el quinto mes del año no tenemos un abastecimiento que nos permita funcionar. Preguntemos a la administración de la institución ¿cuánto demora la compra de los medicamentos de uso diario de los que depende la curación o no de un enfermo? En general, las farmacias de los hospitales de Panamá, sobreviven de los “préstamos” entre ellos. Como diría mi abuela: “Abrir un portillo para cerrar otro”. A juicio de la mayoría de los médicos que laboramos en este hospital, el Patronato no ha sido capaz de gestionar ni generar procesos de cambio que hagan el hospital más eficiente y funcional. Solo se reúne de manera esporádica y poco oportuna para dar una solución, que casi siempre es lenta y tardía.

Por último, encontramos que otro de los nudos críticos son los proveedores y la relación del hospital con ellos, aquí hay una de cal y una de arena. Hace dos años el Santo Tomás debía cuentas desde 2003 y nos encontramos que hay compañías que no desean venderle productos. Pero además de esta situación nos encontramos con compañías que retrasan la entrega de los productos, incumpliendo el tiempo estipulado, pues saben que las multas que les imponen son irrisorias; otras impugnan los actos de licitación de productos, sin bases reales, con lo que se atrasa por meses la adquisición.

Nuestros colegas de la Caja de Seguro Social viven a diario una situación similar. No se trata de un problema exclusivo del Hospital Santo Tomás, se trata de un problema de la salud del país. Hay toda una cadena de obstáculos que tienen como consecuencia final el desabastecimiento de medicamentos, insumos médico-quirúrgicos y equipos, lo que nos lleva de manera indefectible a no poder darle una buena atención a los pacientes.

Por esta razón, requerimos una Ley de Compras especial para el sector Salud; necesitamos a gritos un proceso de reingeniería entre los administrativos; requerimos a personas que tengan muy claro que todos los panameños tienen derecho a una atención en salud, digna y equitativa

 

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Publicado el  29 de mayo de 2016  en el diario LA PRENSA,  a  quien  damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.
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Hospital Nicolás A. Solano: Banana Republic Hospital

La opinión de…

 

ALEXIS SÁNCHEZ 6805-2152
a2twin@msn.com

Había escuchado testimonios de personas que han acudido al Hospital Nicolás Solano de La Chorrera para recibir atención médica, y por las historias uno pensaría que son parte del realismo mágico.

Sin embargo, tuve que pasar por una situación como las que me habían contado, para entender que es cierto.

El pasado 31 de enero, me vi en la necesidad de solicitar atención médica en el hospital por una lesión en la rodilla derecha que me causaba un fuerte dolor impidiéndome caminar. Es en ese momento que reconocí que me encontraba en un mundo ‘Kafkiano’, digno de las mejores obras del autor Franz Kafka. O algo parecido, a Tiempo de Morir, el cortometraje de García Márquez.

La odisea inició cuando al llegar a los estacionamientos del HNS, alrededor de las 8:10 de la mañana, un norteamericano que conocía, me deseó suerte.

Más adelante, cerca a la puerta de acceso a la cafetería, habían un enfermero y un funcionario que, al verme saltar en el pie izquierdo, no se inmutaron en abrirme la puerta por la que tuve que entrar, pues el auto que me había traído se había dañado en el estacionamiento.

No conforme con eso, al pedirles una silla de ruedas, me dijeron que me había equivocado de entrada y que debía entrar por URGENCIAS, pues era ahí que estaban las sillas de ruedas.

Tomé un descanso y le pedí a un conocido que labora en el hospital que me comprara un café. Traté de avanzar, pero se me hacía difícil…

Quise intentar entonces con otro funcionario que trapeaba el piso pidiéndole una silla de ruedas; sin embargo, éste me dijo que yo me encontraba en un área administrativa, a lo que le pregunté si lo que trataba de decirme era que si en dado caso estuviera apuñalado con las tripas afuera, me moría por no entrar por Urgencias y este me contestó ‘¡Así es, se muere!’.

El dolor se hacía más intenso, y le pedí el favor a un aseador llamado José Marín, que me consiguiera una silla de ruedas y humildemente, me dice: ‘yo se la busco señor’, dejando el trapeador y, cual buen samaritano, salió en busca de la misma… En el camino a Urgencias, se cruza una enfermera, quien al ver que en la parte trasera de la silla decía Ortopedia, murmuró que esa silla no podía pasar para allá, pese a eso seguí mi camino…

Ya en la sala de Urgencias, llegó a buscarme el señor Marín, para verificar si había llegado y de paso a buscar la silla de ruedas. Le agradecí el gesto, pidiéndole su nombre, advirtiéndole que se lo agradecería y quizás el ministro de Salud se enteraría de que aún quedan humildes trabajadores que saben ayudar al prójimo.

Minutos después, le digo a la enfermera que no soporto el dolor y necesito que me atiendan. ¡Y es aquí cuando comienza lo Kafkiano!.. ‘Tiene que registrarse primero’, me dijo la enfermera.

Me registro con todas las generales, mientras el dolor se agudiza y se refleja claramente en mi rostro. ‘échese a un lado y espere que lo llamen’, me gritó…

El tiempo pasaba y el dolor cada vez era más fuerte. Entonces pasa un médico, y le digo: ‘doctor, me duele mucho, por favor atiéndame’, este pasó, me miró, y siguió de largo, tratándome con el látigo del desprecio, sin decirme una palabra. A la hora volvió a pasar el mismo doctor, y le volví a repetir que me atendiera, porque me dolía mucho, igual que la vez anterior, llamándome la atención que no hablaba, a lo que asumí que era mudo.

Me acerqué a la ventanilla donde anteriormente me tomaron los datos, y observé al médico a quien pedí auxilio haciendo señas a unos jóvenes estudiantes varones y mujeres, pero como no escuchaba, me convencí que era mudo.

Entonces decidí pedir el directorio telefónico, para tratar de resolver mi problema en otro lugar, porque por el tiempo que había transcurrido desde mi llegada, no veía que a corto plazo me iban a atender.

Por recomendación de un médico amigo, acudí a otro doctor recomendado en el hospital, pero éste dijo que tenía muchos pacientes por delante… y no podía atenderme, porque tenía que salir de emergencia.

Fue entonces que decidí abandonar el Nicolás Solano y buscar asistencia médica en otro lugar. Me dirigí a una enfermera, comunicándole que iba a otro sitio, pero ésta me señaló al jefe de Urgencia, le dije que tenía más de tres horas de estar en el hospital y que creía que el doctor era mudo, porque le había solicitado ayuda, pero no me había dirigido la palabra. Fui hasta donde la joven que tomó mis datos, y le dije que iba a tener que abandonar el hospital y buscar asistencia en otro lugar, porque no aguantaba el dolor.

Esta también me sugirió que hablara con el jefe, señalándome a quien me había dirigido en busca de auxilio en dos ocasiones, y le dije que debía ser mudo, porque en dos ocasiones le señalé que tenía mucho dolor y ni siquiera me contestó. Le pregunté el nombre del médico mudo, y me dijo ‘Gabriel Sánchez’ y al preguntarle si hablaba, me dijo que sí y que no era mudo.

—Se cuenta, que siendo ministro de Salud, el eminente médico Camilo Allen, se presentó de imprevisto una tarde y se sentó en la sala de espera de urgencias como un usuario cualquiera para enterarse de las atenciones en el Nicolás Solano. Y allí ardió Troya—. Igual le recomiendo al actual ministro de Salud, que se presente un día, de incógnito, y se percate de lo que es la atención en Urgencias del Nicolás Solano.

Al intentar salir del hospital, busqué la manera de que algún funcionario recibiera la silla de ruedas y lo hizo un funcionario muy atento. Al salir saltando en un solo pie, mientras el otro lo tenía en alto, unos funcionarios tendieron su mano para prestarme los primeros auxilios, a quienes desde este artículo les extiendo mi gratitud por su ayuda desinteresada, al igual quiero darle las gracias al humilde señor Marín, a quien pido al ministro Vergara valorar a este funcionario.

Me fui a la Policlínica Santiago Barraza, donde recibí las atenciones médicas que calmaba mi dolor.

Pero no todo termina ahí, una vez afuera del Hospital Nicolás Solano, me volví a encontrar con el amigo norteamericano, y al preguntarme si me habían atendido, le expliqué lo que me había pasado, limitándose a decirme: ‘¡Ey men, this is a Banana Republic Hospital!’, en su Inglés de Brooklin. Definitivamente, el realismo mágico está ahí.

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Este artículo se publicó el 4 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Está Dios acorralado?

La opinión del Jurista…

 

Juan Ramón Sevillano Callejas

Ahora que sé que la hermana de un buen amigo tiene cáncer, he decidido referirme a otro interesante artículo de opinión del doctor Xavier Sáez Llorens, publicado hace algunos meses en este mismo diario y en el cual el galeno afirmaba, con varios datos, que la ciencia tiene acorralado a Dios o a nuestras creencias religiosas.   Pronto la madre de dos jóvenes muchachas será ingresada al Hospital Oncológico, de ingrato recordatorio para el suscrito, ya que en él tuve que reconocer en un sótano el cadáver desnudo y cenizo de mi tía Margarita.

Ella fue quemada por sobrerradiación que le medicaron los científicos del nosocomio.   Ruego a Dios que la mencionada hermana de mi amigo no tenga la sufrida y dolorosa muerte de mi pariente.   Aprovecho la ocasión para afirmar que no he oído o leído, en Panamá, a otro ateo que se refiera tanto a Dios como el doctor Sáez Llorens.   Yo sospecho, y le pido disculpas si estoy equivocado, que él alguna razón de índole subjetiva tendrá para esgrimir sus argumentos.   Yo sí los tengo.

La verdad, preferiría que la ciencia o los científicos acorralaran el cáncer que ha matado a varios familiares cercanos (abuelos, tías, etc.).   No creo que tratar esta afección con sobrerradiación sea algún adelanto científico. Quemar por dentro a una persona me parece inhumano y totalmente doloroso; no sé si el remedio es peor que la enfermedad. También me gustaría que le encontraran alguna solución a la diabetes que sufre mi madre.

En vez de estar pensando en acorralar a Dios, yo les pido que acorralen el hambre que sufren los niños en África, Asia y Latinoamérica. Hace poco leí un artículo del periodista ambiental Adán Castillo Galastica, referente a los beneficios productivos del lago Bayano y la gran cantidad de tilapias que ahí se pescan.

En eso es que deben estar los científicos, y no perder el tiempo tratando de acorralar algo que, según ellos mismos, no existe. Buscar la seguridad alimentaria del mundo, con métodos prácticos, investigando el mejor momento de reproducción de las especies para multiplicarlas naturalmente.

No mediante la clonación de la cual nacerán híbridos o especies con características genéticas desconocidas, como la de ahora, vaca panda. Cuando veo tanta gente en la farmacia cambiando de medicamento, ya que “este le dejó de quitar la migraña”, me pregunto qué ha adelantado la ciencia. Hay que preguntarse además por la ética de los científicos que trabajan para consorcios transnacionales, que inventan medicamentos que nunca curan y cuyo principal fin es el comercial.    Y ni hablar de los científicos que trabajan para construir armas de destrucción masiva.

Por favor, acaben con el simple resfriado, ya que todavía no han inventado una mejor medicina que la que nos dan nuestras ignorantes (sin escolaridad ni doctorados) abuelas. No conozco mejor tratamiento que una buena sopa caliente, tomar limonada o chicha de piña o de naranja y dormir con medias de lana, como hice hace dos días, ya que por ahorrar agua, lavé el carro durante una ligera llovizna.    Por ello, me pregunté, ¿por qué los ambientalistas debemos pagar las consecuencias de la devastación en esta era científica?

 

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Este artículo se publicó el  20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Inauguran nuevo Hospital El Vigía -Un moderno centro para la región de Azuero-Panamá

La interesante nota informativa de …

JENNIE   GONZALEZ


Este martes 16 de noviembre de 2010,  fue inaugurado  por el presidente Ricardo Martinelli,  el nuevo Hospital El Vigía.

Este nuevo hospital, ubicado en la ciudad de Chitré, Provincia de Herrera,  contará con los  más avanzado equipos, entre los que se pueden mencionar el equipo  de radiología,  un centro para afectados por dietilene glycol y otro para pacientes de hemodiálisis.   Las nuevas instalaciones médicas -que se prevé servirán a más de 216 mil usuarios- llevará el nombre del galeno Gustavo Collado Ríos.

Esta iniciativa se hace en reconocimiento a la labor desempeñada y el aporte de Collado Ríos –por más de 50 años- al servicio de la medicina en la Península de Azuero.

El presidente Martinelli invitó a los beneficiados a que hagan un buen uso de este nuevo hospital, ubicado en Chitré, Herrera; e hizo un llamado a las autoridades médicas para que se busque a los mejores especialistas así brindar una atención de primera. También reconoció la labor del doctor Gustavo Collado Ríos y sus aportes a la salud en la región.

Durante el acto inaugural del hospital, Collado Ríos agradeció el homenaje y reconocimiento a su trayectoria, y exhortó a los chitreanos y otros usuarios a que cuiden estas nuevas instalaciones.

El nuevo hospital El Vigía, que beneficiará a unos 216 mil usuarios, contará con 5 quirófanos, además de 14 consultorios y 150 camas. Tendrá el más avanzado equipo de radiología, además de la nueva oferta de especialidades que será ampliada en el área de Medicina Interna y Cardiología.

Se anunció que el próximo 14 de diciembre se inaugurará el Centro de Toxicología para la atención de los pacientes afectados con el dietilene glycol. Igualmente, se abrirá un nuevo centro de hemodiálisis con 15 máquinas.

Finalmente, Martinelli aprovechó la oportunidad para solicitarle al Alcalde de Chitré realizar las gestiones para que se traslade el vertedero que está ubicado cerca del aeropuerto de esta ciudad para que esta pista pueda ser utilizada sin riesgos.

Durante el evento, se develó una placa en honor al doctor Collado Ríos y se le entregó el acta de reconocimiento por su trayectoria médica, e igualmente se confirió las llaves de la ciudad de Chitré al presidente Ricardo Martinelli y al vicepresidente Juan Carlos Varela.

En el acto estuvieron además el ministro de Salud, Franklin Vergara; el director de la Caja de Seguro Social, Guillermo Sáez Llorens y el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa.

 

GOBIERNO NACIONAL

 

¡ JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ !

<> Nota publicada el 16 de noviembre de 2010 a las 23:31 en Facebook por la autora a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Prevención del cáncer de mama y próstata es responsabilidad de todos – Inicia mes de la prevención del cáncer-

Reportaje enviado  por la colaboradora y activista política…

Jennie  Gonzalez

Un llamado a la prevención y a la responsabilidad de cuidar la salud y la importancia de realizarse los exámenes a tiempo, hizo la pareja presidencial Ricardo Martinelli y Marta Linares de Martinelli  en el evento de inicio de la Campaña de la Cinta Rosada y Azul, que busca disminuir los casos de cáncer de mama y próstata en el país.

El presidente Martinelli consideró que este tipo de campaña debiera desarrollarse todo el año con el fin de mantener el mensaje de prevención de forma permanente, y agregó que el Estado dará recursos para apoyar esta iniciativa que ha logrado que disminuyan los casos de cáncer.

Reiteró el llamado para que más médicos se especialicen en la rama de la oncología, y en este sentido pidió a las autoridades del Ministerio de Salud que presente ante la Asamblea Nacional un proyecto de ley que incentive ésta iniciativa. Actualmente sólo existen 27 especialistas y con la creación de nuevos hospitales se necesitará  más profesionales en esta área de la salud, resaltó el Presidente.

Por su parte, la Primera Dama informó que para este año la campaña tendrá la nueva modalidad de una clínica móvil que recorrerá el país -iniciando el 4 de octubre, en Pacora- para realizar los exámenes.

La actividad fue propicia para que el director del Hospital Oncológico, Anibal Villarreal, anunciara la  entrega -al ministro de Salud, Franklin Vergara- del proyecto y diseño para el nuevo Hospital Oncológico. Además anunció la compra de un tercer acelerador lineal y la disponibilidad de recursos para dar mantenimiento y reparar los existentes.

En tanto, el Ministro de Salud informó que se están licitando los 2 mamógrafos para instalarlos en provincias centrales.

De acuerdo a registros oficiales, el año pasado fueron detectados 445 casos de cáncer de mama y 295 de próstata. De esa cantidad, murieron 64 mujeres y 16 hombres.

En el evento también se hizo un reconocimiento a la señora Irma de Fábrega, sobreviviente de cáncer, al igual que a la señora Omaira Sánchez y Benito Fisher quienes también lograron vencer esta enfermedad.

GOBIERNO NACIONAL

¡ JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ !

Hospital Santo Tomás

La opinión de…

Fernando Amador A.

Este mes de setiembre se celebra un aniversario más de la fundación de la benemérita institución de la salud en Panamá. En el año de 1703 aparece la primera mención escrita sobre el Hospital Santo Tomás, en una carta escrita por Juan de Argüelles, Obispo de la ciudad de Panamá, dirigida al rey Felipe V de España, donde le comenta acerca de una residencia para enfermos “desahuciados” que fundó y que había estado financiando desde el día de “Santo Tomás de Villanueva”, el 22 de setiembre de 1702 para atender a las mujeres pobres que no tenían lugar adonde recibir atención médica.

En el año de 1819 inician la construcción de las nuevas instalaciones para reemplazar al Hospital Santo Tomás. Este nuevo edificio fue construido en la Avenida B. El nuevo hospital inició labores atendiendo “solo hombres”, cuando el hospital San Juan De Dios fue cerrado por el gobierno de aquella época. El 1 de setiembre de 1924, un nuevo conjunto de edificios fue construido en la ubicación actual, en la Avenida Balboa, bajo la administración del Presidente Belisario Porras, quién quería ofrecer al país un hospital nuevo y moderno. La oposición política del presidente Porras criticó el proyecto, llamándolo “el elefante blanco”, ya que opinaban que era muy grande, para un país tan pequeño.

El tiempo defendió al presidente Porras, 30 años después, cuando se encontraba en las postrimerías de su vida, no pudo encontrar cama en ese hospital, por lo que tuvo que asistir a un hospital privado donde murió.

Este benévolo hospital que ha asistido a miles de pacientes panameños a través del tiempo, también ha sido testigo del trabajo tesonero de varias generaciones de médicos y enfermeras. Este monumento a la salud sufrió transformaciones posteriores a su estructura física, dando “nacimiento” al Hospital del Niño y al Instituto Oncológico Nacional. Hace 23 años nació en una de sus salas, mi hija Isis Amador Mosquera y al unísono y a la distancia enviamos este sencillo y agradecido homenaje a la institución “madre” de la salud panameña.

<>Artículo publicado el 8  de septiembre de 2010 en el diario  El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Hospitales: necedad o necesidad

La opinión de…

Xavier Sáez-Llorens 

Afortunadamente, nunca he dependido de nadie.  Todo lo alcanzado se debe a esfuerzo familiar y personal.   No soy afín a gobierno alguno, no pertenezco a partidos o gremios, no deseo cargos públicos, tampoco busco popularidad. Procedo de progenitores honestos y trabajadores, ni ricos ni pobres. He socializado con gente muy humilde y muy pudiente. Soy extremadamente sensible a los sufrimientos de cualquier ser humano, independientemente de su estrato social o económico.

Mis opiniones, por tanto, no están contaminadas por intereses sectarios o particulares. Soy alérgico a políticos de oficio, sindicalistas, gremialistas, vagos e hipócritas. La mayoría comparte rasgos sicopatológicos.

Los temas plasmados en mis columnas surgen de noticias, deducciones, intuiciones y ponderaciones de sucesos relevantes. En el mejor escenario, mis conjeturas son aproximaciones a una realidad que cada vez se torna más inaccesible debido a los maniqueísmos de las partes en conflicto. A aquellos que les desagradan mis ideas, tienen la opción de no leerlas o padecer irritación colónica.   Me divierten los ataques contra mi persona, fiel reflejo de que levanto costra de llagas.   Prefiero crítica a halago. Declararme persona no grata ayuda a mejorar el currículo de un escritor aficionado.

El Minsa construirá cinco hospitales. No tengo clara su intempestiva necesidad. A mi juicio, el mensaje que damos a la población es erróneo. Llevamos décadas de insistir más en prevención que en curación y de repente varios nosocomios nuevos. ¿Por qué no remodelamos y equipamos mejor las instalaciones ya existentes antes de cimentar adicionales? Parte del problema es que hay infraestructuras viejas, desgastadas, carentes de tecnología y recurso humano adecuado en número y especialidad. Los centros de atención terciaria de la capital están saturados de pacientes del interior que pueden ser manejados exitosamente en el lugar de origen.

¿De dónde sacaremos tanto personal capacitado para poblar las novedosas arquitecturas?   Cuando se decide la ejecución de un proyecto, debe haber sustentación técnica que avale la decisión. ¿Cuál es la relación de camas hospitalarias por cantidad de habitantes que tienen las regiones beneficiadas? ¿Se ajusta la cifra a estándares ideales? Gran culpa del caos en atención sanitaria se debe a las asimetrías y duplicidades de nuestro irracional sistema bicéfalo. La CSS ya cubre el 80% de los panameños.

El Minsa tiene suficiente trabajo con actividades de planificación, promoción, prevención, vacunación, control de vectores, enfermedades emergentes, calidad de medicamentos, seguridad hídrica y alimentaria, currículos profesionales, salud sexual y reproductiva, etc. ¿Por qué no dejamos la administración de todos los hospitales a la CSS y la rectoría de las políticas de salud al Minsa?

Analicemos evidencias. Según el boletín “Panamá en cifras”, contamos con 61 hospitales a lo largo del país. Sólo las comarcas emberá y ngäbe carecen de nosocomios.   Informes de la OMS indican que el número de camas hospitalarias de los países más desarrollados varía entre 3 y 20 por cada mil habitantes.   Estados Unidos, Canadá y España poseen cifras cercanas a 4 x 1000.   Cuba tiene 5, Brasil y Chile 3, Uruguay 2 y Costa Rica 1.5. Panamá reporta 2.5 x mil.   No estamos tan mal. Nuestra nación tiene 4 mil 500 médicos, es decir 1.3 galenos por cada mil habitantes.

EU, Canadá, España, Cuba, Brasil, Chile, Uruguay y Costa Rica tienen entre 1.1 y 5.9 x 1000. La distribución geográfica es, sin embargo, desigual. La provincia de Panamá muestra 1 facultativo por cada 560 ciudadanos, Bocas del Toro 1 por mil 300, Darién 1 por 2 mil, Kuna Yala 1 por 2 mil 500 y región ngäbe 1 por 11 mil 500. Estamos muy rezagados en cantidad de enfermeras. En los países más avanzados existen aproximadamente 3 enfermeras por cada médico mientras que aquí la cifra es inversa (4 mil 100 o 1.2 x mil).

Considero que las prioridades nacionales en salud incluyen mayor inversión en la red primaria, mejor cubrimiento de áreas rurales e indígenas, remodelación y equipación de unidades hospitalarias ya disponibles, formación de enfermeras y unificación del sistema de atención.

Dos adicionales necesidades son la construcción de un hospital para Colón (el Amador Guerrero es una pocilga) y, como recientemente anunciada, una moderna ciudad hospitalaria ecológica (con accesos al MetroBus, cafeterías, áreas de esparcimiento, oficinas bancarias, etc.) que incluya otro Complejo Metropolitano (espacioso y alejado de tranques estudiantiles), un pabellón geriátrico, un instituto de cardiología, una sede nacional de trasplantes y un único hospital infantil, para asegurados y no asegurados. Si se ejecutan todas estas tareas, el impacto en nuestros índices de salud será tangible.

Mientras el pueblo sea el máximo beneficiado, no me importa que los protagonistas obtengan réditos políticos o graben sus nombres en placas doradas. Manos a la obra.

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Este artículo se publicó el 8 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.