Reflexión en el Te Deum

Reflexión en el Te Deum  por el  Arzobispo de Panamá,

José Domingo Ulloa Mendieta  

en la Catedral Metropolitana de Panamá, el  3 de noviembre de 2011 .

Su Excelencia Reverendísima Mons. Andrés Carrascosa Coso   Nuncio Apostolico.

Su Excelencia, Ricardo Martinelli Berrocal, Presidente de la República de Panamá y señora.

Su excelencia, Juan Carlos Varela, Vicepresidente de la República de Panamá.

De acuerdo a una larga, noble y hermosa tradición, las puertas de nuestra Iglesia Catedral se abren nuevamente para acoger como siempre a los hijos e hijas de esta tierra panameña quienes, encabezados por nuestras autoridades aquí presentes, quieren orar y entonar un canto de Acción de Gracias al Padre Dios, por Jesucristo en el Espíritu Santo, al conmemorar los 108 años de vida independiente y soberana de nuestra República.

Hoy es el día en que Panamá ruega a Dios por Panamá. Porque desde 1903, hombres y mujeres intuyeron que la patria, su grandeza, su libertad y su unidad, son al mismo tiempo tarea humana y don divino. Así ha sido desde la llegada de la fe a este Istmo.

Por ello, la historia de la Nación Panameña se ha escrito paralela a la de la Iglesia. Fue aquí donde se instituyó la primera diócesis de Tierra Firme, la de Santa María La Antigua, cuyo Quinto Centenario conmemoraremos en septiembre del 2013.

En este día de la Patria, Panamá comienza sus festejos con una plegaria, en la que ponemos a Panamá en las manos de Dios.   Confiar en Dios no significa abdicar de la propia responsabilidad en la construcción de la historia.   Significa hacer la historia junto con Dios, interpretar en ella sus designios y ser protagonistas de la construcción del reino en la Tierra.

Deseamos compartir con ustedes, unas reflexiones con amor verdadero, con una intensa pasión por nuestro pueblo, proponiendo la visión de persona y sociedad derivadas del Evangelio. Sabemos que el Evangelio de Cristo ha sido anunciado para la felicidad de todos y para ir alcanzando la plenitud humana. “La gloria de Dios consiste en que su creación preferida, el ser humano, tenga vida en plenitud, desarrollando sin cesar la imagen misma de Dios impresa en lo más íntimo de su ser”.

Hermanos y hermanas: Lograda nuestra soberanía en todo el territorio nacional a finales del siglo pasado, gracias a la lucha de muchos panameños, y el luto de tantas familias, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el ideal o el sueño que une al pueblo panameño hoy?; ¿seguimos teniendo anhelos comunes, un ideal que una nuestras almas, que nos haga caminar hombro a hombro cada día hasta lograr ese objetivo?

Antes de contestarnos estas preguntas, quizá nos hace falta primero redescubrir el significado de la palabra Patria.

La Patria no es lo mismo que la Nación o el país. La Patria no es sólo el territorio, tampoco la sangre o el idioma. Pues individuos y familias de diversos orígenes y lenguas pueden convivir en una misma tierra, y constituir una misma patria debido al espíritu que los une. La Patria es algo todavía más profundo y más sublime. Si vamos a su significado etimológico, Patria procede del latín “patria”, que significa “familia”, y del griego “patris”, es decir, “descendencia de padre”.   Patria es, pues, paternidad, y toda paternidad es venerable.

Cuando hablamos de patria asumimos la herencia de los padres. La Patria es el acerbo moral que se ha venido acumulando desde los orígenes, es la convivencia compartida en las luchas y en el estilo de vida.   Es el tesoro de las mismas tradiciones.   Es la comunión en las mismas creencias.

La Patria es también una misión, un destino, una empresa colectiva en este mundo y en la historia. Para los cristianos y personas de buena voluntad, significa además, trasmitir y hacer perdurar los valores que hemos recibido, y no dejar que nos impidan vivirlos.

Hermanos y hermanas:  La Patria es un don;  la Nación, una tarea”. ¿Cuál es esa tarea que debemos emprender para reconstruir la nación?

Como Pastor los exhorto a que empecemos por la reconciliación social entre todos los sectores y el fortalecimiento de la capacidad de diálogo: Reconociendo que la reconciliación social no consiste en enfrentar la historia como si nada de lo acontecido hubiera pasado; es un proceso por el que las partes que viven situaciones de confrontación deponen una forma de relación destructiva y sin salida, y asumen una forma constructiva de reparar el pasado, edificar el presente y preparar el futuro.

Otra de nuestras tareas es volver a creer en el otro, y recuperar la confianza que nos permita relacionarnos, respetando las diferencias, basando ese encuentro en la verdad y no en las imposiciones, a través de un diálogo transparente y sincero. Entendiendo que el diálogo no significa convencer, sino consensuar para garantizar el bien común.

También, nos urge creer en la libertad como un principio esencial del hombre, como un don inherente a la persona humana, necesario para la realización de su vocación trascendente a través de la historia.

Esa misma libertad nos lleva a la participación ciudadana.   Una participación efectiva en el orden económico, social y político.

Permítanme profundizar sobre el valor de la verdad. La verdad es esencial para la justicia y la reconstrucción de la sociedad. Esto lo confirma el Santo Padre Benedicto XVI cuando nos dice: “donde se siembra la mentira y la falsedad, florecen la sospecha y las divisiones, y socavan las posibilidades de relaciones sociales pacíficas”.

Tenemos que volver a entender que Panamá no es un pedazo de tierra, ni solo un puente que une al mundo, es mucho más: es la gente que aquí nace o que libremente ha aceptado nuestra Patria como suya.

La Patria es la gente y sus valores, su dignidad y sus derechos. La patria eres tú, tus hijos y los que vendrán.    Nos ha pasado que por limitar la Patria a la noción de gobierno, hemos perdido mucho, en nuestro aprecio, respeto e identidad como Nación y, por ende, en nuestro compromiso ciudadano.

Tenemos que animarnos a pensar y trabajar en el Panamá de los próximos años; necesitamos un proyecto de país, que reafirme nuestra identidad común; que establezca políticas públicas con consensos y acuerdos que puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno y que se conviertan en referencias para la vida de la Nación.

Para ello, hay que mirar el pasado de nuestra historia para proyectar un futuro, pensando en todos los panameños sin exclusión.

Hay dificultades, no las negamos. Y frente a ellas tenemos que superar la tentación de la queja inútil, de la protesta por la protesta.   Debemos reaccionar como Jesús, amando a la Patria, como exigencia del mandamiento que nos pide honrar al padre y a la madre; porque la patria es el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados, es un bien común de todos los ciudadanos, y como tal, también es un gran deber.

Ante la indiferencia y desamor a la Patria, la respuesta es cultivar entre nosotros el patriotismo, virtud olvidada y callada, que procura recuperar el respeto y amor que le debemos a la misma. El verdadero patriota busca y se compromete en contribuir a hacer una gran Nación, mediante su trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común.

Todos, sin excepción, debemos preguntarnos qué puedo, y qué debo hacer para cooperar con el bien de nuestro querido Panamá. Cada uno de nosotros somos constructores y responsables del futuro de la Patria. No esperemos a ver que hacen los otros, no miremos con indiferencia lo que no me toca, despertemos de la inmadurez de pretender tener un Estado paternalista.

Panamá es una obra de todos, que se hace con el deber de cada día, hecho con esfuerzo, con honestidad pensando más en los otros que en el propio interés. Actitud que supone heroísmo para no cansarse, para no claudicar, para comenzar cada mañana, en nuestro lugar, para creer y esperar que con la gracia de Dios otro Panamá sea posible legar a nuestros hijos.

Pero no nos quedemos solo en palabras y sueños. Como Iglesia, hemos iniciado una propuesta del PANAMÁ QUE QUEREMOS, surgida de un movimiento de profesionales católicos, que como pastor estamos acompañando.   Esta es una propuesta basada en el ideal cristiano, pero impregnado de panameñidad; abierto a la vez a todos, inclusive a los no cristianos, porque estamos seguros que servirá para reinventarnos, para mejorarnos, para reconstituirnos como nación, y recuperar los sueños, sin dejar de encontrar los caminos para hacerlos realidad.

Panamá necesita de sus mejores hombres y mujeres en este momento de la historia de nuestra Patria.

Ruego a Dios Padre que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestro pueblo, bendiga siempre a nuestro país y a nosotros sus hijos nos haga dóciles a la acción del Espíritu para que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional:   “Alcanzamos por fin la victoria/ En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación”.

Que viva Panamá.   ¡Que Dios y la Patria así lo quieran! Amén

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Publicado hoy 3 de noviembre de 2011 gracias a la gentileza de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana  Dra. Geraldine Emiliani que lo envió a nuestra redacción.
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Turismo religioso, una forma para educar

La opinión de…

Javier A. Arias Real

El pasado fin de semana me fui con mi familia a casa de unos amigos en Taboga, la famosa Isla de las Flores, llena de singular belleza, paradisíacos paisajes, cautivadoras veredas y una majestuosa vista hacia la entrada del Canal, donde no se ven los problemas de falta de agua y recolección de basura que afectan a la capital, y hogar del famoso escritor Bernardo Domínguez Alba, mejor conocido como Rogelio Sinán.  Debe ser por estas y muchas otras razones que la pequeña isla, a solo una hora de la capital, ha inspirado a tantos, como al artista Ricardo Fábrega, autor de la canción Taboga a escribir bellos poemas y melodías.

Pero, como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”.   Nuestra primera sorpresa al llegar a casa fue notar que nos habían visitado los vecinos de lo ajeno, robándose el tanque de gas y otras cosas de la cocina. ¿Por qué haría una persona esto? Tal vez por hambre, dinero, drogadicción o travesuras juveniles.    Cualquiera que sea la razón, indica el nivel de deterioro de nuestra sociedad.

Cuando salimos a caminar por el pueblo para comprar un nuevo tanque de gas, los pobladores nos comentaban que ya se estaban dando muchos robos en la isla.   Lo preocupante de esto es que la inseguridad ya no es solo cosa de la capital y que los ladrones no tienen idea del daño que le hacen a la economía nacional, pues si alejan a los turistas, alejan también una fuente de ingresos para su comunidad.

Otra forma de robo, institucionalizado, es que los precios en la isla están por los cielos. Imagínense que el tanque de gas de 25 libras nos costó $50.00 y la bolsa de 8 panes de hamburguesa nos costó $4.00. Según los comerciantes locales, esto se debe a que el Gobierno les cerró el muelle fiscal, de donde sale toda la carga para las islas del archipiélago, y ahora les cuesta mucho más llevar mercancía a la isla.

En los tres días que estuvimos en la isla vi llegar muchos turistas a recorrer la isla, degustar platos caribeños y a observar aves. Estas atracciones generan empleo para los pequeños hostales, restaurantes y vendedores ambulantes. Pero sin duda alguna, una de las principales y más antiguas atracciones de Taboga es la iglesia de San Pedro, en honor a la Virgen del Carmen, Virgen de los pescadores. En esta acogedora iglesia me tocó recibir la bendición de esta semana y como Panamá es tan pequeña, sentado a nuestro lado en la misa del sábado estaba don Pedro Meilán, director de Acodeco, así que confío en que la entidad a su cargo pueda verificar los precios en la isla para comprobar si se está perjudicando a los comerciantes o si sencillamente éstos están abusando de los turistas.

Para los creyentes es sorprendente ver cómo la palabra de Dios se aplica a nuestra realidad. En la homilía, el diácono nos hablaba de cómo en esta semana celebrábamos el día de la Epifanía o manifestación de Jesús a todas las personas y el día del bautismo o iniciación del caminar hacia Dios, en donde nos ungen con el óleo de los catecúmenos (óleo del camino).

Así como el bautismo debe marcar en nosotros el inicio de nuestro caminar hacia Dios (aunque en el caso de los católicos, somos tan pequeños que recae en nuestros padres y padrinos la misión de guiarnos por el camino de Dios), así mismo el incidente del 9 de enero, que recordamos esta semana, sirvió de inicio para nuestro caminar hacia la soberanía, y provocó en los panameños una manifestación de fervor patriótico.

Por ende, todos debemos hacer un alto y pensar qué estamos haciendo con Panamá y si el sacrificio de nuestros 21 mártires y más de 500 heridos valió la pena. ¿Es el Panamá de hoy el que queremos para nuestros hijos? Estamos permitiendo que el cáncer de la inseguridad y el alto costo de la vida destruyan poblados tan bellos como Taboga.

Al finalizar la homilía, el diácono anunció que se está consiguiendo el apoyo de la pastoral de turismo para remozar la iglesia y que esta pueda ser utilizada para promover el turismo religioso en Taboga, que consiste en informarse y explicar a los turistas toda la riqueza cultural de la historia que encierra esta bella iglesia y el poblado que creció alrededor de ella. Vale la pena que el Gobierno dé seguimiento a esta nueva forma de inversión, que además de ayudar al desarrollo de nuestra cultura, ayuda a que los fieles conozcamos más los orígenes de nuestra iglesia, seamos mejores cristianos y, por ende, mejores ciudadanos panameños. Haciendo iglesia también hacemos patria.

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Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Benedicto XVI: luz del mundo

La opinión de…

Irvin A. Halman

Acabo de terminar la lectura de un extraordinario libro que me pareció interesante compartir en estas fechas y el cual acaba de ser publicado por el periodista alemán Peter Seewald, quien se autodenomina agnóstico y entrevista durante seis horas al papa Benedicto XVI con el propósito de compartir temas trascendentales sobre el Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Algunos temas generadores de rating extraídos del libro ya han hecho noticia en los medios de comunicación; sin embargo, la mayor parte de sus mensajes que pueden considerarse de mayor importancia para la humanidad aún no han sido comentados.

Considerando los ataques a los cuales ha estado sujeta la Iglesia recientemente, no pudo ser más atinado el título seleccionado Luz del mundo para la labor que realiza la misma y en especial su máximo representante, el Papa, en donde nos orienta, tal como en su momento oficialmente lo hiciese en su encíclica Caritas in Veritate, dirigida no solo a sus feligreses, sino también a practicantes de otras religiones, con un alto sentido ecuménico, actuando como una linterna que alumbra el camino correcto en medio de la incertidumbre o la oscuridad (ilustración que tomo prestada de la homilía de un sacerdote amigo).

Aún tratándose de un libro producido en ambiente de una entrevista, el papa Benedicto XVI responde con suma claridad, sabiduría y humildad las muy afiladas preguntas que el estudiado periodista le plantea sobre los temas más álgidos que el mundo confronta. Luz del mundo también propicia la reflexión mediante las interrogantes que en él se establecen y, por ende, nos invita a la acción como buenos ciudadanos pertenecientes a una sociedad, ya sea a título personal, como profesionales o empresarios.

Como destacado teólogo y ante todo persona, en el más amplio sentido de la palabra, conocedor de la realidad global, para el Papa, que aceptó su elección consciente de la gran responsabilidad asumida, “la Iglesia no debe esconderse, la fe debe y puede ser explicada, porque es racional”, la crisis de la sociedad y la que se presenta en la Iglesia no están desconectadas entre sí, ya que la sociedad está viviendo un mundo ficticio promovido por los encantos del mercadeo y las economías que denomina “turbo-capitalismo”, que si no es bien administrado, se corre el peligro de aumentar las desigualdades entre los ricos y pobres.

Reconoce el desafío de la Iglesia de mover al mundo a tomar decisiones morales, las cuales están siendo reclamadas, pero ante la excesiva libertad sin parámetros, en que todo es posible y todo está permitido, el hombre se absolutiza a sí mismo tornándose entonces realmente destructor. Nos explica que para contrarrestarlo se requiere que haya suficiente voluntad moral para que lleguen a adoptarse decisiones personales que nos encaminen a una correcta modernidad.

Nos expresa, en palabras de San Agustín, que la historia universal es una lucha entre dos evidentes extremos: el amor a sí mismo que lleva a la destrucción del mundo y el amor al otro hasta la renuncia a sí mismo. Hay que reconocerle al Papa su visión equilibrada y el conocimiento muy fino que ha adquirido sobre la verdadera condición global existente, como jefe máximo de los numerosos miembros de la religión católica y a través de las frecuentes visitas que recibe o realiza logrando prácticos intercambios con gobernantes, representantes de otras religiones y con sus propios obispos.

Comparto con los lectores algunas de las interrogantes que se esbozan dentro de la entrevista, que nos permiten reflexionar para la buena acción que se espera de cada uno de nosotros: ¿Cómo superará la próxima generación los problemas que le dejamos en herencia?

¿La hemos preparado y entrenado suficientemente? ¿Qué es progreso y qué criterios debemos encontrar para que el progreso sea realmente progreso y no de un tipo realmente destructivo? ¿Cómo nos manejamos en un mundo que se amenaza a sí mismo, en que el progreso se convierte en un peligro? ¿Qué es lo correcto? ¿Qué es, pues, lo verdaderamente esencial? ¿Qué es lo auténtico, lo que sustenta? Si el cristianismo pierde su fuerza ¿quién o qué pasará a ocupar su lugar?

Concluyo este escrito con los señalamientos del Papa ante estas interrogantes sugiriéndonos a todos que “vivamos la fe en orientación hacia el futuro” con una actitud auténticamente cristiana, en la cual “tenemos que ver todas las oportunidades de bien que se hallan presentes, las esperanzas, las nuevas posibilidades que existen para nuestra condición humana”.

“La Iglesia intenta brindar defensas y desarrollar también refugios en los que, en contraposición a todo lo roto que nos rodea, se haga visible nuevamente la belleza del mundo y de la posibilidad de vivir”.

Deseándole a todos un venturoso 2011 en que aportemos lo mejor de cada uno para contar con un mejor Panamá.

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Este artículo se publicó el 18  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Juan Pablo II, santo súbito

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República…


MIREYA   LASSO
mireyalasso@yahoo.com

‘ ¡Santo Ya!’ fue el clamor de los fieles al fallecer y pronto Karol Josef Wojtyla podría ser proclamado santo de la Iglesia católica. Todos los católicos comprendemos cómo su vida ejemplar le ha merecido la felicidad eterna que él anticipó con sus últimas palabras: ‘Déjenme ir a la casa de mi Padre.’ Los panameños creyentes tuvimos el privilegio de haber tenido entre nosotros a un santo que bendijo nuestra patria.

Cuando Juan Pablo II estuvo en nuestro país hace tres décadas, su primer acto al descender del avión fue hincarse y besar suelo panameño. Con ese gesto de humildad y, sobretodo, de amor, el representante de Cristo quiso testimoniar la dignidad del ser humano, independientemente de cualquier circunstancia terrenal. Vino personalmente a bendecir a su pueblo panameño, a traernos su mensaje de paz y de amor. Hoy, observando nuestro entorno, siento que quizás es mucho lo que tenemos por rescatar.

¿Qué nos enseñó Karol Wojtyla con su vida, sus ideales, su fe, sus afanes, sus intereses, su misticismo, su moral?

Como persona, fue un hombre extraordinario en muchos aspectos; para muestra, hablaba más de catorce idiomas. Como jefe de Estado, fue un carismático político y efectivo diplomático, respetado por líderes mundiales que valoraron sus juiciosas opiniones. Gorbachov se refirió a él como la autoridad moral más importante del mundo. Demostró dotes de mediador, amante de la paz, cuando previno un conflicto fronterizo a punto de estallar entre Argentina y Chile, logrando el repliegue de sus ejércitos dispuestos a entrar en combate. Censuró la invasión a Irak.

Viajó a más de cien países y se abrió al encuentro con otras iglesias que también ponderaran la dignidad del ser humano. Realizó visitas inauditas a una mezquita musulmana en Siria y a una iglesia luterana en Roma. Visitó Israel, donde reconoció expresamente los derechos de los palestinos. Enmendó relaciones con los judíos; influenció ásperos regímenes comunistas europeos; pidió perdón por los abusos del Holocausto nazi y de la Inquisición española. Perdonó a su frustrado asesino.

Visitó la Cuba de Castro, el Chile de Pinochet, el Panamá de Noriega. No lo hizo como apoyo a esas dictaduras porque siempre criticó a los gobiernos manchados de sangre; lo hizo para llamar la atención hacia las injusticias, la conculcación de libertades, las violaciones de derechos humanos y también, en favelas como las de Brasil, hacia la miseria de pobres y desamparados. Censuró las inequidades del capitalismo liberal y la represión de las dictaduras marxistas.

Como Supremo Pontífice, fortaleció la doctrina de la fe y en los veintiséis años de su papado plasmó su pensamiento en catorce encíclicas.

Fue el líder espiritual que necesitó la Iglesia para guiarla con firmeza durante las turbulencias creadas por sectores ultra conservadores, como el francés monseñor Lefebvre, y por los ultra reformistas defensores de la Teología de la Liberación, como los sacerdotes guerrilleros Camilo Torres en Colombia y Ernesto Cardenal en Nicaragua.

Recordamos cómo, justo antes de llegar a Panamá, Juan Pablo II amonestó públicamente a Cardenal en la pista del aeropuerto de Managua por haber aceptado el cargo de Ministro de Cultura del gobierno sandinista.

Se opuso al aborto, la eutanasia y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Insistió en el celibato de sacerdotes y defendió la dignidad de la mujer, como lo hizo en su encíclica Redemptoris Mater, dedicada a exaltar las virtudes de la Madre del Redentor, por quien sintió siempre una particular devoción. Mostró especial confianza en el poder de los jóvenes para cambiar el mundo, llamándolos ‘Centinelas del Mañana’ e invitándolos a combatir la injusticia y a defender la paz. Inició las Jornadas Mundiales de la Juventud que, desde 1984, reúnen a millones de jóvenes de todo el mundo para compartir su fe.

El próximo primero de mayo, tras haberse comprobado una sanación milagrosa por su intercesión, será beatificado y entonces continuará el proceso para su posterior canonización. Mientras tanto, recordemos las bendiciones de su santa presencia en nuestro país y aprendamos de su testimonio de fe, paz, amor, tolerancia y perdón.

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Este artículo se publicó el 19 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Mensaje de Año Nuevo

De parte de Monseñor  

José Domingo Ulloa

Mensaje de Año Nuevo

Al iniciar este nuevo año, te quiero saludar con la misma bendición que el Señor ordenaba para su pueblo, ya que hoy nosotros somos el nuevo Pueblo de Dios:

“El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz” (Núm 6, 24-26).

Tenemos que hacer que en este año 2011 cada persona, desde su lugar, y todos unidos, mejoremos en nuestras relaciones sociales, políticas, eclesiales y familiares.  Esforcémonos por eliminar de nuestra vida las divisiones tanto de grupos como de personas.

No caigamos en los insultos y amenazas, en las descalificaciones de unos contra otros; no difundamos verdades a medias o medias mentiras.

Que sepamos escuchar mejor las razones de los demás, que defendamos nuestras ideas con argumentos y no con prejuicios; busquemos la convivencia y no la intransigencia; la reconciliación y no la agresividad; seamos críticos con los demás, pero también con nosotros mismos cuando sea necesario.

Hagamos del año 2011 un año reconciliador, en el cual “las voluntades se dispongan a la reconciliación, los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano los pueblos busquen la unión, que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza”.

Este es un día también para dar gracias a Dios. Gracias por todo lo que hemos vivido en este año que terminamos, gracias por lo que viviremos en el año que comienza, gracias por todo lo nuevo que aparece en nuestra vida.

Le pido a Dios que todos los buenos deseos que tienes y que nos deseamos en el Nuevo Año sepamos hacerlos realidad. Hagamos el propósito de favorecer todo lo que ayude a que haya más felicidad para todos, amigos y desconocidos.

Hermanos: Este año apenas estrenado no será más feliz porque los acontecimientos nos resulten favorables,  sino porque miramos y sentimos las cosas desde el corazón de una manera nueva y favorable.

La felicidad no está fuera, en lo que pasa o nos pasa… sino dentro, en mí mismo. La felicidad no está en la salud, la suerte, el éxito o la riqueza, sino en el modo de situamos ante ellas, en lo que hacemos con cada cosa que nos viene.

La felicidad, la paz del corazón, la ilusión, el equilibrio, el estar bien no dependen fundamentalmente de los otros, de lo otro sino de mí mismo,  de lo que yo hago con todo eso, de cómo me tomo las cosas.

Por eso hagamos nuestro los deseos de la bendición que Dios ofrecía a su pueblo:

“Que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”.

Por eso más que un «feliz año» les quiero desear  un corazón como el de María, la Mujer fuerte, la Madre de Dios, para vivir cada momento, un corazón en el que quepa y esté a gusto Dios, porque «si Dios está con nosotros, ¿quién podrá con nosotros?». Cuando el corazón humano se limpia de basuras, hierbajos y pedruscos siempre acaba apareciendo el Rostro de Dios sonriendo, iluminando, protegiendo, creando comunión, haciendo posible que fructifiquen la paz, la justicia, la rectitud, la alegría…

Cuando el corazón humano está atento y «guarda las cosas en él»,  se hace dócil a los gestos de Dios: he aquí la esclava del Señor.

Feliz año nuevo 2011

Mons. José Domingo Ulloa

 

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<> Publicación compartida con este medio el 31 de diciembre de 2010 por la Dra.  Geraldine Emiliani, a quien le damos las gracias y el crédito que le corresponde

Lo que anhela un alma

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La opinión del Diácono…

Lorenzo Concepción B. 

Un joven se acercó y le preguntó una sola cosa que le interesaba: “¿qué tengo que hacer?” y Aquel, que se hace amigo y compañero, Salvador y Redentor le dijo lo que quizás menos se esperaba.   Despójate de lo que has creído como un baluarte y seguridad para la vida.

No había otra cosa que deseaba conseguir, “obtener la vida eterna”. Vida que anhela un alma, y que a lo largo de su existencia pide: Quiero ser mejor Señor, pero cuando me propongo algo, caigo una y otra vez y termino angustiado (a) y siento que no puedo alcanzar lo propuesto.  Enséñame Señor a ser Perseverante.

Quiero reír Señor, pero mi rostro, no expresa ese sentimiento porque en lo profundo de mi alma, me siento solo (a). Vienes a mi encuentro, pero aun no aprendo a reír contigo. Enséñame Señor a Sonreirle a la vida.

Quiero caminar Señor, pero el camino se hace largo, cuando otros dan dos pasos, intento dar uno.   Llévame de tu mano y sé mi compañero de camino. Enséñame Señor a Caminar por tus sendas.

Quiero orar Señor. Me pongo ante tu presencia, te invoco en todo momento, pero el bullicio de tantas cosas que nos rodea, no permiten que te encuentre a solas contigo. Enséñame Señor a Orar.

Quiero hacer el bien Señor, sin embargo como diría tu Apóstol Pablo, termino haciendo lo que me propuse no hacer. Dame fuerzas para actuar siempre en tu nombre. Enséñame Señor a Hacer tu voluntad.

Quiero vivir en paz Señor, en paz consigo mismo y también con mis hermanos. Que en toda mi vecindad podamos vivir en paz y armonía. Enséñame Señor a Amarte sobre todas las cosas.

Y al final de la jornada aun me quedas Tú.  Seguidle.

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<>Artículo publicado el  29  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/concepcion-b-lorenzo/

Adviento

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La opinión del Sacerdote Jesuita…

Rosendo Torres 

Hace unos días me solicitaron bendecir unos nuevos nacimientos cuidadosamente diseñados fuera de Panamá y eso que aún no ha comenzado la Navidad, pero es alentadora la iniciativa ya que subyace el deseo de celebrar la Navidad, como debe ser y no las “felices fiestas” como los postmodernos están tratando de imponer en el lenguaje de la época.

 

En ese ambiente y a esa gente, nuestra gente, se les bendice la Corona de Adviento en sus cuatro domingos.

Con el Adviento comenzamos el nuevo Año Litúrgico,  el nuevo año para los que pertenecen a la Iglesia Católica. Es el momento clave para prepararnos para recibir en nuestro corazón a Jesús, nuestro Salvador.

Como cristianos y discípulos de Jesús estamos llamados a preparar el nacimiento de Jesús de una manera diversa a la que impone la sociedad de consumo. Adviento es tiempo de penitencia y de conversión.

Los cristianos estamos invitados a esperar con atención y vigilancia la venida del Señor. Por eso la principal recomendación que nos hace Jesús en el evangelio es permanecer despiertos en la fe con mucha responsabilidad personal y comunitaria. No podemos esperar con los brazos cruzados, nuestra esperanza debe ser activa y dinámica.

Esperar al Señor implica transformar la existencia, significa ponernos en marcha, caminar a la luz del Señor como lo relata el profeta Isaías, es propiciar nuevas situaciones de progreso y superación.

Adviento es aprender a esperar, es aprender a permanecer en el presente, sabiendo que únicamente el presente bien vivido puede llevarnos a la plenitud de la vida.

En la sociedad contemporánea lo que cuenta es lo que podemos conseguir y tener. En lugar de oír la voz de Dios en los vientos de cambio que nos rodean, podemos escuchar únicamente nuestra propia voz.

Durante el Adviento estamos en un momento decisivo para no dejaros arrastrar avasallados por la feria de consumismo que es el criterio rampante para ver si uno está en algo o no.

Claro que hay tener gestos de solidaridad con reuniones y regalos sencillos y muestras de cariño, pero no hasta el extremo de que lleguemos de aquel que tenía tantos ahijados comprándoles regalos que decía tengo miedo de meter la mano en el bolsillo ya que me puede picar un alacrán.

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<>Artículo publicado el  28  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/torres-rosendo/