Mi amigo, sacerdote Monseñor Durán

La opinión del Docente Universitario, Magister…

Gaspar Pérez Arias

Gracias a la otrora e importante Organización de la Iglesia Católica, Cáritas Arquidiocesana, mi esposa y yo tuvimos el privilegio de conocer y compartir muchas vivencias cristianas con un hombre de fe y de una comprobada trayectoria en el campo social, aunado a su inmensa sensibilidad por las necesidades del hombre humilde de nuestro país, este gran amigo es Monseñor Laureano Crestar Durán.Siempre Monseñor Durán buscaba las herramientas y técnicas sencillas, tales como los hornos solares, huertos caseros, cría de animales, arroz en fangueo, etc., con la finalidad de enseñarles a los hombres y mujeres de nuestros campos a llevar una solución en familia, en comunidad o como decimos en Cáritas: “hay que enseñarle a pescar, para no darles el pescado”. El dar el pescado esclaviza al hombre a la dependencia y a extender las manos sólo para pedir, pero en Cáritas se llevó esperanza, y los sacrificios y trabajos de esa siembra rinden hoy frutos en muchas partes de la geografía doméstica.

Con mucha sapiencia nos conversaba Monseñor, que el trabajo de Cáritas debía estar encaminado en tres dimensiones como son: la asistencia, la promoción y el cambio de actitud. La primera, nos decía, porque siempre se debe dar una respuesta sencilla a todo hombre o mujer que toque las puertas de la Iglesia, la segunda, por la importancia que reviste el enseñar un oficio a las personas para que puedan llevar el sustento diario al hogar; la tercera, la más difícil, lograr el cambio de actitud que corroe las bases de nuestra sociedad y que urge hacer algo por erradicar las malas prácticas y hábitos del “juega vivo” en todo momento y lugar, principio de la violencia en muchos casos.

Para dar un ejemplo del legado que un día plantó Monseñor Durán, hace 20 años en un grupo de la Parroquia San Gerardo, podemos testimoniar que por muchos años hemos y seguimos donando toneladas de comida y ropa a personas, a organizaciones católicas, sociales, que a su vez llevan una voz de esperanza a los más necesitados; esto en cuanto a lo asistencial. Respecto a la promoción, hemos organizado y brindado, en diferentes épocas, cursos de computadora, modistería, belleza, manualidades y actualmente repostería.

Hoy 28 de agosto Monseñor Crestar Durán cumple 50 años de apostolado y queremos unirnos al homenaje cristiano, eucarístico, conversado y escrito que muchos panameños le van a rendir a este hombre de Dios que un día llegó al Istmo para quedarse, y servir en la construcción de una sociedad más justa, promoviendo que la gente sea capaz de enfrentar los problemas económicos que son el karma de todo pueblo en el orbe.

Nuestro eterno agradecimiento a este siervo de Dios, por todas las enseñanzas que a lo largo de estos 20 años hemos asimilado y puesto en práctica no sólo para los Católicos del país, sino para todo hombre y mujer que en momentos de carencia tocó las puertas o nos tocó el corazón para extenderles la mano. Estamos seguros que el Buen Dios seguirá bendiciendo su trabajo pastoral en la Parroquia Santísima Trinidad y toda labor social que a diario emprende, con espíritu altruista para dar la asistencia y voz de aliento a los que a él acuden.

Monseñor Durán: sus mensajes a través de la radio, en la Eucaristía, en los Congresos, en las muchas reuniones que asistimos, cobran vida cada vez que recordamos su nombre y su incansable labor pastoral. Siga con ese buen humor que lo caracteriza; con ese entusiasmo. Reciba nuestro amistad y respeto por su caminar al lado del pobre, mirando en ellos el rostro de Cristo necesitado…

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Artículo publicado el 28 de agosto  en el diario  El Panama América a quien damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.
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